domingo, 5 de enero de 2025

Ibsen Martínez: Oil Story y la vida son varios turnos al bate

 




La nueva novela de Ibsen Martínez: 'Oil Story', un relato de zombis y grandes comedores de serpientes


Esta es una historia de cuatro amigos que, por causa de un rapto de nostalgia de uno de ellos, se transforma en un thriller de balas y dólares, que se desenvolverá de forma paralela y trepidante a las conmociones ocurridas dentro de Pdvsa (“la industria propiamente dicha”) ante el inminente y luego consumado triunfo electoral de Hugo Chávez. Una tragedia que para los involucrados directos durará “siete bíblicos años” y, para los indirectos, una infinitud | Por Wilfer Pulgarín

El Estímulo

28 de octubre, 2023

03:47 pm

Última actualización: 28 de octubre, 2023

04:24 pm



Por estos días Ibsen Martínez camina con un bastón amarillo, de empuñadura curva que, sobre todo cuando se sienta, lo hace parecer como lo que es, un escritor, y muy justamente reconocido. Pero no es a causa de un problema delicado de salud que lleva bordón, sino por un accidente ocurrido al pisar una de las baldosas basculantes que son una amenaza para los peatones en Bogotá. Ocurrió que Martínez —de costumbre atento a esas losas inestables, que gente de buena voluntad marca con una equis roja —bajó la guardia, perdió el equilibrio y se lesionó un tobillo. Si a esa ayuda provisional para andar se le agrega el uso de boina italiana e impermeable de vinil, entonces la figura del escritor clásico queda completa.


Así lo volví a ver desde el segundo piso de la Librería María Mercedes Carranza, Fondo de Cultura Económica, en el sector Usaquén, en una tarde gris, como la mayoría de las que hacen en Bogotá y que entristecen con facilidad.


Diez horas demoró el viaje en bus desde Medellín a Bogotá y llegamos de primeros a la cita en la que Martínez haría la presentación en sociedad de Oil Story, su cuarta y reciente novela publicada por Tusquets Editores, del Grupo Planeta, que se promociona en su sobrecubierta como “una poderosa narración” sobre “la historia del oro negro” en Venezuela y “que le da una vuelta de tuerca a Petróleo sangriento”, que es a la vez “culta, popular, poética y gozosamente prosaica”. “Oil Story está llamada a hacer parte de los papeles póstumos del más fallido de los petroestados”, vaticina la presentación desprendible del libro.



En la contracarátula de la edición se cuenta la historia (hay varias) que jalonan el texto:


“Jerry Espinoza, alto ejecutivo de Petróleos de Venezuela, mata de un disparo a su asaltante al repeler un atraco en una noche de 1997, en vísperas de Chávez. Los bárbaros usos del país recomiendan arrojar sin más el cadáver a un baldío.


Mayimbe, su cómplice en la macabra empresa, amigo de juventud, malviviente y drogadicto, se torna contra él y comienza a extorsionarlo sin compasión. Entra entonces en escena un comando de exterminio, contratista externo de la Gerencia de Seguridad de la petrolera…


Son historias de vidas cruzadas que nos llevarán de Caracas a Londres y Praga; de Maracaibo a Tulsa, Oklahoma, y también a Golfo Triste, donde todo comenzó hace más de un siglo”.



II

Entre la noche en que Jerry Espinoza mató a tiros al atracador que quería las llaves de su auto y el hundimiento de Petróleos de Venezuela, en la que Jerry era alto ejecutivo, transcurrieron los bíblicos siete años.


Jerry protagoniza la versión jamás confirmada según la cual una treintena de altos ejecutivos petroleros se había suicidado en masa luego del masivo despido de veinte mil gerentes del siglo XXI que, con ideas zombis sobre la política, buscaron provocar el derrocamiento de un jefe militar del siglo XIX, con ideas zombis sobre la economía.


En realidad, salvo un ingeniero de yacimientos que saltó desde una pilastra del puente sobre el lago de Maracaibo, ninguno de los supergerentes llegó a suicidarse jamás. Tampoco Jerry. Su muerte inesperada y trágica, sin embargo, nos llenó a todos de desazón y vergüenza y alentó la leyenda piadosa de un Jerry suicida dentro de otra leyenda: la de la ola de suicidios entre los supergerentes petroleros, víctimas de un despido masivo.



Poner todo esto en claro no ha sido el único motivo que tuve para escribir esta historia —¿quién podría decir por qué se escriben estas cosas? —lo cierto es que no he hallado otro modo de echarla a andar que retroceder a la noche de un atraco a mano armada en Caracas, a fines del siglo pasado, cuando nuestra comarca “de grandes comedores de serpientes” atravesaba una temporada de precios bajos del crudo.


(Así comienza Oil Story).







III

Por supuesto, hay que estar de acuerdo con Camilo Jiménez Estrada, exeditor de las revistas El Malpensante y Soho, y que hace de presentador y contertulio en la librería, quien designa el ritmo narrativo de Oil Story como “trepidante” y que compara su técnica narrativa con la de los maestros de la novela negra Mickey Spillane, Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Todo eso es cierto, a lo que se debe agregar que en su libro Martínez demuestra que conserva en buen estado su músculo de dramaturgo, libretista y guionista, además de la agudeza del periodista que ha criado fama de experto petrolero.


