sábado, 24 de diciembre de 2011

EZRA POUND A SU HIJA MARY: "Aprender a escribir es como aprender a jugar al tenis. No siempre puedes jugar un partido, tienes que practicar los golpes"

APRENDER A ESCRIBIR:





Tres generaciones de Pounds . El Abuelo (Homer Loomis Pound), el padre (Ezra Pound) y la nieta (Mary)




"Aprender a escribir es como aprender a jugar al tenis. No siempre puedes jugar un partido, tienes que practicar los golpes"
APRENDER A ESCRIBIR:UNA CARTA DE EZRA POUND A SU HIJA MARY

CARTA DE EZRA POUND A SU HIJA



Ezra Pound fue un  gran poeta y fue aún mas grande como corrector de estilo y como olfateador de talentos. Escritores de la talla de William Butler Yeats y T. S. Elliot dieron fe de ello.Sus consejos y correcciones fueron de mucha ayuda para estos escritores. Pero ¿Sería tan solícito con un miembro de su familia a la hora de un consejo como lo fue con estos escritores?. En Venezuela existe el dicho: En casa de herrero cuchillo de palo. Pues cuando Mary, la hija fruto de su extensa y amorosa relación con Olga Rudge, le manifestó, a la edad de quince años, su interés en ejercer la escritura Ezra le escribió esta carta que en breves párrafos destilaba toda la sabiduría y pericia de este viejo lobo de las letras. 


Esperamos disfruten de la carta y que tanto ustedes como nosotros sepamos aprovechar sus enseñanzas.





  Ezra Pound,leyendo un manuscrito mientras  Olga Rudge  a su lado graba la declamación.
La fotografía es de  David Lees/Time & Life. Jun 28, 1970




Ciao Cara,

Aprender a escribir es como aprender a jugar al tenis. No siempre puedes jugar un partido, tienes que practicar los golpes. Piensa: ¿en qué se diferenció ir al Lido de jugar al tenis? Me refiero de diferenciarse de cuando fuimos a jugar a Siena. Escríbelo. No para escribir una historia, sino para aclararlo.



Será muy LARGO. Cuando empiezas a escribir cuesta llenar una página. A medida que envejeces siempre te parece que hay muchísimo que escribir.



PIENSA: la casa de Venecia no se parece a NINGUNA OTRA casa. Venecia no se parece a ninguna otra ciudad. Imagina que tienes que explicarle a Kit Kat o incluso a un estadounidense CÓMO llegar a la casa de Venecia. Cómo reconocernos a ti y a mí saliendo para ir al Lido. Después de bajarse del tren, ¿cómo encuentra el número 252 de la calle Q?

¿Nos describes a nosotros o a Luigino llegando a la estación? ¿Él tiene dinero, nosotros tenemos dinero, cómo vamos?



Un novelista puede necesitar un capítulo entero para que su protagonista llegue del tren a la puerta de su casa. Si escribe bien, el capitulo hará posible, incluso garantizará, que Kit Kat encuentre la casa gracias a él.

Ciao.

PIENSA muy bien en todo esto antes de intentar escribir.





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Extraído del libro La ciudad de los ángeles caídos, de John Berendt. Literatura Mondadori.




Actualmente Mary, la hija de Ezra Pound y Olga Rudge, lleva el nombre de Mary de Rachewiltz y se ha dedicado a traducir al italiano la poesía de Ezra Pound,  Robinson Jeffers, E. E. Cummings, Ronald Duncan y a Denise Levertov.




La carta fue tomada de El Rincon de Pinton



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Richard Montenegro. Perteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas tangibles y electrónicas hispanas Fantastic-Films Neutrón, Alfa Eridiani, Valinor, miNatura, Tiempos Oscuros, Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en la revista cubana digital Korad y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.



21/06/2024
18/11/2022

viernes, 23 de diciembre de 2011

LAS CELESTIALES: UNA PARODIA DE LOS DISCURSOS AUTORIZADOS




Portada del libro  Las Celestiales 

LAS CELESTIALES: UNA PARODIA DE LOS DISCURSOS AUTORIZADOS



José Carlos De Nóbrega



El padre parecía una capitular de oro; yo, junto a él, una insignificante minúscula impresa en tinta roja.. 

José Rubén Romero: La vida inútil de Pito Pérez.



