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sábado, 27 de mayo de 2023

Peter Singer: Sufrir es malo, sea cual sea la especie del animal que experimenta dolor

 



Entrevista con Peter Singer: "los animales tienen derechos o que deben ser considerados igual que los humanos."


Posted: 31 Aug 2012 01:49 PM PDT

 


Daniel Gamper. LA VANGUARDIA, Suplemento Culturas 23 de julio 2003 


Con su teoría utilitarista ("Ética práctica", Ariel) según la cual la moralidad de una acción depende de la cantidad de bienestar que promueve y sufrimiento que evita, Peter Singer se ha destacado desde sus primeras obras por poner a prueba el pensamiento teórico ante los dilemas más radicales de la existencia. Su defensa de la eutanasia ("Repensar la vida y la muerte", Paidós) le granjeó las iras de las audiencias en Alemania, donde no le dejaron hablar, y de los estudiantes de Princenton, que fundaron una asociación para oponerse a su contratación en el año 1999. Aunque tal vez donde más repercusión han alcanzado sus reflexiones sea en el movimiento de liberación animal. La contundencia y lógica de sus argumentos han convencido a no pocos de las bondades del vegetarianismo. Las dos semanas que pasó impartiendo clase en la Cátedra Ferrater Mora de Girona seguro que le sirvieron para ganar más adeptos a su causa: la libertad de pensamiento y la fuerza de la razón.


 

¿Qué tenemos en común con los animales no humanos que nos obligue a respetarlos éticamente?


.- Compartimos la capacidad de sentir dolor y de sufrir. Sufrir es malo, sea cual sea la especie del animal que experimenta dolor. 


¿Cómo sabe que sufren? ¿No está antropomorfizando a los animales?


.- Para la gente que ha convivido con animales, es evidente que sufren. Además, por ejemplo, con los mamíferos compartimos ascendencia y no es raro que nos parezcamos.


¿No deberíamos tener primero en cuenta a los seres humanos que sufren?

.- Esta misma objeción es una muestra de pensamiento "especieísta", es decir, supone que todo lo relativo a los humanos es más importante que lo relativo a los animales. Si tenemos en cuenta que en EE.UU en el 2002 murieron diez mil millones de animales para consumo humano, es obvio que nos hallamos ante un sufrimiento ético urgente e importante.


Para promover el movimiento de liberación animal, usted ha comparado nuestro trato con los animales al caso de la esclavitud de los negros.

.- No son casos completamente idénticos, pero el paralelismo es ilustrativo. En ambas situaciones existe un grupo que tiene el poder sobre el otro, usa este poder para aprovecharse de él y desarrolla una ideología para justificar su supremacía. Esta justificación implica opiniones desfavorables y no fundamentadas científicamente sobre las capacidades y cualidades del otro grupo, con la finalidad de hacer un uso egoísta de éste. 


¿Su compromiso con la liberación animal surge de su amor por ellos? 

.- Nunca me he sentido particularmente cercano a los animales; cuando era un niño tuvimos un gato durante unos años porque a mi padre le gustaban los gatos, pero cuando murió no lo sustituimos por otro. Desde que abandoné la casa paterna nunca he tenido animales de compañía. Por aquel entonces pensaba, naturalmente, que es malo ser cruel con los animales, pero no tenía nada en contra de comer animales.


¿Fue una decisión filosófica?

Efectivamente, fue sólo cuando me encontré ante el reto de justificar en los términos establecidos por mi sistema ético el modo como tratamos a los animales que empecé a ver las dificultades de justificarlo. Entonces desarrollé un sistema filosófico y me di cuenta de que no tenía ninguna justificación para comer carne. Fue el resultado de una argumentación filosófica estrictamente lógica. 


Existen teorías que sostienen que en el desarrollo de la humanidad en algún momento fue necesario comer carne para lograr que el cerebro alcanzara un volumen mayor en menos tiempo.

.- No está claro que esta teoría sea verdad, es una teoría plausible, aunque especulativa y discutible. Pero si aceptamos que es verdad, no creo que sea una objeción acerca de lo que deberíamos hacer hoy, porque eso es historia, prehistoria, es pasado. Nos hemos desarrollado hasta alcanzar un grado en el que nos podemos nutrir haciendo un buen uso de la agricultura. De ahí que aunque hubiera sido necesario comer carne en su momento, eso no nos justifica, en modo alguno para continuar con esa práctica. 


