sábado, 19 de septiembre de 2026

Cuando Chávez leyó más que Miranda.

 



Estimados Liponautas

Hurgando en la red conseguimos este texto titulado Yo Conocí al Chávez Lector perteneciente a la escritora Mariajosé Escobar que fue publicado en el año 2013 en El Correo del Orinoco. La búsqueda no fue sencilla ya que el portal de El Correo del Orinoco no tiene colgada esta colaboración o la eliminó.  En ese texto Escobar nos presenta una imagen, que consideramos  sumamente alejada de la realidad, la de Chávez como un Lector profundo y consumado. 





Uno de los recursos utilizados es la de nombrar ciertos autores y ciertos títulos para presentarnos al finado Comandante intergaláctico como un lector estudioso y dedicado que se valía del manido recurso del subrayado en los libros. Afirma que en la biblioteca del comandante había autores tales como Marx, Ho Chi Min, Lenin, Galeano, Aquiles Nazoa y Franz Fanon. También menciona los libros que tenia dedicados por Fidel Castro. Lo que nos pareció curioso es que no mencionara a El oraculo del Guerrero, libro que le fue regalado a Hugo Chávez por la que era su esposa en ese momento María Isabel de Chávez y  que se convirtió en una espesa y pegajosa influencia para Hugo Chávez que no dejaba de recomendarlo. 



Hugo Chávez Remix 2 El oráculo del guerrero



Obviamente el texto se convirtió en un fenómeno de ventas; así que todo miembro serio del Movimiento Quinta República fue raudo y veloz a la librería o buhonero más  cercano a comprar el sucedaneo del libro rojo. Y la gente no recuerda que antes de recomendar a los libros de Noam Chomsky, Eduardo Galeano o Victor Hugo recomendó este portable libro.




El amor incondicional de Hugo por Lucas Estrella duró hasta que el periodista Venezolano Boris Izaguirre afirmó que El Oráculo del Guerrero era un libro de homoerotismo. Incluso en una entrevista televisiva llego a interpretar algunas máximas del libro de manera homoerótica. Bastó esta afirmación del escritor venezolano para que Chávez abandonará al libro y su promoción indiscriminada. 



Con posterioridad a este desliz se dio inicio a la creacion de la leyenda urbana, debidamente apoyada por los medios de comunicación oficiales,  de Chávez como megaléctor. En el año 2013, después de la muerte del presidente, Maríajosé Escobar publica un artículo en El Correo del Orinóco titulado: Yo conocí al Chávez lector donde afirma que la biblioteca personal de Chávez constaba de unos 15 mil libros. Se conoce que la biblioteca personal de Francisco de Miranda estaba formada por unos 2.613 títulos y unos 6 000 volúmenes. Pero quizá podamos confirmar ese dato preguntándole al psiquiatra y escritor Pedro Téllez.


General Francisco de Miranda por Martín Tovar y Tovar


Pero ya es el momento de dejar de atosigarlos con datos y dejarlos con Mariajosé Escobar y su Chávez, el que leyó más que Miranda, ups!... y su Yo Conocí al Chávez Lector

Disfruten de la entrada


Atentamente


La Gerencia.




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Yo Conocí al Chávez Lector




30 abril, 2014




Mariajosé Escobar Gámez


A finales de 2011, trabajaba yo en el Ministerio del Poder Popular del Despacho de la Presidencia, inicialmente como editora en la División de Publicaciones de la Dirección General de Gestión Comunicacional (luego pasaría a ser Directora de Archivo y Publicaciones, pero esa es otra historia). A finales de ese año, estaba ya el Comandante enfermo. Una esperanza se crecía en medio de tanto dolor que significaba verlo batallando contra un mal que, no me cabe duda, le fue inoculado por el malevo imperialismo que un día derrotaremos.


Por esas fechas fui convocada, junto con un equipo, a la hermosa, titánica e histórica tarea de arreglar y clasificar, nada más y nada menos, que la biblioteca de Chávez. Tal tarea nos fue encomendada desde septiembre de 2011 y se extendió hasta diciembre del mismo año. Fueron días en los que no dejaba que mi cuerpo sintiera fatiga. Vivía yo entregada, maravillada ante cada hallazgo del Chávez lector. Tenía más de 15.000 libros, entre los cuales recuerdo especialmente El Manifiesto Comunista, porque tenía una inscripción en la primera página, en rojo, con la letra que le conocimos a Chávez cuando nos dijo que él no había renunciado. Aquella impresión quedó por siempre grabada en mi retina y en mi corazón, y se me viene a la mente cuando la esperanza flaquea: “Es un río, son muchos ríos, es un gran río invisible” decía en unos versos sencillos, porque el comunismo en nuestro milenio ya no es un fantasma sino un río, como el Orinoco, como el Arauca, como el Caroní, como ese gran río al que se fue Chávez hecho pura energía y desde donde cada mañana nos rocía de amor y de espíritu de lucha.


Recuerdo claramente El libro Verde, de Gadaffi dedicado a nuestro Comandante por el líder Libio, dolorosamente asesinado ese mismo año. La noticia del homicidio de Gadaffi la recibí por cierto mientras tenía en mis manos un ejemplar, subrayado y comentado por Chávez del libro Los condenados de la tierra de Franz Fanon, y que minutos antes de la noticia estaba leyendo y curioseando las notas del gigante. Las lágrimas acudieron a mis ojos al ver la grotesca escena que circuló por los medios del momento en el cual las esperanzas de Libia estaban siendo truncadas. Compartí el dolor con mis compañeros, varios de ellos militares, sargentos, tenientes de esa nueva fuerza armada bolivariana que Chávez formó. Seguimos la labor. Porque la lucha es indetenible.


