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domingo, 25 de enero de 2026

Los diádocos ciegos y tuertos de Reynaldo Pérez Só : Su poesía y legado en la Venezuela bolivariana

 




Escoger caraotas

Escoger caraotas raya con la escritura:

se vierten los granos en el agua de la paila

y las palabras en la hoja de papel;

y luego se saca el grano que flota.

Exactamente, toda palabra flotara en el papel,

agua congelada, y la plomada su verbo:

pues para escoger las caraotas, se sopla en ellas,

y se bota lo ligero y vacío, la paja y el eco.


2

Con todo, en el escoger hay un riesgo

que entre los granos pesados entre

un grano cualquiera, piedra o indigesto,

un grano inmasticable, que rompa una muela.

Incomparable, si se trata de escoger palabras:

la piedra da a la frase su grano más vivo:

obstruye la lectura defluente, fluctual,

provoca la atención, la atrae con el riesgo


Joao Cabral de Melo Neto

Versión al español de Reynaldo Pérez Só



Ciegos y tuertos del rey bizco

Una mirada a la poesía y legado de Reynaldo Pérez Só en 40 años (*)




Sergio Quitral



I. Reynaldo Pérez Só y la creación de un modelo



La importancia literaria de Reynaldo Pérez Só no radica tanto en haber creado un estilo original —aunque lo hizo— como en haber creado a sus discípulos: a los reynaldianos, a su tribu, a sus lectores. Esta afirmación es central para comprender un ecosistema poético específico: el que separa el universalismo diverso de las décadas de 1970 y 1980 de la uniformidad estilística que comienza a imponerse en el nuevo milenio en Venezuela, donde emerge con claridad lo que podría llamarse el modelo reynaldiano.


J. M. Villarroel París, Eugenio Montejo, Reynaldo Pérez Só, Alejandro Oliveros y Teófilo Tortolero.

No se trata aquí de una imputación moral ni estética al poeta, sino de una constatación: su poética se convirtió en un modelo reproductivo, especialmente eficaz dentro de un sistema pedagógico —talleres, universidad, revistas— que tendió a fijar ese modelo como forma dominante.



Para morirnos de otro sueño
Reynaldo Pérez Só
2780 Visualizaciones desde el 15 abr de 2021 hasta la fecha de publicación de esta entrada.


El estilo reynaldiano posee un sello reconocible: el desplazamiento del paisaje interior al exterior; una técnica de contención y parquedad; la indecisión del lenguaje; una dificultad deliberada de transmisión; un arco visual más sonoro que referencial; una poesía abstracta, táctil, rugosa, donde el sonido y la textura del lenguaje prevalecen sobre el significado explícito. Muchas de las nuevas voces han encontrado en este modelo un modo cómodo y legitimado de decir lo propio, convirtiéndose —sin plena conciencia— en extensiones de ese decir precario, visual y hermético que tiene en Reynaldo su origen.

Reynaldo Pérez So en París. 1968. Fotografía de Orlando Aponte.


Aquí el problema no es la existencia del estilo, sino su hegemonía.


II. Talleres, planarias y la reproducción del estilo



Recuerdo un libro de Psicología de bachillerato, de Ignacio Burk, cuyo capítulo más sugerente se titulaba “Cómase a su profesor” (página 464). Allí se hablaba de la planaria: un organismo del género de los triclánidos similar a un pez plano con dos ojos simétricos enfocados hacia arriba capaz de reproducirse desde cualquier fragmento de sí mismo y, lo más extraordinario, de copiar las conductas de aquellos que devora. Si una planaria se alimenta de otra, absorbe no solo su cuerpo sino también sus aprendizajes, que quedan fijados en su comportamiento.

Ignacio BurkImagen tomada de aquí.


Gran parte de lo que he leído en la poesía venezolana reciente me recuerda a esa planaria: como si la suma de múltiples estilos hubiese derivado en uno solo, uno que terminó por devorar a los demás.


Mi percepción es que la acción de los talleres literarios —y su reverencia casi ritual a la vida cultural de los años setenta, a sus revistas, a su mitología— con Reynaldo Pérez Só en el centro, ha gestado involuntariamente esta uniformidad. Se instaló la idea de que ese momento fue irrepetible y modélico, y se intentó perpetuar no su diversidad sino una forma de decir, la de Reynaldo.

Grupo literario Tráfico. De izquierda a derecha: Rafael Castillo Zapata, Alberto Márquez, Igor BarretoYolanda Pantin, Armando Rojas Guardia y Miguel Márquez. Foto: Vasco Szinetar.
Imagen tomada de Pinterest.