En general es la gente de las ciudades la que defiende posturas vegetarianas radicales que parecen surgir de una visión idealizada de la naturaleza. 

.- Hay que tomar en serio la afirmación de que si uno apenas tiene contacto con animales no sabrá nada de su naturaleza, de cómo son y de qué les gusta. Estoy de acuerdo en que tenemos la obligación de aprender tanto como sea posible sobre los animales. Pero no es siempre la gente de campo la que tiene el mayor o el mejor conocimiento sobre los animales. Es cierto que los conoce bastante bien, pero es posible que los conozca menos que algunos científicos que observan el comportamiento animal a lo largo de un amplio espacio de tiempo. Permitiendo que los animales se desenvuelvan en situaciones diversas y dándoles la oportunidad de elegir, cosa que los ganaderos no harían, pues están interesados en conseguir productos animales. Por lo que se refiere a la ética, no creo que sea una objeción decir que se trata de una ética producida por gente proveniente de las ciudades. No se trata de ser realista o no, es igual de realista decir que podríamos ser una especie vegetariana.


¿Qué ha sucedido desde la publicación de "Liberación animal"?

.- En primer lugar, hay muchos más vegetarianos en Europa, América y Australia de los que había hace 30 años. En segundo lugar, hay más discusión sobre agricultura ecológica, sobre crianza en granjas. Sólo hay que ver las modificaciones propuestas por la Unión Europea, que van a suponer una diferencia considerable para las vidas de cientos de millones de animales. 


¿Qué tiene que decir sobre las corridas de toros? 

.- Son un símbolo del derecho que se otorgan los humanos de hacer sufrir gratuitamente a los animales. Mientras se acepten las corridas de toros, la gente no objetará que se haga sufrir a los animales de muchas otras maneras. Me opongo a las corridas de toros por su impacto educativo y cultural sobre nuestras actitudes respecto a los animales. 


Usted escribió en "Ética práctica" que: "matar a un chimpancé es peor que matar a un ser humano que, debido a una discapacidad intelectual congénita, no es ni podrá ser nunca una persona".

.- Tenemos que estar realmente seguros de que se trata de gente realmente discapacitada intelectualmente, así que si el niño no está ni capacitado para reconocer a otra gente, ni para establecer relaciones sociales, ni para disfrutar de su vida, mientras que el chimpancé sí tiene una vida más rica y compleja que ese ser humano gravemente discapacitado, entonces creo que hay menos pérdida en matar a ese humano que a un chimpancé.


Esto es difícil de decir... 

El hecho de que nos cueste decir algo así es una evidencia de nuestra parcialidad como miembros de la especie humana. Nos gusta pensar que todos los humanos "tienen que" ser superiores a los animales no humanos. 


Sí, pero ¿para qué estos ejemplos tan radicales? 

Es para desafiar a la gente para que piensen en la naturaleza del especieísmo y en cómo debemos juzgar las vidas de la gente con grandes discapacidades. En ocasiones hacemos demasiado para preservar la vida de bebés que han nacido con graves discapacidades aún cuando los padres no desean que sigan viviendo. Esto causa un sufrimiento innecesario. Es la otra cara del especieísmo, no sólo el sufrimiento causado a los animales, sino a algunos humanos. 


Si se encuentra una cucaracha en la cocina, ¿qué hace con ella? 

No estoy seguro de que las cucarachas sientan dolor o tengan conciencia. Así que, aunque lo mejor es evitar que puedan acceder a la comida manteniendo los alimentos cerrados en botes de vidrio, si me encuentro una cucaracha en mi cocina, estoy dispuesto a matarla. 


*******


Peter Singer (Melbourne, 1946) es filósofo especializado en ética y principal representante del movimiento de liberación animal. Además de su célebre "Ética práctica" ha publicado "Liberación Animal" y "El proyecto Gran Simio" (Trotta), "Compendio de ética" (Alianza) y "Escritos sobre ética" (Taurus). Ha sido profesor en Melbourne, Oxford, Nueva York y California. Actualmente dirige en Princenton la cátedra DeCamp del Center for Human Values.

