domingo, 31 de diciembre de 2017

"Los Justos" un poema de Jorge Luis Borges, para todas aquellas personas que sin saberlo están salvando el Mundo.



La evolución del mundo. Mural de de Braulio Salazar ubicado en la sede de  la Cámara de Comercio de Valencia, la de Venezuela


Estimados Liponautas

Ya se cierra otro año más y pronto el ciclo comenzará nuevamente. El año 2017 ha sido muy duro con los venezolanos y con los desposeídos en todo el orbe y por esta razón tuvimos gran dificultad con escoger un texto que sirviera de broche de cierre para el blog. Después de pensarlo mucho escogimos este poema de Jorge Luis Borges que está en sintonía con nuestro sentir y que dedicamos a todos aquellas personas que desde el lugar que ocupan en esta nave espacial Tierra hacen esas pequeñas cosas que mantienen a flote esta sociedad.

Algo que no podemos dejar pasar por debajo de la mesa es nuestro agradecimiento hacia todos ustedes: Los lectores de este blog, los Liponautas compañeros de viaje en esta ruta incierta a ese gran país desconocido que es el mañana.

Desde la gerencia de este blog no podemos dejar de agradecer también a los colaboradores de este lugar que dejan un poco de su corazón y de sus neuronas cada vez que publican en este libro de arena. Esperamos no olvidar a ninguno en la siguiente enumeración: by Pacoman, Carlos Yusti, José Antonio Cordobés, Yuri Valecillo, Richard Montenegro, Graciela Bonett, Carlos Díaz Maroto, Nieves Delgado, Elio Araujo, Cristina Jurado, Luis Alberto Angulo,  José Carlos De Nóbrega, Camila Centeno, Freddy Ordáz, Sol Linares, Javier Domínguez, Roberto Cabrera, Luis Enrique Tite Vázquez, Jhon María Carneiro, Lesbia Quintero, Carlos Diaz Laguna, Reinaldo Manso, y José Miguel Martin, José Joaquín Burgos (en Paz descanse), Luciano Saracino, Bernie Ohls, Jesús Odremán, Luis Fuenmayor Toro, Vivina Salvetti, Miguel Santander, Pedro Téllez, So Blonde, Régulo Castro, Joan Antoni Fernández, Vivina Salvetti, Isabel Ortiz, Javier Martín, Alberto Hernández, Gonzalo Moure Trénor, Freddy Yance, Angel D Zafra, María Jesús Sánchez y Francisco Jose Aguiar. 

A todos los Liponautas de la tripulación: Muchas Gracias.


También debemos agradecer a todos aquellos que comparten en las redes nuestras entradas tales como Alejandro Drewes, Gladys Crespo, Isabella Leal, Carlos Ivan Ontiveros, Kety García, José Luis Greco,  Tolstoi Leon, Jose Luis Greco, Rol Con, Ofelia Iszaevich, Alexandra Sotell, Fermin Aceves, León Magno Montiel, Amigos FUNDAGRAEZ, Suite 89.1FM, Cristian pellagatta, Sandra Juhasz, L. LARA, Sabor Gaitero, Centa Rek, Ángel Gutiérrez, Sam, MarlénCurielFerman, La Pasión del Lobo, Valentina M. Harms, Caraotadelibro, Iván Rodrigo M., Pablo Herrera, Esfera de Cavorita,Caraotadelibro, claudia cavallin, Roger Michelena, Fundación Asimov, Lino Moinelo,   Anthony Alvarado y Perla Ortiz.  Con toda seguridad  olvidamos a algunas personas así que aceptaremos las correcciones futuras. 

Gracias tambien a los  336 compañeros de ruta que viajan con nosotros en Twitter. 

Si olvidamos a alguien aceptamos gustosos las correcciones.

Solo gracias a ustedes: los que escriben y los que nos leen este blog ha sobrevivido a todas las tormentas de este año que se despide.

Ya deben estar un poco hartos de esta entradilla así que pronto los dejaremos para que disfruten del poema de Borges, eso sí no sin antes desearles un año de provecho y que tengan la fortaleza para sobreponerse a las dificultades que son la norma en la vida y para que aprendamos algunas nuevas cosas. El aprendizaje es una aventura perenne y a la cual no podemos negarnos.

