miércoles, 24 de mayo de 2017

CARLOS EDUARDO FRÍAS:Un escritor debe ser espejo del destino de su pueblo.





Estimados Liponautas


Hoy es miércoles de estrenos cinematográficos en Venezuela y de estrenos de material inédito en el blog. La siguiente entrevista fue publicada por El Nacional en su edición aniversaria número 69 y la montó en la red durante un tiempo. Ya la página no existe y como una de nuestras motivaciones es rescatar y difundir el material literario de nuestro país aquí se las traemos a ustedes. Más en estos momentos donde la afirmación de Carlos Eduardo Frías tiene una vigencia sorprendente.

Deseamos disfruten de la entrada.


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Preguntas sobre periódicos y literatos 

Por Miguel Otero Silva

En Carlos Eduardo Frías coexisten dos ciudadanos. En él conviven el jefe de la poderosa agencia de publicidad ARS y un intelectual de prestigio.


Caricatura de Miguel Otero Silva.


Pertenece a la Cámara de Comercio y  la Asociación de escritores, al Rotary Club y al Ateneo. Ama la contabilidad y la poesía. Y no se confunden los guarismos con las metáforas.


Irrumpen en El Nacional las dos personalidades. El publicista Frías se detiene en la administración y expone un criterio positivista sobre nuestra pauta de avisos. Y luego el intelectual Frías sube las escaleras que conducen a la redacción para corregir las pruebas de su ensayo literario acerca de la cifra poética de Otto De Sola.


Otto De Sola. 1954. Fotografía Hector López Orihuela

Frente a nuestro escritorio están los dos Frías, unificados en un risueño personaje de anchas espaldas. Magnífica ocasión para entrevistarlos a los dos.

‹¿Quieres contestarnos unas preguntas para El Nacional?


‹Encantado ‹responde el intelectual entre dientes, sin levantar la vista de las cuartillas que está corrigiendo.


‹A tu juicio. ¿Cuál periódico tiene mayor circulación en el país? ¿La Esfera o El Nacional?


El publicista alza el rostro aterrado. Es fácil leerle el pensamiento: Si digo que El Nacional me mata Suegart. Y si digo que La Esfera no salgo de aquí vivo. Pero el publicista de bien templados nervios se repone enseguida y dicta la respuesta cual si yo fuera su secretario:


El publicista: ‹Es sumamente difícil, aún para un publicista que tiene datos más fidedignos a la mano, determinar la circulación exacta de cualquier periódico venezolano. Hasta el presente nuestros cálculos son estimativos.


Y sonríe satisfecho de su escape tangencial. Yo insisto:





‹¿Y qué opinas de nuestro careo con La Esfera?


Ahora pisa terreno firme:


El publicista: ‹Considero muy saludable esta verificación de la circulación porque doy por sentado que todos los diarios de Caracas seguirán el ejemplo y obtendremos un censo general del tiraje. A los anunciadores en primer término, y a los lectores luego, les interesa despejar esa incógnita de la circulación exacta de los diarios venezolanos.


Y el intelectual Frías regresa a corregir sus pruebas. Pero la tercera pregunta va con él:


‹¿Qué es un escritor?

El intelectual: ‹Un escritor debe ser espejo del destino de su pueblo.



Antonio Arráiz

Es concisa la definición pero yo la entiendo. Y como en ese instante se acercan Antonio Arráiz y Otto De Sola, la charla se generaliza sobre literatura y literatos. Antonio menciona a Arturo Uslar Pietri y ese nombre me sugiere la cuarta pregunta que ando buscando:


Arturo Uslar Pietri

‹¿Es Arturo Uslar más útil a Venezuela como político o como escritor?


‹¡Eso no es una pregunta, eso es una bomba de tiempo! ‹interviene Otto De Sola.


Pero el intelectual Frías se ha comprometido a responderme.


El intelectual: ‹Reconozco en Arturo un valor positivo nuestro. Por tanto, en el plano que actúe desempeñará un papel de primera importancia. Nuestras letras han perdido con su temporal ausencia una segura cosecha ejemplar.


