domingo, 19 de febrero de 2017

LOS COMICS DE SUPER-HEROES. Parte IV/VI:

La Edad de Plata




Estimados Amigos

Llegó el domingo acompañado con el suplemento dominical de comiquitas. Hoy continuamos con la cuarta entrega de la fascinante historia de los superheroes realizada por el escritor español Joan Antoni Fernández. Aún quedan dos episodios más

Deseamos disfruten de la entrada.


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Las limitaciones que el Comics Code imponía a las historias de super-héroes fueron ayudando a que éstos cayeran en un abandono preocupante. A principios de los 50 tan sólo Superman, Batman y Wonder Woman seguían con sus colecciones, aunque la cosa no era para tirar cohetes. La editorial Atlas (antigua Timely) intentaba seguir los pasos de DC y, animada por el relativo éxito de su rival, sacó de nuevo a sus más antiguos y populares super-héroes. Namor, The Human Torch y Captain America recuperaron de forma breve sus títulos para luchar contra el enemigo comunista. Con un tono muy extremista y conservador, reflejo de la "caza de brujas" del momento y donde hasta el antiguo nazi Cráneo Rojo (la Calavera roja en latinoamérica) pasaba a ser un malvado agente soviético, el intento no fructificó y los personajes volvieron a caer en el olvido.



Pero todo cambió de súbito con un número especial de la DC, convirtiendo de nuevo a los super-héroes en fuente de ingresos. La serie Showcase era un cómic mensual donde se presentaban héroes uniformados como bomberos o policías. Sin embargo en el número cuatro reaparecía un viejo conocido del público: The Flash. Pero este personaje tan sólo se parecía a su predecesor de la Era de Oro en el nombre y en sus poderes. Recreado por el guionista Robert Kanigher y el dibujante Carmine Infantino, caló hondo entre el público lector y abrió el camino para que le siguieran toda una pléyade de compañeros. El estilo de dibujo de Carmine Infantino fue un auténtico revulsivo. Con un trazo mucho más realista y estilizado, sabía aprovechar al máximo la composición de las viñetas y las páginas.



Aunque hay quien toma la aparición de Martian Manhunter (El Detective Marciano) en noviembre de 1955 como el pistoletazo de salida, no es hasta la llegada de The Flash que la Edad de Plata adquiere carta de naturaleza. Naturalmente el éxito obligó a realizar nuevas adaptaciones de otros personajes clásicos. Así no tardaría en aparecer también (1959) la versión remozada de Green Lantern (Linterna Verde) por John Broome. Aprovechando el tirón, en marzo de 1960 aparecería por primera vez la Justice League of America, basada en la antigua Justice Society of America (JSA), serie publicada en los años cuarenta. Este grupo vio la luz por primera vez en The Brave and the Bold 28, con guiones de Gardner Fox y dibujos de Mike Sekowsky. En sus páginas se veía luchar codo con codo a los personajes más emblemáticos del momento, como Superman, Batman, Wonder Woman, Green Arrow y Aquaman entre otros. Se habían cimentado las bases para crear los grupos de super-héroes.



Pronto DC inició lo que llegaría a llamarse el "Multiverso DC". En "El Flash de dos mundos" (setiembre de 1961), el superhéroe actual, Barry Allen, iba a parar a una tierra paralela donde habitaba el antiguo Flash de la Edad de Oro. De esa forma nacía "Tierra 2". Pero saldrían muchas más: "Tierra 3" era un mundo donde los buenos eran malos y viceversa, "Tierra S" era donde vivía Captain Marvel, personaje cuyos derechos  habían sido comprados a Fawcett Comics, y así podríamos seguir hasta la saciedad. Llegó un momento que los propios lectores se perdían entre tantas tierras paralelas y DC tuvo que hacer "limpieza general". Pero eso sería años más tarde.



Por su parte, Atlas seguía dando palos de ciego en su intento por arrebatar mercado a su rival. Títulos como Strange Tales o Journey Into Mistery presentaban relatos cortos, repletos de magia y ciencia-ficción. Se vendían bien pero no arrasaban, faltaba algún ingrediente en el conjunto. Claro que la situación iba a cambiar bien pronto.