Por cierto qué, conforme avanzábamos en el trabajo, del personal civil sólo quedé yo y una camarada querida cuya amistad aún conservo, que me vivía regañando porque no hacía altos en la labor y me metía entre los libros de Chávez, como hipnotizada por su fuerza telúrica, como si él mismo me hablara desde sus libros. Ambas compartimos la ardua tarea con un grupo de sargentos y tenientes muy sensibilizados acerca de la gran importancia histórica de lo que estábamos haciendo.


Algunos de los libros que recuerdo son varios del filósofo Enrique Dussel y Noam Chomsky, dedicados por los autores, un ejemplar del Popol Vuh, todo viejito él, uno de Cien Años de Soledad del gran Gabo (por cierto que Chávez tenía toda la bibliografía del escritor colombiano) y otro de Don Quijote de la Mancha del que Chávez tenía varias ediciones y, sin embargo, había un ejemplar subrayado por él que era su favorito, y había que buscarlo siempre que lo pedía. Uno piensa entonces en Chávez como en un atesorador de libros, como uno, y eso lo hace tan noble, tan cercano.


Tenía también, en cuanto a literatura, la amplia bibliografía de poetas como Miguel Hernández, Pablo Neruda y Mario Benedetti, entre muchos otros. Por ello siempre pienso, que tuvimos y tenemos por siempre en nuestros corazones a un Presidente poeta, sensible, noble, alma buena a quien imagino, como nosotros, aprendiéndose versos sencillos, humanos, plenos de ternura.


El Comandante de los sueños leía sobre los temas más variados: ciencia, literatura, política, filosofía, religión. A veces encontraba hallazgos que quedaran siempre haciéndome eco en la memoria, alguna carta a algún amor, alguna carta de sus hijas, alguna que otra foto como marcalibros. Y es que nuestro amado Chávez era tan pueblo, tan nosotros. Sus libros estaban acuciosamente subrayados y trabajados. Era el tipo de lector estudioso, detallista, de cierta manera obsesivo, de los que marcamos cada detalle que nos interese del texto, encerramos en óvalos las palabras que no entendemos, ponemos el clásico simbolito de “ojo” en las ideas resaltantes, hacemos flechitas y establecemos, mediante comentarios marginales un diálogo cercano, casi de tú a tú con el autor, sin importar que el mismo sea Carlitos Marx o Simón Bolívar, Luis Brito García o Gustavo Pereira.


Chávez tenía volúmenes y volúmenes sobre Bolívar. Libros contentivos de sus cartas y proclamas y numerosas biografías y estudios sobre su obra y pensamiento. A veces me pregunto en qué momento leía todo lo que vi, todo lo que supe que leía porque estaba trabajado por él. Me gusta imaginarlo como yo. Leyendo mientras desayuna, mientras descansa el almuerzo, al filo de la madrugada en la que una mente en permanente ebullición como la suya no le dejaba dormir, esperando en los aeropuertos, en el avión. Me gusta pensar que alguna manchita que pudieran tener sus libros, era de tanto que los trajinaba o gotitas de ese café tan Chávez que siempre le caracterizó. Me gusta imaginar llevando sus libros a cada país al que iba a predicar “la buena nueva” del Socialismo del Siglo XXI, ese que él se inventó, ese que nos legó la apoteósica tarea de terminar, de construir, pensar y formular.


Yo conocí al Chávez lector, a ese que subrayaba y comentaba sus libros en rojo. Yo ordené su biblioteca. Aprendí a utilizar el sistema de cotas DIUU y lo enseñé al resto del equipo que se incorporó después. Fueron 4 meses de absoluta maravilla. Fueron 4 meses de resplandores de páginas. A veces salía a las 9, 11, 12 pm. A veces no salía, y me quedaba a dormir en Miraflores. Digo a dormir por decir algo, pues el trabajo era arduo y las horas de sueño eran 2 o 3 luego de las cuáles seguíamos entre sus páginas, clasificando sus libros por materia, por país, por año de publicación, por autor, por editorial, por si tenía o no comentarios marginales, por si estaba o no dedicado, por si tenía alguna cosa personal del Comandante dentro, por si era necesario mandarlo a restaurar.


Yo recorrí kilómetros de páginas de los libros de Chávez, que fue casi como recorrer kilómetros con él. Fue conocerlo desde algo tan personal, tan cercano como su biblioteca, como sus tesoros personales ya que son eso los libros para todo amante de ellos. Vi dedicatorias de familiares, amigos, grandes filósofos y políticos y desconocidos, anónimos amorosos que regalaban libros al Presidente cuando tenían la oportunidad de verlo en un mitin, en un acto, de penetrar los anillos de seguridad, abrazarlo y entregarle fervorosamente un libro “Pa que lo lea”. Puedo decirle a esos, los sin nombre, los fervorosos, los pueblo que Chávez sí leyó muchos de los libros que le entregaron en medio de la marea roja y bajo el sol. Que los que no leyó fue porque la vida no le alcanzó, pero que los atesoraba, y los guardaba con la misma devoción con que un niño guarda sus juguetes.

Entre los libros de Chávez conseguí Catalino Bocachica de mi admirado y querido amigo el poeta colombo-venezolano Luis Darío Bernal Pinilla y di la buena nueva a su autor que con su mirada de duende casi saltó de la silla.


Entre los libros de mi Comandante lector, dejé el libro de mi abuelo de 92 años Andrés Escobar Muñoz Antología de poemas revolucionarios. No sé si Chávez lo encontró. No sé si pudo leerlos, pero ahí están para la historia los versos rebeldes de mi viejito, ese viejito campesino y obrero, que no fue a la escuela, pero que dedicó su vida a la siembra, al trabajo duro y al tejido del verso.