El mito de que Venezuela sigue siendo un país de gran poesía es parcialmente falso. Existen voces valiosas y poetas relevantes, sin duda, pero ningún período reciente ha logrado reproducir la densidad, variedad y coexistencia de estéticas que caracterizaron a las décadas del setenta y el ochenta. La diversidad dio paso a la repetición unívoca. De lo múltiple a una voz predominante.

Grupo Guaire.


Witold Gombrowicz hablaba de una mala conciencia del escritor moderno: “es como si nuestros escritores durante su desarrollo hubiesen ocultado algo y como consecuencia de esta ocultación no fuesen capaces de ser absolutamente sinceros” (pág. 29 , “Diario”, Editorial Cuenco de Plata). Lo que aquí se oculta, a mi juicio, es de ocultar a los otros, de una incapacidad de leer con exigencia, de confrontar lo distinto, sumada al efecto planaria: un sistema menos demandante que aquel universo abundante y conflictivo que hoy ha desaparecido.


III. Estilo, paisaje y la pérdida del riesgo

La poesía venezolana fue durante largo tiempo una poesía del paisaje: Bello, Pérez Bonalde, Ramos Sucre, Gerbasi. Los poemas a El Niágara, la zona tórrida, la selva, el canto continuo del mundo exterior. Hoy ese paisaje ha sido sustituido casi por completo por la angustia interior. El objeto se ha convertido en el yo. El paisaje ha pasado a ser el individuo. Salvo en la música popular folclórica, que por su inmediatez y su amor a la tierra  dan en el canto llanero loas continuas al mundo natural y al paisaje. Quizá el regreso futuro de millones de venezolanos permita una reconfiguración de esa memoria paisajística ausente. Por ahora, dominada por la interioridad. 



Reynaldo Pérez Só (Venezuela)
1274 Visualizaciones desde el 11 jul de 2011 hasta la fecha de publicación de esta entrada.

El poema “Escoger frijoles” de João Cabral de Melo Neto ofrece una enseñanza decisiva. Escribir implica limpiar, elegir, retirar lo ligero. “Escoger frijoles limita con escribir/se echan los granos en el agua del barreño/ y las palabras en la hoja de papel/y después se tira lo que sobrenada /En efecto toda palabra sobrenada en el papel/y después se tira fuera lo ligero /pues para escoger ese frijol, soplar sobre él y tirar fuera lo leve y hueco, paja y eco.” Pero el poema da un vuelco: Pero ese escoger frijoles entraña un riesgo: /el de que entre los granos pesados, entre/un grano cualquiera, piedra o indigesto, /un grano inmasticable, que rompa un diente. /Seguro que no en el escoger palabras: La piedra da a la frase su grano más vivo:/obstruye la lectura fluctuante, fluvial/azuza la atención, la pesca con el riesgo. la piedra indigesta, el grano que rompe el diente, es necesario. La piedra da a la frase su grano más vivo; interrumpe la fluidez y obliga a la atención. Eliminarla sería empobrecer el poema. 


En poesía, a veces el poeta mismo es esa piedra: lo distinto, lo incómodo, lo verdadero. El taller, cuando funciona como máquina reproductiva, tiende a eliminar la piedra en nombre de la corrección, del estilo compartido, del consenso. Allí comienza el problema.

Reynaldo Pérez Só. Fotografía de José Antonio Rosales


El taller literario moderno —desde el Iowa Writers’ Workshop (1936) hasta su llegada a Venezuela en 1975 con el CELARG y figuras como Ludovico Silva, Alfredo Armas Alfonzo, José Balza, Ida Gramcko, Juan Calzadilla— es una herramienta valiosa. Reynaldo Pérez Só proviene de esa escuela y fue un gran promotor cultural: impulsó talleres, lectura, formación, comunidad. Su aporte institucional es innegable.


Pero junto a ese logro se consolidó un modelo estilístico dominante.

¿Qué es el estilo? “No lo que se dice”, sino “cómo se dice”. Es el ropaje, la respiración, el pulso. Como señala Johannes Pfeiffer, en el estilo el “qué” queda absorbido por el “cómo”. ( pag 42, Johannes Pfeiffer, “La poesía”, FCE, sobre el estilo ) Cuando reconocemos el mismo corte de verso, el mismo sonido, el mismo silencio, sabemos que estamos ante un club, una insignia, una fórmula.

