Mostrando entradas con la etiqueta Manga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Manga. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de noviembre de 2022

La Sirena (Ningyo) de Osamu Tezuka (1964)




Estimados Amigos


A raíz de la ultima publicación dedicada a la animación hemos recibido algunas quejas por no haber colocado mas entradas sobre este tema  y por no haber publicado nuevamente algo sobre el maestro japones del manga y el animé Osamu Tezuka desde el año 2011.


  
Hoy  cumplimos con las exigencia de nuestros lectores así que compartimos con ustedes un cortometraje experimental Sirena (Ningyo) de Tezuka de 1964, un año posterior al estreno de la serie animada televisiva, o animé, de Tetsuwan Atomu (Astroboy), producción con la nuestro doctor Tezuka (era médico de profesión) conformó la estructura aún vigente de la opresiva industria del animé. A continuación compartiremos con ustedes el intro de Astroboy de 1963, tanto en versión en español latino como en su versión japonesa para que puedan establecer algunas comparaciones ante ambas producciones. Advertimos que el intro en español tiene un audio no muy bueno.
 
 
Astroboy 1963 Intro Latino
https://www.youtube.com/watch?v=BnfqMDxaST8 
 




 
Astro Boy (1963) 1080p Japanese Opening Version 2
https://www.youtube.com/watch?v=QsIv3Se1eLo


Ahora tendrán la oportunidad de disfrutar del cortometraje "Sirena" donde podrán ver la historia de un joven que al salvar a una desvalida criatura en la playa logra conseguir el amor y una ventana a un mundo ajeno a la mayoría de humanos. Y de como su felicidad es coartada porque él algo diferente a la opresiva y cuadrada mirada de la mayoría. Hasta que logra recuperar el objeto de su amor al aceptar nuevamente su propia forma de mirar.




Esperemos disfruten del corto experimental....



   
  Osamu Tezuka's Mermaid (1964)
https://www.youtube.com/watch?v=yIUuypbhNkA


Como podrán haber notado las diferencias estéticas entre Astroboy y Sirena son notables. Astroboy es una producción anclada en el estilo visual propio creado por Tezuka y aplicado a la mayoría de sus obrar mientras que Sirena presenta un estilo visual desprovisto del ornamento superfluo con la intención de hacernos llegar el mensaje del "dios del manga".

Osamu Tezuka junto a algunos de sus personajes.



Esperamos hayan disfrutado del cortometraje.

La gran Marcha de los personajes de Tezuka.
 


En Venezuela Tezuka es muy conocido por las versiones animadas de sus mangas como Astroboy (Tetsuwan Atom) , La Princesa Caballero, en japones Ribbon No Kishi del año 1967; Kimba El León Blanco, Janguru Taitei; Tritón, Umi no Toriton y muchísimas más series y personajes.




Debido a un cáncer estomacal Osamu Tezukamanga no kamisama, el dios del manga muere el 9 de febrero de 1989 oficialmente pero Tezuka vivirá por siempre:

Viva el manga no kamisama!
Viva!



 
Tritón Intro Latino Remasterizado

*******









Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Pohttp://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas tangibles y electrónicas hispanas Fantastic-Films NeutrónAlfa Eridiani, Valinor, miNaturaTiempos OscurosGibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en la revista cubana digital Korad y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.


Enlaces relacionados:

Hoy le obsequiamos el cortometraje Broken Down Film (1985)
del dios del manga Osamu Tezuka



«El Príncipe» de Maquiavelo con los ojos de Tezuka


Satoshi Kitamura, ilustrador: Dibujaba gatos cuando diseñaba tarjetas de felicitación


Jiro Taniguchi, el poeta del manga.


El MONSTRUO DE NAOKI URASAWA



"Space battleship Yamato
El mítico acorazado animado de Matsumoto salta de la TV al Cine 36 años despues"



UNIVERSO LEIJI. Parte II.
Un acercamiento al fabuloso mundo de Leiji Matsumoto



UNIVERSO LEIJI. Parte I.
Un acercamiento al fabuloso mundo de Leiji Matsumoto




Norman McLaren y su Synchromy (1971)




La Navidad de Snoopy y Charlie Brown en Venezuela



Norman McLaren - Neighbours (1952)- Extreme (1992)



El Lego de James Cameron
Un acercamiento crítico a la película Avatar
Parte II/II




El Lego de James Cameron
Un acercamiento crítico a la película Avatar
Parte I/II




Una Animacion de El Corazon Delator
de Edgar Allan Poe hecha por UPA




La Dama y la Muerte:
Un cortometraje Español Animado




jueves, 12 de mayo de 2022

Dile a las autoridades que terminen la discriminación en la Ley del Libro de Colombia
.





