sábado, 30 de septiembre de 2017

Descarga ya Los Calimbas y Cocorocó de Efraín Inaudy Bolívar





Estimados Liponautas

Hoy tenemos el gusto de hacerles llegar Los Calimbas y Cocorocó dos libros del doctor y escritor Efraín Inaudy Bolívar (24 de enero de 1930-8 de enero 2012). Hoy sábado 30 de septeimbre de 2017 continúa el III Encuentro de Cuentacuentos y Cuenteros en el pueblo de San Diego en Valencia, estado Carabobo donde se le hace un homenaje a Efraín Inaudy Bolívar. 



A los que no han disfrutado de este evento le recomendamos llénense de ganas y dense una vuelta por el pueblo de San Diego para recargar esa facultad que tanto maltrato lleva en Venezuela como la imaginación.

Efraín Inaudy Bolívar  (24 de enero de 1930-8 de enero 2012). Fotografía de Antonio González Boscan. Tomada del libro Rostro Y Poesía. 1996

Tenemos acceso a estos dos libros de Efraín Inaudy Bolívar gracias a la transcripción realizada por nuestra amiga Grethel Bertorelli. Gracias Grethel por ayudar a difundir el talento local.


Pueden descargar los libros tanto de Issuu como de Scribd.

Los Esperamos en el Encuentro de Cuentacuentos.

Disfruten de la entrada.


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   Cocoroco by Tarik1492 on Scribd



viernes, 29 de septiembre de 2017

Invitación a la presentación de:

El Viaje Desnudo de Tina de Oliveira este Sábado 30 de Septiembre




Este sábado 30  de Septeimbre de 2017 a las 12:30 pm Presentación de “Viaje desnudo” de Tina Oliveira en Librería Kalathos.



Este sábado 30 de septiembre de 2017 a las 12:30 pm, Oscar Todtmann editores presenta “Viaje desnudo” de Tina Oliveira, primer poemario que con palabras de María Antonieta Flores arriba al espectro de voces de la poesía nacional. El evento se realizará en la librería Kalathos, en el Centro de Arte Los Galpones en Los Chorros. 



En el texto de la contraportada, María Antonieta Flores, expresa: «La voz de Tina Oliveira se perfila y afila en la saudade, una emoción que tiene cabal sentido en el mundo y en la lengua portuguesa. Gracias a la elaboración poética que nos ofrece, revela cómo la abraza el pasado y cómo ella lo convierte en presencia (presente) en Viaje desnudo. La saudade vivida como muerte, morimos un poco al recordar, justifica su aspiración de dejar atrás lo ya vivido, ambición imposible: todo ya es un pretérito que conforma ese instante que se borra. En este libro se va mostrando que lo más importante del viaje siempre será la despedida y no lo que ofrece la llegada. Quizás porque para el viajero lo más importante es el movimiento, vivir el desarraigo, ya que el regreso es volver “sin agua y sin arena” y reconociéndose vencida».


Este poemario contó con el apoyo de Team Poetero para su publicación. Team Poetero es una agrupación sin fines de lucro cuyo fin es promocionar la poesía en todos los ámbitos posibles.



Tina Oliveira (Caracas, 1967). Doctora en Ciencias Biológicas de la Universidad Simón Bolívar. Dentro de su campo profesional se ha desarrollado en la temática de la conservación de la biodiversidad, con herramientas de la genética hasta los sistemas de información geográfica. En el mundo de la poesía se inicia durante su paso por el Liceo Andrés Bello, aupada por la profesora, doctora Leonor Botifoll. Luego participa en el Taller La Peña (1993-1995), donde el poeta Eduardo Castellanos ejercía una influencia crucial y al cual eran invitados otros poetas como Arturo Gutiérrez. Ha participado en talleres dirigidos por las poetas Edda Armas (2011-2012) y María Antonieta Flores (2012- 2013), y fue miembro del grupo El Ojo Errante. Ha participado en diversos recitales desde 2011 (Caracas 444, Stand Up Poetry, 8vo. Festival de Lectura Chacao, Poesía Reunida, OT Editores) y en diversas ocasiones en el Jamming Poético. Sus poemas han aparecido en la antología Jamming 102 Poetas (OT Editores) y en los portales La Parada Poética y Stand Up Poetry.



