jueves, 24 de diciembre de 2015

De cómo Panchito Mandefuá fue a cenar con el Niño Jesús

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Estimados Amigos

El 18 de Diciembre pasado se cumplió otro año del nacimiento de José Rafael Pocaterra  (Valencia, Estado Carabobo, 18 de diciembre de 1889 - Montreal, Canadá, 18 de abril de 1955), escritor valenciano, autor de los siguientes libros: Política feminista: o, El doctor Bebé (1910), Vidas oscuras (1912), Tierra del sol amada (1917), Memorias de un venezolano de la decadencia (1927), La casa de los Ábila (1946) y quizás el más conocido: Cuentos grotescos (1922, colección de relatos). Y por esta razón pensamos que lo más adecuado sería compartir con ustedes algún relato de su autoría para rendirle homenaje al enorme  talento local que tantas veces olvidamos.


José Rafael Pocaterra


Por ser 24 de Diciembre nos pareció que el cuento mas adecuado para obsequiarles era De cómo Panchito Mandefua fue a cenar con el Niño Jesús, relato perteneciente al libro Cuentos Grotescos. Este cuento tan duro y tan nuestro refleja la increíble capacidad de dar que tienen aquellos que poseen tan poco y también la posibilidad de alguien de crearse así mismo. Panchito un niño de la calle carente de apellido fue capaz de forjarse uno a su medida, es inevitable ver cierto paralelismo con el guerrero cimeriano que se coronó rey por propia mano. Este detalle no es más que una evidente referencia a ese rasgo tan valenciano de prestarle más atención a los apellidos (orígenes) que al buen hacer cotidiano de las gentes.  



Este cuento fue adaptado al cine en 1985 con el título Panchito Mandefuá dirigida por Silvia Manrique y protagonizada por Adrián Guacarán,en el papel de Panchito, el que fue un niño famoso por cantarle al Papa Juan Pablo II cuando visitó Venezuela en 1985. 

Visita del Papa Juan Pablo II 



Recientemente el 17 de noviembre de 2017 Adrian Guacarán  murió por falta de medicamentos en un hospital.  Guacarán fue otra de las victimas del régimen que padecen los venezolanos actualmente que por mantenerse atornillado al poder nos tiene condenados aparentemente a morir de mengua. 


Una foto reciente de Adrián Guacarán 


ENTÉRATE QUÉ SUCEDIÓ CON LA MUERTE DE ADRIÁN GUACARÁN




A continuación podrán escuchar el tema musical del filme Panchito Mandefuá interpretado por Adrián Guacarán.

Panchito Mandefuá - Adrián Guacarán (1985)



Este cuento es de 1922 y se nos ocurre pensar que su desenlace de alguna manera entronca con la despedida del doctor José Gregorio Hernández, el médico de los pobres.

Hoy mucha gente esta contenta y de fiesta sin percatarse que la desdicha visita la vida de miles de prójimos con los que alternamos sin brindarles un ápice de atención en las aceras de este burgo y de tantos otros repartidos en la cristiandad.




Hoy no esta de más recordar que tradicionalmente en nuestro país, nación de fuertes cimientos católicos, se suele decir que los pobres y mansos heredarán los cielos y desde este lugar recordamos que día a día debemos trabajar con ahínco para construir el Cielo en la Tierra.

Al final del relato podrán escuchar una adaptación radiofónica del cuento realizada por el locutor valenciano Victor Cadet.

Deseamos disfruten de la entrada y que tengan unas archipetaquiremandefuá festividades.




20/09/2025
Entrada actualizada el 18 de diciembre de 2023
25 de diciembre de 2017



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I

 A ti que esta noche irás a sentarte a la mesa de los tuyos, rodeado de tus hijos, sanos y gordos, al lado de tu mujer que se siente feliz de tenerte en casa para la cena de navidad; a ti que tendrás a las doce de esta noche un puesto en el banquete familiar, y un pedazo de pastel y una hallaca y una copa de excelente vino y una taza de café y un hermoso “Hoyo de Monterrey”, regalo especial de tu excelente vicio; a ti que eres relativamente feliz durante esta velada, bien instalado en el almacén y en la vida, te dedico este cuento de Navidad, este cuento feo e insignificante, de Panchito Mandefuá, granuja billetero, nacido de cualquiera con cualquiera en plena alcabala, chiquillo astroso a quien el Niño Dios invitó a cenar.

