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viernes, 17 de abril de 2026

EL GRAN ESCRITOR VENEZOLANO ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ CON BETANCOURT EN EL PALACIO DE MIRAFLORES




Reunión en el Palacio de Miraflores. Rómulo Betancourt y Enrique Bernardo Núñez, circa 1960: Autor desconocido. Foto coloreada ©Archivo Fotografía Urbana




EL GRAN ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ EN EL PALACIO DE MIRAFLORES


Milagros Socorro


Fecha de publicación: octubre 4, 2015




El 30 de septiembre de 1940, Rómulo Betancourt le envió una carta a Enrique Bernardo Núñez, desde Santiago de Chile, donde se había instalado con su familia después de haber sido apresado por la policía política. Allí le dice que quiere reanudar a distancia el diálogo epistolar que habían iniciado cuando Betancourt estaba todavía en la clandestinidad. “Sigo atentamente lo que escribes”, le dice el exiliado al gran escritor a quien va a admirar por décadas. “Y veo que casi siempre coincides con el Partido, ojalá que estés cada día más cerca de él, más al lado nuestro”.


El propósito de la misiva era, pues, conquistar al autor de “Cubagua” para que se uniera al Partido Democrático Nacional (PDN), fundado por Betancourt, que, al funcionar entre 1937 y 1941) es uno de los antecedentes de Acción Democrática.


“El trabajo por equipo alrededor de un programa concreto y de una disciplina colectiva conscientemente aceptada, aumenta la capacidad creadora del escritor  y le da una proyección más seria a su obra. Pareciera ser más cómoda y más ‘libre’ la postura del francotirador. Pero no es así. Las fuerzas que combatimos están coaligadas, vertebradas por lazos que aún en países como el nuestro, sin aparente estructuración política, de los reaccionarios, son muy sólidos. El instinto de defensa de las comodidades y privilegios hace el papel del cemento. Los aglutina. Nosotros no podremos derrotarlos sino oponiendo a su bloque antivenezolano otro de base nacional y seriamente organizado. No otra cosa es el Partido, con todo y sus grandes deficiencias, nacidas de las condiciones mismas en que se ha forjado. Estoy seguro de que cuando llegues a sus filas, en ellas te encontrarás bien y sentirás cómo tu admirable labor de columnista, así como también la otra tan valiosa de escritor y artista, se enriquecerán de matices nuevos. Para mí personalmente, que tanto he llegado a estimarte como intelectual y como ciudadano, será un momento de honda satisfacción aquel en que te sepa ya actuando en la fervorosas filas pedenistas”.


Pero Enrique Bernardo Núñez nunca se integró a esas filas ni a ningunas otras de carácter partidista. Está escarmentado de haber servido al gomecismo y, una vez muerto Gómez, no quiso oír hablar de alineamientos con poderes o con aspirantes a serlo.


En su libro Hombres y villanos, publicado en 1975, Rómulo Betancourt consigna que esa carta “no obtuvo respuesta”. Agrega que ya de regreso a Venezuela, en 1941, habló personalmente con Enrique Bernardo Núñez, quien le dijo que el grupo político le merecía confianza, pero “su individualismo incurable —según expresión textual— lo inhabilitaba para someterse a una disciplina de partido”.


—Y como francotirador murió—, acota Betancourt en 1975, citando la expresión que él mismo había empleado en la carta de 1940, en un día de 1964, pero dejándole al país el ejemplo limpio de una inteligencia y de una pluma que siempre estuvieron al servicio de Venezuela, de la libertad, de la justicia. De la democracia.


Un día en Miraflores

Esta fotografía, propiedad de la Fundación Fotografía Urbana, fue tomada alrededor del año 1960, por autor desconocido. Capta una reunión en el Palacio de Miraflores. El centro de la imagen lo ocupa el abrazo que reúne a Rómulo Betancourt, entonces Presidente de la República (1959-1964) y a Enrique Bernardo Núñez (Caracas, 1895 – 1964), quien se había iniciado en la escritura desde su juventud y no había parado ni un día de su vida, que dedicó a cincelar una prodigiosa pronunciación.


