miércoles, 10 de mayo de 2023

JULIO CORTAZAR a José Pulido: LO CONFIESO, TENGO MOMENTOS DE DESÁNIMO

 



Julio Cortázar, cuando estuvo en Caracas acompañado por su esposa Carol


LO CONFIESO: TENGO MOMENTOS DE DESÁNIMO


Una mosca dulcera, saltona y caprichosa quiere recorrerlo y se agarra con sus patitas a la superficie marrón de los zapatos. Luego avanza como alpinista por la larga pierna de un bluejeans viejo, se ciega con el resplandor de una guayabera blanca y vuela hasta el hombro. Parece indecisa ante la barba, el cabello largo y medio despeinado. La cara de gladiador está allá arriba, la frente sobresaliente como un leve casco que se arruga y los ojos, dos peces azules suspendidos e inmóviles pero atentos, están también en la cima. La mosca se decide, revolotea y en ese instante Julio Cortázar lanza un torbellino de humo de tabaco y la aventura llega a su final.

Julio Cortázar y su esposa Carol hablan con Jacobo Borges y, cuando Diana abre un poco las cortinas, sienten que aún no les desaparece el trasnocho, porque se han vuelto a deslumbrar. Pasaron unas pocas horas en Caracas en escala Managua-Panamá-Maiquetía.

Cortázar habla de Nicaragua:

—De hecho los nicas están en pie de guerra, la invasión parece inminente, no son nada optimistas en ese plano, esa es la impresión que se saca. Los milicianos se preparan, aunque creo que no son fatalistas, reina un clima de tranquilidad: van a enfrentar lo que venga pero esperan que no venga nada. Nicaragua está obligada a aprestarse a la defensa dedicando enorme energía y tiempo a eso. Encontré que han superado muchas cosas y hay alimentos, mercados nuevos…

Están oyendo Jacobo, Diana, Teodoro Petkoff y José Carrasquel. El escritor llegó a Caracas con ganas de conversar con el pintor Jacobo Borges, uno de sus mejores amigos y con otro amigo suyo, Petkoff, a quien de vez en cuando le pregunta ¿cómo está la crisis del petróleo?

—Usted ha tenido mucho contacto con Nicaragua, ¿medita una novela sobre la revolución sandinista? —se le planteó la interrogante.

Cortázar explica entonces que hizo un cuento:

—Me motivó un viaje clandestino que hice a Nicaragua antes del triunfo sandinista. Estuve en Solentiname con Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez durante tres días. Hablé con los pescadores… ¿Somoza?, no se enteró nunca porque allí me cuidaron bastante.

Comenta que ha escrito muchos artículos sobre la cuestión nicaragüense. Opina que la revolución nica es diferente a la cubana. “Las revoluciones calcadas, en general, no funcionan. Me he dado cuenta de que es exagerado usar la palabra revolución porque en Nicaragua ha habido una liberación, no una revolución: ellos se liberaron de una tiranía pero las estructuras se han mantenido".

Carol se mueve desde diversos ángulos tomando gráficas de la charla. Cortázar habla en ese instante de la vez que estuvo en Berkeley, y se percató de que los estudiantes norteamericanos no estaban enterados de lo que pasó en Cuba. Creían que Cuba era una nación independiente que de improviso fue sojuzgada por la URSS.

—¿Hay posibilidades de invasión en Nicaragua y El Salvador?

—La posibilidad existe —responde— porque Ronald Reagan como persona es una suerte de típico fascista y tiene una violencia personal que quizás se debe a aquellos papeles de cowboy en el cine… además, es muy bruto e ignorante y se ha rodeado de gente como Haigh, quien es un paranoico.

Cortázar hace notar que en EE.UU. hay grandes diarios que le hacen a Reagan una oposición que el mandatario no esperaba, y es que el pueblo norteamericano no desea otro Vietnam. El Salvador les parece algo así.

