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domingo, 21 de julio de 2024

Silver Reed,esa máquina de escribir, color gris plomo, al fondo

 

No es gris plomo ,pero es una Silver Reed



NOTAS DESABROCHADAS


Esa máquina de escribir color gris plomo al fondo


Carlos Yusti domingo 24 de marzo de 2024


A Miriam Yusti, in memoriam


La noticia sobre la entrega de su primera máquina de escribir (una Olivetti Estudio 46 de color azul) que hizo Rafael Cadenas al Instituto Cervantes, me resultó una metáfora de ese particular oficio/trabajo que es escribir.




Hoy la máquina de escribir es un artefacto en desuso con la irrupción de las computadoras personales. Sin embargo, fue un adminículo que forma parte de un capítulo importante de la evolución de la escritura que aún no ha terminado.


Hay muchas historias de los escritores con sus máquinas de escribir. Algunos de ellos desarrollaron determinadas manías antes de comenzar a pasear sus dedos por las teclas, tratando de encontrar la armonía exacta para escribir algún texto importante.

Gabriel García Márquez en las oficinas de Prensa Latina,Bogotá,1959.


Hay un artículo de Gabriel García Márquez, titulado “El amargo encanto de la máquina de escribir”, en el cual relata esa peripecia de escribir a mano y esa de escribir a máquina. El Gabo asegura que esos escritores que escriben a mano son mucho más de lo que uno cree. Ellos defienden esa noción de que las ideas fluyen mejor cuando el lápiz, o la pluma, se desliza sobre el papel. En cambio, esos escritores que lo hacen en vivo y en directo en la máquina de escribir sienten algo de superioridad y no conciben cómo era posible que en alguna época de la humanidad se haya escrito de otro modo.




En el artículo, García Márquez hace un recuento de sus amigos que escriben. Había uno que lo hacía directo en la máquina, pero había párrafos que se resolvían mejor si los escribía a mano. Que Carlos Fuentes escribía sólo con el índice. Que es poco frecuente que los escritores que escriben a máquina lo hagan con todos los dedos. Pero escribe algo preciso: “La verdad es que cada quien escribe como puede, pues lo más difícil de este oficio azaroso no es el manejo de sus instrumentos, sino el acierto con que se ponga una letra después de la otra”.



Ese monstruo del nuevo periodismo como lo fue Hunter S. Thompson, en un paraje solitario y lleno de nieve en Colorado, le disparó a su máquina escribir y después se disparó a sí mismo. Para Thompson sin duda su máquina era otra parte de su cuerpo, otro pedazo de sí mismo y que le permitió dar salida a sus delirios sicodélicos. Thompson con su portátil escribió de esa locura (disfrazada de normalidad inexpresiva) que le rodeaba con sensata brillantez.


 



Paul Auster es uno de sus ensayos rememora cómo un pintor se obsesionó con su máquina de escribir. Una que tuvo que comprar luego que la suya, después de un viaje, quedara inservible. Auster, sin dinero para adquirir una nueva, le contó a un amigo sobre lo de su máquina y éste le vendió una Olympia portátil, fabricada en la extinta Alemania Occidental.

Paul Auster y su máquina de escribir Olympia.


El pintor llegaba a la casa de Auster y se concentraba en la Olympia. Hacía bocetos coloreados, fotos, dibujos a carbón. Iba con frecuencia y si no estaba Auster le pedía permiso a su mujer y volvía a estar a solas con la máquina. Esto en un principio no fue del agrado del escritor, pero logró verlo desde otra perspectiva, o como Auster lo escribe: “Tengo que admitir que todo esto me produce cierto desasosiego. Los cuadros están ejecutados con brillantez, y me siento orgulloso de mi máquina de escribir por haberse constituido en tan valioso tema pictórico, pero al mismo tiempo Messer me ha obligado a ver de otro modo a mi vieja compañera. Aún me encuentro en pleno proceso de adaptación, pero, ahora, siempre que contemplo esos cuadros (tengo dos colgados en la pared del cuarto de estar), me resulta difícil pensar en mi máquina de escribir como en un eso. Sin prisa, pero sin pausa, eso se ha convertido en ella”.