Ya puesto a hablar sobre la obra, Martínez, el autor venezolano centro de este evento cultural, cuenta como antecedente de Oil Story la tribulación espiritual que lo embargó hace diez años, una melancolía que lo llevó a pensar que había perdido el “don”, atizada por el extravío editorial de Simpatía por King Kong, narración que publicó en Caracas en 2013, con la que decidió que en adelante sería solo novelista. Diez años después, con maleta y depresión como equipaje, se instaló en Bogotá. Pasaron cinco años de lucha personal. Cuando se sintió con el suficiente “perrenque” —como llaman en Colombia a la adquisición de una fuerte voluntad —se arriesgó con una historia cuyo germen estaba en los Petroleros suicidas, una obra de teatro que había escrito dos lustros atrás y que, bajo la dirección de Héctor Manrique, congregó durante varias noches de 2011 un numeroso público en los espacios del Centro Cultural BOD, en Caracas.


Martínez se dispuso entonces a “escribir y sangrar”, como decía Hemingway, pero sabía qué terreno pisaba: el tema petrolero, sobre el cual gravita la novela, y que él domina con soltura (no en vano en su biografía figura una infancia y una adolescencia pasadas en campos petroleros de la Phillips Petroleum Co. y, por si fuera poco, su firma no deja de destacar en eruditos artículos de publicaciones como El País, The New York Times y Foreign Policy). Además, su pluma estaba ya suficientemente probada en las lides literarias y hay que convenir que la sequía de ideas es un fenómeno natural entre los escritores, no una superchería snob.


Hecha una pausa, intervinimos:


—Visto que Petroleros suicidas y Oil Story tienen un origen común, ¿qué elementos destaca como distintos entre ambas historias?


—De la pieza teatral me quedé solamente con los personajes Jerry, Natalia y, desde luego, Mayimbe. Pero las diferencias entre ambas son enormes, porque en el primer caso hablamos de una pieza de cámara, de máximo una hora y veinte minutos, así que el conflicto que deriva del asesinato del comienzo está muy comprimido. La novela es otra cosa. El desarrollo es autónomo, arbóreo y distinto.


IV

El Martínez periodista, transfundido en el personaje de Memo (Guillermo), se evidencia especialmente en el capítulo 12. En esta parte, el Chávez-candidato de 1998 aparece retratado con fidelidad en un desayuno al que invita un periódico de Caracas. En esa reunión matinal se cuela Jerry, personaje central de la novela, quien, ayudado por Memo, busca permanecer a toda costa dentro de la industria propiamente dicha (esta designación de Pdvsa será un leitmotiv a lo largo de todo el relato y siempre en letra cursiva).


Un extracto del capítulo, relata:


“—Me llamo Gerardo Espinoza, candidato. Soy ingeniero de yacimientos y trabajo en Petróleos de Venezuela —dijo a su turno Jerry, al fin, y por un momento pareció que era él quien se disponía a soltar un discurso. El candidato apuntó su nombre y sorbió mocos muy hondamente, en un tic que ya era famoso —la punta de la nariz terminaba apuntando a un costado —y que lo hacía parecer tosco, desdeñoso, desatento y lleno de designios malignos. Con el tiempo y la ayuda de una hipnotista llegó a dominar admirablemente el tic hasta extinguirlo por completo.


La pregunta de Jerry sobre las asechanzas del ‘Plan Husband’ me pareció larga y farragosa, llena de innecesarios tecnicismos.


—¿A qué te dedicas en la industria Gerardo? —dijo de pronto Chávez, atajándolo.


—Trabajo en la Gerencia de Comunicaciones y Asuntos Públicos, comandante. Me apresuro a decir que no estoy aquí representando a Petróleos de Venezuela sino a mí mismo como ciudadano, como elector.


Sonó afectado y redicho, sonó falso pero… funcionó. Aunque el candidato absorbió mocos, no reprimió una enérgica cabezada de aprobación y atacó otra de sus peroratas sobre soberanía energética. La respuesta estuvo afablemente dirigida a Jerry todo el tiempo.


Finalmente, Jerry tuvo su ocasión Fidel-Hemingway cuando, abriéndose paso con aplomo entre la tremolina de admiradoras que se formó al final, entregó a Chávez una copia encuadernada del documento interno por el que los vicepresidentes querían colgarlo”.


Preguntamos de nuevo:


—¿El título Oil Story se te ocurrió con facilidad o te dio brega?


—Yo no quería titular la novela “Petroleros suicidas”, como la obra de teatro, porque no es Petroleros suicidas, y fantaseé con llamarla “Historia de Mayimbe”, pero no es la historia de Mayimbe. Un día, conversando por Zoom con un querido amigo estadounidense de hace muchos años, que vive en Nuevo México, que se entiende muy bien con nuestro idioma, se nos unió su esposa a la charla, y él le hizo un resumen de la novela que yo estaba escribiendo. Y ella, que había entrado tarde, preguntó: “¿What´s it all about?”, ¿de qué trata?, y él respondió: “It´s an oil story”, es un relato petrolero. A mí se me quedó esa frase y dije: “Esta es la vaina”. No me arredró el que fuese en inglés, porque no es un título inaccesible, la industria editorial en nuestro idioma ya acepta e inclusive considera deseable un título que prefigure la traducción.