 

Tomada de Paperblog.

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viernes, 16 de enero de 2015

La Cerebración o ¿Cómo es que la gente piensa cosas nuevas?

por Isaac Asimov


Isaac Asimov. Fotografía de Phillip Leonian. 1965




Imaginad que sois responsables de un grupo de personas en las que tenéis que fomentar de alguna manera la creatividad. La tarea, de entrada, puede tener trampa, porque tal vez para llevarla a cabo sea condición necesaria tener así mismo un cierto grado de esa creatividad. O no. Ahí está el tema. Nadie sabe de dónde nace la capacidad de crear, de abrir nuevos caminos que nunca antes han sido explorados. Es como si el común de los mortales estuviéramos condenados a recorrer una y otra vez las mismas variantes de un intrincado laberinto, mientras que un selecto grupo de personas es capaz de trazar caminos nuevos, atajos que siempre han estado ahí pero que nosotros no vimos. 

¿Cómo lo hacen? 

¿Puede adquirirse ese don?

Cartel de la película de 1988 llamada El joven Einstein


            Tal vez el llamado “pensamiento lateral” tenga algo que ver con todo este asunto. Se trata de una manera de pensar alternativa, en la que las conexiones mentales no obedecen exactamente a las leyes de la lógica y que ofrece soluciones imaginativas a todo tipo de problemas. ¿Significa esto que la creatividad está reñida con la lógica? Yo creo que no. Einstein dijo una vez en una entrevista que estaba convencido de que había sido capaz de enunciar su Teoría de la Relatividad porque estaba alejado del mundo académico e investigador de las universidades y eso hizo que su mente no estuviera “contaminada” por las ideas de otros científicos. Y tal vez sea así. Tal vez lo único que podemos hacer para fomentar la creatividad es no hacer nada, que aunque parezca fácil, no lo es. Puede que para sembrar ese germen lo único que debamos hacer sea no condicionar, no presionar, no restringir. Tal vez ni siquiera debamos enseñar. La creatividad nace de un pozo en el que muy pocos pueden mirar, y es como el humo que se moldea solo si se lo encierra para darle una forma concreta; en cuanto se abre el recipiente, se vuelve a escapar. En ese sentido, intentar dirigir o entrenar la creatividad no tendría más efecto que extinguirla. 





            En este artículo encontraréis las reflexiones de Isaac Asimov, una persona altamente creativa, sobre este tema. Él sí se enfrentó a la tarea de estudiar la posibilidad de fomentar esa capacidad en un grupo de personas. Y aunque sus conclusiones pueden estar más o menos acertadas, tan solo pensar en ellas es ya una manera de abrir un poco la mente. Si las leéis, hacedlo sin prejuicios. Imaginad que sois vosotros quienes las lleváis a cabo. Sed creativos.

 Nieves Delgado

Escritora y Docente de secundaria

 


Trailer del filme El Joven Einstein




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[Nota de Arthur Obermayer, amigo del autor: En 1959 yo trabajaba como científico para Allied Research Associates, en Boston. La compañía había surgido del MIT y en un principio se enfocaba en los efectos que tenían las armas nucleares en las estructuras de los aviones. La compañía obtuvo un contrato con el acrónimo GLIPAR (“Normas del Programa de Investigación Anti-Misiles”, según la sigla en inglés) de la “Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada” para promover los posibles enfoques más creativos en el desarrollo de un sistema de defensa antimisiles. El gobierno reconoció que no importaba cuánto se invirtiera en mejorar y expandir la tecnología del momento ésta siempre era deficiente. Querían que nosotros y otros pocos contratistas más pensáramos de manera innovadora. Al principio, cuando me involucré en el proyecto, sugerí que Isaac Asimov, quien era un buen amigo mío, era la persona indicada para participar. Él demostró su disposición y asistió a algunas de las reuniones. Eventualmente, decidió no continuar porque no quería acceder a ninguna información clasificada ya que limitaría su libertad de expresión. Sin embargo, antes de irse escribió este ensayo sobre la creatividad, que fue su único aporte formal. Este ensayo nunca fue publicado ni utilizado más que por nuestro pequeño grupo. Cuando hace poco lo encontré mientras ordenaba algunos archivos viejos, descubrí que su contenido era tan relevante hoy como cuando lo escribió. Describe no sólo cómo es el proceso creativo y la naturaleza de las personas creativas sino también el tipo de ambiente que promueve la creatividad.]


