domingo, 7 de marzo de 2021

Jaime Ballestas, “El hombre más malo del mundo” a José Pulido: Venezuela fue devorada por hienas




Jaime Ballestas, “El hombre más malo del mundo”: EL RECALENTAMIENTO DE LA TIERRA  ES PEOR QUE EL CORONAVIRUS.

Una entrevista de José Pulido.



 

Jaime Ballestas, “El hombre más malo del mundo”, se fue con sus macundales para Hungría

 

 

EL RECALENTAMIENTO DE LA TIERRA

ES PEOR QUE EL VIRUS

 


José Pulido

Lo veo clarito caminando con su porte de filósofo y su leve sonrisa irónica; definitivamente es un ser humano misterioso. Bromea con asuntos mágicos, y aunque solo he conocido los vampiros de la ficción, la primera vez que lo vi me pareció un cazador de vampiros. Este tipo es un cazador de vampiros. Me estremecí cuando llegó hasta donde estaba el funcionario que antes me había interrogado.

 

-¿Nombre y apellido?

-Jaime Ballestas.

-¿Nacionalidad?

-Invertebrado.

-¿Cédula de identidad?

-Vencida.

-¿Estado civil?

-Monocotiledóneo.

(En uno de sus libros Jaime Ballestas inició de este modo su biografía y tomé su idea para darle inicio a esta entrevista. Sé que ni siquiera copiándolo reflejo la genialidad que lo caracteriza, pero es un comienzo excelente. No lo nieguen).





Jaime Ballestas, a quien los lectores venezolanos conocen bajo el seudónimo Otrova Gomas, es un escritor humorista cuyos libros fueron y siguen siendo objetos de culto para quienes coleccionan obras de humor negro. Su narrativa sobrevivirá en las bibliotecas más exigentes. Es un escritor como pocos. Su imaginación es un artefacto del futuro.

Jaime es uno de los grandes humoristas de la escritura y el dibujo, que Venezuela produjo en el siglo veinte, junto con los hermanos Aquiles y Aníbal Nazoa, Pedro León Zapata, José Ignacio Cabrujas, Rubén Monasterios, Claudio Nazoa, Abilio Padrón, Régulo Pérez, Ana Black, Salvador Garmendia, Elisa Lerner, Kotepa Delgado, Miguel Otero Silva, Luis Britto García, Luis Domínguez Salazar, Laureano Márquez, Manuel Jesús Graterol Santander (Graterolacho), Eduardo Sanabria (Edo), Rayma Suprani y tantos otros. Una macolla que se inició con Leoncio Martínez (Leo) y Francisco Pimentel (Job Pim).

Nació en caracas hace 83 años, pero tiene 75, porque, como todos sus lectores saben, Jaime inventó una manera de regresar al día de origen. En cualquier momento será un muchacho de quince años y no recordará esta entrevista.

Su madre era venezolana y su padre colombiano. Estudió Derecho en la Universidad Central de Venezuela y también estudió Filosofía, pero no terminó de graduarse como filósofo (aunque lo es) porque le ofrecieron un trabajo con oficina en Budapest. Era un cargo con rango privilegiado, que le permitió recorrer 56 países como representante de la juventud venezolana y dirigente juvenil de Unión Republicana Democrática.





-Ajá. Tres años y medio en Budapest ¿y qué hiciste después?

-Después del regreso a Venezuela y de mucho trabajo duro como abogado, seguí con el vicio de los viajes, ya por mi cuenta, conociendo el resto de los continentes y países interesantes que me faltaban. Fui profesor de filosofía en un liceo y de derecho laboral en el INCE, poliglota, melómano; fui ordenado y cuidadoso de la salud y la alimentación después de los 40 años. Asintomático por tantos sitios recorridos llenos de virus y bacterias.  Capaz de olvidarme de los nombres de la gente que no veo hace tiempo y del dinero que me deben y el que debo.





LA ENTREVISTA PROPIAMENTE DICHA

 

-¿Desde cuándo escribes de esa manera, con ironía y humor? ¿Cuándo comenzaste a relacionarte con Zapata, los Nazoa y otros humoristas?