Fernando Savater


Fernando Savater recuerda su primera máquina. Un regalo, o como él lo escribió: “De todos los regalos de mi vida, el que más me ha gustado fue una máquina de escribir portátil (este adjetivo hay que entenderlo en su época, ahora quizá nos pareciese un cachivache demasiado pesado y voluminoso). Me lo trajeron los Reyes cuando yo debía tener unos trece años: era de austero color gris, compacta, con teclas que me parecieron las de un piano mágico. Su marca era bien visible, con plateadas letras cursivas en relieve: Remington.

Remington





También, mi primera máquina portátil (una Silver Reed de color gris plomo) fue un obsequio de mi hermana mayor, Miriam. Estaba terminando el bachillerato y siempre andaba en apuros con los trabajos del liceo que debían ser a máquina. Un día llegó con una caja de cartón, la delicadeza no era el fuerte de mi hermana, pero era solidaria, malhablada y tremendamente gente. Me dijo: “Un regalo”. “¿Qué, una caja?”. “No seas bobo, lo que está adentro”. Saqué la máquina. Era de segunda mano, pero estaba impecable y parecía nueva. “Gracias”, le dije, “pero no sé usarla”. Me dijo con algunas palabrotas: “Ya aprenderás, además no es indispensable que seas mecanógrafo para ser escritor”.


Por algún tiempo esa máquina gris plomo estuvo al fondo del cuarto en un rincón. Hasta que llegó el momento de usarla. Aprendí a escribir con una sola mano y todavía lo hago. Me gustaba el ruido de las teclas golpeando el rodillo. En esa máquina escribí mis primeros textos y mi primer libro. Escribía con furia y la máquina llegó un momento en que colapsó. Sus mecanismos internos saltaron y la guaya que movía el carro se rompió. La puse al fondo del cuarto como amuleto y recordatorio. Luego he tenido otras máquinas y esa primera máquina gris plomo desapareció en esos torbellinos de limpieza doméstica sin darme por enterado.





En la película de David Cronenberg El almuerzo desnudo, basada en la novela homónima de William Burroughs, hay unas máquinas de escribir bastante alucinantes. La cinta de Cronenberg toma de la novela de Burroughs (y de otros de sus libros) la atmósfera de alucinaciones, aportadas por esos viajes con drogas duras, y esto la aleja bastante de la novela de Burroughs, lo que la convierte en una obra autónoma.

Naked Lunch [1991] Original Trailer 4K Restored



Cronenberg hace una biopic velada de Burroughs, a tal punto que el personaje principal es un duplicado del escritor hasta en el vestir (traje, sombrero y corbata). La trama no puede ser más caricaturesca. William Lee (Peter Weller, encarnando al propio Burroughs) es un exterminador de insectos que trata de alejarse de las drogas y de su vida algo turbia. Ahora es escritor. En este entretanto descubre que su esposa (Judy Davis) se ha vuelto adicta a la sustancia (un polvo amarillento) con que su marido extermina a las cucarachas. Una noche de tragos, en medio de un juego a lo Guillermo Tell, el exterminador mata accidentalmente a su esposa de un disparo. Debido a ello William Lee debe escapar a la Interzona, una versión de pesadilla retocada de Tánger (lugar donde el propio Burroughs escribió la novela en la que se basa esta película). Antes de escapar a la Interzona cambia la pistola por una máquina de escribir Clark Nova, ficticia claro. Esa Clark Nova se trasmuta en un insecto que habla a través de su cavidad anal y donde un escritor amanerado (Ian Holm) y su esposa (también Judy Davis) son peones de un entramado de espionaje retorcido entre los seres humanos y una raza de ciempiés gigantes. Las máquinas de escribir dejan de ser objetos inanimados y en un giro kafkiano se tornan en seres zoomorfos parlantes, especie de escarabajos, cuya cabeza está conformada por las teclas y debajo de sus alas se esconde su cavidad anal, por donde habla. Cronenberg debió aferrarse a lo dicho por Burroughs en una entrevista: “Mi teoría fundamental es que la palabra escrita fue literalmente un virus extraterrestre que hizo posible la palabra hablada. La palabra no ha sido reconocida como un virus porque alcanzó un estado de simbiosis estable con el huésped…”.