Enrique Bernardo Núñez se hizo a sí mismo, —dice Betancourt en el perfil de su amigo, incluido en “Hombres y villanos”— en ese duro esfuerzo del autodidacta, nacido y criado en casa pobre. Y qué pobre se era en la Venezuela estancada, aletargada, muerta en vida, pudriéndose en vida, en los días de Cipriano Castro y de Juan Vicente Gómez.

Juan Vicente Gómez y Cipriano Castro


Y, ciertamente, EBN, como, por cierto, solía firmar sus notas periodísticas, había sido pobre, pero no propiamente autodidacta. En Valencia, donde creció, hizo la primaria y el bachillerato, y luego marchó a Caracas en cuya Universidad Central se matriculó para estudiar Medicina y asistir como oyente a las clases de Derecho.


En 1918, Núñez recibe una mención en los Juegos Florales con el título “Bolívar Orador”, y publica su primera novela: Sol interior. Dos años más tarde aparece, Después de Ayacucho. Para entonces ya es periodista, una labor que nunca va a abandonar y que incrusta su portentosa voz en las más importantes publicaciones de Venezuela: El Imparcial, El Universal, El Heraldo, El Nuevo Diario, las revistas Élite y Billiken, Heraldo de Margarita —del que fue fundador y director—, y El Nacional, entre otras.


Como era bastante habitual en la época, cuando los escritores eran miembros asiduos del servicio diplomático, desempeñó cargos en las legaciones Colombia, Cuba (fue en La Habana donde empezó a escribir Cubagua, en 1929), Panamá (donde terminó la novela, en 1930, y empezó a trabajar  en La galera de Tiberio, una crónica sobre el Canal, que finalizó ya de regreso a Venezuela, en 1932. Seis años después, muerto ya Gómez, partió a Baltimore como cónsul de Venezuela.


En 1945, Núñez fue nombrado cronista de Caracas, tarea que ejerció en dos oportunidades, la segunda entre 1953 y 1964. De manera que, en el momento del que somos testigos, el jefe del Estado está zarandeando afectuosamente al cronista de la ciudad. Tienen mucho en común. Ambos han credido en lugar distinto a Caracas; leen y escriben con pasión; dejaron los estudios universitarios antes de llegar a graduarse; se iniciaron en la escritura con cuentos cortos; cultivan una apasionada afición por la Historia; y son perfeccionistas y obsesivos, Núñez hasta el punto de corregir una novela, ya publicada, durante 36 años. Es fama que nada más salida de la imprenta la novela La galera de Tiberio, la arrojó al río Hudson, en Nueva York (por suerte, se salvaron algunos ejemplares que permitieron su posterior reedición en Cuba).


Núñez era un obsesivo”, dice Alejandro Bruzual, quien hizo una edición crítica-genética de Cubagua, que incluye un segundo final. “Era un tipo descontento con lo que hacía. Corregía y corregía. Llegaba hasta la autodestrucción. Todas sus obras sufrieron eso”.


Escritor y jardinero

La bibliografía de Enrique Bernardo Núñez consta de una decena de títulos (entre novelas, ensayos y compilaciones de artículos periodísticos); y fue cuentista, ensayista, novelista, cronista e historiador, faceta ésta por la que ingresó a la Academia Nacional de la Historia, en 1948. En su discurso de incorporación comenzó hablando de notables historiadores para luego precisar: “Yo, en cambio, vengo de las legiones de la prensa. Mis trabajos de historia tienen más bien carácter periodístico, informativos para los de mi generación. Sería, pues, del caso, hablar aquí del papel que ha desempeñado esta maestra de los pueblos. La prensa, si no abandona su misión, si no la mixtifica, es el más eficaz instrumento en la creación de un país.  Por lo mismo, la mejor forjadora de historia. Típicos ejemplos pueden hallarse en el Correo del Orinoco y la Gaceta de Caracas, dirigida por José Domingo Díaz. El primero hace historia, la segunda se propone detenerla o desconocerla. Pero el tema de este discurso es la historia de Venezuela, o mejor dicho, será un reportaje en torno de esa historia”.