Estimados Liponautas 


Hoy compartimos una del recuerdo...


¿Habrá servido de algo esta iniciativa?



*******

12 Mar 2012



Acción promovida por John Naranjo

Cientos, o tal vez miles de dibujantes, guionistas y editores no pueden trabajar gracias a la discriminación que la Ley del Libro de Colombia le hace al cómic.

José es un dibujante de historietas que tuvo que irse a Argentina para poder vivir de su trabajo. Leonardo viajó a los Estados Unidos buscando un mercado dónde poder vivir de su talento. Al igual que ellos, durante los últimos 30 años, muchos dibujantes colombianos han tenido que emigrar a países que, como España, Francia o Inglaterra, sí cuentan con un mercado del cómic. Ellos han triunfado en los países que los recibieron, pero la situación en Colombia aún no ha cambiado. 

La Ley del Libro en Colombia tuvo origen en 1973 y se actualizo 20 años después, con lo cual se llegó a la Ley 98 de 1993, la cual nos rige hoy en día. Esta ley ha beneficiado la cultura de la palabra escrita, permitiendo una exención de impuesto a la renta a los editores y diversas exenciones arancelarias, pero gracias a unas políticas en las importaciones y de protección del mercado local que datan de los años sesentas, se excluyó, entre otros, al cómic. 

La producción de la historieta en Colombia se ha visto relegado casi a la clandestinidad. Por falta de estímulo a nivel local, se ha perdido la oportunidad de entrar en un mercado que mueve globalmente 14 mil millones de dólares. El cómic en Colombia está grabado con el 16% de IVA, mientras que los demás productos impresos, incluidos los periódicos y las revistas, están libres de este impuesto. 

Gracias a un "mico" (como le llamamos en Colombia a un apéndice hecho a una ley a última hora, para favorecer intereses particulares), la industria de la historieta y del cómic no se ha desarrollado en Colombia. El talento existe, al igual que los lectores, y cómo nunca antes una industria del cómic y de la historieta podrían aportar para que los niños, los jóvenes y, por que no, muchos adultos se acercaran a la cultura de la lectura. Es hora de acabar con el mico más viejo de Colombia. Si estás de acuerdo, por favor firma esta petición.


Al firmar la petición estarás enviando esta carta



Destinatario: Señores Presidente de La República, Presidente del Senado y del Congreso. Señora Ministra de Cultura




Por medio de la presente nos permitimos solicitar la eliminación de las exclusiones que hace la Ley del Libro en su Artículo Segundo (Ley 98 de 1993). Gracias a estas exclusiones, que encontramos discriminatorias, se ha impedido el desarrollo de la industria del cómic en Colombia. 

La industria del cómic mueve en el mundo más de 14 mil millones de dólares, además es una puerta de entrada a la cultura de la letra impresa y es una fuente de empleo para dibujantes, guionistas, editores y en general, para toda la cadena de producción que esta industria cultural podría tener. 

Estamos convencidos de que una "locomotora" de progreso para nuestro país podría ser la locomotora cultural. Es una locomotora ideal por que es compatible con el medio ambiente, genera empleos especializados y puede llegar a ser una fuente de ingresos para el país muy importante, como lo es para Inglaterra o EEUU, que cuentan con programas de emprendimiento cultural en estas áreas. En la actualidad los dibujantes de cómic, los escritores y los editores tienen que hacer sus proyectos para mercados foráneos, puesto que el cómic está gravado con el IVA, lo que lo hace inviable comercialmente en el mercado colombiano. 

Les agradecemos nos brinden una pronta respuesta a este llamado que lleva más de 30 años en proceso.

 
Tomado de Actuable



miércoles, 16 de marzo de 2022

Tintín: “Nunca he tenido novia, ni dentro ni fuera de las viñetas”





El bar de Zenda

Tintín a Pérez-Reverte: “Hergé ya no está entre nosotros”

16 Mar 2018/ARTURO PÉREZ-REVERTE  /  Hergé, Tintín

Tintín a Pérez-Reverte: “Hergé ya no está entre nosotros”

Una entrevista de reportero a reportero, de Arturo Pérez-Reverte a Tintín, que publicamos en Zenda 35 años después de que apareciera en el hoy desaparecido diario Pueblo.

Pueblo entrevistó a Tintín en el castillo de Moulinsart






Arturo Pérez-Reverte

Enviado especial a Moulinsart

—Hola, Néstor.

—Buenos días, señor Reverte. Lo esperan en la biblioteca.