Pero como nuestro principal problema es el político-social, estimo que Arturo en los actuales momentos es más útil porque se encuentra en el sitio donde hombres más capaces exige el país.


Carlos Eduardo Frías se despide. Pero luego regresa a preguntarme:


‹¿Qué te pareció mi respuesta sobre Arturo? ¿Qué hubieras contestado tú?


Y yo, a mi vez en un aprieto:


‹No sé. Para juzgar si un hombre es útil en política, las más veces hay que esperar que finalice su actuación política.

Fuente:

http://especiales.el-nacional.com/69aniversario/miguel-otero-silva/p_preguntasbrsobre-periodicosbry-literatos.html

martes, 23 de mayo de 2017

Disfruten y compartan el nº 155 de la revista digital miNatura, especial sobre Científicos Locos




Estimados Liponautas.

Hoy colaboramos con 
Ricardo Acevedo Esplugas y Carmen Rosa Signes Urrea la dupla que impulsa la magnifica revista miNatura.

Esperamos que los liponautas disfruten de esta entrega.

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El origen más antiguo que hemos podido rastrear del término científico loco se pierde en los turbios finales del siglo XIX y se le adjudica a un anónimo abogado de Newark.

Pero no nos detuvimos ahí, y descubrimos a Johann Georg Faust (Knittlingen, Alemania, 1480); mago, astrólogo y alquimista trashumante; del cual se dice le acompañaban dos mastines infernales (regalo del propio Lucifer), murió durante la explosión de su laboratorio en 1550. Este Faust (o Faustus del Latín “El Feliz”) inspiró a Goethe, quien le dio la solidez de mito universal.

El científico loco es un personaje marcado por la tragedia, despreciado por sus iguales y temido por la muchedumbre, siempre dispuestas a cargar con el fuego y la horca ante lo que no comprenden. Por ello quizá se refugia en viejos castillos entre tics e incontrolables ataques de risas histéricas. Temamos al Científico loco porque de él es el mundo del mañana.


Disfruten y compartan el nº 155 Científicos Locos de la revista digital miNatura.

Gracias por su paciencia

Un gran abrazo

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Revista Digital miNatura Nº 155 Científicos locos

La Revista de los Breve y lo Fantástico

Asociación Cultural miNatura Soterrània

ISSN: 2340-977

Directores: Ricardo Acevedo Esplugas y Carmen Rosa Signes Urrea

Editor: Ricardo Acevedo Esplugas

Portada: Científicos locos / Rubén Paricio Font (España)

Contraportada: Threads_04 / Sergey Musin (Rusia)

Diseño de portada: Carmen Rosa Signes Urrea

Las colaboraciones deben ser enviadas a: minaturacu@yahoo.es

Sumario:

01/ Portada: Científicos locos / Rubén Paricio Font (España)

02/ FrikiFrases

03/ Editorial

05/ Acta del jurado del IX Certamen Internacional de Poesía Fantástica miNatura 2017

09/ XV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2017

13/ Póster: Alquimista / Francisco Lezcano Lezcano (España)
14/ Sumario

18/ Miedo, Mentiras y Tinta China: Locura transitoria situacional / Evandro Rubert (Brasil)

Cuentos:

19/ Esquizo / Salomé Guadalupe Ingelmo (España)

21/ Volverás a caminar / Tomás Pacheco Estrada (México)

22/ Remedio para el dolor de cabeza /Daniel Frini (Argentina)

23/ El moderno Prometeo / Carmen Rosa Signes Urrea (España)

25/ Frankenstein / Samir Karimo (Portugal)

26/ La ciudad del silencio / Pablo Martínez Burkett (Argentina)

28/ Un gran descubrimiento / Diego Galán Ruiz (España)

29/ De carne y hueso / Mari Carmen Caballero Álvarez (España)

31/ Odio a los científicos locos / Daniel Antokoletz (Argentina)

32/ Radio Doppler / Juan Pablo Noroña (Cuba / EE.UU.)