La agudeza literaria de Miguel Otero Silva se exhibe sin freno en dos de sus obras más disímiles entre sí: Tenemos la incendiaria parodia del discurso católico que es Las Celestiales, con sus Santos asaeteados por la coprolalia popular, y la aproximación poética a la figura de Jesucristo vertida en el texto novelístico de La piedra que era Cristo (no podemos olvidar el impactante monólogo de la cabeza cortada de Juan el Bautista que escarnece la banalidad impía del rey Herodes). Ambos textos no sólo refieren el espíritu rojo y ateo de su autor (rebatido hoy por el insulso desencanto burgués de su hijo, Miguel Henrique, pésimo editor y peor editorialista del diario El Nacional), sino el apetito descarado del escritor por desmontar los discursos autorizados que sustentan el Poder vertical, mezquino y usurero que tritura sin clemencia a las mayorías. La literatura acomete la labor profética de promover e instaurar a cómo dé lugar la justicia social. Ya lo manifiesta ese vagabundo y borracho de Pito Pérez: ¡Pobre de los pobres! Yo les aconsejo que respeten siempre la ley, y que la cumplan, pero que se orinen en sus representantes. Por supuesto, la ley hecha carne en la lucha revolucionaria de a de veras, no la propuesta por los grandes laboratorios de la propaganda periodística, historiográfica e ideológica que pretenden pervertirla y envilecerla. El discurso diabólico, como ocurre con el habla salvaje y primaria de los niños y los locos, es un recurso insoslayable para atacar y poner en evidencia la fragilidad y la corrupción de un orden de cosas bizarro que ha invadido a los templos y las academias: La política de ultratumba, con sus cielos de algodón y sus infiernos carbonizados –no entendemos aún por qué la burocracia eclesiástica nos quita la sala de espera que es el purgatorio-, engorda las finanzas vaticanas y protestantes, amén de proveer de carne fresca a curas y obispos pedófilos; nuestras universidades autónomas, experimentales o paralelas coinciden en la tercerización laboral de docentes y empleados y la cosificación del conocimiento a expensas de los intereses de grupos de poder. La Iglesia está penetrada por la politiquería más árida, en tanto que las academias son el detritus de organizaciones religiosas que hacen acólitos con su verborrea terrorista y macabra. Es justa y necesaria la lucidez satánica para ir a contracorriente del imperio de la lasitud vital.

Miguel Otero Silva


Este gran rosario inverso, integrado por 25 coplas picantísimas y prevaricadoras, tuvo dos ediciones: la primera de 1965, firmada con el pseudónimo doble de Iñaki de Errandonea (alias Miguel Otero Silva), Sacerdote Jesuita, como compilador y comentarista, además de Fray Joseba Escucarreta (alias Pedro León Zapata), S.J., en tanto ilustrador que caricaturiza a santos y mártires. Fue una bomba que estalló simultáneamente en la meritita cara de la histérica feligresía y en las barbas remojadas de la anquilosada jerarquía católica. Valga la desaprobación del Cardenal José Humberto Quintero: No está de sobra advertir que ese libro, en el que de propósito se ataca a la Religión y a las buenas costumbres y se hace mofa de los santos, se halla por ello mismo comprendido en la publicación del canon 1.399 del Código de Derecho Canónico. La segunda edición data de 1974, Ediciones de José Agustín Catalá, la cual agrega un prefacio de Miguel Otero Silva en carne y hueso que simula una apología exquisita de tan vituperado texto diabólico. Las Celestiales constituye un ejercicio transgenérico a la par de referentes notables como Borges, Bioy Casares e incluso Héctor Murena: La copla, destacada en negritas y caracteres gigantes, se fusiona con la prosa dialógica que se regodea en la impostura, el humor negro y una apasionada óptica crítica de la Historia de la Iglesia Católica. El Papado es la alcabala religiosa que tan sólo merece un jalón de papada aparejado con la carcajada del vulgo: Al Papa Ruperto Doce / ni lo menciona la Historia, / porque se cagó una noche / en la Silla Gestatoria. En este fetiche, nada que ver con la estupenda silla de Van Gogh, queda al descubierto el culo y los cojones del Papa electo, pues el colegio cardenalicio debe templar las dos bolitas para evitar que otra Juana la Papisa escarnezca tan sagrada institución machista. Fetichismo y escatología van de la mano en lo que toca a la crítica del catolicismo, a los fines de configurar un intervalo estético y apóstata que nos retrotrae a Rabelais, el Decamerón de Boccaccio y Pasolini, el Nazarín de Galdós y Buñuel, El Satiricón de Petronio y Fellini e incluso el crucifijo inverso del cura Carlos Borges que lame y eyacula el voluptuoso cuerpo femenino. Qué decir de los prejuicios y mitos urbanos que aún despierta la orden jesuítica, suponemos entonces una dulce venganza de parte de ambos coautores: Hiciste lo que quisiste, / San Ignacio de Loyola, / pero quisiste ser Papa / y te pisaste una bola.