—Podía haber una intervención armada sin que apareciesen los yanquis por parte alguna: En Honduras hay unos cincuenta asesores argentinos. Yo vi, por cierto, en San José de Costa Rica, hace pocas horas, varios helicópteros norteamericanos con soldados. Venían del Canal de Panamá, dicen que en ejercicios militares. A mí se me apretó el estómago y pensé: “Carajo, esto es la frontera con Nicaragua”, y uno se da cuenta de que hay unas tenazas cerrándose.

—¿Qué sucede con Argentina?

—Los cementerios son muy pacíficos y allá los militares se pasan el poder como se suceden los pases en el fútbol, pero los militares juegan en el mismo equipo…

Julio Cortázar se refiere a la situación económica argentina, con un dato que le parece el mejor símbolo de esa crisis: el mate, la yerba que para la gente del Paraná, por ejemplo, es mitigante a la hora de acabarse la comida, fue siempre lo más barato que hubo en el mercado.

—Hoy —explica— el hombre va al almacén con su calabacita, para que le pongan hierba, porque no puede comprar un kilo de mate: cuesta demasiado.

FRANCÉS

Los brazos largos, delgados de Cortázar, llevan y traen las manos grandes, de nudos visibles, pecosas. Hace un gesto después de contar que él y Gabriel García Márquez enviaron a François Mitterrand un telegrama señalando que en Nicaragua se siente la amenaza de la invasión. “Lo hicimos desde Managua”. Cortázar piensa que lo de El Salvador fue el punto principal en la reunión del Presidente francés con Reagan.

A esta altura rebota la pregunta que todo un público lector ha querido hacer a Julio Cortázar:

—¿Por qué la ciudadanía francesa?

Cortázar sonríe. Sus dientes manchados de nicotina, cortos, infantilmente rotos, a través de los cuales las palabras salen con un gangueo francés, subyacente en el “¿Vos que creés?” se quedan para siempre fijados en la película de la cámara.

—Las objeciones que tenía en los aeropuertos o con cada policía, la pérdida de media hora mientras el policía veía mi pasaporte, han desaparecido con el pasaporte francés. Ese pasaporte me resuelve grandes problemas. Yo en este momento soy un ciudadano francés que continúa siendo un escritor latinoamericano: eso no tiene que cambiar, el corazón lo tengo en el lado izquierdo y el pasaporte en el derecho, dice.

"AGENTE CUBANO"

Chupa su tabaco y agrega: “Desde hace 30 años vivo en Francia y no me había nacionalizado porque la embajada argentina y la CIA habían dado información falsa al gobierno francés. Decían que yo era un agente cubano pagado con el tabaco de La Habana… (ríe y comenta: “En vez de estar pagado con el oro de Moscú”), me consideran sospechoso de estarme metiendo en problemas franceses. El mismo día de la toma de posesión de Mitterrand , él invitó a muchos intelectuales: estaban Miguel Otero Silva, García Márquez, y yo también. Mitterrand me dijo que él conocía la injusticia cometida conmigo y a los quince días me entregó el pasaporte francés…

Más adelante expresa:

 —La normalización de mi situación en el plano francés no cambia mi posición hacia Latinoamérica, que es de gran fidelidad. En América Latina, en cualquier país latinoamericano, me siento como en casa y me adapto en pocos días y esto que digo no es simple palabrerío.

Cortázar señala: “La idea de que renegaba de la nacionalidad latinoamericana venía de los argentinos”.

—Allá —dijo— el chauvinismo y el nacionalismo son de los peores males. Convierten a los niños en patrioteros. De chico mis maestros me enseñaban cuidadosamente que éramos los más heroicos. “San Martín era superior a Bolívar, cuidado con los chilenos que son traidores, con los  uruguayos que fueron provicia argentina, cuidado con los brasileños”… era un chauvinismo que nos metían en la cabeza y nosotros lo creíamos. Algunos lo siguen creyendo y ahora son generales…

Cortázar es un hombre tan sencillo como alto, tan humilde como modesto. Parece asombrado todavía del triunfo determinante de su literatura en el mundo.