Adhely Rivero, Carlos Osorio y Reynaldo Perez Só frente al departamento de Literatura, el "bunker". Fotografía de José Antonio Rosales(coloreada). 

Imagen tomada de la revista Laberinto de Papel.


Entre Reynaldo y sus epígonos existen diferencias claras. Quienes han trabajado consistentemente el paisaje son Luis Alberto Crespo y Adhely Rivero, ambos expresan el mundo interior con lo exterior, y logran integrar el modelo a un paisaje personal —desierto y llano— con mayor solvencia y consistencia, especialmente el Adhely de sus primeros libros. Este último ha logrado entrelazar consistentemente a través de su obra desarraigo y epifanía que va del extrañamiento del paisaje a la absorción y soledad del mundo urbano, en otras palabras hacia la resignación.  Carlos Osorio representa quizá al discípulo más logrado de Reynaldo: en ambos el intimismo se transforma progresivamente en una misión ética, en ambos el intimismo está asociado a una voluntad, al rictus, a un deber ser, y en el caso de Osorio progresivamente a través de sus cuatro primeros libros, el niño cede paso ante el padre, la ingenuidad y pureza inicial va cediendo hacia la adustez y la tiranía, adquiriendo su poesía el peso de una misión: hacer hablar al padre (que es ominoso, oscuro, aconseja y juzga) para obtener a través de una suerte de trasposición, padre convertido en hijo, su total redención.  

 

Adhely Rivero. Fotografía de Vasco Szinetar.


Reynaldo concebía la poesía como súbdita del ojo: la función espacial del poema, su silencio, estaban pensados para la lectura visual, no para la declamación. Sin embargo, muchos de sus continuadores practican una poesía teatralizada, ceremonial, casi litúrgica. Allí surge una disonancia profunda.



Reynaldo es fuerza centrípeta: sosiego, timidez, parquedad. Sus epígonos, aun conservando la forma, avanzan en una deriva centrífuga: del recogimiento al grito, del silencio al aplauso, de la contención a la externalidad.

En la fotografía, de izquierda a derecha, Víctor Manuel Pinto, Tannia Maruja García, José Mestre Infante y Vielsi Arias Peraza. Imagen tomada de Radio América

Tras su salida del departamento de literatura, la maquinaria continuó en piloto automático. Generaciones posteriores —Adhely Rivero, Carlos Osorio, Arnaldo Jiménez, Cynthia de Santis, Norys Nicoliello, Azul Urdaneta, Pedro Aparicio Velázquez; luego Néstor Mendoza, Víctor Pinto y su círculo— reconocieron en la voz de Reynaldo su propio modelo. La era del viejo alea iacta est , queda así configurado un estilo. Lo que cambia es lo que queda por decir, el contenido. 

Freddy Ñañez y el Homenaje a la  revista Poesía en EXPOESÍA

Otros universos estéticos fueron Oliveros, Peláez, Barroeta, Tortolero, Calzadilla, Montejo, Castro, Palomares— no generaron epígonos duraderos. Quizá porque no convirtieron su estética en modelo pedagógico pese al caso de Calzadilla que trabajó impartiendo talleres en el CELARG. Alejandro Oliveros dejó un caso singular sin taller: Alí Pérez, discípulo a “motu proprio” confesional, cuya poética es un continuo diagnóstico de sí mismo, un retrato en placa de rayos equis de su vida, enfermedad y miedo en Villa de Cura. Otros casos aislados, como Harry Almela, dialogan más con Rojas Guardia y con Tráfico y Guaire. Poesía del sonido, de la evocación sonora, del discurso eufónico, del vuelo etéreo, de un estado parecido a la catarsis pero sin fe, parecido al arrobamiento pero sin amor, en una suerte de onanismo platónico.

Teófilo Tortolero. Fotografía de Héctor López Orihuela. Tomada de la Revista Auditorio Nº1. 1991

El destino de las poéticas sin esa piedra de la que habla Melo Neto, sin riesgo, sin hueso trágico, es el de la evaporación y el olvido, y a veces el problema está en la forma. Deslastrarse de una forma estilística dada, ayudaría a la originalidad, aunque según Harold Bloom la influencia es una condición inevitable, conflictiva y profundamente psicológica, no una transmisión pacífica de ideas (Ver “La angustia de las influencias”, 1973) la influencia no es una inspiración sino una carga, ir contra ella nos hace conscientes del peligro de la forma. 

