miércoles, 4 de abril de 2018

Fernando Iwasaki: Mis éxitos literarios se los debo a mis fracasos amorosos. Entrevista. Parte I/III



Al fondo Fernando Iwasaki. Fotografía: Manuel Gutiérrez





Estimados Liponautas

Hoy tenemos el agrado de hacerles llegar una entrevista realizada por Jot Down Magazine al escritor peruano Fernando Iwasaki. En la entrevista nos da su particular parecer sobre la literatura en español. La entrevista está muy centrada en la realidad cultural española razón por la cual salpicamos el texto de hiperenlaces que ayudaran al lector a ubicarse de mejor manera. La segunda libertad que nos tomamos fue la de dividir en tres porciones la entrevista ya que consideramos que era muy extensa para publicar de manera integra y de una sola vez en nuestro blog. Cada una de las tres porciones vendrá acompañada por un texto introductorio pertenecientes a escritores colaboradores del blog donde les harán llegar a ustedes su visión de Fernando Iwasaki o de este texto en particular. La primera porción será presentada por el escritor español Armando Boix, la segunda por el escritor venezolano Carlos Yusti y la tercera parte por Alberto Hernández. La última libertad que nos tomamos fue la de cambiar el título, modificando una de sus declaraciones en la entrevista, y usándolo como título ya que consideramos que era más llamativo que el original. 

Ya no seguiremos quitándoles más tiempo así que finalizamos esta breve introducción aquí para puedan disfrutar del texto.


Estaremos a la espera de sus comentarios.


Richard Montenegro


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Ya en la antigua Sumeria, un escriba grabó la preocupación de un padre ante la poca aplicación de su hijo, comparada con la de sus ancestros: «Piensa en las generaciones de antaño, frecuenta la escuela y sacarás un gran provecho. Piensa en las generaciones de antaño, hijo mío, infórmate de ellas». El mundo, en realidad, cambia poco en lo fundamental y solo presenciamos una muda de ornamentos. No ha habido desde entonces generación que dejara de mirar con escepticismo a las que le siguen y se ha hecho más evidente a medida que los cambios técnicos, sociales y culturales se aceleraban. Quizá, por repetida, esa percepción se revela falsa en lugar de confirmada, fruto de una idealización errónea de lo que es la cultura.

¿Son nuestros jóvenes más ignorantes? A lo mejor lo son si utilizamos como baremo un modo de entender qué es culto perteneciente ya a otros usos, a otra realidad. Consideramos, desde esa perspectiva de la educación humanística, más importante entender de gramática, retórica o aritmética que la adaptabilidad al cambio tecnológico o un bagaje visual, cuando hoy la imagen es tan importante. ¿Por qué, en nuestros institutos, no enseñamos el placer de la lectura a nuestros alumnos entregándoles un cómic? ¿Por qué impartimos clases de historia de la literatura y no de cine? ¿Hay materias superiores o solo se debe a un anquilosamiento de nuestros métodos educativos, con el paso cambiado respecto a las metamorfosis culturales? Sin embargo, todo cuanto el hombre piensa y siente lo expresa en palabras. Un foco más amplio a lo que representa la cultura no debería eximir del dominio de ciertas herramientas, parte indisoluble de un pensamiento estructurado y eficaz, como es un correcto uso del lenguaje oral y escrito, comprensión lectora incluida.

Fernando Iwasaki, puente entre dos culturas que en realidad son una sola, la española y la latinoamerica, al tiempo que lo es también entre las mal llamadas culturas alta y popular, reflexiona en una larga entrevista sobre estos asuntos y muchos otros, como el multiculturalismo, la relación entre literatura y política, la supervivencia del libro o la frivolidad de un mundo editorial basado en el espectáculo. ¿Debería ser obligatorio votar? ¿Necesitaríamos un servicio social obligatorio como antes se hacía la mili? ¿Hasta qué punto debemos forzar unos deberes como contrapartida a nuestros derechos? ¿Aumentaría así la legitimidad de nuestras exigencias? Se esté de acuerdo o no con sus conclusiones, es un placer leer el pensamiento expresado en voz alta de una mente bien entrenada y a la que ningún tema le resulta ajeno o despreciable, sea el fútbol y el flamenco o la última vanguardia literaria… Por cierto, si son ustedes aficionados al género fantástico, y en concreto al cuento de miedo, no se pierdan Ajuar funerario, el volumen de microrelatos de Iwasaki. Me agradecerán la recomendación.


