miércoles, 14 de abril de 2021

Luz Machado en el Salón de relegados (XII)

 

Luz Machado / Revista El Farol


Salón de relegados (XII): Luz Machado

Espacio concebido por Federico Pacanins para ofrecer una selección de textos de autores venezolanos poco editados en antologías y que bien merecen ser releídos


By Papel Literario -July 31, 2020



Luz Machado (Ciudad Bolívar, 1916 – Caracas, 1999). Poeta, ensayista y diplomática. Premio Nacional de Literatura en 1987; dirigente del Movimiento Feminista Venezolano, fundadora de la Asociación Venezolana de Escritores y del Círculo de Escritores de Venezuela. Sus trabajos periodísticos fueron publicados en El Nacional y en  revistas como Contrapunto, Élite, Shell, Revista Nacional de Cultura e Imagen.


Más de veinte libros de poemas dan cuenta de la palabra aparentemente sencilla, cotidiana, aunque de sabia contundencia femenina; jamás débil o desvalida. Hemos elegido uno de sus últimos libros, A sol y a sombra (Ediciones de la Contraloría  General de la República. Colección Medio Siglo. Serie A letra viva. Caracas, 1997) para ofrecer nueve poemas fechados y  preludiados por un epígrafe, seleccionado por la poeta, de San Agustín de Hipona:


“En la narración verídica de las cosas pasadas, lo que se extrae de la memoria no son las cosas mismas que pasaron, sino  las palabras que sus imágenes hicieron concebir, las cuales, pasando a través de nuestros sentidos, quedaron en nuestro espíritu marcadas como huellas” (Libro XL. La palabra creadora).


Fuera del conocimiento (23-3-1977)


De pronto quiero


no conocer nada más.


Imaginar solamente.


Por cada palabra oída o al aire


suelta por otro,


tomar la punta del sonido


y por ahí viajar por la imaginación.


Volver a conocer otros mundos


cuyas relaciones


emergen de mí,


del sitio de mi cabeza,


que es donde los siglos han fijado


La rectoría del hombre.


Imaginar.


Así nació también,


así han nacido tantos mundos.


Y la poesía.


Y este primer apunte para un texto


fuera del conocimiento.


Los viejos templos (11-6-1974)


Se alzan solos


como periódicos de piedra


de un solo día, hace tiempo.


La intemperie, con cinceles ávidos


labra y labra


sus claustros


por donde el hombre pasa


su brizna palpitante y sonora,


indefensa.


En vez de volvernos polvo


deberíamos convertirnos en piedra


para seguir presentes y acompañando


como esos templos


a todos lo que quieran estar juntos


con nosotros,


aunque sea sin sentidos, sin sentirnos,


mas, presentes,


fuertes contra los cataclismos,


dioses por ya haber pasado


este fuego terrible de la vida,


su gran selva donde la palabra


aparece,


desaparece,


juega con la inmortalidad


por cuanto representa.


Acordes (19-9-1975)


Que el viento mueva las ramas del árbol


para poder ver, debajo,


que se mueve.


Que las mueva y no las rompa.


 


Parece un banco de parque


para el amor de los pájaros.


No estaba antes ahí.


Y lo he visto sin buscarlo


cuando miraba la lluvia


cayendo.


 


Pero está solo.


No hay nadie sentado, esperando,


dormido.


Bajo el árbol y las ramas


alguien seguramente pensó en el amor


y lo trajo.


 


Las toma el recuerdo ahora.


 


Un banco que trajo alguien.


Un árbol, en esta plaza.


La lluvia, los pájaros, el sol.


Indudablemente,


es la vida lo que miro.


Tiempo (26-5-1989)


Me gustan los almanaques,


los relojes


y paso y me miro frente a los espejos


porque creo


que no debemos olvidar el tiempo.


Babel  (17-3-1976)


Ninguno habla como yo


—me dice el olvido


desde su pompa vacía


de colores, sonidos, imágenes—.


Ninguno me habla.


Y si me hablaran,


el gesto de sus cabezas


parecería decir a los demás:


“ella no es nadie,


pueden acercarse


hablar, oír,


que no hace daño,


y ya no es nadie”.