"Viaje desnudo" constituye el décimoséptimo poemario de la colección de poesía de Oscar Todtmann Editores y ya se encuentra disponible en las principales librerías del país y en Amazon.






jueves, 28 de septiembre de 2017

Borges, el humorista descatalogado







Estimados Liponautas

Hoy tenemos el gusto de hacerles llegar una nueva entrega de nuestro amigo y siempre diligente Carlos Yusti.

Disfruten de la entrada.



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Carlos Yusti



Miércoles 28 de Junio de 2017


Hay muchos Jorge Luis Borges. Sus abundantes glosadores, tesistas, críticos, hagiógrafos y algunos etcéteras se lo han repartido a placer, como si de un pastel se tratara. Hay Borges para todos. Incluso sus detractores lo han llevado a la mesa de operaciones y le han hecho incisiones, con el bisturí de la bilis, sin contemplación alguna.



En un viejo libro titulado Contra Borges, y que conservo como una extraña curiosidad bibliográfica, varios escritores la hacen de cuchilleros (había escrito cirujanos) y diseccionan sus cuentos, ensayos y poemas. Como se dice en el argot boxístico le dan hasta con el tobo. La afilada lengua de sus colegas asegura que a futuro a Borges se le recordará como a ese escritor que solía ser argentino y que hizo malabares con los tigres y los laberintos con cierta competente universalidad, pero a que a pesar de ello la academia sueca nunca le reconoció con el Nobel de literatura.



El referido libro reúne los ensayos de un granado grupo de escritores cuyo objetivo es ver las costuras y las pifias de una escritura que se apoyó en otras literaturas, o que en todo caso glosó con delicada maestría a otros autores. Escritores como Juan Fló, Juan Carlos Portantiero, Jorge Abelardo Ramos, Ernesto Sábato, y Noe Jitrik, por nombrar algunos, barnizan sus golpes bajos con cierta retórica de sesudo examen exhaustivo para disimular, malamente, su predisposición malsana para demoler, sin miramientos, al Borges encumbrado en su pedestal de celebridad intelectual.



De seguro todas estas valoraciones no sean del todo erróneas, pero lo cierto es que en Borges se operó un proceso inverso: estuvo involucrado en movimientos de vanguardia e hizo todo lo impensable en lo que a la escritura se refiere, hasta escribió guiones de cine. En suma, que era todo un incendiario que al final terminó como bombero y por eso Fabián Casas anota: “Escribió manifiestos, pegó una revista mural por las calles de Buenos Aires, dio pelea en estética y en política, se emborrachó y bailó tango hasta el amanecer y caminó sin rumbo fijo por los arrabales de la ciudad para sentir la electricidad de esas zonas donde la ciudad se perdía en el campo. Fue criollista, pensó en la Patria con mayúscula hasta que ésta se convirtió, con los años y las frustraciones, sólo en un lugar donde no estaba Perón. Pero antes apoyó la revolución rusa e intentó ser un Whitman argentino…”.


Borges luego de vivir la escritura desde ese desborde vanguardista se fue desprendiendo de toda esa quincallería innovadora y se encaminó por esa vereda de lo seguro que era esa escritura con todos los ingredientes clásicos ensayados con acierto/éxito por sus autores preferidos, sin contar que iba a utilizar su portentoso arsenal de gran lector para construir su obra como si se tratara de otra página añadida a ese canon de la gran literatura occidental.



Además le sucedió lo peor que le puede pasar a un autor y es convertirse en un escritor para escritores. Umberto Eco reconoció la influencia subrayada de Borges en su propia literatura, sobre todo de sus novelas, lo que lo lleva a escribir: “Lo fundamental en Borges es su capacidad de usar los más variados detritos de la enciclopedia para hacer música de ideas. Sin duda he intentado imitar esta lección (aunque la idea de una música de ideas me llegaba de Joyce). ¿Qué puedo decir? Que, ante las melodías de Borges, tan inmediatamente cantables (incluso cuando son atonales), fáciles de recordar, ejemplares, me siento como si él hubiera tocado divinamente el piano y yo hubiera soplado en una ocarina”. Susan Sontag, Italo Calvino, Antonio Tabucchi, por barajar algunos nombres, reconocen en Borges un escritor difícil de ignorar e incluso un quejoso como Emil Cioran escribió: “…si Borges me interesa tanto es porque representa un espécimen de humanidad en vías de desaparición y porque encarna la paradoja de un sedentario sin patria intelectual, de un aventurero inmóvil que se encuentra a gusto en varias civilizaciones y en varias literaturas, un monstruo magnífico y condenado. En Europa, como ejemplar similar, se puede pensar en un amigo de Rilke, Rudolf Kassner, que publicó a principios de siglo un excelente libro sobre la poesía inglesa (fue después de leerlo, durante la última guerra, cuando me decidí a aprender el inglés) y que ha hablado con admirable agudeza de Sterne, Gógol, Kierkegaard y también del Magreb o de la India. Profundidad y erudición no se dan juntas; él había logrado sin embargo reconciliarlas. Fue un espíritu universal al que sólo le faltó la gracia, la seducción. Es ahí donde aparece la superioridad de Borges, seductor inigualable que llega a dar a cualquier cosa, incluso al razonamiento más arduo, un algo impalpable, aéreo, transparente. Pues todo en él es transfigurado por el juego, por una danza de hallazgos fulgurantes y de sofismas deliciosos”.

