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viernes, 3 de octubre de 2025

¿Se puede pensar en una nueva Utopía cuando el Ahora es la suma de todas las distopías posibles?

 

Imagen tomada de memedroid.


De la distopía a la nueva utopía


CIENCIA FICCIÓN

Después de que los relatos apocalípticos acapararan la atención de la ficción, tanto literaria como audiovisual, la visión esperanzada renace de nuevo como forma de pensar e imaginar el futuro



  Ilustración: Riki Blanco

INÉS MACPHERSON


31/08/2024 06:00

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“Está usted aquí”, dice un diagrama de Venn en el que convergen una serie de círculos donde aparecen los títulos de las distopías clásicas, para señalar que vivimos en un mundo marcado por todos los males políticos y sociales que diversos autores imaginaron décadas atrás. Aparecen las fake news y alguien comenta que es un acontecimiento que se parece mucho a la manipulación de la historia y del lenguaje que imaginó Orwell en 1984. Ocurre algún desastre y remarcamos que nos estamos acercando al mundo de Mad Max. A veces parece que leamos, y nos guste leer, la realidad en clave distópica. Por eso, desde hace ya algunos años, ciertos movimientos y géneros literarios apuntan que la esperanza y la mirada utópica parecen haberse convertido en lo revolucionario, lo subversivo.


MAD MAX: FURIA EN EL CAMINO - Trailer Comic-Con (Subtitulado) - Oficial Warner Bros. Pictures

https://m.youtube.com/watch?v=UxPhr1fElg0&pp=ygUbbWFkIG1heCB0cmFpbGVyIHN1YnRpdHVsYWRv


Según el filósofo Francisco Martorell, autor de libros como Contra la distopía. La cara B de un género de masas (La Caja Books, 2021) o Soñar de otro modo. La reinvención de la utopía (La Caja Books, 2024, aunque se publicó una versión anterior en el 2019), desde hace años la distopía está presente en todos los aspectos de la ficción (películas, series, videojuegos, libros). Esta abundancia parece reforzar el clamor sistémico que dice que lo peor está por venir y no hay alternativa. Pero ¿qué entendemos por distopía y en qué se ha convertido?


Martorell señala que “aunque toda distopía esboza un futuro aciago, no todo futuro aciago pertenece a la distopía”. ¿Por qué? Porque la distopía nació sobre todo como un género político de ciencia ficción en el que retratar, de forma detallada y crítica, la estructura social y política de una realidad (no deseable) peor que la nuestra, aunque en cierta manera nacida de ella. En su momento, buscaban provocar una reflexión sobre los peligros de los totalitarismos. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando se repite demasiadas veces que ese futuro no deseable es a lo que vamos porque no hay alternativa? Que aquello que nació como forma de reflexión acaba por reforzar el relato, porque si lo único que hacemos es contarnos lo mal que está el mundo y cómo va a ir a peor, lo que alimentamos es el desaliento. Por eso, tanto Martorell como otros autores se esfuerzan en reivindicar la importancia de recuperar otra mirada, otra forma de pensar, de imaginar, para luchar contra la sensación de inmovilismo, de incertidumbre, de que no hay alternativa, solo una línea recta que nos lleva al desastre.


Vista del Matrimandir, el emblemático edificio espiritual de cúpula dorada en la comunidad de Auroville, en la India.


Quizá también por eso desde hace unos años aparecen obras de ficción y de no ficción que se acercan a una perspectiva utópica como motor, como fuente de diálogo, porque una de las claves para recuperar este tipo de discurso es recordar que las utopías no son algo cerrado, perfecto, sino algo en construcción, una forma de explorar, de imaginar. Además de los ensayos escritos por Francisco Martorell, podemos encontrar la recopilación de ensayos Habitar el horizonte. Plétora de utopías posibles, editado por Julia Ramírez-Blanco y publicado por MRA Ediciones en el 2023, Malsons i somnis de futur, de Jordi Solé Camardos (Voliana Edicions, 2024), donde el autor estudia las aportaciones positivas y negativas de utopías, distopías y catastrofismo en la ficción, o la también reciente Utopías cotidianas, de Kristen Ghodsee (Capitán Swing, 2024), un libro que nos muestra ideas, ficciones y experimentos utópicos que buscaron e imaginaron otros planteamientos, otras maneras de vivir u organizarse. En algunos casos fueron experimentos fallidos, pero, como recuerda el título del ensayo de Akash Kapur sobre la búsqueda de la utopía en Auroville, Almenys ho vas intentar (Saldonar, 2023). O como el escritor uruguayo Eduardo Galeano recordaba, citando las palabras del cineasta Fernando Birri al hablar de la utopía: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.