José Barroeta. Fotografía de Héctor López Orihuela


Este ensayo no busca impugnar una obra ni un legado, sino señalar un problema mayor: cuando una poética se convierte en modelo único, la literatura pierde su conflicto, su aspereza y su verdad. La piedra vuelve a ser necesaria.



Homenaje a Reynaldo Pérez Só (8vo Festival Mundial de Poesía 2011)
72 visualizaciones  desde el 28 ago 2013 hasta la fecha de publicación de esta entrada.



*Nota: Conocí a Reynaldo en 1983 cuando comencé en la Universidad. Pensé en la palabra legado tal cual su significado: compartir y continuar valores, creencias y experiencias vitales. Tomé la fecha más cómoda de 1985-2025 para explicar su influencia en la literatura en el transcurso de cuarenta años.  




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Reynaldo Pérez Só. Caracas, 1945 – Valencia, 2023. Poeta, ensayista, traductor, editor, profesor y médico. Se desempeñó como Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo. Fue co-fundador de la revista Poesía, la cual dirigió durante varios años. Entre sus libros de poesía destacan: Para morirnos de otro sueño (1971); Tanmatra (1972); Nuevos poemas (1975); 25 Poemas (1982); Matadero (1986); Reclamo (1992); Px (1996); Solonbra (1998) y Rosae rosarum (2011). Su vida y su trayectoria literaria fueron reconocidas por el Festival Mundial de Poesía de Venezuela y el Encuentro Internacional POESIA Universidad de Carabobo. Pérez Só es Premio Nacional de Literatura (2019 – 2020).


Tomado de la Revista Poesía.



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Sergio Quitral nació en 1964, en Chile, estuvo residenciado en Venezuela desde 1980 hasta el año 2015 cuando siguió el consejo de Los Prisionarios en Tren al sur. Profesor egresado de la Universidad de Carabobo en Ciencias Sociales. Ensayista en temas de arte y poesía, colaborador de "Tuna de Oro" y revista "Poesía" en la UC. Profesor de Arte del Centro Piloto Luis Eduardo Chávez, del Ateneo de Valencia. Libros publicados: "La promesa que nos hace la Noche", 1er. Premio Bienal "Roque Muñoz", editado por Secretaria de Cultura Gobierno de Carabobo, en la colección María Clemencia Camarán (2002). "La balsa de Medusa" Colección Primer Libro Poesía de la Universidad de Carabobo (2002). "Aquel Viento sin Nombre", edición personal Hermana Poesía (2004). "Sobre tigres, hombres y sueños" Premio Conac, Poesía Concurso Nacional de las Artes, edición "Cada día un libro" (2006)  “El reino del pájaro silencioso”, Colección Breves Contemporáneos, editorial El Perro y la Rana, 2009.Caracas. El fuego protector", editorial El Perro y la Rana, 2013,Caracas.

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El Autorretrato de Reynaldo Pérez Só y su tardío homenaje



Reynaldo Pérez Só: la poesía no es más que un instante de oración, muy íntimo sin ninguna utilidad meramente física, un dar sin peso materializado



Recital Poético en Homenaje al poeta valenciano Reynaldo Pérez Só, en la Casa Steinworth de San Cristóbal, el 11 de agosto 2023



“PX”, DE REYNALDO PÉREZ SÓ: LECTURA DE LA AGONÍA



Pedimos una pequeña ayuda para nuestro amigo el poeta Reynaldo Perez So, Premio Nacional de Literatura 2021.



ADHELY RIVERO EN SOL DE SED



Los 53 años de la Revista Poesía: Cauce y camino de los ríos encontrados



Fáver Páez: "Te concibo intraducible y desnuda como un poema de Reynaldo Pérez So..."

Tres poemas





































22/03/2026

lunes, 4 de agosto de 2025

El Autorretrato de Reynaldo Pérez Só y su tardío homenaje

 


Autorretrato de Reynaldo Pérez Só


Estimados Liponautas

Reynaldo Pérez Só, el poeta y amigo, falleció el 30 de julio de 2023. 

El pasado viernes primero de agosto a las 10:00 de la mañana en la Galería Universitaria Braulio Salazar, ubicada en la plaza Prebo de  Valencia; se le rindió un tardío homenaje.



El evento fue organizado por la Dirección Central de Cultura de la Universidad de Carabobo, a través del Área Funcional de Artes Literarias ( que galimatías pesuvista... antes  solo era la Dirección de Cultura y el Departamento de Literatura).