Clarice Lipector frente a su máquina de escribir. ¡Mentira! es la modelo y escritora Alice Denham'playmate' de Playboy en 1956

No siempre la relación del escritor con su máquina de escribir ha sido tan extraña como en la película de Cronenberg. Algunos escritores hablaban de su extenuación al pasar horas frente al teclado; otros tuvieron que pagar exceso de equipaje al llevar su portátil. Además, por el excesivo y rudo uso las máquinas se deterioraban. La escritora Clarice Lispector en una de sus crónicas, titulada “¿Hasta la máquina?”, escribe: “Mandé a reparar mi máquina de escribir. Insertado alrededor del rodillo (o como quiera que se llame lo que ustedes saben) todavía estaba el papel donde el reparador de máquinas había intentado escribir para ver si ya no tenía defectos. En el papel estaba escrito: s d f g ç l k j a e v que Dios sea loado p oy 3 c”.


 

Miyó Vestrini


Se editó un libro póstumo de poemas inéditos de Miyó Vestrini con el sugerente título Es una buena máquina. Dicho título surgió debido a que entre sus papeles había un folio escrito a máquina:


kkksskkskskkskkskkk oosoosoo


magali ruz si —fafafannnn


su es


sí es una buena máquina


 

Es una buena máquina


Ahora que mi hermana Miriam no está, el recuerdo de esa máquina de escribir, color gris plomo, al fondo de mi cuarto, me hace escribir todo esto. Miriam leía a veces mis textos y aunque no los entendía mucho estaba orgullosa de su hermano que escribía libros. Su regalo me permitió trabajar con las palabras, organizarlas de tal manera hasta conseguir arrancarles alguna chispa de belleza. Esa máquina de escribir color gris plomo fue nuestro nexo afectivo secreto, la complicidad a toda prueba; esa complicidad filial que se escribe con esa estridente música de las teclas golpeando el rodillo.



Silver-Reed Silverette ultraportable typewriter demo




Tomado de Letralia



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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordinó la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal. Actualmente es coeditor de la revista digital Cárcava


martes, 15 de agosto de 2023

EL NACIONAL: LA CULTURA DE CALIDAD CREA COSTUMBRE

Un texto de José Pulido

 

María Teresa Castillo 



LA CULTURA COMO PERIÓDICO


José Pulido



María Teresa Castillo entra a la sala de redacción como si fuera una persona desconocida que se ha extraviado entre tantos escritorios; los habitantes del periódico sienten su presencia y comienzan a saludarla. Entonces esboza su sonrisa preciosa jamás borrada por ninguna circunstancia. 


Algunos que la conocen desde hace más tiempo, le mencionan su época de costurera en Nueva York y luego su etapa como una de las primeras periodistas de Venezuela y pionera en la promoción intensa de actividades culturales. Al salir de toda esa conversación se acerca hasta el promontorio de papeles que rodea mi máquina de escribir, para preguntarme “¿quieres almorzar con Arthur Miller?”  como si preguntara ¿quieres comer perros calientes en la Plaza Venezuela?


Plaza VenezuelaFotografía de Wilfredor


A María Teresa le encantaba ayudar, pero más le agradaba emocionar. Luchaba parejo por la cultura desde sus años juveniles y luego como presidenta del Ateneo de Caracas.


Su pasión por el arte no tenía comparación con nada. Pero no podía escapar a su sino de reportera natural. Es un amor que no se cura. María Teresa Castillo constituía una valiosa ayuda externa para todo lo que redundara en beneficio de nuestro trabajo periodístico en el área cultural. 

