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miércoles, 28 de mayo de 2025

La Aurora de Trump en la USA gloriosa

 

En marzo del año pasado, The Economist apenas se lo creía. "¿En serio?", se preguntaba. En serio.Tomado de Xataka




Hay un problema moral en Estados Unidos y no es solo Trump


En más de un sentido Estados Unidos está hoy como Venezuela estaba hace 25 años: polarizada, dividida, con la mitad de los votantes atrapada por el resentimiento e hipnotizada por un demagogo mesiánico y ególatra

Elecciones en Estados Unidos

Un seguidor de Trump vestido como el Tío Sam le mostró su apoyo durante un mitin.

MARY ALTAFFER (AP)

BORIS MUÑOZ

OCT 20, 2024 - 00:15 EDT

12

El jefe de policía de Aurora, Colorado, dijo: “La visita de Trump es una oportunidad para mostrarle a la nación que esta es una ciudad considerablemente segura y que no ha sido invadida por una banda venezolana”. El alcalde republicano dijo: “La verdad es que la preocupación por la actividad de las bandas venezolanas ha sido groseramente exagerada”. El gobernador demócrata apuntó en la misma dirección que los otros funcionarios. Pero el candidato presidencial republicano llegó a Aurora prometiendo rescatar a esa ciudad de 400.000 habitantes de la invasión de “criminales viciosos y sedientos de sangre”.


El rescate se llama “Operación Aurora” y consiste en resucitar una anciana ley, el Acta de Enemigos Extranjeros de 1798, que le da al presidente el poder unilateral de cazar, detener y deportar masivamente extranjeros —o incluso recluirlos en campos de concentración— apenas llegue a la presidencia. Basta con ser un inmigrante no ciudadano etiquetado como delincuente. Para Trump, la ciudad es una “zona de guerra” del “crimen inmigrante”.


Aunque la falsedad de estas afirmaciones ha sido comprobada, Trump ha seguido machacando esta violenta retórica antiinmigrante como el mantra de su campaña.


Ya se sabe lo que hay detrás. El expresidente ha centrado toda su carrera política en la creación de un enemigo interno para agitar el sentimiento nacionalista, la paranoia y la xenofobia latente en la sociedad estadounidense. Sabemos cuál es el guion de la película de fantasía apocalíptica que Trump lleva años sembrando en la mente de los ciudadanos: Estados Unidos es un “país ocupado” y a punto de ser conquistado por una invasión de millones de migrantes —a los que llama “animales”, “criminales”, “terroristas” y “enfermos mentales”—, una invasión bárbara. Su rival demócrata, Kamala Harris, a quien etiqueta como marxista de extrema izquierda, quiere entregar el país a los bárbaros. Solo él puede salvar a la nación y devolverle su grandeza.


Aunque en los últimos años ha habido una crisis migratoria impulsada por una variedad de razones, todo lo anterior es una patraña, cuyas mentiras flagrantes han sido refutadas sin cesar. Más o menos la mitad de los votantes que irán a las urnas el cinco de noviembre, lo tiene claro. ¿Pero qué hay de la otra mitad? ¿No es escandaloso que cerca de 50% de los votantes —vale decir medio país— haya sucumbido a una campaña de desinformación y falacias cuidadosamente orquestada?



El problema no es solo que esos votantes estén a punto de darle a Trump el inmerecido premio de una segunda presidencia, sino que con sus votos estén aprobando de modo voluntario una ficción basada en el odio al inmigrante y en una supuesta superioridad y pureza racial blanca que va contra vía de la multiplicidad racial y cultural del país. El riesgo de fondo consiste en premiar un proyecto de país deshumanizador que tendrá consecuencias de todo tipo. Siguiendo la torcida lógica trumpista, la primera de ellas es que los inmigrantes serán considerados seres de otra especie. No son iguales a “nosotros” — ”We the people”. Son inferiores, salvajes y degenerados que solo vienen a corromper a una sociedad virtuosa, la nación más grande de la historia.


Pero el guion va más allá de los inmigrantes, la xenofobia y el nacionalismo, a los que Trump acude como pivotes de campaña. Con su verbo incendiario, el candidato explota los bajos instintos, el tribalismo y la ansiedad cultural en un mundo de cambios vertiginosos, con miras a conseguir una patente para remodelar al país a la imagen y semejanza de los ideólogos de ultraderecha que lo acompañan.