En todas las valoraciones y malentendidos en torno a ese Borges exultante de su fama y publicidad (Sábato ha anotado en su denuesto a Borges que la “fama es un conjunto de equivocaciones”) nunca se tomó en cuenta a ese humorista de impecable estampa, a ese burlón chocarrero que en definitiva fue Borges. Sin concesiones ironizó sobre el arte, el patriotismo, la literatura y todo lo que le vino en gana. La academia sueca no lo premia con el nobel no por su inclinación a la derecha, ni debido a que sus textos aparecieran en una revista de la dictadura o porque aceptara complacido una condecoración de Pinochet (actos todos de un humorismo fuera de serie y a contracorriente), sino por ese despliegue de humor tan bizarro, clarividente e inclasificable del que hizo gala cuando todas las equivocaciones de la fama ya no podían hacer mella en su escritura.



En estos días, releyendo los cuentos de Kipling, de Chesterton y de H. G. Wells, percibo los ecos de estos autores en los cuentos de Borges. No sólo en cuanto a los temas, sino a esa estructura lingüística desnuda y eficaz al momento de narrar para atrapar el interés del lector. Autores que traspapeló en su estilo en la cual lo vanguardista ha desaparecido por completo y en la que sólo se distingue ese clasicismo eficaz en la construcción de la frase y el párrafo, siempre cuidando de no caer en lo cotidiano vulgar y apoyándose en los pies de página de una enciclopedia vasta y memoriosa.

Borges en su regreso de la vanguardia se decidió a convertirse en un humorista y se esmeró en pasear su stand-up comedy por el mundo en entrevistas, conferencias y actuaciones públicas. Siempre sus salidas y dardos, cargados de humor, fueron proverbiales. En una oportunidad un periodista, quizá recordando la tragedia del avión argentino que se estrelló en los Andes, le preguntó: “¿Es verdad que en la Argentina hay caníbales?”. Borges respondió de inmediato: “No, ya nos los comimos a todos”. De García Lorca dijo: “Lorca es sólo un gitano profesional”. Con respecto a Cien años de soledad aseguró: “A esa novela le sobran cincuenta años”. En una conferencia le pasaron un papel con una pregunta: “¿Qué opina, Borges, de Nabokov?”. Y él respondió preguntando: “¿Nabo…, Nabo qué?”. Ante la pregunta: “¿A qué atribuye que todavía no le hayan otorgado el Premio Nobel de Literatura?”, y él sonreído respondió: “A la sabiduría sueca”.

Autorretrato de Vasco Szinetar con Jorge Luis Borges en 1982.


Tabucchi escribió que si se indaga en esa paradoja de la vida traspapelada con la literatura se llega a esa especulación de Borges en la que un escritor se convierte en un personaje en sí mismo, en un sueño que algún otro está soñando. Ese humorista descatalogado que fue Borges era ese personaje surgido de ese juego de espejos de su personalidad tímida y circunspecta.



Sin duda en ese futuro (completamente cibernético de bibliotecas virtuales y libros en red) la historia contenida en El libro de arena será estimada como una premonición precursora de la Internet y a su autor (en letra menuda) se le recordará como un humorista argentino que escribió cuentos fantásticos. Como justa equivocación final, tan irónicamente digna del mejor y peor Borges.