El imperturbable mayordomo, chaleco de rayas y profundas ojeras, ha envejecido desde que lo conocí, hace muchos años, cuando estaba al servicio de los hermanos Pájaro, por aquella época propietarios del castillo de Moulinsart, cuando “el Secreto del Unicornio” pudo ser desvelado. Pero a Néstor no sólo lo han envejecido los años. Se le ve profundamente abatido, con expresión más grave, y ahora camina encorvado, perdido su habitual porte.

—He sentido mucho la muerte del señor Remi —le digo con cierto embarazo.

—Tenía que ocurrir un día u otro, señor. Eran ya muchos años.

Herge. Imagen tomada de Ruiz Healy Times.



Me conduce a través del salón, en el que algunos objetos me traen recuerdos de juventud. En una vitrina hay una estatuilla, reproducción exacta del fetiche arumbaya de la Oreja Rota; un fragmento de Calysteno y una piedra lunar; un instrumento de música tibetano; un curvo puñal de plata, regalo del emir Ben Kalish Ezab, del Khemed… Por un instante me veo a mí mismo hace veinte años, chiquillo de pantalón corto soñando con vivir un día todas aquellas aventuras, y comprendo que también para mí el tiempo ha transcurrido inexorable.




Tintín está en la biblioteca. Resulta increíble, pero a pesar de tener cincuenta años, su aspecto sigue siendo el de un joven que apenas ha llegado a la treintena. Todavía tiene el característico mechón de pelo rubio, aunque visto de cerca, el cabello comienza a escasearle en las sienes. “Milú” ya es un perro anciano que apenas se mueve de un rincón y mira al vacío con ojos tristes.







Estrecho la mano franca que me tiende Tintín y después me vuelvo hacia el capitán Haddock. El viejo marino está sentado en un sillón tapizado en piel, bajo un enorme óleo del caballero Francisco de Hadoque, su ilustre antepasado, el vencedor de Rackham el Rojo. Haddock tiene un vaso de whisky en las manos, y no necesito mirar la etiqueta de la botella que hay sobre la mesa próxima para saber que se trata de escocés Loch Lomond. El lobo de mar lleva puesto su jersey azul de marino, pero su pelo ya no es negro y la frondosa barba está salpicada de hebras de plata.




Nos sentamos los tres, acepto un Loch Lomond y aprovecho para echar un vistazo de reojo a la abundante correspondencia que hay sobre la mesa. En su mayor parte se trata de cartas y telegramas de condolencia, y reconozco algunas de las firmas: Tchang, Baxter, el general Alcázar, Chester, el rey de Syldavia, Arturo Benedetto Giovanni Giuseppe Pietro Arcangelo Alfredo Cartoffoli da Milano, Serafín Latón, Oliveira… Paseo la vista por la sala: hay una maqueta del Unicornio, una fotografía de Tintín y Haddock frente al Templo del Sol, otra con Tornasol frente a la frontera de BorduriaTintín me acerca una caja de cigarros del Faraón; escojo uno y lo enciendo mientras preparo el magnetófono.

El whisky de Haddock

—Antes de empezar quiero expresarles mi condolencia por la muerte del señor Remi. Y lamento molestarles en estas circunstancias.

—No se preocupe —responde Tintín—. Hergé ya no está entre nosotros, pero pienso que esta entrevista es un homenaje que quizá a él le agradase. Por eso respondimos positivamente a su llamada telefónica.

—¿Significa la muerte de Hergé el final de sus aventuras?

Tintín se encoge de hombros.

—Es posible —responde—. Desde 1976, cuando el asunto de Los Pícaros, no hemos intervenido más que en un asunto de cuadros falsos inspirado en el “affaire Legrós”. Estaba previsto que se publicase pronto, y Hergé, tras dar los toques indispensables, dejó el tema en manos de nuestro buen amigo, el dibujante Bob de Moor, que como usted sabe era su brazo derecho. Quizá Bob decida terminar el trabajo y sacar el nuevo álbum, pero es posible que ésta sea la última vez. Hergé dijo en varias ocasiones que no quería que siguiesen apareciendo aventuras después de su muerte, y posiblemente se cumpla su voluntad. De todas formas, también para el capitán y para mí han pasado los años. Nos hacemos viejos, y ya da pereza moverse de Moulinsart.

Nos interrumpe una llamada telefónica. Haddock se lleva el teléfono a la oreja.




—¿Cómo? ¿La carnicería Sanzot? ¡Esto no es ninguna carnicería, señora! ¿Qué? ¡Le digo que no, mil millones de mil rayos! ¡Váyase al infierno, señora! ¡Zulú! ¡Paranoica! ¡Imbécil! ¡Bachibuzuk! ¡Fátima de baratillo!

