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domingo, 1 de marzo de 2020

“CANTO DE LUZ NEGRA”: SANTOS LÓPEZ




Crónicas del Olvido

“CANTO DE LUZ NEGRA”: SANTOS LÓPEZ


**Alberto Hernández**

“Extraviado, sólo alcancé a ver en el oriente una sombra”

**Santos López: “La barata”**


1.-

La sombra se proyecta y se hace cuerpo en cuerpo ajeno. Cuerpo de tiempo remoto, de imagen que no se borra de la memoria ni de la sangre. Cuerpo de carne y hueso que hoy es ceniza, pero no olvido. Los muertos saben lo que hacen. Viven hasta que el recuerdo se deshace. Y su sombra permanece pegada a las paredes, a la concha de los árboles, en el jardín que aún florece. En los cartílagos de quien sabe de ellos, los del otro día lejano, en los que siguen tejiendo las horas, entre su sombra y la luz que arbitra su presencia. Ellos, los que respiran detrás de nuestras orejas, cantan, silban, pronuncian con claro acento la hora renegada, la que aún no llega y será lumbre de nuevo.

La poesía, ese canto de luz y sombra, el que a veces rechaza los colores por distraer la profundidad, lava el recorrido infinito de los que nos precedieron. Aquellos que aún hablan por nuestra boca. Aquellos que no callan mientras cruzamos la calle o bajamos del autobús. Aquellos que recuerdan una ventana cerrada o una puerta abierta. Y sus sombras, en el extremo de la poca tierra que abarcamos.

En un poema del caraqueño, morador de Valencia, Carlos Ochoa, titulado “Última calle”, los versos dicen:

“El terreno de los muertos/ cuenta ciento trece tumbas/ las ancianas enderezan las cruces/ que se desploman/ de tanta lluvia y tiempo. / Ahora los veo en sus nombres/ en sus horas, en sus años…”

No cabe ninguna duda: ellos, los que están hechos polvo bajo tierra, se han ido de esas fosas. Pernoctan en los árboles, en las manos de esas ancianas que intentan mantenerlos en un mismo lugar. La poesía que irradia de la mirada casi ciega de esas mujeres que cuidan a sus muertos es la misma que mañana irradiará de la mirada de sus descendientes. Y así, la cadena amorosa de sus recuerdos. La luz negra, la que frecuenta el sueño, es la misma luz que brota de la memoria con palabras, como una oración, como una letanía en labios de un salmista, de un promotor de imágenes que viajan por el cosmos y regresan al mismo lugar donde una vez estuvo el cuerpo, el ausente en materia, el presente en memoria.

2.-

Los antepasados, los ancestros, la saliva de su sentir en la boca de quienes los nombran. Ellos son el plural de un sujeto que a diario los materializa en una avenida, en un sueño, en la sombra de otro que camina mientras canta. Poema y poesía rivalizan. Poema y poesía: sombra y luz, esqueleto y esencia. Los vivos y los muertos. 

Santos López siempre se ha buscado en la Mesa de Guanipa, en ese hondo y oleaginoso espacio de Chimire, en el solar infinito de ese llano donde se oyen las voces del pasado. Por eso no lo dejo pasar por alto. Por eso en este instante de la lectura me imagino bajo la noche en esa geografía que siempre está presente en la poesía de este kariña que habla en la lengua de quienes siempre estarán, en la voz del poema de quien musita en el oído la canción de la luz negra, la que tiene sentido cuando la noche desafía al día. O cuando la brisa trae la ceniza humana esparcida en la tierra.

“Hágase la luz negra de mis antepasados lobos/ Que se bañaban en el mar y copularon con culebras…”, toda esa epifanía, ese abrir y cerrar de ojos oblicuos, tiene piel de animal que se hizo bestia parlante. Nuestros ancestros aullaban. O piaban antes de descubrirnos en la culpa.


