sábado, 3 de septiembre de 2016

Invitación a la charla: La Astronomía en la prehistoria.


Disco de Nebra


Estimados Amigos

El Grupo Li Po, la Asociación Carabobeña de Astronomía y la Sociedad Astronómica UC los invitan cordialmente este  jueves 8 de septiembre de 2016 a las 7 pm en el Colegio de Ingenieros de Valencia a la charla:   La Astronomía en la prehistoria. La cual será dictada por Richard Montenegro - Sociedad Astronómica UC.





La actividad se realizará en el Salón Blanco del Colegio de Ingenieros.

Centro de Ingenieros del Estado Carabobo Avda. Los colegios, Guaparo (Salón Blanco).


Observación Telescópica del Cielo (Si las condiciones atmosféricas lo permiten)

Nota: Las actividades se realizarán todos los segundos Jueves de cada mes del año 2016.


Entrada libre.

Los esperamos.

Descarga las efemérides astronómicas  del año 2016 en:



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Richard Montenegro. Perteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas tangibles y electrónicas hispanas Fantastic-Films Neutrón, Alfa Eridiani, Valinor, miNatura, Tiempos Oscuros, Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en la revista cubana digital Korad y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.


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Actualizada el 07/02/2026
27/02/2024

viernes, 2 de septiembre de 2016

EN ‘LA ÚNICA HORA’, DE ALBERTO HERNÁNDEZ, se manifiestan las experiencias estéticas de la incertidumbre del caos. Por Julia Elena Rial.





Alberto Hernández es esencia poeta y periodista. No obstante su trabajo de escritura ha explorado, con bastante desenvoltura, la crónica, la reseña de libros, el artículo de opinión y el ensayo. No sorprende en lo absoluto que escriba su primera novela, “La única hora”. El escritor Eduardo Casanova realizó una reseña bastante completa sobre esta novela y en la que escribe: “La anécdota, el tema, la trama, es, por decir lo menos, muy interesante. Narra la peripecia de una pareja de venezolanos (Ignacio Fuentes e Ingrid Paredes) radicados en Londres, que viven una dura experiencia vital. Ella, Ingrid, obsesionada por Buda, padece un extraño mal diagnosticado por un psiquiatra, un mal cercano a la esquizofrenia, que le produce xenoglosia, lo que a su vez la hace hablar en idiomas muy extraños y que pueden llevarla a perder del todo la sanidad mental. En la novela hay diálogos muy bien logrados, hay monólogo interior, hay erotismo muy bien logrado, hay varios de los más sabios recurso de la narrativa manejados con absoluta soltura por el autor, pero además hay algo que sorprende, como es la “materialización” de los personajes, que en un momento dado salen de las palabras para entrar en el reino de las imágenes”. Por su parte el escritor Jorge Gómez Jiménez que también ha reseñado la novela escribe: “El recurso humano de Venezuela lleva ya varios años drenándose hacia el exterior ante la imposibilidad de alcanzar una vida más o menos digna en la tierra que lo vio nacer. Parte de esa dolorosa diáspora son Ingrid e Ignacio, la pareja protagonista de La única hora”.

Leí la novela y me agradó ese tono de amarga ironía, esa sátira sutil sobre ese país que poco a poco nuestros politicastros de oficio han ido desmantelando. Recurre Hernández en la novela a ese viejo truco de los personajes que perciben su condición de seres novelescos, pero en realidad los personajes reales y ficticios se mezclan, entran y salen de la novela más como un juego de espejos entre la metáfora y el malabarismo literario. Una novela refrescante, con personajes logrados y que amerita varias lecturas. A mi amigo Alberto Hernández, que escribe bastante bien, no le va este aforismo de Kraus, pero seguro lo disfrutará: “Cuando no se sabe escribir, una novela surge con más facilidad que un aforismo”.

La escritora Julia Elena Rial explora otras posibilidades de esta novela, busca en el hueso discursivo sus aciertos y peripecias.