Lo que queda de Auroville, una utopía espiritual y ecológica en la India

https://m.youtube.com/watch?v=9kJRAe8QUP4



Utopías ambiguas, distopías críticas

La escritora estadounidense Ursula K. Le Guin (1929-2018) defendía que la ciencia ficción era una manera de ­preguntarse “¿qué pasaría si…?”. Para esta autora, como para muchos otros auto­res y autoras del género, la ciencia ficción era una forma de reflexión, no sobre el futuro, sino sobre el presente. Aunque podamos decir que George Orwell acertó, o que en algún cuento de Ray Bradbury aparece un elemento ­tecnológico que nos recuerda al móvil, la ciencia ficción no busca predecir el futuro, sino des­cribir y reflexionar sobre el presente, utilizar la literatura para especular, ­para imaginar y pensar ­sobre el comportamiento humano.


Le Guin también defendía que la utopía no debía comprenderse como una sociedad cerrada, acabada, hecha y perfecta, sino como un proceso: un proceso de aprendizaje y crecimiento, de comunicación y respeto, de honestidad y conciencia. De hecho, la idea del proceso y del diálogo impregna varias de sus obras, como Los desposeídos. Una utopía ambigua (Minotauro/Raig Verd), obra que fue escrita en 1974 y de la que se cumplen cincuenta años. En ella, encontramos el planeta Urras, dominado por una sociedad capitalista, y su satélite, Anarres, donde se instalan los exiliados de una revolución para llevar a cabo la implantación de una utopía anarquista. ¿Qué hace que esta novela sea tan interesante? Que nos muestra ambas sociedades a través de los ojos de un personaje que nos permite ver las dificultades, las tensiones que surgen, porque cualquier construcción social las tiene. Y vemos la importancia de dialogar para comprender, para reflexionar, para encontrar otra manera, otro camino. Se la considera una utopía crítica porque explora las dos posibilidades, y muestra las limitaciones y problemáticas de ambas, porque, en el fondo, no hay soluciones fáciles ni simples.



Ursula K. Le Guin


/ La nueva perspectiva recuerda que la utopía no es algo cerrado, perfecto, sino una forma de explorar, de imaginar


Lola Robles (Madrid, 1963), escritora de ciencia ficción, teórica y estudiosa de géneros fantásticos, nos propone una idea similar en su última novela Más allá de Concordia (Consonni). Concordia es un mundo pacífico, casi utópico, al que acuden tres habitantes del planeta Mirguissa. La posibilidad de ver una sociedad desde otro punto de vista permite que los propios habitantes de Concordia se pregunten cómo funciona su sociedad y en qué podrían mejorar. La autora muestra, con un gran manejo de los diálogos, la importancia de la reflexión constante, de la comunicación y la observación para comprender la sociedad, a los demás, a nosotros mismos. Más allá de Concordia es una novela que nos habla de la convivencia, de la construcción de la identidad personal y colectiva, y nos recuerda, como también lo hacía Le Guin, que una sociedad utópica no es perfecta e inamovible, ni debiera aspirar a convertirse en un estado intransigente, autoritario o cerrado, sino que debería aprender de los errores e intentar transformarlos.


Cambiar la mirada

Son muchas las voces que están trabajando para que la ficción se llene de un imaginario que aporte una mirada diferente, más abierta, más amable. En la edición del 2023 del Festival 42 (el festival de géneros fantásticos de Barcelona que tiene lugar en noviembre desde hace tres años), se plantearon diversos debates sobre literatura apocalíptica, distopías y utopías, y sobre cómo los géneros fantásticos pueden ser una de las maneras de explorar alternativas más optimistas o que, como mínimo, tengan un punto más de esperanza.