Atentamente 

La Gerencia

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 Los Justos







Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.




Jorge Luis Borges



El poema Los justos pertenece al libro La cifra, que se publicó por Alianza Tres en 1981.






jueves, 28 de diciembre de 2017

Navidad Desolada, de Jules Laforgue


Boulevard Constitución el 25 de diciembre de 2017. Fotografía de Ángel Chacon. Imagen tomada de El Carabobeño

Estimados Liponautas


Hoy compartimos este poema de Jules Laforgue que es inédito en la red. Navidad desolada es un texto que bien puede representar el sentir del pueblo venezolano que en una época donde la bonhomía y esperanza era la norma ahora está signada por el descreimiento y la desesperanza. La canasta básica en Venezuela en noviembre alcanzó los  13.883.365  de bolívares. El salario mínimo de venezolano es de 177.507,43 bolívares a los que les sumas un bono de alimentación de 279.000 bolívares que nos da un total de : 456.507,43 bolívares. No es necesario ser un genio de la matemática para percatarse del monstruoso abismo que separa al trabajador de satisfacer sus necesidades básicas.


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¡Navidad! ¡Navidad! Campanas en la noche,

Y sobre este cuaderno he posado mi pluma.
¡Oh, recuerdos, cantad! De mi orgullo la espuma
De amargura me cerca con apretado broche.

Esas voces nocturnas que cantan ¡Navidad!
¡Navidad! en el templo, me traen desde lejos
El Eco de reproches dulces y ya tan viejos
De mi madre. Mi angustia estalla en tempestad.

Escucho largo rato en la noche, campanas...
En un lugar hostil me ha arrinconado el viento
De la humana familia el paria ya me siento
Y ahora el rumor me hiere de unas fiestas lejanas


Version de Antonio F. Molina


Avenida Bolivar norte el 25 de diciembre de 2017. Fotografía de Ángel Chacon. Imagen tomada de El Carabobeño


Creador con Gustave Kahn del verso libre, este gran poeta simbolista autor de tantos versos donde la métrica y la rima se compenetran con el tema y el sentimiento, y todos los elementos se funden con la inspiración, puede ser considerado con Lautremont y Rimbaud, uno de los tres grandes poetas malditos de la literatura simbolista francesa. Y de algún modo es con el con quien la posteridad aun esta en deuda, pues,  aunque goza de gran prestigio entre determinados sectores, sin duda es  merecedor de una mas amplio conocimiento. Los surrealistas, que en diversas ocasiones han contribuido a enaltecer y difundir a "malditos" y "raros", en el caso de Laforgue, y con incomprensión evidente, en determinada ocasión, y a la ligera, se pronunciaron en contra. Ello puede haber contribuido a la situación de su externa gloria literaria, que por otra parte durara tanto como el idioma en que están escritos sus poemas.


Nacido en 1860 en Montevideo, de padres franceses, se traslado a Tarbes, de donde su madre era natural, en 1866, poseedor de un brillante talento y de una precaria salud, se dedico especialmente a la lectura y a la elaboración de su obra, sin que su vida este aureolada por ningún tipo de brillantes anécdotas. Murió en plena juventud, en 1887, victima de la tisis. Poco después le siguió su esposa.

El acontecimiento externo mas destacado de su vida es el haber ocupado durante algún tiempo el cargo de lector de  la emperatriz de la corte de Prusia.

Su obra, singular y plena de audacia lirica, impregnada por el sello personal de la ironía, ha proyectado su influencia sobre buena parte de la poesia del siglo XX. T.S. Eliot se confesaba deudor a Laforgue.



Antonio F. Molina

 Nacio en España en 1927. En 1950 fundo la revista de Poesía "Doña Endrina". Ha estado vinculado a diversas publicaciones. Fue redactor-jefe de "el Despacho Literario" y desde 1964 es Secretario de redacción de "Papeles de son Armadans". Tiene varios libros publicados de poesia, realtos, teatro y novela, entre ellos : La tiencia Ausente (relatos), Cuatro Piezas Sumergidas (teatro); Un caracol en la Cocina (novela); Biografia de Roberto G. (Poesia).