3.-

Este libro sagrado de Santos López viene concebido con siete barajas. Número que la kábala consagra. Tesis que le da cuerpo al tomo con estos títulos: “los ancestros (Mandamiento”), “el alma (Canto al amor escondido del amor”), “la madre natura (Canto primitivo”), “el viaje (Katabasis”), “el exilio (Canto al exilio”), “la violencia (Canto a las víctimas”) y “el silencio (Canto de luz negra”).

Los ancestros son fantasmas que hablan. Ordenan una gramática oscura que se ilumina, de allí que el poema del otro es el otro, para ser el mismo desde él mismo. El poema es unívoco en sí mismo. Pero cuando es elaborado por la esencia del otro deviene memoria, luz. 

Cada antepasado regresa en su épica. Traza su viaje en el tiempo a través de un eco, de un conjuro. Por esa razón la poesía de Santos López habla con voz “prestada”. En el comienzo de este libro testimonia su enlace con Albanashar Al-Wali y Gilberto Antolinez, de quienes dice ser los propulsores de la primera parte de estas reverberaciones verbales. 

Por esa razón, López dice que “-Estos poemas no deberían llevar firma, yo soy tan solo un vehículo, un medio, sólo transmito lo que me ha sido dado. Sirvo de instrumento”.
Y como mediador, como enlace entrega estas memorias, estas viejas costumbres ancestrales, estas voces que son del otro el él para nosotros, sus lectores.

Pero hay un lugar, el menos seguro, el de la tierra donde moran los vivos. Tierra donde el injusto gobierna con régimen de fuerza, con crímenes como trofeo de guerra. Mientras el poder persigue, el perseguido se esconde, sale de su Nación, la de sus ancestros, la de su gente viva o muerta.


Este libro de Santos López es también el libro de realidad aciaga. La que irrumpió un día y se sostiene aún contra la inocencia en nombre de un tótem, de un ídolo, de un fraude, de una tortuosa configuración de ideas que han secado la luz, ennegrecido el día. 

Todo libro se mueve en varias aguas. Este también es un libro político, en el buen sentido de la palabra: es un libro que critica un orden establecido que niega la organización y ciega la vida. 

Este libro no sólo es un oráculo. Es un apunte que descubre la refriega, que deja al descubierto la mano que persigue y acosa. La que maneja con destreza el dolor ajeno.


Dos fragmentos tomados de las dos caras que forman este libro:

“Todavía no eres del todo uno de los nuestros/ Dinos si has conseguido más desnudez/ al deshacerte de tus harapos/ Tus pieles no tienen costura/ por dentro ni por fuera/ y nadie ha visto/ que cubran tu cuerpo/ que es una sombra que a la vez/ es carne dejando afuera su terror por el mundo”
(De “Canto primitivo”)


(***)

I

¿Cuál es tu tierra lúcida, extranjero?/ Si tu país tiene una madrastra/ y un padre avergonzado,/ ganga ineludible de sombras y culpas,/ sus gentes huyen/ de sí mismas buscando refugio,/ hombres cansados de sus pensamientos/ -los opresores-“.

(De “Canto al exilio”)





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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Gallina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 

lunes, 17 de diciembre de 2018

Teófilo Tortolero: Me separa del grupo de Valencia su sentido aristocrático de la poesía



Teófilo Tortolero. Fotografía De Anaxímenes Vera. Revista Auditorio.


Conversaciones en Nirgua .

Teófilo Tortolero sin darle razón a nadie escribe desde la última tierra

Teófilo Tortolero (Valencia, 1936) perteneció al grupo literario «Azar Rey» de Valencia (1968-69) junto a Eugenio Montejo. Obtuvo el Premio José Rafael Pocaterra (poesía) en 1981. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía: Demencia Precoz (1968), Las Drogas Silvestres (1973) y 55 Poemas (1981).

Reside en Nirgua, Yaracuy, desde hace largo tiempo, junto con su familia, en donde nos concedió esta entrevista.

§


Fotografía del poeta Santos López.