Y así pasan los días.


Y la soledad es la única


habitante de este largo olvido.


Apunte (17-7-83)


Es bondad del tiempo


saber que alguien está vivo


y recordándonos,


aunque todo lo demás sea


un gigantesco muro invisible


separándonos.


Marina (26-7-1976)


No solamente el río que fluye


deja de ser, siendo,


sino la ola del mar sobre la arena


yendo


y viniendo.


Es condición del agua


ser


negándose.


Cuidados (17-5-1984)


Cierro la puerta, la reja,


con dos vueltas de llave


cada una.


Con dos vueltas


que recorren el metal durante el día,


breve chispa fría de acero


al este y oeste de mi mano


En la clausura.


El sol afuera,


aún permanece.


Pero ya no se ve el horizonte.


 


Esta ciudad no tiene horizonte.


Cerros y cerros y edificios


como árboles fantasmagóricos


fantasmas de la piedra


levantada


bajo esa luz solar


liviana y cruda,


áspera y simple


de la aurora a la noche,


que una no sabe cómo no queda su línea


marcada en la curva de las horas.


 


Ya he cerrado la puerta.


Se acabó el día.


Pienso en el Río.


Enciendo las luces


mientras ciertas rosas de penumbra


colorida,


florecen en los rincones,


esponjadas.


Figura (12-7-1979)


Como no viene nadie,


dejo abierta la ventana


para que entre el aroma


de los lirios del patio vecino.


Tomado de El Nacional


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martes, 13 de abril de 2021

Alberto Hernández: RETRATO DE UN MAESTRO:“Rafael Vegas/ El gran educador visto por un exalumno”, de Eduardo Casova es la historia de un ciudadano venwzolano.

 



RETRATO DE UN MAESTRO:“Rafael Vegas/ El gran educador visto por un exalumno”



Crónicas del Olvido

RETRATO DE UN MAESTRO

-Alberto Hernández-

1.-

Acabo de terminar de leer este libro, “Rafael Vegas/ El gran educador visto por un exalumno”. Acabo de sentir la falta de pulso en el cuerpo de Rafael Vegas. La falta de aliento en quien forjó tantas almas en este país. Acabo de ver sus párpados cerrados. Pero también constato la calidad humana de quien escribió el libro, de quien trazó el mapa vital de un hombre que muy poca gente conoce y que yo he terminado de admirar y acercar a mis afectos.

Esta es la historia de un ciudadano cuya vida regresa gracias a quien fuera su alumno, su amigo, pero sobre todo es la vida de su padre heredado. 

He leído la biografía de un hombre a través de la vida de otro, de la vida de quien la escribió, de quien la vivió con el protagonista de estas páginas que Eduardo Casanova trazó con toda su memoria, con su alma y –seguramente- con el llanto contenido.

He leído un libro venezolano. El libro de un venezolano para otro venezolano. Este es el libro de un personaje excepcional. Y quien lo ha puesto en mis manos ha sido también, como muchas veces lo ha dicho el mismo Eduardo Casanova, mi amigo y mi maestro en muchas aventuras, en muchas lecturas y en muchos afectos, pero también en darme a conocer a sus amigos, aquellos que aparecen, muchos de ellos, en estas páginas.

Rafael Vegas se jugó la vida muchas veces. Su primera experiencia fue la del “Falke” y luego las que le agregó una enfermedad que lo acompañó por casi toda su existencia. No obstante, hizo de ella un gran remanso para construir: ha sido hasta ahora el mejor Ministro de Educación que ha tenido este país, sin dejar de mencionar a Gustavo Herrera y a Arturo Uslar Pietri, con la diferencia, como apunta Eduardo Casanova, de que el doctor Vegas fue maestro de aula, director de colegio y creador de programas educativos. Larga fue la travesía profesional, vocacional y afectiva de este hombre por el suelo venezolano, sin olvidar que también ejerció como médico en el Hospital Psiquiátrico de Sant Boi de Llobregat en Barcelona, España, en medio de las más terribles condiciones políticas: la violencia del fascismo franquista, razón por la cual tuvo que huir a Francia para salvar su vida y la de su familia. 