Cree que el nacionalismo sano, en la identidad nacional y en la unidad de Latinoamérica en la diversidad. “¿Soñamos porque somos poetas?”, se pregunta.

—La política también es un cuento fantástico, arguye para repetir después algo que dijo Lenín: “Hay que soñar y tener control de los sueños”.



—¿Está inscrito en algún partido político?

—Siempre fui independiente.

—La política… ¿no le coarta su trabajo creativo en algún momento?

—Mi vocación es literaria —dice Cortázar—, y de pronto parece sentir muchos deseos de hablar de ese tema:

—Hay días, en que he estado de viaje entre una reunión de un comité y un congreso, me digo “Caray, no tengo tiempo para escribir una novela”. Lo confieso: Tengo momentos de desánimo. Pienso que me llaman para defender una causa porque soy un escritor conocido, pero no me dejan escribir, me cuesta trabajo. Luego reflexiono y sé que uno siempre encuentra tiempo para escribir. Por ahora me dedico a los cuentos, pero tengo dos novelas en la cabeza.

La mosca ha vuelto y esta vez observa a Julio Cortázar desde una posición más estratégica: se ha posado en el borde de un florero de mesa.

—Una novela lleva de ocho meses a un año de tranquilidad, eso requiere para que te entregues a ella. Si la interrumpes, se enfría como la sopa y a nadie le gusta la sopa fría, pierdes el control de los personajes y esas cosas. Un día me voy a ir a una isla del Pacífico a escribir. Volveré con una novela…

Interrumpe el hilo de lo que dice para contar que en Argentina se sorprendieron en una ocasión porque apareció un cuento suyo que estaba dedicado a Borges. “No puede ser”, comentaron los lectores argentinos y tenían razón: al final del cuento decía: Este cuento se lo he dedicado al pintor venezolano Jacobo Borges.

Hace poco estuvo reunido con uno que se escribe sin “s” al final: Tomás Borge, el hombre fuerte de Nicaragua. Cuenta Cortázar que Tomás Borge lo observaba leer los diarios de Managua y le decía: “Lee también La Prensa”.

Borge me dice: Lee La Prensa. Todos los días hay ataques contra el régimen sandinista. Lo he visto leyéndola y a veces se pone lívido de rabia. Si dependiera de sus vísceras la mandaría al diablo, pero él sabe que es necesario que eso siga… en Nicaragua hay mucha libertad, aunque lo tergiversen con informaciones que sostienen lo contrario. Los sandinistas tienen una gran paciencia.

Durante unas pocas horas Cortázar estuvo en Caracas. Durmió y desayunó en la capital venezolana.

—¿Cuál ha sido el libro suyo más vendido?

—Rayuela… Es el que me gusta más también— apunta sin dudas.

—¿Y entre sus cuentos?

—Soy más cuentista que novelista y creo que mi mejor cuento es El perseguidor.

La mosca se ha llenado de valor para llegar hasta la altura de aquella cara. Quizás le atrae el brillo de los anteojos.

Cortázar medita un instante y pregunta:

—¿Por qué vos me decís usted si yo te estoy tuteando?

Y en ese momento, de conversaciones menos periodísticas, la mosca pasa en vuelo aguerrido rumbo a la barba del escritor.

Precisamente, cuando Julio Cortázar se pone de pie y lanza su bocanada de humo, que oculta al florero de mesa por unos segundos y llena el espacio con el fuerte aroma del tabaco.

La mosca se mareó, dio varias volteretas y cayó al piso.

Un zapato marrón se le vino encima.

El Nacional, 16 de marzo de 1982.





RECORDANDO A CAROL


(Carol nos retrató con él y sin él. Y a Cortázar lo retrató hasta que la muerte los fundió en una sola imagen. Pocos meses después murió Carol. Julio resistió dos años sin ella porque tenía el respaldo amoroso de la literatura. “No hay más rollos” dijo la muerte.)