Tomado Salmos Compulsivos

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José Carlos De Nóbrega. Ensayista y narrador venezolano (Caracas, 1964 - Valencia, 2023). Licenciado en educación, mención lengua y literatura, de la Universidad de Carabobo (UC). Forma parte de la redacción de la revista Poesía, auspiciada por la misma casa de estudios. En 2007 su blog Salmos compulsivos obtuvo el Premio Nacional del Libro a la mejor página web.

En 2015, fue profesor invitado por la Universidad de Salamanca para dictar un curso sobre literatura venezolana, auspiciado por la Cátedra Ramos Sucre de la USAL y el CENAL.


Ha publicado dos volúmenes de ensayo: Sucre, una lectura posible (Universidad de Carabobo) y Textos de la Prisa (Gobernación del estado Carabobo) en 1996. Los libros de ensayos Derivando a Valencia a la Deriva (2007) y Salmos Compulsivos por la Ciudad (2008, versión digital en www.letralia.com) han sido publicados por las editoriales “El Perro y la Rana” y “Letralia” respectivamente. En mayo de 2008, la Editorial Letralia publicó Para machucar mi corazón: Una antología poética de Brasil (serie Transletralia, versión digital en www.letralia.com), de la cual es el compilador y el traductor. En 2011 apareció el libro de ensayos Salmos Compulsivos, bajo el sello editorial Protagoni, c.a..


El Fondo Editorial Fundarte publicó el libro de cuentos El Dragón Lusitano y otros relatos, en 2013. En 2014,


Fundarte hizo públicas dos traducciones a saber: los libros de poesía Las imaginaciones / El soldado raso. de Ledo Ivo y la novela La Pasión según G.H., de Clarice Lispector. También tradujo Dispersión / Indicios de Oro, del poeta portugués Mário de Sá Carneiro.


Ha colaborado en diversas publicaciones periódicas: Poesía, La Tuna de Oro, Tiempo Universitario, Letra Inversa del diario Notitarde, Laberinto de Papel, Revista Nacional de Cultura, Imagen, suplemento Letras del diario Ciudad Ccs, el diario Vea y Fauna Urbana.



miércoles, 21 de diciembre de 2011

“El libro es el mejor regalo porque tiene la máxima concentración de la experiencia humana...":

Elogio y exaltación del libro como regalo






Elogio y exaltación del libro como regalo


Entre el prestigio, la cultura y la amistad, escritores y editores explican por qué no hay un obsequio mejor


NURIA AZANCOT | Publicado el 16/12/2011


No está claro el origen del prestigio del libro como el mejor regalo posible, pero todos los autores, sociólogos y editores consultados (Muñoz Molina, Alberto Olmos, Susana Fortes, Gonzalo Hidalgo Bayal, Vicente Verdú, Román Gubern, Ignacio Martínez de Pisón y Manuel Borrás) coinciden en que obsequiar literatura demuestra complicidad con el amigo, conocimiento del otro y de uno mismo, y, sobre todo, cultura y honestidad.


Antonio Muñoz Molina lo tiene claro: “El libro es el mejor regalo porque tiene la máxima concentración de la experiencia humana. Ahí lo tienes todo, todo el mundo posible, toda la ficción, la realidad, todo está ahí”. Susana Fortes va más allá y apunta siete razones que podrían ser más: “Primero porque es un placer auténtico y tampoco andamos tan sobrados; segundo, porque hay que saber merecerlo; tercero, porque es el refugio más seguro cuando caen chuzos de punta; cuatro, porque a veces nos salvan un día; quinto, porque nos hacen más jóvenes; sexto, porque algunos libros se quedan con nosotros para siempre; séptimo porque nos calientan el corazón ¿Sigo? Sobran razones”.