Por esas fechas Chávez estaba enfermo e iba de viaje a curarse a Cuba. Por esas fechas se acercaba navidad, y todos orábamos por su salud. Yo todos los días dedicaba 12 horas o más de jornada laboral a arreglarle su biblioteca. Y lo hacía por amor. Lo hacía elevando de tanto en tanto una plegaria por el primer Presidente lector, poeta, promotor de lectura.


Chávez tenía entre sus libros los más diversos: los de Ho Chi Min, los de Lenin, los de Vo Nguyên Giáp, los del Che. Qué decir de tanto libro que encontré dedicado por Fidel, ese padre de Chávez, ese amigo, ese hermano que recomendaba siempre a Chávez libros que lo nutrían y le hacían crecer dentro la semilla revolucionaria.

Libros de Galeano y de Aquiles Nazoa, libros de Juan Calzadilla y Simón Rodríguez, libros de Paulo Freire y de Gramsci, libros de Trotski y de Retamar.


Libros sobre Hostos, San Martín, Pancho Villa, Emiliano Zapata, Allende, el Che, Fidel Castro, Marx, Bolívar, Simón Rodríguez, Antonio José de Sucre, Zamora, sobre los mambises, Martí, sobre el Frente Farabundo Martí, los Sandinistas, el subcomandante Marcos, era Chávez un ávido lector y conocedor de todos los movimientos insurgentes de América Latina desde la colonia hasta nuestros días. Y no sólo eso: libros sobre Vietnam, la Guerra del Golfo, La I y II Guerras Mundiales, la guerra de Irak, el conflicto entre Isrrael y Palestina, la Guerra de Angola, La Guerra Fría, La Guerra de los Cien días, La Guerra del Golfo Pérsico, Chávez estaba muy bien documentado acerca de los conflictos generados por el imperialismo en su afán expansionista y los estudiaba constantemente, junto a las diversas respuestas de resistencia de los pueblos del mundo.


Libros sobre agroecología, filosofía, comunas, poder popular, guerra de cuarta generación, economía, informática, guerra mediática, construcción de casas ecológicas –libros de Fruto Vivas-, libros sobre arte, arquitectura, avances científicos, temas indígenas y afros, multiculturalidad, libros sobre la historia de diferentes países del mundo y sus líderes, y muchos otros, Chávez poseía una vasta cultura, manejaba muchos temas diversos.


Ese es nuestro Chávez lector, yo tuve la dicha, el honor, el sueño cumplido de conocerlo, de organizar sus libros. Yo supe de sus desvelos frente a un libro abierto y no una, sino muchas tazas de café. Vivirá siempre en nuestros corazones ese Chávez sencillo, amable, ese Chávez promotor de lectura, que siempre mostraba más de 10 libros en sus alocuciones –libros que estaba leyendo y me consta- ese Chávez lector, que tenía sus libros trajinados, y que era poseedor de una biblioteca muy basta y completa, ese Chávez poeta, que en los márgenes de sus libros ensayaba versos como ese hermoso que me aprendí de memoria y que siempre que pienso en él se me viene, caudaloso, desafiante, bravío como el Orinoco al que se fue Chávez multiplicado, Chávez llovizna nuestra, Chávez tan fuerza Caribe: “Es un río, son muchos ríos, es un gran río invisible”.


Mariajosé Escobar Gámez


https://cultureandoenbarinas.wordpress.com/2014/04/30/yo-conoci-al-chavez-lector/





Mariajosé Escobar (Caracas,​​ 1986).​​ MSc. en Literatura Comparada (UCV, 2023) Lic. en Letras (UCV, 2011). Diplomado en Edición (UNEARTE y Editorial El Perro y la Rana, 2020).​​ Ha publicado​​ Poemas de Insomnio y Lluvia​​ (El Perro y la Rana, 2011);​​ Versos Diversos. Antología poética sexo-género diversa contemporánea e hispanoamericana, Zambrano y Escobar Comp. (El Perro y la Rana, 2011);​​ Gestación​​ gana el Concurso Metro Relatos (2014), auspiciado por Monte Ávila Editores y el Metro de Caracas;​​ La Casa en el Espejo​​ (Casa de las Letras Andrés Bello, 2015),​​ Mención Honorífica del Premio Municipal de Poesía, Luis Britto García, 2016;​​ Verbeldía, Locura del verbo​​ (El Perro y la Rana, 2019);​​ Liquen​​ (Fundarte, 2022);​​ Desde el Vagón,​​ Mención Honorífica del Premio Nacional de Poesía Fernando Paz Castillo (2022).


 

Redes: IG: @marijo_escobarg ​​ X: Escobar_Marijo ​​ Facebook: Mariajosé Escobar.



https://circulodepoesia.com/2024/04/poesia-venezolana-mariajose-escobar/




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martes, 15 de septiembre de 2026

Están invitados a la presentación del libro Veinticinco mil bodas de Slavko Zupcic, por Pedro Téllez, este viernes 18/09/2026 a las 4:00 p. m. en Reusamás en la Casa Don Bosco

 



Estimados Liponautas


Están cordialmente invitados a la presentación del libro Veinticinco mil bodas de Slavko Zupcic por parte del escritor Pedro Téllez.



La presentación se hará este viernes 18/09/2026 a las 4:00 p. m. en la Fundación Reusamás ubicada en las instalaciones de la Casa Don Bosco, antigua Granja Salesiana frente a la redoma de Guaparo.