Además, confiesa Martínez, él hizo valer sus influencias para que la primera edición, ahora en nuestras manos, tenga una portada bastante sugestiva sobre de qué trata la historia. (En un paisaje nocturno y desolado, tres personas —dos adultos y un niño— caminan por una calle polvorienta. Sobre ellos se derrama la luz de un par de mechurrios, que emergen de dos estructuras metálicas y amenazantes vistas a lo lejos).


V

La noche y el frío se meten juntos en la primera planta de la librería. Martínez, ante un público serio y heterogéneo, que puede ser mitad venezolano mitad colombiano, desglosa las hojas de vida mundanas de cada uno de los personajes de su novela y revela parte de lo que hay de suyo en Jerry, Altuna, Mayimbe y Memo, el cuarteto de amigos de la urbanización Prado de María (Caracas), a quienes el destino llevará por diferentes rumbos.


Martínez habla con asombro del diario que por casualidad encontró de Ralph Arnold, que le cambio la vida, por sus invalorables estudios geodésicos, por sus fotos testimoniales de la hambrienta Venezuela cafetera, así como por la fantasía de un mar en llamas y un islote fantasmal en Golfo Triste. Martínez recuerda a su padre (Luis Roberto Martínez) que adquirió el acento de James Cagney viendo películas de gangters. Martínez recuenta, en especial para sus oyentes colombianos, aquella fábula electoral de 1998 en la que Hugo Chávez aniquiló sin mucho esfuerzo a la “esperanza blanca” que el Establecimiento corporizó en la figura de una exreina mundial de belleza y alcaldesa del municipio Chacao.


Martínez vuelve sobre el intento de golpe de Estado del 11 de abril de 2002 y del fracaso del paro petrolero que terminó con la botazón de veinte mil empleados de Pdvsa, luego sustituidos por ciento setenta mil. Martínez explica por qué llama comarca a Venezuela y por qué los altos gerentes venezolanos, a diferencia de los surcoreanos o japoneses, jamás hubieran pensado en suicidarse: ellos y Chávez eran igualmente zombis. Pero Martínez tiene cuidado de no contar el estremecedor final de su novela, porque ¿para qué vinimos a este evento sino fue para tentarnos, con suficientes argumentos, a leer esta extraordinaria novela, dedicada a su hijo, Iván Martínez Calcaño?







VI

Sí, Martínez ha escrito una novela tremenda, pensamos mientras el bus abandona la sabana de Bogotá. Pocos días después, leemos en dos sentadas sus 278 páginas.


“La vida son varios turnos al bate”, dice un personaje en la página 238, y, en silencio asentimos, porque nos entusiasma la recuperación del Martínez escritor de ficción, con este relato que tiene tanto de petrolero venezolano como de tragedia latinoamericana y que él ha parido con dignidad y maestría, como bien se describe en la hoja atrapalectores.


Y entusiasma aún más porque Oil Story preanuncia que Ibsen Martínez está listo para darle otra vez de lleno a la bola con otra historia, esta vez de amor entre dos mujeres, una venezolana y una cubana: Teresa de la Parra y Lydia Cabrera. Se llamará “El leño y la llama”.


Coda

Y así llegamos con Martínez a esto:


—¿Por qué decidiste instalarte en Colombia?


—La decisión fue una cosa muy bien pensada porque yo tengo un vínculo con este país, afectivo y emocional, desde los años noventa, cuando empecé a frecuentarlo. Por ahí en 2010 me harté de la locura venezolana y decidí que podía hacer vida bicapitalina. Me dije, bueno, vas a Bogotá que tanto te gusta, donde lo pasas tan bien y cada cierto tiempo vuelves a Caracas. Yo lo podía pensar así en ese momento, porque lo hacía con frecuencia. En el año 2013 ya vivía en Bogotá, y entonces escribí un artículo satírico sobre El pollo Carvajal y el tipo, a mí y a otros periodistas, nos clavó una demanda por difamación, y como me agarró aquí de este lado y tan a gusto, no me resultó difícil darme cuenta de que era mejor quedarme que enfrentar la justicia bolivariana. Desde entonces estoy en Colombia, sin mayores sobresaltos.





—¿Cuáles son tus sentimientos por Venezuela en este momento?


—Venezuela es un tema delicado para mí, porque no siento ninguna nostalgia. Siento nostalgia por los años de mi juventud vividos allí, pero, a diferencia de muchos venezolanos, no idealizo el territorio.


Y sobre los compatriotas, remata:


—No tienen el menor sentido trágico y por eso viven en esa euforia infundada, por eso pueden apoyar a Irene Sáez y después a Hugo Chávez, y después enamorarse de un empleado de oficina de la familia López. A mí eso me revienta; lo lamento, pero es así.