Borges en 1983 con una máscara de hombre lobo en una foto de Claudio Pérez Míguez

Tomado de Letralia



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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia


miércoles, 27 de septiembre de 2017

Libros que cambiaron mi vida. Parte IV: Del Aleph a King.





Esta es la cuarta entrega de los libros que cambiaron nuestra vida. Armando va ampliando sus gustos y escritores. Nadie diría que un autor como Rafael Llopis al que no se le atribuye ninguna novela aparezca dos veces en estos 20 libros. Pues sí, Armando descubrió el magnífico libro en la biblioteca pública: Historia natural de los cuentos de miedo de Ediciones Júcar. Admito que tengo devoción por este libro y que me la contagio Armando. En nuestras charlas los domingos, delante de unas cervezas y tras visitar el Mercat de San Antoni, Armando nos habló varias veces de este ensayo. Yo conseguí mi ejemplar, un verdadero incunable de 1974, en Octubre de 1994 en Osuna (Sevilla) pero ya no recuerdo como. Es el primer y único ensayo que aparece en esta lista, una ruta de iniciación al terror que Armando supo aprovechar.




El estudio de la lengua y la literatura en la educación secundaria le hizo descubrir al gran Borges. En mi caso tuve un poco más de suerte y mis profesoras de lengua castellana me introdujeron a Isaac Asimov y su Yo, Robot y a Ray Bradbury con su Fahrenheit 451 entre mis lecturas obligatorias, todo un lujo.  Armando se reconoce un enamorado de la obra del insigne argentino, no es para menos. Destaca El Aleph y Ficciones, ambas antologías de Alianza Editorial, son dos volúmenes pequeñitos, de pocas hojas, pero Borges no necesita más para cautivar y modificar para siempre la vida de sus lectores.

Cuan paralela es la vida, me ocurre como a Armando, no guardo ningún grato recuerdo de las obras de lectura obligatoria de lengua catalana y tarde mucho en descubrir a Joan Perucho y sus Les Histories Naturals. Con los mismos complejos que el castellano, las obras de género fantástico en catalán casi deben pedir perdón por existir. Demasiado acosada por el castellano, la literatura catalana siempre quiso revestirse de un halo de respetabilidad donde el fantástico no tenía cabida. Si bien es cierto que en la literatura en castellano el fantástico ha encontrado su lugar bajo el sol, en catalán no tanto. Si no fuera por las micro editoriales como Orciny Press sería imposible encontrar no ya novedades originales en catalán, sino reediciones de maestros como Pere Calders o Manuel de Pedrolo.


Manuel de Pedrolo trabajando en el despacho de su piso de la calle Calvet.

Y cierra esta entrega el rey: Stephen King el revolucionador del género, el elegido que ha aunado cine y literatura, mejor dicho el autor cuyas novelas son fácilmente guionizables para mayor gloria de la industria del entretenimiento. Boix escoge la novela con la adaptación al cine: El Resplandor. Mucho talento junto: Kubrick, Nicholson y King. En esta lista hemos ido siguiendo la evolución del terror, hasta llegar a su actual estado. Se avecinan cambios, siempre se avecinan cambios en todos los campos, pero estos ya no cambiarán nuestra vida, seguramente si lo harán con la de algún lector más joven, pero eso es otra historia que deberá ser contada en otro momento.


by PacoMan

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Para muchos jóvenes impresionables, allá por los años ochenta, Lovecraft era Dios y Rafael Llopis su profeta. Descubrimos con entusiasmo que este había redactado unas Sagradas Escrituras, donde se partía del génesis de la novela gótica hasta el advenimiento del Mesías y más allá. Me refiero a “HISTORIA NATURAL DE LOS CUENTOS DE MIEDO”, publicada por Ediciones Júcar en 1974.

Mi templo, la biblioteca, me procuró un primer ejemplar. Nunca, antes o después, he leído como hice entonces por puro placer tomando notas, trazando esquemas y confeccionando resúmenes, tal era mi interés por el tema y mi voluntad de empaparme con toda la información que contenía. Devolví el libro con pena, y lo solicitaría en préstamo varias veces más. Por fortuna,  algunos años después localicé una copia en una feria del libro. Desde entonces me ha acompañado, siempre a mano. Mientras escribo en el ordenador, lo tengo a la vista muy cerca, con su cubierta de color verde y sus rostros tallados en piedra aullando a la nada.