Texto inédito en español publicado en MIT Technology Review.

 Traducción_ Daniela Soubies.




¿Cómo es que la gente tiene nuevas ideas?


Se presume que el proceso creativo, sea lo que sea, es esencialmente el mismo en todas las ramas y variedades, por lo que el desarrollo de una nueva forma de arte, de un nuevo artefacto, de un nuevo principio científico, implica factores comunes. Estamos más interesados en la “creación” de un nuevo método científico o en una aplicación nueva de un método antiguo, pero podemos generalizar.


Una manera de investigar el problema es considerar las grandes ideas del pasado y ver de qué manera fueron concebidas. Desafortunadamente, el método de generación nunca es claro inclusive para los mismos “generadores”.


Pero, ¿qué pasaría si la misma idea trascendental se les ocurriera en simultáneo pero independientemente a dos hombres? Quizás los factores comunes involucrados serían reveladores. Por ejemplo, la teoría de la evolución por selección natural, creada de manera independiente por Charles Darwin y Alfred Wallace.



Ahí hay muchas cosas en común. Ambos viajaron a lugares lejanos, observando especies exóticas de plantas y animales y la manera en que variaban de un lugar a otro. Los dos estaban profundamente interesados en encontrar una explicación para eso, y ambos fallaron hasta que cada uno leyó el “Ensayo sobre el principio de la Población” de Malthus.


Luego, ambos observaron cómo la noción de superpoblación y erradicación (que Malthus había aplicado a los seres humanos) encajaría en la doctrina de la evolución por selección natural (si se aplicaba a las especies en general).

Malthus


Entonces, es obvio que lo que se necesita no son sólo personas con buena experiencia en un campo en particular, sino también capaces de realizar una conexión entre el ítem 1 y el 2, los cuales a simple vista no parecen conectados.


Indudablemente, en la primera mitad del siglo 19, una gran cantidad de naturalistas habían estudiado la manera en la que las especies se diferenciaban entre ellas. Una gran cantidad de gente había leído a Malthus. Quizás algunos estudiaban las especies y habían leído a Malthus. Pero lo que se necesitaba era alguien que estudiara las especies, hubiera leído a Malthus y tuviera la habilidad de hacer una conexión cruzada entre ellas.


Ése es el punto crucial, es decir, la rara característica que debe encontrarse. Una vez que se hace la conexión, ésta se vuelve evidente. Se supone que Thomas H. Huxley, luego de leer “El origen de las especies”, exclamó: “Qué estúpido fui al no darme cuenta de esto”.

Thomas H. Huxley


Pero, ¿por qué no pensó en eso? La historia del pensamiento humano indicaría que existe una dificultad para concebir una idea incluso cuando todos los elementos están sobre la mesa. Hacer la conexión cruzada requiere una cierta osadía. Debe ser osada ya que cualquier asociación que no lo sea, es hecha al mismo tiempo por varias personas y no se desarrolla como una “nueva idea” sino como un mero “corolario de una antigua idea”.


Una nueva idea sólo parece ser razonable tiempo después de haber sido formulada. Normalmente, parece ilógica al comienzo. Parece el colmo de la insensatez suponer que la Tierra era redonda en vez de plana, o que se movía ella en vez del Sol, o que los objetos, cuando se mueven, requieren la aplicación de una fuerza para poder frenar en vez de necesitarla para continuar en movimiento, etcétera.


Una persona que esté dispuesta a volar frente a la razón, la autoridad y el sentido común, tiene que ser una persona considerablemente segura de sí misma. Como esto rara vez sucede, debe parecerle excéntrica (al menos en ese aspecto) al resto de nosotros. Una persona excéntrica en un aspecto a menudo es excéntrica en otros.


Por consiguiente, la persona más propensa a tener nuevas ideas es una que cuente con una buena experiencia en el campo de interés y cuyos hábitos no sean convencionales (ser extravagante no es condición suficiente por sí sola).