Tomado del numero 240 correspondiente a los meses de enero-febrero de 1979 de la Revista Nacional de Cultura.

Enlaces relacionados:



 


La Navidad es el misterio del amor que nos transforma.






Un poema de Julio Cortazar



Un cuento Weird


Un poema navideño de Andrés Eloy Blanco


YULE, LA NAVIDAD PAGANA


  • "Navidad en Ganímedes".

Un cuento de Navidad de Isaac Asimov


 




Para Avelina Duarte

por Aquiles Nazoa


Retablillo de Navidad,

por Aquiles Nazoa

martes, 26 de diciembre de 2017

Marta Traba: ese duro oficio de mirar





Estimados Liponautas

Hoy, en 26 diciembre, tenemos nuevamente el agrada de compartir una nueva entrada en el blog de nuestro amigo Carlos Yusti, la entrada es nueva en el nuestro pero el texto ya fue publicado en Letralia 

Esperamos disfruten esta excelente entrega.


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¿Qué reacciones nos asaltan al mirar un cuadro? ¿Cómo vemos la realidad que recrea una pintura? ¿Cuál es nuestra posición ante obras que parecen burlarse de nuestra inteligencia? ¿Cuál pintor que se inicia será una luminaria en la historia del arte y el mercado? De seguro un crítico de arte se hace estas mismas preguntas que cualquier observador común de obras artísticas. Sin duda el ojo especializado de un crítico, a diferencia de nuestra mirada inexperta, no tendrá piedad con la obra expuesta. Nadie quiere estar en la piel del crítico de arte, nadie quiere semejante oficio que busca ser una guía y al mismo tiempo desentrañar el peculiar vínculo entre el arte y la existencia.

Marta Traba fue una crítica de arte honesta e implacable. Para muchos de sus detractores era sólo una bruja pérfida en ese cuento del arte, para otros era una argentina pedante, recalcitrante y furibunda que colocó a varios artistas en la picota de sus críticas por puro placer masoquista, para un pequeño grupo de adeptos era una artista (aunque no pintaba había escrito algunas novelas) que escudriñó con palabras los derroteros del arte con cierta calculada frialdad. Su verticalidad crítica la colocó siempre en un lugar nada cómodo. Para ella cualquiera valoración plena de equidad debía estar desprovista de todo superficial arrebato sentimentaloide con la obra o el artista. Cuestión complicada y paradójica ya que ella estaba hecha de candente pasión. Detestaba a rabiar por todos esos insufribles teóricos y críticos de página cultural interesados en sólo agradar, preocupados en enfocar la obra de arte desde la ambigüedad poética para no herir susceptibilidades, desplegando críticas anodinas que se regodeaban en una nadería verbal y todos felices. No sin enorme acierto la misma Marta Traba escribió: “La crónica de arte en nuestros países está hecha en su inmensa mayoría de mentiras, falseamientos e inflación de mediocridades, armada con páginas hilarantes producidas por la imaginación parnasiana de poetas y escritores que, impelidos por la amistad, no vacilaron en el ditirambo”.




Con Marta Traba la crítica de arte retoma su ruta polémica. Ella como ningún otro crítico pasó la complejidad estética latinoamericana por la criba de su aguda y culta mirada, por la agudeza rabiosa de su criterio para diseccionar la obra de arte no como un objeto de culto aislado, sino como un hecho plástico que respondía a los vaivenes sociales y políticos. Sus postulados y posiciones, a veces arbitrarias, no han perdido un ápice de vigencia: “El artista actual sigue siendo burgués y continúa expresando el mundo de la burguesía. Si aparentemente ha cesado de prestarle un servicio, es porque nuevas formas expresivas lo desalojan contra su voluntad, no porque esté situado en un campo opuesto. Sigue en el mismo campo, pero sus ofrecimientos han perdido atractivo para la burguesía desde el momento en que aparecieron competidores más tácticos, complacientes y dispuestos a facilitarle la ingestión de alimentos culturales más fáciles, así como todas las falsificaciones literarias y artísticas que constituyen la industria cultural”.