El tránsito de Rafael Vegas ha sido resumido por Eduardo con el esfuerzo de quien ya ha escrito otra biografía, la de Vicente Gerbasi, experiencia que lo condujo exitosamente a perfilar a un personaje que lo tocó tan cercanamente. Fue su tutor, por lo que me atrevería a decir que también está la biografía de Eduardo Casanova en estas páginas que acabo de leer con la misma tensión con que se lee una novela. 

2.-

El doctor Rafael Vegas dejó para la posteridad una larga lista de obras a su país. Obras que no han tenido mucho eco en cronistas e historiadores. Nuestro personaje fue el creador de la Ley de Escalafón del Ministerio de Educación, así como de la Sociedad de Mutuo Auxilio para los Educadores, del Servicio Médico-Asistencial para los Maestros. También fue el creador de las unidades de preescolar en Venezuela, de la educación mixta en escuelas y liceos y del bachillerato en dos ciclos. Para ejecutar esta idea contó con la participación de educadores como Luis Beltrán Prieto Figueroa, Humberto García Arocha, Rafael Pizani, Juan Francisco Reyes Baena, J.M. Siso Martínez, quienes pusieron todo su empeño para instituir la Comisión Técnica Especial Revisora del Pensum y Programas Escolares. Logró que el estado adquiriera los terrenos de la Hacienda Ibarra para la construcción de la Ciudad Universitaria. Fue uno de los promotores de la “Asociación Venezolana de Mujeres”, de la “Casa de Orientación de Menores”, de la “Casa Pre y Post Natal María Teresa Toro”. Organizó el Gabinete Psico-Pedagógico del Colegio Santa María, al lado de Lola Fuenmayor. Fue presidente de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría. Fundó el Sanatorio Altamira.

Pero su obra mayor, a la que le dedicó todo su esfuerzo, todo su vigor, toda su alma, fue el Colegio Santiago de León de Caracas, una de las mejores instituciones escolares de la historia pedagógica venezolana. Se dedicó a tiempo completo a esta labor hasta sus últimos días. Hasta que el Mal de Chagas lo venció luego de una larguísima lucha contra esa enfermedad. 

3.-

Acabo de leer dos vidas. Acabo de pasearme por una Venezuela casi borrosa, lejana para quienes hoy nos vemos sometidos por la incuria, la desmemoria y una pobreza espiritual y afectiva muy dolorosa. Acabo de pasearme por la respiración de un hombre que fue dibujado por la mano de quien fue un niño a su lado y creció sin dejarlo de sentir siempre a su lado. Eduardo Casanova acaba de entregarse en este libro con el último aliento de quien fuera su padre, el padre escogido, el padre genio que seguirá existiendo mientras existan estas hojas escritas por quien lo supo revelar con toda su carga de emociones.

Acabo de leer la vida de un maestro. Eduardo Casanova fue el niño que nos lo hizo ver con emoción agradecida. 

Este título podrá usted encontrarlo muy pronto en Amazon. Com


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Eduardo Casanova




Estudió Derecho y Letras en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad Nacional de Buenos Aires. En 1963 se estrenó su obra teatral Barrabasalia, escrita en colaboración con Arturo Uslar Braun, en 1975 se estrenó su comedia "El solo de saxofón". Luego, en 1968, recibió su título de abogado. Presidente de la Fundación para las Artes del Distrito Federal (Fundarte), 1984. Director del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), 1984-1987. Premio Guillermo Meneses por su obra narrativa (2000). Presidente del Círculo de Escritores de Venezuela, 1999 y 2001.  


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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Gallina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 

lunes, 12 de abril de 2021

Wafi Salih: un oasis fecundado en los amores de dos países.

Una entrevista de José Pulido.

 

Wafi Salih. Imagen tomada de Fandom.



Wafi Salih: la sagrada nostalgia de dos mundos



José Pulido

jueves 19 de marzo de 2020


 





Wafi Salih ha sido fecundada en los amores de dos países.



