sábado, 26 de diciembre de 2009

Biblioteca Personal del Diablo por Pedro Tellez









Biblioteca Personal del Diablo


Pedro Tellez




Lo primero que tenemos que tener en cuenta al conjeturar la misteriosa biblioteca del Diablo, es que este nunca lee, siempre relee libros antes de ser escritos por sus autores, o los que nunca se llegaron a escribir. Lo segundo es distinguirla de la biblioteca del infierno en cuanto institución, que es la de todos los libros malos, de antes y después, ¿y que alimentan (y alimentarán) las llamas infinitas del infierno? Si no, ¿de qué otra manera podría mantener el fuego eterno? -sin duda con los libros malos. Pero la incandescente biblioteca no es la biblioteca "personal" del Diablo, y lo que una tiene de extensa, la otra tiene de mínima El Diablo relee no por sabiduría o nuevos conocimientos, lo hace solo por placer.

En ese estante de madera negra africana, apenas imaginamos trece libros, donde no están ni la Divina Comedia ni la edición ilustrada por los surrealistas de los Cantos de Maldoror, y menos el Paraíso Perdido, pues le molesta la adulación. Mucho menos los tratados sobre él: Scott, Defoe, Pompeyo Gener, Papini, Fomari o Collin de Plancy. De estos hemos traído algunos para con sus imágenes hacer más amena la exposición. De estos dos últimos: Diccionario infernal y su álbum, la Historia curiosa y pintoresca de las brujas, y de un viejo tratado de salamandrología, sobre el único animal que resiste el fuego y por lo tanto posible ratón de estas bibliotecas (y de las otras, pues la mía esta llena de salamandras amarillas).


Pero volviendo a lo que nos ocupa, la biblioteca personal del Diablo, y siendo él como los niños, un lector perverso polimorfo, prefiere los cuentos infantiles, mientras más crueles mejor (alguien dice que a él se debe el haber inspirado el final feliz donde al lobo le extraen la abuela por cesárea, y le rellenan de piedras y sed, para que se hunda en el río). Los cuentos de Hadas de Charles Perrault (sus fuentes, sus continuaciones y reescrituras), y el manuscrito original, con dibujos del mismo Lewis Carroll de las Aventuras de Alicia, son sus libros de Cabecera. Prefiere la versión infantil de Galland de las eróticas Mil y una Noches: El Diablo se excita con los místicos del siglo de Oro español, con las traducciones del Cantar de Los Cantares de Fray Luis de León, y con la tercera redacción del Cántico Espiritual de San Juan de La Cruz y con la Séptima morada de Santa Teresa. Literatura divina "a lo erótico". Pero el niño diablo también lee, relee para placer de la inteligencia; y con intensión teológica prefiere la Psychopathia sexualis de Kraff-Ebing en su edición en latín, y considera "no sé por qué" poemas místicos a las 120 Jornadas de Sodoma en especial las ultimas diez jornadas apenas esbozadas, bocetos y apuntes que el Diablo debe tener acabados. Con el Diablo estamos de acuerdo aunque no conocemos, en la perfección de las Soledades tercera y cuartas de Góngora como poesía y de la tragedia el Rey Lear de Pierre Menard. En ese pequeño estante está el teatro completo de Esquilo, por cuya lectura habría bien cambiado su alma a Dios el joven Nietzsche.

Van once libros, deben ser un poquito más, dijimos trece, podrían ser más o menos, agregar o cambiar por ediciones ilustradas sobre enfermedades tropicales y sus parásitos, tratados de anatomía patológica, el códice o libro de las horas del Duque de Berry, algún numero del Nanacinder, colecciones de suplementos (comic) de la pequeña Lulú (como piensa Yusti), la guía telefónica de Ciudad de México, el manual de funcionamiento de un aire acondicionado, o la segunda parte de la Historia de Venezuela de Oviedo y Baños desde aquellos días hasta el dos mil veintiuno, ¿por qué no? Podrían estos y otros libros formar con igual razón o sin razón el espiral de lecturas posibles de ese señor.


A estas alturas les confieso que no me consta que la Biblioteca personal del Diablo exista, pero por libros sé que anda por ahí. Compartiré tres evidencias del gusto del Diablo por la lectura La primera es de orden editorial, tipográfica; la segunda compete a lectores y escritores; y la tercera es apenas una mancha de tinta: Los estudios carmelitas que titularon Satán, impresos el 25 de mayo de 1948, y que sin proponérselo sus editores, monjes carmelitas, fue impreso en 666 paginas, como Uds. bien sabrán a estas alturas del ciclo, es el número de ese señor.