Armando Boix

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Fernando Iwasaki: «A nuestros alumnos universitarios les tomaría el B2 de español el primer día de clases»

Publicado por Ángel L. Fernández Recuero, Paula Herrero, y David del Toro


Fernando Iwasaki Cauti (Lima, Perú, 5 de junio de 1961) es narrador, ensayista, crítico e historiador. Aunque nació en Perú los orígenes de Fernando abarcan, al menos, cuatro países de tres continentes: su bisabuelo materno era italiano; su abuelo paterno un japonés que se afincó en Lima en la década de 1920; y la abuela materna, ecuatoriana. Durante los años que ejerció como historiador fue profesor universitario en Perú, investigador en el Archivo de Indias de Sevilla, investigador en el Archivo Secreto del Vaticano y profesor invitado en diversas universidades de Europa y América. Entre otros es autor de diversos estudios acerca de los procesos de inquisición y de santidad en Lima colonial, gracias a los cuales obtuvo en Nueva York el Conference on Latin American History Grant Award (1996). Su obra abarca novelas, cuentos, ensayos y antologías.

Desde 1989 reside en Sevilla. Actualmente es columnista del diario ABC, El País, suplemento de La Razón (de México) y colaborador en la sección «El gabinete» del programa Julia en la onda. También es director de la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco y Bético. Nos citamos con él en la Fundación y mientras observamos tocar el cajón a un rubio de dos metros que viste camiseta de tirantes, pantalones cortos estampados y unas chanclas playeras le preguntamos sobre lo humano y sobre Borges.

¿Sevilla tiene un color especial?

¡Sobre todo tiene un calor especial!, que no es lo mismo… He estado en la Amazonia, el Sáhara, el Ecuador y el Caribe… y nunca he pasado más calor que aquí en Sevilla. Por lo tanto, cambiaría una vocal para añadir que Sevilla tiene un calor especial.




¿Cómo te hiciste del Betis? ¿Qué tiene el Betis que no tenga el Sevilla?

Vine a Sevilla en 1985, un año en el que el Sevilla no andaba precisamente muy fino. Todos los domingos, un historiador escocés y yo íbamos a ambos estadios, dispuestos a dejarnos seducir por el juego de los dos equipos de la ciudad. Teníamos clarísimo que no queríamos ser ni del Madrid ni del Barcelona, pues nos parecía de mal gusto ser hinchas de unos clubes nacidos para ganarlo todo. Si fuera brasileño o argentino tendría sentido, pero los peruanos no hemos ganado nunca nada y la sobredosis de triunfos nos sienta fatal. Sin embargo, aquel año descubrí al Betis de Cardeñosa, Gordillo, Rincón, Parra, Calderón, Esnaola, Ortega, Hadžibegić… El Betis tenía un gran equipo y el Sevilla un gran jugador, Francisco, que a mí me gustaba mucho más que Schuster. Ambas aficiones eran divertidas, hospitalarias y no existía una rivalidad agresiva, pero la filosofía del manque pierda es una filosofía fascinante para los hinchas que venimos de países sin un gran palmarés futbolístico. De hecho, el Sevilla —como el Madrid o el Barcelona— compite para aspirar a lo máximo, como todos los equipos apolíneos, pero el Betis es dionisíaco y por eso no necesitamos terapias de autoayuda, porque ser del Betis ya es terapéutico.


REAL BETIS BALOMPIÉ - Sevilla, España - Temporada 1981-82 - Esnaola, Bizcocho, Alex, Ortega, Peruena y Gordillo; Benítez, López, Diarte, Cardeñosa y Parra .



Reconocerás al menos que el himno de El Arrebato es el mejor himno futbolero…

El himno del Arrebato es un himno extraordinario, pero totalmente apolíneo. Es como el «We are the Champions», un himno solo para los momentos de gloria. Lo bueno del himno del Betis es que puedes cantarlo volviendo en el autobús, incluso después de haber perdido, como aquel novio abandonado que cantaba «Eva María se fue».




En 1967 Eduardo Llosent  dijo: «Todo ámbito literario de Sevilla lo satura una atmósfera de ranciedad». ¿Ha cambiado algo en el panorama literario de esta ciudad?

