sábado, 13 de mayo de 2023

José Rafael Pocaterra ni rectificó, ni sacrificó solo narró

 

José Rafael Pocaterra (1889-1955) siempre fue un escritor que estuvo en el ojo del huracán de los acontecimientos de su tiempo


NOTAS DESABROCHADAS


Pocaterra descolocado


Carlos Yusti, domingo 12 de septiembre de 2021


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Escribir de la realidad acuciante que nos rodea ya como que no se estila; además, los bodrios producidos por el realismo socialista, que nadie lee ni por curiosidad, son la prueba de ese abismo en el cual hoy los escritores no quieren caer. La realidad a veces resulta un aluvión caótico, sobre todo para el escritor de novelas y cuentos. Para algunos escritores puede servir como decorado para mover a sus personajes; para otros, la realidad es ese condimento crudo que sazona con vigor su narrativa; pero para los escritores con espíritu artístico, la realidad es sólo una obviedad bostezante, en ocasiones mediática más que sabida, que es necesario cernir con mucha literatura imaginativa y extravagante para darle un sentido estético envolvente en el que el lector también haga sus aportes para salir de la asfixia.


En un artículo el escritor nicaragüense Sergio Ramírez anota sobre el fracaso de esa novela que toma partido, esa que deja de ser ecuánime para mostrar las taras sociales y políticas convirtiéndose en una pancarta para la denuncia. Para Ramírez, mantenerse neutral con los acontecimientos es su regla: “Nunca tomar partido. Quizás los asomos de fracaso que uno encuentra en la novela de denuncia que se escribió en América Latina en la primera mitad del siglo está precisamente en que esa denuncia, demasiado obvia, llega hasta la imprecación discursiva. Novela militante, novela de tesis. Novela de partido”.


Desde esta óptica, un escritor como José Rafael Pocaterra (cuyo prontuario de no ser un escritor neutral es leyenda de hemeroteca) al parecer pasará al desván del olvido, si no es que ya está allí para alivio de la realidad y de la implosión política que se ha entronizado como una materia corrosiva en todos los intersticios sociales. Con todo esto del escritor como mirón neutral Pocaterra queda un poco descolocado, algo movido de ese pedestal del escritor como retratista imparcial de la sociedad que le tocó en suerte.



En su artículo, Ramírez escribe: “La intención deliberada de que la obra de ficción funcione como vehículo de propaganda política resulta condenada de antemano, porque la novela es el instrumento menos adecuado para esa tarea que se convierte en patética. La ahoga la obviedad, que es enemiga mortal de la complejidad, y el discurso narrativo arriesga a volverse infantil, por su simpleza didáctica…”.


Pocaterra siempre fue un escritor que estuvo en el ojo del huracán de los acontecimientos de su tiempo e incluso sus novelas y cuentos no podían escapar a su postura de contienda contra los desmanes políticos y contra esa literatura plagada de evocaciones proustianas. No por azar Pocaterra escribió: “Ni rectifico, ni sacrifico: narro”. A pesar de que sus libros tienen muchos de esos defectos que señala Ramírez, conforman una página destacada de la literatura venezolana, y uno de los mejores estudios sobre la vida y la obra del escritor es el escrito por María Josefina Tejera: José Rafael Pocaterra, ficción y denuncia.


En Pocaterra se combinó, no siempre en dosis equilibradas, el luchador social con el escritor, y en comparación con otros autores de su tiempo su estilo literario puede resultar pedestre. Sin embargo, su actitud de hombre de letras que no hace mutis frente a la abominación dictatorial puede decirse que es su mejor (y peor) escritura.


Algunas novelas de Pocaterra se quedaron patinando entre la denuncia y el panfleto, nunca calzaron los puntos suficientes para obtener el estatus de obras de arte y devinieron a la postre como novelas pancartas, donde la denuncia y la ironía dejaban al descubierto los trapos sucios de una sociedad miedosa, obsecuente y dispuesta a someterse a los caprichos de los sátrapas que usurpaban el poder para seguir medrando y sobreviviendo.


A pesar de todas las adversidades Pocaterra escribe su libro Cuentos grotescos, en el que retrata su mundo inmediato y su idea sobre una sociedad deformada (a veces con una monstruosidad esquiva y como oculta) que conforma algo así como una comparsa retorcida hasta la caricatura. Siempre he considerado éste un libro de cuentos como un mapa en negro de la ciudad de Valencia, una guía para llegar al lado oscuro del espíritu de una ciudad siempre pacata y conservadora, donde hay siempre algo oscuro (grotesco lo definió el escritor), bituminoso, que daña todos los sentidos.


