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martes, 3 de septiembre de 2024

Enrique Labrador Ruiz: Un crayón cubano, por Vicente Gerbasi

 



Estimados Liponautas

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes un texto del siempre recordado Vicente Gerbasi descubierto por nuestro amigo David Cortés Cabán.

David Cortés Cabán. Imagen tomada de Crear en Salamanca.


El texto es un acercamiento a la obra  del escritor cubano Enrique Labrador Ruiz y fue publicado en la revista Puerto Rico Ilustrado, el 2 de Octubre de 1948.




Disfruten de un texto que muy  pocos venezolanos han leído y que sirve para desmontar el supuesto aislamiento cultural en que vivían los escritores latinoamericanos previo al famoso Pum (Boom) latinoamericano


Gracias David Cortés Cabán por el regalo.


*******


“Un crayón cubano” por Vicente Gerbasi



Enrique Labrador Ruiz desanuda su desesperación en la búsqueda de su propia libertad, y es como una silueta cubana que surge junto a la piedra antigua y el perfume de los jardines... entre las palmeras que se levantan en medio del crepúsculo frente a la bahía de la Habana. 






Enrique Labrador Ruiz colecciona el ensueño en Reina 108. Para este escritor La Habana abre un viejo abanico de colores cerca del lento y fabuloso Barrio Chino. En su biblioteca las horas se detienen en estatuillas de marfil, en barrocos y relucientes objetos de porcelana, en agresivas máscaras de Oriente.

En su casa Pablo Neruda ha apresado en ‘un gordo' frasco la cromática magia del mar. La anémona marina y la retorcida caracola nacarada; la convulsa rama de coral y el vidrio ultravioleta pacientemente gastada por las olas; al alga de frágil verde y la porosa piedra estrellada; la esponja, la geografía del abismo y el reflejo, del alba en el agua.

Enrique Labrador Ruiz vive en una biblioteca-museo, en medio, de una decoración descuidadamente realizada cómo para que en ella pueda habitar la soledad y dialogar en la penumbra con esa misteriosa pianista Con rostro y vestimenta de monja, de novia y de muerte, que el gran pintor Fidelio Ponce ha colgado entre los libros y las pipas de Enrique.

Fidelio Ponce


 —Todo coleccionista es un descentrado—, me decía hace poco este inmejorable amigo cubano,mientras, paseábamos por el ancho malecón de La Habana, de esta Habana tan parecida en algo a Nápoles, de esta Habana que el mar toma por la cintura, mientras ella toca una joven guitarra sensual. 



Tambor, tamboril, tamborilero de Africa.- Son en la brisa del surgen la palmera, en la bahía de la noche iluminada, en la mañana que sostiene lentas gaviotas en el aire, de los grises edificios. Aquí la piedra antigua y la flor de los jardines; la áspera muralla hispánica y el flamboyán equinoccial; las calles con sombrillas; muchachas con ligeros trajes que recuerdan tiempos helénicos; los galgos que van a lamer los arrecifes de coral.

Es un español muy francesamente pronunciado, el hierático poeta negro de Haití, Roussan Camille, nos dice cuando de pronto se aparece en silencio a esta ciudad:

"—¡Qué Havana! ¡Queeeee Havana! Es la ciudad donde uno siente más..sed, porque siente sed de ella misma. "


Enrique Labrador Ruiz prefiere a La Habana, de noche, ruidosa e iluminada, con anchos bares hasta en la puerta del cementerio, con barcos que pasan como grandes ataúdes rodeados de cirios entre montañas de carbón relucientes bajo las estrellas, y acordeones de marineros. Prefiere a La Habana de noche, porque el día es para su biblioteca, para sus novelas gaseiformes y sus cuentos neblinosos.

—Entre mis libros, en la penumbra de mi biblioteca, yo soy el gobernador del mundo—nos dice-, así cómo tú eres el jefe civil, de una nube, según Andrés Eloy Blanco.



