Leí, en mi adolescencia, la Antología del Cuento Venezolano de Guillermo Meneses. Del cual recuerdo, de forma vívida, El diente roto de Pedro Emilio Coll. Después leí, a un mismo tiempo, la traducción de Las mil y una noches del escritor español Rafael Cansinos Assens y Relatos venezolanos del siglo XX de Gabriel Jiménez Emán. Estas obras fueron el punto de partida para que me interesara en las compilaciones y no sólo en narrativa, también en poesía y dramaturgia por la experiencia estética que proporcionan y – hasta la fecha – he participado en tres.
La primera se titula Pido la palabra (2019) y fue editada por la OIM-Colombia. Luego vino Contra las paredes del viento (2020); por Casa-Díaz y en Palabra ociosa (2026), el cual reúne voces de Colombia, España, México y Venezuela y fue editada “bajo el sello compartido del Taller Estudio Latinoamericano de Letras (TELL) y del Instituto Areté de Formación en Oratoria (IAFO) – dos instituciones hermanas, comprometidas desde hace años con el cultivo del lenguaje, la creación literaria y la formación en expresión oral”. (p.5).
Leo y escribo cuentos, poemas, teatro, pero aún no me he dado a la tarea de compilarlos. Sin embargo, sé que es harto difícil lograr un corpus de calidad; tan difícil, que pocos salen airosos. Hago énfasis en esto para elogiar los compiladores, es decir, a quienes tienen la misión titánica de proporcionarle al mundo sin igual belleza.
Ahora bien, si una gota de agua de mar contiene lo que hay en el mar… en un buen compilador (como es el caso de Jesús Pérez Soto) se encuentra lo que vale la pena destacar de los buenos compiladores. Referido esto, mencionaré a los autores que conforman el tomo I de Palabra ociosa (2026). Helos aquí:
1) Manaés Amaya Perea (Colombia)
2) Rafael Alberto Salinas (México)
3) Francisco Javier Torrealba (Venezuela)
6) Umberto Amaya Luzardo (Colombia)
10) Tomás Jurado Zabala (Venezuela)
11) Francisco Aguiar (Venezuela)
Por concreción sólo abordaré, someramente, cuatro relatos de la antología: uno de México, uno de España, uno de Colombia y uno de Venezuela. No obstante, quiero decir que todos brindan la experiencia estética de las historias bien contadas.
Comenzaré con el de la profesora española RosAlma Saavedra que se titula Sin freno, pues hace alusión a que debemos vivir la vida con simplicidad. Tal como lo hace la sagrada infancia. De hecho, es una niña la que invita a su madre a correr: “Sin motivo. Sin utilidad. Sin sentido. Pero con vida”. (p.89)
Sigo con el del odontólogo mexicano Rafael Alberto Salinas que se titula Inglich, plis, puesto que toca el tema migratorio – que por décadas ha afectado a la nación azteca – desde la derrota.
Generalmente se cuentan las historias de quienes logran alcanzar el sueño americano, pero en este caso: Salinas narra la historia de dos hermanos que después de pasar tres años en Estados Unidos fueron deportados y llegaron a la casa materna con las manos vacías.
En tercer lugar, abordaré el cuento del sociólogo colombiano Manaés Amaya Perea que lleva por título Las dos fiestas, pues muestra la mentalidad de quienes se acostumbran a mandar y de quienes se acostumbran a obedecer, más allá de describir la fiesta que armaron los campesinos apureños para celebrar el día del patrono San José o la que armó el rico hacendado para congraciarse con las personalidades (políticas y militares) que asistieron a la infructuosa boda de su hija. Mientras leía esta interesante historia, vino a mi mente la copla de Facundo Cabral que dice: Yo tengo dos enemigos / pues dos puntas tiene el mal / el hombre que pisa a otro / y el que se deja pisar.
Por último, trataré La obra – cuento del profesor venezolano Francisco Torrealba –, pues retrata el dolor de un artista que – mediante una ilustración con lápices de grafito – recrea, cual Pigmalión, a la que fuera su mujer para después enseñarnos que todos, sin excepción, terminamos desdibujándonos.
Repito, si una gota de agua de mar contiene lo que hay en el mar… una buena antología (como Palabra ociosa) reúne las palabras que resistirán el fuerte oleaje del tiempo y por este sublime acto, a los compiladores, brindo el mayor de los elogios.
Francisco Aguiar
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Francisco Aguiar. Escritor venezolano (San Carlos, Cojedes, 1985). Licenciado en Educación Mención Castellano y Literatura por la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora (UNELLEZ). Cursó en 2014 el Taller de Formación Teatral que auspició la Compañía Nacional de Teatro (CNT). La revista Memoralia publicó en 2015 su monólogo La Alcantarilla. En 2018 participó en el XXII Festival Internacional de Poesía Cartagena de Indias (FIPCA). La OIM – Colombia publicó uno de sus poemas, a mediados de 2019, en la antología que se titula Pido la palabra. Ha publicado entrevistas, artículos y notas, en revistas, periódicos y blogs. Autor del libro El cuento más largo.
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