Pocaterra percibió lo grotesco, o más bien lo vivió en carne propia, y lo convirtió en veta para su cuentística. Supo como ningún otro escritor ver ese lado poco amable de las historias con personajes algo deformes y cuya existencia opaca, o que roza los límites de lo inverosímil, subrayaba un horror en el que la desigualdad, la insolidaridad y el miedo eran los atributos sociales muy bien disimulados. No es gratuito que Josefina Tejera escribiera: “…se vale de la deformación grotesca para destacar, en determinado momento histórico, las desigualdades sociales, con el fin preciso de incitar un cambio y contribuir al progreso social. Con esa intención describe los aspectos más sórdidos y repulsivos de la vida humana e intensifica el desequilibrio de la realidad hasta sacudir al lector con lo desagradable…”.


La crítica canónica tiene a Pocaterra como un narrador que sacó al cuento de ese empaque preciosista y literario para encontrar el hueso de historias realistas sin efluvios metafóricos, o algo por el estilo. Es decir, un cuentista imprescindible que cualquier narrador debe leer para cumplir con la tarea. Y aunque algunos de sus cuentos pecan de intencionalidad, o tienen alguna moraleja, están algo alejados de ese realismo duro pregonado por su autor. Alba Lía Barrios destaca que en sus cuentos “…una y otra vez volvemos a tropezar con frases y párrafos enteros del romanticismo más farragoso y descubrimos ejemplos de una elegancia modernista orgullosa de sí misma”. Barrios también anota, como una característica a favor, el distanciamiento al momento de narrar; un distanciamiento “en el sentido brechtiano para significar ese efecto de lejanía emocional, de falta de identificación entre personajes y receptor…”. Ya esto le otorga cierto certificado de actualidad a sus cuentos. A pesar de ello Pocaterra no legó ningún decálogo del perfecto cuentista ni nada parecido, pero el prólogo para sus Cuentos grotescos dejó algunas pinceladas de su concepción narrativa: “El cuentista, es decir, el escritor que logra encerrar en pocas páginas lo vital, lo artístico y lo que necesite dos o trescientas para comunicar al lector en dos o tres días lo que él logre en pocos minutos, es la simiente del novelador copioso cuyo mérito es extenderse, explicar, explicarse, y cuando lo logra es porque la simiente prendió. De lo contrario, la generalidad de ‘fabricantes’ de intriga novelesca con sus tres clásicas dimensiones y la cuarta en veremos, no pasan de ser festones más o menos vistosos de un arco de cartón que al marchitarse toman la más triste forma de la basura: la marchitez vegetal y el papel sucio”.


El otro libro de Pocaterra, especie de eje central de toda su peripecia creativa, es sin duda Memorias de un venezolano de la decadencia. Obra que resiste todas las clasificaciones sumarias posibles. Obra polifónica por excelencia y que dentro del cuerpo escritural incorpora pequeñas historias. La que siempre ha llamado mi atención es la del fotógrafo Nerio Valarino, quien preso en La Rotunda se hizo pasar por loco y con una lata de sardinas comenzó a tomar fotos de todo. Lo que era un ardid de Valarino, ya que su intención era fotografiar el horror de La Rotunda, amargamente célebre cárcel de la dictadura gomecista. Valarino, con la complicidad de familiares y amigos, armó una pequeña cámara que disfrazó en su lata de sardinas. En la cárcel, cuando los guardias lo veían, asumían que el pobre hombre había perdido la razón y su manía era creerse fotógrafo, y lo dejaban en paz. Pocaterra cuenta este episodio de Valarino con genialidad magistral. Las Memorias son un compendio de muchas cosas. Inigualable vademécum que puede leerse, aunque incurra en un tópico, como crónica histórica, novela, panfleto, testimonio carcelario y un etcétera variado, pleno de sutiles complejidades.


La Rotunda. Preso político con grillete y perno.


Lo que hace actual a Pocaterra es que escribió siempre el mismo libro con la mirada fija en esa realidad retorcida en lo grotesco. Que sus Memorias no son historia, ni memorias, ni diario, ni novela, sino un libro que fue hacia distintas direcciones y que él se ocupó en reescribir sobre la marcha como buscando un nuevo procedimiento para narrar su experiencia y ese instinto particular que tuvo para ser un participante activo de los vaivenes sociales y políticos.