 

-Comencé a escribir en el Liceo Aplicación, aquel gran liceo de la vieja Venezuela. Colaboraba con artículos jocosos en un periódico mural llamado “Ariel”, que lo coordinaba la profesora Helena Rodríguez. Aunque aún yo era muy joven, intuí que había una interconexión entre el pensamiento analítico y el sarcasmo, y con los libros de Jardiel Poncela y Álvaro de Laiglesia, dos notables humoristas españoles, descubrí la capacidad del humor para examinar las crisis presentando el monstruo al descubierto.   

Después seguí en la Escuela de Derecho, al año siguiente de mi ingreso llegó Luis Britto García, quien también venía del Aplicación, como era humorista y dibujante le propuse que hiciéramos un mural entre los dos, y así arrancamos. Le pusimos de nombre “El Torturado”, que cambió cuando me gradué y pasé a la Escuela de Filosofía, entonces le pusimos “Cero”, y se le dio un contenido más escéptico y filosófico.  Para entonces ya me había incorporado a la política. Estaba en la juventud de URD, desde donde con tonos izquierdosos disfruté junto a Jóvito Villalba, José Vicente Rangel y otros líderes el placer de arengar a las multitudes.

El éxito de “El Torturado” trascendió a otras partes, salía cada quince días, y la gente de otras facultades venía a la de Derecho para disfrutarlo, ese éxito llegó al punto de que, Luis y yo fuimos invitados por Miguel Otero Silva para escribir una columna en “El Nacional”. En ese diario me quedé por varios años con una columna humor en las revistas dominicales. Paralelamente escribía y trabajaba en “Clarín” y “Pueblo”, los periódicos de oposición urredista que dirigían José Vicente Rangel y Luis Miquilena.



En esa misma época colaboré en “La Pava Macha”, un semanario de humor  fundado por Kotepa Delgado donde también escribían y dibujaban Aquiles y Aníbal Nazoa, Zapata, Regulo Pérez, Luis Domínguez, y casi todos los que luego fueron representantes clásicos del humor venezolano. Luego vino un tiempo de receso. Me fui a Budapest, la sede de la FMJD, donde asumí el cargo de Secretario General Adjunto a nombre de juventud de URD. Esos fueron casi cuatro años retirados del humor entre la estadía y el regreso.



Al volver, aunque trabajaba como abogado, un día decidí regresar al humorismo, y desde entonces mantuve columnas o páginas en todos los periódicos y revistas que hubo en la Venezuela democrática, incluyendo los dos semanarios de humor que dirigía Zapata. Escribía, de noche o en las mañanas, cuando me daba tiempo el trabajo de abogado. Fue en esos días cuando terminé, “El Hombre más Malo del Mundo” - una mezcla de humor negro, humor ingenuo, política y filosofía, el cual ante las dificultades que encontré para publicar, lo edité yo mismo, pero asustado cuando recibí los tres mil ejemplares y no sabía qué iba hacer con ellos. Para mí sorpresa fue un éxito inesperado: en apenas cuatro meses salieron tres reediciones, cuadriculando su tiraje. Hoy, muchas ediciones de esos días, puedo decir que me alegra haberlo escrito. No solo por el resultado editorial, sino porque ha sido el libro que inició a muchos niños y jóvenes al mundo de la lectura. Con él fue el comienzo, luego empezaron a salir los otros. De ellos diez y seis títulos de humor y los de fotografía, a los cuales incorporé una página web quincenal con mis trabajos, la cual mantuve durante diez años. 

 

-¿Dónde vives?

 

-Vivo en Budapest desde hace catorce años, pero con frecuentes viajes a Caracas. Aún conservo allá mi biblioteca y algunas de mis colecciones, las que curiosamente fueron la razón de mi cambio de residencia.  Todo vino, porque desde hace tiempo tengo un plan para montar un Museo del Humor, algo muy bien estudiado y con buen material de apoyo, que en el proyecto se conecta a las áreas de exhibición de unas veinticinco colecciones de cosas fuera de lo común, que he estado guardando desde hace muchos años. Allí están la de las primeras máquinas de escribir que se inventaron, la de puñales raros, arte africano, la de anteojos antiguos, Netsukes, la de venenos y muchas cosas que coleccioné por todas partes.

