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jueves, 19 de septiembre de 2013

GONZALO ROJAS,poeta chileno y venezolano por 7 años: Pablo Neruda era un “saca cuentas” y mala persona.












Pablo Neruda era un “saca cuentas” y mala persona.
Una entrevista al poeta chileno (y venezolano por 7 años y medio) GONZALO ROJAS


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GONZALO ROJAS






POETA, 93 AÑOS



Gonzalo Rojas Pizarro (Lebu, 20 de diciembre de 19161 – Santiago, 25 de abril de 2011) fue un docente y poeta chileno perteneciente a la llamada Generación de 1938.



A unas muchachas que hacen eso en lo oscuro

Bésense en la boca, lésbicas
baudelerianas, árdanse, aliméntense
o no por el tacto rubio de los pelos, largo
a largo el hueso gozoso, vívanse
la una a la otra en la sábana
perversa,
                y
áureas y serpientes ríanse
del vicio en el
encantamiento flexible, total
está lloviendo peste por todas partes de una costa
a otra de la Especie, torrencial
el semen ciego en su granizo mortuorio
del Este lúgubre
al Oeste, a juzgar
por el sonido y la furia del
espectáculo.
                   Así,
equívocas doncellas, húndanse, acéitense
locas de alto a bajo, jueguen
a eso, ábranse al abismo, ciérrense
como dos grandes orquídeas, diástole y sístole
de un mismo espejo.
                                De ustedes
se dirá que amaron la trizadura.
Nadie va a hablar de belleza.


                                                            


GONZALO ROJAS




Esta entrevista fue realizada por Marcelo Mendoza y pertenece al libro “Todos confesos”. Este libro iba a ser presentado por poeta Gonzalo Rojas en enero de 2011 pero su delicado estado de salud hizo que se excusara de realizar esa tarea y el 18 de mayo muere en la ciudad de Chillan.






“Soy totalmente joven”





“En Chile no me conocían ni los perros”





Según Rojas, es a los 60 años cuando el hombre empieza a “enderezarse”. En ese plazo —le gusta esa palabra— comenzó a conocer la plenitud de su vida. Dice que se le armó otro esqueleto, un pensamiento más fresco, más vivaz y dinámico. “Es como si todo se hubiera concentrado —resume—. Antes disparaba para todos lados, pero a los 60 comencé a enderezarme.



Mi plenitud fue a los 60 años”. Por entonces Gonzalo Rojas vivía en Caracas. Era ciudadano venezolano, porque como el Golpe lo encontró en La Habana le habían anulado su pasaporte chileno. A sus hijos también.



Como ex jefe de la misión diplomática en Cuba, fue proscrito. Y como no era de ningún partido, ni los comunistas ni los socialistas del exilio lo apoyaban. Llegó exiliado a Alemania del Este, al puerto de Rodstok. Le pagaban bien, pero no le daban la posibilidad de hacer clases.



—Era un mendigo de elegante mierda –exclama.



Consiguió que el poeta español Rafael Alberti lo invitara a un homenaje a Neruda en Italia. Viajó, pero se arrancó de esa ciudad hacia París. Allá, desesperado, le preguntó a un médico amigo, Hernán San Martín, que había sido embajador en Zambia:



—¿Cómo resuelvo mi vida, hombre? Los alemanes me protegen porque fui jefe de misión en Cuba, porque soy izquierdón, pero no tengo la defensa de los hermanos comunistas ni socialistas chilenos que viven en Berlín. Estoy fregado.



—Ándate de ahí —le dijo—, tengo la solución.


Guillermo Sucre


El diálogo ocurrió con Rojas sentado en un baúl, con todo su equipaje, en una habitación de un piso parisino. El poeta se paró yvio cientos de pasaportes de color rojo. El médico sacó dos de ellos y los falsificó con validez de dos meses, como si hubiera estado en Zambia. Volvió a Rodstok y la vida siguió igual. Recurrió entonces a dos amigos: el venezolano Guillermo Sucre y el mexicano Octavio Paz. Les pidió que lo invitaran a Venezuela con el ofrecimiento de un puesto de trabajo, porque era la única forma que los alemanes lo dejaran salir. Y ese trabajo fue una media jornada en el Instituto Rómulo Gallegos de ese país. Gracias a ello pudopor fin huir de Alemania Oriental Al llegar a Venezuela, todo fue cordial. Le ofrecieron clases en la Universidad Simón Bolívar, la misma que muchos años después le otorgaría un doctorado Honoris Causa. Un día, el rector se le acercó. Le dijo que esperaba que estuviera tranquilo, con trabajo y lejos del frío alemán. Pero Gonzalo le contó su problema:



—No duermo bien porque a las 4 ó 5 de la mañana la policía me toca a la puerta de mi departamento y me recuerda que soy un indocumentado. Que no tengo país.



Entonces el rector le sugirió:



—Mire, yo no le puedo resolver eso, pero vaya al Barrio del Silencio, que es donde está la Cancillería de este país, y ahí hable con tal persona. Yo creo que le van a entender su situación.





Habló con ese señor y tuvo la fortuna de que el burócrata, después de oírle decir que de un momento a otro la policía política lo iba a echar con su familia, sacara desde debajo de su mesa unpasaporte verde venezolano y le dijera:



—Sabemos que usted es un escritor, una persona a quien se le respeta. Me dicen que en la universidad está trabajando bien. Tome su pasaporte venezolano con el compromiso de que lo devuelva cuando pueda volver a Chile.



Le entregaron, además, pasaportes para su mujer e hijos, y por ello Gonzalo Rojas fue siete años y medio venezolano. Tiempo de felicidad.



Venezuela lo trató bien. Allí cumplió los 60 y fue, como dice, su plenitud. Le publicaron los libros que su patria natal casi nunca hizo.



—En Chile no me conocían ni los perros. Nadie.





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—Usted dijo una vez que es un “protodisidente”. ¿Me puede explicar eso?



—Claro. Disidente quiere decir no estar de acuerdo. Yo quise a Octavio Paz aunque muchas cosas nos separaban, pero lo que yo adoraba en Octavio era esa disidencia: no estar de acuerdo. Vicente Huidobro fue un disidente. La lata de Neruda en parte grande está en