Haddock cuelga el teléfono con gesto airado y vuelve a sumirse en la contemplación de su vaso de Loch Lomond.

—Disculpe al capitán —me dice Tintín—. La muerte de Hergé lo ha afectado mucho. No lo había visto beber tanto desde que lo conocí a bordo de aquel barco, cuando el asunto del Cangrejo de las Pinzas de Oro.

—No tiene importancia —respondo con una sonrisa comprensiva—. Conozco desde hace muchos años al capitán… Volviendo al tema de Hergé, supongo que su muerte no les ocasiona a ustedes ningún trastorno económico. Parte de los beneficios originados por la venta de los setenta millones de ejemplares de sus ventas vendidos en el mundo les habrá correspondido a ustedes.




—Así es —responde Tintín—. Pero, a decir verdad, nunca hemos necesitado esos ingresos. Tenga en cuenta que el capitán y yo todavía disponemos de las rentas del tesoro de Rackham el Rojo, que terminamos descubriendo en el sótano de este mismo castillo. La muerte de Hergé no nos afecta económicamente, y él lo sabía. Fíjese que hasta le convencimos de que rompiera el contrato del seguro de vida que Serafín Latón quería hacerle firmar con nosotros como herederos…

Seguimos en la biblioteca del castillo de Moulinsart y, como es inevitable, la conversación deriva hacia los recuerdos. Haddock ha destapado una nueva botella de Loch Lomond y apura el contenido de un vaso sin respirar. Tintín le mira, las cejas enarcadas por la preocupación, y se vuelve hacia mí.

—Me preocupa el capitán —comenta en un susurro—. Tiene el hígado hecho polvo, pero no hay quien consiga apartarle del whisky.



El cigarro del Faraón se ha consumido entre mis dedos, y apago lo que queda de él en un pesado cenicero de plata con una inscripción: “A mis amigos Tintín y Haddock. El general Alcázar”.

—¿Qué tal le va a Alcázar? —pregunto, recordando la prominente mandíbula y el mostacho de uno de los más viejos amigos de Tintín.


"Otra vez suena el teléfono. Haddock responde a la llamada y después lanza un torrente de maldiciones."

—No del todo bien. El general Tapioca consiguió derrocarle otra vez, poco después de la aventura de los Pícaros. Ahora se encuentra en Estados Unidos intentando conseguir que la CIA le eche una mano para volver al poder. Hay que reconocer que se trata de un hombre inasequible al desaliento.

Tintín, usted ha sido, a lo largo de su vida, un joven que ha hecho amigos en todas partes. Y también enemigos: Rastapopoulos, el coronel Sponz, Allan, Mitsuhirato, Muller

—Sí, es cierto. De todos ellos, el más encarnizado haya sido, posiblemente, Rastapopoulos, marqués de Gorgonzola. Desde el asunto de los cigarros del Faraón hasta la isla del Pacífico, en el accidentado viaje a Sidney me he ido tropezando con él.

—¿Por qué lo odia tanto Rastapopoulos?

—No lo sé —responde con una sonrisa—. Supongo que la primera vez le estropeé un negocio… Bueno, cada vez que nos hemos encontrado, yo le estropeaba un negocio. Y eso es algo que no se perdona. Es un tipo absolutamente perverso, pero debo reconocer que la última aventura que me relacionó con él, cuando el frustrado secuestro del millonario Carreidas, llegué a sentir lástima. En realidad, él no necesita el dinero porque es inmensamente rico. Hace el mal por pura afición, como otros coleccionan sellos. Y fíjese, también él me ha enviado un telegrama de condolencia por la muerte de Hergé. Rastapopoulos puede ser un canalla, cierto, pero al menos es un canalla con cierto estilo.

Otra vez suena el teléfono. Haddock responde a la llamada y después lanza un torrente de maldiciones.




—¡Por mil truenos, que el diablo la deje afónica! —exclama hecho una furia, derramando el whisky sobre la alfombra—. La Castafiore acaba de amenazar con dejarse caer por aquí dentro de un rato. ¡Al refugio!

Y con un último “mil millones de mil rayos” el capitán Haddock sale corriendo de la habitación. Me vuelvo hacia Tintín.

—¿Cuál es exactamente la relación entre el capitán y Bianca Castafiore? Cuando el asunto de las joyas estuvieron a punto de casarse, ¿verdad?




Tintín sonríe con el aire de quien no dice todo lo que sabe.


"¿Es realmente usted tan misógino como lo demostró ser Hergé?"

