sábado, 31 de diciembre de 2022

Yo por 20 chelines…

Un Cuento de Navidad muy económico.

Por PacoMan

 

Imagen tomada de El Periódico

Estimados Liponautas

Hoy 31 de diciembre de 2022, tenemos el gusto de compartir un relato de nuestro amigo Pacoman. Gracias Pacoman.

Esperamos sea de su agrado y que tengan un 2023 provechoso.

Atentamente :

La gerencia.


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Yo por 20 chelines…



A Don Manuel Martínez Aragón.
 Desde 1997 encarnamos a un David y a un viejo Thomas malagueños.




Asistimos a una celebración en un public house londinense a finales de 1821, tres amigos han conseguido reunirse tras mucho tiempo, no lo saben pero será la última vez que lo hagan. Eso evidentemente les cambió la vida… sobre todo al que la perdió dos años después. Pero también a los supervivientes, el mayor perdió a su némesis intelectual y causa última de que destilara el mejor néctar de la flor de sus neuronas, también perdió al mejor amigo que jamás tuvo. El joven y causante de la celebración, consigno parte de su tiempo, siete años en concreto, a entender e interpretar el legado intelectual del fenecido y alumbró en 1844 un ensayo sobre… Pero abandonemos esta senda de tristeza, lo que ha de venir, vendrá y no se alejará porque hoy lloremos las penas del mañana. Estamos de celebración, el joven Thomas está publicando con notable éxito unas notas autobiográficas y ya se está preparando la edición en libro de la recopilación de todas ellas.


Un fotograma de la película ¡Qué bello es Vivir!

Tomó la palabra Thomas Robert, el mayor de los tres, sus largas patillas blancas y los surcos de una vida de estrecheces contrastaban con las caras tersas y casi juveniles de los otros dos que se habían levantado a brindar:

— ¡Por que este éxito sea el primero de muchos! —Los vasos subieron y dejaron caer la ginebra en los sedientos gaznates.

Thomas, espero que no acabemos esta bacanal, que ahora empezamos, en los comederos de opio, como narra en su éxito literario.

—No, querido David, hoy les voy a proponer acabar de putas, y así preguntar por Ann, a la que ya saben que debo la vida y aún no he reencontrado.

—¡Pero que me decís!— Se ruborizó el aniñado Ricardo, pese a sus 49 años —mi Priscilla no merece esa desconsideración y fea traición.— en un principio nada iba a decir Thomas Robert, clérigo anglicano, pero finalmente no se resistió.

—Es cierto que su señoría lleva casado once años más que yo y que el joven Thomas sólo cuatro, pero a estas alturas de la vida, cuando mi mochila se adorna con 55 inviernos: Yo por 20 chelines…

Imagen tomada de Analítica.


El silencio se señoreó de la esquina del pub, Robert sonreía socarronamente, Thomas abría los ojos desmesuradamente hasta estallar en una estruendosa risa que alertó a los demás clientes, finalmente hasta el atildado Ricardo tuvo que bajar la cabeza, para negar la risa que finalmente triunfó en sus labios. Espontáneos, entrechocaron sus pintas, que los diestros camareros rellenaban por iniciativa propia, aplaudida eso si, por los festejantes.

—Vaya con el clérigo. ¿Cómo es posible que ustedes dos siempre intercambien sus posiciones ideológicas respecto a las que cabría esperar, dadas las que ocupan en la vida?— espetó el joven Thomas.

—Querido joven, la capacidad del raciocinio hay que desligarla de la vida. Fíjese en el venerable clérigo que nos acompaña, aboga por que nos demos el filetón con unas meretrices, cuando él jamás ha yacido con otra mujer que no sea su consagrada esposa. No se fíe de lo que se dice, sólo de lo que se hace amigo mío.

—No me apabulle amigo David. Y reflexionemos sobre mi anterior afirmación, únicamente desde la perspectiva crematística.

—Sea pues, el padre de las plétoras siempre tiene cosas interesantes que aportar —añadió Ricardo mientras indicaba al camarero que rellenara las jarras.