Carlos YUSTI

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LAS ENVOLVENTES DISCURSIVAS EN LA NARRATIVA DEL SIGLO XXI. SOBRE LA NOVELA ‘LA ÚNICA HORA’, DE ALBERTO HERNÁNDEZ. POR JULIA ELENA RIAL

Alberto Hernández
La desolación, la nostalgia, la inter e intratextualidad, un eros mecanizado, la otredad, un  topos  y logos extraños e inhóspitos, todo envuelto en la lengua propia, lírica y operante, es la tragedia que nos entrega Alberto Hernández en su novela “La Única hora” (Editorial Estival 2016). Una hora que se congela, para sus protagonistas, en la intemperie espiritual que marca el Big-Ben del reloj de la Torre de Londres. Ciudad donde dos jóvenes: Ingrid e Ignacio, llegan a vivir para profundizar sus estudios de ciencias y letras.  Ignacio huye de  la represión política que el gobierno de Venezuela ha desencadenado contra quienes disienten de su ideología stalinista, y denuncien la verdad del desastre social y económico en el que viven inmersos los ciudadanos de su país.

Leemos un discurso cuyo lenguaje lírico –narrativo permea orillas y centros, con la sensualidad que cada palabra contiene en sí misma, en cada letra y en su visión verbal, para con ella interiorizar reminiscencias del complejo mundo psico-literario que embarga la novela. Mundo que el escritor transforma en los sugeridos y posibles significados, que tientan al lector, para hurgar en la búsqueda de sus referentes. Y para debatir con los derechos de un narrador que inventa y desaparece personajes a su antojo, porque como dice Antonio Muñoz Molina en “Como la sombra que se va”: “Desaparecer es el privilegio exclusivo de los personajes inventados.”

Se trata de un narrador que se empeña en ahondar la soledad de sus protagonistas, en desafiar los afectos invernales de Londres, que incrementan la locura, hasta entonces adormecida,  de  una Ingrid que carga en su subconsciente la figura de la madre, rechazada en sus recuerdos infantiles. Locura, cuya intensidad y frecuencia van “in crescendo”, hasta llegar a ser permanente. Narrador que no puede contener la ira y agresividad de un Buda que, sin ser invitado, se entromete, no sólo en la vida de Ingrid sino en todo el trayecto narrativo.  Personaje que estimula la presencia de “la otra”, invasora del cuerpo de la protagonista, quien recita a escritores que desconoce: “Desnuda, moreno el cuerpo tembloroso. Bella bajo la luna que entraba por la ventana, Ingrid recitaba o cantaba a trechos los versos del feo Dante.”


El escritor envía mensajes, nos va acercando a sus referentes a través de un interesante entramado narrativo. Hernández asume la semiótica postmoderna de la recuperación de pasados literarios. Plantea la búsqueda de procesos e ideas cuya arqueología se ubica tan pronto en el Renacimiento de Dante Alighieri, como en el Romanticismo de Nerval, el surrealismo de Sánchez Peláez o en la tan comentada saga filosófica de Foucault. Todos ellos arropados por el lenguaje del “desatino” que, algunas veces, con un tono muy borgiano, sugiere al lector la búsqueda de referentes que no existen.

Pero la literatura, como el arte, revela la verdad de una época y modifica los significados pasados y los rasgos que la constituyen. En “La Única hora” se manifiestan en  la expresión de las experiencias estéticas de la incertidumbre del caos que, para sobrevivir, debe dejar la puerta abierta a los rasgos portadores  de la historia literaria del mundo.

La narrativa redimensiona el discurso, es lo que trasmite Alberto Hernández, y él comienza por transformarse a sí mismo como referente. Lo demuestra con el poema “Metáfora del amor loco”: “Ya no se trata de una mujer desnuda/   Se trata de retornar a la ventana/ donde quedaron los últimos deseos/ Donde se alistaron los primeros sueños/ Los que ahora son oscuras pesadillas/ En los ojos imperfectos de una loca/ Alterada por la luna y sus tormentos/ Digo te amo y despierto en el silencio de la noche.” 