Ellos, los Stephen Millers, los Steve Bannons y los Elon Musks de la hora, quieren deshacer tornillo a tornillo avances democráticos y derechos arduamente conquistados para reemplazarlos con un sistema altamente jerarquizado y discriminatorio en el que unos serán más iguales que otros. Son los cerebros de una reingeniería social reaccionaria. Comienza por el gobierno y sus instituciones, pero abarca todos los ámbitos de la sociedad, incluso las decisiones sobre el propio cuerpo, como lo evidencia el ataque contra los derechos reproductivos de las mujeres. Esta agenda lleva más de tres décadas en desarrollo, pero su acelerado avance solo fue posible gracias a Trump.


La clave del éxito de este hombre ha consistido en combinar en una sola figura al patán y al vengador. El primero normaliza la degradación, el ultraje, la mofa y el insulto; el segundo promete resarcir a todos los que, por causas legítimas o no, estén envenenados por algún tipo de resentimiento, algunos de ellos larvados de manera subterránea por décadas de creciente inequidad socioeconómica y guerras culturales.


Esta narrativa viene arrastrándose desde que Trump empezó su primera campaña presidencial en 2015 llamando a los mexicanos violadores, los “bad hombres”. De hecho, se ha convertido en parte del discurso público hasta llegar a ser aceptada sin mayores reparos por buena parte de la población. Y ahí está el detalle que no hay que pasar por alto. Según un reportaje del The New York Times, muchos de los votantes de Trump, incluso aquellos mejor informados, más acaudalados y educados, no creen que vaya a cumplir con las amenazas más radicales de su campaña.


Por ejemplo, no creen que vaya a instrumentalizar la justicia para perseguir y encarcelar a sus enemigos —lo que ya hizo en su presidencia—, o deportar masivamente a millones de migrantes indocumentados —lo que también llevó a cabo a razón de un millón por año—, o purgar el gobierno de quienes crean que perdió las elecciones de 2020.


Con extraordinaria candidez, muchos de los votantes de Trump se niegan a ver que sus exabruptos pueden convertirse en realidad apenas pise de nuevo la Casa Blanca. Prefieren, eso sí, pensar que los medios inventan o exageran, que Trump dice lo que dice para hacerse publicidad, que se trata de una estrategia retórica para asustar a sus adversarios.


Esto fue lo que le dijo Tom Pierce, un ex ejecutivo de finanzas, al reportero del Times, Shawn McCreesh, cuando le preguntó sobre los planes de Trump: “Él puede decir cosas y hacer enojar a la gente, pero cuando se da la vuelta dice, ‘No, no lo haré’. Es una negociación, pero la gente no lo entiende”. El autoengaño del señor Pierce es sintomático de lo que ocurre con buena parte de la sociedad estadounidense.


Como venezolano tengo algo de experiencia con amenazas que son tomadas por ardides para negociar. Como Trump, Hugo Chávez fue también un demagogo carismático y populista. Llegó al poder en 1999 prometiendo arrasar con la clase política que lo precedió, acabando con las “cúpulas podridas y corruptas”. Para echar abajo la democracia venezolana, copó el aparato del Estado con sus adeptos más fanáticos, al igual que hoy lo propone Trump. Los venezolanos le entregaron su voto a Chávez, a cambio él llevó a cabo una reingeniería total del país llamada revolución bolivariana e impuso el socialismo del siglo XXI.



JFK, Lincoln, Teddy Roosevelt, Franklin D. Roosevelt y Washington observan con espanto el ascenso de Trump, el 45º presidente de los Estados Unidos, meses antes de que se consumara su elección. El New Yorker contraponía la histórica dignidad y alta clase política de algunos de los presidentes más notables de la historia del país frente a las maneras zafias y demagogas de Trump.Tomado de Xataka


Un cuarto de siglo después, la que fuera una de las naciones más ricas de América Latina es un Estado fallido y, lo que es peor, una nación arruinada de la que huye todo el que puede. Ya sé que Estados Unidos no es Venezuela. No, no lo es, pero en más de un sentido Estados Unidos está hoy como Venezuela estaba hace 25 años: polarizada, dividida, con la mitad de los votantes atrapada por el resentimiento e hipnotizada por un demagogo mesiánico y ególatra, al que está a punto de darle un cheque en blanco.


La responsabilidad de quienes hemos vivido la destrucción de una democracia a manos de grupos extremistas, fanatizados y corruptos, es alertar sobre lo que vemos y señalar un mejor camino cuando este existe. En este momento, hay que decir que la barbarie no viene de afuera, es la que entrañan Trump y sus sicofantes al enarbolar una utopía reaccionaria que demanda el regreso a una nación pura gobernada por hombres blancos.