Ibsen Martínez Pimentel nació en Caracas, el 20 de octubre de 1951. Periodista, novelista, ensayista, columnista, guionista y reconocido intelectual latinoamericano. El petróleo ha nutrido su obra teatral (La hora Texaco, 1984; Petroleros suicidas, 2011) y buena parte de sus artículos de prensa y ensayos, publicados en el curso de tres décadas en los diarios El Nacional, El Universal y TalCual, de Caracas, y en medios escritos fuera de Venezuela como como El País, The New York Times, Foreign Policy y revistas de ideas y literatura, como Letras Libres (México, Madrid) y El Malpensante (Bogotá). Ha publicado cuatro novelas: El Mono Aullador de los Manglares (2000), El señor Marx no está en casa (2009), Simpatía por King Kong (2013) y Oil story (2023)



https://elestimulo.com/cultura/2023-10-28/la-nueva-novela-de-ibsen-martinez-oil-story-un-relato-de-zombis-y-grandes-comedores-de-serpientes/






sábado, 4 de enero de 2025

Patricia Guzmán a José Pulido: Esta Venezuela, poblada de basura y hambre me enferma y como no puedo sanarla enmudezco para no caer nuevamente

 



JOSÉ PULIDO

Las resonancias místicas en la poesía de Patricia Guzmán



Cuando estaba dedicada al periodismo, cada uno de sus trabajos constituía una especie de reto. Todo tenía importancia. Nunca trató la información como algo que se podía escribir sin el respeto y la belleza con que se escribe un poema.


Ella es delicada como una estrella que dura millones de años apagándose. Su cara es una luz.


En la época que la conocí se movía como una bailarina sonriente cuya música solo ella escuchaba.


Y era evidente que la música estaba ahí: se notaba en sus escritos. Sus palabras se dejaban caer levemente, pero quedaban retumbando mucho tiempo después, como un estremecimiento sísmico.


Su belleza abismaba, sumergía en instancias que parecían sahumerios para la mirada. Era de una fragilidad hermosa, como si se hubiera preparado para ser modelo de vírgenes bizantinas.


Y un día estuvo a punto de morir; sé que la operaron y que se salvó representando aquello un verdadero milagro, en cuyo desarrollo tuvo mucho que ver su esposo.


Cuando reapareció, su delicadeza se había multiplicado, ahora era como de cristal, como de pétalos. Y su rostro de muchacha que bailaba en el aire de las almas y en el pálpito de las emociones, ya no estaba: pertenecía a nuestras sensaciones. La poesía se había apoderado de nosotros.


Ahora le hago esta entrevista a Patricia Guzmán.





Tú y la poesía ¿cómo es la relación entre las dos? ¿Quién guía, quién se somete?

Siento un vínculo muy estrecho, entrañable, con la poesía. Siento que sin ella soy huérfana de habla, de silencio. Necesito que me someta y en esa circunstancia, en medio de la angustia, del vértigo, del ahogo, me reconozco, soy.


En varias ocasiones has revelado la esencia de ese vínculo hablando de tus libros: ¿puedes hacerlo de nuevo?

En “Soledad intacta” declaro: “Frecuento los límites del cuerpo, del padecimiento físico y del goce que depara la efímera belleza. Presto oídos a la cadencia del espíritu desasistido. Lo súbito se me impone otorgando espacio a la sinrazón que signa el existir de la criatura humana, sin perder la conciencia de los objetos con los que habitamos y que nombran la frágil eternidad que encarna en lo cotidiano”.


Mi primer libro, “De mí, lo oscuro” resultó una especie de confesión concentrada, un rito de ayuno, y repito: “hilvanada en versos breves, allí donde late lo improbable y asoma un pájaro”.


Y ese pájaro se transfiguró en Ángel y me condujo a escribir “Canto de oficio” Y, fue como si la figura del Ángel tomara posesión de mí y las alas de ambos se estrechasen a través de mí, me exigieran otra respiración, una nueva modulación que desencadenó una experiencia espiritual misteriosa, extrema y extenuante: el canto, la invocación, el conjuro, las salmodias…


A partir de “El Poema del Esposo” mi poesía adquirió una resonancia mayor entre los lectores y los críticos.


Ese poema es muy importante para mí, porque me afinó la caja torácica,


Entretejo las imágenes que entreveo con los perfumes que respira mi memoria, rezo, canto, me entrego, sirvo al amado, converso con el silencio, le doy indicaciones a la rosa y al espejo, enciendo velas, me sirvo una taza de té, corto nardos, rosas y pájaros para armar un ramo y obsequiárselo a mis hermanas.





A ese poema le debo haber escrito “La Boda”, la ceremonia de mi boda con el Esposo, a la luz de cirios y ecos de bisturí.


Los primeros versos de ese libro se me impusieron: “Yo tenía un Esposo, / Pero no me había casado / Las bodas sólo se celebran / Cuando llega la muerte // A mí la enfermedad me obsequió unas alianzas / El cruce de alianzas debe oficiarse bajo el Ala Derecha del Ángel”.


 


¿Y el poema «La casa de los afligidos»?

“La casa de los afligidos” . Dicha imagen salió a mi encuentro entre las Odas de Hölderlin y me ha deparado quizá la más extraña y perturbadora experiencia, entre las que ha transcurrido mi aproximación a la poesía.