El cuerpo de muchacha camina hacia acá. Tiene cabeza de cámara fotográfica. La trompa es un lente de óptica envidiable. Es una mujer de treinta y tantos años. Las manos nerviosas y bonitas sostienen el negro aparato contra su rostro; también pulsa reminiscencias de niña con el ojo pegado a la cerradura, curioseando espíritus.

Ella busca imágenes que luego usará para las nostalgias diversas con que llenará de sabor el futuro, si es que llega. Apenas sobresale la frente por encima del visor réflex. Tiene el cabello muy corto. De repente usa su mano izquierda a manera de peine. Quizá recuerda que alguna vez tuvo una larga cabellera y que para ese entonces él era la voz poética y trastornadora de un libro. Ni siquiera pensaba en conocerlo. Cuando ella renació con su corte a lo garzón, leyó a conciencia aquel libro y  una inundación de hombre anhelado copó sus sentidos.



En este instante Julio mueve su mano larga en un gesto que inmediatamente elimina. Es algo muy parecido al modo de acariciar. Sí: seguramente quiere estar más cerca de ella para que su manaza alise todo el cabello como si debajo hubiera su gato.

Hay una belleza ahí, rondando esa búsqueda de ángulos, y se ha reído porque de repente el hombre enorme se le pareció a Abraham Lincoln. Ella se llama Carol Dunlop y usa parte de la eternidad para fotografiar a Julio Cortázar. Se nota que él quiere abrazarla, tenerla más cerca, pero en este preciso momento ella solo insiste en retener su imagen de hombre vencido por la luz de la tarde, titán encadenado al pensamiento, montaña de sueños tratando de encontrar fe para moverse.  Se amaban tanto. Y se notaba que estaban enfermos porque la tristeza marcaba sus ojos, sus caras, sus andares. Se amaban tanto que parecían dos escolares con toda la vida por delante.

A Julio, quien amaba la vida y sus sorpresas desde la niñez, no se le había desgastado el amor. Y Carol lo motivaba y lo conmovía.   Eso es lo que pude ver mientras ella fotografiaba y fotografiaba.




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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores

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22/05/2024

martes, 9 de mayo de 2023

Los libros únicos de Roberto Calasso

 

Imagen tomada de Revista Santiago.




NOTAS DESABROCHADAS


La impronta de Roberto Calasso


Carlos Yusti. viernes 13 de agosto de 2021



“En definitiva: libro único es aquel en el que rápidamente se reconoce que al autor le ha pasado algo y ese algo ha terminado por depositarse en un escrito”.

Roberto Calasso




Es conocida esa leyenda de que Alejandro Magno dormía con una caja, una daga y una copia de la Ilíada. Plinio el Viejo, en su Historia natural, relata que, entre el botín tomado a Darío, Alejandro cogió una caja en la que se guardaban perfumes, perlas y piedras preciosas para guardar el libro de Homero. Martin Puchner escribe que estos tres objetos tenían un significado especial para el guerrero. La daga le serviría para escapar al destino de su padre, que fue asesinado. La caja se la había arrebatado como trofeo a Darío, su adversario persa, y la Ilíada era el relato que le servía de espejo para contemplar su vida de guerrero a la par de Aquiles y la campaña militar en Asia.


Para algunos lectores los libros que determinados autores escriben se convierten en objetos indispensables; libros que acompañan a sus dueños en las duras jornadas de la realidad cotidiana, especie de amuletos que contrarrestan (o hacen más llevaderas) todas las adversidades. Roberto Calasso, que fue editor y escritor, tuvo clara la función del libro como objeto de fascinación y de la escritura como pulsación de la belleza creada por las palabras ordenadas con pasión inteligente y humanista.