La democracia moderna está basada en un sistema de derechos y libertades no solo para algunos ciudadanos sino para todos, pero se suele olvidar que una sociedad democrática implica también deberes. Uno de los deberes principales del ciudadano es usar el pequeño gran poder del voto para conjurar el peligro inminente de que la democracia sea derribada desde adentro. Otro es ayudar a construir una sociedad más justa y equitativa. En eso consiste la grandeza de la democracia frente a los otros sistemas políticos, incluyendo la plutocracia racista y sexista que busca implantar Trump. En momentos en que el experimento democrático americano se encuentra al borde del abismo, no sobra recordarlo.


Como venezolano que vio caer la democracia en su país, sé lo urgente que es defenderla en Estados Unidos. Y como inmigrante latinoamericano que ha recibido muchas y grandes oportunidades en este país, no pienso dejar de cumplir mis deberes ni entregarle mis derechos a una falange de extremistas.

Haciendo a América grande otra vez. Pero no del modo en el que se refiere Trump. Sino de otro muy distinto. Todo simbolismo.Tomado de Xataka


Boris Muñoz es cronista y editor venezolano. Es curador de IDEAS de la plataforma BOOM y columnista de EL PAÍS. Fue fundador y director de opinión de The New York Times en Español.



https://elpais.com/us/2024-10-20/hay-un-problema-moral-en-estados-unidos-y-no-es-solo-trump.html


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sábado, 16 de septiembre de 2023

NUEVA LITERATURA ALEMANA ESCRITA POR NEGROS

 

Alemania es el campeón de la Copa Mundial de Baloncesto FIBA 2023 / Ezra Acayan/GettyImages



Estimados Liponautas

Hace unos días la selección alemana de baloncesto logró titularse como campeona mundial al vencer a la selección de Serbia en la final con un marcador de 83-77, logrando su primer título de la Copa Mundial de Baloncesto FIBA de forma invicta. En la selección alemana participaban cuatro jugadores de ascendencia africana Maodo LôIsaac BongaJohannes Thiemann y el jugador mas valioso del torneo Dennis Schröder, pero no por eso menos alemanes que el resto de sus conciudadanos. Este hecho solo demuestra la inevitable tendencia de la mezcla cultural y étnica que será la mayor bandera que ondee en el futuro de la humanidad.

Jesse Owens hubiese disfrutado de este triunfo...



Jesse Owens - 1936 Olympics


Este logro deportivo nos pareció lo más adecuado para abrir la siguiente nota extraída de la Revista Humboldt. El título de la nota lo modificamos porque creemos que la literatura no tiene color.



Esperamos disfruten de la entrada.


Atentamente


La Gerencia



Germany 🇩🇪 taste World Cup glory after beating Serbia 🇷🇸 in the #FIBAWC 2023 Final







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Sharon Dodua Otoo en la entrega del Premio Ingeborg Bachmann de 2016. | Foto (detalle): © picture alliance/dpa/ Susanne Hassler



LITERATURA ALEMANA NEGRA

Hacer las preguntas correctas

Sharon Dodua Otoo

 


En la Alemania multicultural ser negro debería formar parte de la normalidad. Sin embargo, muchas personas todavía deben enfrentarse a la discriminación cotidiana e incluso a un racismo indisimulado. Sus historias se reflejan cada vez más en la literatura alemana.


Un discurso sobre arte negro y contra el racismo pudo escucharse en 2020 en las Jornadas de Literatura en Lengua Alemana, en las que todos los años se concede el Premio Ingeborg Bachmann a un destacado texto en prosa. El discurso lo pronunció la galardonada de 2016, la escritora Sharon Dodua Otoo y, así, por primera vez una escritora negra.

 

Desde la distinción de Otoo en 2016, la literatura alemana ha podido registrar toda una serie de éxitos alcanzados por personas negras. Ahora algunas de sus novelas aparecen en grandes editoriales y alcanzan a un público amplio. También el debut de Olivia Wenzel 1000 serpentinen angst (100 serpentinas de miedo), nominado al Premio del Libro Alemán en 2020, y la novela Brüder (Hermanos) de Jackie Thomae recibieron gran atención. Los rankings de la revista Der Spiegel incluyeron e incluyen obras de autores alemanes negros: la autobiografía de Florence Brokowski-Shekete Mist, die versteht mich ja! Aus dem Leben einer Schwarzen Deutschen (¡Maldición, ella me entiende!), Exit Racism – Rassismuskritisch denken lernen (Exit Racism: aprender a pensar en clave crítica del racismo) de Tupoka Ogette, Was weiße Menschen nicht über Rassismus hören wollen, aber wissen sollten (Lo que las personas blancas no quieren oír pero tienen que saber sobre el racismo) de Alice Haster y, por último, Adas Raum (El cuarto de Ada) de Sharon Dodua Otoo.