¿Cuántos años puede tardar un hombre devenido en cantante en ponerle música a veinticinco mil bodas? En esta novela, el músico Stanich Jerónimo, que en su infancia comenzó a cantar el Ave María en las iglesias rurales de Naguanagua, en Venezuela, repasa los momentos más importantes de su vida mientras está a punto de conseguir la ansiada cifra: veinticinco mil bodas. Siempre a punto de lograrlo, entre una y otra boda, se da cuenta de que su vida al igual que el país ha cambiado convirtiéndolo en un hombre cada vez más pobre, gris y solitario; y llega a un punto en que debe decidir si continuar cantando ayudado por la persona más influyente de la Naguanagua actual o reivindicar para su vida la dignidad de los inicios


https://edicioneslapalma.com/inicio/346-veinticinco-mil-bodas.html





Teléfono Fundación Reusamás: +58-414-5936111.


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 Imagen tomada de aquí.



Slavko Zupcic. Narrador y ensayista. Nació en Valencia  y se crió en Naguanagua. Estudió en el Colegio Don Bosco, de la misma ciudad. Egresó como médico cirujano de la Universidad de Carabobo. Perteneció a la redacción de la revista La tuna de Oro, adscrita al Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de esa misma casa de estudios.  Psiquiatra y médico del trabajo. Ha publicado, entre otros títulos, Dragi sol (1989, 1991); Vinko Spolovtiva, ¿quién te mató? (1990); Barbie (1995); 583104: pizzas, pizzas, pizzas (1995); Máquinas que cantan (2005); Tres novelas (2006); Giuliana Labolita: el caso de Pepe Toledo (2006); Médicos taxistas, escritores (2014) y Cementerio de médicos (2017).


En el transcurso de su carrera literaria, de más de 30 años, ha recibido diversos reconocimientos: Premio Bienal José Rafael Pocaterra (1990); Premio Municipal Ciudad de Valencia (1991); Premio al Mejor artículo de humor del diario El Nacional (2006); escritor representante de Venezuela en el encuentro Bogotá 39 (2007); ganador del Certamen Iberoamericano de las Artes (2014).


Algunos de sus cuentos integran antologías venezolanas e iberoamericanas y varios de ellos han sido traducidos al alemán, francés, inglés, italiano, húngaro y portugués. Actualmente vive en Valencia, España, donde trabaja como médico de urgencias hospitalarias en el Consorcio Hospitalario Provincial de Castellón. Es columnista del periódico Mediterráneo, de Castellón, y actualiza semanalmente su blog Cuartientos de Slavko Zupcic. Se presenta no como médico y escritor, sino como “medritor”.


https://cultura-urbana.com/autores/slavko-zupcic/


Cuento

583104 pizzas pizzas pizzas (selección)

Unicornio perdido en enero/Días de suerte

Vinko Spolovtiva (selección)

Novela

Barbie (fragmentos)

Crónica

Máquinas que cantan/El primer escritor


https://eldienteroto.org/wp49/slavko-zupcic/


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Fotografía de Yuri Valecillo


Pedro Téllez (Valencia, Venezuela, 1966). Ensayista. Conferencista. Bibliófilo. Médico psiquiatra. Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad de Carabobo, donde también cursó las Maestrías de Historia de Venezuela y Literatura Venezolana.  Ha sido profesor de estética en la Escuela de Arte «Arturo Michelena», Coordinador del Postgrado de Salud Mental en el Hospital Psiquiátrico de Bárbula. Ha publicado los libros: Añadir comento (1977). Fichas y remates (1998), Tela de araña (1999), La última cena del ensayo (2005) y Un Naipe en el camino de El Dorado (2007), Elogio en cursiva del libro de bolsillo (2007), Valencia sulaco (2019).  . Ha sido redactor en las revistas Poesía y La tuna de oro y colaborador de la revista Zona Tórrida, publicaciones   adscritas al Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo. Colaborador en publicaciones periódicas tales como Predios, Arte de leer, Mañongo y Tiempo Universitario. 

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domingo, 6 de septiembre de 2026

Juan Martins (1960 - 2026), teatrista y poeta venezolano a José Pulido: Son los lectores, quienes nos dicen si somos escritores

 


Juan Martins




El pasado domingo 30 de agosto de 2026 falleció el escritor Juan Martins debido a complicaciones de salud.

Le hacemos llegar nuestras condolencias a sus allegados.


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Juan Martins, el escritor portugués de Maracay

José Pulido domingo 11 de octubre de 2020




Martins: “No podría estar sin escribir, no me concibo de otra manera”.



TenochtitlanImagen tomada de aquí.


“Desde la remodelación de Tenochtitlan, luego de su destrucción por Hernán Cortés en 1521, hasta la inauguración en 1960 del más fabuloso sueño de urbe de que han sido capaces los americanos,  la Brasilia de Lucio Costa y Oscar Niemeyer, la ciudad latinoamericana ha venido siendo básicamente un parto de la inteligencia, pues quedó inscripta en un ciclo de la cultura universal en que la ciudad pasó a ser el sueño de un orden y encontró en las tierras del Nuevo Continente, el único sitio propicio para encarnar”. Eso lo escribió el inolvidable ensayista Ángel Rama.

El Congreso Nacional diseñado por Oscar Niemeyer en Brasilia.


Es un parto de la inteligencia cada ciudad, sí señor. Rama estaba en lo cierto. Por ejemplo, Maracay fue un caserío, un rancherío y de pronto cambió para volverse embrión de ciudad y fue así como Humboldt conoció el lugar y detalló algunos aspectos:

Ángel Rama. Imagen tomada de aquí.