Por su parte, el sociólogo Román Gubern destaca que el libro es el mejor regalo “si es realmente bueno. Es un compañero fiel que va contigo toda la vida”. Claro que, metido en harina lectora, aprovecha para reivindicar el libro tradicional ante al ebook, ya que “frente a los actuales lectores digitales, el libro impreso tiene el encanto del objeto, su forma, su textura... Pese a todo, creo que el libro electrónico y el tradicional gutemberiano', por decirlo así, coexistirán durante mucho tiempo. Desde mi punto de vista, el libro electrónico realiza una labor de almacenamiento importantísima en lugares de estudio como universidades o bibliotecas. El impreso, sin embargo, conserva su valor fetiche considerándolo casi como una obra de creación. Pienso en las portadas de Junceda o en las ediciones de Alicia en el País de las Maravillas, aún ilustradas por las dibujos de John Tenniel. Ése es el encanto que aún tiene el libro tradicional. El libro impreso tiene la posibilidad de encariñar, de seducir. El libro electrónico es más frío pero más útil. Desde luego, a alguien que yo quiera jamás le regalaría un libro electrónico. En el libro impreso hay un plus de cariño que no existe en otros soportes”.

Para Manuel Borrás, en cambio, lo importante es el contenido y no el soporte, porque “cuando le regalas a alguien un libro le estás diciendo muchísimo de sí mismo, de cómo le ves y de quién eres tú; para acertar siempre debes contemplar al otro, no es como regalar unos esquís que sólo le van a servir para eso y van a enriquecer su mundo”



Exprimidores y libros

En la misma línea, Ignacio Martínez de Pisón destaca cómo “regalar un libro exige conocer los gustos y la personalidad de la persona. Para regalar un exprimidor sólo hay que averiguar si se le ha estropeado el exprimidor viejo”, mientras que Vicente Verdú menciona que aún “estamos con la secuela de aquello que decía que un libro ayuda a triunfar, y esa mítica del libro yo creo que ha persistido”. Gonzalo Hidalgo Bayal confiesa que no sabe regalar otra cosa, tal vez porque “un libro es el regalo más personal, ya que implica a la conciencia y al gusto tanto del que regala como del destinatario, y más perdurable, porque permanece doblemente en la memoria, como regalo y como texto. Personalmente, puedo hacer lo indecible por conseguir un libro si sospecho que a alguno de los míos les pueda interesar y convenir. Con suerte, es el mejor acierto”.

Paraíso selecto

Pero ¿cuándo nace el prestigio del libro como el mejor regalo? Al menos, desde hace cuatro siglos, según Borrás. Para Hidalgo Bayal también es cuento largo, “antiguo y selecto, de supremacía intelectual, paraíso cerrado para muchos. El prestigio social tal vez sea más cercano, un ingrediente añadido a la teoría de la clase ociosa. Creo que ahora los antiguos prestigios -social e intelectual- se han fundido en un prestigio nuevo, que no es de gremio ni de clase, sino democrático y común, popular y personal, de inmensa minoría y brotes humanistas (casi estoy por decir humanos')”. Gubern señala a la Ilustración, “justo cuando el libro se convierte en algo accesible para las masas. En definitiva, cuando se democratiza. A partir de este momento, el libro nace como objeto diferenciado y es cuando se consideran los aspectos que comento sobre su olor, tamaño, etc”. Y también Fortes coincide con el XVIII,y la llegada “de la Ilustración y aquellos filósofos exquisitos y medio aristócratas. Pero, aunque hay precedentes, la novela como género adictivo y popular es un fenómeno del XIX: Dickens, Stevenson, Melville, Conan Doyle, Dumas, Tolstói, Julio Verne, Galdós...”.


San Jerónimo en su estudio, Colantonio. Museo di Capodimonte, Nápoles.

Cargado de desengaño, sin embargo, Vicente Verdú destaca cómo la fascinación de los lectores más veteranos pierde importancia en los tiempos del kindle, twitter y tuenti, “sobre todo para los jóvenes, que ni siquiera prestan atención al libro electrónico, porque casi todo está ya pirateado en la red, mientras los lectores veteranos , los que consideramos el libro en papel como un tótem, quedamos como reliquias del pasado”.

Analfabetismo generalizado

Otros no son tan pesimistas. Así, Ignacio Martínez de Pisón destaca que el prestigio del libro “surge al mismo tiempo que él y se explica por un contexto de analfabetismo generalizado. Por desgracia, a medida que el analfabetismo se ha ido derrotando, el prestigio del libro ha ido disminuyendo”, mientras que Antonio Muñoz Molina vuelve sus ojos al pasado, a la Roma clásica y al medievo: “Con la imprenta hay una generalización del libro, pero no hay más que pensar en la reverencia que en Roma se conservaban los libros o cómo en la Edad Media se salvaron tantos libros. Pensamos que han estado siempre a disposición de todo el mundo, pero no es verdad, a veces ha habido un único ejemplar que fue copiado un monje y que pudo perderse para siempre. Desde que existe el concepto del texto escrito que se puede copiar y trasmitir, muy visible desde Alejandría, un buen libro siempre ha sido un tesoro”.