Y en verdad su biblioteca-museo es un mundo, un maravilloso mundo. De México, de los Estados Unidos, de Colombia, de todos los países que ha visitado, se ha traído las más raras y antiguas ediciones, los más subyugantes títulos, hay en su biblioteca toda una serie de libros sobre el mar. Él gran amigo del Profesor Been, el hombre que en batisfera ha descendido a la noche imperturbable del océano, a los silenciosos abismos, allí donde descansan los barcos hundidos, los esqueletos de los monstruos marinos; donde los ahogados han construido sus negras ciudades, iluminadas por raudas constelaciones de peces fosforescentes.

Enrique Labrador Ruiz guarda la poesía de todos los tiempos en volúmenes empastados a manera de sabrosas tablas de chocolate. En lujosos estantes de madera labrada, están la filosofía, el ensayo, la novela, el cuento; los alucinantes libros dé viajes.

"—La vida del hombre es un extraordinario viajé. Cuando no se puede viajar en barco o en avión, hay que hacerlo en la lectura. Pero viajar, viajar, siempre viajar, caer de pronto en lejanas ciudades, cruzar comarcas salvajes, llegar a parajes que antes sólo han existido en nuestros sueños."

Unos cuantos libros de cabecera están en un mueble giratorio: Dostoiewsky, Balzac, Poe, Meville. Claro, es "Moby Dick”, la ballena blanca, la anónima aventura de los océanos, las soturnas tempestades ululantes entre las flotantes montañas de hielo, las tranquilas noches de los mares tropicales que impulsan lejanas músicas de estrellas, la muerte tendida en las aguas, con brazos y cabellos y los ojos vueltos hacia las nubes y el lento vuelo de las aves migratorias.

Sí, este es el mundo de Enrique. Le hubiera gustado pescar ballenas, o andar por las nieves del Gran Lama, o buscar la muerte como la buscó Gauguin. Por eso cuando , no viaja está entre sus libros, como la bestia herida se refugia en su cueva.

Su dramática nostalgia, de viajes le ha permitido darle extraña forma a su existencia. No es un tipo monástico, pero sí le gusta encerrarse para vivir imaginando, recordando, reconstruyendo días. Le gusta tener ante sus ojos las cosas que ha recogido en sus viajes. Cuelga de las paredes armas de guerrilleros, sombreros charros, idolillos; animales disecados, pipas, retratos.

Este escritor no usa espejos. Prefiere mirarse en las numerosas caricaturas qué tiene en su cuarto. Sabe que las furias de los días no podrían reducir a nuestra propia caricatura. Los espejos nos muestran, apaciblemente, lo que somos; las caricaturas, violentamente, lo que podríamos llegar a ser.

En la azotea dé su apartamiento, en medio de techos habaneros, Enrique hace al levantarse media hora de ejercicio con un par de muletas, mientras lo miran asombrados dos pequeños morrocoyes que hace poco le mandó en avión desde Ciudad Bolívar, Venezuela, el Profesor Sifontes, un venezolano que se conoce la vida íntima del Orinoco. 

Entre cajas de tabaco, revólveres, pistolas, objetos de bronce realizados por el genial Rebajes, uno de los dueños espirituales de New York,  está su ya prediluviana máquina de escribir, de la que han salido sus raras novelas gaseiformes y sus cuentos de demoníaco dinamismo. Actualmente Enrique Labrador Ruiz escribe la angustiante biografía de un maniquí. Encontró a su personaje, ya muerto, descolorido y con un brazo desgarrado, en un oscuro rincón de uña sastrería habanera. 

Enrique escribe en una penumbra presidida por los grandes pintores contemporáneos de Cuba: Amelia Peláez, Fidelio Ponce, René Portocarrero, Carlos Enriquez, Cundo Bermúdez, Felipe Orlando, Luis Martínez Pedro, Mario Carreño, Jorge Arche y Víctor Manuel

Para estos extraordinarios creadores,, color y movimiento son una sola cosa. Ponce logra, inclusive, el dramatismo del color. Para Enrique Labrador Ruiz la literatura es vida: movimiento y color


Por eso, como hombre y como escritor prefiere por sobre todas las cosas el viaje. En el viaje se unen la realidad y el sueño. En ellos la imaginación se hace realidad, y la vida, regida por el misterioso, destino, se enriquece de maravillosas experiencias. 