Hay homenajes que tienen sabor a PVC... ¿o será PCV?


Nosotros preferimos hacerle algo simple y un poco más duradero... y silenciosamente contundente.




Compartiremos con todos ustedes unos de sus textos, su Autorretrato. Así podrán leer sus palabras sin intermediario y podrán sazonarlas con su propia emoción. Y escucharán sus versos emitidos por su boca propia... todo esto en una plataforma libre y abierta. Ninguno de ustedes tiene que afiliarse o descargar alguna aplicación para disfrutar de este blog.


Disfruten de la entrada, nosotros tomaremos café acompañando a una Silla en el trabajo mientras la mirada cabalga libre a Caballo...


Atentamente


La Gerencia


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AUTORRETRATO


Reynaldo Pérez Só


Hay ciertas cosas que permanecen en mí desde hace mucho, otras se sujetan a la variación de los tiempos, las circunstancias. Cambio por que todo va cambiando, desde mi cuerpo, la ciudad, las personas, por eso es que la nostalgia nunca ha tenido en mí fuerza, esa gravedad tan querida a no pocos escritores, poetas del pretérito que nunca sus pies tocaron la tierra. No me la he permitido, aun que los recuerdos, la memoria llena de paisajes sean tan seductores para el sueño.


Pero para mi manera de ver mi propia escritura, la poesía, hoy en día, lo ido, ido está y se hace rémora, estorbo en el proceso de vivir y crear poemas más o menos aceptables a mi primera lectura. Esta apreciación se ha venido haciendo tras el esfuerzo consciente de que toda realidad es factible sólo cuando ella es de por sí real, no producto de la imaginación o la memoria, que tampoco, en el presente es real. De esta forma, trato de que el poema esté en contacto, palpable, casi fotográfico con lo que me toca vivir, sin inventar absolutamente nada que no haya sido visto, oído, tocado: sólo las percepcio nes, y éstas deben estar ligadas al asunto real del poema. De aquí que el pasado sea un punto de referencia, únicamente eso. Referencia para sostenerme en mi presente y reconocer los cambios que deba obrar como consecuencia de lo que una vez fue se actual o para explicarme mi situación.


Teófilo Tortolero. Fotografía de Héctor López Orihuela. Tomada de la Revista Auditorio Nº1. 1991


Soy demasiado crédulo, diría. He creído en los políticos y los he seguido alguna vez, para darme cuenta luego, tras pagar con mi sufrimiento personal, que ellos obedecen a categorías bien lejanas a las metas de cualquier hombre normal, verdadero. La inversión de los valores es la ética practicada. Muchas veces esa obediencia la he encontrado entre los poetas, pero a pesar de todo, no pude renunciar a la escritura como fuera con la política incipiente. La poesía, me enseñó el más auténtico de los poetas de mi adolescencia, Teófilo Tortoleroestá en otro país, en la tierra que no pueden pisar los pillos de la palabra, ella es evasiva, cobra caro y de cualquier forma cobra. Quise seguir, de este modo, la otra obediencia o la contraobediencia, afirmar  el espacio en que creo, aunque las reacciones no se han hecho esperar al  exponer mis opiniones, hacerme responsable y no ceder al uso y abuso de la palabra con fines bien vergonzosos de puestos administrativos, burocracia, poder.


José Barroeta. Fotografía de Héctor López Orihuela


Y de nuevo, no es la poesía, son los políticos disfrazados de poetas con igual dirección, la misma solemnidad, parecidos hallazgos. Después, sin embargo, de temporadas de silencio me obligo a regresar, así se mantenga en mí el desprecio por los escribidores de poemas, fabricadores de estupideces líricas que me sirven, gracias a Dios, de ejemplos instructivos de lo que no debería ser mi conducta, el espejo necesario. No combatirlos, sino erradicarlos de mi escritura, una luz negra que indica dónde se inicia el abismo, la mentira, la muerte. Descubrir los casi siempre me es doloroso, pues en al gún momento pretendieron engañar y en un principio, sea por inexperiencia o juventud, nos embaucaron como charlatanes que son que viven de los incautos, en este caso la ingenuidad del poeta joven.