Aquel ensayo, donde se trazaba una visión general y ordenada de la evolución del relato de horror, fue mi Biblia o, mejor dicho, mi mapa de carreteras para transitar en años venideros por tal literatura. Pude situar en su contexto y valorar mejor las aportaciones de autores como Le Fanu, Stoker, Bierce, Machen, Blackwood o M. R. James, me encendí de deseo ante sus referencias a obras inalcanzables en una edición española, que tardaría mucho en poder disfrutar (gracias Siruela, gracias Valdemar). Si algo sé sobre literatura fantástica, en las páginas de Rafael Llopis empecé a aprenderlo. Tantas veces he leído el libro completo o lo he revisado por capítulos que casi me lo he aprendido de memoria. Ahora mi ejemplar está tan manoseado, con sus hojas desprendidas del lomo, que ni necesito consultar el índice: puedo abrirlo directamente, con un leve vistazo, y alcanzar de inmediato la sección que busco.

Compañera natural de aquel ensayo era la “Antología de cuentos de terror”, del mismo Llopis, publicada por primera vez por Taurus en 1963 y luego reeditada en tres volúmenes en la colección de bolsillo de Alianza Editorial. Se trataba de una selección histórica, con breves introducciones a cada autor, que partía de Lope de Vega, Daniel Defoe, Sade y los novelistas góticos para llegar hasta Lovecraft, con el añadido de algunos autores españoles, como el gallego Wenceslao Fernández Flores y el catalán Noel Clarasó. Una ilustración preciosa a la modélica crónica del género narrada por Rafael Llopis en su “Historia natural de los cuentos de miedo”.




Libros que cambiaron mi vida (14).

Los libros de texto no han de ser siempre instrumentos de tortura; de vez en cuando incluso pueden propiciar descubrimientos excitantes. Uno por el que conservo apreció fue el preparado por Lázaro Carreter y Vicente Tusón para la asignatura de literatura española de segundo de B.U.P. Durante una clase que no debía resultarme demasiado distraída, me puse a hojear los últimos capítulos. Entre los textos comentados, leí un breve cuento de Jorge Luis Borges, “La casa de Asterión”:

“Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera.”

Lázaro Carreter

Así empezaba el relato. No diré nada de su conclusión, demoledora. El texto me cautivó y no solo por su calidad intrínseca: tenía ante mí una pieza de género fantástico escrita por un autor con suficiente reputación crítica como para aparecer en un manual académico. Acostumbrado a que muchos de los géneros con los que más disfrutaba fueran considerados despectivamente subliteratura, aquel reconocimiento me resultó sorprendente. Es cierto que en aquellos años aún resonaba el “boom” de la literatura latinoamericana, hábilmente promocionada por la agente Carmen Balcells; pero, más que Borges, eran autores de una generación posterior quienes recibían el aplauso, como Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.



No recuerdo si Lázaro Carreter mencionaba que “La casa de Asterión” pertenecía a un volumen de cuentos titulado “EL ALEPH”, de 1949, o si investigué para conseguir el dato. Lo cierto es que busqué aquel título para comprarlo y leer nuevas historias de aquel argentino genial. Encontré “La casa de Asterión” rodeada de verdaderas obras maestras, y no uso el calificativo de un modo frívolo. El libro se abría con “El inmortal”, sobre un miembro de las legiones romanas que encuentra purificación a la muerte en un río de regiones bárbaras; lo acompañaban “Emma Zunz”, crónica de una venganza minuciosamente planeada; “Deutsches Requiem”, sobre cómo un hombre culto y sensible puede llegar a convertirse en ejecutante del horror; “El Zahir” acerca del hallazgo de una moneda de poder místico capaz de obsesionar a su poseedor; “La búsqueda de Averroes”, una meditación sobre lo imposible de llegar a un conocimiento de aquello cuya verdadera naturaleza ni podemos sospechar; “La escritura de Dios”, descubrimiento de la palabra sagrada pronunciada en el mismo instante de la creación; o el cuento que da título a la antología, “El Aleph”, dedicado a un objeto que aguarda en un sótano de Buenos Aires y en el cual convergen los planos de múltiples dimensiones y tal vez contenga el universo entero… Un conjunto de relatos que, junto a “Ficciones”, resumen lo más característico de la imaginación borgiana, tan contagiosa como personal, de imitación imposible para otros escritores sin caer en el ridículo.