La segunda evidencia bibliográfica tiene que ver con el cuento de Max Beerbohm, titulado Enoch Soames, y que conocemos por la Antología de la Literatura Fantástica de Borges y colaboradores. Beerbohm es un caricaturista y escritor londinense que hace un cuento circular, un auténtico nudo en el tiempo: un escritor mediocre da su alma al Diablo a cambio de fama literaria. Por supuesto que el Diablo le engaña y en efecto, como prueba, aparecerá en un diccionario del futuro pero como personaje en un cuento famoso, el que leemos. El 3 de junio de 1997, la fecha está en el cuento, Enoch Soames y el Diablo se reunirán en la Sala de Lectura del Museo Británico. La trama es un círculo en el tiempo porque en efecto Enoch Soames aparece ya en los diccionarios literarios de hoy en día, por lo tanto, el Diablo podría aparecer ese tres de junio del noventa y siete. En la cercanía de esos días yo llamé a Maracaibo a mi amigo Miguel Ángel Campos para comentarle el asunto y para sorpresa mía él estaba enterado y preparaba sus maletas para partir a Londres a la Sala de lectura del Museo Británico. Campos estuvo ahí, en ese momento y en ese lugar junto con otras personas venidas para la ocasión de distintas partes del mundo: no eran muchos, una docena aproximadamente que esperaban a las 7 p.m. la aparición de los dos personajes. Previamente los lectores fueron recibidos por el personal de la biblioteca y acomodados en una sala. Campos no me habló mucho del asunto a la vuelta, y no le pregunté lo obvio. Tan solo me dijo que pasó algo, pero no lo preciso. Que me disculpe Campos por haber hecho referencia a su participación en esa reunión pero considero que es importante ese dato para la historia de la literatura, él es crítico literario y me entenderá, y espero perdonará mi indiscreción. Yo creo que cada uno vio o creyó ver al Diablo y a Soames en los otros. En pocos textos se ha dado tal mezcla de ficción y realidad. Beerbohm nació en 1872 y murió en 1956, pero sabía que la Sala sería la misma, y que su cuento sale y entra en el tiempo.


La tercera evidencia del Diablo es una marca, y nos concierne. Hace no más de una semana compré en esta misma librería un ejemplar de El Diablo de Arturo Graf, que algunos de ustedes deben tenerlo porque había varios, a mí me lo recomendó Guillen. Pues bien, mi ejemplar, no sé si el de ustedes también (revisen), posee una mancha de tinta en la pág. 96 que se reproduce en la siguiente, la 97 (número que coincide con el año Soames). Para mí es una huella o marca de ese señor, se enteró del ciclo de Charlas, y pasó por la librería a averiguar y ojeó un texto que le interesó. Transcribo los párrafos marcados por si se tratase de un subrayado diabólico, A QUIEN PUEDA INTERESAR. Forman parte del capítulo Burlas, estafas, supercherías, vejaciones y violencias del Diablo, y en el contexto de esta reunión les relacionó con la posesión a través de la lectura, de cualquier texto diabólico o no. con la experiencia literaria, con la vida y la muerte del lector y del escritor, con su labor. Un Ars poética del Diablo, su escritura a través del subrayar un texto de otro, su participación en este ciclo. Cito: "En otros casos el diablo usaba métodos distintos: le recordaba al moribundo todos los pecados cometidos y exageraba adrede su gravedad, le imputaba además otros imaginarios y le aseguraba que estaba condenado irremediablemente, todo para hacerlo morir desesperado y condenarlo realmente. Procuraba ... (ilegible)... hacerle creer que ya no había tiempo para arrepentirse y que la atrición era inútil" y en la página siguiente: "Pero para el Diablo, mucho más útil que la obsesión tal como la he definido y descrito, era la posesión. La obsesión procuraba desahogo a su hastío y a su envidia pero la posesión era lo que lo convertía en amo verdadero y absoluto de los hombres. Mientras debían contentarse con tentar y atormentar, los diablos eran como soldados que asedian una fortaleza en la que entrarán o no en... (ilegible)... según los casos: pero cuando pasan de la tentación y la obsesión a la posesión, eran como soldados victoriosos, entrados en la fortaleza y convertidos en los amos absolutos". Fin de la cita y de la conferencia. Gracias.

(Conferencia leída en la Librería del Sur. dentro del ciclo de conversaciones sobre el Diablo del grupo Li Po)


Publicado inicialmente en el periódico Estación Sur. Nº 1, noviembre 2009 en la Pág. 6.



Enlace relacionado:

La Biblioteca Maldita en La Gaceta Lunar 
 
 
 

lunes, 7 de diciembre de 2009

"La Valencia que se nos fue". Fotografía de las reinas de la VI Feria Agropecuaria e Industrial de Valencia del año 1967



Hoy le traemos una vieja estampa que tomamos de la revista "Infórmate". La imagen es una fotografia de las reinas de la VI Feria Agropecuaria e Industrial de Valencia del año 1967.




VI Feria agropecuaria e Industrial de Valencia

(Marzo de 1967)

 Reina de la Feria: Normarina Tuozzo Bello

En la carreta observamos a

1ª Fila: Morella Sandoval, Lulu Aponte, Beatriz Correa.

2ª Fila: Olga Guada M., Libertad D´Alessandro.