El caso es que, en los primeros años del chavismo, le pregunté a un gran amigo que estaba altamente vinculado al fulano comandante, si podía ayudarme a conseguir un espacio para la sede. Cuál no sería mi sorpresa cuando este me dijo que ni se me ocurriera, porque todos los museos y empresas del país iban a ser expropiados en el llamado proceso de la revolución. Este proceso sería de 20 años y lentamente, para no producir traumas en la población, además evitar la violencia en su implementación.  

Como yo conocía perfectamente lo que eran los países comunistas, en el acto decidí mudarme con todos mis macundales. Escogí a Hungría porque de allí era mi esposa, y ya conocía bien a ese país.

 


-¿Cómo defines esta época?

 

-Diría que hoy estamos viviendo uno de los momentos trágicos de la humanidad.  Ha habido muchos. Basta hojear los capítulos de la historia para ver que nunca se ha tenido una verdadera paz. Cuando las hubo solo eran un descanso antes del próximo conflicto colectivo. El del Covid-19 lo sentimos más porque hay más medios de comunicación, más libertad informativa y más población, con lo cual, obviamente hay más pobreza y más drama.

Pero creo que peor que el virus es el recalentamiento de la tierra. Lo prueba el deshielo del Ártico, donde este año por primera vez subió la temperatura a 30 grados, algo que tendrá graves consecuencias. Ya yo vi y fotografié el desprendimiento de los primeros icebergs en la Antártida hace unos 18 años; los científicos con los que viajaba en una expedición argentina señalaron que si aquello continuaba sería el fin del planeta por la hambruna, las inundaciones y el calor inaguantable. Lo grave es que la causa no es solo humana, sino por los cambios en el sol y el incontrolable mundo de la galaxia.  No es pesimismo, soy un optimista, pero con visión realista. El optimismo es bueno para la tranquilidad de las personas, pero la realidad está siempre escondida y a esa es a la que hay que ver.  

      

-¿Cuál es tu gran pasión?

 

-Bueno, son muchas, y lo reconozco como un defecto de exageración. Desde niño estuvo el mar, primero como buzo de profundidades, luego como navegante, siempre la música, la lectura y todas las formas del arte, los viajes, la fotografía, el escribir e inventar, al igual que en los deportes lo fue el golf, el tiro, pero de las mayores pasiones el coleccionar, desde piedras raras, caracoles e insectos hasta miniaturas y esculturas extrañas.

El problema es que ya se me está acabando el ticket. Por suerte, en eso la filosofía me ha ayudado mucho, acepto la llegada de la muerte porque la entiendo como parte de la vida; en cinco, diez o veinte años, o cuando ella llegue, podré decirme a mí mismo que estoy contento porque conocí y disfruté del sitio. Fue un buen viaje y no me quejo, eso sí, me iré con la eterna duda que siempre he tenido y arrastramos todos, saber por qué llegué aquí y por qué me voy.   




 

DATOS MISTERIOSOS PARA UN INTERMEDIO


(Menos mal que no coloqué estos tres datos sobre su persona. No soporto que me acusen de mentir. El hecho de que viva y de que tenga la fortaleza suficiente para pasar de los cien años, solo indica que en realidad es uno de los inmortales. Lo he entrevistado: está vivito y coleando. Pero lean esto:

1982: Muere por accidente mientras termina de inventar la silla eléctrica de ruedas para ejecutar a criminales paralíticos.

1983: es enterrado por partes ante la circunstancia de que la familia solo puede pagar el entierro por cuotas.

1985: Organiza en el otro mundo un movimiento subversivo que exige el perdón de los pecados y la resurrección de la carne de inmediato).

 

 

SIGO LA ENTREVISTA COMO SI NADA


-¿Qué le ha aportado la escritura a tu sobrevivencia de hoy?