Este libro editado por la Biblioteca Ayacucho, Mirar en América, recopila un conjunto andariego de textos críticos que recorren la geografía plástica de nuestra América mestiza, mágica y cambiante. Además de los escritos estrictamente sobre arte tiene la apostilla adicional de una recopilación de escritos literarios en los cuales tampoco se anda por las ramas a la hora de meter baza: “Yo creo ahora que del muralismo mexicano no puede salvarse nada, ni las soldaderas de Orozco de la Preparatoria, que parecen desteñidas y muertas. La pintura de Rivera es de una pobreza estremecedora y después de recorrer metros y metros de acumulaciones de cabezas sin orden ni concierto, se sienten náuseas ante tal falta de imaginación y de respeto por algo tan ignorado por él como es el ritmo y el espacio”. Esta visión con respecto al arte mexicano fue cambiando, pero esta manera virulenta de sus observaciones le granjeó entre artistas, directores de museos y galeristas una calculada animadversión. Luego estaba su postura política progresista que siempre causó escozor en ese ambiente cultural de militares sanguinarios y politicastros de saldo y ocasión.

Este libro, Mirar en América, permitirá a las nuevas generaciones involucradas con la actividad artística como espectadores, creadores o investigadores, descubrir una voz crítica implacable, una visión sobre el arte sin prejuicios y que no recurre al tópico ni se regodea en un lirismo almibarado para no hacer aportes ni asumir posiciones críticas sobre la obra de arte. De igual modo permite este libro constatar la vigencia, como escribiera Juan Gustavo Cobo Borda, de una adelantada en ese duro oficio de crítica artística.

La vigencia del pensamiento y de los postulados de Marta Traba son indiscutibles y de seguro se deben a su postura abierta. Nunca se sometió al corsé de la ortodoxia política o cultural o como escribe Cobo Borda: “Su compromiso intelectual era un compromiso no con una postura ideológica (...) Tuvo posturas de acuerdo a los acontecimientos que iba viviendo en los años sesenta...”.




Marta Traba fue fiel a Latinoamérica y su furiosa crítica estaba destinada a romper máscaras, a resquebrajar esa fachada pomposa del arte como adorno, como objeto decorativo desprovisto de subversión. Ella creía con fervor en un arte que asumiera riesgos estéticos, que no tuviese miedo a evidenciar las contradicciones políticas y sociales del entorno.




Con respecto al quehacer artístico de nuestro país siempre fue dura y cortante. La República del Este le resultaba una loa de entreguismo intelectual. Su crítica al cientismo fue demoledora. Su visión sobre nuestro orbe cultural y estético fue de una vitriólica exactitud: “Pero si éste es un país violento refrendado por sus escritores como tal y conducido a la violencia con espantable y sistemática regularidad por sus procesos políticos, ¿en qué cara de Venezuela queda el triunfo de un arte neutral, apolítico, de investigaciones y de juegos, de diversiones y entretenimientos ópticos? En el reverso de esa realidad mensurable, existente que constituye un concreto y dramático anverso. De espaldas a la realidad, sólo queda esa dimensión universal, gaseosa y ajena en medio de la cual los artistas, como verdaderos juglares de la clase dominante, la distraen y consuelan de la violencia. En este camino, ya el mimetismo no se produce al alto nivel Vasarely-Soto, Agam-Cruz Diez, sino a un nivel más doméstico, de mimetismo de mimetismos. ¿Qué otra cosa se puede pensar cuando se lee que los jóvenes cuya ilusión es ir de Cariguatica a París hagan rotores, táctiles, psicomagnéticos, catálisis, trabajando de seudofísicos, seudoquímicos: sosteniéndose en Europa con el ‘cuatro’ a imagen y semejanza del Maestro; pasando penurias para conseguir unos ‘puntos aéreos’ que en el momento que se consiguen ya sufrieron, por vía de los ‘múltiples’, la desvalorización implacable de la sociedad de consumo? La discusión del arte venezolano a dos niveles: 1) como hechos creativos originales y, 2) como hechos creativos cuya originalidad revele al mundo la existencia de un sitio llamado Venezuela, está, creo yo, muy lejos de haberse resuelto. Al contrario, veo que a medida que la clase dominante venezolana ha perdido ingenuidad y cierta inocencia de origen, y se ha sentido más fuerte, más rica, más poseedora, mayor ha sido el empobrecimiento de los artistas plásticos dispuestos a servirla y complacerla”.