La escritora Tupoka Ogette recibió en la entrega de premios “About You” (2021) el galardón de la categoría “Idol of the Year“. Foto (detalle): picture alliance/dpa/Henning Kaiser

La escritora Tupoka Ogette recibió en la entrega de premios “About You” (2021) el galardón de la categoría “Idol of the Year“.


Esas obras muestran de modo ejemplar de qué temas se ocupa la literatura hecha por escritores alemanes negros. El aspecto principal sigue siendo el racismo y las formas de discriminación vinculadas a él: la amenaza física por parte de los neonazis, el racismo en la familia, el apoyo psicosocial inadecuado por desconocimiento de las condiciones de vida de las personas negras, la discriminación en el mercado inmobiliario, las atribuciones estereotipadas de la época colonial asumidas irreflexivamente, y el destrato cotidiano en el plano personal. A pesar de todo, esos textos que describen el racismo individual y estructural hacen presencia y, aunque los interrogantes estén planteados de antemano por la sociedad, son en parte las personas negras mismas las que están brindando respuestas. Todo esto constituye la novedad de los últimos años.


¿De dónde es usted?

Por ejemplo, a través del renacimiento de Ada, la protagonista, Adas Raum combina la época del colonialismo incipiente de finales del siglo XV con la Berlín del siglo XXI. Como ya ocurría en su narración breve que obtuvo el Premio Bachmann, también en Adas Raum Otoo convierte a los objetos en narradores con todos los derechos. Por su parte, Olivia Wenzel elabora de modo dialógico la vida de la narradora en primera persona, que crece en Alemania Oriental y se socializa en el país reunificado de los años noventa: por momentos el fluir de la narración se ve determinado (o perturbado) por preguntas que una persona en off le dirige a la narradora y, a su vez, las preguntas que le hace la narradora a esa persona en off modifican los acontecimientos. Se trata de diálogos entre el yo y la sociedad, en los que se cristalizan diferentes aspectos del hecho de ser negro en Alemania. Los diálogos cuentan cómo se cuestiona de modo permanente la pertenencia a la sociedad alemana, hablan de un racismo omnipresente y de una profunda inseguridad.


La autobiografía de Florence Brokowski-Shekete, Mist, die versteht mich ja!, en venta desde el otoño de 2020, cuenta la historia exitosa de una mujer que logra ser la primera supervisora escolar negra de Alemania. El libro comienza con la pregunta que atraviesa todas las biografías de las personas negras que viven en Alemania: “¿De dónde es usted?” y su callada implicación de que las personas negras no pueden ser alemanes verdaderos. De modo semejante a autobiografías de alemanes negros aparecidas anteriormente, este libro contrapone a esa pregunta la propia perspectiva. Muestra la capacidad de resistencia y la fuerza que se necesitan para superar las barreras que crea esa actitud.


La eterna pregunta por el “ser alemán”


En la antología Kinder der Befreiung (Hijos de la liberación), editada por Marion Kraft, los propios afectados hablan de su vida y sus experiencias en la Alemania de la posguerra. Foto: © Unrast Verlag


Hace tiempo que la literatura alemana negra intenta transmitir que ser negro y alemán no sólo es posible sino también normal... Es que durante mucho tiempo no se lo consideró así. El libro testimonial Farbe bekennen (Confesar el color) (1986) de la poeta May Ayim describe un debate producido en los tempranos años cincuenta. Cuando se avecinaba el ingreso a la escuela de los niños que las alemanas blancas habían tenido junto con afroestadounidenses, la república entera y hasta el parlamento se involucró en el debate de cómo tratar a esos niños y seriamente se pensó en llevarlos “a la patria de los padres”. Los afectados tomaron la palabra en la antología Kinder der Befreiung (Hijos de la liberación) (2015). La problemática subsistió hasta los años noventa: en su autobiografía Kind Nr. 95 (Niño Nr. 95) (2009) Lucia Engombes narra cómo, hija de luchadores del SWAPO, fue llevada a Alemania Oriental, creció allí y fue deportada después de la Caída del Muro a una Namibia casi completamente desconocida para ella.