También corría el año 1961 cuando Martin Goodman, máximo responsable de Atlas (o Marvel Comics, como sería llamada en breve), hizo un encargo a Stan Lee, editor de la casa. Se trataba, ni más ni menos, que copiar de forma descarada la exitosa Justice League of America de DC, utilizando personajes de la propia factoría.



Stan Lee buscó la colaboración de un dibujante de prestigio, Jack Kirby, y entre ambos crearon The Fantastic Four (Los Cuatro Fantásticos). El planteamiento resultó muy original para la época. Huyendo de personajes anteriores, a excepción de un remozado Human Torch, se concibió una historia bien atípica. Aquellos nuevos héroes eran diametralmente opuestos a todo lo creado hasta la fecha. En primer lugar iban sin disfraces y carecían de identidades secretas, además de estar siempre discutiendo entre ellos. Su comportamiento era como el de cualquier ser humano normal, lejos del mesianismo que hacían gala los personajes de la competencia. Ellos se mostraban acuciados por problemas y preocupaciones mundanas. Unos elaborados diálogos atrapaban la atención de sectores de público más refinados, aumentando el interés hacia sus historias.




En su primer número (The Fantastic Four 1) fueron presentados Reed Richards, Ben Grimm, Susan Storm y Johnny Storm. A consecuencia de un frustrado vuelo a la Luna estos primerizos astronautas eran expuestos a los rayos cósmicos, obteniendo unos poderes que les hacían convertirse en Mister Fantástico, la Cosa ( La Mole en latinoamérica), la Chica Invisible y la nueva Antorcha Humana. Juntos, formaban el grupo de los Cuatro Fantásticos y ayudaban a la humanidad luchando contra toda amenaza que se terciara, comunistas incluidos. Aunque el esquema resultaba clásico existían conceptos nuevos dentro de la situación. La Cosa se nos presentaba como un héroe amargado a quien el poder también había traído una fealdad difícil de soportar, por lo que a veces incluso arremetía contra sus propios compañeros. En cuanto a la Antorcha, era un adolescente impetuoso que desobedecía con frecuencia las órdenes de sus compañeros adultos. En el número cuatro volvía a aparecer Namor, esta vez como villano que despertaba sentimientos de atracción en la Chica Invisible, siendo un obstáculo entre ésta y Mister Fantástico. Otro detalle importante fue el asentamiento del grupo en el mismísimo Nueva York, huyendo de la tendencia a tener a los super-héroes en ciudades imaginarias.



Tal vez el éxito de la colección se basó en la idea de Stan Lee: "Super-héroes con superproblemas". Lo cierto es que aquel concepto caló entre el público. Así, en mayo de 1962 aparecía The Incredible Hulk. El científico Bruce Banner, también por culpa de un malvado espía soviético, resultaba expuesto a la radiación de una bomba gamma. Como consecuencia de ello, cuando se enfadaba, se convertía en una fuerza imparable de la naturaleza: un monstruo verde de fuerza descomunal, inmune a las balas y apodado Hulk. Otro personaje atormentado para quien sus poderes resultaban más un castigo que una bendición. Nuevas creaciones del momento fueron Iron Man, capaz de volar gracias a su armadura, y Thor, el dios escandinavo que se revitalizó en un intento descarado de rivalizar con Superman.



Fue en junio del mismo 1962 cuando un nuevo personaje entraba en escena, sacudiéndolo todo. Nacía Spider-Man. Su primera aparición fue en la revista Amazing Fantasy 15, la cual cerraba con aquel número. Esto demuestra la poca confianza que los editores tenían en el personaje. Pero Stan Lee había apostado fuerte por su creación. Se trataba de Peter Parker, un estudiante de quince años que era picado por una araña radioactiva, adquiriendo los poderes del insecto. Pero lo más llamativo de todo era que aquel protagonista era un perdedor nato, un chico lleno de angustias que supo conectar de inmediato con toda una corte de fieles seguidores. Se trataba de un tipo normal, ni demasiado guapo ni demasiado musculoso. Stan Lee decidió que el mejor dibujante sería Steve Ditko y rechazó los primeros bocetos de Jack Kirby



La elección resultó acertada, pues Ditko dejó a un lado el colosalismo de Kirby supo dotar al personaje de una fragilidad atrayente, con una movilidad sinuosa y torturada. Esta peculiar forma de dibujar explotaría artísticamente en la que está considerada su obra maestra: Doctor Strange. Por desgracia, diferencias de criterio con Stan Lee le harían abandonar Marvel al cabo de pocos años.