 II

 Como una flor de callejón, por gracia de Dios no fue palúdico, ni zambo, ni triste; abrióse a correr un buen día calle abajo, calle arriba, con una desvergüenza fuerte de nueve años, un fajo de billetes aceitosos y paltó de casimir indefinible que le daba por las corvas y que era su magnífico macferland de profundos bolsillos profundos, con bolsillito un pequeño para los cigarrillos, que era su orgullo, y que le abrigaba en las noches del enero frío y en los días de lluvia hasta cerca de la madrugada, cuando los puestos de los tostaderos son como faros bienhechores en el mar de niebla, de frío y de hambre que rodea por todas partes en la soledad de las calles, al pobre hamponcillo caraqueño. Hasta cerca de media noche, después de hacer por la mañana la correría de San Jacinto y del Pasaje y el lance de doce a una en las puertas de los hoteles, frente a los teatros o por el boulevard del Capitolio, gritaba chillón, desvergonzado, optimista: 

-Aquí lo cargooo…El tres mil seiscientos setenta y cuatro, el que no falla nunca ni fallando, ¡archipetaquiremandefuá…! 

El día bueno, de tres mil billetes y décimos, Panchito se daba una hartada de frutas; pero cuando sonaban las doce y sólo- después de soportar empellones, palabras soeces, agrios rechazos de hombres fornidos que toman ron- contaban en la mugre del bolsillo catorce o dieciséis centavos por pedacitos vendidos, Panchito metíase a socialista, le ponía letra escandalosa a “La maquinita” y aprovechaba el ruido de una carreta o el estruendo de un auto para gritar obscenidades graciosísimas contra los transeúntes o el carruaje del General Matos o de cualquiera de esos potentados que invaden la calle con un automóvil enorme entre una alarido de cornetas y una hediondez de gasolina…; y terminaba desahogándose con un tremendo “Mandefuá” donde el muy granuja encerraba como en una fórmula anarquista todas sus protestas al ver, como él decía, las caraotas en aeroplano. Quiso vender periódicos, pero no resultaba; los encargados le quitaron la venta: le ponía el “mandefuá” a las más graves noticias de la guerra, a las necrologías, a los pesares públicos:  
-Mira hijito- le dijeron- mejor es que no saques el periódico, tú eres muy Mandefuá.

 III

 Tuvo, pues, Panchito su hermoso apellido Mandefuá, obra de él mismo, cosa esta última que desdichadamente no todos son capaces de obtener, y él llevaba aquel Mandefuá con tanto orgullo como Felipe, Duque de Orleans, usaba el apelativo de Igualdad en los días un poco turbios de la Convención, cuando el exceso de apellidos podía traer consecuencias desagradables. Pero Panchito era menos ambicioso que el Duque y bastábale su “medio real podrido”- como gritaba desdeñosamente tirándoles a los demás de la blusa o pellizcándoles los fondillos en las gazaperas del Metropolitano. 

-Una grada para muchacho, bien ¡Mandefuá! De sus placeres más refinados era el irse a la una del día, rasero con la estrecha sombra de las fachadas, y situarse perfectamente bajo la oreja de un transeúnte gordo, acompasado, pacífico; uno de esos directores de ministerio que llevan muchos paqueticos, un aguacate y que bajan a almorzar en el sopor bovino del aperitivo: 

- El mil setecientos cuarenta y siete ¡mandefuá! 

- Granuja ¡atrevido! 

Y Panchito, escapando por la próxima bocacalle, impertérrito: 

-Ese es premiado, ¡no se caliente mayoral! 

El título de Mayoral lo empleaba ora en estilo epigramático, ora en estilo Elevado, ora como honrosa designación para los doctores y generales del interior a quienes les metía su numeroso archipetaquiremandefuá. Y con su vocablo favorito, que era panegírico, ironía, apelativo –todo a su tiempo-, una locha de frito y un centavo de cigarros de a puño comprado en los kioscos del mercado, Panchito iba a terminar la velada en el Metro con “Los misterios de Nueva York”, chillando como un condenado cuando la banda apresaba a Gamesson advirtiéndole a un descuidado personaje que por detrás le estaba apuntando un apache con una pistola o que el leal perro del comandante Patouche tenía el documento escondido en el collar. Indudablemente era una autoridad en materia de cinematógrafo y tenía orgullo de expresarlo entre sus compañeros, los otros granujas: 

-Mira, vale, para que a mí me guste una película tiene que ser muy crema. 