 

Es en las obras biográficas donde se manifiesta con más fuerza qué significa para las personas negras de Alemania toparse una y otra vez con la pregunta por la alemanidad. Durante mucho tiempo, ser alemán y además negro, como reza el título –Deutsch Sein und Schwarz dazu (2013)– del libro de Theodor Wonja Michael, sobreviviente del Holocausto recientemente fallecido, y como lo describió Ika Hügel-Marshall en su autobiografía de 1998, Daheim unterwegs – Ein deutsches Leben (En casa en el camino. Una vida alemana), sólo parecía posible si uno lograba afirmarse contra resistencias considerables.


Que la literatura negra de Alemania tenga tanta demanda quizás se deba a que nuestra sociedad está encontrando y experimentando respuestas contemporáneas a la pregunta por la propia identidad, a la pregunta de quiénes somos, quiénes queremos ser y qué significa ser alemán en una sociedad que se transformó profundamente en el plano demográfico, político, cultural y literario desde la Segunda Guerra Mundial.


junio 2021




Sharon Dodua Otoo (Londres, 1972) es autora y activista política. Escribe prosa y ensayos y es la editora de la serie de libros en inglés "Witnessed" (edition assemblage). Sus primeras novelas “die dinge, die ich denke, während ich höflich lächle” (las cosas que pienso mientras que sonrío amablemente) y “Synchronicity” fueron publicadas en 2017 por S. Fischer Verlag. Otoo ganó el Premio Ingeborg Bachmann en 2016 con el texto Herr Gröttrup setzt sich hin (El Sr. Gröttrup se sienta). En 2020 pronunció el Discurso Klagenfurt sobre Literatura, intitulado Dürfen Schwarze Blumen malen? (¿Tienen los negros permiso de pintar flores?), que fue publicado por Heyn. Su primera novela en alemán, Adas Raum, fue publicada por la editorial S. Fischer en febrero de 2021. Otoo está activa políticamente en la iniciativa Schwarze Menschen en Deutschland e. V. (Personas negras en Alemania) y Phoenix e. V. (Fénix). Vive con su familia en Berlín.


Traducción: Nicolás Gelormini


Tomado de Revista Humboldt


domingo, 7 de noviembre de 2021

LA POESÍA DEL HOLOCAUSTO.

Conferencia impartida por Carlos Morales del Coso

 


Imagen tomada de Jotdown.


Estimados Amigos

Hoy compartimos con ustedes esta conferencia que nos obsequio el escritor Carlos Morales del Coso, con la finalidad de compartirla con todos nuestros lectores. Al final del texto podrán disfrutar la conferencia en video.


Esperamos que el material sea de su agrado.


Atentamente:


La Gerencia.


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LA POESÍA DEL HOLOCAUSTO

Carlos Morales del Coso*

 

Quede aquí mi gratitud hacia el profesor

y poeta de dicho cuerpo universitario

don Víctor Toledo,

que ha hecho posible mi participación

en las sesiones del Congreso.

Ambos nos debemos una charla y una

botella de vino como manda Dios

y los duendes de los ríos de su tierra.

 

 




SIETE DÉCADAS DESPUÉS SEGUIMOS SIN SABER

QUÉ NOS IMPIDE HABLAR DEL HOLOCAUSTO 

A pesar de las más de siete décadas transcurridas desde su culminación, seguimos sin saber todavía las razones que nos impiden hablar del Holocausto con la naturalidad con que solemos hablar de otros hechos dramáticos de nuestra Historia, como pueden ser la Revolución Francesa, o la revolución soviética de 1917


EL ARTE HA JUGADO UN PAPEL MONUMENTAL EN EL PERFILAMIENTO DE UNA CONCIENCIA SOBRE ESTE GIGANTESCO APOCALIPSIS 


Algunos historiadores, como Iam Kershav, no han dudado incluso, en acusar al Mundo del Arte de esta circunstancia, responsabilizándolo de haber escarbado en los lados más más brumosos y oscuros de aquella Catástrofe, con el objeto de fidelizar a sus consumidores y fortalecer sus cuotas de mercado. Sin embargo, el hecho de que esa perversión de la que habla el gran biógrafo de Hitler haya ocurrido más de una vez, no le da derecho a nadie a lanzar un anatema tan general y tan aplastante sobre el papel monumental jugado por el mundo del Arte y el de los grandes medios de comunicación de masas, no sólo en la universalización del conocimiento de los hechos que jalonaron aquella carnicería monumental sino, también,  en el delicado perfilamiento de la Conciencia que el mundo ha logrado construirse de aquel gigantesco apocalipsis. 

Iam Kershav. Imagen tomada de Wikipedia. 