Vive inventando viajes. Hace poco fue a New York con el único y fantástico objeto de ver la más grande nevada que le ha tocado en suerte a aquella urbe, días después fue a Venezuela. El Orinoco le sorprendió de tal modo que al verlo se lanzó a sus turbulentas aguas. En la Guayana allá, dónde según, la leyenda, se esconde El Dorado, quiso visitar "las mansiones verdes”. Anduvo por la ruta de Marco Vargas, el personaje de Rómulo Gallegos, y en los parajes más sombríos de la selva oyó el grito lúgubre de la araña mona, la voz de Canaima, el demonio de los indios. En la Gran Sabana, una alta meseta venezolana, que cercada por caprichosas convulsiones geográficas, se extiende hasta la frontera del Brasil, se hizo amigo de los caciques indígenas, quienes en una bulliciosa fiesta nocturna, iluminada con fogatas, le ofrecieron típicos presentes que ahora guarda en su apartamiento entre otros recuerdos de lejanas geografías.



Es amigo del pseudónimo, pero nunca ha usado ninguno porque sabe que su nombre posee la calidad rebuscada de los pseudónimos. Muchos de los que se cambian el nombre lo hacen porque con el propio no podrían ir a ninguna parte. En su libro “Papel de Fumar”, que subtitula Cenizas de Conversación, nos recuerda que Boccaccio se llama Gíovanni di Certaldo, buen nombre para un mercader florentino; que Stendhal, era Enrique Beyle; que el diabólico Lautreamont era Isidro Ducasse; que André Maurois es Emille Herzog; que el verdadero nombre de Apollinaire era Kostrowisky.

Me imagino que los que adoptan un pseudónimo comienzan a vivir, desde el momento en que abandonan el nombre con el cuál se han visto crecer, una vida pirandelliana, ún dramático desdoblamiento... Enrique no  quiere ser, ya pasados los cuarenta años, un Difunto Matías Pascal. Por lo aquí descrito a tan rápidas pinceladas, diríase que la vida de este artista, ha venido transcurriendo en un teatral desorden. Pero nada menos cierto, pues su vida está regida por un maravilloso orden espiritual y creador. Lo que hay en él es angustia, lucha por alcanzar la conquista de si mismo. Es una vida personal, propia, cuyas diarias experiencias, cuyo arduo desenvolvimiento, cuyo difícil rumbo, son intransferibles. La propia vida, con su secreto imperio, con todo lo que tiene de dolor y de alegría, es la única propiedad sagrada. Pero hay que saber ser dueño de ella. Hasta los momentos más tremendos y oscuros de nuestros días, hasta esas horas en que nos hemos visto caer en húmedos rincones negros, en medio de los harapos de la pobreza, propia o ajena; en que nuestros ojos han estado fijos en los muertos; en que la más desolada tristeza nos lleva por turbias alamedas crepusculares, son solamente nuestros, profundamente nuestros, definitivamente nuestros. Enrique Labrador anda en busca de sí mismo y de su propia muerte. Ese afán de viajes, de ver el mundo, de verse en el mundo, rodeado por las cosas de aquí y de allá, de añorar lo lejano y alcanzarlo y luego buscar lo que de nuevo está distante, es para él una dolorosa tarea que cumple para ver su vida, y para dejar en sus novelas y cuentos un testimonio de que él, como hombre, ha existido. Este escritor que se siente esperado por la muerte, que siente la angustia que la muerte nos impone, quiere llegar a ella ofreciéndole una existencia plena, creadora. 

Existe en él un devorador sufrimiento por la muerte física. Su obsesión son los ataúdes. Los lleva en la palabra, en los Sueños, en sus relatos, y los ve bambolearse en los puertos cuando la mar se enluta entre reflejos de farolas.

Todo ser atormentado. Le tiene pavor a los ataúdes. El ataúd es el lecho eterno en que nos quedaremos acostados sin poder ver más las cosas de .aquí; sin poder hablar, sin, poder gritar. En él se pudrirán nuestros labios, nuestros ’ ojos, nuestro sexo.