¿Qué podrías decirnos acerca de esa escritura breve que tú mismo has cultivado y que caracteriza sensiblemente a la producción de los poetas más recientes del país?

La escritura breve, como toda escritura, obedece, como se dice a un choque, a un instante vital brevísimo, donde la comunión con lo ignoto se produce, y es preciso responder y dar a conocer la respuesta que no puede ser otra que palabras. Recordemos, por otra parte, que el músico y poeta
Mendhelson escribía canciones sin palabras. Luego, puede un poeta escribir las palabras cuyas canciones las oirán los elegidos.

Se ha hablado mucho de los poetas, o la escuela, de Valencia, a la cual tú, por cierto, perteneces junto con Eugenio Montejo, Alejandro Oliveros, Reynaldo Pérez Só, entre otros. ¿Qué te une o te separa de ellos y cuál crees tú que han sido los aportes fundamentales de ese grupo a la poesía nacional?

No hay tal «Escuela de Valencia»; solamente existió un grupo de poetas que convergieron sobre una concepción de la poesía que iba más allá de lo convencional y lo estatuido. En este «grupo», cada quien escribe a su manera y saca sus fantasmas a su manera, ¡Ay del que no tenga fantasmas y visiones en este mundo! «Azar Rey» fue un intento de reunir cantos disímiles siempre sobre una misma cosa, ya que la poesía es siempre el mismo drama: nacer, muerte, alegría, poesía o culminar la vida en un silencio que puede ser el último.

Me separa del grupo su sentido aristocrático de la poesía, su sentido poco pedestre de la misma; me separa su narcisismo. Mi poesía no es partidaria sino solitaria. Las coincidencias fueron cierto fervor, cierto furor para guardar alguna unidad y sobre todo, preservar la unidad y calidad del discurso poético.




De izquierda a derecha aparecen J.M. Villarroel París, Eugenio Montejo, Reynaldo Pérez Só, Alejandro Oliveros y Teófilo Tortolero




Notamos en tus poemas huellas muy hondas de Vallejo, Ramos Sucre, Gerbasi, ¿Cuál crees que haya sido las más importantes de tus influencias?

A decir verdad, mi poesía andaba un tanto descaminada; más seguí por un largo rato los pasos de los hermanos Vallejo, Neruda y Hernández. Aun cuando se me dijo que Miguel Hernández era un imitador de Quevedo, felizmente lo imitó. Y me atrevería tal vez a decir que sobrepasó al maestro. Tal era su amor a la tierra y a los animales, sobre todo a las cabras, y por sobre todo a su propia familia, a su mujer, Josefina Manreza. De Gerbasi me asombra su trato de la tierra, del lugar, de la bodegas, de los caminos, del Canoabo de su estancia, del desvelo. De Ramos Sucre la osadía por tratar seres imaginario como yo los trato a cada día.


Juan Liscano en 1980

En su Panorama de la Literatura Venezolana Actual Juan Liscano te caracterizaba como un poeta interiorista, existencial y nosotros en un artículo periodístico situábamos muchos de tus poemas en un ámbito de textos nocturnales ¿En verdad, crees tú que sean esos los tonos dominantes de tus poemas?

Sí, soy interiorista, pero todo ese interior mío, lo he tomado de lo que me ha dado la naturaleza, el aire, los ríos, la floresta, y más allá, cualquier pájaro que vuela y pasa por mi casa. Si esto es interiorista, soy interiorista. Mi poesía se enmarca en lo general, en lo diurno y lo nocturno, comprende la mitología griega, la mitología romana y latinoamericana.

Esos refugios imaginarios que conforman muchas veces tu poesía se erigen como una verdad alucinante que pretende negar, en gran parte, el lado hostigante de la realidad. 

¿Cuáles crees que sean las demandas críticas de la imaginación poética a una sociedad mal conformada como la nuestra?

Todos los refugios imaginarios de un poeta son válidos. Un poeta no tiene que darle razón a nadie, ni a Dios, de lo que escribe. En última instancia, el juzgador de toda conducta humana, es el hombre, también deleznable.