No sería justo, y no lo sería por dos razones; en primer lugar, porque dentro de la misma Historiografía, son muchos los autores -y en este caso no me refiero a Kershaw, al que admiro- que han tergiversado y manipulado infinidad de veces el Holocausto hasta convertirlo en un arma arrojadiza que disparar contra los adversarios ideológicos de un mundo desgraciadamente polarizado como el nuestro. 


EL ARTE Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN FUERON LOS UNICOS EN PONERLE NOMBRE Y APELLIDO AL DOLOR 


Y, en segundo lugar porque antes de que la Historia pudiera acceder a los archivos de las cancillerías para poder ofrecer su visión del exterminio al que fue sometida la judería europea, el mundo del arte y el de los medios de comunicación fueron los únicos que se atrevieron a intentarlo y a poner nombre y apellidos a aquel pozo de dolor que nos hizo nacer desnudos a un mundo nuevo, y también desamparado, para poder reconstruir los valores sin los que no es posible hablar de Civilización. 


Pero no se trata aquí de imponer ninguna hegemonía ni para el lenguaje del arte ni para el de la Historia. Ambos pueden ir de la mano; son en realidad, caminos distintos para intentar el conocimiento, así como reformular la conciencia del mundo que aquello nos dejó,  y poder como especie humana mirarnos frente a frente en nuestro espejo con el objeto de encontrar los hilos por cuya naturaleza nos sea dada la posibilidad de suturar los bordes mal cauterizados de la herida que dejó la Shoah, cuyo escozor parece seguir resistiéndose a morir.    


LOS JUICIOS DE NUREMBERG,  EL ENJUICIAMIENTO DE EICHMANN Y EL PROCESO CONTRA AUSCHWITZ ABRIERON AL MUNDO LA DIMENSIÓN DEL GENOCIDIO 


No es este el momento de analizar el papel jugado por el Arte y los medios de comunicación en esta tesitura, al que dediqué un amplio artículo en un volumen colectivo titulado El Delirio nihilista, Y a cuyo importancia dedicó en sus estudios y conferencias el profesor y superviviente Jaime Vándor a lo largo de los últimos días de su vida. 

Jaime Vándor. Imagen tomada de La Vanguardia.


Más o menos, la cosa ocurrió así. La proyección sobre el mundo, durante las décadas de los años cuarenta, cincuenta y sesenta del pasado siglo, que los medios de comunicación arrojaron sobre el mundo de los juicios de Núremberg, así como del enjuiciamiento de Eichmann en Jerusalén y el macroproceso seguido contra Auschwitz en la ciudad de Fráncfort, pusieron a la civilización de Occidente frente al hecho de que el más descabellado genocidio de la Historia había sido intelectualmente originado y ejecutado con perfección industrial en el corazón de la que, como Alemania, era tenida como una de las naciones más cultas y avanzadas del mundo Occidental. De nuestro mundo. 


ESO HIZO IMPOSIBLE HABLAR DEL HOLOCAUSTO

COMO OTRO HECHO DE LA HISTORIA 

La conciencia de que, como civilización no parecíamos ser mejores ni más perfectos que otras  civilizaciones más primitivas y menos organizadas que la nuestra nos llenó de estupor, e hizo imposible que se pudiera hablar del Holocausto, nuestro genocidio, con la naturalidad precisa con que lo hacíamos de otros acontecimientos de nuestra Historia. Todo aquello generó multitud de debates en todos los territorios de nuestra cultura, y resquebrajó los diques que habían mantenido en el silencio el mundo del arte y la voz dolientes de los supervivientes. 


Carlos de la Rica, en su biblioteca. Fotografía de JOSÉ LUIS PINÓS. Imagen tomada de ABC.



LA POESÍA NO SE QUEDO ATRÁS 


El cine, la novela, las memorias biográficas, el teatro, incluso el cómic se lanzaron con auténtico frenesí a aquel abrevadero del dolor que fue el Holocausto. Aunque su papel en la construcción de la conciencia fue de menor envergadura, la poesía no se quedó atrás. Durante muchos años, sus protagonistas fueron los poetas que habían sobrevivido a la Catástrofe, así como aquellos que, sin ser judíos, la habían tocado con las yemas de sus dedos y aquellos que no habiéndolo vivido en carne propia se vieron concernidos por aquel apocalipsis. 


Uri Grinberg. Imagen tomada de Wikipedia.