El pueblo, o más bien, el burgo de Maracay era antes el centro de las plantaciones de añil, cuando este ramo de la industria textil era el más próspero. En 1795 se contaban allí 70 mercaderes con tiendas, en una población de cerca de 6.000 habitantes. Las casas todas son de tapias: en cada casa hay cocoteros, cuyas cimas se elevan por encima de los edificios. El aspecto de bienestar general es todavía más ostensible en Maracay que en Turmero.

Maracay y el Lago de Valencia. Imagen tomada de aquí..


(Humboldt nunca podría adivinar que Turmero nunca dejaría de ser una ciudad pequeña, pero con crecimiento en el arte y en la poesía debido a Mario Abreu y a las hermanas Yolanda y Blanca Pantin).

Alejandro de Humboldt.


Hubo una época en que se podía decir que el cielo de Maracay era color añil, sin que alguien calificara de tontería tal afirmación. En Maracay y en Nirgua mejoraron el cultivo de añil los vascos guipuzcoanos. Maracay vivió una inspiración vasca en aquel tiempo.

Yolanda Pantin


Después los maracayeros hicieron vida nerviosa con la dictadura de Juan Vicente Gómez instalada a sus anchas en ese calorón. Pasado un buen tiempo hubo una temporada marcada por el orgullo de tener a César Girón, a sus hermanos y al Diamante Negro. Y en su atmósfera se fabricaron tardes de toro salerosas y dolorosas.

Juan Vicente GómezImagen tomada de Wikipedia.


Posteriormente, la narración de Eduardo Casanova, la música de Otilio Galíndez, los jonrones de Miguel Cabrera y la poesía de Harry Almela y Alberto Hernández, pusieron a Maracay en un mapa de perfecto cariño.

Eduardo Casanova


Y ahora, para complementar el carisma de Maracay, se crece Juan Martins con sus obras, que son de dramaturgia, de narración, de poesía. Aparte del olor a pan recién horneado que difundieron los portugueses en todo el país, también han aportado a unos cuantos creadores literarios. Entre ellos, el caballero entrevistado.


 

Caramba-Otilio Galíndez

https://m.youtube.com/watch?v=RVIXutYwdfU


El teatro es una relación de cuerpo a cuerpo con el espectador. Sí, tenemos que reinventarnos; aun así, no podemos perder esta perspectiva conceptual con la teatralidad.


Hijo de portugueses

Gonçalo M. Tavares. Imagen tomada de aquí.



—¿De dónde viene tu apellido?


—Soy lusodescendiente. Mis padres son inmigrantes que llegaron de la isla de Las Azores, Portugal. Mi madre llegó al país con apenas cinco años de edad, en 1945, y mi padre en 1959. Acá estructuraron sus vidas del modo que ya todos conocemos de esta inmigración: trabajo, honestidad y responsabilidad. Estos son los valores que me trasmitieron. De allí mi arraigo con esta otra lengua, la lengua portuguesa. Arraigo que también se traduce en literatura. Por nombrarte algo relevante: uno de mis libros de ensayos, Gonçalo M. Tavares: el secreto de su alfabeto, auspiciado por el Instituto Portugués de Cultura, es una marca dentro de mi obra. Lo digo por lo siguiente: Tavares se introdujo en mi estilo de escritura. En una manera de entenderme con ella; lo heterodoxo, la ruptura de géneros o su mixtura, por decir dos de sus aspectos importantes. El saber que escribes, como bien lo dice él, desde el alfabeto y no desde el género. Es decir, que de allí surja lo que la misma escritura exija y le quede al lector decidir. A partir de este matiz de libertad comprendí que esto podía ser parte de aquel estilo. En virtud de lo cual me edifico en la literatura portuguesa. Pessoa, por ejemplo, se transfiere en lenguaje porque deviene en lo que escribiré. Escribimos después de los otros, dice Enrique Vila-Matas. Y eso es una verdad, puesto que le confiere al acto de lectura una propiedad creativa. Portugal se me hace inexorable en la memoria y se introduce en las formas de mi escritura, en su cadencia, el sentir y, siendo un poco más riguroso, en esta intertextualidad a la que deseo corresponderme por medio de un proceso lúdico porque me entretiene.


—¿Qué amas de Maracay?


—Lo que amo de Maracay son mis amigos. Es en ellos que me construyo. Apostemos en claro, mi amistad con el destacado escritor Alberto Hernández me acompaña en este sentido profesional con la escritura: lecturas, ediciones, tertulias e intercambios. Para decirlo en una palabra que me es común con el portugués: conversa. Y son esas conversaciones las que me complementan en el quehacer. Esto, entre otras cosas, me define porque soy también un hombre de teatro. Y extraño mi público. En estos momentos tengo preparado un performance con el teatro de Fernando Pessoa, así como también un libro de ensayo en el que estoy trabajando. Y como bien sabemos, el teatro es una relación de cuerpo a cuerpo con el espectador. Sí, tenemos que reinventarnos; aun así, no podemos perder esta perspectiva conceptual con la teatralidad.

Harry Almela y Alberto Hernández. Fotografía de Henry Cedeño. Imagen tomada de Aquí

—¿Desde cuándo escribes?


—Me gustaría responder que desde siempre, decir que siempre estuve escribiendo. Desde la infancia, si acaso consideramos que primero somos lectores. Luego, escribimos. Sin embargo, llegué muy tardío a la escritura. Debo destacar la importancia que tuvo para mí el poeta Harry Almela; es por él que en mi juventud llegué a la poesía en sus famosos talleres en que nos formamos toda una generación. Para mí, la literatura era Harry Almela. Todo lo que sucedía en mi ciudad en torno a ella tenía que ver con dos personas: Harry Almela y Alberto Hernández. Dejó aquél un legado muy importante, una relación de disciplina y seriedad a la cual me apego y con el mayor rigor posible. El libro con el cual recibí el Premio III Bienal de Literatura de Poesía Abraham Salloum Bitar, Soy una herida que se deja atenuar, lo dediqué a la memoria de Harry Almela. Dado a lo aprendido y a quien vertió en mí esa pasión desde mi juventud, por allí cuando tenía veinticinco años. Hoy soy un viejito (bromeo) de 59 procurando mi voz. No es un gesto ingenuo, sino de responsabilidad con la escritura.