Como escritor supo devolverle lozanía a la literatura clásica y traspapeló esos grandes mitos griegos con el mundo cultural contemporáneo, logrando que se acoplaran como engranajes (sin hacer ruido) en un sutil y docto mecanismo literario. Entre sus libros hay que mencionar La ruina de Kasch (1983), La boda de Cadmo y Harmonia (1988), El rosa Tiepolo (2006), La locura que viene de las ninfas (2008), El ardor (2010), El cazador celeste (2016) o La actualidad innombrable (2017).


Su trabajo como editor en Adelphi Edizioni (adelphi es una palabra griega, ?de?f??, que significa hermanos, asociados, y que de algún modo condensaba el fin común entre los participantes que fundaron la editorial) estuvo sujeto a su gusto heterogéneo y heterodoxo como lector. Además su precisa intuición para editar autores y títulos poco comunes permitió el reencuentro de una literatura dejada al margen, especie de obras literarias ubicadas en la periferia de perdedoras por no ser rentables para el mercado editorial. La visión editorial de Calasso, abierta y a contracorriente, permitió que libros que en su momento pasaron inadvertidos se tornaran piezas literarias extravagantes, despertando el interés en los lectores y así se convirtieran en éxitos de venta.



Calasso, en su libro L’impronta dell’editore (La marca del editor, en su edición en español), número 642 en la Piccola Biblioteca Adelphi, ofrece muchas pistas sobre el trabajo de editor. Calasso escribe: “Si se le pregunta a alguien: ¿qué es una editorial? La respuesta habitual, y también la más razonable, es la siguiente: se trata de una rama secundaria de la industria en la cual se busca hacer dinero publicando libros. ¿Y qué debería ser una buena editorial? Una buena editorial sería —si se me concede la tautología— la que supuestamente publica, dentro de lo posible, sólo buenos libros. O sea, para usar una definición rápida, libros de los que el editor tiende a estar orgulloso y no a avergonzarse. Desde este punto de vista, tal editorial difícilmente podría revelarse de especial interés en términos económicos. Publicar buenos libros nunca enriqueció enormemente a nadie. O, por lo menos, no en una medida comparable a lo que puede suceder si se abastece al mercado del agua mineral, de los ordenadores o de las bolsas de plástico”.


Tuvo como ejemplo de gran editor a un impresor del siglo XVI llamado Aldo Manuzio que inició de algún modo la edición de los clásicos griegos en su idioma original, y que después fue el primero en “imaginar una editorial en términos de forma”, o como lo escribe Calasso: “Y aquí la palabra ‘forma’ se debe entender de muchas y diferentes maneras. En primer lugar, la forma es decisiva en la elección y en la secuencia de los títulos que hay que publicar. Pero la forma tiene que ver también con los textos que acompañan a los libros, además de la manera en que el libro se presenta como objeto. Por eso incluye la portada, el diseño, la compaginación, los caracteres, el papel”.



También Manuzio solía escribir en forma de cartas (o epistulae) cortos textos introductorios sobre los libros salidos de su imprenta, y que para Calasso “son los precursores no sólo de todas las introducciones modernas, prefacios y epílogos, sino también de todos los textos de cubiertas, de presentación a los libreros y de la publicidad actuales”. Sin duda con esta idea, y en homenaje a Manuzio, recopiló cien solapas escritas para los libros de Adelphi, de las más de mil contracubiertas que escribió, en un libro titulado Cien cartas a un desconocido.


Además Calasso admiraba en Manuzio sus riesgos como editor al publicar Hypnerotomachia Poliphili. Una novela cuyo título sería “Batalla de amor en sueños”. Calasso escribe: “Y, además de ser de autor desconocido (y hasta hoy enigmático), estaba escrito en un tipo de lenguaje imaginario, una especie de Finnegans Wake compuesto sólo de mezcolanzas e hibridaciones de palabras italianas, latinas y griegas (mientras el hebreo y el árabe se comparaban en las xilografías). Una operación más bien arriesgada, se diría. Pero ¿qué aspecto tenía el libro? Era un volumen en folio, ilustrado con magníficos grabados que constituían una perfecta contraparte visual del texto. Lo que es aún más arriesgado”. Riesgos que él también tomaría como editor.