Vasco Szinetar con Jorge Luis Borges en 1982.

Me he tropezado con lectores que juzgan a Borges excesivamente barroco, en su variante conceptista, un intelectual frío al que fascinan las ideas y se aleja de todo lo humano. No lo veo así. Siempre lo he sentido una mente poderosa al amparo de una personalidad frágil, un albatros con alas demasiado grandes para vivir cómodamente en tierra, alguien que amó con verdadera pasión la literatura y la metafísica, y se refugió en los libros como último bastión contra los sinsabores de una vida que nunca le pareció grata, como el mismo describió en unos versos:

“Ya no seré feliz. Tal vez no importa. 

 Hay tantas otras cosas en el mundo”.

De su producción, sus relatos han sido siempre lo más apreciado entre el público. Yo adoró hasta la última línea que escribió, cada palabra pronunciada en una conferencia. Cuentos, poemas, ensayos y artículos me parecen equiparables en calidad, facetas diferentes pero unidas en una gema de singular perfección. Para mí es el más importante escritor que dio la lengua castellana en el siglo XX… Y nunca escribió una novela. Un refrendo a mi amor por el cuento como formato literario, útil en estos días, cuando impera tirana la novela, con cuantas más páginas mejor, y si es posible agrupada en trilogías o series interminables.


  
Seguramente la culpa fuera del temario, pero juzgo muy poco hábil la elección de lecturas que mis profesores de lengua y literatura catalana me impusieron en el instituto, con textos medievales cuyo significado casi no llegaba a descifrar o novelas naturalistas de una aridez tal que despellejaban todo interés en el neófito. Tan aburrido me pareció todo aquello que, durante muchos años, casi no leí nada por placer de lo creado en la narrativa de mi lengua materna.

Rafael Llopis, de quien ya he dicho que fue mi Virgilio en mi descenso a los infiernos de la literatura fantástica, tuvo a bien corregir ese error cometido al generalizar una visión fragmentaria. Gracias a él supe de un autor notable que con seguridad encajaría mucho mejor en mis gustos, Joan Perucho, recreador de la novela de caballerías, de mundos paralelos, de tramoyas góticas. Hasta se había atrevido a homenajear a Lovecraft. Compré, pues, una edición de bolsillo de una de sus obras. Mi felicidad sería absoluta al descubrir que tenía entre manos una excelente novela de vampiros: “LES HISTÒRIES NATURALS”.

Joan Perucho
En el marco de las guerras carlistas de nuestro siglo XIX, el botánico ilustrado y racionalista Antoni de Montpalau inicia la caza del caballero Onofre de Dip, miembro de la embajada que en tiempos del rey Jaime I concertó las nupcias con Violante de Hungría, donde contraería la infección vampírica. El no muerto tiene planes para los nuevos tiempos, y pasan por convertir también en vampiro al conde Ramón Cabrera, líder de los ejércitos carlistas parapetado en la fortaleza de Morella… “Les històries naturals” amalgamaba exitosamente la pura imaginación con leyendas locales, como los perros vampiro de Pratdip; personajes ficticios con otros reales; peripecias inventadas e historia cierta, todo ello publicado por primera vez en 1960, cuando Tim Powers aún necesitaba que le ataran los zapatos.

Tim Powers

La lectura de Perucho fue una reconciliación, y como suelen ser estas, apasionada. No solo con la literatura catalana, sino con toda la escrita en este mal avenido país. Significaba comprobar que la presunción, tantas veces repetida, de que las letras españolas eran esencialmente realistas se reducía a una idea prejuiciosa. El género fantástico había gozado siempre de distinguidos cultivadores, no solo por parte de “periféricos y marginales” (la expresión es de Llopis) como Perucho o Cunqueiro. Teníamos también golosas aportaciones de Emilio Carrere, Carmen de Burgos, Noel Clarasó y Wenceslao Fernández Flores, de titanes como Valle-Inclán, Galdós, Pardo Bazán, Valera o Alarcón, pasando por nuestros románticos y llegando a la novela de caballerías y el Romancero. Los manuales de historia de la literatura podían soslayarlo, pero las obras estaban ahí. Solo era necesario redescubrirlas.