No fue nuestro clásico más sobresaliente, pero sí el que forjó una manera de ejercer de escritor desde ese sentido de la confrontación. Supo reconfigurar con su escritura, algo rústica, una realidad sociopolítica en extremo paralizada (y paralizante). Pocaterra creía con firmeza que la realidad saldría de esa dureza de ladrillo impuesta utilizando la literatura como mandarria, y más que escribir libros escribió fuertes mandarriazos para que la realidad adquiriera su movilidad gelatinosa, huidiza. Escribió para situarse en ese lugar difícil donde la literatura produce esa sensación incómoda de parecer servir para algo. Su agenda como escritor fue tachar de su agenda, a través de su escritura, la realidad.


Tomado  de Letralia.



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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.

Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia

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viernes, 12 de mayo de 2023

LINDSAY KEMP a José Pulido: El artista debe correr el riesgo de que su arte sea considerado un insulto

 




LINDSAY KEMP: El artista debe correr el riesgo de que su arte sea considerado un insulto

Una entrevista de José Pulido





Hoy publico la segunda entrevista que le hice a Lindsay nueve años después de la primera. La fotografía es de Alfredo Padrón, quien se topó con Lindsay saliendo del Ateneo. Esta es una de las mejores imágenes que le hicieron a Kemp fuera del escenario. Agradezco a Alfredo su permiso para usar esta fotografía. Hace unos años Kyoto se escribía así en vez de Kioto. Aclaro. Y se veía más japonés.



LINDSAY KEMP TIENE MIEDO DE ACTUAR HOY





“Mi nombre aparece en las páginas amarillas de la guía telefónica de Roma: Lindsay Kemp”.


Teatro Teresa CarreñoImagen tomada de VTV




Su voz shakesperiana, de tonos oscuros y sedosos, flota en una danza con el humo del cigarrillo mentolado. Una bocanada de calor penetra por la ventana abierta. Detrás se ven algunas oficinas de Parque Central. Revuelto con las alarmas y los cornetazos de los carros, se escucha el lamento de las chicharras que arden en el infierno del verano.

Torres de Parque Central. Imagen de Wilfridor.

Entre la palabra mi y el apellido Kemp su rostro y sus manos han expresado varios sentimientos y emociones. Entre un instante y el otro, se posesiona del hombre la imagen de una japonesa. Allí están la sonrisa silenciosa, la blancura flotante, la suavidad de una danza.

—Tengo miedo —dice la voz de Lindsay Kemp— emergiendo del lugar donde la bailarina japonesa se insinúa.

—¿Miedo de qué?

—De estar ante el público. Siento ese miedo que para mí significa actuar. Está creciendo. Siempre es así. Es sentir que quizá lo que haga mañana sea un completo fracaso.

(Hoy se presentará con su espectáculo Onnagata en la sala Ríos Reyna, del Teresa Carreño. A las seis de la tarde). Ayer, en la habitación del hotel Anauco Hilton confesaba estar asustado.

Sala Ríos Reyna. Imagen tomada de VTV


Lindsay se toca la cara con las dos manos, con las palmas y con el dorso, como quien comprueba si tiene fiebre.

“Algunos artistas encuentran mayores energías en ese dolor, en ese miedo, yo no”.

Él sigue dándole vueltas a ese tema. Se nota que ha estado vagando por la habitación. En una mesita hay un spray de agua de colonia Jean Marie Farina y en otra se ve un cenicero lleno de colillas a medio fumar.

Colonia Jean Marie Farina

“Hago cualquier cosa para que desaparezca el miedo, pero todo forma parte de ese temor. Cuando estoy dando cada uno de los pasos para salir a escena, siento miedo en las entrañas”.

(Ayer temblaba un poco, es cierto, pero no dejaba de repetir tal vez de manera inconsciente, los movimientos de Onnagata).

“De pronto estoy en el antiguo Kyoto”, dice.

Cuenta que su padre era un marinero que en cada viaje le traía kimonos. Él se los ponía: era un muchachito inglés que usaba kimonos. 

“Aprendí a moverme como los japoneses usando esos kimonos”. Era como si los fantasmas de quienes los habían usado me dieran sus movimientos y me hicieran ver sus paisajes”.