No hay ninguna duda de eso: Wafi Salih tiene su jardín propio. Vive en el modo de ser de una escritura que cultiva como si fuera un pueblo de mujeres ella sola. Mil manos firmes pero amorosas sembrando imágenes, ideas, explicaciones del alma sobre las experiencias que la realidad depara.




El oasis que brota para complementar el desierto; la isla que se anuncia para el naufragio.


Mil ojos escrutando para entender las transformaciones del dolor y del querer; una sensibilidad exigente para saber en qué momento han alcanzado su más alto fulgor la belleza, la conciencia y la imaginación.

Avicena. Imagen tomada de Wikipedia.

Avicena decía en un poema:


Una paloma hay en ti, noble y orgullosa, caída de lo más alto del cielo. No hay velo que la oculte y, sin embargo, ni la mirada del iniciado la ve.


Esa paloma es un alma. Un alma semejante a la poesía de Wafi Salih. Con la diferencia de que los iniciados y los no iniciados tienen la posibilidad de estimar la riqueza de su escritura.


 



La poeta Wafi Salih


Unos dicen que Wafi Salih nació en 1965 y otros que nació en 1966, aunque eso es de escasa importancia. Lo importante es que nació, creció y escribe unos poemas que lucen con el brillo de la más meditada poesía.


Nació en Valera, estado Trujillo, y parte de su adolescencia la vivió en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo. Es profesora de literatura, magister en Literatura Latinoamericana, egresada de la Universidad de los Andes.


(Su familia es del Líbano. El rey Salomón se hizo una carroza de madera del Líbano. Y además, en el Cantar de los cantares preguntan: ¿cómo es el olor de tus vestidos? Y allí mismo responden: como el olor del Líbano).

 



(Adquieres más poder gustativo si creces en el sabor de los pueblos zulianos, en la Costa Oriental del Lago, por ejemplo, donde hubo épocas en que se tornaba maravilla posible saborear el chivo en coco o los dulces benditos que han inventado o mejorado las manos de las mujeres de esos ámbitos. Ahí se quedó establecido el sabor que ha llegado desde los pueblos indígenas, los seres que hablaban con los peces antes de pescarlos y hacer sus platos; las recetas de sus costumbres y de sus ancestros traídas por los europeos anhelantes y por los africanos que podían hacer un plato regio con hojas de yuca.


Después, si tienes la constitución genética y sentimental del Líbano, significa que hueles cuando los rayos del sol atraviesan las hojas; porque el Líbano es un aroma fundado por la naturaleza en celo, por el ave Fénix buscando nido y por todas las divinidades que se quedan pegadas en cada paisaje oloroso a paraíso).


Entre sus libros figura un ensayo sobre el feminismo, titulado Las imágenes de laausente, que publicó Monte Ávila Editores en el año 2007. En ese libro Wafi Salih expone:


Abundar en los detalles de un enfrentamiento de sexos es un tránsito sin desplazamiento, aunque es necesario recalcar el crudo argumento que redunda en la visión de la mujer como la siempre excluida, la apartada de la autoría de las épocas, la heroína sin epopeya.


Exclusión ésta, marcada al hacerla ajena del espacio público, con lo que a ella no sólo se le condena a vivir en el lugar privado-doméstico, también se adiciona a dicha condena la argumentación de los rituales: el cuerpo como pecado, la debilidad física, la conspiración banal, el desinterés político, alejándola de la posibilidad de ser semejante al varón en la búsqueda del poder.


Echada a un lado, la mujer redimensiona esa consigna aleatoria de toda revolución: “libertad, igualdad, fraternidad”, para ella tiene otro sentido, pues si bien un esclavo puede liberarse y hacerse propietario de su trabajo, un obrero emanciparse y ser dueño del valor social de su producción y de su vida, una nación puede ser edificada, redimida, la mujer “al dejar el arma” debe regresar a su labor de madre, de esposa, de hija, de propiedad, pero sobre todo, debe ser devuelta al principio, al silencio.



Entre otros ejemplos, Salih analiza la gesta de Juana de Arco, quien colocó en el trono a Carlos VII y sin embargo no fue considerada una presencia determinante de la mujer. Aunque la quemaron amarrada, en un solo haz, con toda su vehemencia, su valentía y su nobleza femeninas.