3ª Fila: Milagros Sotillo, Yris Cárdenas y Nancy López



Un poco de nostalgia por aquella Valencia


sábado, 5 de diciembre de 2009

JUAN CALZADILLA,CAMARADA DEL AMANECER



Juan Calzadilla. Ilustracion de Yilly Arana



JUAN CALZADILLA, CAMARADA DEL AMANECER

José Carlos De Nóbrega

El perdedor es su universo
aunque desea ser feliz
y aun quien dice que está cuerdo
pongamos que hablo de Joaquín.




 .E. Aute.


A Alexander y Eva, quienes comparten con nosotros la bella simiente de la vida.


A los trabajadores del Ateneo: Pongamos patas arriba las fotos de Urosa y Uribe, pa’que se prenda la rumba.

No me canso de decir que Juan Calzadilla es el poeta más joven del país. A sus setenta y ocho años, sigue obsequiándonos libros y dibujos asombrosos. Su actitud crítica y traviesa ante la vida persiste con terquedad: Su propuesta plástica, Poética visiva y continua, vincula el dibujo y la poesía con absoluta impunidad; es caligrafía que recrea en el museo un maravilloso circo que complacería a Mateo Martán, atenuando así el dolor de su alma escindida y astillada. El poeta abre el cuerpo del poema para escrutar las almas resbaladizas de los espectadores; dialogamos con nuestro amigo en el vouyerismo de la ranura que nos invita a dar el gran salto. Los libros de Juan tienen un indudable carácter objetual, pues son tocables y nos tocan de la única manera posible, esto es por vía de la Poesía del Decir. Tomamos estos cuerpos escritos con una dosis de simpatía, complicidad y sumo placer: Agendario (1988) nos demuestra una vez más su visión cruda, irónica pero amorosa de la ciudad; el estrecho e inútil formato de la agenda se convierte en la cama sobre la cual se revuelcan cuerpos desnudos, bestias y versos insólitos. El discurso transgenérico no es pose intelectual ni diletante experimentalismo vacuo, sino la encarnación deliciosa del juego de la línea y la palabra: “En nuestra ciudad hay muchas variedades / de perros y una sola especie / de ciudadano: el perro”. Si bien un guariqueño, Enrique Mujica, nos enseñó a escuchar y saborear el habla llanera en tanto trapiche –almacén, inventario y alambique-, este muchacho de Altagracia de Orituco hace otro tanto en el abordaje lúdico y combativo de la ciudad: “como jonás lleno de incertidumbre / moré en el vientre de la ciudad”. No hay una preocupación compulsiva por el estilo, pues las flores de papel de seda no son más que un triste remedo de la realidad circundante; se trata de decir las cosas con la propiedad y la soltura que necesita el coito de la voz poética con el mundo, no importa si el tenor es dramático o sardónico. Nos complacen hoy dos nuevas manifestaciones del espíritu juvenil e incansable de Juan Calzadilla: Nieve de los Trópicos / Sobrantes y El Techo de la Ballena 1961 Antología 1969, de la cual es coautor y prologuista.



Nieve de los Trópicos / Sobrantes (2009) es un precioso libro-objeto editado por el Instituto de las Artes, de la Imagen y el Espacio. Su cuerpo contiene reflexiones sentidas y desenfadadas en torno a las artes plásticas y a la poesía, teniendo como telón de fondo más de veinte dibujos plenos de trazado mágico y juguetón. El texto en prosa mata la sed en el lamedero que integra diversos afluentes: la poesía, la filosofía, la crítica de arte, el aforismo comentado. Podría afirmarse que es un antimanual estético hecho a retazos, al igual que el disonante concierto de múltiples voces que estalla en nuestra cabeza, paseándose burlonas en la vigilia, la modorra y el sueño. Nos toca su fácil acceso e inmediatez, no en balde las numerosas sugerencias y lecturas que se derivan de este ready made o cadáver apetitoso: “Sin embargo, uno escribe para el que sabe tanto o más que uno, pero está obligado a hacerlo como si se dirigiera al que está apenas enterado”. Reivindica entonces la transparencia del acto escritural, pues la simplicidad de la forma es el mejor recipiente para la profundidad conceptual. En “Reverón” tenemos una aproximación al hombre y al personaje, exenta –eso sí- del discurso académico que encandila al ojo caníbal en la comilona del objeto artístico: “- Inventé un personaje que interiormente se identificaba con mi verdadero yo. Como no supe mantener la distancia entre mi persona real y el personaje inventado, terminé loco. Pues me tomé por aquel”. La conversación es inevitable y significativa, pues responde Vicente Gerbasi con sapiencia y elegancia: “La playa es un cristal de mediodía / que anula los colores. / Solo en el fondo del espejo / se hunde el fantasma / de una acacia en flor. / Esta es la bahía / pintada en su casa de palmas. / Los ojos de sus muñecas / me miran como girasoles”. También ambos poetas se refieren a Manuel Cabré: Juan dice que “En sus mejores momentos el gran amor continuaba siendo para este paisajista el cuadro, no el paisaje. Sería absurdo que como pintor hubiese amado a la naturaleza más que a la pintura”; en tanto que Vicente canta al cerro El Ávila, “La montaña / cambia / con la pesadumbre del mundo. / En la penumbra / se vuelve una violeta oscura. / Por la noche se alumbra con astros / y murciélagos”. Este pequeño libro es el ancla del diálogo intertextual y multidisciplinario que alimentó la obra de Leonardo Da Vinci y Michelle de Montaigne; el ejercicio del arte y la crítica que lo celebra, no separa en compartimientos estancos lo culto y lo popular. Por el contrario, este bello objeto –nevado y tropical- los abarca en un abrazo harto conciliatorio. Juan apuesta por la libertad artística en el combate a la subvención de proyectos egocéntricos y no personales que no involucran a nadie, así como también la privatización de los espacios culturales para excluir de golpe y porrazo la participación del pueblo de a pie.