 

-Sobrevivir en esta pandemia es duro para todo el mundo, pero creo que para los creadores es más manejable. En mi caso, y pienso que también en el tuyo, escribir es como una droga. Una pasión que si nos gusta lo que estamos desarrollando hace olvidar un poco la tragedia. En la actual crisis he aprovechado los meses del encierro para terminar un libro y avanzar mucho en otro en el que estoy trabajando. Si sigue la situación, supongo que ese lo terminaré este año y arranco con el próximo, una suerte de autobiografía que tengo detenida. Pero a pesar de todo me siento tranquilo. No tengo miedo porque, siempre ando protegido, tengo un arma fácil de sacar, es una imaginación Mágnum 45. Esa siempre permite tener más capacidad de fuego que el enemigo.

 

-¿Pensaste alguna vez que el país llegaría a estar cómo está?

 

-Totalmente. Como te dije, fui informado antes de los planes que los chavistas tenían para Venezuela. Pero además tuve la suerte de haber vivido varios años en un nivel cuasi diplomático en un país comunista y haber viajado a todos los otros. El panorama era igual: miseria, engaños, destrucción y represiones. No olvidemos que la sociedad marxista se fundamenta en la destrucción total de la sociedad burguesa y, su estrategia es acabarla hasta en los recuerdos, luego, según dicen ellos, empieza la construcción del hombre nuevo y la nueva sociedad.  Ya vimos cómo fue de exitosa en todos los países en que lo hicieron y el monto de los millones que le quedaron a sus líderes dejando al país quebrado. Nada nuevo. Solo que, en nuestro caso, la situación ha sido peor porque a los planes originales que tenían le salieron tres factores no calculados: primero, los precios del petróleo para cuando llegaron al poder, eso hizo entrar al país cantidades de dinero tan descomunales que era imposible que no se abrieran las puertas para una corrupción desaforada y pocas veces vista en la historia.  En segundo lugar, llegó la droga, el gran negocio, que apoyado por los militares y la inmunidad diplomática ayudó sustancialmente a los carteles para mejorar la distribución, algo que ya es universalmente conocido, y finalmente, no contaban con que el nivel mental de los dirigentes de ese proceso fuera tan bajo, y que al mismo tiempo los grados de incapacidad política y administrativa fueran de los más altos que se hayan conocido.

Hoy el panorama es lamentable, pero creo que los países no se destruyen completamente. Pueden estar enfermos, en estado grave, y hasta moribundos, pero no desaparecen. Hay una fuerza interna que les conserva vivos y permite que en un momento inesperado resurjan con más fuerza.  La desgracia es, que como en todos los procesos sociales ese renacer puede ser lento. Venezuela fue devorada por hienas. Monstruos que le arrancaron el alma. La arruinaron, la robaron y destruyeron dos de los pilares fundamentales para que una sociedad progrese: la familia y la juventud. El bárbaro comandante, que habría acabado hasta con el imperio Romano en pleno auge, lo hizo con nosotros en diez y ocho años. Su obra fue sublime: expulsó a todos los talentos, a los Suma  Cum Laude, produjo la emigración masiva de jóvenes y gerentes competentes, de capitales de inversión, técnicos de alto rango, y expropió el trabajo de personas  que se levantaron con sacrificio de la nada.  Para colmo la endeudó hasta la infinitud y corrompió masivamente a un ejército que ya estaba bastante corrompido.

 



METAMORFOSIS DIABÓLICA. 


Había pobreza pero la transformaron en miseria extrema.

Había crimen y fue canonizado.

Había muertes y las santificaron.

Había tristeza pero la volvieron llanto.

Había dolor y lo multiplicaron.

Crearon la forma sublime del sufrimiento humano: el dolor de los ancianos, que los dejó sin lágrimas, hambrientos, sin hijos, sin nietos y en la soledad eterna.

Asesinaron la familia, la educación y los maestros, y los jóvenes se quedaron huérfanos.

Arruinaron el trabajo honesto, el ahorro, y la vida de todos se convirtió en un mar de espinas.

Devastaron el país, y la traición hizo que borraran la palabra patria.

Quedó transformada en el reino de la angustia y el desconsuelo, la madre de todos los tormentos.

Robaron las riquezas, el esfuerzo ajeno, la ilusión de crear y la esperanza colectiva. Se perdió el rumbo y se perdió el destino.

Sólo ellos disfrutaron, y su mancha siniestra por todas partes dejó sus huellas.

Hijos de culebras, de lobos hambrientos, horrible parto de las hienas.