—¿Y cuándo supiste a ciencia cierta que eres escritor?


—No tenemos la certeza de cuándo, si acaso lo somos. Son los lectores, estoy seguro de ello, quienes nos dicen si, en el mejor de los casos, estamos escribiendo. Si algún lector nos espera mientras nuestro yo se va desvaneciendo. Un solo lector nos daría una gran alegría. Y si esto nos hace escritores, entonces puedo decir que la poesía me confirió esa seguridad. Por tal motivo me resisto para publicarla cuando trato, no es fácil, pasar lo más desapercibido posible. Siendo así me permito comentar que llegué muy tarde a la escritura. Aunque, pienso ahora, siempre lo hacía de alguna manera. En cierta manera se escribe en mi cabeza aquel libro, poema, drama y ensayo antes de ser publicado. Es decir, tratar de saber qué escribimos cuando no estamos escribiendo. Recordemos algo: publicar no tiene nada que ver con escribir. Son, como dice Tavares, dos verbos diferentes.

Rodolfo Santana. 1982. Imagen coloreada

—¿Qué cosa más importante aprendiste con Rodolfo Santana?


—Tu pregunta me sorprende gratamente, incluso diría que es necesaria. Todo en Santana es importante. Ahora destaco, no su relación política de su discurso, prefiero quedarme con lo mejor de él, su vínculo con las vanguardias, con la ruptura de lo convencional. Su apego a esta poética lo afirma, no ahora, sino dentro de unos años cuando el país se transparente. Ese discurso, a cambio del político, es lo que se preservará de su dramaturgia. Y es allí donde aprendí de él su humor, lo lúdico, su teatralidad y, por encima de todo esto, sus diálogos en el marco de atmósferas oníricas, algunas veces, y otras en un ritmo avasallador donde la realidad se transfiere en un estado emocional. Quiero decir con esto que es justo su poética lo que me atrae y, si queremos, la capacidad de introducir sus ideas en los diálogos, decía, el ritmo de su escritura, puesto que en el arte, como en la literatura, lo importante no es lo que dices, sino cómo lo dices. Le debo mucho a él. Hay otras voces, por supuesto, por lo que no sería honesto olvidarme de Gustavo Ott, Isaac Chocrón y José Ignacio Cabrujas.


José Ignacio Cabrujas. Foto coloreada.

—¿Cuál es tu gran pasión?


—Escribir. No importa si lo hago desde un género u otro. Es la misma escritura la que me conduce a otras pasiones, entre ellas, el teatro. Y con el teatro tengo una relación menos convencional. Siempre procurando este nivel de heterodoxia como te mencionaba. Mucho de esa escritura viene tejida por el ejercicio con lo experimental (permíteme por favor el eufemismo): escribir desde otra mirada la cual nunca es nueva, apenas trato con lo auténtico. Ya que, en el mundo de las pasiones, todas están dispuestas sobre la mesa. Tomo lo que me interesa, selecciono, aun bajo el riesgo de equivocarme. Cómo si no.



Mi condición de crítico deviene de la lectura. Mi mayor placer. Sólo que este placer te exige sitiar lo racional.



—¿Qué le ha aportado la dramaturgia a tu poesía?


—En la dicción, evitar estructuras cerradas por lo simbólico. El diálogo te permite, en su intento, hallar la transparencia. Tener algo que decir en función del lector. Entiendo esta necesidad en tanto que reconozco mi voz más cerca de lo simbólico que de lo cotidiano o del testimonio. Escribir poesía a partir lo cotidiano es muy difícil. En lo particular requiere de mi parte un esfuerzo mayor que mi talento. Escribir es muy difícil, aun por debajo de tus posibilidades. No obstante la dramaturgia incorpora una vigilia con aquella cotidianidad. Es un reto mayor. Y en consecuencia este ejercicio es dialéctico entre el poema y el drama.

Harry AlmelaFoto Henry Cedeño. Imagen tomada de Medium.


—¿Qué le ha aportado la poesía a tu dramaturgia?


—Mucho. Es una relación completa. Ahora estoy trabajando en una trilogía cuyos diálogos se acercan al verso, al poema, sin que por ello se pierda la acción. Ésta es, la teatralidad. Por medio de esta técnica intento sitiar el poema en su encaje teatral “palabra/escenificación” con el propósito de vincular la escritura con lo heterodoxo. Insisto, no es nada nuevo, pero el ejercicio me divierte. No me lo tomo tan en serio, es una instrucción con lo lúdico en el marco de una poética que me caracteriza, si de alguna manera pueda definirme. Ah..., José, lo recuerdo ahora, debo decirte lo siguiente, en ese sentido Fernando Pessoa con su Teatro estático es una premisa para definir la vanguardia portuguesa. Supuestamente, dicho por Pessoa, un teatro carente de acción. Lo que no advirtió fue la compleja relación entre el poema y el impulso teatral inherente en su dramaturgia: lo que se ha dicho en cuanto a su corporeidad de la palabra. El poema se teatraliza, incluso, desde ese rigor simbólico de su poesía.





—¿Qué le ha aportado la crítica a tu escritura?