Una vez que tienes la gente indicada, la próxima pregunta es: 

¿Deberías juntarlos para que discutan el problema mutuamente o deberías informarle el problema a cada uno por separado y dejarlos trabajar solos?

Mi opinión es que mientras la creatividad esté en juego, se requiere estar aislado. La persona creativa está, de todos modos, trabajando en ella continuamente. Su mente está reorganizando la información en todo momento incluso cuando no es consciente de ello (un ejemplo famoso de esto es el trabajo de Kekule en la estructura del benceno en sus sueños).


La presencia de otros sólo puede inhibir ese proceso ya que la creación es incómoda. Por cada buena idea que tienes, tienes cien, diez mil ideas tontas las cuales, naturalmente, no quieres que se sepan.

Sin embargo, conocer a tales personas puede ser deseable por otras razones más allá del acto de creación en sí mismo.


No hay dos personas que tengan exactamente el mismo bagaje mental duplicado. Una persona puede saber A y no B, otra puede conocer B pero no A, mientras que ambas conociendo A y B pueden llegar a la misma idea aunque no necesariamente de una o inclusive rápido.


Es más, la información puede no estar conformada sólo por ítems individuales A y B, pero también por combinaciones como A-B, las cuales en sí mismas no son significativas. Sin embargo, si una persona menciona la combinación inusual A-B y otra rara combinación A-C, bien puede ser la combinación A-B-C, la cual nadie ha pensado por separado, la que tenga la respuesta.


Me parece que el propósito de las sesiones de cerebración no es solamente el de generar nuevas ideas sino que los participantes se enteren sobre los hechos, las combinaciones de datos, las teorías y los pensamientos aleatorios.



Pero ¿cómo persuadir a las personas creativas de participar? Primero y principal, debe propiciarse la comodidad, la relajación, y una sensación general de permisividad. El mundo en general desaprueba la creatividad y ser creativo en público está particularmente mal visto. Incluso, especular públicamente es bastante angustiante. Los individuos deben, por consiguiente, tener la sensación de que los demás no los objetarán.


Si a un solo individuo presente le resultara antipática la insensatez inherente a esa sesión, los demás se paralizarían. El individuo antipático puede llegar a ser una mina de oro de información pero el daño que hace compensaría ese hecho por demás. Me parece indispensable, entonces, que toda la gente presente en la sesión esté dispuesta a sonar como estúpida y a escuchar a los otros sonar como estúpidos.


Si un solo individuo presente tiene más reputación que los demás o es más elocuente o tiene una personalidad claramente más imponente, puede, tranquilamente, tomar las riendas de la conferencia y reducir al resto a poco más que una audiencia de obediencia pasiva. Ese individuo puede ser extremadamente útil por sí mismo, pero bien podría ponerse a trabajar solo ya que estaría neutralizando al resto.


El número óptimo de integrantes no debería ser muy alto. Arriesgaría que no más de cinco sería lo deseable. Un grupo más grande tendría, en total, una mayor fuente de información pero existiría la tensión de tener que esperar para hablar lo cual puede ser muy frustrante. Probablemente, sería mejor hacer un número de sesiones en las cuales los asistentes varíen en vez de tener una sola sesión que los incluya a todos (esto implicaría una cierta repetición, pero ni la repetición es indeseable en sí misma. No se trata de lo que la gente dice en estas conferencias sino de lo que estas conferencias inspiran en cada uno después).



Para mejores resultados, debería haber un sentimiento de informalidad. La jovialidad, el uso de los primeros nombres, las bromas relajadas, son, pienso, esenciales – no por sí mismas sino porque alientan la disposición de involucrarse en la locura de la creatividad. Con este propósito, creo que una reunión en la casa de alguien o una cena en algún restaurante son probablemente más útiles que una reunión en una sala de conferencias.

Quizás, la sensación de responsabilidad sea más inhibidora que nada. Las mejores ideas de todos los tiempos provienen de personas a las que no les pagaban por tener grandes ideas, sino por ser profesores o vendedores de patentes o funcionarios mínimos o directamente no les pagaban. Las grandes ideas surgieron como cuestiones secundarias.