Infausta metamorfosis que nos hundió en la más oscura de las noches.

Las trompetas rojas vitorearon esa banda destructiva manejada desde el centro mismo del infierno.

Estirpe de monos y gusanos en edición de cerdos.

La que borró la historia y creó esa raza nueva de adulantes ciegos, de camaleones rojos, estirando las manos para silenciar la muerte de su futuro negro.

Transfiguraron la belleza de los campos, volvieron barrancos las montañas y surgieron lodazales donde había lagos.

Demolieron bosques y paisajes y regalaron el fondo de la tierra, las minas y sus selvas.

Cuba fue la nueva patria, Irán la religión de muerte.

Y a su lado, China y Rusia, las de las largas marchas de infinitos muertos.

Desaparecieron el amor, la dignidad, el ejemplo honesto y la belleza.

Pobre patria, que desde lejos el mundo horrorizado mira los relámpagos siniestros de su tormenta.

Transmutación diabólica, la que hoy consume a Venezuela.


Jaime Ballestas (Otrova Gomas)



He admirado la alta calidad de tu escritura, ¿De dónde sale esa facilidad para el humor, pero también para el misterio? ¿Lo sacas de tu infancia o de tu adolescencia?

 

-Gracias por la alabanza, que es recíproca. Sin duda que la creatividad en el humor, al igual que en la pintura, la música, la poesía, las matemáticas y muchas otras actividades creativas y mentales vienen en el parto con un toque genético. También influyen, y fue mi caso, las inquietudes juveniles, los estudios en áreas vinculadas, al igual que la experiencia existencial y los grupos con los cuales trabajé.  También pienso que fue importante la inquietud filosófica que he tenido, ello confirma la idea de algunos tratadistas sobre la naturaleza filosófica del humor. Me refiero a su capacidad de análisis y, de descomponer una realidad para estudiarla y luego crear una nueva figura que muestra las fallas o la farsa, sea esta social o política. Es obvio que cuando está bien presentada, esa ruptura del equilibrio lógico en el acto nos produce risa. 

 

-¿Cuántas libros sin publicar tienes ahora?  

 

-En este momento tengo uno terminado que iba a ser publicado en España, pero el coronavirus lo impidió. Se llama “No te mueras por favor. No es de humor, son historias reales de sucesiones que conocí y parecen producto de la fantasía por lo impresionante de los hechos. En él se muestran los problemas que desatan las herencias, y al final hay unos modelos de testamento que podrían producir risa pero son frecuentes.  Por otro lado, hay una antología de mis cuentos de humor, y en este momento estoy terminando uno de filosofía, debe estar listo antes de fin de año, su título: “Veinte filósofos y su Concepción de la Muerte”. No es un libro macabro o angustiante, todo lo contrario, casi todas son ideas tranquilizantes que hacen entender la inevitabilidad del viaje final. En él se presenta una brevísima biografía de cada filósofo, que es acompañada de una síntesis de algunos de sus pensamientos, y la concepción que tuvieron de la muerte. Pero te aclaro que, no es un tratado de filosofía, solo es la presentación básica de algunos grandes filósofos, con la muestra de las ideas que tuvieron sobre la muerte.

Ya veremos cómo se desarrollan las cosas para ver si todos salen publicados.

 

-¿Cómo es tu proceso creador? ¿Cómo logras ese nivel expresivo?

-Suelo escribir sentado. Pero solo cuando tengo el tiempo programado. Lo hago si tengo compromisos de entrega o si me viene una idea, o decido ponerme a inventar, convencido de que siempre sale algo. Por eso vivo anotando ideas en hojitas de papel y ahora en el teléfono. Son como un cofre para no perder un material que vale la pena desarrollar.  Luego de escribir, corrijo una vez al día siguiente, y si puedo lo meto en la nevera y lo reabro dentro de más tiempo para hacer nuevas correcciones.  Ese corregir permanente me da la impresión de que, o soy muy mal escritor, o no me gusta lo que escribo.   

Ahora en este nuevo libro y en esta nueva normalidad es distinto. Escribo tres horas por la mañana y dos o tres entre la tarde y la noche. Por la naturaleza del libro el tiempo de trabajo es un poco más largo que los de humor, ya que la filosofía supone búsqueda, mucha relectura y el estudio de las obras seleccionadas.  