La ranciedad sigue existiendo, pero ya no satura porque se ha convertido en una suerte de adorno y hasta en una seña de identidad. Eduardo Llosent escribió aquella sentencia pocos años antes de morir, ya en la década de los sesenta, y muchos años después de haber fundado la revista Mediodía y después de haber constatado que la Generación del 27 había pasado por Sevilla sin conmover sus cimientos culturales. Sin duda, para Eduardo Llosent aquella ranciedad era un veneno. Sin embargo, con el paso de los años la ranciedad española en general y la sevillana en particular se han convertido en otra cosa. Sin esa ranciedad no existiría el cine de Berlanga y Almodóvar, Amanece que no es poco de José Luis Cuerda o la última película de Álex de la Iglesia protagonizada por Raphael. La ranciedad española se ha convertido en un colesterol bueno.


Alex de la Iglesia y Raphael.

Estudiaste Historia y te interesaste por los procesos de Inquisición…

Como los países hispánicos no tuvimos una Reforma religiosa ni nada que se le pareciera —Erasmo encarnó esa única posibilidad—, en lugar de tribunales teológicos tuvimos consultorios sexuales. Nuestros heterodoxos fueron extraordinarios, aunque aquellas «vidas mágicas» que estudió Caro Baroja lo fueron casi siempre en el dominio sexual. Así, a falta de alguien que desafiara el dogma, la doctrina o la ortodoxia con alguna elaboración intelectual, abundaron quienes se convirtieron en peligrosos por culpa de sus incontinencias. Siempre me ha atraído esa suerte de disidencia pecaminosa que perfuma los expedientes de la Inquisición. Hubo místicos, por supuesto, que fueron procesados, como Teresa de Ávila, fray Luis de León y Juan de la Cruz, pero la jerarquía eclesiástica los asimiló y reescribió sus hagiografías. Sin embargo, también existieron otros heterodoxos que fueron represaliados y acusados de iluminismo y falsa santidad. Este grupo me interesa de manera especial.



Llegaste por primera vez a Sevilla en 1985 como investigador en el Archivo de Indias. ¿Qué ciudad era aquella para un joven latinoamericano?

Recuerdo que viajé en el vagón litera de un Talgo nocturno, cuyo billete me salió más barato porque viajaba con los reclutas que hacían la mili. Aquellos chicos vestían uniformes militares, acarreaban unas bolsas inmensas y fumaban Bisonte. Nos pasamos la noche conversando e intercambiando cigarrillos, porque yo tenía tabaco rubio peruano que ellos encontraron mejor que los Fortuna. Llegué a Sevilla a las seis y pico de la mañana, y como era demasiado temprano para ir al piso que había alquilado crucé Marqués de Paradas y entré a un bar para tomarme un café. El camarero que me atendió quiso saber de dónde era y cuando supo que era peruano me animó a ser del Betis. Aquella fue mi primera impresión de Sevilla.


Francisco Javier Labandón Pérez mejor conocido como El Arrebato

Muchas cosas me chocaron de entrada. Por ejemplo, la manera de hablar, pues estaba persuadido de que todos los españoles vivían cabreados, molestos y rebotados. Si pedía cualquier cosa «por favor», me respondían que «¡Nada de por favor! Es mi trabajo». No entendía por qué me hablaban con tanta agresividad. Muchos años después yo mismo practico esta manera de hablar que se me antoja muy correcta y más eficaz, porque no deja lugar a dudas. Los latinoamericanos a veces damos muchas vueltas para decir una cosa que se puede expresar con más llaneza. Esa fue la Sevilla que me recibió con un café muy fuerte una madrugada muy fría. Siempre he tomado café expreso, pero el café en España resultó mucho más fuerte que el que tomamos en América y que ahora encuentro horrible, asqueroso y aguachento. Y por último el Archivo de Indias, que era mi sueño como historiador. Así llegué a Sevilla sobre las seis de la mañana, con una enorme maleta sin ruedas, un maletín de mano, una cámara de fotos, una mochila y una guitarra. Así viajaba yo.




Y lograste el éxito literario gracias a tus fracasos amorosos…

Éxito es una palabra muy resbaladiza, pero acepto que a la novela de mis calabazas completas [Libro del mal amor, RBA, N. de R.] no le ha ido del todo mal, quizá porque todo el mundo acumula más fracasos que éxitos.

Te definiste en una ocasión como «un lector que escribe». A escribir literatura solo se llega leyendo mucho.