He aquí otro punto que comparten los dos que con afecto visible se palmean. Ambos vienen de las legiones de la prensa y encontraron en ella una manera de comunicar sus percepciones de la historia a su generación.


Se echa de ver que su intercambio es muy jovial. Parecen compartir vivencias gratas al recuerdo y, quién quita, ciertos destellos de picardía. Luis Cubillán Fonseca ha contado que, cuando Betancourt era presidente, vio pasar por la Plaza Bolívar de Caracas a Enrique Bernardo Núñez, quien estaba vigilando que sembraran unas matas de rosa. “Rómulo le mandó un policía para que impidiera la siembra. Cuando Enrique Bernardo estaba más caliente, discutiendo con el policía, se bajó Rómulo del carro y se acercó:  “¡Rómulo! ¿qué te parece?, este policía no me deja sembrar las matas, y dice que fue orden tuya. Y Rómulo le soltó la carcajada”.


“Combatir tercamente el derrotismo…”

Se habían conocido en 1936, “inicio del nuevo tiempo venezolano”, apunta Betancourt, quien sería, sin embargo, expulsado del país en 1937. Pero, igual que otros 36 dirigentes de partidos fundados tras la muerte de Gómez, decidió quedarse clandestinamente en el país porque consideró que aquel era el tiempo “de echar las bases de una organización democrática popular”. Tres años estaría haciendo “vida de topo”. En esos 36 meses mantuvo un activo contacto por escrito con Enrique Bernardo Núñez, intercambio que Betancourt alude en la carta que le envió desde Santiago de Chile, en 1941, donde expresa su voluntad de “reanudar, a distancia, el diálogo epistolar” iniciado cuando el de Guatire estaba enconchado.


Aquella extensa comunicación se pierde por galerías de reflexión política, pero vuelve constantemente al ánimo que la inspiró. Betancourt quiere una fotografía con Enrique Bernardo Núñez que demuestre el apoyo de éste a sus afanes partidistas.


Tienta —le dice Betancourt a EBN en la carta de Chile— la empresa de forjar una gran nación donde sólo existe ahora un vasto y rico espacio geográfico, poblado por escasos cuatro millones de habitantes a los que necesitamos despertarle el apetito de hacer historia. Nuestro pueblo guarda en el subconsciente, como una formidable fuerza latente, el recuerdo de aquellos días en que fuimos vanguardia de América y lo que se requiere es la acción de encendida de fe de un equipo de hombres entregados a la gran cruzada, para que el venezolano de hoy vuelva a ser el mismo de los mejores días. Creo que una manera de ir logrando ese renacer de la confianza nacional en las posibilidades creadoras de Venezuela consiste en combatir tercamente el derrotismo, la falta de entusiasmo la abulia, el “pata-de-palismo”. Tú en tu sección puedes y debes hacer mucho en ese sentido. Lo que escribes se lee y se medita. Tienes ya ámbito para tu palabra en todo el país.


Espero estar muy pronto de regreso. Entonces podremos hablar largamente sobre estas y sobre tantas otras cuestiones. mientras tanto te va desde aquí un abrazo afectuoso y una palabra de fraternal estímulo.


Firma: Roca.


La espina del pasado gomero

Como ya quedó dicho, ni siquiera esta inflamada prosa alcanzó a entusiasmar a EBN para apuntarse a los proyectos de Betancourt, quien poco después de franqueado el sobre desde la capital chilena, fundaría Acción Democrática, el 13 de septiembre de 1941. Es así como en el acto inaugural del partido, en la Plaza Nuevo Circo de Caracas, estaban Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco, Luis Augusto Dubuc, Tomas Pino, Juan Oropeza Riera, Gonzalo Barrios, Leonardo Ruiz Pineda, Jesús Ángel Paz Galarraga, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Carlos “Chicho” Herrera, entre otros, pero no estaba el autor de La galera de Tiberio.


