Estimados Amigos
El pasado 26 de diciembre fue el cumpleaños número 122 de nuestro querido amigo y hermano Henry Valentine Miller . Poca gente se atreve con 40 años y con una familia a cuestas abandonar todo e irse a vivir para encontrarse consigo mismo pero Henry estaba hecho con otra pasta y se atrevió a lanzarse al abismo inseguro de la vida verdadera. En Europa caminó, durmió, pasó hambre, aprendió, fornicó como pocos, escribió y publicó. Durante mucho tiempo sus libros fueron prohibidos por supuestamente ser apologías a la pornografía, los muy tontos censores no se percataban de que eran apologías a la vida sin barrotes.
Los hallazgos de su aventura fueron fructíferos para él y para sus amigos, esos que crecen año a año cuando quizás por una inocente sugerencia de un amante de ese reputado pornógrafo alguien abre por vez primera un libro de Miller. Quizás la sorpresa inicial para una persona que vive bajos los empañados valores de una clase media victoriana sea causada por la diáfana visión de la sexualidad pero la sorpresa final y constante que provocan sus libros se deben a la sinceridad. Como dicen por ahí Henry es un hombre de una sola pieza. Alguien que te habla con la franqueza de un amigo de verdad, un valor que es difícil de conseguir en la vida y en el mundo de las letras.
Una vez conversando con una amigo, después de nuestro saludo habitual al sol en la plaza magnética, se me ocurrió preguntarle si había algún equivalente venezolano de Miller en el mundo literario nacional, mi amigo miró largo rato al cielo mientras mordía un mondadientes y me dijo:
-¿Me preguntas si existe alguien dentro del mundillo literario local que reuna saber, experiencia, humildad, un irrefrenable apetito por la vida, le gusten las mujeres y las bicicletas, sea capaz de escribir libros dedicados enteramente a sus amigos y que tenga una casa donde bellas mujeres (las palabras en cursivas pueden cambiarse por hermosos hombres) van a cuidarlo por gusto y no para lograr ser publicadas en alguna imprenta universitaria o de alguna gobernación, mientras pasean desnudas por toda la casa. Alguien con el que puedas conseguirte en la calle, compartir un café y que puedas hablar de literatura sin que te parezca una pedante guía de estudio mimeografiada. Y que días después de esa conversación te quede buen sabor de boca y te provoque ir a visitarlo. Alguien que te interese por el simple hecho de ser gente de verdad. Alguien que asuma la elaboración un buen desayuno y una inspiración profunda con bizarría día a día?
-Si, a eso me refiero
Apenas terminé de decir eso y él plegó su rostro solo como puede hacerse frente a una estrella supermasiva. Por momentos pensé que iba a convertirse en un agujero de gusano. Pero en un suspiro su cara volvió a la normalidad. Ya tenía miedo de viajar sin moverme.
-Naaaa, nada que ver, solo en los cuentos de hadas criollos como Juancho y los cazabes mágicos
- Aaah ¡Pero si eso no existe!
-Por eso lo digo. En el mundo literario venezolano alguien así solo puede ser un personaje de ficción en un cuento de hadas.
Después de eso mi amigo reventaba en carcajadas y yo le seguía.
Recuerdo como en una de esas sesiones de saludos solares mi amigo con franqueza inusitada dijo:
- Creo que Miller es un Hermano Mayor
- ¿Si? ...¿Tu crees?... ¿Vendra de Ganímedes?
- Debe venir de otro sistema solar. Su capacidad de seducción sin igual, la presencia de un ego no guerrerista, su dominio de la belleza cotidiana de la sexualidad y su capacidad para vivir de la escritura denotan su pertenencia a una sociedad miles de años mas avanzada que la nuestra.
-Eso explica muchas cosas -dije yo- Y no olvides su peculiar aptitud de hacerse mas joven con los años
-Si, no la olvido. El vino de muy lejos para enseñarnos el camino.
- Espero no le pase como a Jesucristo.
- No le pasará, seguramente tiene acceso a todos los registros históricos de los grandes maestros. Hoy no valdría la pena dejarse crucificar. Ya utiliza otros medios para difundir el mensaje por lo menos. Ya escribe directamente sus libros canónicos. Así el mensaje tendrá menos erratas a largo plazo. Quizás hasta hagan películas sobre su vida.
- ¿Y a que actor buscarían para personificarlo?
- Por ser un Hermano Mayor supongo que al que a tu papá y a ti tanto le gusta.. Spock
-Ah, Leonard Nimoy
- Y si él no acepta quizás funcione el de Kung Fu
-David Carradine...
