viernes, 16 de agosto de 2013

Bar restaurant La Guairita:
El punto y la línea en Valencia, la de Venezuela.
Por Yuri Valecillo







La Guairita: el punto y la línea



Valencia, la de Venezuela, es una ciudad larga, como un chorizo o una longaniza,  entre una gran casa de cultura que es su antiguo Ateneo y un símbolo universitario. “La otrora ciudad” ya no tiene universidad, la Universidad de Carabobo queda en Bárbula, Municipio Naguanagua.

Con boína Ramon Belisario, en el centro Jose Tavares, le sigue Pedro Tellez y Ania Alvarado. Foto de Yuri Valecillo



Lo que si tiene la ciudad es sentido de pertenencia y gran arraigo en la palabra y las formas de los que nacimos en ella o cerca de ella, decimos Soy de Valencia y pocos lo pueden decir aunque nacieran en los municipios vecinos.


Y dentro de esos espacios simbológicos que hacen las ciudades, en La Candelaria, calle Rangel cruce con Carabobo está el espacio cultural y político más importante de la ciudad; algo así como el “Chicote” ese bar de Madrid del que escribió Hemingway y donde plasmó algunos textos magistrales de la Guerra Civil Española.

 

La Guairita es un espacio de discusión, análisis y donde el gobierno, o partidarios del gobierno y oposición juegan dominó, comparten cervezas y no se declaran la guerra. Se habla sobre mil temas y se coloca de cabeza al mundo y al sistema solar, se conversa de poesía, de artistas e inclusive nos ponemos a reír de los malos chistes de algún parroquiano y no es por nombrar al indio Roger Jiménez que para muchos es el peor contador de chistes de Barquisimeto y por eso lo mandaron a Valencia a hacer de la vida de esta ciudad, ya de por si aburrida, a hacerla insoportable. Pero el indio Roger cayó en La Guairita y los bebedores y jugadores de dominó le aplaudimos sus cuentos.


Pedro Tellez  y Ania Alvarado. Foto de Yuri Valecillo
En La Guairita convive la gente del sur y del norte de la ciudad. El sur abandonado por uno y otro gobierno sin importar el color, y el norte donde las promesas si se cumplen sin importar el color del que prometió.






Al bar restaurant, según dice el cartel que está a la entrada, lo atiende José Tavare, José es un tipo particular tiene cientos, miles de discos de acetato, discos que vienen desde la década de los 50 a la fecha y lo fascinante es que no importa lo que le pidas José Tavare lo encuentra en un santiamén, lo coloca y nos deleita con música de acetatos que creíamos perdidos con esto de las nuevas tecnologías. 


En este lugar funcionan de manera casi clandestina grupos de artistas, políticos y poetas que bautizan, o preparan el bautizo de su próximo libro, se celebran aniversarios de partidos políticos venidos a menos o ya desaparecidos en el caso del MIR donde militó Orlando Zavaleta, al que profeso amistad aunque creo que él no a mí y es que eso de ser un militante disciplinado tiene sus bemoles.


Ania Alvarado, Yuri Valecillo, Ramón Belisario, José Tavares, Israel Sotillo, Aminta Beleño, Quintin Hernández y otros amigos. Foto de Yuri Valecillo
La Guairita es un espacio donde vamos a celebrar bautizos y nacimientos, llegadas de noche o del día y su propietario José, quien también cultiva orquídeas y cachamas y al tiempo juega dominó y nos platica de sus logros maravillosos como cultivador de orquídeas. Yo he visto algunas plantas que llegan a tener 26 flores, José las cuida como la niña de sus ojos.


La Guairita tiene más de 80 años de servir y deleitar a los visitantes que paramos allí en busca de un abrevadero amable y menos "ciberpunk" donde entre palabras y cebadas nos regocijamos de vivir a nuestro modo.


La Guairita entonces se transforma en un espacio donde van los amigos a platicar de sus logros y deslogros o algún abogado va con “buenas intenciones”  y cuenta como fue el caso de un título falso o de un documento que le permitiría ser acreedor de títulos nobiliarios.


También es un lugar de asilo artístico y el pintor Cristóbal Ruíz recibió durante bastante tiempo asilo político y cultural en este espacio. Nuestras ciudades son poco agradecidas con los espacios que funcionan como sindicatos, tribunas políticas o artísticas y por eso a pesar de todo los parroquianos o clientes le damos la fortaleza suficiente para seguir haciendo vida en medio de la vida.

Salud al propio y al ajeno.




Yuri Valecillo







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