Kim Stanley Robinson (Illinois, 1952). Imagen tomada de Sciencefriday


Uno de los exponentes de este planteamiento centrado en la esperanza es el escritor estadounidense Kim Stanley Robinson (Illinois, 1952), autor que ha visitado varias veces el CCCB de Barcelona para hablar de literatura especulativa, climate fiction y del optimismo enfadado, concepto que definió en una entrevista con José Luis de Vicente en el 2017, y que se podría resumir en que “hay que utilizar el optimismo como un bate, para dar caña a todos los que dicen que estamos sentenciados y que mejor que nos rindamos”.


La escultura ‘Searching for Utopia’, creada por el artista belga Jan Fabre. Imagen tomada de HA


Desde hace años, Kim Stanley Robinson busca pensar la ficción desde una mirada que imagine posibilidades que se alejen del desaliento, no inventando futuros perfectos, sino explorando escenarios donde la humanidad ha logrado afrontar las dificultades, ha buscado alternativas. Si nos centramos en su última novela, El Ministerio del Futuro (Minotauro, 2021), el estadounidense imaginó la creación, en el 2025, de un ministerio del futuro cuyo objetivo era buscar una solución al incremento desbocado de emisiones de CO2 e incentivar una sociedad y una economía que permitiera la sostenibilidad de la humanidad. Como en el caso de Le Guin o Robles, no se trata de un lugar acabado, sino que lo que busca el autor es explorar lo que ocurre en las décadas posteriores, ver cómo esa decisión afecta a la sociedad, cuáles son las reacciones de los gobiernos…

Becky Chambers. Imagen tomada de Wikipedia.

Otra autora que debemos tener en cuenta cuando hablamos de una mirada más amable sobre el futuro y sobre la humanidad es la estadounidense Becky Chambers (California, 1985), autora de obras como El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, Una órbita cerrada y compartida (ambas publicadas por Insólita Editorial) o la más reciente Monje y robot (publicada en castellano por Crononauta y en catalán por Mai Més). Considerada como una de las voces más interesantes del hopepunk (subgénero de la ciencia ficción que se está asentando y que, como el solarpunk o el climapunk , busca otra mirada que no esté centrada exclusivamente en el desastre y que vea la esperanza o la amabilidad no como ingenuidad, sino como resistencia), Becky Chambers explora en Monje y robot un mundo en el que ha ocurrido el colapso ecológico, pero donde lo que nos interesa no es el desastre en sí, sino ver cómo la humanidad se reconstruye, con qué valores. De hecho, cuando el personaje principal, Dex, decide dejar la urbe para convertirse en monje de té itinerante y adentrarse en tierras salvajes, donde se supone que habitan los robots con conciencia, se encuentra a un robot que busca una respuesta a una pregunta que, en el fondo, también nos podríamos hacer nosotros: “¿Qué necesitan los seres humanos?”


Géneros como el hopepunk o el solarpunk, que defienden la importancia de escribir sobre lo que nos gustaría esperar, no solo sobre lo que debemos evitar, han ido creciendo y expandiéndose durante los últimos años. La necesidad de cambiar la perspectiva, de construir imaginarios que exploren otras opciones que no nieguen la complejidad, pero que no se centren únicamente en el desastre y en la imposibilidad del cambio, también está impregnando nuevos proyectos en nuestro país.


La distopía, que nació como forma de reflexión, ha acabado por reforzar el relato catastrófico y alimentar el desaliento



Un ejemplo de esto es el premio que se presentó en Andorra el pasado mes de marzo del 2024: el premio Bagaleu de Ficció Climàtica, una iniciativa que quiere promover por un lado la literatura especulativa en catalán y por otro una reflexión sobre el cambio climático que permita imaginar escenarios que vayan más allá del colapso. La editorial encargada de publicar la obra ganadora será Chronos, una editorial que lleva cinco años publicando ciencia ficción y ofreciendo obras que invitan a reflexionar sobre el cambio climático y sus efectos, como Trescafocs, de Adrian Tchaikovs­ky, o L’home dels ulls compostos, de Wu Ming-Yi, obra que se adentra en el mar para mostrar los peligros de las islas de plástico, pero también para ofrecernos una nueva manera de observar y entender la naturaleza.