IV

Panchito iba una tarde calle arriba pregonando un número “premiado” como si lo estuviese viendo en la bolita… Detúvose en una rueda de chicos después de haber tirado de la pata a un oso de dril que estaba en una tienda del pasaje y contemplando una vidriera donde se exhibían aeroplanos, barcos, una caja de soldados, algunos diávolos, un automóvil y un velocípedo de “ir parado”… Y, de paso rayó con el dedo y se lo chupó, un cristal de la India a través del cual se exhibían pirámides de bombones, pastelillos y unos higos abrillantados como unas estrellas.

En medio del corro malvado, vio una muchachita sucia que lloraba mientras contemplaba regada por la acera una bandeja de dulces; y como moscas, cinco o seis granujas, se habían lanzado a la provocación de los ponqués y de los fragmentos de quesillo llenos de polvo. La niña lloraba desesperada, temiendo el castigo. Panchito estaba de humor; cinco números enteros y seis décimos ¡ochenta y seis centavos! La sola tarde después de haber comido y “chuchado”… Poderoso. Iría al Circo que daba un estreno, comería hallacas y podría fumarse hasta una cajetilla. Todavía le quedaban dos bolívares con que irse por ahí, del Maderero abajo para él sabía qué… 

¡Una noche muy crema!

Seguía llorando la chiquilla y seguían los granujas mojando en el suelo y chupándose los dedos… 

Llegó un agente. Todos corrieron, menos ellos dos.

 -¿Qué fue? ¿Qué pasó? 

 Y ella sollozando: 

- Que yo llevaba para la casa donde sirvo esta bandeja, que hay cena para esta noche y me tropecé y se me cayó y me van a echar látigo… Todo esto rompiendo a sollozar. Algunos transeúntes detenidos encogiéronse de hombros y continuaron.

 -Sigan, pues- les ordenó el gendarme. 

 Panchito siguió detrás de la llorosa.

 -Oye, ¿cómo te llamas tú? 

 La niña se detuvo a su vez, secándose el llanto.

 -¿Yo? Margarita 

 -¿Y ese dulce era de tu mamá?

 -Yo no tengo mamá. 

 ¿Y papá? -Tampoco

 -¿Con quién vives tú? 

 -Vivía con una tía que me “concertó” en la casa en que estoy.

 -¿Te pagan? 

-¿Me pagan qué? Panchito sonrío con ironía, con superioridad:

 -Guá, tu trabajo: al que trabaja se le paga, ¿no lo sabías? 

Margarita entonces protestó vivamente:

-Me dan la comida, la ropa y una de las niñas me enseña, pero es muy brava.

 -¿Qué te enseña? 

-A leer… Yo sé leer, ¿tú no sabes? 

 Y Panchito, embustero y grave: 

-¡Pauh! Como un clavo… Y sé vender billetes, y gano para ir al cine y comer frutas y fumar de a caja…

 -Dicho y hecho, encendió un cigarrillo… Luego, sosegado:

-¿Y ahora qué dices allá?

 -Diga lo que diga, me pegan…- repuso con tristeza, bajando la cabecita enmarañada. 

-¿Y cuánto botaste? 

-Seis y cuartillo, aquí está lista- y le alargó un papelito sucio. 

-¡Espérate, espérate!- le quitó la bandeja y echó a correr. 

 Un cuarto de hora después volvió:

 -Mira, eso era lo que se te cayó, ¿nojerdá? 

Feliz, sus ojillos brillaron y una sonrisa le iluminó la carita sucia. 

-Sí…,era... 

Fue a tomarla, pero él la detuvo:

 - ¡No, yo tengo más fuerza, yo te la llevo!

 -Es que es lejos- expuso tímida.

 -¡No importa! Por el camino él le contó, también que no tenía familia, que las mejores películas eran en las que trabajaba Gamesson y que podían comerse un gofio…

 -Yo tengo plata, ¿sabes?- y sacudió el bolsillo de su chaquetón tintineante de centavos. 

Y los dos granujas echaron a andar. 

Los hociquillos llenos de borona, seguían charlando de todo. 

Apenas si se dieron que llegaban.

 -Aquí es… dame. 

 Y le entregó la bandeja. 

 Quedarónse viendo ambos los ojos: 

-¿Cómo te pago yo?- le preguntó con tristeza tímida. Panchito se puso colorado y balbuceó: 

-Si me das un beso. 