—Un hombre tiene que elegir entre satisfacer sus necesidades con una esposa o con una profesional del amor, una esposa putativa: limpia y en un establecimiento de fiar, eso sí. Mientras que obtener esposa como Dios manda tiene un coste de búsqueda, de negociación, de dote,  de cierta reciprocidad no desdeñable y de mantenimiento, podemos considerar todos ellos como costes fijos, bien altos por cierto. Pues en su inmensa mayoría se sufragan antes del primer ayuntamiento. Pero una vez satisfechos o hundidos, el coste de seguir obteniendo placer de esa fuente podemos considerarlo bajo o nulo y así lo haremos por motivos de pedagógica simplicidad. La alternativa es, sin asumir coste fijo alguno, ir directamente a algún prostíbulo, elegir a la meretriz y por los 20 chelines de rigor aliviar el deseo y aquí paz y mañana gloria. Un servicio: 20 chelines a esa tasa y razón.

—Deduzco pues que es cuestión únicamente de valorar el número de coitos que uno espera mantener en la vida, con el resultado de dividir el coste fijo que supone conseguir, tener y retener a la esposa entre el coste de un servicio sexual profesional, digamos 20 chelines. Y así, si el resultado obtenido de la división es menor que el número de cubriciones esperadas lo mejor es no casarse y ser cliente asiduo de lupanares y en caso contrario casarse y ser un buen cristiano. —concluyo el pizpireto y ya espitoso joven Thomas.


Imagen tomada de El Mundo.

—Querido Malthus, me dice pues ¿qué casarse o no hacerlo es como decidir si una firma industrial debe producir ella misma una pieza, por tanto casarse o comprarla a un proveedor por tanto acudir a una prostituta?

—Mi querido amigo Ricardo, eso es. Pero seamos prudentes, no alcemos la voz, como todo conocimiento digno, debe atesorarse y no debe salir de este rincón de fraternidad.

—Esperen mis doctos amigos. Y no es por incidir donde me sé inferior y donde ustedes lucen como astros sin par…

­—Eso señor De Quincey se debe únicamente a que usted no estudia lo que debería, pues bien sé que usted está capacitado para esto y más.

—Se lo agradezco señor parlamentario, pero no nos desviemos del tema, no en vano sólo hace cuatro años que me casé con mi queridísima Margaret. ¿Planteo entonces la cuestión cómo si de comprar una máquina que nos permita producir la pieza que antes hablábamos, como contraer matrimonio frente a la posibilidad de suministrar placer por una profesional del sexo, digo suministrar la pieza por algún proveedor?

—Mejor símil no se me puede ocurrir— sentenció Thomas Robert Malthus.

—No puedo, por menos que señalar, varios nuevos elementos que debemos de considerar en la decisión de casarse o ser un  asiduo de los lupanares: lugares, tan gratos para conversar. Pues como bien saben cuando me escape de casa, casi me acabé de criar en uno. Pero volviendo al detalle que nos ocupa. Una máquina se amortiza, pero bien sé que eso es simplemente repartir el coste de su adquisición entre la vida útil de esta. Y ese coste ya lo contemplamos. Lo que quiero señalar es precisamente la vida útil de la máquina, como el tiempo durante el concúbito con la legítima esposa es satisfactorio. Podría deducirse de lo dicho hasta ahora, que ese periodo es toda la vida y eso no lo veo claro. Mientras que con las rameras se puede cambiar sin problema, como se cambia sin coste de proveedores para la pieza que hablábamos, de prostituta se cambia… yo diría que incluso con la alegría que produce la novedad. El uso y abuso de la legítima, el comer la fruta de la pasión con la misma, desgasta el placer, por puro uso, por puro abuso. Como si su utilidad fuera decreciente. En resumen que las máquinas hay que sustituirlas por otras nuevas, cuando estas han dejado de realizar su función.