   


-¿De qué vives?

 

-No de la escritura. Cuando le gané algún dinero fue cuando fui mi propio editor. En realidad, algunos fueron productivos, como la novela “El Caso de la Araña de Cinco Patas” cuya primera edición fue de 20.000 ejemplares, otros de trece ediciones y reediciones, como el “Hombre Más Malo del Mundo”. Pero al humorista Otrova Gomas lo mantuvo siempre el abogado Jaime Ballestas, algo que me parece correcto, porque son viejos amigos y este sabe que en literatura el humor y la poesía no dan dinero.

 

-Creo que en la fotografía también eres un gran humorista y un fotógrafo original…

 

-Soy aficionado a la fotografía desde muy joven. Estudié en algunos cursos, y leí mucho. En el proceso de mejora tuve todo tipo de cámaras, estudios y laboratorios, siempre con la suerte de que por mi anormalidad viajera pude atrapar cosas interesantes. Pero de ese hobby, que en el fondo es arte, a esta altura las imágenes que más me gustan son las del libro “Mundo sin Sombra”. Son fotografías de las profundidades del mar en los cinco continentes, y considero que algunas son realmente especiales por lo peligroso y arriesgado de la toma. Ellas llevan textos muy descriptivos y el libro hace un llamado para salvar los mares de la despiadada agresión de que han sido víctimas.

También me siento muy agradado con “Retratos”, mi libro de despedida del blanco y negro con fotos de la Venezuela de los años 80, en el que aparecen los escritores más conocidos, los humoristas, los inmigrantes, y gente de la televisión de la época. Me gusta porque es un reconocimiento a los valores que ellos representaron y al aporte que hicieron para mejorar a Venezuela.  

En esa actividad tuve varias exposiciones, tanto en Venezuela como en el extranjero, pero ahora prefiero como sala a “Instagram”, la volví un pequeño museo universal con muestras de mi trabajo sobre todos los temas que me interesaron.

Verlas en conocer buena parte de mi vida. Ellas no son propiamente de humor, solo que en las series que salen todos los jueves en esa red y en Facebook, a veces les colocó textos humorísticos que casi siempre son un pequeño toque de ironía por las locuras del país y las de otros sitios.

 

-¿Cuáles palabras se te quedaron grabadas de la infancia, cuáles se te quedaron grabadas de la época estudiantil?

 

-Muy pocas. Soy bastante olvidadizo de lo que no es muy importante, y a veces hasta de eso porque estoy pendiente de otras cosas que me son más importantes. Por eso comparto la idea científica que han desarrollado últimamente según la cual la gente olvidadiza es más inteligente. De todas maneras, siempre recuerdo a las muchachas de las que me enamoré y de dos cachetadas, una que me dio el cura García en bachillerato para que no hablara en clase, y otra de mi papá cuando me vio fumando mi primer cigarro. La primera no produjo resultado porque seguí hablando siempre en clase, y gracias a la segunda solo fumé pipa, pero después la dejé porque me fastidié de fastidiar a los demás.


 

Otrova Gomas. Caricatura de Sansón Castro


Enlaces Relacionados:












































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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne



José Pulido:

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.

21/05/2024

viernes, 5 de marzo de 2021

¿Adiós a las libreras de Cádiz...?

 




Es difícil no sentir afinidad por lo que el autor describe. Los tiempos están cambiando y eso es innegable. Me entristece el cierre de Las Librerías de Cádiz y mando desde aquí un abrazo a esas cinco valientes hermanas. Pero no puedo compartir el último párrafo del artículo de Octavio:

“…Porque un país que deja que sus librerías cierren es un país condenado a la mediocre supervivencia de seres felizmente domesticados. Porque una ciudad sin libreras acaba convertida en un páramo tan triste como el patio de un colegio cuando en él no habita el murmullo indescifrable de niños y niñas que juegan. …”