Cuando esto suceda, es verdad, no tendremos conciencia de ello. Pero lo terrible es que ahora, cuando estamos vivos,, sabemos que eso habrá de suceder.. ;

¿Acaso es malsano hablar de esto? ¿Pero quién nos prohíbe pensar en este horror? Lo importante es poder evadirse de tan espantosa Verdad. Para lograrlo es necesario vivir l0 más intensamente posible, como lo hace Enrique Labradór Ruíz, el perseguido por el ataúd. Por eso él anda por el mundo huyendo de crueles, sombras, de tenaces fantasmas. En este azaroso deambular ha encontrados u vida. Ha visto su vida. Es testigo de su existencia, así como es testigo,de su muerte. Esto le obliga a buscar, a lo largo de sus torbellinosos días, su propia libertad, La búsqueda de esa libertad lo lleva a la desesperación.

Algunos dé sus personajes son abatidos brutalmente porque rehúsan someterse al destino. Este es el tremendo problema de gran parte de la humanidad, especialmente de la humanidad de hoy. Nos estamos olvidando de esta expresión: “El destino conduce a Quien consiente y , arrastra a quien rehúsa”, Hay algo superior a nuestra voluntad a lo cual es menester someternos si queremos ser dueños de nosotros mismos.

Creo qué existe un estrecho parentesco entre vocación y destino. Darle la espalda a la propia vocación es rehusar el destino para ser arrastrados por éste hasta el caos y hasta una muerte que no es propia.

Enrique Labrador Ruiz se ha hecho un solitario para poder cumplir con su irrevocable vocación de escritor, vocación que le impone él duro deber de ser “testigo”, no sólo de su existencia, sino del mundo, de la humanidad.



Vicente Gerbasi


“Un crayón cubano”, pp. 21, 22, 25 y 30.


Puerto Rico Ilustrado, Octubre 2 de 1948.



Puerto Rico Ilustrado, Octu... by Dimitri Lipo



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3/06/2026





viernes, 22 de marzo de 2024

Cora Paez de Topel: Valencia exige la devolución de la sede de la Asociación de Escritores de Carabobo – AESCA -.






Febrero,14 2024


Valencia pide la reapertura de la Asociación de Escritores de Carabobo – AESCA -.


Por: Cora Paez de Topel


La construcción de la sede de la Asociación de Escritores del estado Carabobo – AESCA –  ubicada en el Parque Humboldt, cerca del Museo de la Cultura, se inició bajo la administración del ex alcalde Argenis Ecarri y se concluyó en el período de Paco Cabrera en el año 2.000.  El presidente para la fecha era el abogado e historiador Domingo Alfonso Bacalao, quien presentó una activa programación, entre ellas un homenaje a Mons. Jorge Urosa Savino y otro a Andrés Bello en el Día del Escritor, más un ciclo de conferencias sobre escritores venezolanos, talleres de escritura, de expresión corporal, de creación literaria para niños y jóvenes.


Fundada en el año 1948 por un grupo de escritores e intelectuales, sesionó inicialmente en la Casa Paez, conformada por la Junta Directiva presidida por el Primer Cronista Oficial de Valencia, Rafael Saturno Guerra, el Secretario Alfonso Marin y Roque Muñoz, Tesorero. La segunda Junta Directiva se estableció 17 años después, debido a la complicada situación política de los años transcurridos desde 1948-1958.  Connotados ciudadanos como Felipe Herrera Vial, Arturo Machado Fernández, Flor Gornés y gallegos, Torcuato Manzo Nuñez, Francisco J. Avila, Argenis Rafael Zuloaga y otros cumplieron una labor administrativa e intelectual de primer orden.





La creación de la Biblioteca “Margot Ramirez Travieso”, la creación de la Revista “CARABOBO (1982) y la Fundación del Libro Carabobeño (FUNDALICA), el establecimiento del Paseo de los Escritores Vicente Gerbasi en el Parque Humboldt, la creación de la Revista Socaire, que se convirtió en el órgano divulgativo de la AESCA, la Galería de los ex -presidentes y otros más son logros que el historiador Argenis Zuloaga, reprodujo en un catálogo, cuando le tocó asumir la presidencia en el 2004 -2007.




Un problema electoral se presentó en el año 2014, a partir de la elección de una junta directiva paralela, lo que propició la creación de una nueva Asociación de Escritores (AECA), presidida por el escritor Oswaldo Angulo, la cual se instaló en una nueva sede en San Diego. Quien esto escribe y otros escritores preocupados por tal situación, nos dirigimos al para entonces Alcalde Miguel Cocchiola, en diciembre del 2015, solicitándole la devolución de la sede original, sin obtener una respuesta satisfactoria.