A veces, incluso, los libros regalados pueden cambiar nuestras vidas. Manuel Borrás, por ejemplo, recuerda como si fuese ayer cómo su madre le regaló, siendo niño, las poesías de Rubén Darío, y cómo buscó en un atlas dónde estaba ese “paisito desconocido” llamado Nicaragua. Ahora, con la perspectiva que da el tiempo, el editor que más ha hecho por que autores de las dos orillas sean conocidos, sabe que ése fue su primer viaje. Para Susana Fortes, el libro regalado clave fue Las aventuras de Tom Sawyer, de Twain, “que era el mundo en el que los niños de antes nos iniciamos en el embrujo de la narración cuando aún no existía el colegio Hogwarts de Harry Potter. Supongo que de él depende que me haya dedicado a escribir, como sucede con todos los grandes libros que nos han amueblado el corazón y la cabeza”, mientras Muñoz Molina recuerda con nostalgia 20.000 leguas de viaje submarino de Verne.

Algunas pistas

Quizá por eso, Borrás siempre regala a sus íntimos las Meditaciones de Marco Aurelio, el Velázquez de Ramón Gaya, y los ensayos de Montaigne. Gonzalo Hidalgo Bayal apuesta este año por Yo confieso, de Jaume Cabré, “una novela magnífica y voluminosa que compré un poco a ciegas, leí con gusto y he regalado con entusiasmo”, y por La noche feroz, de Ricardo Menéndez Salmón, “una de mis preferencias”. Martínez de Pisón confiesa que este año ha regalado Lágrimas en la lluvia de Rosa Montero y Salvador Dalí y la más inquietante de las chicas yeyé de Jordi Soler, y recomienda a los interesados en la España del siglo XX Cuatro gotas de sangre, de Josep Maria Prous i Vila, “todo un descubrimiento”. En esa línea, Muñoz Molina apuesta por dos libros de Chaves Nogales recuperados por Renacimiento, y por Tierras de sangre, de Timothy Snyder , “un libro prodigioso que analiza la mala suerte de catorce millones de europeos exterminados en doce años.”



Susana Fortes piensa regalar El río de la luz, de Javier Reverte ya que “los libros de viajes cuando los escribe un tipo fiable tienen el mismo efecto que una vieja película de aventuras o un western de John Ford”; El silencio del bosque, de Tana French, una historia irlandesa a medio camino entre la novela negra y el thriller psicológico; La Carta esférica, de Arturo Pérez-Reverte, “una lectura de hace años a la que siempre vuelvo, porque consigue desarmarme por completo. Hace que me olvide del oficio y me reconcilia con las razones iniciales por las que empecé a leer. O Irse a Madrid de Manuel Jabois, “un chaval de Pontevedra, una especie de Julio Camba pero más joven y más guapo”. Por último, Román Gubern descubre que le gustaría regalar Y siguió la fiesta, de Alan Riding, “sobre la vida cultural en el París ocupado por los alemanes.”; El amigo americano, de Charles Powell, “que he leído con mucho placer”, y El discreto encanto de la subversión, de Alberto Villamandos.




Papel de regalo

Por Alberto Olmos

Comprar libros para leerlos es mucho menos inteligente que comprar libros para que los lean los demás. Regalar un libro es quitarse un muerto de encima. También tiene algo de filantropía inconsecuente: contribuyes al beneficio de un autor, pero no cargas con el peso de su prosa ni con la obligación de echarle un vistazo a sus desvelos. A día de hoy, con la literatura saldada en varias formas (libros gratis gracias a las bibliotecas, al intercambio de novedades entre autores, al envío promocional si haces reseñas y al envío corporativo de las novedades del sello que te publica), lo mejor es considerar la compra de libros como parte de un mercado humorístico, similar al de los matasuegras o al de esos oscar de plástico al padre del año. El Día del Libro debería ser el 28 de diciembre, día de la broma pesada de obligar a los demás a leer; y qué cosas. Uno recibe un libro como recibe una nómina: esto vales, para esto vales, a esto te asemejas. Elijo un libro para alguien y me pongo en evidencia. Regalo papel, y ya ese gesto indica las ganas que tengo de que el otro se quede solo, un rato cada día, saboreando su soledad; pasando las páginas del ensimismamiento. El papel, de regalo, siempre cuesta más de desenvolver que cualquier otro regalo, porque debajo del papel de regalo hay más regalo en papel; todo es una manualidad interminable, el origami de ti mismo.


Tomado de El cultural.es

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11/06/2024