ANOCHECER
Vivimos las horas de una noche que cae en la feroz incertidumbre de la tragedia que nos desgarra.
Nuestro corazón pregunta: Cuándo vendrá la aurora que nos redima de este sueño de gemidos y llanto?
Que las pequeñas llamas que arden en nuestros corazones, puedan juntarse hasta encender una fogata de fe, que pueda alumbrar tantas nubes amargas, tanto destino mutilado por la hoz de la muerte, tanto horror, tanto miedo.
Agradecemos a la Infinita Misericordia que nos sostuvo, cuando la violencia telúrica derribó cientos de torres de piedra, miles de vidas, el sueño de una patria secuestrada desde antes, por el perverso poder de la codicia.
Las pantallas gritan historias de crueldad inhumanas, pero también, el heroísmo de un pueblo que se lanzó a rescatar vidas sólo con la fuerza de sus uñas y sus manos.
Gratitud infinita a los hermanos del mundo, quienes han llegado desde lejos con la ayuda necesaria, para que no olvidemos el color de la esperanza.
El destello de pequeños milagros que brillan en la oscuridad de las tinieblas, nos recuerda que después del calvario, la resurrección es una promesa divina.
Pidamos con humildad, que el dolor lave la idolatría de los pactos secretos. Que germine en esta tierra arrasada la LIBERTAD y la JUSTICIA. Que el amanecer nos devuelva el azul de las mañanas.
Ejercitemos en secreto el amor y la empatía, con las víctimas de este cruento sacrificio.
Es el óleo de las lámparas que guardamos dentro del alma. Nosotros, y sólo nosotros llevamos el amanecer.
Lidia Salas 30 de junio. 2026
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