 

Ese era uno de los asuntos interesantes que transformaban en experiencia fantástica estar ahí, en El Nacional, formando parte de un equipo de profesionales que constituían una elite. 


El Ateneo de Caracas y los ateneos de todo el país, generaban una determinante cantidad de eventos culturales y eran centros hiperactivos, donde se mostraban y se debatían creaciones artísticas de diversas disciplinas. Demás está decirlo: sus programaciones fluían hacia El Nacional, que fungía como un cauce natural.




LA CALIDAD CREA COSTUMBRE

 

El Nacional contó desde sus inicios con reporteros, fotógrafos y diseñadores que tenían una visión más trascendente y profunda sobre los hechos: sabían cómo abordarlos, describirlos, evaluarlos.

 

Los colaboradores, esos escritores de artículos y de crónicas especializadas, eran cada vez más genuinos. El diseño del diario iba despejando una especie de mapa sentimental y cotidiano para ver el país y el mundo.

 

Eso fue haciendo de El Nacional un periódico capaz de captar sus propios lectores, de crear costumbre de lectoría, exigencias de calidad. Reconocer la cultura como una fuente inagotable y primordial de la civilización permitió que la gente se orientara con mayor eficiencia.

 

Las páginas de arte buscaban el pensamiento del filósofo, la composición y la ejecución del músico, el lenguaje corporal de la danza y el ballet; la contundencia expresiva del teatro; las imágenes más conmovedoras del cine; los avances de la arquitectura que transformaban el paisaje de las calles; las artes plásticas y visuales viejas o novedosas; la interpretación vertiginosa de la literatura y el sacramento de la poesía.

 

En dos platos: La cultura. Algo que podía explicarse a través de creadores que tronaban duro, con características universales.

 

Pedro León Zapata. Fotografía de Carlos Ayesta.

Pedro León Zapata, con sus caricaturas, se convirtió en la crónica del día, la definición del presente, el arte como explicación de cada momento. ¿Su secreto? La inteligencia incesante. Al menos eso dijo, aunque de esta manera:

 

“Yo soy absolutamente incapaz de mejorar, y también incapaz de empeorar, porque yo no aprendo. Hago las cosas y no me las aprendo, lo cual puede ser una especie de autocrítica. También puede entenderse como una afirmación un poco vanidosa: yo no aprendo quiere decir yo no repito, yo no práctico fórmulas, yo carezco de recetas. Los que aprenden son aquellos que descubren recetas y van a lo largo de todo su trabajo descubriendo recetas para realizar sus cuadros, para realizar sus poemas, para escribir sus libros, para cocinar su comida y hasta para vivir: terminan siendo personas que viven con recetas”.



 LAS FUENTES INAGOTABLES

 

La actividad cultural en Venezuela ha sido diversa y de distintos niveles. Las artes plásticas, la música, la literatura y el teatro han destacado, han trascendido las fronteras. Entre muchos eventos valiosos, surgieron cinco grandes “territorios” culturales para los periodistas del área: Los escritores y las editoriales; los ateneos como promotores y motivadores del hecho artístico; los museos; el Festival Internacional de Teatro y el logro más importante por su expansión internacional: el Sistema de Orquestas Sinfónicas.


SOFÍA IMBERImagen tomada de La Gran Aldea



SOFÍA IMBER

Sus ojos vieron miles de obras de arte. Un torbellino de emociones, conflictos, genialidades, arrebatos, y sensibilidades penetraron desde las pinturas y las esculturas a través de esos ojos mordaces.

Hace un tiempo Sofía comentaba: “Si nosotros tenemos un Bacon es “el Bacon”, y lo mismo ocurre con el Miró, con el Braque. Siempre hemos tratado de escoger la obra que completa una visión del núcleo de una colección. Todas son obras absolutamente imposibles de adquirir hoy en día y válidas per se”.