Creo en mi entorno que me da holgura y sentimiento. Creo en los naranjos, en los limoneros. Creo en las ardillas. Creo en las tejas. Creo en la mirada que me seduce. Creo en el brazo que me conduce a algo. Creo en el libro. También creo en ángel de Rilke. Amo los seres que, fuera de este mundo, como decía Baudelaire, ansiaban otro mundo mejor. Creo también en los perros tristes, en los perros pobres, en los vagabundos pero, sobre todo, creo en la bondad humana que no se agota aun cuando los Perros de la Guerra quieren exterminarla.

La poesía, aunque tiene algún destino, se dice que posee pocos lectores en este país, ¿Son responsables básicamente los poetas de que se les lea tan poco?

La poesía no se lee en este país, como no se lee el castellano, como no se leen los libros. Nosotros conocemos el spanglish que el castellano. La nueva poesía no es precisamente difícil, en el sentido de inasible o inaccesible. Lo que ocurre es muy simple: nos hemos acostumbrado a que nos hagan la poesía en Miami o en Disney World para que la consumamos. De allí que para mí tiene más mérito cualquier de un tango de Lepera que la poesía que les enseñan a nuestros escolares. De tal forma que nuestros educandos sabrán mucho más de las cosas que ocurrieron en Hollywood que lo sucedido en su propio territorio. Insisto por eso en que a nuestros jóvenes se les instruya en la verdadera literatura latinoamericana, y no solo eso, sino que se les diga que esta, es una de las más sobresalientes escrituras que existen en el mundo.

La poesía no es rentable para los editores, porque a la edad de consumo se le olvidó que el hombre es un ser trascendente, y como tal, pregunta por cada cosa, pregunta sobresaltado sobre el mundo y su circunstancia. Todos sabemos que nacemos; en el caso de la muerte, las reflexiones las han hecho los poetas. Es por ello que hay como un pudor de esconder la vida, o sea, de esconder la muerte detrás de la vida, sabiendo que la muerte nos aguarda a todos, y, como decía René Char, «Para cada uno la muerte tiene su mirada».

¿Cómo se vincula para ti el quehacer poético con los valores disolutos de la locura y la bohemia?

La bohemia acude en mi auxilio cuando quiero escaparme de tanta porquería humana. Como lo reconoce el Dr. Solanes yo soy un esquizóide, y no loco. Rozo por instantes la esquizofrenia, tratar de comprender la vida de aquellos tristes personajes que están enfermos. Luego paso por una espera. Me hago más sensato, más familiar, más tranquilo; sin embargo, no dejo de ser jamás, aquella molestia que me provocaron aquellos seres que en nombre de la cordura, me martirizaron.


José Solanes

¿Tiene alguna significación para ti vivir y escribir desde la provincia venezolana, desde aquí, desde este pueblo de Nirgua?

Sí, tiene mucha significación, tiene demasiada, tengo demasiado para lo que a mí se me ha concedido como mortal. Tengo un exceso de vida para lo que a mí se me ha concedido. Y no creo en Dios. El hecho de vivir en Nirgua significa tener colinas, vallados, quebradas, casas derruidas, lugares que el hombre no habita ya, bestias que el hombre jamás domará, animales que nunca tendrá, mujeres que
jamás volverán a su lecho, botines, tabaco, nubes que el cielo reclama, alcoholes que no beberá, sangre de toro, sangre de nadie, nieblas, neblina que el viento difuminará …


Nirgua. Fotografía ALBERTO J. SANCHEZ G.

La tradición y lo nuevo, el campo y la ciudad son términos extremos de una cultura en crisis ¿Qué opinas tú en torno al destino de esas dos vertientes de la cultura nacional y cómo incide esta en tu poesía?