Explica Calasso que Manuzio en 1502 publicaría una edición de Sófocles en un formato que el impresor denominó como parva forma, “pequeña forma”. Calasso escribe: “Si alguien fuera tan afortunado de tenerlo en sus manos enseguida comprobaría que fue el primer libro de bolsillo de la historia, el primer paperback. Literalmente, el primer libro que se podía meter en un bolsillo. Inventando un libro de tal formato Manuzio transformó los gestos que acompañan a la lectura. Así, el acto mismo de leer cambió de manera radical”.



Para Calasso, lo realizado por Manuzio, que era una especie de juego, es lo que todo buen editor debería imitar, y por eso acota: “…se podría definir la edición como un género literario híbrido, multimediático (…). La edición, como juego que es, sigue siendo fundamentalmente ese mismo viejo juego que Aldo Manuzio practicaba. Y un nuevo autor que se nos acerca con un libro abstruso es para nosotros muy parecido al aún elusivo autor de la novela titulada Hypnerotomachia Poliphili. Mientras dure este juego, estoy seguro de que siempre habrá alguien dispuesto a jugarlo con pasión”.


Otro libro en el cual Calasso demuestra su destreza como ensayista es La locura que viene de las ninfas y otros ensayos. Libro que el propio Calasso estructuró para la editorial Sexto Piso, conformado por cinco ensayos que se interconectan, de manera imperceptible, por ese hilo de telaraña confeccionado con la profusa lectura que enlaza muchos textos y libros.


El ensayo que abre el libro, titulado “La locura que viene de las ninfas”, se vale del poema homérico dedicado a la deidad mitológica griega de Apolo. Calasso explora la locura no como patología, sino desde la idea griega que la tenía como una forma especial de conocimiento. Calasso narra con soltura esa fuerza atrayente de la ninfas hacia los hombres que los conduce a perder la razón. Este ensayo es un abreboca para el siguiente texto, titulado “El síndrome Lolita”. La novela de Vladimir Nabokov es vista desde un prisma distinto o, mejor, desde esa paradoja de la ninfa, o como lo escribe su autor: “La paradoja de la Ninfa es esta: poseerla significa ser poseídos”. El siguiente texto es un puente entre los otros textos del libro: “El plató de la mente”. En este texto Calasso trata de acercar al lector a una película que él considera perfecta: La ventana indiscreta, de Alfred Hitchcock. Los otros dos textos del volumen tienen que ver con los libros: “Confesiones bibliográficas” y “La edición como género literario”. Este último texto se encuentra en el libro La marca del editor. La locura y el arrebato siguen presentes (y como entre líneas) en ambos textos. En el primer texto Calasso hace un recorrido personal por el libro Masa y poder, de Elias Canetti, y le causó sorpresa, al igual que a muchos lectores, el caudal bibliográfico tan variopinto utilizado por el escritor. Canetti escribe sobre un libro en particular que le interesa a Calasso y éste cuenta que trabajaba en la edición italiana de Memorias de un enfermo de nervios, de Daniel Paul Schreber, y para tal fin preparó un texto que buscaba reconstruir las lecturas distantes que recibió el libro por parte de otros autores. Canetti estaba en la lista de Calasso, y Canetti le escribe una larga carta contando su peripecia con el libro. Luego Calasso escribiría su primera novela, El loco impuro, cuyo personaje es Schreber y su diario en un tenue juego de hipertextualidad.