Betancourt no se molestaba. Sabía cuál era la razón profunda de esta terca inhibición. “Ese paso suyo por el elenco gomero, en cargos subalternos y de ínfimas pagas le dejó una huella imborrable de desagrado con él mismo.” Consignó Betancourt en el libro citado. “Alguna vez, conversando en la plaza de La Misericordia, entonces umbroso rincón caraqueño, me volcó la confidencia ingenua. ‘Toda mi vida purgaré, en desdén de mí mismo, no haber compartido con ustedes, los del 28, un par de grillos, en el castillo de Puerto Cabello’. Le dije, con sinceridad al afirmarlo, que la nuestra había sido una acción de grupo, un proceder de muchos, actuando bajo el acicate de condiciones nuevas creadas en el país. Estoy seguro de no haberlo convencido. Siempre lo acompañó, compañera incómoda, la espina clavada de haberle cobrado estipendios, aún cuando fuera de escasos centenares de bolívares mensuales, a un despotismo cuya acción destructiva y corruptora del país apreciaba con toda lucidez”.


En su libro Rómulo Betancourt y el Partido del Pueblo (1937-1941), Arturo Sosa Abascal se refiere a esta amistad y las divergencias políticas que la puntuaron. “Con Enrique Bernardo Núñez, mayor que Betancourt y de una posición más centrista desde el punto de vista política, estableció un tono de conversación en el que se notaba al mismo tiempo, confianza y respeto. Tras demostrar el interés por lo que hacía, le reconocía su labor como escritor y la importancia de su posición para combatir al derrotismo y “pata-de-palismo” extendido entre los venezolanos de todos los sectores”.


Pérez, antes del regaño del médico

En la esquina izquierda de la fotografía vemos, de perfil, al músico José Antonio Calcaño, quien igual que Enrique Bernardo Núñez alterna su trabajo creativo con el de diplomático y  por esos días es su compañero en las páginas de El Nacional, donde ambos son colaboradores. Calcaño, entonces de 60 años y con una destacada carrera como compositor, arreglista e intérprete, es crítico musical de El Nacional en la época que capta la imagen.


Entre Calcaño y Betancourt, hacia el fondo, está Carlos Andrés Pérez, entonces ministro de Interior y Justicia. Pérez había regresado a Venezuela en 1958, tras su exilio en Costa Rica, país al que marchó luego de salir de la cárcel Modelo, —donde lo había tenido el régimen de Pérez Jiménez por más de un año. Nada más llegar fue nombrado Secretario General de Acción Democrática en el Táchira. Y a los pocos meses de iniciado el gobierno de Betancourt fue designado Ministro del Interior para enfrentar las insurrecciones militares de Carúpano y Puerto Cabello, y las constantes acciones subversivas de inspiración castrista, que no dieron tregua a la naciente democracia venezolana consagrada en las urnas de votación.

Pérez Jiménez


Para este momento, alrededor de 1960, Pérez luce más grueso de lo que estaría en décadas posteriores, cuando fue candidato a la Presidencia y mandatario nacional. Y está fumando, cosa que también dejaría de hacer. “Dejó el cigarrillo cuando era ministro”, dice su hija Sonia Pérez, “y no por un asunto de cálculo para mejorar su imagen de cara a la campaña. Mi papá fumó desde muy joven y muchísimo… hasta que un día, cuando juzgó que el malestar que venía experimentando se había prolongado demasiado, fue al médico. Tenía el principio de un enfisema pulmonar. El médico le advirtió que si no cambiaba de hábitos inmediatamente, su condición se agravaría. Ese mismo día dejó de fumar, comenzó un programa de ejercicios para recuperar la capacidad pulmonar y cambió su forma de alimentarse”.