El poema se convierte en la Ingrid de “La Única hora”, digresión de la Venezuela escindida, cuya violencia en la novela está inserta en la alegoría de un Eros brusco, intempestivo, que plantea un erotismo cuya  autonomía desconoce la seducción. La locura de Ingrid se transforma en el oxímoron entre dos mujeres que se repelen en  un solo cuerpo, con las cuales tiene que convivir Ignacio. La locura deshecha la conciencia estética del erotismo para encontrar el lenguaje que lo objetive. Eros pierde su libertad en el cuerpo de “la otra”, que ignora la atractiva creación de los diferentes estilos eróticos.
 
La obra de Carlos Cruz Diez que los venezolanos deben atravesar para abandonar el país en el aeropuerto internacional de Maiquetía.

Logra así Alberto Hernández afianzar a “la otra”, en un intercambio de otredades que sumergen al lector en el inframundo literario, que tanto ha dado de que hablar en un Borges que inventaba “Un Yo que deseaba ser otro”, o Gerard de Nerval para quien “El sueño es una segunda vida… las puertas de marfil que nos separan del mundo invisible”. Y el citado Pessoa, inventor de  múltiples otros porque soñaba con “La gran felicidad de no ser Yo”. Ellos ingresan en “La Única hora”, escondidos unos, sugeridos otros, para arropar y justificar con la literatura la necesidad de transformar la intemperie del relato. La de Ingrid e Ignacio en un exilio cuya sintaxis cotidiana londinense destruye cualquier signo de cálido aliento. Como dice Roberto Bolaño en “Amuleto”: “Todos iban creciendo en la intemperie latinoamericana. La intemperie más grande, la más escindida, la más desesperada.”  Una intemperie que en la novela de Alberto Hernández se vuelve transtemporal y transgenérica, poesía-narrativa-ensayo, adquieren valor dramático—cultural, en un discurso del siglo XXI,  que también vive en la intemperie porque aún no ha logrado definirse.

Al llegar al final nos damos cuenta de que el escritor nos fue marcando la ruta de lectura con los Epígrafes. Con la soledad primordial de Marguerite Duras. La trágica sátira de Ambroise Bierce. El tiempo ficcional y la atmósfera de incertidumbre a lo William Faulkner. La incesante búsqueda de la huella del yo de Vila-Matas. Todos ellos invitados a este abigarrado discurso de “La Única hora”, cuyo autor es el imprudente que libera tiempos, lenguajes y que, con su reconocido intelecto, nos enseña que “la narrativa  de hoy es un  desatino”.


SOBRE LA ENSAYISTA
 Julia Elena Rial nació en la ciudad de Tandil (Argentina), en 1931. Su infancia transcurrió feliz entre juegos de rayuela y bicicletas. Empezó a escribir a los 11 años pequeños poemas y obras de teatro que llegaron a ser reconocidos y representados en concursos escolares. Su inquietud literaria fue fomentada por sus padres, quienes la motivaron y orientaron en la lectura. Estudió docencia en Literatura en el Instituto de Profesorado de Buenos Aires. Allí también realizó estudios de Filosofía e Historia del Arte como complemento de su formación. Al culminar, ejerció la docencia y también escribió algunos ensayos. En 1953, viajó a Chile para realizar unos cursos de postgrado en Literatura Latinoamericana y en Historia de las Ideas. En Santiago, conoció a un médico venezolano exiliado con quien se casó y se vino a Venezuela en 1958, tras ser derrocado el General Marcos Pérez Jiménez. Llegó a Caracas y, después de un tiempo, se mudó a Altagracia de Orituco (Guárico), donde ejerció la docencia; más tarde fue despedida por motivos políticos y esta experiencia la impulsó a retomar su oficio de escritora. Vivió en varias ciudades hasta que se mudó a Maracay (Aragua) donde se estableció definitivamente. Siente que el estilo ensayístico es parte de ella, su escritura natural, su voz.