Otro ejemplo es Hopepunk. Antología para un mundo mejor, una antología de relatos y poesía publicado por el colectivo Droids & Druids, una asociación sin ánimo de lucro que busca promover la literatura de fantasía y ciencia ficción, y que apuesta por dar voz a jóvenes escritores que están explorando los límites de los géneros fantásticos y su hibridación. Sus creadoras remarcan que el hopepunk es un subgénero que apuesta por la rebeldía contra el sistema con la esperanza en un mundo mejor, que hace hincapié en la importancia de los valores y en que los fines no justifican los medios; una forma de entender las historias que nos recuerda que, aunque el mundo se está perdiendo, los actos de bondad y de amabilidad pueden suponer un gran cambio. El hopepunk, como la mirada utópica, acaba por convertirse en un impulso narrativo, en un disparador creativo que anima a buscar otra forma de construir mundos imaginarios, de crear respuestas diferentes a la pregunta “¿qué pasaría si…?”. Y es que, al final, como decía Galeano, se trata de caminar observando el horizonte. Y para ello, hay que mirar… E imaginar.



La escritora Lola Robles


Entrevista a Lola Robles, escritora


“Nuestra realidad es muy de ciencia ficción”

Como autora que ha estudiado el género, ¿cree que el papel que juega la ciencia ficción en nuestra sociedad ha cambiado en los últimos años?

Vamos a partir del hecho de que todavía hay muchas personas que no leen ciencia ficción o no conocen bien el género, y lo asocian a entretenimiento, evasión, batallas espaciales o astronautas. Dicho esto, el contexto histórico en que vivimos, nuestra inmersión en él y nuestra vinculación con la tecnología son factores decisivos para entender nuestra realidad. Y esa realidad es muy de ciencia ficción.


En ‘Más allá de Concordia’, trabaja con una utopía crítica, donde vemos lo que supone una sociedad en construcción. ¿Cree que el diálogo es un elemento importante para trabajar utopías o distopías?

Para mí el diálogo es fundamental, proponer distintas posiciones, ideas, planteamientos... Por un lado, nadie tiene la verdad absoluta, aunque haya personas que crean que sí. Hay que intentar comprender otras opiniones (sensatas) y buscar acuerdos. Y, por otro lado, yo tengo muchas más preguntas que respuestas, y muchas más dudas que certezas, afortunadamente. No me gusta la rigidez ni el fanatismo ni el tenerlo todo tan claro. Por eso dialogo en mis textos.


De hecho, en su novela, además del diálogo entre los dos puntos de vista, hay también diálogo dentro del propio grupo. Podemos ver las costuras de esa sociedad, que no existen soluciones milagrosas…

Claro que no hay soluciones milagrosas ni rápidas, ni para imaginar utopías ni para ponerlas en práctica. Continuamente van a surgir conflictos y dilemas que habrá que afrontar. ¿Una utopía debe ser vegana, solo vegetariana, admitirá a las personas carnívoras o cada cual puede hacer lo que quiera, aunque eso suponga consumir carne tal como se hace ahora? ¿Una utopía deber ser pacifista y no violenta de modo radical o aceptará que, en ocasiones, tendrá que defenderse de enemigos? Me gustan las utopías, aunque no creo mucho en ellas, cada vez creo menos en el ser humano, me parece que es una cuestión de edad, con los años puedes llegar a decepcionarte y desilusionarte mucho. Y por eso escribo sobre esa cuestión, para consolarme con la imaginación, con la posibilidad de seguir creyendo en lo utópico.


Y ya que hablamos de creer en lo utópico, ¿cree que la literatura puede hacer algo para que las personas reflexionen sobre la realidad, el presente y el futuro?