Bueno mi escritura poética se hace a partir de un sentir, de una proposición venezolana. La cultura poética venezolana, particularmente la cultura de este pueblo, se hace a partir de un gentilicio, de personas que quieren este pueblo. La cultura de este pueblo es dramática. Porque aquí la autenticidad ha quedado en segundo plano y la verdad también, y los valores también, y lo más dramático de este pueblo es que las familias pudientes son las que manejan la cultura.


Fotografía del poeta Santos López.


Les voy a decir algo: siempre he puesto el nombre de Nirgua en alto y ahora pienso en un poema escrito hace ya tiempo:

Siempre se vuelve al sitio
de la adoración
al venado prisionero de patas febriles
en su campo de hostias y ortigas;
al rincón que guarda
la lagartija de veta azul

(…)

Me siento bien con todo lo que he hecho por mi medio.


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Esta entrevista a Teófilo Tortolero fue realizada por la revista de Arte y Literatura La Oruga Luminosa en 1989, un año antes de la muerte del poeta. Se encuentra publicada en su N°17/18, Agosto 1989, año 8, pp. 3-5, San Felipe, Yaracuy, Venezuela.


Tomado de Revista Poesía


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José Teófilo Tortolero, mejor conocido como Teófilo Tortolero, nació en Valencia, estado Carabobo, en 1936 y falleció en el pueblo de Nirguaestado Yaracuy en 1990. Fue director de los Departamentos de Literatura y Publicaciones de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo. En las revistas "Zona Tórrida" y "Poesía" ocupó los cargos de Jefe de redacción en la primera y corredactor de la ultima. Fue fundador de la colección Separata del Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo.

En 1962 su libro "Demencia Precoz" obtiene una mención de honor en la bienal de Literatura "José Rafael Pocaterra". En 1982, bajo el seudónimo de Lino Blanco, su libro "El Día Perdurable y Otros Poemas" obtiene el primer premio de esta bienal.

Egresó de la máxima casa de estudios carabobeña con el titulo de  abogado pero su verdadera vocación siempre fue la poesía.

Su obra publicada esta conformada por los siguientes títulos:
  • "Demencia Precoz", edición del autor impresa por la Editorial Arte, Caracas, 1968.
  • "Las Drogas Silvestres", Universidad de Carabobo, 1968.
  • "55 Poemas". Antología de la Revista Separata. Universidad de Carabobo, 1981.
  • "Perfuma Jaguaro". Antología Español/Esperanto. Gobernación del Estado Carabobo,1985
  • "La Última Tierra". Ediciones del Gobierno de Carabobo,1990.
  • Antología Mínima". Selección de Luis Alberto Angulo.Revista Auditorio,Nº1. Valencia,1991.
  • "El Día Perdurable".Antología mínima. Cuadernos Cabriales Nª 52. 1991.
  • "El Libro de los Cuartetos". Selección de Orlando Barreto. Ediciones La Oruga Luminosa.San Felipe. 1994.
  • "El Día Perdurable y otros Poemas".Ediciones Poesía,Universidad de Carabobo, Valencia, 1997
Permanecen inéditos de este autor los textos que conforman el libro "La Campana Desierta".

Richard Montenegro


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ENLACES RELACIONADOS:










Teófilo Tortolero, la poesía y la llave sin cerradura















23/05/25

sábado, 27 de julio de 2013

Santos López: Que Farruco Sesto, mal poeta, como ministro organice un festival y se incluya como poeta es un disparate




Fue el organizador de la Semana de la Poesía (Gustavo Bandres)


Estimados Liponautas



Hoy continuamos con la serie de entrevistas unidas alrededor de la polemica generada por el escritor Ricardo Piglia al afirmar que Los escritores del antichavismo , Actúan como los estalinistas”



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"Antes en Venezuela  no había apartheid en la poesía".

  ENTREVISTA  AL POETA VENEZOLANO SANTOS LÓPEZ

"Hoy se le da prevalencia (por su ideología) a obras y creadores que no lo merecen " "Juan Liscano me decía: 'aléjate del poder, el poder es enemigo de la poesía'", señala el poeta.