34/ Cuestión de género / Jaime Ignacio Magnan Alabarce (Chile)

36/ Sueño / Dolo Espinosa —seud.— (España)

37/ Lo que le dijo el monstruo al Dr, Frankenstein / Daniel Frini (Argentina)

38/ El último hombre / Diego Galán Ruiz (España)

39/ Academia de Lagado / Amilcar Rodríguez Cal (Cuba)

41/ Primer grado / Jaime Magnan Alabarce (Chile)

43/ Proyecto / Dolo Espinosa —seud.— (España)

45/ Piedad / Alfredo Ojeda Torres (Chile)

46/ Génesis de una nueva cadena alimenticia / Odilius Vlak —seud.— (República Dominicana)

48/ ¡Lo encontré! / Daniel Frini (Argentina)

49/ Solucionado / Ricardo Manzanaro Arana (España)

50/ El portal universal / Mª del Socorro Candelaria Zárate (México)

52/ Salvación / María Victoria Vázquez (Argentina)

54/ Descubrimientos científicos que se perdieron en la historia / Daniel Frini (Argentina)

55/ La planta roja / Francisco José Segovia Ramos (España)

57/ El descuartizamiento del doctor Lee / Sebastian Ariel Fontanarrosa (Argentina)

59/ My i-artificial romance / Sarko Medina Hinojosa (Perú)

61/ Robótica dental / Daniel Abrego (México)

63/ Emigración atómica / Dan Aragonz —seud.— (Chile)

65/ Desafío / Patricia J. Dorantes (México)

66/ Herencia / Manuel Santamaría Barrios (España)

68/ La vacuna /Francisco José Segovia Ramos (España)

70/ Experimentos fallidos / Sarko Medina Hinojosa (Perú)

72/ Una idea / José María Marcos (Argentina)

74/ Tecnocracia para el pueblo / Tom Huertas Pedreros —seud.— (Colombia)

76/ La araña / Purificación García Martínez (España)

78/ De mayor quiero ser científico loco / Israel Santamaría Canales (España)

80/ Vaciado / Mary Paniagua (República Dominicana)

81/ Agujeros de gusano / Xuan Folguera (España)

83/ No estoy loco / Mar Roca Mercader (España)

85/ El elixir / Lucas Berruezo (Argentina)

87/ El Prometeo renacentista / Iván Mayayo Martínez (España)

89/ Un gran tipo / Ariel Carlos Delgado (Colombia)

90/ Libro viviente / Pedro Luis Ibáñez Lérida (España)

92/ Dejé escapar a los cobayos / Horacio Botta (Uruguay)

Poesía:

94/ Él / Laura Izamar Velarde Garcilazo (México)

96/ El amputado / Lucía Pradillos Luque (España)

Artículo:

99/ Científicos locos y experimentos malditos / Tomás Pacheco Estrada (México)

105/ Científicos locos reales / Hernán Darío Grísales Ovíedo (Colombia)

116/ Nikola Tesla, de genio real a ‘mad doctor’ en la ficción / José Manuel Puyana (España)

Humor:

126/ Científico loco / Ariel Carlos Delgado (Colombia)

127/ Dr. Diaboliquillus / Manuel Santamaría Barrios (España)

128/ La Biblioteca del Nostromo: Korad; Letras y Demonios; Sobre los nerds y otras criaturas mitológicas (Guantanamera); Fragmentos de la tierra rota (Sportula); Fragmentos de terror; Ray Bradbury en el umbral de la eternidad (Samarcanda).

138/ Sobre los Escritores e Ilustradores

156/ Sobre las Ilustraciones

157/ Contraportada: Threads_04 / Sergey Musin (Rusia)

Sobre las ilustraciones:

Pág. 01 Científico loco / Rubén Paricio Font (España)

Pág. 13 El alquimista / Francisco Lezcano Lezcano (España)

Pág. 18 Fear, Lies & China Ink: Situational temporary insanity / Evandro Rubert (Brasil)

Pág. 19 S.t. / Glen Collins (EE.UU.)