Juan Liscano en 1980


De los escritores, los queridos poetas venezolanos, a quienes les debo, sea por la escritura o por sus formas de vida es tán las palabras, las historias, la mano extendida de Teófilo Tortolero, con sus poemas con olor a humedad en casa vieja y su aroma alquitrana dode las conchas de naranja. José Barroeta fuera de sí, añadiendo pucheros en los versos, tormentas entre bosques. Juan Liscano sobre una hamaca llena de olor a mar, algas verdes cubriendo el cuerpo amoroso de una mujer, siempre salpicada por las aguas. Recuerdo a Ramón Palomares encontrado entre libros viejos, nadie lo mencionaba, y fue hallarme en los sabores de infancia a musgo de piedra, perfume de yerba recién cortada. Rafael Cadenas en sus Falsas Maniobras de cuartos, viajero en blanco entre canales, meandros, de un manglar detenido contra una pantalla también blanca. Ana Enriqueta Terán, catedrales, laberintos, rellenos de esculturas en paredes antiguas. Vicente Gerbasi, verde, oloroso a hojarasca y selva, entre sombras de palabras con puntos de sol. Tantos otros, que se mezclan a las lecturas tradicionales de poetas brasileros, italianos, portugueses, franceses, catalanes, ingleses, americanos. Todavía me tocan los versos en gallego de Rosalía de Castro, Camões, Francisco de Asís, Juan de la Cruz, Garcilaso, Shakespeare, Tu Fu, Bashó, Li Po, Yehudah Ha-Levi, Shelomó Ibn Gabirol...


Estación Alemana (actualmente el parque Humboltd o plaza de los enanitos), en San BlasValencia

Me crié entre montes y quebradas, un pueblo llamado Antímano donde pasaba un tren lento todos los días, el mismo tren que llegaba a la Estación Alemana (actualmente el parque Humboltd o plaza de los enanitos), en Valencia


Visita al Parque Humboldt y Parque de los Enanitos en Valencia, Venezuela
7849 visualizaciones 17 oct 2011


Muy cerca estaba Carapita con sus cabras en rebaño, sus matas de jobo, semeruca, mangos, aguacates y hacia arriba la acequia, misteriosa, siempre llena de agua. También fue la Hacienda de Mamera que me permitió recorrerla entre naranjos, nidos infinitos de colibríes que parecían irreales, pequeños, muy pequeños. Ahí me descubría solo, entre asustado por las serpientes y fascinado por los montes, los frutales, los animales. Luego, viene Tocuyito que hace expresar al poeta, las vacadas, los caballos, el viejo cementerio, las colinas resecas del verano, los olores a cañaveral, los inmensos naranjales, los hornos de tabaco, el lento Torito torciéndose entre guafas y pomarrosas, las lluvias interminables y sus olores a secano, los coloridos mereyes que cambian en invierno, pero antes, las terribles y monótonas cocoas y chicharras quebrando el cielo con su canto. Luego el asfixiante vaho a moho y mangos podridos. De todo esto nace mi respeto al entorno natural, su influencia necesaria en el poema, el silencio atrapado de los bosques, la soledad llena de sol durante los medio días. El es todavía en mí, no un refugio o santuario, sino un espacio vivo en que encuentro a Reynaldo tal como es, una parte más de la creación, natural, vivo, simple. Quizá de aquí venga mi alegría de tener en la casa un gallo que canta, una gallina asustadiza que se envalentona porque atrapa una cucaracha y va de un rincón al otro del patio, orgullosa de su presa, como que su público la estuviese observando, aplaudiendo.

Debe ser cosa genética lo de los idiomas. No me gusta leer poesía sino en su lengua, pues los traductores generalmente son malos poetas y me veo obligado a leer su deficiente poesía, o un poema, aunque excelente, del traductor. Aprendí portugués en 1967 para acercarme a la poesía galaico-portuguesa y a Fernando Pessoa, leído en su totalidad gracias a la Editorial Atica que me hizo llegar a Tocuyito una caja completa de libros del poeta y la obra de Mário de Sá-Carneiro. Esa fue mi curiosidad, luego sigo con las lenguas latinas, el inglés, el alemán, esperanto, japo nés... poder leer, aunque sea con dificultad, un texto en su original vale más que toda la obra traducida. Por otra parte, esas lenguas mantienen un misterio, resonancias que me han podido permitir en castellano descubrimientos, darle a éste el sitio que se merece, sobre todo en mis primeros libros y en Reclamo. Lástima que me sean tan difícil aprenderlas. Sin embargo, estoy seguro, que al poeta leído le hubiese gustado que se le acercara uno con la lengua que lo vio crecer y morir.