El Techo de la Ballena 1961 Antología 1969 (2009) es otro libro afectuoso que se nos antoja un álbum familiar que Monte Ávila Editores Latinoamericana nos obsequia, cumplidos sus cuarenta años de edad. Juan Calzadilla es coautor, prologuista y acucioso anotador o recensionista de esta estupenda colección transgenérica. A pesar de que ha pasado más de cuatro décadas, El Techo de la Ballena mantiene vigente –en la memoria y la imaginación- sus atrevidas propuestas estéticas y políticas, sin importar la intermitencia de las modas artísticas ni el despropósito ontológico y ético de las patotas políticas. Es pertinente revisitar los manifiestos, los textos literarios y las exposiciones de arte de este irreverente cetáceo que en su momento sacudió al país nacional y escandalizó al país político (incluimos aquí a los aparatos ideológicos del estado con sus maestros idiotas, curas cabrones y periodistas tarifados). He aquí un ejemplo zahiriente: “Demostrar que la Ballena, para vivir, no necesita saber de zoología, pues toda costilla tiene su riesgo, y ese riesgo, que todo acto creador incita, será la única aspiración de la Ballena. Percibimos, a riesgo de asfixia, cómo los museos, las academias y las instituciones de cultura nos roban el pobre ozono y nos entregan a cambio un aire enrarecido y putrefacto. La Ballena quiere restituir la atmósfera”. Se abandonan las asépticas instalaciones museísticas, para exhibir las reses tasajeadas de un necrofílico Contramaestre y los tótems petroleros de Daniel González en los garages que constituyeron las basílicas del rock y el arte contestatario. La obra individual y en colectivo de sus integrantes descansaba en el compromiso artístico y político sin medias tintas ni eufemismos: “Como los hombres que a esta hora se juegan a fusilazo limpio su destino en la Sierra, nosotros insistimos en jugarnos nuestra existencia de escritores y artistas a coletazos y mordiscos”. Caupolicán Ovalles, Carlos Contramaestre, Edmundo Aray, Adriano González León, Efraín Hurtado, Salvador Garmendia, Daniel González, Jacobo Borges, Dámaso Ogaz y, por supuesto, Juan Calzadilla son conspicuos cófrades de nuestro aprecio y respeto. Sin duda este libro, magníficamente diagramado y diseñado, se leerá con morbosidad y goce sensual; es una edición imprescindible y amable como las dos ediciones de Las Celestiales de Miguel Otero Silva, las cuales evidencian la hipocresía y la falsedad de políticos, obispos y palangristas hermanados en el desprecio del Otro, nuestro semejante, espejo único en el que nuestra humanidad se refleja en la transparencia y la solidaridad.


En Valencia de San Simeón el Estilita, ciudad amante de Juan Calzadilla que lo aguarda en la erótica contemplación de los huesos de San Desiderio, viernes 27 de noviembre de 2009.


viernes, 4 de diciembre de 2009

"Venezuela, me desespera por ella misma, por nuestra incapacidad de hacer y de ser, por las frustraciones reiteradas"

Juan Liscano: el escritor Olvidado.

Entrevista al poeta venezolano publicada en la Revista Cabala


 



Aqui le dejamos una entrevista a Juan Liscano realizada por Rafael José Muñoz para la revista Cabala en 1980

Juan Liscano el escritor Olvidado



Por Rafael José Muñoz

El autor de Espiritualidad y Literatura; Una Relación Tormentosa, nos dice en una entrevista exclusiva y especial: 
—Sin duda, me atrae el ocultismo y las vías de realización interior espiritual.
—Nada me aburre tanto como el estructuralismo y el textualismo literarios, y desconfío de los santones que profetizan.
—El ocultismo y el esoterismo, como la magia, persiguen muchas veces un objetivo de poder sobre la naturaleza, y no la revelación de la divinidad.
—La chismografía, constituye, a diversos niveles, la principal actividad de los venezolanos.
—He perdido mucho tiempo en actuaciones públicas sin importancia. No dediqué mi entera energía a la realización literaria ni a la espiritual.




Juan Liscano es un escritor venezolano nacido en Caracas en 1915. Durante muchos años estuvo radicado en Europa, donde hizo sus principales estudios.