-¡No, no! ¡Es malo! 

-¿Por qué…? 

-Guá, porque sí… 

Pero no era Panchito Mandefuá a quien se convencía con razones como ésta; y la sujetó por los hombros y le pegó un par de besos llenos de gofio y de travesura. 

-Grito…, que grito… 

Estaba como una amapola y por poco tira otra vez la dichosa dulcera. 

-Ya está, pues, ya está. De repente se abrió en anteportón. Un rostro de garduña, de solterona fea y vieja apareció: 

-Muy bonito el par de vagabunditos estos!- gritó. El chico echó a correr. Le pareció escuchar a la vieja mientras metía dentro a la chica de un empellón. 

-Pero, Dios mío, ¡qué criaturas tan corrompidas éstas desde que no tienen edad! ¡Qué horror!

 V

 ¡Era un botarate! No le quedaban sino veintiséis centavos, día de Noche Buena… Quien lo mandaba a estar protegiendo a nadie…

 Y sentía en su desconsuelo de chiquillo una especie de loca alegría interior… No olvidaba en medio de su desastre financiero, los dos ojos, mansos y tristes de Margarita. ¡Qué diablos! El día de gastar se gasta “archipetaquiremandefuá…

VI

 A las once salió del circo. Iba pensando en el menú: hallacas de “a medio”, un guarapo, café con leche, tostadas de chicharrón y dos “pavos rellenos” de postre. ¡Su cena famosa! Cuando cruzaba hacia San Pablo, un cornetazo brusco, un soplo poderoso y Panchito Mandefuá apenas quedó, contra la acera de la calzada, entre los rieles del eléctrico, un harapo sangriento, un cuerpecito destrozado, cubierto con un paltó de hombre, arrollado, desgarrado, lleno de tierra y de sangre.. Se arremolinó la gente, los gendarmes abriéndose paso…

 -¿Qué es? ¿Qué sucede allí?

 -¡Nada hombre! Que un auto mató a un muchacho “de la calle”

 -¿Quién…? ¿Cómo se llama…?

 -¡No sé sabe! Un muchacho billetero, un granuja de esos que están bailándole a uno delante de los parafangos…- informó, indignado, el dueño del auto que guiaba un “trueno”.

VII

 Y así fue a cenar en el Cielo, invitado por el Niño Jesús esa Noche Buena, Panchito Mandefuá…


 
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Richard Montenegro. Perteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana; en las revistas electrónicas hispanas Alfa Eridiani, Valinor y Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.


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Actualizada el 18/12/2023
24/12/2022



miércoles, 23 de diciembre de 2015

Tres años caminando juntos con Ficción Científica.

Un prologo de Miguel Santander

Descarga aquí el libro




Estimados Amigos

Hoy tenemos el gusto de obsequiarles, recordemos que estamos a pocas horas de la Navidad, con el prólogo que el escritor español Miguel Santander hizo para la antología de la nave de propulsión volitiva (algunos le llaman  sitio web) Ficción Científica, comandada por José Antonio Cordobés, del año 2015 titulada Tres años caminando juntos.

Al final del texto tienen el hiperenlace para que puedan descargar este libro que atesora mágnificos relatos.

Deseamos disfruten de la entrada.

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Prólogo 



Dicen que la tarea del autor de ciencia-ficción es adelantarse a las nuevas tecnologías y alertar a la sociedad de los peligros que le aguardan en el camino si toma algunas malas decisiones. No en vano, muchos aspectos de la realidad social y tecnológica de hoy fueron imaginados y plasmados en papel, precisamente, por escritores de ciencia-ficción de ayer. 

Claro que, si esa fuera su única tarea, entonces la literatura de género estaría llena de predicciones fallidas que nos resultarían harto ridículas. O, en otras palabras, ¿dónde están mi coche volador y mi jetpack? Y, sobre todo, ¿dónde está el famoso monolito ese de 2001 con el que daremos el próximo paso evolutivo? (¡que me devuelvan el dinero!). No, en realidad, la ciencia-ficción —y la literatura fantástica en general— es mucho más rica y compleja que todo eso. Busca maravillarnos, transportarnos lejos en el tiempo o en el espacio para despertar en nosotros el asombro, para removernos por dentro con una historia en la que podamos ver reflejados nuestros miedos, nuestras aspiraciones, nuestra humanidad, en definitiva.