—Bueno, sólo son excelentes amigos. Es cierto que Bianca siente una especial devoción con el capitán, y que ambos podrían haber hecho una excelente pareja. Pero la música, ya sabe, los separa. Haddock no es precisamente un melómano, y la voz de ella… En fin, Bianca no pierde la esperanza; de todas formas lo cierto es que se trata de una mujer encantadora, que sería un gran apoyo para el capitán en su vejez. Quizá algún día…

—Hay una cosa que me llama poderosamente la atención. En los veintidós álbumes que han sido publicados sobre usted, incluyendo el del País de los Soviets

—No me hable de aquel episodio —comenta Tintín con una mueca de desagrado—, aquello fue una locura de juventud.

—Bien, disculpe. En realidad, me refería a que ninguna de esas veintidós historias aparece jamás un personaje femenino con carácter protagonista, ni siquiera secundario, a excepción de la Castafiore. ¿Es realmente usted tan misógino como lo demostró ser Hergé?

—Tenga en cuenta que Hergé tenía una profunda educación cristiana y consideraba que esa especie de segregación sexual era necesaria como base moral de nuestras historias. Entre nosotros, le diré que lo he lamentado a menudo.

—¿Le hubiera gustado tener alguna novia? ¿O la ha tenido realmente fuera de las viñetas?

—Mire, voy a serle sincero. Nunca he tenido novia, ni dentro ni fuera de las viñetas. Creo que, en cierta forma, he sido víctima de mi propio personaje.

—Algunas veces, y disculpe mi franqueza, se le ha acusado de encerrar en su personaje cierta homosexualidad latente. Esa amistad con Tchang, por ejemplo, cuando el Loto Azul, esa comunicación telepática con su amigo, esa búsqueda entra las nieves del Tibet

Tintín, Tchang y Milú.



—Esas insinuaciones son ridículas —responde, un tanto picado—. Mi mundo es un mundo donde la amistad, la lealtad, están por encima de todo lo demás. Es como si alguien dijese que el capitán y yo somos maricas porque no nos hemos separado desde la historia del Cangrejo de las Pinzas de Oro y vivimos juntos en Moulinsart.







Hago una pausa para cambiar la cinta magnetofónica y servirme otro trago del excelente Loch Lomond del capitán.

—En cincuenta años, usted, Tintín, sólo ha derramado una lágrima en una ocasión: cuando creyó muerto a su amigo Tchang, en el álbum del Tibet. Una lágrima en cincuenta años, fíjese. Tampoco fuma ni bebe, no tiene debilidades conocidas. ¿Es usted tan frío, tan impasible como parece?

Esta vez Tintín sonríe abiertamente. Es la única vez que duda unos instantes antes de responder.

—Mire usted… En todas mis aventuras, en todo cuanto he vivido, desde un pequeño barco de vela perdido en las aguas del mar rojo hasta cuando fui el primer hombre en caminar sobre la Luna, he tenido que ser actor, pero sobre todo he sido testigo. Pascal decía que, ante los acontecimientos, sólo hay un hombre que puede juzgar, un hombre no directamente interesado. Yo me he esforzado por ser ese tercer hombre impasible del que hablaba Pascal. Recuerde que soy periodista. A lo largo de mi vida, me he limitado a ser testigo de lo que hacían los demás.




—Sin embargo, usted ha tomado a veces partido, incluso político. Por ejemplo, ayudó a los chinos contra los japoneses cuando lo del Loto Azul. Y en el Congo, perdóneme, se comportó como un vulgar colonialista.

—En ambas ocasiones yo era muy joven, recuérdelo. ¿Quién no ha tomado partido en su juventud? Tampoco entonces era ese hombrecillo impasible del que usted habla. El tiempo y la intensa vida que llevé me dieron después la serenidad.

—¿A quién votó usted en las últimas elecciones?

—Yo no voto. Yo he vivido. Y lo he hecho haciendo lo que la mayoría de los hombres sueñan a escondidas poder hacer algún día: vivir hermosas aventuras en países lejanos, tener amigos fieles, acumular magníficos recuerdos… Sólo votaría a Haddock como presidente del Gobierno, y eso porque sería muy divertido verle presidir un Consejo de Ministros.





La entrevista ha terminado. Tintín me acompaña a la puerta, donde me cruzo con Bianca Castafiore, que llega acompañada de Hernández y Fernández. La Castafiore pregunta: “¿Dónde está el capitán Bartok?”, y se pierde camino del salón.

—Encantado de conocerle —me dice Hernández.

—Yo aún diría más —añade Fernández—. Encantado de conocerle.