Un año antes de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez en 1935, regresó a Venezuela, donde se dedicó a la lucha política, y a una labor intelectual que cada día se torna más fecunda. Juan Liscano es un escritor prolifico. Tanto en el campo de la poesía —está considerado como uno de nuestros principales poetas—, como en el campo del folklore y de la prosa. Ha brillado con obras que abarcan los siguientes títulos: Poesía popular venezolana (1945). Folklore y cultura (1950), 150 años de cultura venezolana (1962), etc. En poesía destacan es tas obras: Contienda (1941), Del alba al alba (1943), Del mar (1948), Humano destino (1949), Rito de sombra (1961), Cármenes (1966), Edad oscura (1969), Los nuevos días (1972), entre otros. Como ensayista ha publicado: Caminos de la prosa (1953), Ciclo y constantes galleguianos (1954), Tiempo desandado (1964), Rómulo Gallegos (1969), Panorama de la literatura venezolana actual, etc.

Espiritualidad y literatura: una relación tormentosa, es su última publicación. En ella se propone "esclarecer la confusión frecuente entre ética y estética, entre espiritualidad y arte, entre progreso exterior y progreso interior".

Los caminos de la espiritualidad y la literatura, para Liscano, "se bifurcan a partir del momento en que se persiguen la realización plena de alguna de estas realidades". En base a ese criterio, Juan Liscano se acercó a algunos escritores y a héroes de novela, para desentrañar la médula de sus planteamientos. A través de esas experiencias, el autor, con extraordinaria penetración, logra encontrar ciertos mecanismos ocultos de la creación literaria, "ciertos temas y motivos reiterados cuyo origen hay que buscar en los rituales de muerte y renacimiento de la antigüedad, ciertas unidades de mitos y estructuras mitológicas que persisten en las letras". En ese recorrido, "indaga el espíritu de la literatura, las ascesis que propone, por las vías respectivamente de la gracia, la imaginación o la rebeldía su situación tenebrosa actual, alude a las tensiones de nuestro tiempo y religa, finalmente, el arte y la escritura con la esperanza en un renacimiento interior del ser humano, liberado de las alienaciones que lo convierten hoy en día en un nauseado o en un enajenado. La literatura puede servir de intermediaria entre un más acá y un más allá al cual debe acceder el hombre".

Tales juicios son los que nos han impulsado a leer y releer esta obra de Juan Liscano, que, más que ensayos, son meditaciones y definiciones y a hacerle una entrevista sobre preguntas y respuestas muy especiales para nosotros.

¿Cómo sitúa usted en su obra, este libro de ensayos que abordan el tema del desarrollo espiritual y del desarrollo literario, como formas excluyentes de realización humana?

Es una suma de inquietudes que he tenido a lo largo de mi vida intelectual, como la de tantos otros, como la suya misma, atraída por la creación artística y por lecturas que asoman a la realización espiritual. Ventilé esas inquietudes a lo largo de los siete ensayos que componen el libro y ofrecen en algunos casos, ejemplos de esa tirantez, de esa dualidad que, en un Rimbaud se convierte en dramático malentendido, y en un Hesse, en un intento de armonizar los contrarios. Estudié a través de determinadas aventuras vitales y obras, esa pugna entre la alta experiencia espiritual que, llevada a sus últimos términos, persigue la visión de la unidad, el sentimiento de la esencia y la elocuencia del silencio, y la plena realización literaria que exige nutrirse de la multiplicidad, de la existencia y de las palabras. Entre otros términos: las vías de la literatura y de la espiritualidad, como categorías de destino, pueden cruzarse en algún punto, pero son bifurcantes. La equivocación conduce al fracaso o a la superchería. En la actualidad hay movimientos literarios aberrantes que mezclan en una confusión de fin de mundo, en un barroquismo asfixiante: Zen y palabrería, Budismo y sensualidad, drogas y visiones, sexo y espíritu, tecnología y presunto despojamiento, violencia y exaltación de vidas ascéticas. Como la confusión de lenguas, de objetivos, de formas y de realizaciones es lo propio de nuestra época caótica y finisecular, esos engendros gustan mucho, sobre todo en los Estados Unidos, donde resulta usual hablar del Conocimiento, entre sesiones de marihuana o haschich, vestidos de hindú y jugando con efectos de luces psicodélicas, estroboscópicas y pulsatorias. En este caso, se trata de burdas parodias; pero cuando el problema afecta la entera vida de un hombre, de un creador, como sería el caso de Rimbaud, hay que plantearse el problema con seriedad. Es lo que traté de hacer. Mi opción resultó ser la literatura.

Si, como dice usted, las vias de la experiencia espiritual y de la literatura se bifurcan, ¿cómo explica usted una realidad tan perfecta coma el cántico espiritual de San Juan de la Cruz y la maravillosa poesía de los místicos sufi de la antigua Persia, como Al-Hallaj y Al Din Rumi, como los poemas Zen?