Así lo atestiguan los treinta y un relatos de ciencia-ficción, fantasía y terror que componen este libro con el que Ficción Científica —que a estas alturas no requiere presentación alguna— celebra su tercer aniversario. Una radiografía, si se quiere, de algunas cosas que nos preocupan o nos maravillan. 

Nos preocupa la tecnología, sí. Aquí leeréis historias sobre aplicaciones perversas de la ingeniería genética, o sobre cómo las futuras tecnologías pueden cambiar el panorama laboral de maneras insospechadas. Asistiréis a futuros lúgubres en los que la nanotecnología de reconstrucción celular es una realidad; atravesaréis el tiempo gracias a la hibernación criogénica para ser testigos del despertar en un mundo por completo ajeno. 

Nos preocupa también el tejido social. La vertiente social de la ciencia-ficción no es menos importante que la tecnológica, y así lo veréis reflejado en varios relatos, ya sea sufriendo la demencia senil en una realidad que uno ya no comprende, o con la incomunicación en el seno familiar, que las nuevas tecnologías quizá no consigan reparar, pese a sus promesas. Y notaréis, ya os lo aviso, el dedo de la crítica social sobre vuestro pecho en una curiosa analogía sobre el consumo de carne y la crueldad del verdugo, que solo se siente del lado de la víctima. 

Entre la vertiente más social de estos relatos no podía faltar, naturalmente, la distopía, una herramienta habitual con la que el escritor lleva a la reflexión sobre aspectos nocivos de la sociedad presente, o de aquella hacia la que nos encaminamos: en estas páginas leeréis sobre la vuelta a la esclavitud (¡no con ese nombre tan feo, por supuesto!), ya sea impuesta mediante la aplicación de la ingeniería genética o por medio de las deudas, que garantizan a los acreedores el usufructo del cuerpo del deudor como fuerza de trabajo. Incluso visitaréis una suerte de distopía totalitarista empeñada en acabar con la obesidad de manera expeditiva. 

El Apocalipsis, el final, el colapso de la civilización y la supervivencia tras éste es otro tema al que hemos sabido sacar punta. Os invito a seguir la extraña vida del último ser humano sobre el planeta, y a conocer el curioso destino de los clásicos de ciencia ficción después de que la civilización entera se haya ido a la porra. 

Nos preocupan —quizá sea más correcto decir que nos maravillan—, además, el tiempo y el espacio, que la concepción moderna de la física ha hecho flexibles y mutables, susceptibles de vueltas y revueltas que solo la ciencia-ficción ha sabido explotar para contar historias que de otro modo habrían resultado imposibles. Así, seréis partícipes de un sorprendente hallazgo arqueológico en la cuna de la humanidad, en el que pasado presente y futuro se mezclan de forma extraña y maravillosa. Viajaréis a una Cuba ucrónica en la que la historia del país y del mundo entero ha sido muy diferente (o quizá no tanto). Leeréis un curioso homenaje a Howard Phillips Lovecraft, maestro de la literatura de terror, que os narrará una escalofriante historia que explotará el suspense y la angustia propios de aquel escritor. 

El misterio de la vida, un concepto tan sorprendentemente esquivo que ni siquiera hemos sabido definir correctamente, también nos apasiona. Aquí descubriréis, siguiendo el proceso riguroso y metódico propio de la ciencia, nuevas e imaginativas formas de vida; asistiréis al nacimiento y despertar a la vida desde la perspectiva de una planta; y os horrorizará el reciclaje de cadáveres para labores militares. 

La religión, el origen de la fe, los mitos con los que explicamos el mundo que nos rodea y a nosotros mismos, son otro de los temas estrella de este género, precisamente, supongo, por la facilidad con que uno se presta a reflexionar sobre uno de los pilares de la sociedad en la que vive inmerso si le presentan el tema espinoso convenientemente «disfrazado» tras una analogía, como las vueltas de tuerca al Génesis y la creación de Adán y Eva, que encontraréis en dos relatos, en los que tienen cabida los robots, o incluso los extraterrestres.

Y el amor, claro, esa fuerza que creemos capaz de todo cuando nos embarga y que la literatura fantástica ha sabido explorar más allá de lo mundano. Sirvan de ejemplo el insólito reencuentro de dos amantes con capacidad de vislumbrar el futuro, la dualidad de un amor pasional y destructivo y sus consecuencias cuando los protagonistas son un vampiro y una bruja, el perturbador y misterioso efecto de una atracción de feria o un triángulo amoroso bastante peculiar. 