Tendríamos que esperar hasta 1963 para que la editorial Marvel crease su verdadera réplica a la Justice League of America de la DC. Serían The Avengers (Los Vengadores) y, desde luego, fueron dibujados por Jack Kirby. A diferencia de sus rivales de DC, este grupo no paró de modificarse, sufriendo importantes cambios en sus componentes. Pronto Hulk, Thor, Iron Man, El Hombre Hormiga y la Avispa, los componentes originales fueron variando en un cambio que ha sido la constante en dicha serie. También en 1963 Stan Lee creó Uncanny X-Men, un grupo que pasó sin pena ni gloria hasta su posterior estallido de popularidad, muchos años más tarde. Otro personaje discreto para la época fue Daredevil, quien también habría de aguardar tiempos mejores. Lo único cierto es que el talento creativo de Stan Lee, junto con Jack Kirby, creó toda una nueva galería de super-héroes que caló hondo en los lectores. Tal vez lo más importante fue la creación de un universo coherente que funcionaba con sus propias reglas. A Stan Lee se le debe la creación del por entonces revolucionario concepto de continuidad, que a la larga fue copiado por sus competidores. Todo lo que sucedía dentro del universo Marvel afectaba a sus moradores. Además, los personajes de Marvel envejecían, bien es cierto que a un ritmo mucho más lento que en la realidad, pero ya no eran esos seres estáticos de la DC, quienes jamás se veían afectados por los años y permanecían inmutables al devenir del tiempo. En cierta manera, eran más humanos.



Puede decirse sin temor que los años sesenta fueron una década prodigiosa para los cómics de super-héroes. En es lapso de tiempo se llegaron a forjar grandes mitos que aún hoy en día tienen plena vigencia. Fue una época maravillosa que, en cierta manera, potenció el crecimiento de un género que parecía estancado.


                                                                                   Joan Antoni Fernández





Esta historia continuará




Joan Antoni Fernández nació en Barcelona el año 1957, actualmente vive retirado en Argentona. Escritor desde su más tierna infancia ha ido pasando desde ensuciar paredes hasta pergeñar novelas en una progresión ascendente que parece no tener fin. Enfant terrible de la Ci-Fi hispana, ha sido ganador de premios fallidos como el ASCII o el Terra Ignota, que fenecieron sin que el pobre hombre viera un céntimo. Inasequible al desaliento, ha quedado finalista de premios como UPC, Ignotus, Alberto Magno, Espiral, El Melocotón Mecánico y Manuel de Pedrolo, premio éste que finalmente ganó en su edición del 2005. Ha publicado relatos, artículos y reseñas en Ciberpaís, Nexus, A Quien Corresponda, La Plaga, Maelström, Valis, Dark Star, Pulp Magazine, Nitecuento y Gigamesh, así como en las webs Ficción Científica, NGC 3660 y BEM On Line, donde además mantenía junto a Toni Segarra la sección Scrath! dedicada al mundo de los cómics. Que la mayoría de estas publicaciones haya ido cerrando es una simple coincidencia... según su abogado. También es colaborador habitual en todo tipo de libros de antologías, aunque sean de Star Trek ("Últimas Fronteras II"), habiendo participado en más de una docena de ellas (Espiral, Albemuth, Libro Andrómeda, etc.). Hasta la fecha ha publicado siete libros: "Reflejo en el agua", "Policía Sideral", "Vacío Imperfecto", “Esencia divina”, “La mirada del abismo”, “Democracia cibernética” y “A vuestras mentes dispersas”. Además, amenaza con nuevas publicaciones. Su madre piensa que escribe bien, su familia y amigos piensan que sólo escribe y él ni siquiera piensa.

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