“Al releerla en voz alta aún me turbo por lo que allí escribí sin tener conciencia de lo que estaba cifrando, y me conmueve escucharme ir tras “Él, que no desdeña” a quien Hölderlin tutea e invoca, como “Tú que no desdeñas la casa de los afligidos”.


“El sentimiento de la “aflicción” se me reveló junto con tres versos de Emily Dickinson que gravitan en torno al Cerebro, al Cielo y a Dios, órbitas sobre las que se fueron entretejiendo mi trabajo poético y mis días”.


Has ido acumulando emociones profundas…

En ese diario transcurrir de mi vida, inevitable me ha resultado extremar la experiencia con mi voz, el estremecimiento que ella suscita en el lenguaje y el temblor que me embarga y embarga el habla de los poemas que escribo y que a mediados del año 2010 me condujeron a adentrarme en el hermosísimo tratado místico “Moradas de los corazones”, de Abu-I-Hassan-al-Nuri (840-907) de Bagdad, en el que descubrí, abismada, que esboza el símil de los siete castillos interiores del alma en los que penetró Teresa de Jesús, cristianizando un motivo simbólico en el que el Islam ha insistido a lo largo de muchos siglos.


En esos mismos días, leyendo con la sed de siempre los poemas de Ana Ajmátova, me imantaron estos versos: “Despójame de todo, pero déjame// la frescura de esta rosa encarnada” y los entretejí con otros versos que se habían sembrado en mí, en diferentes momentos de mi corazón, en horas de desasosiego, y de un goce indescriptible, mientras ayunaba en una celda, mientras estaba confinada deseosa de dar con una rama donde posar el dolor o la gracia del sentirme viva respirando el aroma de la rosa eterna de Dante, o las de Rilke, Blake, Dickinson y Di Giorgio, a la escucha de la tórtola que entreví en las Moradas de los Corazones de Al Nuri, el llamamiento de Hesse y la desolación de Celan.





Y escribiste otro libro puntual: El almendro florido.

Ese libro lo fui escribiendo como estando en procesión y sujetando un relicario que colgué en el bíblico árbol de las nupcias, posesa de nuestro Señor y Rey. Y con sed de sabiduría divina, de plenitud, me entregué, como la bienaventurada beguina de Amberes, en el amor desnudo, sin palabras ni porqués.


A esa búsqueda le llamé “El almendro florido” (Kalathos Ediciones España / Madrid / 2018), y David Malavé -su editor- advirtió en el texto de contratapa que: “Este libro contiene saberes de otros tiempos, saberes que brotan del reverente pasear por claustros de silencio y galerías de la Memoria, donde la rosa y la fuente enlazan color y canto en un movimiento ascensional sin fin…Viaje a lo intemporal e inefable, a las mansiones del Ser”.


Y reconozco que fue como si hiciera un viaje a esas zonas del existir, a las “mansiones del Ser”, un viaje más allá del tiempo, al ámbito de lo inexpresable, de lo inenarrable.


De allí que me sea muy difícil descifrar la experiencia, describirla, y en consecuencia recurra a citar las voces que incluye la edición, en particular la de Nelson Rivera, quien revela: “Trataré de volcar en unas pocas palabras, cómo me he conectado a este orar de Patricia Guzmán: porque he sentido que algo inexplicable ha encontrado un lugar en estas páginas. Ese milagro, poder de la poesía, que consiste en escenificar lo que no puede ser dicho. Lo que escapa a las palabras. Lo intocado. Su maravilla, quizás radique en esto: aunque El almendro florido podría ser el más íntimo –el más próximo al punto de incandescencia de la persona Patricia Guzmán- es a la vez, el más aglutinador…”




En definitiva ¿qué marca tu búsqueda en la poesía? ¿En qué etapa encuentras la máxima satisfacción?

Lo que marca mi búsqueda en la poesía es la satisfacción de alcanzar a vivir la experiencia de descubrir algo, de poder aprehenderlo con las palabras. Me mueve el deseo de sentir cómo se devela algo, o cómo se oculta o desvanece. Sentir el vértigo de estar al borde de un acantilado, de un precipicio, y la plenitud de un aire que me sostiene. Temblar del miedo y del placer que suscita lo no conocido que me convoca…


Pero para poder responder a esta pregunta me urge apropiarme de unas líneas de los diarios del poeta Armando Rojas Guardia:


Hundirse lenta, pausada, conscientemente en el silencio. Luchar por permanecer abierto (vital, íntima, incluso afectivamente). Ahogar los ecos inoportunos (los que se levantan de inmediato cuando intentamos imponerles silencio). Tratar de hacerse uno mismo un vasto silencio sensible, a la espera. Alargarse hasta el límite, hasta el ápice donde centellea el contacto.


En medio de ese desamparo, ayuna de lugar, he entrevisto al Altísimo, le he alabado, rogado, me le he entregado y he oficiado ritos de adoración…En medio de ese desamparo me he encontrado con el Pájaro, con el Ángel, con mis hermanas, con el Esposo, con los Afligidos, con la desolada Tórtola y he sentido alivio y plenitud efímeras y estremecedoras.





Hay una esencia mística en tu poesía ¿es así?