También ha muerto el cine (las salas de exhibición de largometrajes previo pago de una entrada) y ahora es cuando más cine se ve. Que mueran las librerías, ni tan siquiera significa (necesariamente) que se vendan menos libros. Ahora se venden por Amazon y en menor medida en grandes superficies, aunque cada vez menos y desaparecerá en breve. Y sin duda no significa que se lea menos, o no por esa razón. Ahí están los libros electrónicos, aunque innegablemente han frenado su expansión. Sólo un dato: jamás se han editado más libros que ahora, es verdad que con menor tirada. Pero ¿es eso malo? La economía, al menos la capitalista (vaya la que se enseña como dogma de fe en las universidades), ama la competencia ¿Y no es acaso un ejemplo de libro de texto, de libro de Adam Smith: competencia perfecta como sinónimo de muchos oferentes con producciones pequeñas? Sí, lo es. Lo que ocurre es que nuestros economistas neoliberales, esos que inundan las tertulias con sus predicas no sólo no han leído a Papa Smith sino que son, en su mayoría, conservadores, que pareciéndose no son lo mismo. Pero eso es una historia que debe contarse en otro momento.

Confundir el producto con su canal de distribución es común, muy común y tener una cátedra no te hace inmune a ello.

Indudablemente, y como bien decía Kevin Lancaster en 1966, el consumo no es el mismo si se hace en pantalla grande y a oscuras que en el sofá de casa. Por cierto, ganó de goleada el salón de casa. Si eres de los que prefieres la sala oscura y pantalla grande: eres un dinosaurio carcamal y te doy la bienvenido a tan entrañable club. Pero no confundas tus lágrimas de cocodrilo con el malestar de la cultura. Y sobre todo no te engañes. Tu dolor no se debe a que se vaya a leer menos, tu dolor es porque los tiempos están cambiando y tú no ya no eres capaz de adaptarte a ellos. Nada que Alvin Toffler no contará en 1980. Con todas estas referencias cultistas pretendo igualar y superar la autoridad académica que confiere ser catedrático, como el autor del artículo.

No niego que las librerías sean/fueran espacios de conversación, pero ahora si algo sobra, son los espacios para las conversaciones: por gracia o desgracia de internet. En estos nuevos foros se habla a gritos, atropelladamente y se dicen tonterías… igual que en la mayoría de las conversaciones que se tienen/tenían en una librería. Por cierto nada que Neil Postman no contará en 1985 siguiendo la línea de pensamiento trazada por Marshall McLuhan en su maravillosa La Galaxia Gutenberg (1962)

No, el mundo no está peor porque haya menos librerías.

Por cierto, las librerías no morirán, no todas al menos. Para sobrevivir deben especializarse, la librería generalista es un anacronismo. Pero la boutique del libro del género Fantástico, o de Romántica o de Histórica tiene buena salud. Cierto, no es un mercado para que existan 50 librerías en cada ciudad. Pero una o dos, si caben. Especialización, amigo Sancho: ES PE CIA LI ZA CI ÓN que ya lo decía Émile Durkheim en 1893. Seguir haciendo las cosas como se hacían hace 200 años es garantía de pronta extinción.

 

La tecnología lo cambia todo, incluso los canales de distribución. Mirar así al pasado es morir, está bien morir un poquito: a eso le llamamos añoranza, pero creer que el mundo va a peor por eso, es dejarse vencer por la vejez.

by PacoMan


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Las cinco hermanas Raposo Navarrete, en junio de 2010, tras la inauguración de su librería. / J. P. Imagen tomada DEl Diario de CÁDIZ.



Adiós a las libreras

OCTAVIO SALAZAR BENÍTEZ


Catedrático de Derecho Constitucional. Miembro de la Red Feminista de Derecho Constitucional Universidad de Córdoba http://lashoras-octavio.blogspot.com/


   