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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia


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Alberto Hernández

Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952. Poeta, narrador y periodista. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua. 

Fundador de la revista literaria Umbra, es miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo y colaborador de publicaciones locales y  extranjeras. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria.

Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999).  Recientemente ha publicado «Poética del desatino» y «El sollozo absurdo».

jueves, 1 de septiembre de 2016

LOS CORAZONES SOLITARIOS DE LA LITERATURA NACIONAL


Muñeca de Reverón, Como estatuilla Juan Sánchez Peláez, Busto de Piar (Upata), José Gregrorio Hernández, La Corona de Miss Venezuela, Muñeco de Chávez, Cony Méndez,Una maraca índigena, Un cuatro, Un tambor Culo’epuya, Ana Enriqueta Terán (con flor en la boca), Teófilo Tortolero , Alejandro Oliveros, Reynaldo Pérez Só, Eugenio MontejoVillarroel París, Enrique Mujica(El gallo), Carlos Osorio, Adhely Rivero, Luis Alberto Angulo, Julio Garmendia, Elisa Lerner, José Napoleón Oropeza, Teresa de la Parra, Yolanda Pantín, Ramos Sucre, Arturo Uslar Pietri, Cabrujas, Isacc Pardo, Enrique Bernardo Nuñez, Milagro Haack, Ramón Palomares, Antonio Arraiz, J. M. Briceño Guerrrero, Laura Antillano, Luis Albrto Crespo, Enriqueta Arvelo Larriva, Roger Vilain, Néstor Rojas, Caupolican Ovalles, Andrés Eloy Blanco, Lyda Franco Farías, Victoria de Stefano, Orlando Oraujo, Eleonora Requena, Elezar León, Slavko Zupci, Pdro Suárez, Teresa Coraspe, Ana Rosa Angarita, Fidel Flores, Rafael Cadenas, Salvador Garmendia, Jose Balza, Sol Linares, Ana Teresa Torres, Rafael Bolívar Coronado, Francisco Arévalo, Fáver Paez, Miyó Vestrini, Hanni Ossot, Juan Liscano, Adriano Gonzáles León, Grabriel Jiménez Eman,Chevige Guayke, José Barroeta, Valera Mora  (El Chino), Rómulo Gallegos, María Calcaño, Willian Osuna, Dyonisio Aymará, Aquiles Nazoa, Argenis Rodríguez, José Rafael Pocaterra, Miguel Otero Silva, Vicente Gerbasi, Juan Calzailla, Gustavo Pereira, Cristobal Ruiz y Santiago Key-Ayala.



Estimados Amigos todos deben recordar al legendario disco el Sargento Pimienta de lo Beatles. Hoy un desconocido amigo llamado F hizo su versión de la carátula y el siempre efectivo Carlos Yusti nos da su puento de vista.

Deseamos disfruten de la entrada tanto como nosotros.

La Gerencia

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Carlos YUSTI



La carátula del disco (en vinil) de el Sargento Pimienta de los Beatles ha sido utilizada hasta la saciedad y es ya un lugar común del diseño. Bueno, si se toma en cuenta que fue diseñada en ese tiempo en el que no se utilizaba el computador personal la carátula tiene su encanto y creatividad. Al parecer se utilizaron las figuras de cera de Madame Tussauds (la primera y segunda fila). Los otros invitados en la portada fueron fotografías ampliadas a tamaño natural y recortadas sobre soportes de cartón y madera. La esposa de Peter Blake, Jann Haworth, sirvió como primer asistente de diseño y muchas de sus opiniones fueron consideradas al momento de diseñar la escena. Cada foto fue coloreada a mano. Michael Cooper se encargó de la placa fotográfica final y para lograrla llevó a cabo diferentes versiones, con los Beatles distribuidos en distintos ángulos de la composición general. Mi amigo F… ha retomado la famosa carátula del disco, con menos producción claro, y valiéndose de la computadora para hacer su versión con escritores del barrio local.