El lenguaje con el que escribo mis poemas tiene resonancias místicas, según han señalado lectores que han estudiado mis libros. Y acepto que sea así pues mi alfabeto es espiritual. Se lo debo a los místicos, a quienes he leído con apetito y apasionadamente. Y como por experiencia propia sé que el lenguaje tiene poderes que rebasan la comprensión lógica y que es el vehículo donde expresamos el ser de las cosas, nuestras experiencias. Además la experiencia expresada por el lenguaje tiene connotaciones que incluso no son entendidas, tal es el caso de la poesía. De este modo, la poesía que en parte encierra las cosas y en parte las libera, se convierte en una relación triangular de conocimiento, asimilación y expresión. Sin embargo, la poesía en sí misma no expresa las cosas con palabras comunes sino que dentro de la poesía, su expresión se vuelve un modo de ver, una especie de misterio de la vida o vida misteriosa y por ello me atrevo a aseverar que la poesía es una expresión de la experiencia mística del mundo.


Se nos ha dicho que la poesía es una expresión de la inteligencia en la que por medio de símbolos o imágenes expresa los hechos que han acontecido. Sin embargo, de acuerdo a mi experiencia, no son hechos meramente aislados, sino que expresan la fuerte intensidad con la que los hemos vivido. De ese modo, si se atiende a la mística, como una experiencia de contacto, interacción o comunicación con lo divino, la poesía y la mística tienen una relación intrínseca, pues una ayuda a la otra, en el modo de expresarse y en modo de vivencia. Por ende, la poesía es una expresión de la experiencia mística del conocimiento del mundo, al entender a lo último como un misterio.


Creo importante mencionar aquí que el poeta Ramón Palomares se atrevió a confesarme, en alguna de las tardes que nos reuníamos para conversar en Mérida, que le daba temor que yo no pudiera escribir nada más con la dimensión de “El poema del Esposo” y de “La Boda” porque allí yo había alcanzado a aproximarme a zonas muy profundas del conocimiento, había atravesado zonas de una dimensión humanamente inalcanzables…




¿Qué es lo que más amas en la vida?

Lo que más amo en la vida es a mi esposo, un ser humano especial, pleno de generosidad y luz, que me ha enriquecido en la convivencia diaria (porque convierte todo en un gesto de devoto amor por mí). Y la figura del Esposo ya se me había aparecido en la poesía: venía del Cantar de los Cantares, y yo lo había nombrado para alimentarlo y cuidarlo, como lo hago con mi esposo desde hace más de tres décadas. Porque sucedió que se dio el milagro: la figura del Esposo encarnó a la perfección en mi esposo, Nicolás Bianco.


Tu poesía es un arte elevado, esencia del lenguaje, ¿Hay ojos viendo eso? ¿Hay lectores sintiendo eso?

José, te agradezco considerar a mi poesía como “un arte elevado, esencia del lenguaje” porque a pesar de lo difícil que sea calificar la poesía que escribimos, varias han sido las voces que lo han señalado –“ojos viendo eso”-. Y desde el inicio la manera cómo me sirvo del lenguaje ha llamado la atención.


Pasaré a entretejer los comentarios -de los “ojos”- que han suscitado mi manejo del lenguaje. Las escritoras Yolanda Pantin y Ana Teresa Torres señalan en “El hilo de la voz”, que “…llama la atención la coherencia y continuidad del trabajo de Patricia Guzmán en el sostenimiento de sus motivos metafóricos, y la gradación de su voz, desde lo entrecortado de su primer libro hasta la fluidez expositiva del último, sin perder la intensidad, la concentración, lo sustancial de las palabras”.


La poetisa Ana Enriqueta Terán -en un texto que escribió de puño y letra con el deseo de celebrar “El Poema del Esposo”- enfatizó: “Cuando Patricia usa la frase coloquial, la usa como recién salida de labios en presencia. La frase, sin adornos, corta cualquiera tentación de meladura y el lenguaje retoma sus basamentos de luz incandescente. También luz de parto porque en ese poema ella se enfrenta a la gestación y venida al mundo de un hijo real que yo acuno en mis brazos envuelto en pañales de rubor y profecía, de solidez de futuro en la mejor página de la poesía venezolana”.




¿Qué haces cuando te desanimas?

Si comienzo a sentirme desmotivada, abatida, apocada, descorazonada y no encuentro la causa, intento distraerme con actividades que no me exijan concentración…como ver cualquier película en la televisión, también me ocupo de ordenar papeles, gavetas o preparar una nueva receta de cocina…


Pero cuando siento como si me hubiesen arrancado el corazón, lloro, lloro por un largo tiempo para liberarme del desanimo, del desasosiego. Si logro decírselo a mi esposo, comienza a despejarse el horizonte y comienzo a respirar con más facilidad.


Desanimarme siempre me deja cansada. Pero con un cansancio que me permite estarme más conmigo…ensimismarme y pronunciar el Salmo 50: Oh Dios! Crea en mí un corazón puro y fortifícame por dentro con espíritu firme


¿Has avanzado con lentitud o con prisa? ¿Con dolor o alegremente?