—Es cierto, pero en esos casos la finalidad no es propiamente literaria, sino espiritual, y la letra no mata al pensamiento, sino lo transparenta. Cuando la literatura se pone al exclusivo servicio de sí misma, es cuando se apartan las vías de realización de la escritura y de la meditación. San Juan de la Cruz no se planteó escribir poesía para la fama, sino como apoyo a la experiencia de alta espiritualidad que llevaba a efecto. La poesía Zen es gimnasia del espíritu, y no de la escritura. Pero su observación resulta válida e implica admitir que, en determinadas circunstancias, la escritura puede ayudar a la realización espiritual. Eso sí, plegada por entero a la tensión de la experiencia espiritual, despojada de hedonismo.

—¿A qué atribuye la poca resonancia que tuvo en nuestro medio su libro Espiritualidad y 1iteratura: una relación tormentosa?

—Mis libros, que yo sepa o recuerde, nunca han obtenido resonancia en Venezuela, ni siquiera cuando refieren la biografía de Gallegos, y eso que nuestro país cuenta, según se dice, con millón y pico de militantes de Acción Democrática. Un libro como Espiritualidad y literatura, inserto en un contexto de preocupaciones y dilucidaciones bastantes ajenas a la mayoría de los lectores y escritores, con mayor razón debía no ser leído ni comentado. Sin embargo debo reconocer que Francisco Rivera, Armando Duran y Luis Alberto Crespo escribieron sobre esa obra, con generosidad gratuita.



¿Considera usted que su obra tiene un carácter esotérico?

—No, no lo tiene, es una obra esotérica, fundada en valores de psicología, referencias literarias y culturales, personajes reales, biografías públicas, historicidad, critica.

¿Cómo explicarla usted que en sus poemas y ensayos aparezcan frecuentemente alusiones a la astrologia, a temas ocultistas, a formas de pensamiento oriental, a símbolos esotéricos? Por otra parte, se advierte fascinación por hurgar en los umbrales de una dimensión metafísica.

—Sin duda me atrae el ocultismo y las vías de realización interior espiritual, pero como simple diletante, sin verdadero conocimiento, sin profundizar, sin transponer esos umbrales que usted dice. Soy el hombre del zaguán, del vestíbulo, del primer poema de Edad Obscura, "buscando entrar a la casa", "queriendo salir al mundo", "salir a la casa". "entrar al mundo", "pasar hacia adentro", "andar hacia afuera".
"cruzar umbrales, calles, alcobas, urbes,
países, desvanes, continentes, galerías,
solo y perdido de antemano el hombre,
el hombre del zaguán
frente a todas las entradas libres,
frente a todas las salidas vivas".



¿No se minimiza? Yo mismo le debo cierto aliento en un tipo de búsqueda ocultista.

—No me minimizo, me sincerizo. He rondado ese mundo resplandeciente sin entrar en él, de verdad. Por eso dije cuando contesté a la primera pregunta, que lo mío era la escritura literaria, que había optado por la literatura, es decir, por una forma de meditación con base a la escritura, aunque tenga que confesarle que tampoco me interesa la textualidad literaria pura, el culto semiótico, las disquisiciones estructuralistas, los despliegues verbales sustentados sobre la sola verbalidad. Por eso le digo que estoy siempre en el vestíbulo, presto a huir del encierro, negado a perderme en la exterioridad. Nada me aburre tanto como el estructuralismo y el textualismo literarios y desconfío de los santones que profetizan. Mi actitud es la de la espera, una expectación en el umbral de esa dimensión metafísica que usted dijo. Comparto plenamente la actitud de un poeta como Girri cuando define su arte poética como "Una teología creadora de objetos que se negarán a ser hostiles a Dios; o con Alain Bosquet cuando en su último libro, dice: "Dios no será tan grande, sino cuando es necesidad de Dios".

—Pero el problema de la divinidad, el ocultismo y el esoterismo no tienen, obligatoriamente, una vinculación clara. El ocultismo y el esoterismo, como la magia, persiguen muchas veces un objetivo de poder sobre la naturaleza, y no la revelación de la divinidad o la liberación de la angustia, por la vacuidad espiritual.


—¿Piensa usted que Espiritualidad y literatura aporta algo al desarrollo espiritual posible de nuestra colectividad?

—El propósito del libro no es ése, sino el de esclarecer las frecuentes confusiones entre la espiritualidad, esoterismo y literatura. A través del recorrido efectuado, me liberé en parte de ciertas confusiones que me atormentaban. Y puse en el tapete de la discusión posible, esas confusiones padecidas por mí.

Ahora bien, el hecho mismo de plantear ese tipo de esclarecimiento descorre ciertos velos sobre otras instancias de la realidad que aquellas a las que nos acostumbran el culto de la historia, la pasión subalterna de la política, el hedonismo literario, el bajo utilitarismo mercantil, la chismografía que constituye a diversos niveles, la principal actividad de los venezolanos. Pero descarto enteramente que dichos planteamientos obtengan una audiencia mínima. Interesarán a una minoría dentro de la minoría que puede interesarse por la literatura, o por las búsquedas de vida interior espiritual.