-Si, cualquiera de los dos calvos y con anteojos funcionaría para desperdigar la palabra
- ¿Y que nombre le pondrías a la película?
- Ah, ni idea. Mmmm quizás le pondría Henry y June y sería una biografía épica. Pero realmente no sabemos si esta sociedad estaría lista para un filme de es tipo.
Lo usual después de las conversaciones post saludo solar era el intercambio de libros canon... de Miller y de sus comentarios con la esperanza de hallar nuestro camino.
Muchos saludos solares pasaron y aún seguimos buscando el camino sin olvidar que a medida que pasan los años más jóvenes debemos ser.
Los dejamos con las palabras de nuestro Hermano Mayor en su 122 aniversario
Deseamos disfruten de la entrada.
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"La capacidad de ser amigo de una mujer, en particular de la mujer a la que amas es, para mí, la mayor de las proezas. El amor y la amistad rara vez van de la mano. "Al cumplir ochenta. Por Henry Miller
Al cumplir ochenta
Si a los ochenta años no estás ni tullido ni inválido y gozas de buena salud, si todavía disfrutas una buena caminata y una comida sabrosa (con todo y acompañamientos), si duermes sin pastillas, si las aves y las flores, las montañas y el mar te siguen inspirando eres de lo más afortunado y deberías arrodillarte en la mañana y en la noche para darle gracias al Señor por mantenerte en forma. En cambio si eres joven pero ya tienes cansado el espíritu y estás a punto de convertirte en autómata, sería bueno que te atrevas a decir de tu jefe —en silencio, claro— “¡Al carajo con ese fulano, no es mi dueño!”. Si no te has quedado culiatornillado y si te sigue emocionando un buen trasero o un magnífico par de tetas, si todavía puedes enamorarte las veces que sea y si perdonas a tus padres por el delito de haberte traído al mundo, si te hace feliz no llegar a ningún lado y vivir al día, si puedes olvidar y perdonar y evitar volverte amargado, cascarrabias, resentido y cínico, hombre, ya vas de gane.
Lo que importa son las cosas pequeñas, no la fama ni el
éxito o el dinero. La cima es muy estrecha, pero abajo hay muchos como
tú que no se estorban ni se molestan. Ni por un instante se te ocurra
que los genios viven felices; todo lo contrario, dan gracias por ser del
montón.
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| Henry Miller y su ultima esposa Hoki Tokuda |
Si tuviste una buena trayectoria, como es de suponer que yo la tuve, los últimos años podrían ser los más infelices de tu vida (salvo que hayas aprendido a tragarte tus mentiras). El éxito, desde el punto de vista mundano, es la plaga del escritor que aún tiene algo que decir, pues cuando llega la época en que podría disfrutar un poquito del ocio, resulta que está más ocupado que nunca porque se ha vuelto víctima de admiradores y adeptos y de todos los que desean explotar su nombre. Aquí se enfrenta otro tipo de lucha: el problema consiste en mantenerse libre y hacer sólo lo que uno quiere.
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| Henry Miller era un gran amante de las bicicletas |
Con todo y una visión del mundo que es producto de una gran experiencia, con todo y una filosofía elaborada para la vida diaria, uno cae en la cuenta de que los tontos se vuelven más tontos y los pelmazos más pelmazos. De uno en uno la muerte se lleva a tus amigos o a los grandes hombres que reverenciabas; mientras más viejo, más pronto se te mueren. Al final te quedas solo y ves a tus hijos o a los hijos de tus hijos cometer los mismos errores absurdos, esos errores casi siempre lamentables que cometiste tú a su edad, y ni lo que digas ni nada de lo que hagas podrá evitarlo. Sin duda al observar a los jóvenes se termina por comprender lo idiota que uno mismo fue en su momento (y tal vez lo siga siendo).
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| Henry Miller y su biblioteca, noten al fondo la fotografía de Anaïs Nin |
Hay algo que para mí se vuelve cada vez más
claro: en lo fundamental la gente no cambia con los años. Salvo raras
excepciones la gente no evoluciona ni se transforma: un roble sigue
siendo un roble, un cerdo cerdo y un zopenco zopenco. Lejos de mejorar,
el éxito por lo general acentúa las faltas o fracasos. No es raro que
los tipos brillantes de la escuela en cierta medida dejen de serlo una
vez que salen al mundo. Si en tu grupo te disgustaban ciertos chicos o
si los despreciabas, después te parecerán peores convertidos en hombres
de negocios, estadistas o generales de cinco estrellas. La vida nos
obliga a aprender ciertas lecciones pero no necesariamente a crecer.