Vicente Gerbasi


Me tocó para entonces declarar la irregularidad de lo ocurrido, porque significó una confiscación por parte del municipio Valencia a una institución cultural privada de uso público, similar a lo ocurrido en el Ateneo de Valencia en el año 2007.  Había un pequeño auditorio para 50 personas con el podio, en el que tuve la oportunidad de ofrecer una charla en homenaje a la escritora Lina Gimenez, quien estuvo presente acompañada por una nutrida concurrencia.



Continuando con el despojo que hicieron en esos años de la sede de los Escritores en el Parque Humboldt, se llevaron los escritorios, los archivos, la biblioteca, las fotos de los fundadores y directivos y hasta las letras de la Asociación fueron borradas, Instalaron en ese lugar unas oficinas del Instituto Municipal del Ambiente – IMA – y posteriormente la Policía Municipal.


Dada la importancia de las letras que nutren el conocimiento, suscrito particularmente por connotados intelectuales, académicos y laureados escritores, la lectura es fundamental para entender el mundo en sus diversas manifestaciones.  La lectura digital en nuestros días es común, al igual que la impresa en papel, requiriendo para ambas disciplinas la concentración y tranquilidad en lugares seguros y silenciosos, tal como son las bibliotecas.


Museo de la Cultura en el extremo sur del parque. Si afinan la visión podrán ver el busto de Humboltd entre los dos postes de iluminación. Foto de ...

Observando la preocupación del Alcalde Julio Fuenmayor por defender los espacios públicos, como centros vitales para el encuentro de la ciudadanía, los miembros de AESCA le pedimos su apoyo para activar de nuevo la sede que, al lado del Museo de la Cultura, contribuiría a enfocar el mundo de las artes y las letras con una visión ampliada en un universo en continua evolución.



Tomada de ACN


Valenciana. Madre y Abuela. Ama de casa. Numerario de la Academia de la Historia. Ex-presidenta del Ateneo. Ex-Secretaria de Cultura. Escritora. Horticultora.

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martes, 19 de marzo de 2024

DAVID CORTÉS CABÁN: EL LIBRO DE CANOABO, DE ADHELY RIVERO proclama mediante la palabra bondadosa un sentido más lúcido y humano de la vida

 


Estimados Liponautas

Hoy 19 de marzo de 2024 el pueblo de Canoabo cumple 313 años. Por esa razón compartimos con ustedes esta entrada que esperamos sea de su agrado, donde el poeta David Cortés Cabán, nos adentra en los senderos de El Libro de Canoabo.

Atentamente 

La Gerencia



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EL LIBRO DE CANOABO, DE ADHELY RIVERO


Homenaje a Vicente Gerbasi



CANOABO

                                                A Eloína Ybarra.

                                                                                        Aquí  el alma encuentra su propia soledad…

                                                                                                 Vicente Gerbasi. 

Sobre la montaña amanece sentado el cielo,

abrigado con nubes blancas.

En la cumbre crían  ganado de raza,

hermosas vacas pastan en el frio. 

Naranjas y mandarinas tejen de verde

 la falda del horizonte

donde cuelga un camino de labriegos.

Canoabo es de una ternura ancestral,

el nativo siembra con la luna, 

según la sabiduría antigua,

los alimentos que mengua la hambruna.

Antes, recuerdas,

 Canoabo era una aldea de agua dulce, café y cacao,

grandes arreos de mulas y cacería silvestre.

Al pueblo llegó la universidad, los artistas, los poetas y los vecinos.

Ahora Canoabo está más cerca del mundo.



        Para que el paisaje nos devuelva su íntima historia, su más clara intimidad, ha decidido el poeta Adhely Rivero hacer un viaje a Canoabo, el hermoso pueblo donde naciera en 1913 el gran poeta venezolano Vicente Gerbasi. Allí, como si descubriera por primera vez el paisaje de aquel poeta que generosamente nos diera lo más profundo de su corazón en la hondura de sus versos, Adhely ha ido desentrañando su apreciación por el autor de aquel libro fascinante y mágico, Mi padre el inmigrante. Y ha llegado Adhely para abandonarse a la contemplación y a la alegría de la palabra que agita la condición pasajera de la vida. Ha fundido en El libro de Canoabo su visión de mundo como si proclamara el mismo sentimiento que sintió Gerbasi en la mirada del paisaje, y en la flora y la fauna que brindó a sus versos el matiz límpido y profundo de su propia existencia. 

