sábado, 11 de septiembre de 2021

“El Quinteto Magistral”, el regreso de la nostalgia.






Crónicas del Olvido


POLVO DE CANTO

-Alberto Hernández-

** A más de todos los años de distancia, las voces de los magistrales regresan en la despedida en Maracay de Salvador González (fallecido a finales de los años 90), quien desnudó el calor de Valle de la Pascua desde la Ciudad Jardín, para hacerse eterno en la tierra dura de su comarca guariqueña.

Las interminables carreteras de Guárico fueron testigos de la muestra artística de cinco maestros de escuela que llevaron su pasión y entrega a pueblos y ciudades del país. Calabozo, Tucupido, San Fernando de Apure, San Juan de los Morros, Altagracia de Orituco, Valle de la Pascua, Puerto la Cruz, Zaraza, Anaco, Barquisimeto, Maracaibo, Caracas, Barinas, Cumaná, La Asunción, Porlamar, Sanare, Jusepín, caminos que supieron de las andanzas de estos cinco normalistas, hombres amasados en el Quinteto Magistral, agrupación vocal que naciera en 1963 en Valle de la Pascua, gracias al empeño de Salvador González, José Oscar Guerra, Rafael Zamora, Luis Fernando Melo y Ricardo Hurtado.

Otra época, otro canto.

El Grupo Escolar “Rafael González Udis”, la Farmacia La Pascua y el Liceo “José Gil Fortoul” llegaron a ser puntos desde donde la energía de la creación propició la unión de estos cinco guariqueños venidos de distintos terruños de la inmensa geografía llanera. Salvador, nacido entre Tucupido y La Pascua, en el caserío La Pastora; José O. Guerra, de Zaraza; Rafael Zamora, también de Zaraza; Ricardo Hurtado, de Tucupido, y Luis Fernando Melo, de Valle de la Pascua. Todos docentes. El último de los mencionados, doctor en farmacia y profesor de química del prestigioso Liceo “José Gil Fortoul”.

Eran otros tiempos y otra la música, otro el canto. Se pregonaba que “La educación es empresa nacional”, y la vocación de los maestros llegaba realmente a ser una labor académica encomiable, que tocaba lo social y lo afectivo. Cada uno, cada voz, hizo de La Pascua el sueño de quienes pudimos estar cerca de ese canto.

Magisteriales.

Los integrantes del Quinteto Magistral, aupados por una comunidad que se sentía orgullosa de sus valores, dejaron bien colocado el nombre de la pequeña ciudad que los albergaba.

Formados para enseñar, también fueron alumnos avanzados y aventajados en estudios musicales. José Oscar Guerra, director y arreglista del grupo, se preparó en Zaraza con el maestro Ayala Romero y en la Escuela Superior de Música de Caracas, dirigido por los maestros Vicente Emilio Sojo y Antonio Estévez. Fue profesor de música en el estado Guárico y fundador de varias agrupaciones. Fue uno de los tenores del Quinteto Magistral.

Ricardo Hurtado, barítono, fue alumno de Antonio Estévez y de Flor Roffé de Estévez. Formó parte de la banda de música de Valle de la Pascua. Igualmente, es un destacado maestro de música. Durante todos estos años ha estado radicado en Barquisimeto, donde se estableció para ejercer como abogado.

Rafael Zamora, segundo tenor, comenzó en la música con el maestro Rufo Pérez. Miembro destacado de la banda de música de Valle de la Pascua, formó parte del orfeón de la Escuela Normal Monseñor Álvarez. Normalista de vocación, ejerció en varias escuelas locales. Estudió años después en el Pedagógico de Maracay donde casi a diario nos veíamos. Residía en Valencia.

Luis Fernando Melo, bajo, cuatrista y guitarrista, músico de excepción, el doctor Melo era farmacéutico egresado de la UCV. Además fue cronista oficial de Valle de la Pascua.

Salvador González, tenor, cuatrista y primera voz. Fue miembro del Orfeón de la Escuela Normal “Miguel Antonio Caro” de Caracas. Posteriormente, se traslada a la capital de Aragua donde destaca como solista y compositor. En Maracay, el tiempo volvió a reencontrarnos, luego de aquellos años escolares en el “González Udis”, donde él y Ricardo Hurtado fueron nuestros maestros.

Una mirada nostálgica.

Regresar a viejos papeles. A carátulas de discos. A fotos de jóvenes maestros. Recoger el polvo de ese olvido que a veces se acumula en los ojos. Desencajar la mirada y hacerla palabras, voces y espacio de un pueblo que fue una vez orgulloso, afable, madrugador, colmado de muchachos que veían a sus maestros como padres y amigos.

Antonio Higuera, Eva y Jesús “Chuíto” Lazaballet, Benjamín “Ben” Martínez, José Ramón Hernández, Luis y Matilde Moreno, Josefina Locurcio, Marina Villasana, José Bolívar, Fernando Hernández, Judith Rodríguez, Ramón Delgado, Nicolás Soto, Juan Félix García, Gerardo Camero, Luis Fernando y Mauren Ulloa, Aldo Álvarez, Baltazar Hernández, entre tantos, formaron parte del batallón de muchachos, alumnos de estos maestros, que luego se convirtieron en los artistas de Valle de la Pascua. De modo que había un doble motivo para admirarlos, como hombres de aula y como creadores en un escenario.

Salvador, Ricardo y Melo trajinaron tanto en el “González Udis” como en el liceo “Gil Fortoul”.

Una escuela inmensa, de las construidas seguramente por el gobierno del presidente Medina o Larrazábal, albergaba esa expresión de niños y jóvenes que se diseminaron por todo el país sin despegarse del todo del terruño.

Cinco voces que no sólo destacaron en escenarios para la música, sino en resguardar el material académico y afectivo que un pueblo las recibió calurosa y entusiastamente.

La obra.

Tres discos dejaron estos hombres para la historia del país. El primero fue editado por el Ministerio de Educación. Los dos restantes salieron con sello comercial.

En estos surcos conseguimos trabajos de Manuel Briceño (Dolor llanero), Lorenzo Herrera (Canta tú ruiseñor), Rafael Chacín Soto (Mi caballito), Luis Alfonso Larraín (Vente p´acá), Telmo Almada (¡Oh, Virgen María¡), Antonio Carrillo y Arnoldo Vivas Toledo (Como llora una estrella) y muchísimas más que aún despiertan en la gente de Valle de la Pascua la nostalgia y esa memoria que regresa cargada de imágenes afectivas, color sepia.

El regreso.

Con la muerte de Salvador González, los cuatro restantes miembros del Quinteto Magistral se reunieron en la Casa de la Cultura de Valle de la Pascua para despedir al amigo y colega, que dejó en las calles de su pueblo la huella de la soisolita. Las voces de nuevo se recogieron para eternizar a Salvador, quien tiene en esta tierra de polvo y silencio otro canto que entonar.

Hoy, desaparecidos todos sus integrantes, quedan las voces por encima del olvido. Siguen cantando en la memoria.


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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Gallina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 



2 comentarios:

  1. Tuve la suerte de conocer a Salvador González en Maracay. En varias oportunidades compartimos en un bar que está en la Avenida Las Delicias, subiendo a mano izquierda. Diagonal a la estatua del Toro y al lado de una farmacia. Allí me copió en un papel común, de su puño y bellísima letra, la canción "Murió la Rosa" de Reinaldo Armas. Un gran y sencillo hombre. Digno amigo por quien brindo en solitario. Salud buen amigo!!!

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    1. Gracias por compartir tus recuerdo amable desconocido. Bienvenido al blog.

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