Pág. 32 Tigrine / Yailín Pérez Zamora (Cuba)

Pág. 98 Obituario Darwin / Thierry Torres Rubio (Francia)
Pág. 126 Mad Scientist / Ariel Carlos Delgado (Colombia)

Pág. 127 Dr. Diaboliquillus / Manuel Santamaría Barrios (España)

Pág. 157 Threads_04 / Sergey Musin (Rusia)
Y en el próximo número:

Splatterpunk

Fuente:


http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/minatura/2017/05/13/revista-digital-minatura-155







lunes, 22 de mayo de 2017

MICROVALLEJIANAS



Queridos amigos frecuentes o no de esta página

La costumbre nos hace comunicarnos presuponiéndonos unos a otros. Ustedes, a quienes no vemos, leyendo lo que nosotros decimos en la presuposición de que seremos leídos y ustedes viniendo a la página presuponiendo que habrá un mensaje para que sea por ustedes leído. Un juego magnífico.

Hablando de juegos. Esta vez el crítico notable que se llama Alberto Hernández y que es asombrosamente prolífico y que se ha propuesto rescatar del olvido muchos textos que estuvieron a la sombra por bastantes años, nos trae un juego estimulante que seguramente nos hará sonreír, imaginar, escuchar incluso las voces a las que sólo nosotros podemos dar el timbre que escojamos en nuestra imaginación.

Es la presuposición de que el autor (digamos Alberto Hernández, aunque podría ser cualquiera de nosotros) va caminando por una calle de Niza, o de Viena o de Lima y ve al poeta Vallejo sentado en un banco de una plaza. Sí, a César Vallejo en persona, un poeta que cuando estaba vivo y a la mano, los que tenían que verlo y escucharlo no lo hicieron. O muy pocos. Vaya, una oportunidad perdida.

El autor, digamos Alberto o quien sea, se pone a hablar con Vallejo y a sugerirle cosas, juegos, conversaciones, imaginaciones y Vallejo no se pierde esa oportunidad de imaginar en la imaginación. Una oportunidad extraordinaria que se extiende hasta nosotros.

Disfrutemosla. Yo la disfruté y presupongo que también ustedes lo harán. Por qué no.


Graciela Bonnet


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Alberto Hernández

1.-
Veo a César Vallejo sentado en un banco de una plaza en Niza. Paso por un lado y lo saludo. No me responde. Me alejo de él y lo observo: mi cámara fotográfica tarda un poco en asimilar la luz mortecina de un invierno tosco y sordo. El poeta tiene una pierna doblada sobre la rodilla de la otra. Los brazos cruzados. El pelo recién peinado. Su perfil incaico hace que los paseantes se fijen en su rostro de piedra.

Camino frente a él y lo oigo decir:

André Breton cuenta que Philippe Soupault salió una mañana de su casa y se echó a recorrer París, preguntando de puerta en puerta:

-¿Aquí vive el señor Philippe Soupault?

Después de atravesar varias calles, de una casa desconocida salieron a responderle:

-Sí, señor, aquí vive el señor Philippe Soupault”.

Noté una leve arruga en el lado izquierdo de la boca de Vallejo. Creo que sonreía. Su rostro pétreo, color tierra, recibió una porción de nieve que, momentáneamente, lo cegó.

Entonces dejó de sonreír y se limpió la cara.

A su derecha, como esperando que algún pájaro cantara, apareció el señor Soupault con un paraguas.

2.-

Pensé en la locura de Vallejo, en ese impulso profundo del espíritu que hace que hable y se deje oír. Accioné de nuevo la cámara y volteó a verme. Ahora, pensé, lo tomaré de frente. Me apuntó con la mano con la que escribió “Trilce” y me dijo:

“Un detective que figura en una novela de Chesterton, empeñado en encontrar el lugar donde se ocultaba un criminal, dio con él, guiado y atraído por ciertos detalles raros que ofrecía, en su arquitectura, la casa donde estaba escondido el delincuente”.