Es cierto, y deberíamos repetir esto muchas veces, porque ahora abundan quienes piensan que basta con matricularse en un taller literario para aprender a escribir sin necesidad de leer. No me considero apto para impartir talleres porque pienso que sería un mal profesor de escritura literaria. Más bien, pondría al personal a leer y casi nunca a escribir. Algunos amigos me cuentan que a ciertos alumnos suyos no les interesa la lectura porque no quieren contaminar su estilo; pero sin ánimo de ser aguafiestas pienso que solo un buen lector puede llegar a ser escritor.

Eres columnista de El País Semanal, ABC y otros medios hispanos. En La Razón de México escribes que «los zombis de las series distópicas podrían ser “burgueses proletarios” europeos huyendo como escapan ahora los sirios».

Creo que es una imagen muy persuasiva. Recuerdo un libro que fue finalista del Premio Anagrama de EnsayoFilosofía zombi— donde el autor hacía un análisis de los mensajes que subyacen detrás de todas las ficciones de zombis. Y el caso es que halló alegatos muy sugerentes contra el capitalismo postmoderno, porque el zombi le parecía un feroz consumidor privado de voluntad. Sin embargo, desde otra perspectiva también podríamos decir que los zombis conforman una multitud adocenada que no necesita trabajar porque vive de subsidios. ¿Cuánta gente elegiría una vida subvencionada sin obligaciones laborales, rancho diario, sexo seguro, wifi gratis, ocio infinito y renta universal? Esa vida me parece aterradora y creo que sería otra forma verosímil de convertirse en zombi.




Tienes ascendientes italianos, japoneses, ecuatorianos y peruanos, ¿qué opinas de En defensa de la intolerancia de Žižek?

Se puede ser crítico con el multiculturalismo y no estar de acuerdo con Žižek. Sobre el mismo tema valoro más los libros de Peter Slöterdijk, quien en lugar de hablar de postpolítica prefiere hablar de posthumanismo. En cualquier caso, me siento más extraterritorial que multicultural, pues mi cultura siempre ha sido la occidental y vivir en Europa no ha supuesto para mí ningún conflicto como el que experimenta cierta descendencia europea de inmigrantes musulmanes, seducida por el yihadismo radical.

¿Sumisión levantó tantas ampollas porque podría ser profética, como lo fue en su momento Plataforma?

Houellebecq no es un autor que me disloque especialmente, aunque ahora le doy prioridad a la literatura escrita en español. Para mí, leer a Martin Amis, Paul Auster o Houellebecq se me hace igual de complicado. Si Coetzee sacara un nuevo libro sí lo leería, porque Coetzee me encanta. Pero a los otros autores no puedo seguirlos a la velocidad que publican. Sé de qué trata Sumisión y comparto su propuesta de que Europa sufre una crisis de identidad porque los jóvenes no tienen conocimientos cabales ni de sus propios países. En realidad, los jóvenes franceses —cristianos, musulmanes o descreídos— lo ignoran casi todo acerca de su país, y lo mismo podría estar ocurriendo con los jóvenes españoles. La antigua mili te podía mandar a Jaca, Ceuta o El Ferrol y la hacías con el hijo del notario y el hijo del pastor, con jóvenes vascos o catalanes.


John Maxwell Coetzee

No estoy a favor de restaurar el servicio militar, mas sí soy partidario de un servicio solidario. Puedo imaginarme a sus objetores de conciencia alegando «por qué tengo que limpiarle los pañales a un anciano si no se lo hago ni a mi abuelo» o «por qué debo ir al Estrecho a ayudar a los inmigrantes que naufragan». No obstante, si hubiera un servicio solidario obligatorio habría jóvenes movilizándose por todos lados para cubrir las deficiencias de un estado de bienestar arteriosclerótico. Tenemos ley de dependencia pero no tenemos recursos ni humanos ni económicos. Imaginemos por un momento que ese servicio solidario obligatorio paliara los déficits de la ley de dependencia.

Al servicio solidario obligatorio habría que cambiarle el nombre…


[Risas] He dicho obligatorio porque la mili lo era; pero si hubiera un servicio solidario —a secas—, sin duda tendría objetores de izquierdas y de derechas. Europa vive una situación inédita y muchos ciudadanos exigen opciones alternativas a los bombardeos. Por supuesto que hay que buscarlas, aunque una de esas opciones consistiría en recordarle a los ciudadanos que los derechos suponen deberes y que estos deberes tendrían que ser obligatorios. Por ejemplo, votar en las elecciones. La democracia no es gratis y una de las razones por las cuales tenemos que votar es para que no desertemos de nuestras responsabilidades. Si las responsabilidades se cumplieran nuestra sociedad civil sería más robusta, pero como la deserción ciudadana es enorme nuestra sociedad civil ni siquiera está articulada. Vivimos gracias a los abuelos pensionistas, que son quienes le solucionan la vida a los hijos que se quedaron sin trabajo y a los nietos que no tienen casa.