Como he dicho en otras ocasiones escribo muy lento. Cuando tengo la imagen o la idea sobre la que voy a crear un poema, comienzo a leer textos que se emparenten con ese ámbito o que en todo caso me produzcan placer, me interesen intelectual y sobre todo espiritualmente.


Es como un proceso de incubación en mí…Así pueden pasar meses, hasta el instante en que me posee la urgencia de escribir unas palabras con las que asir la experiencia que necesito vivir…Cuando he dado inicio al poema -siempre comienzo escribiendo a mano y con lápiz- suelo leerlo en voz alta para sentirlo y advertir si me “suena”, si fluye lo escrito con naturalidad, si me reconozco en esas palabras…Es una tarea muy exigente y maravillosa puesto que a veces entro en una especie de angustia y al unísono de honda satisfacción corporal y espiritual…


Puedo convivir con el poema un largo tiempo. Me olvido de él. Hasta el instante en que algo me empuja, me hala, para continuar. O para restar líneas. Y siempre llega el momento de darlo por terminado…porque vislumbro que el poema se sostiene…


Diría que avanzo lenta y algunas veces dolorosamente, otras con un goce pleno de luz. Y siento, como dijera Hanni Ossott, que padezco la inspiración, porque ella me embarga, me inunda.




¿En dónde vives ahora? ¿Cómo desarrollas tu poesía allí?

Hace poco más de dos años vivo en Las Mercedes, en una calle poblada de árboles y, en comparación, con el resto de la ciudad, en la que se impone el silencio por sobre el ruido.


Habitamos en un pequeño apartamento en el que he dispuesto los muebles, los objetos y los libros que me acompañan desde hace décadas. A los muebles y objetos que han llegado hasta mí desde la casa de mis abuelos maternos, en donde pasé mi infancia rodeada de amor y cuidos, les otorgo un carácter muy particular. Mi corazón les confiere una especie de sacralidad. Así, por ejemplo, la vajilla de porcelana inglesa y la cubertería de plata con la que mi abuela solía recibir a alguno de sus hermanos cuando llegaba a Barcelona o en las noches de Navidad y Año Nuevo.


Heredé también el escritorio/secretaire en el que escribía la poeta Ana Enriqueta Terán y una pequeña biblioteca inglesa en la que colocaba sus libros preferidos la poeta y soprano Reyna Rivas. Además, Oswaldo Trejo y William Niño me obsequiaron un espejo biselado y hojillado en oro enmarcado en lo que había sido el soporte de una importante pintura y tres frascos de vidrio azules con etiquetas en blanco y dorado para guardar hierbas medicinales: “Raíz de Ipecacuana”, “Esponjas” y “Madreselva”.


Los muebles, objetos, me acompañan en mi diario vivir los cuido con devoción y los contemplo a menudo. hacen que el espacio en el que habito me resulte grato, cálido. Algunos amigos suelen decirme que mi(s) casa(s) son muy acogedoras…


Y me es esencial que haya silencio y verdor También me resulta importante la música que invite al sosiego, a la introspección, como la música antigua, la académica que a menudo escucho. (Los Cantos Gregorianos y algo muy distinto, como la Opera los escucho cuando estoy sola).


En ese ámbito, en ese espacio que he diseñado logro escribir cuando me llega el momento. No podría vivir en un espacio distinto. Soy muy ritualista.


Patricia Guzmán


Este tiempo ¿lo has visto bien? ¿lo has podido atrapar con tus palabras?

El país ¿ha cambiado totalmente? ¿lo estamos interpretando?

Estas dos últimas preguntas, José, las voy a juntar porque ante ellas tengo la misma respuesta.


Si bien me afecta el país en el que han convertido a Venezuela, intento hacerme la ciega, la sorda, porque no puedo vivir ese terreno hostil, inhóspito, poblado de basura y hambre, Esa realidad la eludo porque me aflige y porque no tengo un alfabeto para nombrarla.


Vivo escindida, el país que es actualmente me enferma. Y como no puedo sanarlo con mis manos ni con mis acciones diarias, me duele y me horada, entonces guardo silencio, me guardo para no enfermarme nuevamente. Yo ya atravesé la dura experiencia de una cruenta enfermedad y sobreviví…por lo que me siento en deuda con el Altísimo que intuyo guío las manos del médico cuando me abrió la cabeza…







2007 | KJCC Poetry Series | Lectura de poesía de Patricia Guzmán

NYU KJCC Poetry Series

Presentación de Alejandro Varderi

Marzo 23 de 2007

112 Visualizaciones desde el 11 abr 2019 hasta el 4 de febrero de 2026

https://m.youtube.com/watch?v=cCcIj7QoCzE&t=2s




PATRICIA GUZMÁN, LA MAJA DESNUDA XXV ANIVERSARIO

Patricia Guzmán da lectura a su poema: La casa de los afligidos. En el marco del  XXV Aniversario del programa de radio: La maja desnuda. Caracas Venezuela.