Tomemos el ejemplo de Juana de Arco, quien se representa como una “verdad revelada”: es un “mariscal” victorioso liberando Orleáns, derrotando a los ingleses en Poitiers. Su acción guerrera no se le aduce ni a su razón, ni a su arrojo, ni a su visión de guerrera; su actuación se inscribe como ejecutoria del mandato divino, es decir, ella es un ser intervenido, ungido con las potencias de lo masculino, con sus atuendos, con su misma voz (viril); es un otro que no viene a redimir al invadido pueblo francés, sino a suplir una carencia transitoria: la necesidad de liderazgo moralizante.


Y la poeta especifica:


En los leños no arde Juana, en la pira no se corrompe una bruja, no, en la pira se vuelve cenizas la debilidad masculina, debilidad para la que no está preparada la Francia viril. En llamas yace la demostración práctica de la impotencia del poder del varón. De alguna manera, Juana había roto la fundamentación bíblica donde se sostiene el significado de la “debilidad absoluta” de Eva.


Wafi Salih
ha sido traducida al árabe, al francés y al inglés. El escritor Ender Rodríguez la ha definido acertadamente: “Lo vivido se ha convertido en sus obras literarias, ella es lo que escribe”.


Es de innegable importancia este ensayo, de una seriedad acentuada por la investigación de la autora. Pero me he dedicado a leer con voracidad su poemario El dios de las dunas. En cuyas páginas he vivido la fascinación por una poesía propia, de ella, de la mujer que se moviliza en la escritura al ritmo que le impone su conciencia.




El dios de las dunas


En la niñez se perciben varios mundos. Predominan el de la vida real que tiene sus sabrosuras y sus incomprensibles arrebatos de equivocación adulta, y el de la fantasía obligatoria que puede convertir una hoja de cuaderno en alfombra voladora. En la infancia se poseen la patria del hogar y la patria que se intuye en la lejanía de los orígenes.


Eso podría comentarse partiendo de este verso:


¿Quién puede en el rayo de la niñez distinguir dos cielos?


Salih gesta frases contundentes envueltas en la atmósfera de una poesía extremadamente sagrada, con aires de templos viejos, de civilizaciones perdidas, de divinidades que ya no recuerdan lo que fueron, ni quiénes las adoraron.


Uno de los poemas más hermosos y perfectos de Wafi Salih figura en las páginas del libro El dios de las dunas:


En los nichos del aire, rapta lentamente

sobre mi incertidumbre, esta noche de café e insomnio,

relámpago en su sílaba más alta desata un pájaro, oxida los

segundos. Noche de la noche, mellada como un cuchillo en

las mejillas, como el eco de una página borrada del porvenir.

Oigo sus torturadas formas en el declive de los jazmines.


Lobos, lobos en la piel enloquecidos, buscan

salir hacia atrás, donde la palabra por decir desvanece la

visita de los que se han ido, el cielo imposible entre ruinas de

agua.


Siglos y minutos como migas caen en el

mantel esparcidos, líquido del canto en el alma de Agar.

Dialoga el Sahara como un conjuro con mi nombre, cierra las puertas del mediodía. Un río contra otro, la geografía de tus

manos, dobla esta noche como un imposible poema de amor.

De pie ante el cielo, soy uno en el sin fondo. ¿De qué tierra

inclinada en el pecho me duelo?


Leerla es expresarla un poco


Ella ha sido fecundada en los amores de dos países. Es una venezolana fuertemente marcada por la libérrima calidez de la vida zuliana, por la búsqueda punzante de la verdad y la belleza que es una fiesta y al mismo tiempo un combate en el alma maracaibera. Wafi también es ese tormento que la guerra ha dejado encima del Líbano, ese lugar de fragancias donde “la alta cumbre del Hermón” se emparenta con los cielos. El venezolano que la lee siente el contacto de los calores humanos que la naturaleza ha gestado; el libanés que la lee puede encontrar en su poesía las heridas profundas de Beirut y la curación otorgada por el aliento del Monte Líbano.