Entonces ¿se siente solo? Ese desconocimiento de un libro tan importante desde mi punto de vista, y de su poesía en general, ¿no le afecta profundamente? ¿Hay rencor en usted? ¿Sus reacciones contra el país no tendrán que ver con esa suerte de marginalidad literaria a la que se le condena?


—Es posible. Sin embargo, siento que yo mismo he actuado para que advenga esa marginalidad. Con los años me importa cada vez menos. Tomo conciencia también de mis fallas, de las fallas de lo que escribo. He perdido mucho tiempo en actuaciones públicas sin importancia, en el articuleo de periódico, en acciones vitales desencuadernadas. Uno recoge el fruto de lo que siembra. Quizás dejé de sembrar o sembré mal. En todo caso, no dediqué mi entera energía a la realización literaria ni a la espiritual. En cuanto a Venezuela, me desespera por ella misma, por nuestra incapacidad de hacer y de ser, por las frustraciones reiteradas. Es un país que sufro sin amarlo demasiado, hoy en día. Déjeme en el vestíbulo amigo de muchos años. Adiós.

 Rafael José Muñoz

 Revista Cabala. Nº 33-Enero 1980. Año III.



jueves, 3 de diciembre de 2009

Papelografía de una reunión del Grupo Li Po. Realizada por Orlando Oliveros


-->


Es usual como agrupación que debamos reunirnos para definir la programación de actividades o simplemente para pasar un buen rato. Para los que se preguntan como son esas reuniones o de que hablamos, aquí tienen la memoria grafica realizada por Orlando Oliveros de una de tantas reuniones que se realizan en nuestra panadería habitual. Esta memoria debe tener alrededor de dos años o más de haber sido realizada. Disfrútenla.





-->
¡Hasta la próxima entrada!


miércoles, 2 de diciembre de 2009

ACENTO DE CABALGADURA O LA TILDE QUE PREFIGURA EL DECIR

por JOSÉ CARLOS DE NÓBREGA







ACENTO DE CABALGADURA O LA TILDE QUE PREFIGURA EL DECIR


José Carlos De Nóbrega



Yo vengo labrando a solas
este anhelo de honda vida.


Guariqueñita, Alberto Arvelo Torrealba.




Es incuestionable la vocación de Enrique “El Gallo” Mujica por la Poesía del Decir: No sólo el ejercicio magistral de la palabra en Poemas del Decir (2005, edición de autor) nos lo confirma, la novela Acento de Cabalgadura (en sus dos ediciones de 1989 y 1990, Universidad de Carabobo y Ateneo de Calabozo respectivamente) lo anunció con suma antelación recreando sin mediación alguna el habla llanera del cabrestero, el conuquero, la comadrona, el brujo o el caporal. Textos como éste, “Contra el poder y / contra la miseria / descerrajamos el poema. / El poema como un fuego alto / contra la muerte”, van de la mano con el terror que le inspira a Guillermo Navas la recluta, pues “Mire, compa, lo que soy yo no paso por la puerta el cuartel, porque esos nunca están completos”. La preocupación social no es una concesión piadosa del oficio poético que procura lo políticamente correcto; tampoco la recreación amorosa de la oralidad de nuestro pueblo, constituye un muro indeseable que la separe del buen decir. Los artistas no sólo son mayordomos celosos y severos de la cultura clásica y universal, también son fieles lectores de los maravillosos textos humanos que bullen a su alrededor. La Poesía del Decir, hecha verso y prosa, nos confiere el placer de auscultar la palabra del Otro con rigor y claridad (valga la alusión a uno de los nuestros, el poeta brasileño Lêdo Ivo). En la ausencia de la ruidosa y extravagante arrogancia de los especialistas en el no decir, Luis Alberto Angulo Urdaneta comparte con nosotros la belleza superlativa de “una enorme troja de cachos y narices agarrando aire” que atraviesa un río crecido. Qué decir de esa conmovedora crónica poética y fluvial que es Carama del poeta Igor Barreto: “El río crecido roza la capilla del ánima salvadora / donde iré a dejar unas cuantas monedas / por los amigos que enfermaron de distancia”. La carama trae consigo la voz del general Castro, al igual que el cadáver del abogado Rafael del Castillo dentro del ataúd de su propio caballo. El poeta Manuel Bandeira compone una ópera bufa de sapos académicos que pervierten las aguas transparentes de la Poesía: Su croar deviene en triste susurro que nada dice, ateridos del frío que no justifica la preceptiva totalitaria de los que pretenden aún cosificar el cuerpo libertario y liberador del poema. Celebramos hoy la reedición de Acento de Cabalgadura, bajo el incansable y milagroso sello editorial de El Perro y la Rana, como reivindicación de la dura pero vivificante palabra poética que echa abajo las alcabalas del poder, en la asunción de la solidaridad y la responsabilidad siempre presente en la obra literaria de Enrique Mujica. Quisiera destacar, entre sus numerosas virtudes, tres grandes rasgos a saber: su discurso transgenérico ajeno a abstrusas maromas excéntricas; la simplicidad y riqueza de su musical inventario léxico; y la interiorización del paisaje por vía de la metáfora viva que juega con la filosofía de las artes y los oficios de nuestros campesinos, sin la necesidad de lanzarle peos al Diablo.