—Por lo dicho: “escribimos después de los otros”. Al revisar el genio de los otros, me descubro. Si consideramos aquello que nos decía Roberto Bolaño, que escribir es muy terrible y que lo natural no es escribir, sino leer. Mi condición de crítico deviene de la lectura. Mi mayor placer. Sólo que este placer te exige sitiar lo racional. Al leer, me emociono. Al racionalizar esa emoción llega lo crítico que, también por lo heterodoxo, quiere hallarse con la escritura, tanto en mis textos de crítica literaria como teatral. Metódicamente hablando son más las semejanzas que las diferencias entre escritura y crítica. Si hay algo que aporta es registrar mi voz como narrador. Allí tengo una pasión reservada: mi reciente libro de narrativa. Me arriesgo, intento encontrarme con otro tipo de lectores. Podrás evaluarlo de este libro, El vuelo fractal de la mosca (éste y otros de mis libros en mi perfil en la plataforma Issuu), auspiciado esta vez por el Centro de Língua Portuguesa Upel Maracay y el Instituto Camões da Cooperação e da Língua de Portugal, así como el Ministério Dos Negócios Estrangeiros en su versión digital. Y me siento muy feliz porque es justo la respuesta a tu pregunta. Mi condición de crítico me preparó (¿acaso me advierte?) para este, mi reciente libro, y estamos hablando de muchos años de trabajo. Adquirir a partir de entonces las herramientas necesarias, la madurez a modo de consolidarme en el género narrativo. Y los lectores, lo más importante, me dicen por dónde ir. Este libro me ha obsequiado lectores. Esto es una alegría. Digamos algo: el crítico, el escritor y el dramaturgo se unifican. Por momentos no sé dónde están los límites, puesto que el discurso se integra en ese valor disconforme con la escritura. Repito aquí lo que dice António Lobo Antunes: escribir es muy difícil. El talento no existe, lo que existe es el trabajo. Muy cierto, Antunes. Nunca antes lo había entendido tan bien.


Roberto Bolaño por MarcoVillar


—¿Pensaste alguna vez que el país llegaría a estar como está?


—No. Por tal motivo te mencionaba la trilogía dramática en la que estoy trabajando. Trato en la misma el asunto que nos atañe: los refugiados, el populismo y la destrucción por causa de la violencia. En medio de todo, el desasosiego. Así que los diálogos se imponen desde el dolor como estructura emocional que la define. Por ahora (no estoy seguro del todo) se denominará . Mi encuentro con la escritura tiene un dejo con lo orgánico lo cual no hay que confundirlo, por oposición, con la disciplina y el rigor del trabajo.


—¿En qué lugares de tu caminar cotidiano sientes la falta de los amigos?


—Siempre. Extraño la alegría de nuestros espacios culturales. Un Ateneo de la ciudad cerrado. Y lo más difícil: perder aquellos lugares de encuentro que nos definían: la “conversa” a la que me refería. Allí ya no está Harry Almela ni el taller de literatura, lo extraño. Me entristece. Allí todavía no están los otros, el desasosiego se profundiza, el dolor también. Intento entonces colocarlo en la escritura. Al presente, estoy fascinando con esta posibilidad técnica de la narrativa. No lo sé, pero de alguna manera, tal desasosiego formará parte de lo que viene. El paseo por mis calles es la trascendencia de ese dolor. Hay un libro de ensayo que denomino El delirio del sentido, desde una poética del dolor y otros ensayos. Allí establezco una relación entre el dolor y su giro poético en la escritura, sobre todo en relación, vuelvo a decirlo, con el teatro y las emociones.

La trama, dentro de lo que considero, no es importante, sino el estilo.


—¿Hacia dónde va tu escritura?


—No lo sé, pero sin disciplina no sabré adónde ir. Me divierto. Te decía que no me lo tomo tan en serio; es, por contradictorio que parezca, mi forma de hallarme con la transparencia de la escritura y la vida. Sin embargo, no sé hacer otra cosa. No podría estar sin escribir, no me concibo de otra manera. Que lo decidan los lectores. Como dice Enrique Vila-Matas a través de uno de sus narradores, estoy enfermo de literatura.


—¿Qué parte de Venezuela se volvió teatro y poesía en ti?


—Aquella, si acaso tiene lugar, que representa a la idiosincrasia del espectador. Nada hay más fascinante que hacer feliz a éste después de cada función, sin importar lugar y hora. En otras palabras, si hay un territorio ese sería una sala de teatro. Y en tanto a la poesía, mi ciudad, Maracay, porque es ésta donde me encontré con ella. Mi ciudad me estrechó en esa relación con la poesía. Y por supuesto, como lo sabes, escribimos para el mundo.

Haruki Murakami.Imagen tomada de aquí.


—¿Qué quieres en realidad proyectar en tu escritura? ¿Cuál es el planteamiento primordial para ti?


—No tengo un planteamiento. La trama, dentro de lo que considero, no es importante, sino el estilo. La escritura (el acto mismo de escribir) lo define. Así que me cuesta responder esta pregunta porque el fondo se me desvanece en prioridad por la forma. Si hay algo qué decir allí, surgirá del mismo proceso. Claro, en algunos momentos tal trama me seduce; en cambio, la forma se impone. Si hay algo que quiero proyectar es esto, el estilo: la forma no convencional de la escritura. Tal como dice Haruki Murakami, quien no sabe qué va a escribir en la próxima página hasta que llega a ella. Y esto compromete a la forma de la escritura.



Aportación Internacional de Juán Martins para territorios del artista

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https://m.youtube.com/watch?v=Elyj-pTPKbE



https://letralia.com/entrevistas/2020/10/11/juan-martins/


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Juan Martins. Imagen tomada de Letralia.