Tomado de Letralia 




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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia

domingo, 24 de diciembre de 2017

La Navidad es el misterio del amor que nos transforma.



La Adoración de los pastores. Giorgione
Estimados Amigos

Hoy 24 de diciembre de 2017 tenemos el gusto de obsequiarles este texto del escritor valencianos Rafael Simón Hurtado.


Esperamos sea de su agrado.

Felices Fiestas les des deseamos a todos ustedes.


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La Navidad es Fe

Rafael Simón Hurtado.


I

El Nacimiento de Jesús en Belén es la suprema celebración de un gran amor.

El amor de María y José por el nacimiento de su hijo. Y el amor de Jesús por la humanidad.

La fotografía que encuentra reflejo en aquella imagen con 2017 años de existencia, -la del Niño acostado en el pesebre-, es una señal, diminuta y frágil, humilde y silenciosa, del signo de quienes buscan en el amor, el consuelo necesario a su soledad.

Si nos fijamos bien, en todo pesebre es posible ver que hay una luz que envuelve a Jesús, a María y a José; pero esa luz se hace deslumbrante en la lámpara encendida de la mirada que funda el vínculo entre la Madre y el Hijo.

María, desde su rebozo en capilla sobre su rostro, difunde hacia el niño en su diminuto aposento, una mirada adolescente de luz tan blanca e intensa, que cubre la noche de una hermosa claridad.

Es el recado de amor que una vez que emana de los labios de la Virgen por su hijo, se convierte en mensaje de Madre para todos los seres humanos.

II 

Les relataré una pequeña historia, ocurrida hace más 70 años en una apartada población de nuestro estado. Una historia remota, sencilla y anónima, como el caserío donde ocurrió, pero importante por su significado.

En la imagen de esta historia aparece retratada la estampa de una mujer humilde, campesina, que desafía con su delgadez y piel herida por las inclemencias del tiempo, 39 años de vida en privaciones.

En la foto, cuatro niñas esperan poder dormir, en las camas acomodadas de un cuarto hecho de paredes de barro y caña brava, apenas iluminado por una lámpara de kerosén.

Duermen temprano, con la expectación de que se cumpla la promesa de los regalos dejados al pie de sus camas por los Tres Reyes Magos.

La madre, pintada de duros rasgos como el bahareque de la casa, está hecha por dentro, sin embargo, de inusitada ternura.

Es un hogar sin abundancias, y, por el contrario, no poseen ni siquiera una cansada moneda de plata para comprar ningún obsequio. 

No obstante, la Madre, más empeñada en el regalo de la ilusión, les cuenta a las niñas historias, mientras aguardan el sueño.

“El Niño Jesús ya nació en Belén, -les dice-; y así como él espera el arribo de los Tres Reyes Magos, nosotros debemos también prepararnos para su llegada”. 

“Por eso recogimos el pasto del monte, -dice la Madre-, para poner debajo de las camas el alimento que comerán los camellos, cuando los reyes vengan a dejarles los regalos”.

“Ellos vendrán atravesando el solar, -les dice-, sin dejar ninguna huella por las virtudes del polvo plateado de la luna llena y del soplo frío de la brisa, que no sólo bate las hojas de los árboles y hace titilar las estrellas, sino también borra todo vestigio de presencia milagrosa”.

La Madre describe con fruición la apariencia de los magos.

“Quien trae el oro, -dice-, es Melchor, un anciano de blancos cabellos y larga barba, procedente de Europa. Fue él quien ofreció el oro, símbolo de la naturaleza real de Jesús”.