Vicente Gerbasi


No he perdido el asombro que me despierta la vida, un milagro continuo y cotidiano. La Creación la siento en todo, en lo bueno y lo malo, por eso acepto los cambios en las personas, los crímenes contra el hombre y la misma naturaleza, la bondad sin retribución, la maldad gratuita. Hago lo que puedo, pero sé de mis límites y reconozco que el libre albedrío de los otros les es propio con sus responsabilidades. Dios no deja nada al azar y permite al hombre incluso la libertad de dañar y dañarse, lo otro es patrimonio del hombre con sus consecuencias. Trato de encontrarme con la vida en el sentido optimista, al menos ante la vida que me toca, de poder hacer, voluntariamente, pero lo que trabajo pertenece a la libertad de buscar ser yo, yo mismo.

Reynaldo Pérez So en París. 1968. Fotografía de Orlando Aponte.


Si me equivoco, empiezo la corrección, por que también existe el arrepentimiento, el perdón, pero por sobre todo, mi propio perdón, pues lo que toca a Dios él lo perdona.




Un sentido religioso hizo que mi poesía des de el primer libro estuviese impregnada de Dios. Sentía que él estaba en la gente, las cosas, los ríos, la mar y los árboles. Hay un poema en Para Morirnos de Otro Sueño que se inicia con una visión a un lado del río Sena, presa de no sé qué cosa, a solas sentí una fuerza despertarse frente a mí, como un ruido y fuego, ahí estaban todos los ríos, todos los tiempos, y la presencia me acompañó hacia el viejo apartamento de Abilio Padrón, el pintor, con una paz extraña, solidaria, como si las cosas no fueran importantes y que mi pequeñez o lo que sintiese estaban en segundo lugar. Pero mi vida religiosa no es el poema, es éste el que brota de esos intentos, los rastros dejados sobre el papel. Hubo tiempos en que sentí que Dios se había alejado de mí, en los primeros años de mi adolescencia, luego debí pasar por el panteísmo, las seducciones de la filosofía oriental, el mundo esotérico.


Pero la Biblia, el Pentateuco, el Libro de Job, El Cantar de los Cantares y Los Proverbios nunca se me apartaron. Hasta que puse orden en mi sitio. Dios no se manifiesta sino mediante la búsqueda activa, personal aunada a un conjunto de seres, hombres, involucrados con su sentido histórico, las tradiciones, los rituales y sobre todo el temor a Dios, el respeto a los padres, el agradecimiento de que se pueda aceptar una voluntad superior a la mía, en lo pequeño y lo grande. Cada día se hace nuevo, bien diferente, se vuelve un regalo, incondicional.


Abilio Padrón

¿Cómo poder pasar un tiempo sin juzgar? ¿Cómo poder aceptar a los otros, con sus defectos, con sus límites? Nada se me hace fácil y este debe ser el propósito, me digo. De este modo voy tratando con lentitud en el tiempo, limando, puliendo, lijando. De pronto tengo la impresión de que el mundo se detiene, que la intención de lograr algún conocimiento es imposible, me doy cuenta, entro en razón de lo pasajero, que la imaginación me está jugando una mala pasada. Recurro desde adentro hacia afuera, quizá me ayude una oración, un cambio de mirada, un estado de aceptación plena, no importa si he llegado a mi máxima capacidad y que desde este sitio sea poco lo que pueda lograr, si se logra. Es entonces cuando de nuevo, partiendo de esta misma imposibilidad que lo posible llegue.


Parece no importarme las opiniones ajenas, cuando estoy seguro, o al menos así lo siento, de que lo que hago, mi conducta sea justa, desde un punto de vista superior, es decir de algo por encima de mí.


Unas veces es una cierta ética, pero más bien es una respuesta de lo encontrado en la moral, ajustada a las palabras de la tradición familiar. Debido a esto nunca he expoliado, ni siquiera al lec tor, he tratado de dar lo que tengo. No soporto el engaño, la traición , las palabras hueras de la poesía que parecen ser y no son, de los poetas que han cimentado su conducta en la fiesta al bufón de turno, la retórica sinónimo de muer te. Tampoco soporto la posibilidad de que me pueda ocurrir. Tal vez por esto me mantengo en guardia. Y nada nuevo es, recuerdo la distancia que mantuve entrando a la adolescen cia, cuando estudiaba en el Luis Razzetti en La Quebradita, durante 

Reynaldo Pérez Só en Barcelona, España 1969. Foto: José Abreu.