Creo que sí, igual que el cine o los ensayos, por ejemplo, pero no puede hacer mucho. Pesan e influyen más la televisión comercial y las redes sociales, y ahí campan el sensacionalismo, la mentira, el odio y la violencia sin pudor. En mi ciencia ficción yo siempre vuelvo a los mismos temas: los seres humanos, sus relaciones y la sociedad, las ideologías y la posibilidad de una realidad mejor, aunque sea tan difícil.





https://www.lavanguardia.com/cultura/culturas/20240831/9894786/ciencia-ficcion-utopia-distopia.html


Enlaces relacionados:
















































16/10/2025






viernes, 10 de mayo de 2024

Ursula K. Le Guin: Las mentiras no son siempre agradables ni la verdad cierta

 

Le Guin pronunciando un discurso en 2014 en la Universidad de Oregon. Fotografía de Jack Liu
 



Estimados Liponautas

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes una entrevista a la escritora, ya desaparecida, Ursula K. Le Guin, donde nos habla de su acercamiento en sus obras al Anarquismo.

Disfruten de la entrada

Atentamente

La Gerencia


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Baile verbal: una entrevista con Ursula K. Le Guin

Doctor Peligro

EXPEDIENTES DESCLASIFICADOS | INCLUIDO EN AGENTE PROVOCADOR Nº9

Rescatamos una maravillosa entrevista que la gran Ursula K. Le Guin concedió a un periódico revolucionario y en la que nos habla sobre imaginación, utopía, anarquismo, Virginia Woolf y eso de «escribir como una mujer»



Por Paul J. Comeau. Publicada en Fifth Estate N.º 382, primavera de 2010 


Traducción de Raquel Duato


 


El pasado 22 de enero nos dejaba una de las grandes escritoras vivas. Ursula K. Le Guin falleció en su casa de Portland (Oregón, EE. UU.) a los 88 años, dejando huérfanas a miles de almas lectoras admiradoras de su universo. Aunque es sobre todo conocida como escritora de ciencia ficción y fantasía, no se le escapaba ningún género: poesía, libros infantiles, cuentos o ensayo. Feminista y taoísta, en sus novelas aparecen a menudo ideas anarquistas, lo que la hizo especialmente popular entre el movimiento libertario.


Desde pequeña se interesó de manera especial por la mitología y las leyendas, sin duda influida por el ambiente familiar, ya que sus padres eran antropólogos. La rama dorada, de James Frazer, y las revistas de ciencia ficción de la época fueron sus lecturas predilectas.



Construimos el mundo y lo intentamos comprender con historias. La imaginación y la narración al poder para construir nuestro universo. La pequeña Ursula, tal vez sin saberlo, lo sabía, y con solo 11 años envió su primer relato a la revista Astounding Science Fiction. Fue rechazado, pero eso no fue para nada un hecho importante en el resto de su historia. 

Ursula K. Le Guin. Fotografía: William Anthony


Su obra dio un giro a las convenciones de la ciencia ficción y la fantasía. En 1966 publicó su primera novela de ciencia ficción, El mundo de Rocannon, y dos años más tarde apareció Un mago de Terramar, primer libro de una serie. En 1969 publicó La mano izquierda de la oscuridad, historia que transcurre en un planeta donde las personas no son ni hombres ni mujeres: «Eliminé el género para ver qué pasaba», dijo. El libro fue un gran éxito y el crítico Harold Bloom afirmó que Le Guin, más que Tolkien, había elevado la fantasía a la categoría de alta literatura. 

Aparte de estas, algunas de sus obras más celebradas son La rueda celeste (1971), El nombre del mundo es Bosque (1973), Los desposeídos (1974), donde investiga el sistema político como elemento portador del bien y del mal, Cuatro caminos hacia el perdón (1997) o Lavinia (2008). Fue la primera mujer galardonada con el título de Gran Maestra de la Asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía de Estados Unidos. En 2014 le dieron la medalla por la Contribución a las Letras Estadounidenses en la ceremonia del Premio Nacional del Libro, y ella la aceptó pero en nombre de todos sus colegas escritores y escritoras de fantasía y ciencia ficción que, según argumentó, habían sido excluidos de la literatura durante mucho tiempo y apartados de los honores literarios. Generosa, icono de la literatura y eterna, como sus historias.

Fifth Estate (2011)



Aquí reproducimos la entrevista realizada por Fifth Estate a Ursula K. Le Guin donde esta habla sobre las influencias en su vida y su obra, algunas de las ideas tras su famosa novela Los desposeídos, qué es necesario hacer para cambiar la percepción del anarquismo en la imaginación popular y qué inspiró su última novela, Lavinia.