1526 Visualizaciones desde el  12 dic 2013 hasta el 4 de febrero de 2026

https://m.youtube.com/watch?v=hesVuG36x3o



Bettsimar Díaz entrevista a Patricia Guzman Caracas 2007

217 Visualizaciones desde el 12 mar 2016 hasta el 4 de febrero de 2026

https://m.youtube.com/watch?v=5jH_Zsgfj0Q



Armando Rojas Guardia presenta a Patricia Guzmán

El poeta Armando Rojas Guardia presenta el libro El almendro florido, de la poeta Patricia Guzmán, junto a David Malavé, en los espacios de la librería Kalathos. Caracas, 30 de abril de 2017

357 Visualizaciones desde el 9 oct 2018 hasta el 4 de febrero de 2026

https://m.youtube.com/watch?v=DCSIc-LtNRE





Patricia Guzman, La Virgen del árbol seco

Presentado en el CC Los Galpones (Gisela Cappellin Ediciones) con intervenciones de Alfredo Chacón, Ana María Hurtado y Johnny Gavlovsky, este volúmen de la también periodista Guzmán cuenta con textos de Yolanda Pantin y Milagros Socorro.

517 Visualizaciones desde el 9 dic 2024 hasta el 4 de febrero de 2026

https://m.youtube.com/watch?v=3C1mRZHK22I





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Patricia Guzmán

(Caracas, 1960) es poeta, ensayista y comunicadora social egresada de la UCAB. Obtuvo el doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de La Sorbona (París III). Ha publicado De mí, lo oscuro (1987), Canto de oficio (1997), El poema del esposo (1999), La boda (2001), Con el ala alta. Obra poética reunida 1987-2003 (2004), Soledad intacta (2009), Trilogía (2010) y El almendro florido (2017), este último con ilustraciones de la artista Patricia Van Dalen. Parte de su trabajo como investigadora de la poesía venezolana se encuentra publicado en dos volúmenes de la Biblioteca Ayacucho, específicamente sobre la obra poética de Ramón Palomares y Ana Enriqueta Terán.

Ha formado parte de la redacción de El Nacional y El Universal.

https://wp.nyu.edu/cwskjcc/autores/patricia-guzman/



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José Pulido (Villa de Cura, estado Aragua, Venezuela, 1945). Fue asistente del director de la revista BCVCultural, del Banco Central de Venezuela, desde 1998 hasta su jubilación. Recibió el Premio Municipal de Poesía Distrito Libertador, 2000, por el poemario Los Poseídos. Fue Sub-Director de El Diario Católico (1975), jefe de redacción del diario Última Hora (1978), jefe de redacción de la revista Imagen (1994) y asesor de prensa del Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber (1996). Director de las páginas de arte de El Universal (1996-98), El Diario de Caracas (1991-1995) y El Nacional (1981-1988). Miembro fundador de los suplementos culturales Bajo Palabra (Diario de Caracas) y El otro cuerpo (Suplemento del Ateneo de Caracas, encartado en El Nacional). Ha publicado los poemarios Esto (1972), Paralelo lelo (1972), Los poseídos (2000), Peregrino de vidriera (2001) y Duermevela. (2004). En narrativa ha publicado Pelo Blanco, Una mazurkita en La Mayor (novella, Premio Otero Silva, 1989), Vuelve al lugar que se te ha señalado (cuentos), Los Mágicos (novela, 1999), La canción del ciempiés (novela, 2004), La sal de la tierra (entrevistas, 2004), El bululú de las Ninfas (Novela, 2007), Dudamel, la sinfonía del barrio en los Libros de El Nacional 2011, El requetemuerto (novela, 2012), Los héroes son villanos tímidos (cuentos, 2013), entre otros.  Sus poemas están publicados en diversas antologías de América Latina, España e Italia. En la actualidad reside en Génova. Pulido quedó entre los 15 finalistas del prestigioso Premio Internacional de Literatura ‘Pilar Fernández Labrador’. cuya VIII edición acaba de fallarse en Salamanca.



https://tiberiades.org/?p=5225




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CABRUJAS por José Pulido



José Ignacio Cabrujas: "Casi todos nuestros compatriotas piensan que el Presidente, es un ladrón. Si un hombre llega a Miraflores, es “lógico” que se dedique a robar"



Manuel Vázquez Montalbán a José Pulido: El lector de hoy está bajo la influencia audiovisual y eso ha modificado su capacidad de recepción



Ramón Ordaz a José Pulido: Aquí todo es nostalgia, porque la incertidumbre es nuestra reina de belleza. A ella cantamos




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Román Chalbaud a José Pulido: Yo me siento orgulloso del trabajo que hacemos en RCTV.



PEDRO LEÓN ZAPATA: SOY UN PINTOR INDEFINIDO QUE CARECE DE RECETAS

Una entrevista de José Pulido




viernes, 3 de enero de 2025

Nuestro amigo César Díaz necesita ayuda para costear su tratamiento médico

 



Estimados Liponautas

Solicitamos ayuda para nuestro amigo  César Díaz, profesor titular de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Carabobo, que en este momento presenta un estado delicado de salud que implica un costoso tratamiento y la realización de diversos exámenes de manera URGENTE destacando más de manera especifica una Resonancia abdominal con contraste venoso y énfasis calangiográfico.


Donaciones:

Pago móvil:

César Díaz (hijo)

04120975288

CI:30020611

Banco Fondo Común (0151)


Enlaces Relacionados:































































31/07/2026