CARLOS GIMÉNEZ. Imagen tomada de TintaTeatro Venezuela


CARLOS GIMÉNEZ

Hablando con Viviana Marcela Iriart y Ana María Fernández de Rodríguez, Carlos Giménez dijo, sobre la importancia que tenía el Festival Internacional de Teatro:

“Yo creo que es de importancia vital, porque consolida todo un aspecto y una filosofía de vida frente al teatro. Sin embargo, es un hecho relativamente incomprendido en todo el contexto venezolano, por la inversión que esto significa. Es verdad que sería muy beneficioso para el país si el Estado invirtiera ese dinero en otras prioridades importantes, como por ejemplo crear una Escuela Nacional de Teatro, una Compañía Nacional de Teatro, pero nosotros sabemos que esto no sucede. Nuestro país es el imperio de los hechos consumados, de la cultura de facto. Yo creo por otra parte, que el festival proyecta y genera una relación internacional del teatro venezolano, le abre nuevas estructuras, eleva el nivel de reflexión, potencia y califica la labor de nuestros creadores y genera toda una apertura que incorpora a una gigantesca clase a la actividad teatral, especialmente a la gente joven”.

JOSÉ ANTONIO ABREU. Imagen tomada de la UNESCO


JOSÉ ANTONIO ABREU

Cuando tenía 35 años de edad, José Antonio Abreu esbozó con claridad uno de los conceptos fundamentales del Sistema de Orquestas y Coros: “Los niveles superiores acaban arrastrando a los inferiores. Nunca ocurre al revés, si fuera al contrario, la orquesta se disolvería.”

Siempre pareció un hombre de físico endeble, pero nunca dejó de moverse a la carrera, averiguando las salidas de los laberintos y ubicando las puertas ocultas por donde atravesaría con su habitual terquedad, para sorprender las antesalas del poder. 

Niños y jóvenes van y vienen por todas las calles del país inseparablemente unidos a un violín, un bajo, una trompeta, un saxofón, una flauta, una batería, un estuche agregado a la vestimenta y al modo de ser.  

Los estuches de instrumentos musicales amontonados al pie de los aviones, ya son una imagen corriente en cualquier aeropuerto. Si algún despistado se extraña ante las formas que asume el equipaje, no faltará quien explique lacónicamente: “Es el Sistema”.




FUNDACIÓN EN TIERRA ESCRITA


El Nacional se fundó con la idea de colocar el país en el terreno de las libertades y de los adelantos que el mundo podía exhibir en esos momentos. Pero esa fundación se hizo con invocaciones culturales, con fe en el arte y sus poderes creadores.

Antonio Arráiz


Miguel Otero Silva nombró a Antonio Arráiz como primer director del periódico. Arráiz era una vanguardia que se había templado en Nueva York y en la cárcel de La Rotunda. Miguel Otero, con su humildad de guerrero sencillo, se convirtió en el primer jefe de redacción. Arráiz y Otero Silva atrajeron a todos los narradores, ensayistas, poetas, músicos, pintores, arquitectos, intelectuales, bailarines, dramaturgos, actores y otros más que se identificaban con el empuje alentador de sus palabras. 

Pablo Neruda y Miguel Otero Silva.


Decir que El Nacional nació invocando las voces del arte no es una especulación. Como regalo de cumpleaños, Pablo Neruda escribió este texto poético para Miguel:

“Érase una vez un hombre que no se encerró en sí mismo sino que se desgranó como las uvas o el trigo. Era difícil pasar por su lado sin leerlo: en su conducta tenía más palabras que los libros.

Se le veía en los ojos la conciencia luminosa, con una iluminación que sólo tienen los niños y más de una vez cambiamos de juguetes en la calle porque hasta su corazón lo llevaba en el bolsillo para no perder el tiempo si alguien lo necesitaba.

Así trasplantó la dicha entre todos sus amigos.

Sesenta años se pasó en este extraño negocio de gastar y no gastarse, de querer y ser querido.

Cuando se lea esta prosa alguien tal vez creerá que estoy haciendo el retrato de algún caballero antiguo.