 


LO AÑORÁBAMOS 

                                                                                     

No tenía ventana.

No veíamos la montaña desde adentro

y lo añorábamos.

La casa era prestada.

 Nunca se interesaron

por tener ventana para ver la montaña.

Un día construí una vista panorámica

para contemplar las nubes volando en el cielo,

sobre un fondo verde de árboles de naranjas.

Ver los arrieros con sus recuas de mulas

bajando frenadas

con las cargas idas al cuello.

La montaña mandaba la neblina

a espiar los dormitorios,

la sentíamos fría, 

 perfumada con flores silvestres.

Cuando el dueño de la casa vio por la ventana

la cumbre,

vio desde el cuarto el cielo.


         Lo que siente el lector al acercarse al El libro de Canaobo es el aliento del paisaje, lo esencial de la vida, la vibración del pájaro que abrió sus alas y se perdió en luminoso vuelo hacia el ocaso. Y es que lo singular de esta poesía está en el espíritu de afinidad que la reviste del recuerdo de Gerbasi. Su recuerdo, su vocación poética, la lucidez que hace posible la continuidad de ese cántico que para ser comprendido necesita de una honda dimensión de espíritu. Adhely conoce esta realidad porque es el poeta del Llano y del paisaje. Incorpora en sus versos la experiencia profunda de una mirada que nos devuelve la luz de un horizonte más noble y luminoso. Su poesía recoge ese misterio insondable que nos identifica con las cosas más dignas y humildes: el colibrí, el tordo, el horizonte, la aldea, la neblina, la sabana, el viento, el café, la soledad. Toda una visión del campo, de la tierra y del ser en una misma historia humana.



 Casco antiguo de Canoabo

LA CUMBRE

Aquí no se alza la voz,
eso es en el mar que la gente
va gritando.
Aquí se habla en la respiración,
en el susurro.
Nadie se atropella por volar más alto,
subes a la montaña
y ya estás en el cielo.
Si gritas te cansas y tu grito no retumba
en las paredes del monte.
Solo el hacha tiene un leco pernicioso,
va dejando un hueco entre los árboles.
Una ventana por donde se ve la tierra del cerro.
Pronto sube humo de la quema,
la ceniza abona.
Van a sembrar, dicen,
cuando lleguen las lluvias.


La historia personal del poeta y la de Gerbasi van paralelamente descubriéndonos la grandeza de Canoabo. No la grandeza que nace de lo material y pasajero, sino la que proclama mediante la palabra bondadosa un sentido más lúcido y humano de la vida. ¡Qué bien se siente recorrer a paso silencioso el tema de este libro! Tus palabras son paisaje, ha dicho el poeta. ¿Lo ha dicho de sí mismo o de Gerbasi? Ambos caminan el horizonte de estos textos, ambos ascienden lentamente en confiada grandeza hacia la calma de estas montañas, a los caminos que reflejan la belleza del paisaje: En el campo es otra vida / allí se siente el mar volando, anuncia este verso. Y en otro, sentimos la naturaleza que trasciende la singular presencia: Aquí nació Vicente, / cuando comienzo a recorrer / la carretera fría e iluminada de bambúes amarillos / en el monte tupido.

 

Casa natal de Vicente Gerbasi en Canoabo. Fotografía del año 2011.Imagen tomada de Vicente Gerbasi.