Sentirse culpable porque uno no ganó su sustento por no haber tenido una gran idea es la forma más segura, me parece, de garantizar que tampoco ninguna surgirá en el futuro.


Además, tu empresa está llevando a cabo una jornada de reflexión sobre el presupuesto gubernamental. Imaginar a los congresistas o al público en general escuchando a los científicos tontear, despilfarrar, contar chistes verdes, acaso a expensas del gobierno, es para empezar a sudar en frío. De hecho, el científico promedio tiene la suficiente consciencia como para no querer sentir que está haciendo esto en público, aun cuando nadie se da cuenta.

Un chico creativo Nicola Tesla. Imagen tomada de aquí


Sugeriría que a los miembros de una sesión de cerebración se les encarguen tareas sinecuras – la redacción de informes cortos o resúmenes de sus conclusiones o respuestas breves a problemas sugeridos – y que sean retribuidos económicamente por eso. Ese pago sería la tarifa que ordinariamente se les pagaría por la sesión de cerebración. Esta sesión sería entonces oficialmente ad honorem y eso permitiría una considerable relajación.


No creo que las sesiones puedan llevarse a cabo sin guía. Debe haber alguien a cargo que tenga un rol equivalente al de un psicoanalista. Un psicoanalista, como yo lo entiendo, haciendo las preguntas adecuadas (y excepto por eso, interfiriendo lo menos posible) logra que el paciente, por sí solo, analice su vida pasada de manera de obtener una nueva comprensión de la misma a su manera.


Del mismo modo, un árbitro de la sesión deberá estar presente, provocando a los animales, haciendo preguntas astutas, haciendo los comentarios necesarios, guiándolos gentilmente de nuevo al punto. Como el árbitro no sabe qué pregunta es astuta, ni qué comentario es necesario ni cuál es el punto, el suyo no será un trabajo fácil.

Una jornada típica de cerebración

Respecto de los artilugios diseñados para promover la creatividad, pienso que deberían surgir de las mismas sesiones. Si los participantes están completamente relajados, libres de responsabilidad, discutiendo algo de interés y siendo naturalmente no convencionales, ellos mismos crearán los recursos para estimular el debate



Tomado de Revista Paco



domingo, 25 de noviembre de 2012

P. L. Travers y Mary Poppins:

Hipnóticas, fascinantes y aterradoras


Pamela Lyndon Travers


Mary Poppins era picajosa, intransigente y desgarbada

 


Elisa Silió  06/05/2012



La última moda en Hollywood es contar en una película la trastienda de un proyecto cinematográfico. Lo han hecho en Mi semana con Marilyn, de Simon Curtis, sobre el rodaje de El príncipe y la corista y se estrenará en 2012 Alfred Hitchcok and the Making of Psyco con Anthony Hopkins encarnando al director. Ahora se anuncia que una película, Saving Mr. Banks, va a narrar la tensa relación entre la autora P. L. Travers (Emma Thompson) y Walt Disney (Tom Hanks) por la adaptación al cine de Mary Poppins. De sobra conocemos la cinta, pero poco de su original. Momento pues de comparar a ambas y descubrir algo sobre la vida de la enigmática escritora que hizo todo lo posible por ocultarse de los focos y que se negó a que se rodase una segunda parte.




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Dibujo de Mary Shepard para la primera edición de Mary Poppins.

“Hipnótica, fascinante y aterradora, nada que ver con la espantosa película de Disney. Para mí es la mitología moderna por excelencia, más relevante que Kafka o Borges”. Así describió en este periódico el novelista Javier Calvo el libro Mary Poppins, una obra que en su opinión nadie debería dejar de leer. Y no le falta razón. En la mente de todos está la imagen de la esplendorosa Julie Andrews cantando el pegadizo “Con un poco de azúcar esa píldora que os dan” en la cursi adaptación de Robert Stevenson al cine musical. Sin embargo, en el libro no es una bella y angelical niñera que adopta un tono severo con los niños muy fingido, sino una mujer brusca, picajosa y desgarbada que resopla de indignación. Se ofendía "a menos de nada si llevaba puesto su abrigo azul de botones plateados con su sombrero a juego", escribe Travers. O, en otro pasaje, uno de los cuatro niños que cuida, Michel, intenta abrazarla y ella despótica se revuelve: "No soy una sardina en una lata". Y es que la autora no ideó la historia pensando en el público infantil sino que pretendía "la creación de un mito" y despreciaba la película por ser demasiado optimista, sin mostrar los altibajos emocionales de la cuidadora que llegó volando.