Fifth Estate (1968)




El periódico se fundó en 1965 en Detroit en medio de un clima prerrevolucionario que iría aumentando hasta el final de la década. Aunque en sus orígenes estaba muy influenciado por la contracultura de la época, fue evolucionando durante los setenta y ochenta hacia posturas claramente primitivistas, luditas y anarcosituacionistas. En 1975, se refundó el colectivo editorial, que declaró que a partir de entonces comenzaba una nueva época en Fifth Estate, por lo que en agosto se publicó el primer número de aquel año cero. Los editores se hacían llamar Eat the Rich Gang, un grupo de afinidad semisecreto formado por veteranos activistas y gente joven. Conocidos teóricos anarquistas como John Zerzan o Fred Perlman, entre muchos otros, han sido habituales colaboradores del periódico. En 2008, Marius Mason, miembro del colectivo, fue detenido y condenado a más de veinte años de prisión por terrorismo.

Ursula K. Le Guin. Fotografía: William Anthony

 

En Los desposeídos, el filósofo Odo afirma: «El verdadero viaje es el regreso». ¿Qué relación tiene esta afirmación con tu vida en el momento en que la escribiste y qué relación tiene con tu vida actual?


Ursula K. Le Guin: No lo sé. Por supuesto, lo que escribo tiene su origen en mi vida y trato de ser sincera respecto a mis percepciones de la vida, pero no escribo para «expresarme». Mi ficción es experiencial pero no confesional. A decir verdad, rara vez tengo alguna idea de qué «relación» tiene lo que digo en mis libros conmigo personalmente. Una afirmación como «El verdadero viaje es el regreso» no es una conclusión razonada a la que se llega tras un tiempo de reflexión. Se trata de una experiencia no verbal expresada en palabras, dando por supuesto que es una experiencia compartida, que otras personas, al leer las palabras, podrían reconocer esa experiencia.

Hay un momento en Los desposeídos en el que Shevek, el protagonista, se da cuenta o acepta que su «propia función en el organismo social» es «derruir muros». ¿Hasta qué punto tu carrera como escritora ha consistido en un esfuerzo similar al de «derruir muros»?


Bueno, he derruido algunos. Unos exclusivamente en el ámbito de la literatura (intentando lograr que los críticos y profesores dejaran de marginar la literatura de género, en particular, la de ciencia ficción y la fantástica) y otros con una mayor intención social, como la decisión de hacer que la mayoría de mis protagonistas fueran personas de color, sin decir mucho al respecto, de forma que los lectores blancos tuvieran que imaginar su piel marrón si deseaban identificarse con mis personajes. También he escrito relatos polémicos y satíricos que tratan de forma bastante directa temas como la misoginia, la homofobia, la persecución y opresión doctrinaria, etc. Todo con el objetivo de derruir muros.

Ursula en una imagen de finales de los años setenta

Mi metáfora para esto en mi obra es «dejar las puertas y ventanas abiertas». La casa que construyo en una historia tiene muros, de lo contrario no sería una casa, pero las puertas no están cerradas con llave y las ventanas no tienen las persianas bajadas. Construyo casas con muchas corrientes de aire. No es necesario el aire acondicionado porque el viento sopla en su interior y las atraviesa.

Piotr Kropotkin. Por Nadar. Fotografía coloreada


En una entrevista anterior, describiste Los desposeídos como «una novela utópica anarquista. Sus ideas proceden de la tradición anarquista pacifista, Kropotkin, etc.». ¿Podrías hablarnos un poco más sobre los antecedentes/ideas/inspiraciones de la novela?


Necesitaría muchas horas para responder. Dediqué dos años a leer. Leí todos los libros anarquistas disponibles en Portland a principios de los 70. Eran muchos porque existían varias librerías universitarias y una tienda anarquista donde había textos que pueden conseguirse fácilmente ahora, pero en esa época no. Después de tanto tiempo, diría que probablemente mis mayores influencias fueron Kropotkin y los Goodman, en especial Communitas.

 

¿La cultura de la ciudad de Shantih en El ojo de la garza se inspiró en ideas y material de referencia similares?