15/01/2021

En un país como el nuestro, en el que la mayor obsesión en los últimos meses parece haberse concentrado en los horarios de los bares y en la distancia de las mesas en las terrazas, por no hablar del empeño auspiciado por nuestros representantes en salvar la Navidad o en primar lo productivo sobre la sostenibilidad de la vida, no debería sorprendernos que la noticia del cierre de una librería apenas remueva las tripas del respetable. Sin embargo, quienes necesitamos los libros como el aire que respiramos, ya que sin ellos seríamos incapaces de alzarnos cada mañana y de concebir la vida como un proceso siempre abierto de sorpresas y pasiones recién descubiertas, cuando vemos cerrada la puerta de una librería sentimos una especie de desgarro, una herida que va restando tiempo a nuestro futuro, una suerte de desasosiego que, como si fuéramos parte de una cofradía laica, solo podemos compartir con quienes, como nosotros, viven la lectura como el alimento que nos abre más y más los ojos. Esa lentes de aumento que nos permiten, además de reconocernos, con todas nuestras debilidades, reconocer al otro y a la otra como parte misma de nuestra existencia. En este sentido, la lectura es un ejercicio de radical democracia y las librerías, como también las bibliotecas, el templo que nos permite abrazar el infinito. El infinito en un junco, en palabras de Irene Vallejo. Juntos salvajes nosotros, siempre dúctiles al viento, pero sostenidos a la intemperie gracias a la fortaleza que nos regalan las palabras.


Cuando en estos días me enteré a través de las redes sociales de que Las libreras de Cádiz, uno de esos espacios en los que durante diez años no han dejado de amasarse civismo e imaginación compartida, sentí justamente ese desgarro que me resulta tan complicado explicar. Esa lesión que, como las que van insistiendo en los cuerpos de los atletas maduros, se mantiene para siempre aunque pongamos sobre ella bálsamos y antiinflamatorios. En Las libreras, donde no solo se vendían libros sino que también se practicaba el arte democrático de la conversación, presenté hace unos años mi Autorretrato de un macho disidente. El poeta Ángelo Nestore hizo de padrino y nos emocionó a todas y a todos con su voz de varón rebelde, con sus rizos de italiano malagueño que entiende la poesía como una revolución. Sus palabras, algunas de las cuales me las imagino todavía volando por las escaleras de la librería, siempre me acompañarán como una receta imposible ante el desaliento. Apenas un año después, fue la periodista Lalia González, una de esas mujeres con poderío que demuestran que también la información necesita perspectiva de género, quien me acompañó en la presentación de #Wetoo, mi brújula para jóvenes feministas. Acompañados por un público fiel y entusiasta, recuerdo que le dimos vueltas a la actualidad por entonces no tan angustiosa como en el presente. Todavía felices, y tan lejanos de la tormenta que meses después nos convertiría en seres microscópicos.


Hay pues mucho de mi vida, de mis días de verano en Cádiz, en los que buscaba para mi sobrina Lucía algún libro que le ayudara a convertirse en una mujer autónoma, en ese espacio que cinco hermanas, guerreras, valientes, acogedoras, pusieron en pie justo en unos momentos en los que la anterior crisis económica no presagiaba nada bueno para la cultura. En estos últimos diez años esas mujeres, que han sido como hilanderas que no han parado de tejer, sin necesidad de destejer por las noches, hicieron de su librería justamente lo que necesita una democracia para mantener su salud: un lugar de aprendizaje, de sonrisas, de preguntas, de brindis y de palabras saltarinas. Entre autoras, autores, lectoras y lectores. Entre las manos de quienes escriben y los hogares de quienes leen. El más puro ejercicio de libertad, igualdad y pluralismo.


El anuncio del próximo cierre de Las libreras es una de las noticias más tristes que me ha llegado en estos días del reciente 2021, por más que siga habiendo tantas dramáticas que nos recuerdan que somos los más frágiles entre los frágiles. Mi dolor, que espero que con los días se vaya convirtiendo en esa memoria fértil que nos permite coger impulso para el mañana, tiene que ver con la dimensión colectiva, política, que habita en los espacios donde se genera cultura. Esos que justo ahora están heridos de muerte y que, por tanto, quiebran la salud de unas democracias sacudidas hoy por virus todavía más peligrosos que el que no deja de dejarnos muertes y renuncias. Porque un país que deja que sus librerías cierren es un país condenado a la mediocre supervivencia de seres felizmente domesticados. Porque una ciudad sin libreras acaba convertida en un páramo tan triste como el patio de un colegio cuando en él no habita el murmullo indescifrable de niños y niñas que juegan.


Tomado de Publico.



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by PacoMan 

En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.

Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico.


Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po