 



Además, a juicio de la primera ilustradora, la británica Mary Shepard -hija de Ernest H. Shepard, el padre del osito Winnie the Pooh-, la institutriz no era especialmente agraciada. Muy al contrario, la pinta poco femenina, sin gracia ni estilo. Aunque Travers, con evidente malicia, la describe como una señora “presumida” que “estaba convencida de ir impecable”. “Era delgada, de manos y pies grandes, y con unos ojos azules que parecían escrutarlo todo”.


Travers tardó casi 15 años en vender los derechos del libro a Disney, que la hizo rica, quizás porque se inspira en su propia vida y su relación con su padre. Le molestó especialmente que en la adaptación apareciesen dibujos animados. Lo había advertido previamente. Así, por ejemplo, cuando en sus páginas Poppins y el cerillero aparecen en un bosque encantado a través de un cuadrado pintado en la calle, les sirve un camarero que estaba escondido detrás de un árbol. En la gran pantalla, sin embargo cuatro torpes y atentos pingüinos-camareros de animación se marcan un cómico número de baile con su pareja de té.

Risa voladora
Ilustracio del libro Mary Poppins
Travers no era una distinguida dama burguesa de vida anodina que escribía para niños para entretenerse. Fue secretaria, periodista, ensayista, crítica de teatro y cine, bailarina, actriz shakespeariana, y estudiosa del folclore y los mitos. Y, lo que resulta más asombroso, según la biografía Desde el cielo de donde vino (1999), de la australiana Valerie Lawson, Travers fue una una bohemia apasionada que gozaba escribiendo poesía erótica. Unos versos descubiertos hace unos años tan explícitos que no se han publicado. Sus versos contienen "muchos simbolismos fálicos, referencias a espadas y el placer de ser desnudada", describe estos sorprendentes versos Lawson. “Era una mujer fatal”.

PL Travers, right, with Walt Disney, centre, and Julie Andrews

Tan enigmática con su niñera Poppins, Travers se esforzó por conservar su vida privada en el más absoluto secreto. Hasta el punto de embrollar las pistas dando versiones distintas de los mismos hechos. Se sabe que nació en Maryborough, Queensland, Australia, el 9 de agosto de 1899 (otras versiones sitúan la fecha dos años antes) de un padre de origen irlandés, que trabajaba en un banco y era alcohólico, y una madre, de ascendencia escocesa, depresiva que amenazaba con matarse. A los siete años su padre murió y ella se refugió de su deprimente entono en la fantasía. Su nombre real era Helen Lyndon Goff. Su pseudónimo literario P. L (sólo con las iniciales) Travers, se lo puso en recuerdo de Pamela Lyndon Travers, su nombre artístico de juventud.


Hace poco se ha sabido que antes de consagrarse como autora colaboró en 47 ocasiones en el periódico de las Antípodas Sun, donde publicó un cuento titulado Mary Poppins ocho años antes de que se publicara en Irlanda el libro en 1934. Idealizaba la tierra paterna, pero tan pronto se estableció allí perdió el interés y marchó a Reino Unido. Visto el éxito de su libro, Travers escribió luego Vuelve Mary Poppins (1935), Mary Poppins abre la puerta (1943), Mary Poppins en el parque (1952), Mary Poppins en la callejuela del cerezo (1982) y Mary Poppins y la casa de al lado (1989). En España tan sólo está a la venta en un pequeño volumen en bolsillo de Alianza con los dibujos de la primera edición de Mary Shepard.


No se casó nunca, pero adoptó un hijo que envió a un internado para concentrarse en la escritura, del que tuvo tres nietos. En los últimos años, mientras su salud declinaba, se fue recluyendo en su casa, aunque siempre conservó una gran lucidez mental. Tanta que organizó sus diarios y cartas para que, al menos, su vida fuese menos anónima tras su muerte en 1996.


Tomado de El País



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