Como si se tratara de un ritual mágico o una conjunción planetaria, en literatura el éxito depende de la sincronía perfecta entre varios factores. Por un lado está el talento del autor, por otro la existencia de un público receptivo, y ambos han de encontrarse en el momento y el lugar exactos. Algo así le ocurrió a Stephen King cuando, con menos de media docena de novelas publicadas, se convirtió ya en el autor de terror contemporáneo más conocido del planeta.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la ficción sobrenatural pasó a ocupar un puesto bastante marginal en el interés de los lectores, en favor de otras formas de literatura fantástica como la ciencia ficción. Autores que la habían practicado en la última etapa de revistas como “Weird Tales” hubieron de refugiarse en la anticipación, el thriller policíaco o los guiones para radio, televisión y cine. El propio King, al inicio de su carrera, hubo de escuchar de su agente literario que si pensaba encasillarse como autor de novelas de miedo iba a morirse de hambre. Sin embargo, a finales de los sesenta y principios de los setenta. obras como “La semilla del diablo” o “El exorcista” se convirtieron en éxitos de una dimensión insospechada. Lectores y espectadores empezaban a demandar productos semejantes, que se desmarcaran del “atrezzo” del horror gótico para integrar el miedo en un escenario familiar y moderno, por tanto mucho más inquietante. Fue el momento oportuno para que Stephen King buscara editor a su novela inaugural, “Carrie”.

Stephen King

Es indiscutible que las adaptaciones al cine, con directores como Brian de Palma, Stanley Kubrick y David Cronenberg, jugaron un papel importante para catapultarle al estrellato. La primera novela de Stephen King que leí, “EL RESPLANDOR”, en una edición de bolsillo de Plaza & Janés llegada a las librerías en 1982, aprovechaba esa baza, pues reproducía en portada la imagen icónica de Jack Nicholson con mirada enfebrecida. La edición en Pomaire, como “Insólito esplendor”, me había pasado desapercibida, pues tenía solo doce años en el momento de su publicación, y no vería la película hasta años después de haberme sumergido en la lectura de las desgracias de la familia Torrance durante su estancia en el hotel Overlook, gracias a un reestreno. Tenía idea, eso sí, de que Stephen King trataba temas escalofriantes y no necesitaba yo mayores recomendaciones para desear conocerlo.


Acostumbrado a autores románticos, victorianos o de los años de entreguerras, su estilo moderno, cercano y plagado de referentes “pop” me resultó refrescante. Las historias que narraba con una voz muy personal podrían ocurrirme a mí también; de hecho, era fácil sentirme identificado con muchos de sus protagonistas adolescentes. Y eso que aveces se le achaca como un defecto, que dedique tanto espacio a construir sus personajes, a dotarles de un pasado y un entorno, en lugar de molestarme me llenaba de satisfacción, pues de ese modo lograba que me conmovieran de un modo más intenso todas las desgracias que habrían de ocurrirles después.



Tras aquella lectura de “El resplandor” me obsesioné por reunir los libros de King aparecidos anteriormente. “Cujo” era el más reciente. Recuerdo que gracias a primer empleo como becario en un banco, durante un verano estando todavía en el instituto, logré los recursos para adquirirlos. Seguidamente fui leyendo todo lo que iría publicando, coincidiendo con su aparición. La llegada del nuevo siglo fue enfriando mi entusiasmo, con algunas novelas insatisfactorias como “El cazador de sueños” o “Buick 8”, y ya no fui tanto el lector fiel al que King tanto apela. Por fortuna, en los últimos años Stephen King ha recuperado buena parte de su inspiración creadora. Añadida al oficio adquirido, nos permite disfrutar nuevamente de una etapa de oscuras maravillas.




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by PacoMan 

En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.
Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico.
Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.



Y colabora con el blog de Grupo Li Po


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Armando BOIX (1966). Formado en artes aplicadas, ha desarrollado una carrera profesional como dibujante  técnico  y diseñador, al  tiempo que, desde 1994, empezaba a publicar sus primeros relatos y artículos en fanzines y revistas. Dirigió la revista especializada en cine fantástico Stalker y ha recibido diversos premios literarios, como el Gran Angular de novela juvenil por  El Jardín de los Autómatas  (1997),   el   Pablo  Rido   de   relatos  o   el   Gigamesh   de  ensayo.  

 Sus últimos libros publicados son  la novela  La joven a la que amaban las hadas(2012), la antología  El noveno capítulo y otros relatos (2014) y el volumen contres novelas cortas En calles oscuras (2015).