 

 

DANIEL FERMÍN |  EL UNIVERSAL 


lunes 17 de junio de 2013  

Santos López (El Tigrito, 1955) fue de los primeros que demostró que el público venezolano sí puede acercarse de forma masiva a ver recitales poéticos. Antes de que el Estado le quitara el apoyo, el otrora organizador de la Semana Internacional de la Poesía se dedicó por 12 años a realizar un evento que convocó a decenas de escritores ante cientos o miles de personas. Ese fue el precedente del actual Festival Mundial que organiza la Casa Andrés Bello, sólo que con una diferencia: "Nosotros no metíamos la política, no había apartheid", asegura el también periodista, que lamenta que la división del país haya llegado a las letras.

-El día que anunció la desaparición de la Semana Internacional de la Poesía usted dijo que "la poesía no es revolución sino rebeldía". ¿Hay rebelión en un festival, me refiero al actual, que rinde culto al poder?

-Una de las características del festival es su rasgo político. Yo no comparto esa idea. La poesía es el más libre de los oficios, que involucra la libertad creadora. Cuando tamizas un festival con política será difícil encontrar esa libertad. 


William Osuna


-William Osuna justificó la propaganda política del festival al decir que todo Gobierno está en su derecho de promocionar su cultura.

-Es que el Gobierno no es todo el país. Uno debe ser sensato cuando dice esas cosas (...) La política es una herramienta que no siempre nos tendría que poner en la mesura. No es la práctica que hemos visto en los ministros de Cultura que han antecedido a Pedro Calzadilla. Un ministro que organiza un festival y se incluya como poeta es un disparate, sobre todo cuando es mal poeta.


Pedro Calzadilla


-¿Francisco Sesto?

-Sí.

-Luis Alberto Crespo llegó a decir que Chávez es el poeta más grande del país. Fidel Barbarito también lo llamó así. ¿Tiene el ex presidente los elementos o característica necesarias para ser el homenajeado de un festival mundial de poesía?

-Ese es el peor error que están pagando, el de haberle dado la puerta franca al criterio político en un evento artístico. Es una cuestión que quedará a juicio de la Historia, pero el haberle dado puerta franca a un sentimiento como ese está jalado por los cabellos.


Luis Alberto Crespo


-Hay personas que desestiman el festival por su sesgo político. ¿Se debe desmeritar el talento de poetas participantes en el evento por la ideología que tiene?

-Hay poetas que están al margen de eso, que vienen por otras razones. Algunos porque desconocen la realidad política venezolana; otros, porque les resulta atractivo. No deberían descalificar a todos los poetas. Habrá algunas excepciones.

-¿La poesía que se convierte en militancia no es peligrosa? ¿La escritura que se acerca al poder no pierde el poder de la escritura?

-Eso dicen las enseñanzas de poetas que han estado cerca del fuego del poder: terminan calcinados. Tenemos muchos ejemplos en Venezuela. Recuerdo que Juan Liscano me decía: 'Aléjate del poder, el poder es enemigo de la poesía' (...) El poeta es un creador que ejerce su oficio, no en función de una ideología o una militancia, sino en función de la libertad del hombre. Creo que todo lo que atente contra ello se desnaturaliza y se corrompe. El compromiso del poeta es con la libertad y con el hombre en el sentido de transmitirle un alimento a su alma que lo haga ser un hombre elevado, cercano a la sabiduría de la vida.

Juan Liscano en 1980


-Todos los homenajeados de los festivales anteriores son afines al Gobierno. De hecho, se reunirán el domingo para hacer un recital en el Cuartel de la Montaña.

-Ese es un acto proselitista, eso está ajeno al oficio del poeta. Entre esos homenajeados hay muchos que tienen credenciales importantes, pero hay otros que, en mi criterio, son absolutamente mediocres.


Francisco Sesto

-Parece que se valora a la persona y no a la obra.