Diario Pueblo, 8 de marzo de 1983



Tomado de Zenda Libros.


sábado, 8 de mayo de 2021

Francisco Ibañez: Encadenado a Mortadelo y Filemón y a sus otros personajes

Por Javier Pérez Andújar





Francisco Ibañez. Encadenado a sus personajes

Es el único superviviente de su generación de dibujantes. Ha llegado al éxito acompañado solo por sus criaturas

JAVIER PÉREZ ANDÚJAR - 29/04/2016 - Número 31

 


Es esa manera que tiene Ibáñez de representarse en sus historietas: sentado, adosado a la mesa de dibujo para la eternidad, su cigarrillo, la ceniza, un caracol que deja el rastro de baba de los días en el curro, que carga con la espiral del trabajo, unas gotas de sudor derritiéndose en su calva inmensa, la espalda encorvada por el peso de las entregas, sus gafas cuadradas en forma de viñetas, mirando la vida detrás de los cristales como un hombre tímido, acaso apocado, sin entender que, siendo lo más, su carácter le sujete en lo poco; la camisa blanca de Ibáñez, el bolsillo con los bolígrafos que asoman igual que asoman los puros por la chaqueta del jefe, los brazos arremangados porque va al dibujo como se va a la obra (Nadal, no; Nadal, el de las chicas modernas y Pascual criado leal, era un estiloso, trabajaba con los puños vueltos, y por ahí se le pasaba la elegancia al trazo); pero Ibáñez tiene ese apellido terminado en “z” de las clases que llenan los listines telefónicos de las ciudades. Barcelona es una ciudad de un millón de tebeos y hay un hombre en Bruguera que los dibuja todos: Francisco Ibáñez, un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo. El tebeo es un gran invento



Ibáñez llega al cómic desde el mundo del trabajo, lo hace muy joven y contraviniendo a sus padres, que se espantaron cuando dejó el empleo estable del banco. Ibáñez prefiere el trabajo al empleo (Vázquez, ni lo uno ni lo otro, prefiere dibujar Anacletos en la cárcel a cumplir cualquier obligación). Todo el universo de Ibáñez está hilvanado por el mundo laboral: la chapuza, la incompetencia, el escaqueo, la tirria entre jefes y empleados...




El verdadero protagonista de la obra de Ibáñez es el trabajo. Desde Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio hasta esas oficinas donde trabajan, incluso se diría que viven, el botones Sacarino, Ofelia, Pancracio Trapisonda... Pero es que también es así Bruguera: una empresa familiar que ha enfermado de elefantiasis, una empresa del franquismo donde por encima de la gestión manda la jerarquía. Quizá el único personaje de Ibáñez sin oficio ni beneficio, ni domicilio reconocible, sea Rompetechos, fiel al viejo espíritu del Pulgarcito, donde campan a sus anchas el Gordito Relleno, Cucufato Pi, Doña Urraca, Casildo Calasparra..., gente que simplemente va por la calle a ver qué le pasa. Habrá que esperar a que se hunda Bruguera, a que el devorador desempleo juvenil de los años 80 se convierta también en el paro de los veteranos trabajadores de esta factoría (empleados, novelistas, dibujantes...), para que Ibáñez cree, rescatado por Ediciones Junior, a Chicha, Tato y Clodoveo, de profesión sin empleo (pero estos no serán sino la metamorfosis, por este orden, de Filemón, Rompetechos y Mortadelo).



Bruguera, capital del dolor

Tras la Guerra Civil, a la editorial Bruguera había ido a parar un buen puñado de rojos en busca de un trabajo. Escobar (creador de Carpanta, Petra, Zipi y Zape y cuyo tema es el hambre, como en Ibáñez lo es el trabajo) era un funcionario republicano purgado. Peñarroya (autor de Don Pío, el Gordito Relleno, Pepe el Hincha, retratista de la tristeza de la clase media) había combatido en defensa de la República. Marcial Lafuente Estefanía, el prolífico escritor de novelas del Oeste, fue general de artillería del ejército republicano. El mismísimo Rafael González, coordinador general de la editorial Bruguera, director de la revista Pulgarcito y otras cabeceras, el que concibió la mayoría de aquellos personajes y la sainetesca manera en que hablaban, era un periodista republicano que se había tenido que tragar todos sus ideales para ponerse del lado de la censura franquista, a cambio de garantizarles una seguridad a su mujer y sus hijos a los que apenas veía porque había cambiado el encierro en la celda por el encierro en la oficina. Rafael González sale retratado a menudo en las páginas de Ibáñez. Es, por ejemplo, el dire del botones Sacarino, pero esta caricatura no le gustó a González y obligó al dibujante a cambiarla. Aun así, de vez en cuando aparece alguien en sus historietas que se le da un aire. Siempre el gesto agrio, siempre la voz levantada, siempre los ojos torvos, siempre el puñetazo en la mesa. El jefe. El trabajo.