Cerré los ojos para imaginar la cara de Chesterton y me aparté un poco del alucinado poeta de las alturas andinas. 

Cada vez que habla, relata una breve historia. Creo que está lleno de ironía y burla. Ah, es surrealista un tanto el poeta, me digo a mí mismo como si yo no fuera yo mismo.

3.-

He permanecido mucho tiempo bajo el cielo borroso de Niza con la sola intención de espiar a César Vallejo. Y cada vez que lo veo, se me ocurre una historia que no logro contar, pero sí lo oigo pronunciar:

“Le vi pasar tan rápido, que no le vi”.

Oigo la risita entrecortada del hombre sentado. Pienso en Rodin y elimino la idea de este texto. No es Rodin, es Vallejo, quien en un pequeño salto existencial pronuncia en perfecto peruano:

“Estuve lejos de mi padre doscientos años y me escribían que él vivía siempre. Pero un sentimiento profundo de la vida, me daba la necesidad entrañable y creadora de creerle muerto”.

Casi se ahogó al final de la última palabra pronunciada. Se levantó del banco invernal y cerró los párpados con fuerza. Me miró y se sentó de nuevo. Imaginé –siempre imagino- con la intención de que lo volviera a retratar. Pero no se me ocurrió.

Balbuceó con sorna:

“Un personaje teatral: un ciego que dice y siente cosas formidables para los que tienen sus ojos”.
Me hizo pensar. 

Una señora culona pasó empujando un coche con un cerdito muy bebé. Vallejo se incorporó y lo miró, entonces abrió la boca con cierta desmesura, cosa rara en él, y sopló:

“Mi amargura cae jueves”.

Poeta, fue poeta un rato. Pero después, dejó a un lado al poeta que era:

“Un transeúnte dice:

-Tome usted 5 soles.

-Gracias. No.

-Agárrelos, por favor.

Etc., etc.”

Y se echó a reír. Casi llora.

4.-

Anochecía en el parque. Ya no lo veía casi. Un retardo en la iluminación, o la niebla, no me dejó captarlo muy bien. Sin embargo pude escuchar:

“-Te debo 20 francos; préstame 5 y te quedaré debiendo 15. ¿Comprendes?”

Tosí con ganas de reír, pero me abstuve.

Me aparté de él y me escondí detrás de un árbol cuyo tronco era inmenso. Él se levantó del banco y sacó un paraguas del bolsillo con una naturalidad increíble.

Me pasó por un lado con el paraguas abierto. Se dirigió a mí con paso ligero y soltó:

“-Va a hacer caca y por eso se pone los anteojos”.

Y en diciendo esto, se perdió en la oscuridad.

No era raro en él.

(Todos los textos de Vallejo fueron tomados de “Contra el secreto profesional”, libro publicado por el Fondo Editorial Tropykos, Colección Paria, Caracas 1992).



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Graciela Bonnet


 Nació en Córdoba, Argentina, en 1958. Es Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela (1984). Ha trabajado 25 años como correctora de pruebas y supervisora de ediciones por contrato para todas las editoriales venezolanas, entre ellas Monte Avila, Planeta, Biblioteca Ayacucho, ediciones de la Casa de la Poesía, Pomaire, Eclepsidra, Santillana, Editorial Pequeña Venecia, La Liebre Libre. Experiencia de tres años como redactora free lance para una editorial de libros de autoayuda. Escritora fantasma (sin firma) realizó investigaciones para crear libros, novelas, tesis y monografías.Es dibujante amateur. En 1997 el grupo editorial Eclepsidra publicó su poemario "En Caso de que Todo Falle." En 2013 editorial Lector Cómplice editó "Libretas Doradas, Lápices de Carbón" En el año 2000 participó del encuentro de Mujeres Poetas en Cereté, Colombia.




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Alberto Hernández

Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952. Poeta, narrador y periodista. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua. 

Fundador de la revista literaria Umbra, es miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo y colaborador de publicaciones locales y  extranjeras. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria.

Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999).  Recientemente ha publicado «Poética del desatino» y «El sollozo absurdo».