Kemp habla de que hace un tiempo, cuando conoció el teatro Kabuki, sintió una gran emoción porque era como revivir la memoria. Aquella memoria japonesa de los kimonos infantiles.

“Tengo la manera japonesa de caminar, el corazón mediterráneo y el espíritu del latinoamericano. Por eso bailo el kabuki de una manera muy latina”, comenta y se ríe. Agrega a esto la información de que a veces está en el Kyoto de la antigüedad y en otras ocasiones se transporta a Buenos Aires. Por supuesto que cuando él anda por el antiguo Kyoto, ocupa su lugar esta mujer de ojos rasgados que ahora parece estar flotando en el acuario.

—Si usted se muere en estos momentos, ¿reencarna en el Japón?, ¿renace japonés?

Lindsay hace un esfuerzo y se impone a la actriz  japonesa que de cuando en cuando lo borra, lo hace desaparecer.

—¡No! En el Japón moderno no renacería.

Después de responder así cuenta que hace dos años llevó al Japón la obra Alicia en el país de las maravillas. El empresario le preguntó si podía cortar las escenas donde unos personajes son decapitados.

Le explicó que cortar la cabeza a unos personajes sería una especie de insulto para el público japonés.

“Por supuesto que no eliminé esa parte de la obra”, expresó Kemp. Y añadió: “El artista debe correr el riesgo de que su arte sea considerado un insulto”.

—¿Cómo se refleja en el teatro la presunta muerte de las ideologías y la caída del socialismo?

—El trabajo del artista es ayudar a sostener las ideologías, aunque los artistas modernos tienden a abandonar la parte política. Yo ando en una búsqueda igual que el político, pero vivo de emociones. Yo me abandono en las manos de los dioses. Me encanta pasar las noches bailando con el público, junto con los espectadores. El gesto, es mi manera de escribir. Una manera de escribir que no tiene fin.

—Usted estaba en Caracas el miércoles 8 de abril. ¿Qué pensó cuando escuchó los pitos que sonaron por la noche?

—Me sentí que estaba en un carnaval, porque andaba en un carro, con unos amigos y había tomado varios tragos. No me di cuenta de la significación política que eso tenía, pero disfruté el gesto.

La japonesa de labios pintados se apodera otra vez del espacio y hace que Lindsay Kemp se esfume. Ella mueve las manos en una danza sin música, se toca la frente, levanta los brazos, finge que sirve una taza de té.

Lindsay Kemp se pone de pie y dice que ya vuelve, que va al baño. La mujer flota.


EL FESTIVAL INTERNACIONAL


—¿Sintió más emoción en 1983 con la obra de Shakespeare que en este 1992 con Onnagata?

—No. Apartando el miedo escénico, esta obra me emociona más porque permite que la gente vea todas las cosas que soy o que quizás no soy.

—¿Qué opinión tiene sobre el Festival Internacional?

—Estoy impresionado con el resultado del Festival Internacional. Es una lástima que el teatro no sea tan popular fuera del tiempo de este evento. Durante estos días la gente se muere por entrar en las salas y supongo que después se quedan vacías. Es que todo el mundo quiere ir donde va la gente. La gente va donde la gente va.

—¿Quién le ha hecho más bien a Inglaterra entre Margaret Thatcher y Los Beatles

Lindsay Kemp exclama “¡Oh my God! y suelta una carcajada cuyo sonido utiliza fugazmente la bailarina kabuki para moverse en la sala y ejecutar unos pasos.

Él no parece verla, pero es inevitable que ella lo deje en segundo plano.

-¡Los Beatles! ¡Los Beatles! ¡Los Beatles! Lástima que no hayan sido más duraderos. Fueron poetas de Orfeo.

Lindsay habla y se cubre el rostro para que la emoción no se vaya de golpe. Cuando se quita las manos ella es quien gobierna la acción. Es una mujer del antiguo Kyoto y trata de imponerse al hombre que suda frente a una ventana por culpa del calor caraqueño. 

Lindsay habla por encima de los movimientos femeninos, cuenta su admiración por Fred Astaire y Ginger Rogers; confiesa su pasión por Isadora Duncan y Picasso; comenta el amor por Latinoamérica y murmura “Roma es bella”, pero la bailarina kabuki lo avasalla. Diríase que ella se lo está tragando. Él mira a Vanessa, la traductora, como pidiéndole ayuda.

Kemp es un ser fascinante que sirve de puerta de salida a otros seres. Un médium.  

“Tengo miedo”, dice en voz baja y hay un revuelo de kimonos en el ambiente. La mujer que habita en él se ha desvestido.


El Diario de Caracas, viernes 10 de abril de 1992.


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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores

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jueves, 11 de mayo de 2023

Václav Havel: No quiero creer que toda la civilización constituya un error fatal del espíritu humano

 




LA CARA OCULTA DEL ALMA HUMANA, por Václav Havel


 

“Junto con los mitos tradicionales hemos enterrado también un orden en las esferas oscuras de nuestra existencia. Y todo lo que la inteligencia moderna hace para sustituir dicho orden, se revela siempre como algo erróneo, falso y pernicioso, puesto que resulta siempre ilícito, sustitutivo, sin raíces, sin ontología y moral; hasta ridículo, como el culto del Ente Supremo durante la Revolución Francesa, el folclore colectivista de los sistemas totalitarios o su arte de homenaje realista. Parece como si enterrando el mito hubiésemos renunciado a un estado probado en que durante milenios se criaban los animales misteriosos de la ignorancia humana; esos animales fueron puestos en libertad –con la convicción trágicamente errónea de que se trataba de quimeras solamente-, y ahora están devastando el paisaje. Lo asuelan y al mismo tiempo crean sus establos auxiliares en los lugares en que no los esperamos; por ejemplo, en los secretariados de los partidos políticos modernos. Estos tabernáculos de la inteligencia moderna les prestan su autoridad y su aparato, de manera que el asolamiento es amparado por la concepción más científica del mundo. Los demonios han sido soltados del establo del mito, y grotescamente se visten de hombres honrados del siglo XX que han dejado de creer en fantasmas”.

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Tengo ante mí la famosa Filosofía Oculta, de Cornelio Agripa de Nettesheym, y leo que al ingerir el corazón vivo (latiendo aún, si es posible) de la abubilla, la golondrina, la comadreja o el topo, el hombre adquiere el donde de profetizar. Son las nueve de la noche, y yo decido poner la radio.

 

La locutora lee en voz seca y objetiva las últimas noticias: Indira Gandhi fue asesinada por dos sijs de su guardia personal. El cadáver del sacerdote Jerzy Popieluszko, secuestrado por oficiales de la policía polaca, fue encontrado en una represa del Vístula. Se está organizando una ayuda internacional a Etiopía, donde la falta de víveres amenaza a millones de personas, mientras el régimen del país invierte millones de dólares en los festejos de su décimo aniversario.

Los científicos norteamericanos elaboraron un proyecto de observatorio permanente en la Luna y el inicio de exploraciones de Marte por los hombres. El corazón de un papión fue trasplantado con éxito a una muchacha de California, por lo que protestaron diversas asociaciones protectoras de animales.


LOS MITOS HABLAN AL HOMBRE DE UN PODER QUE LE TRASCIENDE Y QUE NUNCA HA SABIDO COMPRENDER


Los mitos antiguos son, ciertamente, algo más que una simple realización de las imágenes arquetípicas de la ignorancia humana colectiva. Pero son, sin lugar a dudas, también esto. Numerosos secretos del ser y del hombre mismo, numerosas visiones oscuras de él, obsesiones, anhelos, presentimientos, el saber confuso anterior al científico o fuera de lo científico, y posiblemente también numerosas seguridades metafísicas importantes, habían sido cifrados en los mitos antiguos.

Es natural que los mitos trasciendan al hombre; a través de sus creadores hablaba algo superior, algo fuera de ellos, algo que ellos mismos no habrán podido comprender y nombrar en su plenitud. La autoridad de que los mitos gozaban ante los hombres de las viejas culturas demuestra que el poder superior –cualquiera que sea- era otrora percibido o reconocido generalmente.

Según la interpretación de los mitos por Jung, es evidente que los mitos introducían un orden parcial o temporal en el mundo complicado de los presentimientos ignorantes, las seguridades incomprobables, los instintos ocultos de las pasiones y los anhelos que forman parte inseparable del alma humana. Y que la autoridad de los mitos ejercía algo así como un control o una supervisión sobre las fuerzas de la inconsciencia humana.

La civilización moderna ha privado a los mitos antiguos de su autoridad. Apostó por el intelecto frío y descriptivo cartesiano, y reconoce sólo el pensar en forma de nociones. No quiero creer que toda la civilización constituya sólo un brazo equivocado de la historia y un error fatal del espíritu humano. Representa más bien sólo una fase indispensable que el hombre y la humanidad deben cumplir y que el hombre –si sobrevive- vencerá después a un nivel superior, imposible sin la fase actual.

Sea lo que sea, lo cierto es que toda la orientación racionalista de la nueva época, renunciando a la autoridad de los mitos, ha sucumbido a la peligrosa gran ilusión: creer que han dejado de existir inclusive aquellas potencias superiores y oscuras, tanto en la inconsciencia humana como en el cosmos enigmático, a que los mitos se referían de algún modo, que atestiguaban y cuyo control relativo garantizaban.

 

Actualmente predomina la opinión de que podemos “aclarar todo de una manera sensata”, según se dice, mediante descripciones lógicas de la inteligencia vigilante. No hay nada oscuro, y si algo hay oscuro, es necesario alumbrarlo con rayos del conocimiento científico para que deje de serlo.

Es obvio que se trata sólo de una autoilusión grandiosa del espíritu moderno. Aunque lo afirmáramos mil veces la cara oculta del mundo y del alma humana, no la suprimiríamos ni la suprimiremos jamás. La ahuyentaremos más a la sombra. A lo sumo, lograremos que todo el mundo complejo de los oculto encuentre sus formas suplentes, enmascaradas y aún más desconcertantes.


El enigma de Hitler, por Dalí.



EL ORDEN RACIONALISTA ES ERRÓNEO, FALSO Y PERNICIOSO 


Que el orden que había introducido otrora el mito, y merced al que el hombre tenía por lo menos una orientación general acerca de sus potencias y un control por lo menos limitado sobre ellas, desaparezca junto con el mito, y que aquellas fuerzas de la noche sigan actuando caóticamente y sin control, dejando al hombre siempre consternado por su presencia, ahora ya completamente inexplicable.

Y no sólo eso, sino que junto con las oscuras potencias han sido enterradas –de hecho, también como oscuras- las potencias buenas: el olimpo ha sido abolido en su todo, con los maliciosos y sus justos. De manera que no hay quien castigue el mal y ponga en fuga a los fantasmas. El bien, en su cortesía, tiende a tomar en serio el gran entierro y a desaparecer; el mal, por otro lado, siente que ha llegado su momento a raíz de que la gente ha dejado de creer en él.

Hasta ahora no podemos entender cómo es posible que una gran nación civilizada de Europa –o por lo menos su mayor parte- haya podido dejarse fascinar en el siglo XX por un pequeñoburgués ridículo y lleno de complejos, dar fe a sus teorías seudocientíficas y en su nombre aniquilar a los pueblos, conquistar los continentes y cometer increíbles crueldades. La ciencia positivista, inclusive el marxismo, ofrece aclaraciones científicas varias del enigmático fenómeno.

Pero dichas explicaciones, más que eliminar, acentúan la imposibilidad de su comparación. Puesto que la inteligencia objetiva y fría, que no habla de esas explicaciones, subraya de hecho la extraña desproporción entre sí misma –como una potencia supuestamente decisiva para esta civilización- y la demencia masiva, la cual no tiene nada que ver con el sano juicio.

Sí, junto con los mitos tradicionales hemos enterrado también un orden en las esferas oscuras de nuestra existencia. Y todo lo que la inteligencia moderna hace para sustituir dicho orden, respectivamente, lo que en esa zona oscura (o por lo menos algunas potencias de ella) se encuentra, su orden suplente y su expresión moderna, se revela siempre como algo erróneo, falso y pernicioso, puesto que resulta siempre ilícito, sustitutivo, sin raíces, sin ontología y moral; hasta ridículo, como el culto del Ente Supremo durante la Revolución Francesa, el folclore colectivista de los sistemas totalitarios o su arte de homenaje realista.

Parece como si enterrando el mito hubiésemos renunciado a un estado probado en que durante milenios se criaban los animales misteriosos de la ignorancia humana; esos animales fueron puestos en libertad –con la convicción trágicamente errónea de que se trataba de quimeras solamente-, y ahora están devastando el paisaje. Lo asuelan y al mismo tiempo crean sus establos auxiliares en los lugares en que no los esperamos; por ejemplo, en los secretariados de los partidos políticos modernos. Estos tabernáculos de la inteligencia moderna les prestan su autoridad y su aparato, de manera que el asolamiento es amparado por la concepción más científica del mundo.

 

Los hombres suelen darse cuenta de la realidad de los horrores generalmente sólo en el momento en que ya es demasiado tarde: en el instante en que comprueban que miles de entre su prójimo han sido exterminados por razones completamente irracionales. La irracionalidad disfrazada de juicio sensato, y bajo el manto de concepciones científicas sobre la marcha inevitable de la historia que está reivindicando millones de víctimas en interés de un porvenir feliz para otros miles de millones, es mucho más irracional, y por tanto también más peligrosa, que la irracionalidad que a través del mito confesaba su existencia, habiéndose adaptado al imperativo de las potencias positivas y habiendo sacrificado mayormente sólo a los animales.


LOS DEMONIOS ANDAN LIBRES Y LOS DIOSES YACEN DESTERRADOS EN LA CONCIENCIA HUMANA


Dicho de una forma más sencilla, los demonios hacen lo que les da la gana, mientras que los dioses se esconden tímidamente en el último refugio al que habían sido desterrados, que se llama conciencia humana. Finalmente, la sed de sangre, disfrazada como la más científica concepción del mundo (la cual nos enseña que la conciencia hay que subordinarla a las necesidades históricas), arroja al Vístula al Juan Nepomuceno del siglo XX. Y su pueblo no tarda en canonizar al mártir en su alma.

Los demonólogos marxistas escribieron primero en los periódicos polacos que Popieluszko era un mago negro que, con asistencia del diablo, oficiaba en la iglesia varsoviana misas negras del anticomunismo; luego, otros marxistas científicos lo asaltan de noche, lo golpean, asesinan y arrojan al Vístula; finalmente, otros científicos de toda una sexta parte del mundo afirman que detrás del acto se ha escondido el diablo disfrazado, o sea, la CIA. Se trata de una historia plenamente medieval. Pero sus actores son cientificistas hombres que se protegen con la ciencia y poseen una opinión del mundo presuntamente científica. Tanto más loca parece toda la causa.

Los demonios han sido soltados del establo del mito, y grotescamente se visten de hombres honrados del siglo XX que han dejado de creer en fantasmas. Los sijs ni necesitan disfrazarse de científicos. Se consideran -cara a cara- del mundo moderno por andar con ametralladoras modernas en las manos como un instrumento de la providencia: dicen que castigan, en armonía con antiguos augurios, a la mujer que profanó su Templo de Oro. Después de ello, los hindúes exterminan y queman vivos a los sijs, como si todos hubieran participado en el asesinato de Indira.

¿Cómo es posible todo esto en el siglo de la ciencia y la inteligencia? ¿Cómo lo explicarían la inteligencia y el sano juicio? ¿Qué relación tiene eso con la colonización de la Luna y los preparativos del viaje a Marte? ¿Qué vínculos hay entre ello y la era capaz de trasplantar a los hombres el corazón del papión? ¿Y quién tiene en realidad el corazón del mono zambo, la pequeña muchacha de California o el gobierno marxista de Etiopía, que construye sus mausoleos pese a la falta de víveres?; ¿los oficiales de la policía polaca o los sijs de la guardia personal de la primera ministra india, que muere por su fe en las profecías antiguas como una emperatriz de antaño a manos de su servidumbre?

Me parece que el hombre tiene lo que llamamos el corazón humano, mas a la vez tiene en sí algo del papión. La era moderna ha rechazado esas parábolas, ha hecho del corazón una bomba y ha negado la presencia del simio en nosotros. Por ello, una y otra vez sucede que éste, oficialmente no existente, hace estragos sin ser visto, disfrazado de guardianes personales de una política o con uniformes de la policía más científica del mundo.





El hombre moderno, el empleado ordenado de la gran oficina mundial, ligeramente frustrado por el fracaso de su forma del conocimiento del mundo, desconecta el vídeo de Michael Jakson, que hace de vampiro en la cassette más vendida de la historia de la humanidad (Thriller), y se va a la cocina para sacar del termo –a espaldas de todas las asociaciones protectoras de animales- el corazón aún caliente de la abubilla, y lo come deseando ser favorecido por el don de los presagios.





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VÁCLAV HAVEL, escritor checoslovaco convertido en presidente de su país. La responsabilidad como destino, 1984. Ediciones El País-Aguilar, 1991. [FD, 31/01/2007]


Tomado de Filosofía Digital. (Filosofía Digital)



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