 Sí. Pero más concretamente en Gandhi.

Gandhi leyendo en su casa en 1946. Fotografía de Margaret Bourke-White, LIFE MAGAZINE. Fotografía coloreada



 ¿Cuándo descubriste el anarquismo? ¿Qué te atrajo hacia él?


 Tenía el germen de la historia en la cabeza pero no podía imaginar quién era mi protagonista, ese físico. Solo sabía que, de algún modo, no estaba de acuerdo con su sociedad. Empecé a leer utopías, las leí y eso me llevó hasta Gandhi. Entretanto, el debate de los biólogos sobre el altruismo frente al comportamiento egoísta me había guiado hasta los estudios de animales de Kropotkin y esto despertó en mí el deseo de leer más de Kropotkin. Quedé fascinada por toda la literatura pacifista-anarquista y me zambullí en ella. Hasta que, en un momento dado, se me ocurrió pensar: a) Nunca se ha escrito una novela utópica anarquista; b) ¡De eso trata la historia de mi físico!


Y así nació Los desposeídos.



¿Cómo se ha desarrollado o cómo ha cambiado con el tiempo el anarquismo en relación con tu propia vida?


 No lo sé. Yo no puedo vivir una vida anarquista, y nunca pretendí hacerlo. Cuando leí sobre el anarquismo y me enamoré de él, era una mujer de mediana edad, un ama de casa de clase media con tres hijos y ningún deseo de ser ninguna otra cosa, siempre que pudiera escribir mis libros. ¿Qué relación tiene el anarquismo con mi vida? Solo como libertad de la mente, de la imaginación. La misma libertad que leer Lao Tzu me brindaba muchos años antes. 

Ursula fotografiada en 1988 por Marian Wood Kolisch


Con frecuencia se incluye Los desposeídos en listas de lecturas recomendadas anarquistas. Si tuvieras que crear tu propia lista de lecturas recomendadas, ¿qué obras incluirías?


Lo siento, pero estoy demasiado alejada de la literatura que conocía muy bien décadas atrás. Si intentara dar nombres, me dejaría la mitad de los más importantes. Y sin duda habrán surgido nuevos que ni siquiera conozco.  Aunque, en mi opinión, Los desposeídos es la mejor descripción de una sociedad anarquista «en la práctica», la imaginación popular sigue describiendo a los anarquistas como personas que lanzan ladrillos y bombas. 

¿Qué crees que debe hacerse para cambiar la percepción del anarquismo en la imaginación popular?


Si las personas que no lanzan ladrillos ni bombas, y no se visten de un modo extraño a propósito ni cuestionan ni atacan las ideas de los demás con agresividad, se identificaran a sí mismas, sencilla y claramente, como anarquistas, podría iniciarse entonces el cambio… De igual modo que muy, muy despacio, la percepción de las feministas como mujeres que odian a los hombres y queman sujetadores ha tenido que cambiar y desaparecer cuando mujeres corrientes, esposas, madres, abuelas, están dispuestas a identificarse como feministas. Pero es un proceso tan lento. ¡Se requiere tanto tiempo!


Solía encogérseme el corazón cuando un pequeño grupo de anarquistas autoproclamados se unían a una de las manifestaciones contrarias a la guerra o a la homofobia en Portland. Eran agresivos, hipócritas y no aceptaban la voluntad de la mayoría de los manifestantes en temas como no hacer enfadar a la policía y pedir represalias. Siempre eran ellos los que aparecían en las fotografías de los periódicos porque personificaban el estereotipo negativo.


Nos enfrentamos a algo un tanto nuevo: los medios de comunicación religiosos, de derechas y reaccionarios. Cuando «liberal» se ha convertido en una palabra que se enseña a temer a los niños, ¿cómo vas a hacer que el anarquismo sea aceptable? 


En alguna ocasión, has hablado del proceso continuo que ha supuesto para ti aprender a escribir como una mujer. Incluso describiste al narrador masculino de La mano izquierda de la oscuridad como «una extensión deliberada del autor para los lectores varones que (o eso pensaba yo en ese momento) rechazarían un personaje central andrógino, especialmente en un libro escrito por una mujer». ¿Podrías explicar qué significa «escribir como una mujer»?