Sonia Pérez recuerda que en la habitación de sus padres se instaló una polea del techo. En la soga que pendía del artilugio debía colgarse el entonces Ministro del Interior para ejercitar los músculos del pecho y aliviar los maltratados pulmones. “Hasta ese día llegó la costumbre de poner, en la mesa de noche de mi  papá, un platico con dulce de leche. Como solía llegar a las diez de la noche, le guardaban ese postre, su favorito, para que lo comiera antes de dormir. Nunca más volvió a probarlo”.

Carlos Andrés PérezImagen tomada de aqui


Antonio Ledezma, quien contesta la consulta periodística desde el presidio político que cumple en su casa, dice que nunca vio a Carlos Andrés Pérez fumando. “Era un hombre de un gran autocontrol. De hecho, también se dispuso a dejar el café, que le encantaba. Y no lo dejó del todo porque decía que no podía hacer un desprecio a la gente humilde en cuya casa le ofrecían una tacita, pero se limitaba a saborearlo. En el despacho tomaba manzanilla, naturalmente sin azúcar. Sólo se reservó un hábito que no guardaba relación con la sobria alimentación que observaba: el whisky, que gustaba tomar con una sola piedra de hielo y mucho agua”.

Reunión en el Palacio de Miraflores. Rómulo Betancourt y Enrique Bernardo Núñez, circa 1960: Autor desconocido ©Archivo Fotografía Urbana



Angustia por lo venezolano

Enrique Bernardo Núñez va a morir de cáncer el 1 de octubre de 1964. Ese hombre que sonríe con gesto de conejo y mira a los ojos al amigo que lo abraza, al tiempo que lo sujeta con fuerza por las espalda, no tiene más de cuatro años de vida por delante. Los suficientes, no obstante, para escribir tres grandes libros Codazzi o la pasión geográfica (1961), Figura y estampas de la antigua Caracas (1962) y La estatua de El Venezolano: Guzmán o el destino frustrado (1963).


—Tenía premonición de su próxima muerte –escribe Betancourt en una columna periodística de noviembre de 1964—. Me lo encontré una noche en la Plaza Bolívar. Iba yo de Miraflores a mi casa y sentí deseos de estirar las piernas y de ver las estrellas en un lugar tan vinculado a mis recuerdos de caraqueño asimilado. Hablamos con la misma mutua estimación de siempre. Le propuse que se fuera Washington, con un contrato de trabajo del gobierno, a seguir escudriñando en los documentos accesible a la Cancillería de EE.UU. La respuesta me la envió con Marcos Falcón Briceño. “Dígale al Presidente que no puedo aceptar su ofrecimiento. Ya yo me voy. Estoy recogiendo mis papeles”.


En 1975, Betancourt volvería a recordarlo: “Fueron siempre cordiales y amistosas mis relaciones con Enrique Bernardo Núñez. Era hombre introvertido, poco o nada expansivo y persona de escasos amigos. Trabajaba con tenacidad de hormiga. Entre papeles y sueños discurrió su vida. Hay una constante en su obra: la angustia por lo venezolano”.


Betancourt terminó su periodo de gobierno el 13 de marzo de 1964. Murió en Nueva York casi dos décadas después, el 28 de septiembre de 1981.



https://elarchivo.org/el-gran-enrique-bernardo-nunez-en-el-palacio-de-miraflores/




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Fotografía coloreada de Vasco Szinetar






Periodista y escritora venezolana nacida en Maracaibo en 1960. Trabaja como periodista independiente en diversos medios impresos, como la revista Exceso, el diario El Nacional y la revista Bigott. Ha publicado Una atmósfera de viaje (cuentos, 1989), Catia, tres voces (testimonio, 1994), Alfonso "Chico" Carrasquel. Con la V en el pecho (testimonio, 1994) y Actos de salvajismo (cuentos, 1999) con el que obtuvo el premio de narrativa de la Bienal José Antonio Ramos Sucre (Cumaná), en 1997. Sus textos se pueden leer en La BitBlioteca.
Ganadora del premio Nacional de Periodismo en el año 1999 y del premio La Haya el Premio Oxfam Novib/PEN por su interminable labor a favor de la libertad de expresión.