Caracas, me encuentra una tumba sobre un mapa del Líbano.

Una página, como un mercado persa alisa la mirada,

afirma negándome un desordenado amor infatigable

Este país comienza a caminarme,

su longitud de signo desnudo ensancha el Sinaí,

sepulta en el aliento punzante los retratos,

algo sobre el ademán de la tarde

He gastado como fósforos mis días.

Una pequeña estatua entre Beirut y Baalbak.


En estos días, de tanto leerla, dije “voy a escribir algo”, sobre todo para dejar sentado que la estamos leyendo en alguna parte, nosotros, los lectores que no la conocemos en persona. Con la única finalidad de darle apoyo en estos tiempos difíciles a quienes laboran con el lenguaje para mantener los espíritus con vida. No tengo ni un ápice de crítico o de ensayista literario. Lo que hago aquí es mostrar el sentir de un lector.


Los haikús


Ahora repito la frase del escritor Ender Rodríguez, pero un poco más completa:


Lo vivido se ha convertido en sus obras literarias, ella es lo que escribe. Algunos haikús o poesía breve, como prefiere llamarlos, tienen un dejo en su tono, de pureza infantil.


Esa alusión a los haikús da pie para mostrar otra faceta de Wafi Salih, quien tiene figuración internacional gracias a la difusión de sus haikús.


Por cierto: ella mantiene en bajo perfil una contentura. Es un secreto que está contenta porque varios amigos que estuvieron en un recital de Rafael Cadenas, le contaron que el poeta la mencionó de manera elogiosa. Ella no lo difunde, pero sus amigos sí. Wafi admira, como una mayoría de lectores venezolanos, a Rafael Cadenas. Y el poeta Cadenas recordó a Wafi gracias a los haikús. Así lo ratificó una amiga común, que estuvo presente en el lugar de los hechos.


El poeta leyó tres poemas breves de su libro titulado Sobre abierto. Y comentó, con su humildad de siempre, que no se trataba de haikús “porque el haikú es una forma muy exigente de escritura”. Y apuntó algo así como: “Hay una poeta en Barquisimeto (Wafi Salih), que escribe muy bien los haikús”.


Ahí llego inusitadamente y aprovecho para colocar unos haikús de Wafi Salih:


¿Quién comerá

los dátiles que plantó

mi abuelo?


(Significa que en el Líbano quedó una parte de la vida del abuelo, el resultado de una buena acción en favor de la naturaleza y la existencia. Pero ella no sabe si habrá gente para comer esos dátiles. O duda respecto al tipo de personas que aprovecharán lo que ha nacido gracias a su abuelo).


Puente colgante

deja pasar también

a mi tristeza


(La tristeza es como un sentimiento independiente de todo, que existe por su propia cuenta. Igual que el puente. Y ella no tiene inconvenientes en que ese trayecto que une dos orillas, que carece de principio y de fin, deje pasar a la tristeza. Porque le pertenece. Aunque la tristeza sea independiente y haga lo que le venga en gana)


Blancos suspiros

cuando miro las garzas

cruzar el cielo


(Precioso. Las garzas son suspiros y los suspiros se vuelven garzas. Y los suspiros podrían tener que ver con la imposibilidad de ir lejos, a través de la libertad del aire, tal como lo hacen esas aves)


Casa en ruinas

una mujer espera

señales del cielo


(Este me gusta sobremanera. La fe. El diálogo del espíritu de la mujer con la inmensidad. La casa en ruinas es una señal para el cielo. Ahora, firmamento, haz el favor de mostrar la señal de los astros)


Por mi ventana

los lirios del comedor

ven la tormenta


(Este es un poema extraordinario. Los lirios son seres vivos que están ubicados bajo la protección de la casa, de la mujer. Se hallarán a salvo hasta que les llegue el momento de marchitarse. Pero ahora ¿tienen miedo de la tormenta? ¿añoran estar a la intemperie? ¿qué ven los lirios?)





Tomado de Letralia.





Enlaces Relacionados:

Wafi Salih: Entre el cósmico aleteo de las cigarras, los dioses y un ladrido de guerra












































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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne



José Pulido:

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.