dos años no hablé con nadie, no jugué con nadie, sólo lo necesario. Para entonces existían cosas verdaderamente como los árboles, animales, objetos y tantas otras. En la otra banda estaban el mundo hostil, su violencia en los profesores, los alumnos que los secundaban, pero yo tenía los cerros aún vírgenes de Catia, las es ca pa das, solo con mis perros, al Ávila, las salidas semanales para su mer gir me, bucear en Las Salinas, en Arrecife. Hoy quizá no los tenga, pero voy aprendiendo mundos nuevos de un Reynaldo que construyo y me cuesta, más estúpido que inteligente, más emotivo que estúpido, más ingenuo que vivo. Pero con todo me acompaño, cuando no puedo y no veo salidas, hago lo que hace cualquier persona que sabe de sus imposibilidades: pide ayuda. Nunca se me ha negado.

Adhely Rivero, Carlos Osorio y Reynaldo Perez Só frente al departamento de Literatura, el "bunker". Fotografía de José Antonio Rosales(coloreada). 

Imagen tomada de la revista Laberinto de Papel.


Vivo cotidianamente con la presencia de la muerte, no con terror,  pero sí como norte para que la vida tome el lugar exacto: estar con ella, agradecerla, dar lo poco que pueda dar, cuidarla. No de tenerme sino el tiempo necesario, abandonar las rémoras, no asumir el futuro si mi presente no lo resuelve. Evitar que el sueño haga de mí su campo de batalla, sin que permita relacionarme a la vida.



Desconfío de los halagos, frente a ellos, inmediatamente, pongo una coraza. La comunicación se rompe y opto por el silencio. Sospecho del lenguaje florido, la frase preñada de adjetivos y vocablos en estado de diccionario, veo falsedad cuando el apoyo a la persona se logra en base a referencias europeas, frases de moda o atiborramiento de nombres aceptables en el arte y la poesía. Mi silencio a veces se rompe con la ironía o el sarcasmo explosivo, es quizá un gran defecto, por eso para evitarlo, procedo por alejarme, irme adon de me sienta con bien, natural o reunirme con gente que no padezca de la enferme dad del intelecto. Oja lá pu die se so por tar los como se acepta y se oye al enfermo. Parecido efecto tiene en mí cuando se habla de religión boca para afuera, externamente.



El sentido de mi vida está en buscar el sentido de ésta. Me equivoco: no regreso. Miro hacia los lados, me vuelco de afuera para adentro, cumplo con el mismo movimiento al contrario. Sigo, no me detengo en el sufrimiento, de cualquier forma, el mal no tiene mal aspecto y por ahí no es, trato de saltar por encima, en contra corriente.



Sospecho que a Dios no le interesan las almas fáciles, las que son devueltas intactas o con hipotecas, y por mi parte, tampoco. Divido el tiempo en días, y a estos desde el despertar al dormir. Lo tengo como entrega y apertura, como en señanza y aprendizaje. Procuro dar, servir a lo superior al hombre, recibir sin miramientos, sin cuestionamientos. Si surge la poesía, es asunto de Dios, lo demás no interesa. Si pido cosas son como ser un hombre, un hombre bueno y cuesta su trabajo pareciera decirme Dios. Entonces, tomo café y callado me voy caminando a mi trabajo.

 

Valencia, mayo, l997





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El texto Autorretrato de Reynaldo Pérez Só, apareció publicado en el Papel Literario del diario El Nacional en junio de 1997.


Para morirnos de otro sueño
Reynaldo Pérez Só
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Reynaldo Pérez Só (Venezuela)
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Homenaje a Reynaldo Pérez Só (8vo Festival Mundial de Poesía 2011)
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Comentarios sobre el homenaje a Reynaldo Pérez So



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Reynaldo Pérez Só. Caracas, 1945 – Valencia, 2023. Poeta, ensayista, traductor, editor, profesor y médico. Se desempeñó como Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo. Fue co-fundador de la revista Poesía, la cual dirigió durante varios años. Entre sus libros de poesía destacan: Para morirnos de otro sueño (1971); Tanmatra (1972); Nuevos poemas (1975); 25 Poemas (1982); Matadero (1986); Reclamo (1992); Px (1996); Solonbra (1998) y Rosae rosarum (2011). Su vida y su trayectoria literaria fueron reconocidas por el Festival Mundial de Poesía de Venezuela y el Encuentro Internacional POESIA Universidad de Carabobo. Pérez Só es Premio Nacional de Literatura (2019 – 2020).


Tomado de la Revista Poesía.