Fotografía original de Vasco Szinetar
 Tomada de Prodavinci

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viernes, 3 de abril de 2026

Cory Doctorow, escritor canadiense de CF: Microsoft, Amazon y Google se agrupan para machacar a los usuarios

 




Cory Doctorow: “Microsoft, Amazon y Google actúan como un cártel que tiene más poder que la ONU”


El escritor y ensayista, padre del término “enshittification”, cuestiona desde su último libro el estado actual de internet. Entrevista exclusiva.


Mark Zuckerberg (Meta), Lauren Sanchez, Jeff Bezos (Amazon), Sundar Pichai (Google) y Elon Musk (Tesla), en la asunción de Trump este 2025. Foto: AP



18/05/2025 04:46



Hay una historia según la cual, durante la fiebre del oro de mediados del siglo XIX, quienes se hicieron ricos no fueron los 300 mil colonos que viajaron desde la Costa Este de los Estados Unidos hacia California sino los que vendieron picos y palas para buscar el metal precioso. Eso fomenta hoy la economía de las aplicaciones: desde Airbnb, Uber y Booking hasta Google Drive, el negocio no parece ser generar valor sino vender las herramientas para que otros trabajen.


Sin embargo, al trasladar esta historia de los pioneros de 1848 a la actualidad de Silicon Valley hay un poco de trampa: "Hoy, todos quieren vender 'picos y palas digitales': no generar valor, sino vender las herramientas para que otros lo hagan. El teórico Douglas Rushkoff llama a esto 'ir a lo meta': no ser taxista, sino tener la licencia; o mejor, fundar la app que conecta choferes con pasajeros. Cuanto más lejos estés del trabajo productivo, más aislado estás del riesgo y eso es lo que premia el mercado. Por eso hay toda burbuja en Silicon Valley pero creo que esa metáfora hoy es un mito: una forma narcisista de inflar el valor comercial de las aplicaciones".


La crítica es de Cory Doctorow, escritor, activista y crítico canadiense, que publicó Picks and Shovels ("Picos y Palas") en febrero de este año, la tercera novela de la saga de Martin Hench, un joven de San Francisco que en 1986 se da cuenta de los abusos de una empresa tech que comete crímenes económicos y los enmascara con las tecnologías de la época.

IBM PC XT. Imagen tomada de aquí.


En su ficción, Hench conoce un grupo de mujeres tecnológicas, sistemáticamente excluidas del sistema, que opera como resistencia tecnopolítica y se transforma en una pieza clave de la “ingeniería inversa”, una de las ideas rectoras más importantes: desarmar sistemas, comprenderlos y crear alternativas. Como pasó con las PC a principios de la década del 80, con los clones que eran computadoras compatibles con el monopolio de IBM, pero fabricadas por otras marcas como Compaq y vendidas a menor precio.

Compaq plus portable. Imagen tomada de aquí.


“Antes había resistencia. Hoy, las empresas se concentran e imponen condiciones a los usuarios. Cuando buena parte del mundo online depende de unos pocos proveedores —como Microsoft Azure, AWS (Amazon) o Google Cloud—, esos gigantes actúan como un cártel: tienen poder internacional, incluso mayor al de la ONU, que al menos necesita consenso entre países. Estas empresas sólo deben ponerse de acuerdo entre ellas para decidir qué condiciones imponer”, explica a este medio.

 Imagen tomada de aquí.


Acá, todo sobre su novela, la dominancia de las Big Tech, el monopolio de las 5 gigantes (Google, Apple, Facebook -Meta, Amazon y Microsoft), la interoperabilidad como concepto clave, el nuevo orden mundial que quiere imponer Trump con los aranceles y la “enshittification” de las plataformas que usamos día a día, en diálogo con Clarín.