          Desde el primer momento de la lectura nos reciben los pájaros. El colibrí y el tordo emiten sus alegres saludos: El colibrí se toma la flor / y se pone a volar. Querrá también el tordo acompañar nuestra condición de caminantes por estos versos que trazan el recorrido de Canoabo: El tordo en las calles, / canta, / para que me sienta bien. Estos cánticos nos descubren nuestra condición humana, nuestros sentimientos en la luz de un horizonte que va en ascenso hasta trazar su órbita natural y lejana como la humilde materia de las cosas sobre la tierra. Lo que vemos  en El libro de Canoabo nos provoca un amoroso sentimiento en la armonía del paisaje, la luz de su cielo y la confianza de su gente. Nos sobrecoge el hecho de vivir plenamente rodeado de la bondad y grata compañía de los otros, sumidos en la plena realización de la palabra límpida y sin manchas. Esto lo ha advertido Adhely en su recorrido por Canoabo para recordar una vez más  sus pasos por estas mismas calles que recorriera un día acompañado del propio Vicente Gerbasi y del poeta Luis Alberto Crespo: Aquí no se alza la voz, / eso es en el mar que la gente / va gritando. / Aquí se habla en la respiración, / en el susurro. / Nadie se atropella por volar más alto, / subes a la montaña / y ya estás en el cielo. Sentimos de inmediato que la vida en Canoabo traza sus propios signos, ésos que no demandan de agobiantes fórmulas de conocimiento, ni pretenden insinuar otras acciones que no se correspondan con la realidad del paisaje o de la vida misma. Ya lo ha señalado el poeta: Sobre la montaña amanece sentado el cielo, / abrigado con nubes blancas. / En la cumbre crían ganado de raza, / hermosas vacas pastan en el frío. / Naranjas y mandarinas tejen de verde / la falda del horizonte / donde cuelga un camino de labriegos. He aquí el paisaje que revela lo que siente el corazón, pues no hay otra forma de sentir la realidad que palpita en este libro. La que nos presenta la vida en su más profunda dimensión, la que consiste en vivir armónicamente con el entorno.

Carlos Ochoa, Reynaldo Pérez-só, Vicente Gerbasi y Adhely Rivero. (Foto de Vasco Szinetar)


Por eso encontramos que lo esencial de la vida se podría resumir en las cosas que dejan sobre el alma una grata ternura. Esta realidad nos la recuerda el poeta Adhely Rivero en el contenido de estos poemas. Un sentimiento provocado por el reencuentro con Canoabo, y porque ligado a este sentimiento vemos pasar la imagen del profundo Gerbasi en el puro fluir del tiempo, en la hermosura que repentinamente nos descubre la alegría de volverlo a sentir en la vivencia evocadora de esta poesía y en el paisaje sereno y noble donde El colibrí se toma la flor / y se pone a volar.

 

Carlos Ochoa, Reynaldo Pérez-só, Vicente Gerbasi y Adhely Rivero. (Foto de Vasco Szinetar)


        Dejemos ahora que el lector se apropie de estos versos para que su corazón recoja este hermoso homenaje a Vicente Gerbasi, y que la alegría lo lleve escuchar el tordo, la plenitud de su cántico cuando “Sobre la montaña amanece sentado el cielo, / abrigado con nubes blancas”.


 

                                                                                                              Nueva York,  Otoño, 2018                                                                                                  




El video que muestra la destrucción de la casa de Vicente Gerbasi es del historiador Fredy Rincón Noriega