Me temo que no puedo, porque cada mujer escribe como una mujer a su propio modo. De hecho, creo que somos más variadas y menos predecibles en diversos aspectos que los escritores varones. Una breve descripción de mis principales fases en el proceso sería: 


1. Leer a Virginia Woolf


2. Leer a las nuevas escritoras feministas de los años 60, 70 y posteriores.


3. Leer poesía y ficción escritas por mujeres.


4. Pensar en los motivos que me llevaron a creer que debía escribir como los hombres y sobre los temas que ellos lo hacen.


5. Pensar seriamente: si no hago eso, entonces, ¿sobre qué escribo?


6. Volver a leer a Virginia Woolf.


7. Probar suerte.


8. ¡Bien! ¡Funciona!



Imagina por un momento que estuvieras escribiendo La mano izquierda de la oscuridad hoy en día, ¿qué diferencias habría respecto a la novela que escribiste hace 40 años?


Bueno, obviamente, podría beneficiarme de los 40 años que otras personas han pasado pensando y cuestionando la construcción del género, algo de lo que no se había dicho ni una palabra cuando escribí el libro. Sería un clima tan diferente a la casi total ausencia de tales pensamientos y debate cuando escribí el libro que soy incapaz de imaginar la situación. ¿Por qué escribiría un libro así ahora? Lo importante fue escribirlo entonces.


Jorge Luis Borges


En la introducción para la reedición de 1976 de La mano izquierda de la oscuridad, comentas que «la verdad nace de la imaginación». Esto me recuerda a dos afirmaciones que Kurt Vonnegut hizo en Cuna de gato: «En este libro nada es cierto», y más tarde «Todas las cosas ciertas que voy a decirles son mentiras descaradas». ¿La ficción, o todo el arte en realidad, está diciendo la verdad en forma de mentiras agradables?


Podría decirse que sí. Aunque las mentiras no son siempre agradables ni la verdad cierta. Borges tiene cosas aún más interesantes que decir sobre este tema que Vonnegut.



En tu última novela, Lavinia, el personaje que le da título es un personaje secundario sin ningún texto en el poema épico de Virgilio, La Eneida. ¿Puedes explicar un poco cómo ha sido la experiencia de crear una voz para este personaje? ¿Es cierto que aprendiste latín para leer a Virgilio en su idioma original?


Lavinia empezó a «hablarme» antes de que acabara mi muy lenta lectura de La Eneida. Me refiero a que empecé a pensar en ella: ¿Quién era? ¿Qué opinaba sobre tener que casarse con ese extranjero? ¿Cómo era su vida, la de la hija de un rey en la Edad de Bronce en esa parte de Italia? Ella hizo lo que los personajes de las novelas hacen cuando empiezan a cobrar vida en la mente de uno. Estaba ahí todo el tiempo. (Shevek, de Los desposeídos, estuvo en silencio en mi mente durante aproximadamente tres años, esperando). En cuanto le pedí a Lavinia que me hablara de sí misma, empezó a hacerlo, con su propia voz, de ahí el uso de la narración en primera persona. Me limité a escuchar y a escribir. (Vale, lo admito, también investigué un poco sobre la época).  Respecto al latín, había estudiado en el instituto y luego en la universidad, pero no lo suficiente para leer a Virgilio, que no es sencillo. Deseaba leerlo en latín. Se puede decir que es uno de esos poetas que tienes que leer en su propia lengua. Con mis más de 70 años, estaba claro que era una cuestión de ahora o nunca. Así que saqué mis viejas gramáticas y memoricé todas esas condenadas declinaciones y conjugaciones de nuevo. Mereció la pena.


Gracias por el tango, un abrazo. Ursula


Tomada de Agente Provocador



Los mundos de Úrsula K. Le Guin - Tráiler | Filmin






LIBROS_ANARQUISMO_La literatura de Ursula K. Le Guin y el anarquismo






Extractos de entrevistas sobre Ursula K. Le Guin al respecto de "La rueda del cielo"







Ursula K. Le Guin: Una pionera de la ciencia ficción y la fantasía (Documental)