El discurso narrativo funde la novela y el cuento en la impune vinculación del arte con la vida. Sin apelar a las referencias cruzadas ni al diseño de atrevidos e ingeniosos instructivos de lectura, la novela supone los tramos integrados que sólo conducen a la lúdica contemplación de las voces que aprehenden el entorno en un ejercicio exquisito de la memoria. Nos suena a los cuentos de la llanura y el habla octasílaba que ennoblecen las faenas del campo, amenizan las noches de parranda y construyen el dilatado imaginario campesino. Nos recuerda la estructura y el tenor corajudos de dos novelas que apreciamos mucho: En virtud de los favores recibidos de Orlando Chirinos y Cacao de Jorge Amado, las cuales acompañan con denuedo y ternura a personajes imprescindibles, la puta del pueblo y su clientela, los trabajadores de las plantaciones de cacao del sur de Bahía. Si revisamos los títulos de los capítulos, nos encontramos una galería de motivos campestres redondeada en sustantivos escoltados por determinantes, echando fuera de sí las adjetivaciones innecesarias: El conuco, la carreta, el trapiche, los sapos, la madriguera, el gallo o el tío Pedro. El discurso narrativo apunta, entonces, a una paradójica y firme voz que se fragmenta en el diálogo comunitario con las otras voces, las del prójimo y las de la naturaleza: “Esa era la conversación de los sapos que yo escuchaba desde el chinchorro entre el secreteo de la llovizna arriba el cin y las lenguarás de los truenos. Porque si uno se fija, el trueno también habla, como hablan los pájaros, y el borbollón del río y la lengua e la candela en un chamarizal”. El tono conversado tiñe de color la flexible y concreta estructuración del texto narrativo, sin laberintos ni pasadizos falsos que distraigan a los lectores en la mentira de la forma por la forma.


Enrique nos sumerge en la sonoridad y la diafanidad del único inventario léxico que puede apropiarse del llano: guáimaros, joso palmero, fóforo, juraco, cundiamores, trapiche, masaguaro, corozo, por ejemplo. El habla campesina es mucho más fiel al idioma de Garcilaso de la Vega, San Juan de la Cruz y Miguel de Cervantes que ese calé apresurado, biodegradable y deformado por intelectuales y usureros mercachifles –qué les parece el ruido ininteligible de palabras desgraciadas como accesar y aperturar-. Las palabras nos queman en el melao que burbujea el trapiche: Tenemos esas solazadoras miniaturas en prosa y verso que son los refranes y las coplas. “Yo sabía que el viejo Indalecio era más pichirre que colmena en acapro” o “Arrequinta la muralla / afloja los cabresteros / si quieres comer cogollo / goza del yugo primero”.


La metáfora vive en el afán y la respiración por el llano, a fuerza de imágenes primigenias e inmediatas al buen paladar que se enseñorea chispeante y despreocupado del texto: En La Quemadura, la voz narrativa nos describe cómo se hace el batío proveniente de la melcocha, cómo la pelota e candela de la gota e melao le llaga el empeine y, mejor aún, cómo el padre le cura la herida; se fusionan entonces la gastronomía y la farmacología popular para rematar asombrosamente en una metáfora perfecta: “Mire la vaina. Eso le pasa porque usté es una avispa. Lo que quiere es vivir metío en un trapiche”. El episodio o relato titulado La Miel, nos presenta a los muchachos castrando el matajei para extraer su dulce y apetitoso jugo, imbuída la escena de una sensualidad mágica enclavada en el eros gástrico; el juego metafórico no es artificial ni ideológico a secas, emparenta la infancia con una visión nostálgica del llano y la recreación desalentadora de la institución escolar: “Más de uno castré. Ai era ande me acordaba de la escuela, del chorro e muchachos saliendo de la escuela, como avispas. Entonces pensaba que la escuela era también un matajei, pero sin miel”. El Conuco nos revela la pelea entre el hombre y la naturaleza: El Tuerto Elías pierde los primeros rounds con los ventarrones de San Lorenzo, cuando arrasan medio maizal en días; sólo que el hombre, retando al santo y con la vara atravesada como una gran hélice, tumbó el resto del conuco en media hora. La interiorización del paisaje no es plana ni edulcorada, por el contrario, asume un cariz problematizador y dinámico en el ejercicio libre y desenfadado del lenguaje poético.


No nos queda más que una celebración sentida de la novela de Enrique Mujica, parodiando la negación de Pedro a la vista de tres gallos por si a las moscas –tomamos previsiones en caso que dos de ellos queden afónicos-: Se canta al filo de la madrugada la fidelidad de la Poesía al hombre de a pie, de a caballo o de a autobús; parafraseando a Jorge Amado, la Poesía del Decir no apunta a la mera generosidad, su virtud posee un nombre más bonito, conciencia de clase.


En Caracas, hermana de Bolivia y novia de José Manuel Briceño Guerrero, sábado 21 de noviembre de 2009.