Aquí entre nos, con dificultad cuento a una docena de individuos que
logro aprender las lecciones de la vida; la gran mayoría no sabría ni su
nombre si yo lo pronunciara.
| Henry Miller y Margaret Neiman 1942. Foto Man ray |
En cuanto al mundo en general, no sólo no lo veo mejor que cuando era yo un niño de ocho años sino mil veces peor. Un escritor famoso alguna vez lo resumió de este modo: “el pasado me parece horrible, el presente gris y desolado y el futuro totalmente espeluznante”. Por fortuna, no comparto este sombrío punto de vista. En primer lugar, no me interesa el futuro; en cuanto al pasado, bueno o malo, le he sacado el mayor partido; lo que me quede de futuro es producto de mi pasado. El futuro del mundo se lo dejo a los filósofos y visionarios. Lo único que tenemos todos es el presente, pero muy pocos lo vivimos alguna vez a plenitud. No soy pesimista ni optimista; para mí el mundo no es esto ni aquello sino todo al mismo tiempo y así será para cada quien en su propia medida.
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| Henry Miller en París. 1969.Fotografía de C. Bavagnoli. |
A los ochenta creo que soy una persona mucho más alegre que cuando tenía veinte o treinta años. Para nada querría ser adolescente otra vez: la juventud puede parecer gloriosa pero también duele sobrellevarla. Es más, lo que llamamos juventud no es tal, en mi opinión se trata más bien de algo así como una vejez prematura.
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| Henry Miller en Big Sur |
Con la
maldición o la bendición de haber vivido una adolescencia eterna,
alcancé cierta madurez pasados los treinta años, No fue sino hasta los
cuarenta que comencé a sentirme joven en serio; para entonces ya estaba
listo (Picasso dijo alguna vez: “uno comienza a volverse joven a los
sesenta pero para entonces ya resulta demasiado tarde”). En esa época
había perdido muchas ilusiones, pero por suerte mantenía el entusiasmo,
la dicha de vivir y una curiosidad inagotable. Tal vez fue esa
curiosidad —por todo y por cualquier cosa— lo que me convirtió en el
escritor que soy. La curiosidad nunca me ha faltado y hasta el peor
pelmazo me puede provocar interés (si aún tengo el ánimo de escuchar).
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| Henry Miller y Candice Thayer. Fotografía de Bradley Smith. Tomada de la Revista Playboy correspondiente a Noviembre de 1971. |
Con
este atributo viene otro que valoro sobre todos los demás: el sentido
del asombro. Sin importar qué tan limitado pueda volverse mi mundo, no
me lo imagino sin mi capacidad de asombro; en cierto sentido creo que
puedo definir esta capacidad como mi religión. No me pregunto de qué
manera surgió la creación en que nos hallamos sumergidos, sólo la
disfruto y la valoro. Rabiando por la condición de la vida y la forma en
que la vivimos, ya dejé de creer que yo tengo el remedio. Quizá pueda
modificar hasta cierto punto mi propia situación pero nunca la de los
demás. Ni veo que nadie, en el pasado o el presente, por grande que
fuera, haya podido realmente alterar la condition humaine.
El mayor temor de la gente al pensar en la vejez es que será incapaz de hacer nuevos amigos, mas quien tuvo alguna vez la facultad de cultivar nuevas amistades, no la perderá por viejo que sea. En mi opinión, después del amor, la amistad es lo más valioso que nos ofrece la vida, Nunca he tenido problemas para hacer amigos; de hecho, a veces esa facilidad se ha convertido en un obstáculo. Dice el dicho: “dime con quién andas y te diré quién eres”, pero mucho he reflexionado yo qué tan cierto es esto. Toda la vida tuve amigos provenientes de mundos totalmente disímiles, tuve y sigo teniendo amistad con personas que no son nadie y debo confesar que se cuentan entre mis mejores amigos. He sido amigo de criminales y de ricos despreciables. Mis amigos me mantienen vivo, me han dado ánimo para proseguir y también, muchas veces, me han aburrido hasta las lágrimas. En lo único que insisto con todos mis amigos, sin importar su clase social o su condición, es que hablen con la verdad; si no puedo ser abierto y franco con un amigo, o él conmigo, no me interesa.
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| Henry Miller y Candice Thayer. Fotografía de Bradley Smith. Tomada de la Revista Playboy correspondiente a Noviembre de 1971. |






