Daguerrotipo de George Johnson de la colección Bruce W. Lindberg, en el 150. aniversario de la fiebre del oro. Foto Reuters (colección)


De los 80 a la actualidad: un mundo online “enshittificado”


Cory Doctorow empezó a usar el término “enshittification”, de difícil traducción al español, pero bastante claro en inglés: cómo las plataformas que usamos todos los días se han vuelto una “mierda” (“shit”) para los usuarios. Es una idea que el autor exploró en sus libros de estos últimos tres años (La estafa de internet y Capitalismo de estrangulamiento), expuso en conferencias de hackers como DEF CON -que el año pasado tomó al término como el hilo conductor- y algunos autores argentinos hasta la han castellanizado a “mierdificación”.


El buscador de Google se convirtió en un mar de publicidades, repleto de notas periodísticas engañosas (con títulos como “Murió el dólar” ante una fluctuación de la moneda), Instagram y Facebook se llenaron de publicaciones de influencers virales para dejar de mostrar contenido de amigos y Microsoft llenó Windows de aplicaciones innecesarias con IA que, más que ayudar, molestan y vuelven al equipo más lento forzando a que se invierta más dinero en uno nuevo.



─¿Qué es la la enshittification y cómo aparece en Picos y Palas?


─He descrito a la enshittification no sólo como un fenómeno que se puede observar desde el exterior de una empresa empeorando (o muchas empresas empeorando), sino también como un fenómeno social, algo que cambió en el entorno que causó que todo empeorara y, sobre todo, es un fenómeno material. El libro ocurre antes de que estas leyes de propiedad intelectual aparecieran por primera vez en los Estados Unidos. La primera ley fue la sección 1201 de la Ley de Derechos de Autor del Milenio Digital (DMCA), en 1998, antes de que se convirtiera en un régimen jurídico mundial. En el libro sucede algo: hay una lucha justa contra la “enshittification” de estas leyes.


─¿Cómo es esa lucha?


─Hay un grupo de personas que es dueña de una empresa de computadoras, operada por el Reverendo Sirs, que puede enshittificar lo que le vende a la gente. Por ejemplo, obligarlos a usar sólo la tinta que ellos venden para sus impresoras. Y si la empresa del Reverendo acude a la violencia para resolver sus problemas es en parte porque no pueden recurrir a los tribunales, la ley de propiedad intelectual todavía no se amplió como para convertir a las preferencias de un accionista en obligaciones legales sobre sus competidores. Esto es lo que más ha cambiado en nuestra era y lo que “Picos y Palas” intenta representar, antes había más resistencia a estos fenómenos.



Cory Doctorow, autor, crítico y ensayista canadiense. Foto: NK Guy, nkguy.com.tiff


─¿Qué cambió entonces entre la década del 80, cuando ocurre el libro, y la época actual?


─A ver, no es que la gente fue a hacer un MBA, se volvió codiciosa e hizo cosas malas. Siempre ha habido codiciosos, pero la diferencia entre la época en la que nuestros dispositivos eran buenos y los servicios que usábamos [Uber, Airbnb, Amazon, Google, etc.] eran buenos en general, es que en la actualidad son cada vez peores pero esto no parece afectar a esas empresas. La diferencia es que antes había consecuencias por enshittificar los servicios que brindaban las grandes compañías y esas consecuencias se han evaporado.


─¿Qué tipo de consecuencias?


─Antes esas compañías tenían que preocuparse por los reguladores o por los competidores, incluso por sus propios trabajadores, que eran tan escasos que si trataban de perjudicar a los usuarios podrían renunciar. Todo eso desapareció, entre los despidos masivos, las desregulaciones y la monopolización.


─Hay dos ideas muy fuertes en el libro que tienen que ver con la interoperabilidad y la ingeniería inversa. ¿Cómo aparecen y por qué son tan importantes?