Tomado de Crear en Salamanca


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Adhely Rivero nació en Arismendiestado Barinas,  Venezuela en 1954. Está residenciado en Valencia desde 1970. Licenciado en Educación mención Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo. Fue Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, donde dirigió la Revista Poesía y coordinó el Encuentro Internacional Poesía de Universidad de Carabobo. Ha obtenido varios premios por su trabajo poético, entre ellos el Premio de Poesía Facultad de Ciencias de la Educación (dos años consecutivos) U. C. Premio ‘Miguel José Sanz’ de la Facultad de Derecho de la Universidad de Carabobo. Premio de Poesía de la Universidad de Carabobo. Premio de Poesía Universidad ‘Rómulo Gallegos’. Premio de Poesía ‘Cecilio Chío Zubillaga’ de Carora. Premio Único de Poesía 40 Aniversarios de la Reapertura de la Universidad de Carabobo. Ha publicado los libros: 15 Poemas (1984); En sol de sed (1990); Los poemas de Arismendi (1996); Tierras de Gadín (1999); Los Poemas del Viejo (2002); Antología Poética (2003); Medio Siglo, La Vida Entera (2005); Half a Century, The Entire Life, (2009): versión al Inglés de Sam Hamill y Esteban Moore. Poemas (Antología editada en Costa Rica) (2009): Compañera (2012). Poesíe Caré, Poemas queridos (2016), Versión al italiano de Emilio Coco, publicado en Colombia. Está representado en varias antologías nacionales y en la antología italiana La Flor de la Poesía Latinoamericana de hoy, tomo I, II, editada en Italia, 2016. Ha participado en diversos e importantes Festivales de poesía a nivel nacional e internacional, entre ellos, el Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia, en 2007 y 2016. Festival Internacional de Poesía Al-Mutanabi en Suiza. 2008. Festival Internacional de Poesía de Bogotá, Festival Internacional de Poesía del Mundo Latino, México. Festival Internacional de Poesía de los llanos Colombo-Venezolano en Yopal, Colombia. Feria Internacional del Libro de Bogotá, Colombia, Feria Internacional del Libro de Caracas, Venezuela. Festival Internacional de Poesía de Venezuela. Festival Internacional de poesía de los llanos colombo-venezolano en Arauca, Colombia. Encuentro Internacional Poesía Universidad de Carabobo, Feria Internacional del Libro Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela. Bienal Internacional de Literatura “Mariano Picón Salas”, Mérida, Venezuela. Sus poemas han sido traducidos al inglés, portugués, italiano, alemán, francés y árabe. La revista POESIA le rindió homenaje en su número 156.

 


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David Cortés Cabán. Imagen tomada de Crear en Salamanca.

David Cortés Cabán. (Arecibo, Puerto Rico, 1952). Poeta y ensayista. Reside en Nueva York, Estados Unidos.Posee una Maestría en Literatura Española e Hispanoamericana de The City College (CUNY). Ha publicado los siguientes libros de poesía: Poemas y otros silencios (1981), Al final de las palabras (1985), Una hora antes (1990), El libro de los regresos (1999), Ritual de pájaros: antología personal (con prólogo de Ramón Palomares y Eugenio Montejo, 2004),, Islas (2013). Sus poemas y reseñas literarias han aparecido en revistas de Puerto Rico, Estados Unidos, Latinoamérica y España. Fue maestro en las Escuelas Públicas de Nueva York y profesor adjunto del Departamento de Lenguas Modernas de Hostos Community College of The City University of New York.En 2006 fue invitado al III Festival Mundial de Poesía de Venezuela, y en 2015 a la Feria Internacional del Libro de Venezuela (FILVEN), dedicada a Puerto Rico. La Universidad de Carabobo le otorgó la Orden Alejo Zuloaga Egusquiza, en el Festival Internacional de Poesía de la ciudad de Valencia en 2013. Ha participado en los Festivales Internacionales de Poesía de Cali, Colombia  (2013), y de Managua, Nicaragua (2014). En 2014 fue invitado a presentar el acto «Noche de Juglaría: Lectura de Poetas Venezolanos» en Berna y Ginebra, Suiza.


El Libro de Canoabo. by Dimitri Lipo


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Vicente Gerbasi: Poeta del Resplandor



La poesía, por Vicente Gerbasi



CONVERSACION CON EL POETA VENEZOLANO VICENTE GERBASI




SIMÓN PETTIT: En las palabras de Adhely Rivero se siente el llano, esa sabiduría que nos llena a través de las cosas más sencillas.


En SABANAS EN EL CIELO está el mismo Adhely con sus versos traídos en la chácara del corazón



COMPAÑERA de Adhely Rivero



ADHELY RIVERO ENTRE LA LÍNEA Y LA SOMBRA




Disfruten el video del "Recital de Poesía" con los poetas Enrique Mujica, Carlos Ochoa y Adhely Rivero




"Recital de Poesía" con los poetas Enrique Mujica, Carlos Ochoa y Adhely Rivero el 7 de diciembre




La honda gratitud de Adhely Rivero hacia el entorno natural en su Mundo Poético



El poeta Adhely Rivero será homenajeado en la Filuc 2023



Los Poemas Queridos de Adhely Rivero



III Concurso literario de la Facultad de Derecho “Miguel José Sanz” en 1980



SEPARADOS EN EL TIEMPO Y EN EL ESPACIO (3)