Martin Amis

Una vez dijiste que «hay dos Españas, una con buen humor y otra sin humor». ¿Cómo las ponemos de acuerdo?

No pueden ponerse de acuerdo, pues quien carece de sentido del humor no se reirá jamás. Ahora bien, debo añadir que el sentido del humor no hace mejores a los individuos. Lo tienes o no lo tienes y ya está, pero nadie es mejor que otro por tenerlo o no. Lo que pasa es que si lo tienes encuentras complicidades que te enriquecen y que otros se las pierden. Me figuro que tener profundidad, solemnidad, sobriedad y capacidad para sentirse estupefacto debe de ser maravilloso, pero yo ya es estoy curado de espantos y estupores. Nada de lo que no me pueda reír pasado mañana me merece la pena.

Participas como tertuliano en Julia en la Onda, pero rara vez hablas de literatura. ¿Qué opinión te merece la figura del tertuliano? ¿No se merece Borges un «Gabinete»?

Borges uno y María Kodama otro. En general, cada vez hay menos cultura en los medios de comunicación, pero Juan Adriansens —un colaborador muy querido en la casa— es quien lleva la voz cantante en los gabinetes culturales de Julia en la Onda. Y los «gabineteros» varían según los temas. Es cierto que a mí no siempre me toca hablar de literatura, aunque, si puedo, procuro llevarme los temas de conversación a mi molino.

Borges decía que en la literatura hay esencialmente cinco temas: la infancia, la memoria, el exilio, la muerte y el amor. ¿Estás de acuerdo?

Sí, absolutamente. Además es muy complicado que existan muchos más temas. El amor, la infancia, el exilio, la muerte y la memoria. Ahí está todo y todos están en la Odisea, pues la Odisea es un libro de amor, un libro de viajes, un libro sobre la infancia y una memoria hecha libro. La maravilla en la literatura es que los viejos temas son tan incandescentes que no se apagan nunca.


José Ortega Spottorno

Hoy que está tan de moda el coaching, «salir de la zona de confort» y utilizar el palabrerío de red social barata. ¿Es poco cool decir que la felicidad está en Borges o en Ortega Spottorno?


A mí lo cool me da por cool. ¿Por qué huimos de nuestra lengua? Comprendo que el inglés es muy transversal, pero el coaching es la tutoría de toda la vida. Todos hemos conocido a alguien que ha sido un mentor, alguien que nos ha ayudado, supervisado e introducido en temas novedosos. Todos tenemos en la cabeza a alguien así, y que nunca fue un coach. El coaching sería —vamos a parafrasear a Lenin— la fase superior del capitalismo en la tutoría, porque solamente se entiende la figura del coach cuando has perdido la confianza en las personas de tu entorno, cuando ya no existen amigos que te ayuden y no tienes más remedio que pagar para ser aconsejado. En las genuinas relaciones entre discípulo-maestro, alumno-profesor y pupilo-tutor siempre ha existido algo más que un salario mensual. Y así como la sensibilidad no es el conocimiento, la ideología no es la ciencia y el coaching no es lo mismo que la educación. Y ya de la felicidad ni hablemos, pues si no la has disfrutado en tu casa antes de los diez años, ya puedes pasarte toda la vida buscándola con un coach.



Documentación: Loreto Igrexas

Continuará

Tomado de Jot Down Magazine.

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Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas electrónicas hispanas Alfa Eridiani, Valinor. miNatura, Tiempos Oscuros y Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.


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Armando BOIX (1966). Formado en artes aplicadas, ha desarrollado una carrera profesional como dibujante  técnico  y diseñador, al  tiempo que, desde 1994, empezaba a publicar sus primeros relatos y artículos en fanzines y revistas. Dirigió la revista especializada en cine fantástico Stalker y ha recibido diversos premios literarios, como el Gran Angular de novela juvenil por  El Jardín de los Autómatas  (1997),   el   Pablo  Rido   de   relatos  o   el   Gigamesh   de  ensayo.  

 Sus últimos libros publicados son  la novela  La joven a la que amaban las hadas(2012), la antología  El noveno capítulo y otros relatos (2014) y el volumen contres novelas cortas En calles oscuras (2015).








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