Otro libro imprescindible de Calasso es El rosa Tiepolo, en el cual dirige su mirada hacia el pintor del siglo XVIII Giambattista Tiepolo, quien en su tiempo era un artista por encargo, pero aparte de esta obra visible, sujeta a los antojos pictóricos de los contratantes, estaba otra más personal, sombría y poco valorada, consistente en treinta y tres grabados divididos en dos series: los Scherzi y los Caprichos. Esto despertó la curiosidad de Calasso, y para entender esta obra un tanto oscura, poblada de magos, efebos, serpientes y un infrecuente zoológico de figuras escapadas de un imaginario algo enmarañado, realiza una travesía a través del Tiepolo menos publicitado. Dos cosas parecen reprocharle sus contemporáneos: en primer lugar que era un pintor feliz, que pintaba sin complicarse mucho, y la otra que era una especie de pintor superficial, sin un pensamiento elaborado que exhibir y con poca vida interior. Calasso escribe: Tiepolo no renunciaba nunca al aire de quien ‘trabaja sin esfuerzo y casi sin pensarlo’, ni siquiera cuando los significados se agolpaban en sus imágenes con una furia insolente. Así consiguió hacernos creer que en él no había pensamiento. Era una manera de defender ese pensamiento de los intrusos”.


Calasso realiza a través de Tiepolo un viaje cultural y erudito para despojar al pintor de una serie de malentendidos. Un comentario de Marcel Proust le servirá como título: “Para Marcel, Tiepolo fue ante todo la bata de Odette. A sus ojos de joven y empecinado adorador, ninguna de las toilettes con las que Madame Swann aparecía en sociedad era ni de lejos comparable con la ‘maravillosa bata de crêpe de Chine o de seda, rosa antiguo, cereza, rosa Tiepolo, blanca, malva verde, roja, amarilla, lisa o con dibujos, con la que Madame Swann había desayunado y que estaba a punto de quitarse’. Como fiel adorador, Marcel deploraba que no saliese vestida de ese modo, y recordaba que entonces Odette ‘reía, para jugar a la indiferencia o por el placer del cumplido’. Acaso entre Odette y Marcel no se repetiría nunca un momento de tal intimidad, protegido por el color que se desprendía de la gama de la bata: el ‘rosa Tiepolo’”.


Calasso descubre un pintor no desde la crítica pictórica, ni desde la idea prefabricada de las guías turísticas, sino desde una visión cultural amplia. Para Calasso los grabados de Tiepolo son un libro que puede leerse y en el que hay una trama suculenta que se dispara en varias direcciones. Él se detiene en cada grabado tratando de penetrar en una historia velada, pero rica en significados. Para cerrar este bello y original libro utiliza como metáfora de sencilla desnudez el cuadro Reposo en la fuga de Egipto. Calasso escribe: “Allí casi subsiste solamente el paisaje: la roca resplandeciente, el pino, los pájaros, el río vítreo. María, José, el niño y el burro apenas se ven, en un ángulo. Son comparsas anónimos, absorbidos por el paisaje. La visión debe aún sobrevenir. Hay una estasis intacta —y la mudez maravillosa del mundo”.


Reposo en la fuga de Egipto. Imagen tomada de Reproarte.

Roberto Calasso supo escribir libros únicos como nadie y por eso no fue en exclusiva un excelente editor, sino un escritor agudo, penetrante y al mismo tiempo transparente. Sus libros, tanto los publicados como los escritos, son su contribución a ese gran libro de la memoria de lo humano por encima de todas las vilezas.


Tomado de Letralia.



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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.

Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal



lunes, 8 de mayo de 2023

Domingo González Mendéz, fotógrafo venezolano, participa en la exposición virtual internacional de arte postal "Homenaje a Picasso"

 



Domingo González Mendéz, fotógrafo, docente e investigador venezolano, participa en la exposición virtual internacional de arte postal "Homenaje a Picasso".

Domingo González Mendéz.


González Mendéz participa en la mencionada exposición con un collage titulado "A Picasso". 


 "A Picasso" un collage de Domingo González Mendéz


Con motivo del cincuentenario de la muerte del pintor español, la asociación ''En el signo del arte'' promovió esta exposición virtual de arte postal. 