Y es verdad: joven poeta, antiguo y tierno guerrero es el que yo describí: Se llama Miguel Otero.




PROFESIONALES EN LA EMOCIÓN

 

Los comunicadores recién llegados a El Nacional terminaban de formarse con los quehaceres en la calle y con la escuela socrática de los irónicos veteranos que maceraban la sala de redacción. Entrar a formar parte de ese equipo era como alcanzar una cumbre en el periodismo venezolano. Ahí estaba la oportunidad de descollar en alguna de las áreas o fuentes. Aunque el arte nunca abría los titulares de primera página, se tenía como un privilegio trabajar para las páginas culturales.



Los comunicadores con su escritura, sus imágenes y sus diseños, fueron creando un estilo que gustaba y atraía lectores. Un estilo de “estamos al día, sabemos lo que ocurre en el mundo”.

 

Venezuela era un país atractivo, además, para visitar o para participar en los eventos que se organizaban. El Festival Internacional de Teatro, las temporadas de Opera, los congresos de escritores, los museos, los festivales de poesía, las ferias de libros, de artes plásticas, los conciertos, el ballet.

 

Miyó Vestrini


José Ratto Ciarlo, Lorenzo Batallán, Miyó Vestrini, Alfredo Armas Alfonzo y Teresa Alvarenga fueron jefes de las páginas de Arte de El Nacional y luego esa responsabilidad recayó en mí, por decisión de Miguel Otero Silva.


Pablo Antillano. 1984. Fotografía de Vasco Szinetar.

La visión, sensibilidad y erudición de Pablo Antillano, mantuvieron El Nacional en la vanguardia del periodismo cultural en los años ochenta. Fue una verdadera fuerza intelectual, en sus actos como coordinador de suplementos y ediciones especiales.

 


ESTÉTICA, INTELECTUALIDAD Y SABIDURÍA

 

Harold Bloom dijo algo que curiosamente podía adaptarse al estilo que El Nacional desplegó, hasta el punto de convertirse en un diario de alta influencia en lo cultural y lo social.

 

“A lo que leo y enseño sólo le aplico tres criterios: esplendor estético, fuerza intelectual y sabiduría. Las presiones sociales y las modas periodísticas pueden llegar a oscurecer estos criterios durante un tiempo, pero las obras con fecha de caducidad no perduran. La mente siempre retorna a su necesidad de belleza, verdad, discernimiento”.

 

Por supuesto: los males llegan para quedarse si no hay quien los fumigue. Los periódicos tenían que vivir de la publicidad y la publicidad ponía su dinero en los diarios que tenían más lectores. Las mayorías, ya se sabe, buscan el espectáculo hasta en la muerte; se envician con la pornografía, con lo escatológico. Las mayorías se encantan con lo superficial, el chisme y la mentira que le satisfacen este o aquel rencor. Y esas preferencias fueron propiciadas por quienes veían a los medios de comunicación como simples negocios.

Han debido aprender cual es el verdadero negocio comunicacional a largo plazo: registrar más a fondo el país con esos equipos de profesionales que alcanzaron un tope. Han podido establecer buenas producciones de crónicas, entrevistas y reportajes de altura, para curar a los lectores del virus que se iba a desatar como una maldición.


Revista Esquire. Abril 1966. Frank Sinatra Has a Cold. Imagen tomada de El Portadista


De repente y tal comenzó a aparecer, el mandato “escribe corto”, “Un párrafo y una foto”, como interpretación y justificación de aquellos que no leen, de esa mayoría que comenzó a sentirse cómoda con la televisión y los mensajes digeridos. Mientras eso ocurría, en países de más lectoría se continuaba haciendo un periodismo de entrevistas y crónicas que se convertían en un magnífico negocio, aunque los textos fueran largos. Gay Talese había publicado Frank Sinatra está resfriado, una entrevista que se convirtió en ejemplo de una sólida alianza entre periodistas y lectores, aunque ocupa la extensión de una novela corta.