DE LAS DIVERSAS FORMAS DE ENCARAR EL SUFRIMIENTO 


Una poesía la de estos hombres y mujeres construida sobre un lenguaje simbólicamente complejo -que, en el caso de Celan, condujo a un lenguaje fracturado u originalísimo- y a un universo emocional elevado sobre la culpa de haber sobrevivido a la Catástrofe, orientada insistentemente a elevar una o varias formas de conciencia de lo que ocurrió, que oscilaban entre la visión anticristiana de Uri Grinberg y Paul Celan, y la quienes como Jaime Vandor y Carlos de la Rica proponían la necesidad de un reencuentro entre el cristianismo y el cristianismo que, en opinión de la israelí Margalit Matituahu, debía extenderse a la cultura árabe, mediante el combate contra los prejuicios intelectuales y vitales que impedían el desarrollo de un mundo mínimamente armónico entre civilizaciones separadas pero condenadas a entenderse. 

Margalit Matituahu. Imagen tomada de Wikipedia.

UN VISTA A LA OBRA DE LOS SOBREVIVIENTES 


Y tras la caída a finales de la década de los ochenta del Muro de Berlín y la implosión de los criminales totalitarismos comunistas, comenzaron a llegarnos como una auténtica marea las traducciones a lenguas universales de la obra de los poetas que no lograron sobrevivir al Holocausto. A diferencia de la de los supervivientes, y para nuestra sorpresa, la escritura de estos creadores se orientó a dar testimonio, sin meandros literarios, de la arbitrariedad en los  en los campos de la vida y la muerte, a evocar el hambre y las visiones presentidas de la muerte, y a dejarse llevar por los vientos de las melancolía como única forma viable de supervivencia. 

Caída del Muro de Berlín. Imagen tomada de CNN en español.


Permítanme ahora que les lea tres poemas recogidos en la Antología de la poesía del Holocausto, que está próxima a salir en los primeros meses del año próximo gracias, entre otros al impulso originario de don Víctor Toledo y La Universidad de Puebla y Centro Sefarad de Madrid.


 

Auschwitz I. Imagen tomada de Wikipedia


PAVEL FRIEDMANN

EL ADOLESCENTE GASEADO 

El primero de ellos es un poema por el adolescente Pavel Friedmann, que murió gaseado en Auschwitz el 29 de spetiembre de 1944, y en el que utiliza la métáfora de las mariposas como el gran elemento figurativo del hambre que llevaba a los niños a cazarlas con desesperación, para no morir de hambre.


 (7 de enero de 1921 – 29 de septiembre de 1944)


Imagen tomada de Éxito y superación personal.



La última mariposa

Traducción y versión de Jaime Vándor y Carlos Morales

Theresientadt, 4 de junio de 1942


 La última,  precisamente la última,


era de un brillante amarillo que aún me deslumbra.

Era como si el sol no pudiera dejar de llorar sobre las piedras...

Tan amarilla era, y volaba ligera hacia lo alto

Seguramente quería despedirse del mundo, con un beso.

Hace siete semanas que vivo encerrado en este gueto,

al lado de mi gente, y las flores me llaman,

y la rama blanca del castaño del patio.

Pero ya no he vuelto a ver más mariposas.

Aquella fue la última mariposa que yo vi.

Aquí, en el gueto, las mariposas ya no saben, no pueden volar.

La última mariposa…

Imagen tomada de Colorado Holocaust Educators.



En el  segundo, La Libertad Pequeña, de Ilse Weber, se manifiesta la voluntad testimonial de una poesía orientada a dejar constancia de lo que se vive y de esa muerte que se advierte, y que, al final, se eleva como última esperanza.




La Estatua de la Libertad o La Peregrina como la llaman en Valencia, la de Venezuela. Cuando estaba ubicada en la Avenida Bolívar Norte frente al rectorado en los años 50.



Ilse Weber

Libertad pequeña

 

Traducción y versión de Jaime Vándor y Carlos Morales del Coso

 


Allí donde el vigía monta la guardia,


ante el espacio verde de los prados


en los que se dibuja el camino hacia Bauschowitz,


termina el gueto.


 


Allí se cierra el pétreo cerco de los murallones


y se abre el camino hacia los humanos.


¡Uno querría tanto estar con ellos,


y compartir su respiración, y su esperanzas!


 


Pero el cerco nos rodea, y el vigía


permanece erguido y silencioso sobre el puente.


 


Nosotros, como mendigos pobres y quebrantados,


sólo suplicamos con los ojos un poco de pan.


 


No tenemos dudas: de aquel mundo


nada forma parte ya de nuestra vida.


Sólo nos ceden generosamente


un campo lejano cubierto de hierbajos.


 


Allí estaremos a salvo, libres,


no necesitaremos hogares ni riquezas.


 


Y no habrá un guarda que nos cierre el paso


cuando en él, sombríos, nos den la sepultura.