Bruguera había recogido a todo este carnaval de almas derrotadas no por humanitarismo sino para exprimirles al máximo aprovechándose de su necesidad y de su indefensión. Y porque a fuerza de explotación y de usurpación de derechos los dibujantes se sienten como gusanos, las viñetas de Ibáñez están plagadas de gusanos, de lombrices, de ratones, de caracoles que se arrastran.



Los trazos comunicantes

Las bocas de Ibáñez. En ellas se encierra toda la expresividad de sus personajes, desde la mota negra con la que Sacarino dice “¡Sopla!” y “¡Resopla!” hasta la gran muralla de dientes que de pronto cruza el rostro de Pancracio Trapisonda, de Filemón, de los tratantes de animales de Ande, ríase usté con el arca de Noé... El sarcasmo, el aborrecimiento del envenenado mundo laboral de aquella dictadura estaba en esos dientes que Ibáñez dibujaba alineados como la cinta de balas de una ametralladora, permanentemente dispuestos al escarnio, a la alusión directa. Luego están las otras bocas, las simas profundas, el inmenso pozo negro que se abre temblando en Otilio, en Mortadelo... cuando salen corriendo. Pero en una sociedad de la que no hay escapatoria, el sino de un personaje es huir. “Calle y corra, jefe” es lo que exclama Mortadelo en cada última viñeta. España se había convertido en el lugar del “calla y come”, pero Ibáñez, condenado a la inmovilidad y al agradecimiento, condenado a perpetuidad al dibujo, tiene también un oído prodigioso y solo necesita una letra para transformar la frase en “calla y corre”. Lo está explicando a gritos.


Mayo de 1951, grupo de Editorial Bruguera
Algunos de los mencionados artistas se encuentran de pie:
(de izquierda a derecha) Vernet, Giner, Flaqué, Francisco Bruguera,
Cifré, Ángel Duque, Peñarroya y Jose García


Por eso sus personajes andan continuamente con los puños apretados. Por supuesto, el intratable Don Pedrito, que está como nunca, y no digamos Rompetechos, que es el Quijote de Bruguera. Porque del mismo modo que don Quijote confunde los rebaños con ejércitos, Rompetechos jamás va a entender lo que ve, y asimismo en todos los lances acabará apaleado. Los lectores dicen que Rompetechos es las más desternillante de todas la creaciones de Ibáñez. También es la más cervantina, mucho más que Mortadelo y Filemón, que no tienen nada de Quijote y Sancho, ni tampoco de Holmes y Watson. En realidad no son más que un remedo de las hermanas Gilda, como buena parte de la obra de Ibáñez lo es de la de Vázquez por imposición de Rafael González. El jefe. El trabajo.

Mortadelo y Filemón, Pulgarcito nº 1394 (1958)


Épocas de Mortadelo y Filemón

Mortadelo y Filemón se convierten en las estrellas del tebeo español prácticamente desde el momento en que aparecieron, a finales de los años 50. Antes lo habían sido Roberto Alcázar y Pedrín. La historia se repite en forma de historieta. Hay tres épocas en Mortadelo y Filemón. Es en la primera cuando comparten piso a la manera de las Hermanas Gilda, incluso lo tienen amueblado al mismo estilo, el mismo sillón de lectura de la viñeta inicial. Es cuando la serie se llama Mortadelo y Filemón, agencia de información. Las aventuras son cortas, una o dos páginas, y jefe y subordinado están solos en el mundo como la mayoría de los personajes de Bruguera, como se había quedado aquella España autárquica.

Mortadelo y Filemón se convierten en las estrellas del tebeo desde el momento en que aparecen