José Ignacio Cabrujas

En Venezuela, entre tantas crónicas, entrevistas y artículos excelentes, se puede destacar como un texto fundamental para explicar la cultura venezolana, lo que escribió José Ignacio Cabrujas sobre Catia. Hoy siguen hallando en ese escrito fragmentos de la historia sentimental de una generación que pasó, con gran estilo, de la dictadura a la incertidumbre.


OswaldoTrejo

OswaldoTrejo nos contó, a un grupo de zagaletones, nada menos que el argumento de una de las más singulares novelas que se escribieron en el siglo XIX, À rebours (Acontrapelo) de Huysmans, que él había leído (yo creo que Trejo era el único venezolano, muy probablemente el único latinoamericano, que había leído a Huysmans, en una época donde nadie leía a este autor que tuvo la desgracia de ser contemporáneo de Zola, cuya gloria masacró a Huysmans, siendo este cincuenta veces mejor escritor que Zola). Trejo nos contaba de qué trataba À rebours, que él había leído en francés. También iba mucho a la plaza Oscar Guaramato, que escribía estos cuentos sobrios, ominosos, fundadores del estilo que hoy conocemos como el estilo de Concurso de Cuentos de El Nacional, que ha ofuscado tanto la cuentística venezolana: estos personajes que, en hamacas, mueren de gangrena en medio de una insurrección federal; mujeres que hacen arepas muy cerca de un bahareque mientras el hombre está, siempre en su hamaca, pensando en lo que puede suceder”.


Oscar Guaramato


Eso de que la gente no tiene tiempo de leer, no puede concentrarse o le parece aburrido leer, recibió un gran respaldo en los medios, hasta el punto de que las páginas de arte se convirtieron en agendas, en breves notas y posteriormente esas estrecheces de texto fueron acompañadas por videos. En el fondo predominaba el deseo de hacer una televisión encima del papel.

Respecto a los pocos caracteres de Twitter, ya es de notar que hay en demasía twitteros que ni siquiera pueden elaborar un mensaje inteligente, bien escrito y coherente en esos pequeños textos. He ahí el resultado de tantos años opuestos a la lectura. Leer y escribir no es lo mismo que saber leer y saber escribir.

En cultura, la realidad son los creadores de arte, los artistas, los que de alguna manera proponen ideas que pueden servir para sentir, pensar o consolarse por una tarde triste. El Nacional era el escenario abierto para que los artistas y los intelectuales se comunicaran con el país.

Cuando las salas de redacción fueron manejadas por las gerencias descollantes, la función de los periódicos comenzó a cambiar.

El boom de las gerencias comenzó a fagocitar empresas, a buscar ganancias con experimentos surgidos de planteamientos foráneos. Gerencias invariablemente integradas por profesionales más afectos a la publicidad que a la lectura fuerte. Algunos de ellos, esgrimían como brújula el concepto de que la cultura es una inutilidad.

Usaron con frecuencia el sistema de “misión y visión”, que generalmente concluía esbozando una visión y una misión de los medios escritos que no tenían nada que ver con su verdadera y primordial razón de existencia.

Esas gerencias apuntaban hacia algo que no podía desvincularse de ningún medio: la búsqueda de ganancias. Pero todo terminaba desembocando en la creación de lectores mediocres.



UN FENÓMENO CULTURAL


Cuando aparece un periódico se da inicio al proceso de crear sus propios lectores. Un periódico, en un principio, es como un faro: ejerce una función parecida a colocar una luz para que los navegantes se orienten en la oscuridad y no se estrellen.

Todo El Nacional fue un fenómeno cultural. Su estilo comunicacional se basaba en un lenguaje que aportaba conocimientos. La relación con lo intelectual y con el análisis permanente de los acontecimientos, permitía obtener una visión muy clara y acertada. También el humor, que se explotaba con altura, era una veta que caracterizaba a El Nacional.