Ilse WeberImagen tomada de Wikipedia.



 

Imagen tomada de Re:thinkworship

Paul Celan

(1920-1970)

Tenebrae

Traducción y versión de Jaime Vándor y Carlos Morales del Coso


Con el Tenebrae, de Paul Celan, se pretende dar cuenta de la importancia que tenía para los supervivientes, detenerse con su poesía en la reflexión éstética y moral sobre la naturaleza de la tragedia que vivieron, y del uso capital que hicieron de los recursos literarios del lenguaje poético. Celan creyó hasta su muerte que el Holocausto fue la culminación de dos mil años de cristianismo.


 


Cerca estamos, Señor,


cercanos y apresables.



Presos ya, Señor,


engarzados los unos en los otros, como si


cada uno de nuestros cuerpos fuera


tu cuerpo, Señor.


Ruega, Señor,


ruéganos,


estamos cerca.


Agobiados íbamos, encorvados bajo el viento


hacia la fuente, hacia la zanja,


para arrodillarnos sobre el charco y sobre la oquedad.



Al abrevadero íbamos, Señor.


Era sangre, la sangre


que tú mismo derramaste, Señor.


Y relucía.


Nos arrojaba tu imagen a los ojos, Señor.


Los ojos y la boca tan vacíos, tan abiertos, Señor.


Hemos bebido, Señor.


La sangre y la imagen que en tu sangre estaba, Señor.


Ruéganos, Señor.


Estamos cerca.


Paul Celan en París / Fotografía de Lufti Özkök, 1963.Imagen tomada de Prodavinci.



  Arturo Borra 

Hatikva (Esperanza)

Figuras de asfixia

Editorial Germanías, Valencia, 2012


Y en último término dejamos sobre la mesa el poema Hatikva, del poeta argentino Arturo Borra, que hace descansar la Esperanza del nuevo Israel sobre la esperanza que entonaron con su muerte los viejos, las madres y los niños que acabaron su vida en el Holocausto. Un poema realmente fabuloso, con la que quiero manifestar mi gratitud hacia los hijos de mi otra patria mexicana.


Imagen tomada de Frases de la Vida.


Con la punta del fusil en silencio los enfilaban. 


Traían la promesa de Heydebreck pero la desmentía el trayecto exiguo.


 Oscuramente lo sabían los cuerpos, las manos, la nuca.  


Vendrá el amanecer pero el frío del metal sobre la espalda venía a


 desmentirlo. La orden de desvestirse confirmó lo que todos temían: una ducha


 blanca no es lluvia.  


Entonces desobedecieron. Con el presentimiento de la ceniza


se destrabó la garganta. 


 


Y cantaron. Y el canto llenó el vacío del vestuario y    su miedo


también fue ceniza en un salmo de viento. 


 


Y la noche blanca cantó 


en la hora angosta donde se asfixia la última resistencia


entonando uno a uno  sus himnos


desnudos de pura pérdida


desnudos en los márgenes del cielo.


 


Y en pie siguieron cantando "Hatikva"


mientras las culatas se empecinaban en acallar la canción


           final.


 


Y cantaron los viejos    las madres con sus hijos en brazos         


cantaron los hombres


        todo el campo cantó


como pueden cantar 3792 muertos que enloquecen de esperanza. 


 


(Alemania, 9 de marzo de 1944)


 

Arturo Borra. Imagen tomada de Bestia Lectora.


* Conferencia impartida vía en línea en el Congreso Internacional de Poesía y Poética, el 27 de octubre del 2021, en la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad Mexicana de Puebla




La poesía del holocausto


Tomado de Embustería








Carlos Morales es autor, como poeta, de "Palabras de Tierra y Vino" (1982), "S" (1984), "Un rostro en el jardín" (2000), "Il tridente nel giardino" (2000), "El libro del Santo Lapicero" (2000) y "Salmo" (2005). Traducido a varios idiomas, publicó en el año 2003 una de las versiones más celebradas de El Cantar de los Cantares. Como antólogo, ha editado la "Poesía secreta" de Federico Muelas, "El cántio de la Creación", de Carlos de la Rica y "Coexistence", una antología de poetas árabes y hebreos que trabajan por la reconciliación. Como editor, dirige "El toro de barro" (la segunda colección de poesía más antigua de España), los "Cuadernos Sefardíes" (con M. Matitiahu) y la "Biblioteca del Holocausto" (con J.Vandor). Actualmente, codirige con Juan Ramón Mansilla la revista "Hilos de araña". Ha dirigido en TV Toledo el programa "El suelo perdido"