Pero eso no es todo. La guerra, con una surrealista invasión planetaria en clave de humor; el horror de ser testigo directo de la evolución de mentes peligrosamente perturbadas; el terror —existencial y físico— de que te arrebaten tu cuerpo; un insólito proceso de creación de superhéroes; o los asesinos en serie (¡humanos o incluso robóticos!); todos ellos tienen cabida en estas páginas que no dejan de atestiguar que la capacidad humana para imaginar y narrar historias es prácticamente infinita. 

De modo que pasen y lean. Por mi parte, solo me queda desear una feliz tercer órbita a Ficción Científica y a su capitán, el gran —en más de un sentido— Jose Antonio Cordobés. A sus pies, maestro. 

Miguel Santander Agosto de 2015




Descarga la Antología Tres Años Caminando Juntos pulsando aquí.

Índice de Tres Años Caminando Juntos 

1−2  Prólogo [Tres años caminando juntos] [Prólogo/Epílogo] de Miguel Santander  (2015)  

3−11  Terapia de progresión [Relato Corto] de Anabel Enríquez Piñeiro  (2015)  

12−13  Estación A [Relato Corto] de Carmen Rosa Signes Urrea  (2009)  

14−20  Granjeros espaciales [Relato Corto] de Cano Farragute  (2015)  

21−27  Tenía la carta en la mano [Relato Corto] de Víctor Hugo Pérez Gallo  (2010)  

 1º del Premio Óscar Hurtado (2010) [Cuento] 

28−29  Capilla Blanca [Relato Corto] de Patricio Peralta  (2015)  

30−36  Marty [Relato Corto] de José Luis Díaz Marcos  (2015)  

37−40  Cuando los vértices se juntan [Relato Corto] de Richard Montenegro  (2015) 

41−44  El teletransportador [Relato Corto] de Marcelo Delisio  (2015)  

45−49  Greix [Relato Corto] de Pacoman  (2015)  

50−54  ¿Quién habló de robots? [Relato Corto] de Marcelo Delisio  (2015)  

55−60  Recon [Relato Corto] de Dan Aragonz  (2015)  

61−67  Dueños de si mismos [Relato Corto] de Manuel Moledo  (2015)  

68−69  Díptico [Relato Corto] de Jorge Baradit  (2015)
  
70−77  Huka-Yami [Relato Corto] de Lilia Morales y Mori  (2015)  

78−79  Mantis [Relato Corto] de So Blonde  (2015)  

80−83  Samira [Relato Corto] de Josep Cascales  (2015)  

84−91  Malleus Maleficarum [Relato Corto] de Ainhoa Gallardo  (2015)  

92−95  Hay cretinos hasta en el infierno [Relato Corto] de María L. Castejón  (2015)  

96  El relevo [Relato Corto] de Ricardo Manzanaro Arana  (2015)  

97−99  El Tren de la Felicidad de "Felicity Happyness" [Relato Corto] de Alicia Pérez Gil  (2015)  

100−102  El sector C-33 [Relato Corto] de Mario Peloche  (ene 2015)  

103  Día de lectura [Relato Corto] de Ricardo Manzanaro Arana  (2015)  

104−105  Génesis [Relato Corto] de Richard Montenegro  (2015)  

106−109  La crónica [Relato Corto] de Lilia Morales y Mori  (2015)  

110−116  Escaramuza junto al arroyo Las Piedras [Relato Corto] de Sergio Gaut vel Hartman  (2005)  

117  Otra más [Relato Corto] de Ricardo Manzanaro Arana  (2015)  

118−122  Dueños de si mismos [Relato Corto] de Manuel Moledo  (2015)  

123−124  Muerte en la noche [Relato Corto] de Josep Cascales  (2015)  

125−130  Amor [Relato Corto] de Teresa Pilar Mira de Echeverría  (2015)  

131−137  La novena sinfonía de Macedonio [Relato Corto] de Sergio Gaut vel Hartman  (1985)  


138  Evaluación [Relato Corto] de Ricardo Manzanaro Arana  (2015)  

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Miguel Santander


Investigador en el Observatorio Astronómico Nacional de Madrid.


Escritor de Ciencia Ficción ganador del Premio UPC en 2012 y con tres libros editados:







La epopeya de los amantes (2014)  ganador del premio UPC de 2012








Actualizada el 12/12/2022