—¡Bravo mi joven amigo! Diría que ha enunciado una ley de los rendimientos decrecientes— se removió David Ricardo en su asiento.

—Si tenemos en cuenta la reposición de la maquinaria, lo que equivaldría al divorcio de la actual esposa agotada ya su función y a la búsqueda de una nueva y más joven, estamos encareciendo sobre manera la opción de casarse frente a la de ser asiduo de una casa de lenocinio… quizás deberíamos considerar la opción de convertirnos en accionista de una.

La ocurrencia del viejo reverendo tuvo a nuestros amigos un rato de risas, que solo remitió cuando el camarero les trajo nuevas pintas.

—Recapitulemos —propuso Ricardo— para satisfacer la necesidad de obtener placer sexual uno debe realizar una valoración del número de servicios que necesitará en su vida adulta. Evaluar el coste de varios casamientos y divorcios y dividirlo entre el número de servicios previsto y así obtener cuanto le cuesta echar un fornicio con su esposa, que creo que es más intuitivo que la primera formulación que hemos realizado. Si el resultado es mayor de 20 chelines no debe casarse pues únicamente con 20 chelines se alivia con una furcia. Pero si el resultado es menor, debe casarse por amor al placer.

—Eso es querido Ricardo. Pero, me veo en la obligación de añadir, fruto de mi mayor edad y experiencia, que en la juventud se cree uno inasequible al desaliento y esclavo del deseo. Pero el tiempo todo lo atempera y ese número de servicios sexuales estimado en la juventud se demuestra absolutamente excesivo. Deberíamos pues, corregir a la baja esa estimación, por lo que el coste del coito matrimonial crece agigantadamente y se hace más atractiva la opción de las fulanas.

—Hace nada que me casé y no hago más repetirlo, pero ya empiezo a arrepentirme… no de decirlo, sino de haberlo hecho. ¿Y a ustedes les ocurre lo mismo?

Tomó la palabra el parlamentario por los Whig David Ricardo y con tono serio afirmó —De Quincey no lo aborde todo como si de una bella arte se tratase. Hay otros factores a tener en cuenta, no sólo el economicismo: la descendencia y la honorabilidad. Llevo 28 años bien casado y no hay ni una sola semana que no me haya arrepentido.

El pub estuvo a punto de derrumbarse por las desatadas risas de los tres amigos, los demás clientes miraron reprobatoriamente a aquel grupito de libertinos.


Imagen tomada de Deposite file.

—No es esa la pregunta que hay que hacerse querido Thomas de Quincey. La pregunta es ¿por qué nos casamos? O una vez agotada la utilidad sexual de la legítima esposa ¿por qué no nos divorciamos?

—Con la iglesia hemos topado querido Sancho, que diría Catalina de Erauso la famosa monja alférez española— contesto el joven Thomas.

—Lejos estamos de vivir en una sociedad libre, el imperio, la cristiandad requiere del matrimonio como piedra angular de su funcionamiento. Que no sea económico, que se resquebraje entre nuestras manos no nos saldrá gratis. Frustración, rabia en los maridos que evidentemente son los principales clientes actuales de las meretrices. Monstruos han de venir que nos pongan ante el espejo la sociedad que estamos creando.

—Yo sin embargo, diputado Ricardo, y a pesar de ello amigo del alma, veo en las mujeres, en la futura liberación de las mujeres la única manera de revertir el terrible efecto de las plétoras, aunque haga tambalearse el edificio del imperio británico, la humanidad y el matrimonio. Pero lejos están esos tiempos, brindemos por el rey Jorge IV, por el futuro y los triunfos literarios de Quincey– brindaron y el viejo clérigo retomó la palabra: —y contestando a su anterior pregunta joven Thomas, yo ya hace algunos años que por 20 chelines no molesto a mi mujer.


by PacoMan

 

 

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PacoMan


En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de cuatro lustros.

Economista y de vocación docente. En la actualidad sobrevive como puede: lo que viene siendo malvivir.

Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando sube posts a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po




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Actualizada el 28/08/2023



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