“Quien porta el incienso, es Gaspar, un joven de barba oscura, proveniente de Asia, quien honró a Jesús ofreciéndole incienso, insignia de su divinidad”.

“Y quien entrega la mirra, -detalla la Madre en la imaginación de las niñas-, es Baltasar, un hombre alto y negro que llega de África, y atestigua a Jesús como un hombre verdadero”.

La fragancia de las matas y las hierbas, cortadas como bocado para los camellos, amplían el ensueño de la historia relatada en la habitación como un cuento para dormir.

El aroma del mastranto, que entra por las ventanas de la choza, con sus cadencias violetas, recuerda las memorias de los días idos.

El viento flota sobre la superficie de la casa, y trae el olor de las cobijas recién lavadas para abrigar la noche.

Y la luna, sembrada en medio de arados y cultivos, fulgura como un regocijo de luz sobre aquel pesebre.

Alimentada la vigilia ilusionada de las niñas, con la historia de los Tres Reyes Magos, ellas no esperan, sin embargo, oro, incienso ni mirra.

A la mañana siguiente, cuando el sol apunta con sus dedos los rostros somnolientos de las pequeñas, la madre entra al cuarto para despertarlas con el anuncio de los regalos que habían depositado sobre los zapatos, los Tres Reyes Magos.

El rostro de la Madre, por un segundo, parece tener una barba ensortijada como un atado de hierbas resecas.

Y en medio de la maravilla de los humildes obsequios (un corte de tela para el vestido; un listón para el lazo de la cabeza; el pomo de ungüentos olorosos, y una muñeca hecha de trapo), un asombro mayor llamó la atención de todas: ¡nada de pastos, ni de hierbas, ni de agua debajo de las camas!

Unos camellos hambrientos y cansados por el extenuante viaje, -sin que sus anchas patas y gruesas caras hicieran sonido alguno-, lamieron hasta sus bocas la savia de las hierbas y los nutrientes del agua.

III

La Navidad es el misterio del amor que nos transforma. La palabra que nos desborda con la buena nueva de salvación.
Es el anuncio definitivo de la cercanía de Dios, con cuya presencia podemos romper las barreras que nos separan.

El Nacimiento de Jesús, expresión de la redención a la que somos invitados, se nos muestra en la estampa de un niño recién nacido en un establo, que protegido por el afecto familiar y la gracia divina, es capaz de sobreponerse a las miserias del mundo, para ofrecernos su existencia y su vida.

Con esta pedagogía sobrehumana, Dios recurre a un plan que penetra sin estridencias en nuestras conciencias, y que nos envuelve de modo silencioso y humilde, como un milagro de la Fe, por el que podemos vislumbrar el portento de Belén.


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Rafael Simón Hurtado. " Al fondo la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá en MaracaiboEstado Zulia


Rafael Simón Hurtado

Escritor y periodista venezolano. Licenciado en comunicación social egresado de la Universidad Católica Cecilio Acosta (Maracaibo, Zulia). Ha obtenido el Premio Municipal de Literatura Ciudad de Valencia (años 1990 y 1992), el Premio Nacional de Periodismo Científico (2008),  el Premio de Periodismo “Jesús Moreno” (Universidad de Carabobo, 2009) y el Premio Nacional de Literatura “Rafael María Baralt" (2016). Ha publicado el libro de cuentos Todo el tiempo en la memoria y las crónicas literarias “Leyendas a pie de imagen, croquis para una ciudad”. Fue editor-director de la revista cultural Laberinto de Papel y de las publicaciones de divulgación científica Saberes Compartidos y A Ciencia Cierta, todas de la Universidad de Carabobo. 

Ficha tomada de Letralia.

Enlaces relacionados:



 







Un poema de Julio Cortazar



Un cuento Weird


Un poema navideño de Andrés Eloy Blanco


YULE, LA NAVIDAD PAGANA


  • "Navidad en Ganímedes".

Un cuento de Navidad de Isaac Asimov


 




Para Avelina Duarte

por Aquiles Nazoa


Retablillo de Navidad,

por Aquiles Nazoa