Lo interesante es que apiñados, en una versión algo chapucera, de la famosa portada está lo más granado de la literatura nacional. Como es lógico faltan nombres (yo hice una que otra sugerencia, donde me incluía claro, pero mi amigo F… me dejo por fuera, no obstante incluyó a escritores que sugerí imprescindibles).



Sobre el medio literario (mundillo literario se le llama en los pasillos de las instituciones de cultura estadal) hay una opinión un tanto generalizada: es un medio mezquino. También se habla que ese mundillo literario está lleno de pillos y truhanes. Lo cierto es que intentar ser escritor en nuestro país es una carrera de obstáculos. Las quejas plañideras e imprecaciones groseras a este respecto nunca faltan.  

En este collage de mi amigo F… se encuentran escritores del presente y del pasado. Hay héroes y villanos. Hay estelares y segundones, chupamedias y acomodaticios. De todo y para todos. Pero a la hora de juicios sumarios y otras espeluznantes maneras de juzgarlos por sus actuaciones públicas, en ese sentido de funcionariato de cualquier gobierno de turno, o ciudadanas hay que centrarse en su obra. Al final, como decía Borges, su trabajo literario se ganará el olvido ( o el perdón).

Este collage también dice mucho de los gustos lectores de F… y en la cual incluye a mucho de sus amigos escritores, algunos también son muy buenos amigos míos,  por lo tanto es un collage pensado/realizado con alevosía. Colocar a Cony Méndez como un ser iluminado, aparte de la carga irónica, le confiere a esta escritora de autoayuda un sitial destacado y aunque (no es broma) es junto a Eduardo Liendo, que no está en el collage, nuestra Best-Seller más destacada. Los puristas y defensores de la “gran literatura” seguro argumentarán que escribir como Cony Méndez lo hace cualquiera. Lo que sucede es que a nuestra literatura le falta algo de pimienta, de esa pimienta textual que le puso Denzil Romero o de esa pimienta de mentira histórica, escrita con grandes baches, por Herrera Luque, escritores de paso que tampoco están en el collage.
Cabrujas más que pimienta le agregó sal irónica y Adriano González León con su novela “País portátil” convirtió a nuestro país en un artefacto joyciano de gran fractura estilística y literaria. Aparece Rafael Bolívar Coronado el pecador más grande de nuestras letras, el más insigne de los paradigma de todo aquel que quiera abrazar (ya estoy escribiendo como Pedro Emilio Coll o Manuel Díaz Rodríguez) el gran arte de las letras. O sea, la literatura como impostura, como trampa, como una manera de burla a los maestros del día de las letras y sobre todo como una trinchera de seudónimos para ser todos los escritores y ninguno.

Los críticos de nuestra literatura, surgidos de nuestras prestigiosas universidades, han llenado de broza académica cualquier estudio alejando a los estudiantes de esa tan cacareada “gran literatura”. Ya Roberto Echeto en La literatura venezolana no va detrás del camión de la basura lo había escrito “En el caso de la crítica literaria las cosas se complican por varias razones. Como es tradicional, los críticos literarios encienden sus pipas, se tocan sus quijadas y escriben desde sus cubículos universitarios para que los lean otros especialistas que también encienden sus pipas y se tocan sus quijadas en sus respectivos cubículos universitarios. En otras palabras, lo que ellos hacen, no tiene nada que ver —al menos directamente— con que en la calle haya o no lectores. Por eso su trabajo no sólo carece del peso que debería tener en todo este asunto, sino que se pierde la oportunidad de orientar a los demás en todo lo que se refiere a las obras que salen a la palestra, de leerlas, analizarlas y despertar en otros el interés por disfrutarlas.”  Y Rafael Rattia agregó en su momento: “Lo mejor de nuestra literatura venezolana no se está escribiendo en Caracas. Es en el interior del país donde se está fraguando la literatura del futuro de esta nación. Y los críticos no han reparado en ello”.