Muy pocos personajes de Bruguera lograrán crear un universo propio. Claro, Sir Tim O’Theo y los moradores de Bellota Village, o Mortadelo y Filemón en su segunda época, al irrumpir la TIA. Es cuando llegan el superintendente Vicente (que anticipó los rostros de Miguel Ángel Revilla y Raúl Alfonsín), el profesor Bacterio, la secretaria Ofelia, las entradas secretas, las contraseñas inolvidables (“Hay hombres con bigote que tienen cara de hotentote”). Es entonces, a finales de los años 60, cuando Mortadelo y Filemón se hacen con el trono de Bruguera y acaban teniendo una revista propia con el nombre de Mortadelo, que desbancará al resto de la cabeceras.Esta es la época de las rayitas, de cuando Bruguera importa historietas de Pilote, y Rafael González quiere implantar el estilo francobelga en la redacción y le exige a Ibáñez mucho detalle en los dibujos: “Ponga usted más rayitas, más arruguitas”, le conmina. Las aventuras de Mortadelo y Filemón ahora son largas y aparecen en entregas de cuatro páginas. Están pensadas para publicarse juntas en forma de álbum, al igual que Astérix.Pero a quien copia Ibáñez no es a Uderzo, sino a Franquin. Un montón de viñetas de Spirou aparecen minuciosamente reproducidas en las historietas de esta época. Incluso el botones Sacarino es un calco de Spirou y de Gastón el Gafe. A la vez que le exigen a Ibáñez un dibujo más rico en detalles, le imponen más producción. Atado a la mesa, le faltan manos para dibujarlo todo. Fuma y trabaja sin parar. No le da tiempo a pensar y por eso va mirando en los tebeos belgas, para tomar el estilo, el detalle, la viñeta entera, lo que haga falta en ese momento. Tiene puesta debajo del taburete la bomba de relojería de la fama.

La broma infinita

En los años 80 Bruguera se desploma y desaparece, los originales de los que desposeyó a sus autores aparecen entonces tirados en los contenedores de basura. Y encima poco después cae en picado toda la industria del tebeo. Sin embargo, Ibáñez se ha convertido ya en un mito y sobrevive al naufragio. No deja de producir Mortadelos a troche y moche en medio del desastre. En los pisos más cutres del barrio chino de Barcelona hay agencias con jóvenes dibujantes haciendo de negros, encorvados ante una mesa de luz para calcar los disfraces y los gestos de antiguos Mortadelos y así montar nuevas aventuras. Aunque tal vez no se les deba llamar disfraces, pues Mortadelo se transforma. En elefante, en conde Drácula, en bicicleta de cartero... Esto lo ha tomado también de Vázquez, de cuando por ejemplo Rosendo Cebolleta se siente tan humillado que se convierte en lombriz sin perder su rostro y su bigote. Pero de Vázquez, Ibáñez va a heredar por encima de todo la idea de una casa sin fachada, que acabará llamándose 13, rúe del Percebe. Y como muestra de eterno reconocimiento, o como expiación eterna, instalará a Vázquez en la terraza en forma del personaje del moroso. El alzado de ese edificio solitario, estrecho, alto y frágil a la vez, evoca al solitario edificio que tenía Bruguera en medio de un descampado sobre una loma, donde el barrio de Gracia se hace montaña.

Es esa, que llega hasta hoy, la tercera época de Mortadelo y Filemón. Los personajes ya no pertenecen a nada, ya no tienen una revista, un entorno gráfico, y por eso Ibáñez recoge los temas del periódico. Porque han perdido su mundo propio, recurre a la actualidad. Cada año, un asunto con tirón: los juegos olímpicos, la corrupción, las elecciones...

Ibáñez ha trabajado a destajo y se ha liberado de la esclavitud y de los negros. Ha alcanzado el éxito, pero ha llegado a él totalmente solo. Es el único dibujante de su generación al que todo el mundo reconoce. Es un motivo de orgullo, pero también una condena. En todo superviviente hay una injusta sombra de traición. Hoy es el rey Midas de las ferias del libro. Cuando le preguntan, siempre repite contrariado que prefiere trabajar a opinar del trabajo. En una legendaria entrevista publicada en el fanzine U, el hijo de Urich, le preguntaron por qué eligió de joven la profesión de dibujante: “Supongo que me gustaría. Entonces me gustaría todavía, claro”, fue su respuesta.

Tomado de AHORA.



Ibáñez: "Envidio a mis propios personajes, no nos parecemos en absoluto"



DE LA 13 RUE DEL PERCEBE A MORTADELO: LA EDITORIAL BRUGUERA




*******



JAVIER PÉREZ ANDÚJAR

Javier Pérez Andújar nació en  San Adrián de Besós en 1965. Es licenciado en filología hispánica por la Universidad de Barcelona. Su primera novela apareció en 2007, y sorprendió por su originalidad: Los príncipes valientes, a la que siguió y Todo lo que se llevó el diablo y Paseos con mi madre. También ha editado y prologado las antologías de relatos fantásticos Vosotros los que leéis aún estáis entre los vivos y La vida no vale nada. Fue colaborador habitual de L’hora del lector de TV3 y en la actualidad colabora en el diario El Periódico.

Tomado de Escritores. ORG