-Se valora la filiación política, no la persona. Si fuera la persona, muchos poetas merecerían ser homenajeados, el caso de Rafael Cadenas y tantos otros. La amalgama de la ideología es una cosa peligrosa en el camino de un creador.

-Osuna criticó a Cadenas porque él está en contra de la actual revolución.

-Que tenga una ideología distinta no descalifica su obra. En la Semana Internacional de la Poesía nunca nos detuvimos a registrarle la cartera al poeta, a ver si era adeco, copeyano o comunista. Siempre se le dio cabida a todos valorando estrictamente su aporte artístico, no si era musulmán, judío, cristiano, o era mágico religioso. Interesaba que el poeta hubiese dedicado su esfuerzo, su vida, a la creación o a hacer aportes a un arte como la poesía.


Rafael Cadenas


-Hace ocho años que dejó de hacerse la Semana de la Poesía. ¿Hoy en el país no están dadas las condiciones para que se realice un evento sin apoyo estatal?

-Hoy se han copado todas las esferas de las tomas de decisiones de los poderes, se ha ejercido la posesión, y eso ha oprimido cualquier iniciativa que merezca recursos o aportes, así todo se hace cuesta arriba.

-¿Y qué le queda, entonces, a un poeta de la oposición que no quiera formar parte de los eventos del Gobierno? ¿Protestar? ¿Esperar? ¿Organizar recitales solo?

-Lo que está planteado es esperar que pase la tormenta.

-La literatura hoy está polarizada: hay escritores del oficialismo y de la oposición. ¿Cree que la división del país le ha hecho daño al sector o a las letras nacionales?

-Bastante. Porque se ha priorizado lo que tiene que ver con la ideología del Gobierno. Es doloroso ver que hay poetas que han sido marginados, execrados, por ese mismo hecho. Es un error llevar la gestión con un criterio tan mezquino, tan miserable de ver el país a través de la ideología. La ideología es una peste, es como un cáncer producto de la mente (...) Hoy se le da prevalencia a obras y a creadores que, sencillamente, no la han merecido.


Juan Antonio Pérez-Bonalde


-La Casa de la Poesía Pérez Bonalde, que usted dirigía, tenía un concurso internacional, se preocupaba por la traducción de los autores. Hoy los poetas nacionales se conocen poco afuera. ¿Qué falta para lograr la ansiada internacionalización?

-Uno de los programas nuestros era el intercambio con editoriales hispanoamericanas para poder colocar las voces de nuestros poetas mayores en otros escenarios. Fue así como en muchos eventos invitábamos a directores de editoriales importantes del mundo para que vinieran a familiarizarse, de ahí salieron muchos libros en España, México o Argentina, que eran negociados durante el evento y promovidos en otras latitudes. Ese es uno de los programas que haría falta en este momento para difundir la literatura venezolana que todavía sigue siendo desconocida en el mundo. Hay que darle mayor proyección afuera.

-¿Cree que tenemos poetas para reconocimientos internacionales importantes?

-Hay muchos autores que están escondidos que necesitarían un rescate. La poesía venezolana es una de las más brillantes en el mundo. Aquí hay un gran linaje de poetas.

-¿Y qué otra cosa debería resolver el sector?

-El foco debe estar en las escuelas, en los más jóvenes (...) El mandarriazo tan fuerte que le propinó "Farruco" Sesto a la institucionalidad cultural del país, sólo dejó en pie al sólido Sistema de Orquestas y Coros desarrollado por el maestro José Antonio Abreu, quien inventó la gran fórmula social y cultural para que nuestros niños, desde la escuela primaria, aprendan a convivir y a enamorarse del valor de la palabra poética. El Sistema, que exhibe el rostro más luminoso que tiene Venezuela, es la única fórmula que tendríamos que aplicar en todas las artes para volver a tener en las próximas décadas una élite preparada y experimentada, que sustituya a la mediocre, improvisada y desfasada que entronizó Sesto.



dfermin@eluniversal.com



Tomado de El Universal

 

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Actualizada el 27/01/2024