Lo más nefasto que le ha ocurrido a la literatura en el país, aparte de los críticos de cubículo y de revistas arbitradas, es el pensum de estudio. Autor o libro que aparezca como materia obligada de estudio va directo a la tumba o todo caso se convierte en ser más odiado y vilipendiado del orbe. Aparte que todos los estudiantes se acordaran de su madre, sin el debido respeto.

Aquiles Zambrano ha escrito algo que me gustaría citar: “La literatura, queridos mercaderes literarios, la verdadera, la que se escribe con uña y sangre, temblando al borde de la enfermedad o el llanto, es indiferente a las condiciones materiales que la propician. Esa literatura se va a escribir venda o no venda, con o sin aparato cultural promotor, con o sin lectores, en la pobreza o en la abundancia, en mitad del apocalipsis o en un cómodo apartamento en Manhattan”. No obstante cada vez que alguien me asevera que el arte se hace con sangre, recuerdo la frase de un escritor español que refutó categórico: “Con sangre sólo se hacen morcillas”.


Volviendo al collage de F… hay que tocar el oportunismo de muchos borregos escritores ( o viceversa) que salen en el collage es antológico. El oportunismo es una manera para sobrevivir/vivir del estado sin mancharse mucho. Es una forma de aparecer en el foto del gobierno de turno y cobrar por servicios prestados, cada cual a su modo y es que el trabajo de las letras no reditúa lo necesario para vivir/beber. Lo escrito por Ramón Ordaz es puntual: “No hay arte sin utopía, dice el crítico y poeta Eduardo Milán, lo que no cuesta nada suscribir. La tragedia de los poetas oficiales en Venezuela es que la utopía dejó de ser un destino, porque parte de su propósito se ha cumplido en ellos,…”


La versión intervenida por el poeta Arévalo


Escribir, escriben todos. Todos son escritores en este collage, pero el país lo siguen escribiendo, con errores y horrores de todo tipo, los politicastro de siempre. El escritor está allí en la antesala; ya no espera a los lectores, ni al olvido, solo espera expectante y en soledad. Todo esto lo satirizó mucho mejor Chevige Guayke es su “Manifiesto contra la basuratura”: “Vivimos, indudablemente, en una sociedad muy casta, muy decentica ella, muy cristiana, muy tantos adjetivos optimistas. Vivimos en un país de gobernantes muy honrados, muy entregados a llevar a cabo la Justicia Social. ¡Oh, paraíso el nuestro! Sí así es la Democracia que no se termine nunca. La Democracia nos permite votar cada cinco años Y nos permite votar cada cinco años y también nos permite votar cada cinco años y nos concede el derecho, el sagrado derecho de votar cada cinco años nos levantamos bien de madrugada y salimos a votar bien temprano cada cinco años. ¡Oh, la Democracia, la Democracia! Por consiguiente, no se justifica que ciertos escritorzuelos sin oficio conocido ni siquiera del hogar pretendan crear una literatura corrupta y pletórica de desperdicios fecales o sea heces o sea estiércol o sea excrementos o sea... Lo que dichos caballeros -mejor dicho: burreros- pretenden hacer no es literatura sino basuratura porque ellos están dominados por la malignidad de un tal Conde Lautréamont y de un tal Rimbaud y de un tal César Vallejo y de un tal Gustavo Pereira y de un tal Víctor Valera Mora y de otros miles de demonios como el tal Eduardo Sifontes y el tal Ernesto Cardenal, puros alumnos de Satanás, puros enemigos del Bien, puros enemigos de la Belleza, puros enemigos de la Moral y las Buenas Costumbres”.



Recuerden esto: Paul esta muerto

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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia