domingo, 12 de abril de 2020

RAFAEL CADENAS: La palabra realidad para mí es otro nombre de lo desconocido.



Rafael Cadenas, Jalisco, 2009. FOTO Claudia Posadas



CONTRA LOS HUMOS DE LA PROPIA ESTIMACIÓN. 

ENTREVISTA CON RAFAEL CADENAS









Con el otorgamiento al venezolano Rafael Cadenas (Barquisimeto, Lara, 1930) del XXVII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2018, el más prestigioso del género en los países de lengua española y portuguesa, se refrenda su figura como una de las conciencias críticas más importantes de América Latina en tanto su obra poética y ensayística ha significado un riguroso análisis del hombre contemporáneo.
La coherencia de su pensamiento y poesía con su actual discurso, vertido en sus dos recientes libros de poemas, Sobre abierto y En torno a Basho y otras cuestiones (Pre-textos, España, 2012 y 2016), y en Contestaciones (Fundación para la cultura urbana, Venezuela, 2016), una especie de diálogos incisivos y breves que ejerce con la escritura de diversos autores, demuestran la continuidad, fuerza y vigencia de una obra fincada en la honestidad, acorde con la preocupación fundamental en su obra: la búsqueda de una ética universal de lo humano a partir de la aceptación y el concilio con el misterio de la existencia desde la disolución del yo.
En octubre próximo, Cadenas recibirá el galardón iberoamericano en el paraninfo de la Universidad de Salamanca entidad que, junto con Patrimonio Nacional de España, concede dicho reconocimiento. Ha recibido, además, y entre otros, el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca 2015, el Premio Nacional de Literatura en Venezuela 1985, el Premio fil de Literatura en Lenguas Romances 2009 y el Premio Andrés Bello de la Academia Venezolana de la Lengua 2015.
La presente entrevista revisa temas fundamentales de su reflexión poética y de su biografía. Para conocer más en torno a su trabajo y complementar aspectos vertidos en esta conversación, se puede consultar el ensayo “La observancia como quietud que aguarda el instante”, realizado por Claudia Posadas, en este enlace.
Un aspecto central de su pensamiento es la búsqueda del concilio con nuestra condición humana, que se ha resuelto en el ethos clásico. ¿Cuál es el origen de esta búsqueda y cómo se fue conformando? ¿Cuál es el balance de este proceso, cuál es la distancia entre el Cadenas del desasosiego al Cadenas de la gratitud?
El origen está en una especie de quiebra psíquica al comienzo de los años sesenta, la cual me llevó a hacerme preguntas que creía resueltas. Fue un despertar, pues hasta entonces yo había vivido conforme a ideas procedentes de un esquema que a todo responde, que todo lo explica, cuando en realidad no existe nada que esté fuera del misterio, de ese misterio de fondo que también nos constituye, y cualquier explicación no trasciende el campo de lo relativo donde sí puede tener validez. Es allí donde funciona el pensamiento, más allá no, más allá tiene que enmudecer, lo que no está mal pues es muy hablador, porque ha de toparse con lo desconocido, con la fuente infranqueable, con lo que ha recibido muchos nombres, pero en realidad no puede tener ninguno. Es asombroso ¿verdad?, que en rigor no podamos dirigirle la palabra a nuestro fundamento esencial. En cuanto al balance, no me atrevo a hacerlo, pues me parece que implica un cierre. Se asemeja a un inventario espiritual, lo que exigiría más espacio del que ofrece una entrevista. Espero, sin embargo, que mis otras respuestas complementen las que acabo de darte.
Una de las maneras de emprender esta búsqueda es a través de un cuestionamiento del yo. Este proceso es paulatino: ante la derrota, hay un enfrentamiento crudo y descarnado con los diversos yo (Falsas maniobras); después, se presenta un estado de vacío (Intemperie —1977—). En Memorial se estanca este proceso hasta llegar a Gestiones (1992) y Anotaciones (1983), donde se da un concilio. ¿Qué implica este enfrentamiento como método? ¿Qué yo permanece?
Cuestionar el yo, enfrentarlo suena contradictorio. Es lo que suele hacerse, pero no creo que resulte difícil darse cuenta de que eso lo realiza el mismo yo. Así, además de dividirse, termina fortaleciéndose. Ésta es una lucha que se refleja, como bien lo señalas, en los libros que mencionas, todos escritos desde cierta depresión, especialmente Intemperie. En Memorial confluyen las diversas formas usadas en los libros anteriores. Gestiones también las mantiene, pero hay más despersonalización, un intento de expresarme indirectamente, mediante motivos, algo que, claro, tampoco estaba ausente en los demás libros. Yo no rehúyo la primera persona, ni creo que usarla signifique egotismo; muchos, en cambio, la evitan, pero carecen de humildad. Me preguntas qué yo ha quedado. Pues el actual, el que traza estas líneas para pasarlas a la pequeña Olivetti y enviártelas; el que se interrumpe para ir a comprar Tal cual, periódico que dirige Teodoro Petkof, periódico padrísimo, como dicen ustedes, los mexicanos; el que intenta darse al instante, habitarlo, pues sólo existe el presente y un incesante devenir, de manera que el que escribió mis libros es otro, el de ayer es otro, el de hace unos minutos, ya que cambiamos, es otro, otro y el mismo, pero ese mismo es sólo la sensación de ser, de sentirse siendo. “El presente es perpetuo”, dice un verso de Octavio Paz, quien siempre insistió en el valor absoluto del presente y del origen. ¿Habrá diferencia entre ellos? Estas dos constantes de Paz me parecen vitales para sus lectores, siempre que las tomen en serio.




El fracaso como lucidez
El cuestionamiento es en torno al yo pero también del orden; además, ambos aspectos, están ligados al concepto de derrota: se parte de un sentimiento de no pertenencia (Los cuadernos del destierro —1960—), que se expresa en el famoso poema “Derrota”. Después, dicho sentimiento se convierte en un espacio de libertad que desemboca en un estado de vigilancia y cuestionamiento de un sistema que nos presiona y que se manifiesta en el poema “Fracaso”, donde éste es una actitud ética. ¿Qué significó ese estadio de tal modo que fue punto de partida? Actualmente, ¿se encuentra en los poemas citados? ¿Su actitud surge de la experiencia que vivió en su exilio?
Los cuadernos del destierro es un poema en prosa sobre mi experiencia como exiliado en Trinidad (1952-1956), isla muy próxima a la costa oriental de Venezuela. Era entonces todavía colonia inglesa, de modo que durante cuatro años fui súbdito involuntario, pero gustoso, de la reina Isabel. A este periodo le debo un idioma que leo mucho, pero que hablo sólo cuando viajo a Estados Unidos o a Inglaterra. El libro recoge también mi situación íntima de los años sesenta que te mencioné. Hoy no me encuentro en “Derrota”, pero no porque crea tener éxito, esta palabra no forma parte de mi vocabulario, lo que ocurre es que ese poema lo escribió un joven con quien ya casi no hablo, es decir, yo hace cuarenta años. Te daré un ejemplo: en el poema se aprueba en cierta forma la lucha armada y hoy la rechazo. Hace muchos años me di cuenta de que no es ésa la vía para lograr determinado cambio social. Ahora pienso en términos de reforma, no de revolución. Ésta se me antoja, después de las experiencias del siglo que acaba de concluir, un sangriento anacronismo que en todos los casos terminó en dictadura. En cambio, hay revoluciones que no suelen tenerse por tales como la que ha ocurrido en la física, cuyas implicaciones filosóficas apenas comienzan a vislumbrarse o la comunicacional tan prodigiosa o la del movimiento ecológico, y tal vez estén en camino otras que no podemos anticipar. Mi atención está puesta en el individuo más que en lo colectivo. Siento más cercano el poema “Fracaso”; y actitud crítica siempre he tenido, sólo que ahora no procede de ninguna postura previa, sino del simple ver. Al menos me vigilo para que sea así. Cualquier ideología es perversa, aunque esté guiada por la buena intención, porque separa a los seres humanos. El bien que se busca termina trocándose en mal. Las revoluciones traen violencia, se vuelven sangrientas, instauran dictaduras, destruyen y se autodestruyen, todo por el bien del pueblo. Prefiero el sentido común, que es ajeno a carismas, redencionismos, salvaciones, a todas esas grandiosidades hipócritas cuyos promotores nunca se han visto a sí mismos. Si lo hicieran se darían cuenta de que el mal que pretenden combatir está también en ellos y eso es igualmente valedero para los que se les oponen, quienes, sin embargo, por estar más cerca de la realidad —al menos su retórica no tiene pretensiones mesiánicas— podrían acercarse al autoconocimiento.




La necesidad del “autohacerse”
Tanto en su poesía como en su ensayo, la crítica se orienta a cuestionar cualquier fundamentalismo ya sea económico, religioso o político, y se centra en cuestionar la realidad. ¿Por qué este escepticismo como método para sus indagaciones?
El politólogo alemán Thomas Meyer definió el fundamentalismo como “movimiento de exclusión arbitrario” muy opuesto a la modernidad y el cual “pretende ofrecer, en la medida en que condena toda posible alternativa, certezas absolutas, sostén firme, auxilio permanente y orientación incuestionable”. Esta definición que encontré en el libro El fundamentalismo religioso, de Klaus Kienzler (Alianza Editorial), permite detectar dicho fenómeno en muchos otros ámbitos. En todo caso, su auge se debe probablemente a que suministra a la persona que elige una creencia cerrándose totalmente, una seguridad que ella siente como inexpugnable. En realidad, no se trata de una elección. La creencia procede inicialmente del hogar, la escuela, el ambiente, y es sólo más tarde cuando puede afirmarse con carácter absoluto, impermeable a todo interrogar. Aparte de la religión, donde hay más propensión a incurrir en fundamentalismos es en el terreno de la política. Los estragos que causa este fenómeno y su acompañante inseparable, el fanatismo, están a la vista con una contundencia inaudita debido al terrorismo que es en su expresión extrema. En cuanto a mi método, en realidad no tengo ninguno salvo la cautela de ese ver que he mencionado.
¿Considera que esto debería ser un centro de reflexión contemporánea, dada la situación de las confrontaciones a gran escala a partir de lo religioso que observamos?
En realidad, todos los fanatismos son religiosos, pues entrañan una absolutización de lo relativo. En ellos subyacen las funestas deificaciones de causas. Fanático es el que extrema su adhesión a una ideología. Según Arthur Koestler “el problema de nuestra especie no es un exceso de agresión, sino una excesiva capacidad de fanática devoción”. El fanático se identifica totalmente con un credo, que puede estar representado por su tribu, patria, iglesia, Dios, historia, futuro, revolución, caudillo. Para reiterar lo que he dicho sobre el condicionamiento, agrego estas otras palabras de Koestler: “Para una vasta mayoría de hombres a lo largo de la historia, el sistema de creencias aceptado, por el cual estuvieron dispuestos a vivir o morir, no fue de su propia factura o elección; fue impelido hacia sus gargantas por los azares del nacimiento”, lo cual nos dice cuánto peso tiene en la historia lo que se acepta sin examen. A propósito de lo que vengo diciendo, pienso en el peligro que encierran las grandes palabras, pues en su nombre se suelen suspender la razón, la ética y la piedad, y entonces todo desmán, toda inhumanidad, todo horror se tornan posibles. Las citas que he hecho de Koestler proceden de su ensayo “La explosión cerebral”. Este escritor, testigo y víctima de las tragedias del siglo xx, que se prolongan en éste, no creía posible un cambio en el ser humano. Confiaba sí en que la ciencia pudiera crear una sustancia que impidiese las locuras del cerebro arcaico, el reptiliano, pues sólo a él se las atribuye, librando así de responsabilidad a la neo-corteza, el cerebro propiamente humano, que para mí, al contrario, es el más acusable. También Peter Sloterdijk apela a la tecnobiología con un fin parecido, en su libro Normas para el parque humano.
¿De qué manera refrenda su visión al observar la situación de su país?[1]
Me preocupa mucho la división del país. Estamos ante un gobierno que trata de fabricar una revolución que en ningún momento ha definido claramente, y ante una oposición que la rechaza por considerar que conlleva un propósito de dominación con miras a implantar un régimen hecho de retazos ideológicos de la vieja izquierda, militarismo y caudillismo, todo ello cubierto con el nombre de Bolívar cuyo uso desmedido da la impresión de que el gobierno ha literalizado el poema de Neruda a este héroe: “Todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada”, etc., lo que está bien en un poema, pero en la realidad resulta un exceso. En el país existe, sin duda, libertad de expresión, pero los llamados círculos bolivarianos —tenían que llamarse así, ¿verdad?— constituidos por el propio gobierno para su defensa, amenazan, insultan y agreden a periodistas y a manifestantes de la oposición. La justicia adolece de una falla radical: los poderes públicos —contralor, fiscal y defensor del pueblo— son personas que están al servicio del régimen y no al de la sociedad. También los magistrados del Tribunal Supremo fueron escogidos con la misma intención, pero últimamente dieron una muestra inesperada de independencia para consternación del gobierno que reaccionó inmediatamente con insultos y amenazas a los magistrados que no votaron como éste lo deseaba.  En una democracia es esencial que los poderes públicos sean realmente autónomos. A mi ver tal ha sido aquí el problema central pues sin justicia la verdad es inoperante. La división de poderes ideada por Montesquieu tenía el propósito de cerrarle el paso al despotismo y moralizar el Estado, urgencia por la que claman en vano desde su nacimiento los países de nuestro continente. “Es una experiencia constante —piensa— que todo hombre que posee poder tiende a abusar de él y esto último es, precisamente, lo que hay que impedir”, dice José Luis Aranguren en su libro Ética y política (Guadarrama). Por eso dije en una declaración que ese francés ha sido muy infortunado en nuestro país, sobre todo en el actual periodo. De tal anomalía —a la cual se suma el control de la Asamblea Nacional por el gobierno— se derivan los otros males que no voy a mencionar para no extenderme. Finalmente, no puedo pasar por alto que la cultura ha estado muy relegada. Daré un solo ejemplo: la Editorial Monte Avila tiene más de un año sin recibir el aporte del Estado para la publicación de libros. Es necesario sobre todo en Latinoamérica —permíteme insistir en esto— limitar el poder de los presidentes, tengan o no inclinación autoritaria, pues a veces actúan como reyes del periodo absolutista cuando simplemente son empleados públicos al servicio del país, y nunca al de una parcialidad, lo cual sería una aberración. Ellos son elegidos por el pueblo, denominación que incluye a todos los sectores de una nación, no por una divinidad. Ponerles coto mediante la constitución contribuiría a evitar que el poder los enloquezca, tal vez dejarían de sentirse importantes, y hasta se vuelvan humildes al perder los “humos de propia estimación”, para decirlo con frase de Santa Teresa. Después de todo, el brillo que presta el cargo dura poco, y al concluir, el mandatario pasa o debería pasar a ser un ciudadano corriente.


                             Lisbeth Salas, para el libro Rostro y decires. Tomada de aqui



Misterio y realidad
Hay cierta trayectoria del espíritu que inicia con una negación “de los caminos de gracia”; posteriormente acepta un “hambre de gracia”, hasta que llega a la aceptación del fluir con la vida. Así, concilia dos aspectos, la razón y esta apertura “al misterio de vivir”, es decir, llega a una “mística personal”, como dice. ¿El concepto del ethos clásico es la manera de conciliar estos aspectos?
Sí, procuro ir con la vida sin oponerle resistencia. Casi me dejo llevar, aunque a veces me atasco. Dependemos de esa fuente, pero no la poseemos, más bien le pertenecemos. Ver, sentir eso es una apertura que puede significar mucho para quien esté muy envuelto por su ego. Debo decir que siempre evito la palabra mística porque se presta a confusión. Al usarla conviene tener la precaución de precisar qué tratamos de decir con ella. Razón y misterio no se oponen, lo que pasa es que ella llega a un punto después del cual no puede seguir. Allí se encuentra con el espacio del misterio, palabra que por cierto tiene la misma etimología del término místico. Deriva como éste de mistés, que designaba en Grecia a la persona iniciada en los ritos secretos. Si lo que se llama certeza religiosa tiene que ver con creencia, pues no tengo ninguna. ¿Creer significa religión? Pienso que no, aunque es lo que piensan los más. Pero sentir el misterio que nos rodea y nos constituye sí me parece religiosidad.
Como ha dicho, en sus concepciones hay un privilegio de lo existente, e incluso, el concepto del misterio de vivir, se afinca en la realidad (por ejemplo, niega cualquier concepción que privilegie otra realidad más allá de ésta). ¿De qué manera esta visión se fue conformando dentro de su proceso crítico? ¿Qué se deja de lado o qué se gana?
La palabra realidad para mí es otro nombre de lo desconocido, que nunca será conocido. Es todo cuanto sucede, pero también lo nouménico. Detrás de lo existente hay una especie de inteligencia ¿verdad? Marco Aurelio tiene una frase que me gusta y viene al caso. Él habla de “la mente gobernadora del universo”. Piensa, por ejemplo, en nuestro cuerpo. Ahí tienen lugar innumerables y complejos procesos que afortunadamente no dependen de nuestra mente consciente. El yo no podría manejarlos, produciría un desastre como pasa con todo lo que toca. Es otra mente absolutamente impersonal la que los lleva cabo. Alan Watts tiene sobre esto páginas esclarecedoras. Preguntas qué se gana. Creo que nada y todo. Se deja de lado la mezquindad, y si aparece en nosotros nos damos cuenta. En realidad, no somos dueños de nada. El yo se apropia de todo empezando por el cuerpo, lo que le es más próximo. Si alguien, pongamos por caso, tiene un don, cualquiera que sea, el yo se lo apropia cuando en rigor el mérito de éste estribaría en lo que haga con él, pero básicamente no le pertenece. Comprender esto puede ponerle fin a la vanidad. Acabo de notar que estoy hablando como alguien que sabe y eso me alarma; pido me disculpen.
De pronto se vuelve la sombra, al yo que todo lo trastoca; por ejemplo, en Memorial: “hoy descubrí que el borde maligno aún existe”. Después escribe “Caemos, recaemos”. Una vez llegado al concilio, ¿éste permanece? ¿Qué es lo alcanzado entonces?
Porque no existe ninguna garantía. Podemos deprimirnos o sentirnos ansiosos o ser visitados por el miedo. Aunque se haya lidiado con el yo, es posible que esos estados se aparezcan y se trate de hacer algo, pero no creo que enfrentarlos con la idea de vencerlos sea lo más conveniente. Tal es el impulso habitual. Como si se tratara de una pelea, pero en este caso la inveterada agresividad de los humanos no tiene cabida. Ellos quieren siempre dominar, controlar, triunfar. Uno de los poemas de D. H. Lawrence que traduje hace tiempo es precisamente “Triunfo”. Lo copio.
Me parece que durante cinco mil años por lo menos
los hombres han querido triunfar, triunfar, triunfar,
triunfar sobre sus semejates, triunfar sobre obstáculos
triunfar sobre el mal
hasta que ahora la palabra misma es asqueante, no la
podemos oír más.

Si miráramos en nuestros corazones, veríamos
que detestamos la idea del triunfo,
estamos hartos de eso.
El trayecto no es lineal. Tampoco la palabra resultado sería apropiada y nada tiene permanencia, como lo sabía bien Heráclito.



El erario del poeta
Una característica de su escritura es un discurso contundente, pero sobrio, temperado, ajeno a la “verbosidad abundosa”, como usted dice, que se da a la par de un proceso de escritura meditado. Estos aspectos se reflejan en temas escritos a partir de una auto exploración honesta. ¿Desde qué convicción surge esta actitud de vida y escritura? ¿La asume como una estética?
Hoy pienso más las palabras, lo que tal vez no sea conveniente para la poesía, pero ¿qué puedo hacer? En su reino no caben las decisiones. Los cambios se dan un poco solos. Van apareciendo sin que uno se dé cuenta, aunque están vinculados con nuestro movimiento interior. Mi actitud no es estética, si bien le doy, claro, mucha importancia a la forma, sin ella no hay poema ni nada, y lo que haya de ética en mi trabajo nace de un sentimiento de unidad, de esa unidad que subyace en todo lo existente. Uno puede rechazar posiciones ideológicas de otros sin perder de vista que son seres humanos, y lo más importante es esta condición. Percatarse de que ella está por encima de todo es muy saludable en este mundo tan lleno de violencia. El crimen en política comienza con la palabra enemigo. Usarla es ya prepararlo.
Su escritura tiene varios registros: el poema breve y metafórico escrito en sus primeros libros; los poemas en prosa, abundantes y plenos de imaginería, y por último los aforismos y los “dichos”, donde sintetiza su pensamiento. ¿De qué manera este proceso estético se ha desarrollado a la par del proceso existencial? ¿Qué trayectoria de decantación implica el haber llegado a los aforismos?
Trayectoria existencial y proceso estético son inseparables. Los cuadernos del destierro fueron escritos desde la depresión, luego, poco a poco, iba saliendo de ella, lo cual se puede palpar en los libros siguientes. Junto a los de poesía fueron surgiendo los de prosa y por eso están como entrelazados. Las lecturas han sido vitales para mí. Me interesa mucho el pensamiento vedántico, el taoísmo, el zen, y del lado de acá Whitman, Rilke, Lawrence, Pessoa, Ungaretti, Milosz (Czeslaw), Michaux; han sido una presencia constante en mí. También Jung, Watts, López Pedraza. He leído mucho a los clásicos, sobre todo los españoles, y de los modernos a Ortega, Unamuno, Machado, Salinas y Guillén. De Hispanoamérica me han acompañado siempre sus maestros, Reyes, Henríquez Ureña (Pedro), Sanín Cano, Borges, Paz, pero en fin sólo puedo mencionarte algunas de mis lecturas. Es cierto, me atrae el apunte como el de Anotaciones, la forma gnómica de Dichos, el aforismo. Tal vez eso se deba a cierta urgencia por ir derechamente al blanco sin todo el acompañamiento explicativo que suelen llevar los escritos más completos. Tal vez influya también mi gusto por leer, que no me deja salir de la escritura breve. Tal vez mi propia limitación, no sé, pero confieso que admiro a los poetas abundantes, mis opuestos, aunque los leo poco. Los veo como a príncipes que hunden sus manos cada vez que quieren en su erario verbal y de ahí sacan toda clase de joyas. Yo soy más bien lento, paso semanas, meses, años revisando un poema, indeciso, avergonzado, pobre.
Un tema constante a lo largo de sus libros es una revisión del lenguaje, del poema y del poeta. Para usted, la poesía es contrapeso del poder, una ofrenda. En cuanto al autor “uno sólo espera de los poetas un óbolo que sirva para el trayecto”. Pero ante la barbarie, ¿el poema y poeta tiene algún sentido?
La poesía, el arte, el pensamiento son como contrapeso del poder y de la sociedad. Aquél tiende a volverse perverso y ésta a aletargarse. Se requieren antídotos fuertes para contrarrestar esas calamidades ¿y dónde encontrarlos sino dentro de la cultura? Se suele pensar que la poesía puede muy poco frente a la barbarie porque sólo le interesa a una ínfima minoría, pero ésta es una legión del espíritu y por medio de ella actúa la poesía llegando así a ámbitos más amplios. En todo caso, lo más importante es el desarrollo de la conciencia; en tal sentido la lectura, pero no sólo de poesía, es decisiva.




El hombre crucificado por su existencia
¿Cómo se puede conciliar esta búsqueda de la dignidad, este “autohacerse”, con el escepticismo que siente hacia el ser humano? ¿Éste es permanente y definitivo?
Escepticismo, para lo que uno siente en este momento, es un término eufemístico. Basta ver lo que ocurre todos los días en el mundo para no incurrir en optimismos, que nos colocan, voy a usar una frase que le robo a Juan Goytisolo, en las afueras de la realidad. La verdad es que nos hemos acostumbrado al horror. Ni siquiera el más extremo, el de los genocidios, no conmueve a la mayoría de los seres humanos. Voy a citar sólo uno. Según Mathieu Ricard, en un diálogo con su padre Jean Francois Revel, los chinos asesinaron un millón de tibetanos además de destruir seis mil monasterios y oprimen el Tíbet, todo ello ante la indiferencia mundial. En casi todos los países se violan los derechos humanos. Los más civilizados son los que fabrican más y mejores armas. El último aporte de Italia a la cultura, por medio de la fiat, es el haber perfeccionado las minas antipersonas. Ahora no las hace de metal sino de plástico para que no puedan ser detectadas. Mujeres y niños seguirán siendo las víctimas de esas bombas. Las armas atómicas y químicas continúan siendo una amenaza. No se le ve fin a la insania antirreligiosa de las religiones más mortíferas. El más inteligente de los depredadores sigue hiriendo la tierra, que es como si hiriera su propio cuerpo. Los brotes de violencia aparecen en cualquier parte, cesan en un lugar y surgen en otro. La delincuencia, el terrorismo y la corrupción son enfermedades endémicas y a todo lo anterior se añade el crecimiento desmedido de la población, que reproduce sin cesar los problemas; pero no seguiré esta enumeración. Son tan sabidos los males que nos rodean. En cuanto a los países hispanoamericanos, parecen destinados a no acertar. Suelen ser víctimas de caudillismos militaristas o de regímenes democráticos que terminan destruidos por la viveza criolla. En nuestras naciones lo único que parece prosperar es el ego. ¿Cuándo tendremos gobiernos donde realmente prevalezca la honestidad, una honestidad que sea inexpugnable? Yo siempre espero que aparezca el hombre ético. Sin embargo, a la democracia, aunque siempre nos deja insatisfechos, hay que cuidarla; esto se lo digo, con abuso de confianza, a mis queridos mexicanos, y la mejor manera de hacerlo es ampliándola, despojándola de sus vicios, haciéndola socialmente más justa y por tanto más sólida. Casi siempre es posible mejorarla, a menos que haya fuerzas diabólicas que lo impidan. Termino, a modo de desquite, con una pregunta. ¿Cómo anda la de ustedes?
[1] Cabe señalar que esta pregunta se le realizó todavía en el contexto del gobierno de Hugo Chávez.


Rafael Cadenas, Jalisco, 2009. FOTO Claudia Posadas (Detalle)

Tomado de Tierra adentro.


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domingo, 29 de marzo de 2020


Rescatando al soldado Ramón.
Perdón es:
Rescatando a la enferma España.



Salvando al enfermo Ramón.

España tuvo un PIB en dólares corrientes de 2019 (tomado de Wikipedia y esta del FMI) de 1.429.140 millones de dólares, lo que viene siendo 1,4 billones de dólares. Nótese que son billones europeos, en billones anglosajones estaríamos en 1.429 billones de dólares. Hoy 19 de marzo de 2020  el tipo de cambio ofrecía 1€ por 1,07$. Por lo que si divido estas magnitudes entre 1,07 las pasaría a euros, pero no lo haré pues esta magnitud está medida a precios corrientes de 2019 y ya han pasado unos meses, y por tanto hay algo de inflación y no quiero desvirtuar los datos ni posibles comparaciones con otros países como China, Italia, Irán y sobre todo Reino Unido.




Evidentemente cada día en España se produce 3.915 millones de dólares; divido el PIB anual entre 365 días (si, no tengo en cuenta que este año es olímpico y por tanto tiene 366 días). Voy a especular que este Estado de Alarma que vivimos va a tener un efecto de reducción entre un 1% y un 30% del PIB diario. Y voy a suponer que vamos a tardar 30 días en volver a la normalidad. Así el PIB perdido oscilará entre los 1.174,6 millones de dólares y los 35.239 millones de dólares.



A día de hoy China lleva acumulados3.249 fallecidos. China tiene 1.355 millones de personas. España sólo 47,1 millones de personas según Wikipedia.

Nuestra estrategia médica impulsada con nuestro Estado de Alarma no es reducir el número de infectados, sino su velocidad de contagio. El objetivo es modular la curva deinfectados, evitando que el pico supere el número de camas de cuidados intensivos de nuestro sistema sanitario, en ningún caso reducir el total de infectados. Es una muy buena intención, como todas las que empiedran el camino del infierno: que las menos de 4.000 camas UCI sean suficientes para los enfermos graves que las necesiten. Las vidas que se van a salvar con esta estrategia son aquellas que eviten sufrir la decisión del hospital de guerra. ¿Qué es la decisión del hospital de guerra? Muy fácil, cuando en plena batalla los primeros heridos empiezan a llegar al hospital de campaña, un sanitario decide qué heridos, los que tienen mayor probabilidad de salvarse, pasan a los quirófanos de campaña y que heridos morirán desangrados por falta de intervención quirúrgica de unos quirófanos absolutamente saturados.


Felipe Juan Froilán


Froilán Borbón sobrino del rey Felipe VI pasó a la fama por pegarse un tiro en el pie, algo común en su estirpe, eso y cobrar comisiones corruptas. Nosotros, con nuestro Estado de Alarma estamos cometiendo una suerte de froilanismo económico. Las vidas que salvemos gracias al confinamiento y al froilanismo serán aquellas que accedan a una cama UCI y que no habría sido posible de no decretarse el Estado de Alarma, es decir las que se han salvado de la decisión del hospital de guerra. Es complicado de cuantificar ese número de vidas salvadas, pero si el Reino Unido sigue con su estrategia arriesgada a corto plazo (limitar el número de muertos a menosde 20.000) pero efectiva a medio y largo plazo será muy sencillo realizar estimaciones comparables, al comparar infectados y mortandades entre ellos y el resto que hemos seguido estrategias de confinamiento.

Voy a asumir que el número de vidas salvadas gracias a nuestra estrategia de evitar la decisión del hospital de guerra se va a situar en 7.000 personas. Es un supuesto descabellado por excesivo, ya que sólo tenemos 4.000 camas de cuidados intensivos y cada infectado necesitará varios días de ingreso para mejorar, y he planteado un escenario de 30 días. Eso da una rotación brutal, pero mantendré este hiper optimista  supuesto. 7000 vidas es bastante más del doble de los que han muerto en China hasta hoy, siendo casi 30 veces más que nosotros.

¿Cuántos nos costará en PIB perdido cada una de estas vidas? En el supuesto más optimista, sólo una pérdida del 1% del PIB diario durante 30 días saldría a 167.805$, es decir 156.827€. En el peor de los casos: con un 30% del PIB diario durante 30 días saldría a 5.034.153$, es decir 4.704.816€.

Se podría argumentar que una vida no tiene precio, y es cierto, para sus familiares, pero no para un estadista. Ser estadista es decidir sobre la muerte, tradear con ella, cada día en cada decisión. A principios de 2015 cuando se hizo público el debate de la cura de la Hepatitis C, hablo del Sovaldi y su principio activo Sfosbuvir (C22H29N3FO9P), medicamento fabricado por la multinacional estadounidense Gilead. En España, y gracias al oscurantismo del ministerio de sanidad del gobierno del PP, el mismo que redujo durante 10 años seguidos la sanidad pública y por tanto las camas UCI con las que luchar esta guerra, para mayor gloria de sus paniaguados de la sanidad privada. Su obscurantismo no nos permitió saber cuál era el coste del tratamiento.  La horquilla del coste parece que se situó entre 60.000 y 20.800€. En cualquier caso, el presupuesto del ministerio no alcanzó para pagar el tratamiento a todos los enfermos de España. Lo que en la práctica supuso la condena a muerte de una gran mayoría de ellos ¿de todos? No, de los cántabros no, porque el gobierno cántabro asumió el coste del tratamiento de sus enfermos. 




En 2015 era inaceptable asumir 60.000 euros de coste por salvar una vida pero ahora en 2020 vamos a asumir entre 156.827€ y 4.704.816€ por salvar una vida. Alguien debería explicárselo a los familiares de los fallecidos por hepatitis C.


by PacoMan




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by PacoMan 

En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.

Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico.


Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po



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Actualizada el 16/03/2024