En lo que va del siglo veintiuno se han registrado sucesos impensables en una sociedad civilizada, culta, preparada para los retos más exigentes de la inteligencia artística y científica.

Cuando Venezuela parecía encaminada hacia la democratización de un criterio que le da importancia a la cultura, todo se derrumbó, como en la canción. Toda la actividad cultural que se desarrollaba en Venezuela se borró de un golpe y se convirtió en un antro de propaganda política con cien años de atraso.

En Venezuela, con todas las fallas que pudieran encontrarse, las actividades culturales eran de una intensidad y calidad que asombraban más al foráneo que al nativo. Volviendo a Miller, cito lo que dijo en aquella ocasión en que almorzamos como si nos conociéramos:

“Me ha impresionado mucho la idea de un festival de teatro en Venezuela... Espero completar mi impulso teatral, aprender más sobre el teatro venezolano. Me sorprende esto, no es muy normal que un país tenga 14 o 15 agrupaciones teatrales profesionales”.

Ese día pensé: “Lástima que Arthur Miller no podrá conocer lo que hacen en el teatro Cabrujas, Chocrón, Chalbaud, Carlos Giménez, Javier Vidal, José Simón Escalona, Néstor Caballero, Ugo Ulive, Levy Rosell, Edilio Peña, Elisa Lerner, CésarRengifo, Xiomara Moreno, Gustavo Ott, Gilberto Pinto y el incomparable Rodolfo Santana”.

Arturo Uslar Pietri


Sentí deseos de asombrarlo, de mostrarle a fondo lo que éramos en cultura, pero no se me ocurrió nada. ¿Cómo traducirle de inmediato algo de nuestros creadores? Por eso pongo, para sacarme la espina, lo que dijo Arturo Uslar Pietri hace 83 años. Algo que me pareció una fiel expresión de nuestras circunstancias.


Carlos Eduardo Frías

Carlos Eduardo Frías lo entrevistó en la Caracas de 1934. Uslar Pietri tenía 28 años de edad y habló de su escritura y del país con una impresionante sabiduría:

“En Las lanzas coloradas no he hecho sino dramatizar esta idea: en América, como en todo ser vivo, el cuerpo ha estado adulto y hecho antes que el espíritu. La guerra de independencia fue la principal manifestación exterior de la plenitud de la carne americana. Una guerra alegre y cruel de pueblo joven. Terminada la guerra ya sentíamos el cuerpo sólido y peculiar, pero de manera más aguda aún la ausencia del espíritu correspondiente. Todo lo de la inteligencia nos venía de afuera y pertenecía a los extranjeros. Desde entonces hasta ahora, la historia del continente podría llamarse “historia de la búsqueda de la cultura americana”.

Arthur Miller y Marilyn Monroe


CIERRE CON DAMAS


-¿Quieres almorzar con Arthur Miller? Me preguntó hace más de treinta años María Teresa Castillo y le dije que sí, por supuesto. Agarré un grabador y decidí no comer la parrilla que vendían a 2,50 con refresco de manzanita, a unos pasos del periódico.

En aquella ocasión, Miller comentó, acompañado de su esposa: “no hay nada nuevo que yo pueda decir sobre Marilyn y, como no quiero aburrir, mejor será no decir nada”.

 

Su esposa es la célebre y carismática fotógrafa de Life, Ingeber Morath. El director de cine John Huston la bautizó como “la suprema sacerdotisa de la fotografía”. Fue integrante de Magnum con Henri Cartier Bresson y Robert Capa.

 

 Arthur Miller y Ingebor Morath

La abordo, sin pensarlo mucho:

 

-¿Le molesta que en todas partes estén preguntándole a Miller sobre Marilyn?

-No... no me molesta. La conocí a ella antes de que Arthur... La fotografié: era una mujer fantástica...

 

Lo dice con sinceridad. Aclara que se casó con Miller después de morir Marilyn.

-¿Usted no es fantástica?

-Cada una tiene una cosa distinta... susurra Ingebor Morath.

 



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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores


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