Pablo Picasso. Foto: Popperfoto/Getty Images. Imagen tomada de Biography.Com


El proyecto fue patrocinado por dos organizaciones artísticas extranjeras "Encuentro de las Artes Plásticas" de Costa Rica y "Mujeres de la pintura en Aragua" de Venezuela . El pasado sábado 8 de abril de 2023 fue la fecha de inicio de la exposición en la página de facebook Mail Art Project Generoso Vella - Avellino/Italia y  el proyecto continuara con una exposición presencial de un mes de duración entre mayo y junio en el Bar Caffeoveggenza de Avellino que cedió amablemente su espacio.


Bar Caffeoveggenza.


En palabras del organizador Generoso Vella  esta exposición es: “Una operación cultural a través de la cual pretendemos homenajear al pintor que revolucionó el arte, que inspiró a miles de artistas y es considerado el más famoso del siglo XX"


Generoso Vella, organizador de la exposición. Imagen tomada de LikedIn


La exposición hace uso del movimiento mail art para su realización. El mail art o arte postal es un gigantesco movimiento de comunicación nacido en los años sesenta pero también muy activo en la actualidad. 


Ray Johnson. Imagen tomada de NetartBlog.


El estadounidense Ray Johnson, en 1962 inició el primer experimento enviando sus creaciones por correo a todo el mundo. Hoy esta práctica se ha generalizado y, como en este caso, favorece la difusión de la creatividad y el intercambio de ideas y pensamientos entre artistas de todas las nacionalidades.

La muestra consta de  un total de 250 obras realizadas por 195 artistas de 36 países del mundo. Estos son los países con artistas participantes en esta exposición virtual y presencial: Alemania, Argentina,  Austria,  Australia,  Azerbaiyan, Bielorrusia, Brasil, Bélgica, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, España, Japón, Panamá, República Checa, USA, Egipto, Singapur, Irlanda, Taiwán, Polonia, México, Venezuela, Turquía, Italia, Tailandia, Rumania, Perú,  Uruguay, Grecia, Francia, Serbia, Hungría e India.



Desde Avellino un homenaje internacional a Picasso

 


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Domingo Manuel González Méndez, es un fotógrafo profesional venezolano, nacido en Puerto Cabello, estado Carabobo en 1973. Desde su más tierna infancia quedó prendado del mundo fotográfico, gusto sin duda heredado de su madre Elsa Méndez y aupado por su tío abuelo Jorge Severi, dueño del viejo Foto Estudio Severi que estaba ubicado frente a la plaza Bolívar de Valencia.

Es admirador del fotógrafo mexicano Manuel Álvarez Bravo y del fotgrafo venezolano nativo de Puerto Cabello Héctor Rondón, cronista visual del llamado Porteñazo.

El trabajo personal de Domingo González en gran medida se puede ubicar dentro del género del  Surrealismo .

Estas son algunas de sus exposiciones individuales más recientes:

2018. Retrospectiva 25 Años Trayectoria Fotográfica. Museo de Arte Valencia

2015. Naguanagua Ayer y Hoy. Casa Cultura Naguanagua. Muestra Permanente.

Y estas son sus participaciones más recientes en muestras colectivas:

2022. 1er Salón de Arte Naguanagua Creativa. Media Luna Bistró Restaurant

2022. Avatares Focales. Casa de la Cultura de Naguanagua.

2016. Salón de Pequeño Formato. Museo de Arte de Valencia


Su trabajo publicado mas reciente fue un homenaje al desaparecido pintor venezolano  Policarpo Contreras publicado en el año 2022 titulado Remembranza “Policarpo Contreras”. Cuadernos PPIN, Programa de Promoción a los Investigadores Noveles. Ecuador.


Correo: domagomefoto08@gmail.com     

Cel: +58 414 5973310

@domagomefoto

 


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