Juan Martins. (Maracay,Venezuela, 3 de noviembre de 1960 - 30 de agosto de 2026) Poeta y dramaturgo. Escritor. Crítico Teatral con trayectoria internacional. Editor. Destacado con varios premios. Mención de honor como finalista en el «V Premio El espectáculo Teatral», 2011. Madrid, España con Duchamp, 11:45. Primer Premio en el «XVI Concurso Nacional de Literatura IPASME», 2008 con Saldré de tu piel de cuero. Premio «Miguel Ramón Utrera», 2007, mención dramaturgia con la obra Caramelo de Nueva York*. «Premio Bienal de Literatura Augusto Padrón», 2004, género dramaturgia con la pieza Caperucita ríe a medianoche. «Premio Mayor de las Artes», mención dramaturgia. Conac, 2004 con la pieza Dollwrist. Ha publicado Poética para el actor (2000 y en imprenta una nueva reedición) y Cartas del corazón para Edith Piaf y otras piezas (2002) en esta, editorial «The Latino Press» de Nueva York. Con la misma editorial ha publicado su antología Caperucita ríe a medianoche y otras piezas (2014) y Monos azules en Times Square.(2014) a cuatro manos junto al insigne escritor Isaac Goldemberg, anteriormente publicada en el 2008 con la editorial «Cuadernos del Teatro San Martín de Caracas». Su teatro ha sido traducido al francés y al portugués. Entre otras publicaciones y premios. Colaborador en revistas de crítica teatral, tanto en Venezuela como fuera de su país (España, Cuba y Argentina). Se ha distinguido como crítico en diferentes festivales latinoamericanos de teatro (Brasil, Ecuador y Argentina). Conduce la revista de crítica literaria y teoría teatral Teatralidad. Ha recibido el premio «Mejor dirección» con el espectáculo Mariana de José Ramón Fernández e interpretado por la actriz Mirla Campos en el III Festival Internacional de Teatro Clásico Adaptado 2012. Argentina. Él es Vila-Matas, no soy Bartleby y El delirio del sentido, desde un poética del dolor y otros ensayos son sus más reciente libros de ensayos publicado en «Ediciones Estival», Venezuela. Con la misma tiene en imprenta su otro libro de ensayo De qué hablo cuando hablo de Murakami (2016).Como investigador es coautor del libro «Análisis de la dramaturgia Venezolana actual». España, Editorial ADAE, bajo la dirección del destacado José Luis García Barrientos y coordinado por el maestro Leonardo Azparren. Recién galardonado con el «Premio III Bienal de Literatura de Poesía Abraham Salloum Bitar».

*Pieza y artículos traducidos al portugués por  Rogério Viana:«O autor, professor e crítico venezuelano Juan Martins, do qual traduzi o texto teatral ‘Caramelo de nova york’, publica na Venezuela alguns blogs. Em um deles faz críticas a peças de teatro e a livros, embora o blog tenha o título de ‘Crítica Teatral’ apenas. Esta semana Juan Martins enviou-me a crítica que fez do livro “Las teorias salvajes”, da escritora argentina Pola Oloixarac, publicado pela Editorial Entropía, de Buenos Aires e que no Brasil foi publicada, recentemente, pela Editora Benvirá, com o título de ‘As teorias selvagens’»….(leer más)

Su más recientes libros que podrás leer desde Issuu:




Teatro

Duchamp, 11:45 (fragmento)

Caperucita ríe a medianoche (escena primera)

Dollwrist (capítulo primero, escena primera)

Poesía

Ese animal que engaña mi vientre

Suele vestir de sombra

Soy una herida que se deja atenuar

Deseos de casa

Ensayo

‘Ocaso’ de Edilio Peña

La literatura-idea

Felisberto Hernández: el doble del cuerpo

Crítica teatral

El Juguete inexorable

Principito. «El musical»

Reseña

«El simio albino» de Edilio Peña



https://dramaturgia.wordpress.com/biografia/


https://eldienteroto.org/wp49/juan-martins-2/


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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne


Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.


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Juan Martins (1960 - 2026), teatrista venezolano a Rafael Ortega : En Maracay, para que tus piezas no se queden engavetadas, tienes que montarlas con tus propios recursos







Manuel Vázquez Montalbán a José Pulido: El lector de hoy está bajo la influencia audiovisual y eso ha modificado su capacidad de recepción



Ramón Ordaz a José Pulido: Aquí todo es nostalgia, porque la incertidumbre es nuestra reina de belleza. A ella cantamos




ERNEST MARAGALL, el escultor catalán que dejó su alma y corazón en Venezuela

Una entrevista de José Pulido




JULIO BOLÍVAR, poeta venezolano, a José Pulido: La sensación de estar secuestrado en Venezuela es inevitable




Sonia Chocrón: Si te digo la verdad, querido José Pulido: me siento rehén del espanto




Solange Rincón a José Pulido: La escritura me conduce hacia la autorrealización




Rafael Arráiz Lucca a José Pulido: Chávez ha traído un despertar de la sociedad civil y de la conciencia política de los venezolanos




Rodolfo Izaguirre a José Pulido: Yo de niño hice el mismo juramento que Scarlet O´Hara.




Alberto Hernández a José Pulido: La pobreza, ese látigo creado por el poder, nunca me alcanza porque la poesía siempre me rescata




Francisco José Aguiar, escritor y migrante venezolano, a José Pulido: Me aferraré a la escritura hasta el día de mi muerte




Román Chalbaud a José Pulido: Yo me siento orgulloso del trabajo que hacemos en RCTV.



PEDRO LEÓN ZAPATA: SOY UN PINTOR INDEFINIDO QUE CARECE DE RECETAS

Una entrevista de José Pulido