─Sí, porque la otra cosa por la que las empresas tenían que preocuparse era la interoperabilidad. Las empresas se preocupaban de que alguien hiciera ingeniería inversa sobre el producto que ellos habían enshittificado para hacerlo compatible, operable, aunque no fuera el oficial. Entonces si subís el precio de la tinta de la impresora que vendés, alguien va a desarmar tu cartucho para ver cómo funciona, hacer uno alternativo y venderlo: eso es hacer ingeniería inversa para hacer un producto interoperable con otro.

John Von Neuman.


─Y esto aparece como forma de resistencia en el libro. ¿Por qué es tan importante?


─Es una propiedad latente en toda tecnología. Cada dispositivo puede “hablar” con cualquier otro dispositivo, y cada programa puede ser modificado por otro programa, porque la única computadora que sabemos hacer es algo llamado máquina von Neumann Universal completa, y esa computadora se define por su capacidad de ejecutar cualquier programa válido. Eso significa que dondequiera que haya un programa enshittificador, hay un programa des-enshittificador.


─¿Por ejemplo?


─Por ejemplo, Elon Musk cambia la forma en que Twitter funciona para que ya no veas títulos de artículos periodísticos cuando compartís una nota, entonces, alguien puede escribir un programa que ponga los titulares de nuevo (una extensión en el navegador, por ejemplo). Y así podés pensar mil ejemplos que te demuestran que todo se puede modificar, pensando hasta en autos o tractores que impiden que el usuario lo repare, impresoras que quieren que uses los cartuchos que ellos fabrican y así.


La resistencia: cómo arreglar internet


Bill Gates, padre de Microsoft, habla con Mitchell Kapor, creador de Lotus 1-2-3 y fundador de la Electronic Frontier Foundation. Foto: Archivo


─¿Creés que es posible imaginar que toda esta situación cambie, por ejemplo a través de regulaciones como la que enfrentó Bill Gates por Internet Explorer a fines de los 90?


─No hay razón para pensar que la tecnología actual es su forma final. Sería raro que, tras solo 25 años de internet, ya hubiéramos llegado a un modelo perfecto e inmutable. De hecho, antes de la web, la tecnología también estaba concentrada. Fueron las acciones antimonopolio las que abrieron el juego: contra AT&T, que permitió el desarrollo de módems; contra IBM, que impulsó la PC; y contra Microsoft, que dio aire a empresas como Google.


─Entonces, ¿cuál es el problema que ocurre hoy para que las empresas tengan tanto dominio sobre los usuarios?


─Lo que se interpone en todo esto es la ley, no la tecnología. Ley de propiedad intelectual es el impedimento más grande para tener un mundo en el que las tecnologías que utilizamos puedan ser modificadas para que sean localmente apropiadas, para que respeten nuestros derechos, para que no violen nuestra privacidad, para que no nos roben nuestros salarios ni todo lo que deberíamos desear para nuestra infraestructura tecnológica.


─¿Cómo creés que pueden afectarlos aranceles de Trump al ecosistema de Silicon Valley y las grandes tecnológicas?


─Los aranceles de Trump van a generar un realineamiento, incluso si él cambia de opinión como suele hacer. Durante más de 20 años, EE.UU. presionó a países como Canadá, Argentina o hasta la Unión Europea para que adoptaran leyes que prohíben la ingeniería inversa y protegen a las empresas de las consecuencias cuando perjudican a los usuarios. Ese modelo podría empezar a desmoronarse.


─O sea que los polos tecnológicos por fuera de EE.UU. pueden ganar terreno.


─Es una oportunidad histórica para que otros países imaginen un ecosistema tecnológico más plural y distribuido, con normas comunes, interoperabilidad y decisiones que se tomen más cerca de donde vive la gente. Si EE.UU. ya no ofrece libre comercio, ¿por qué seguir atados a leyes de propiedad intelectual que sólo benefician a Silicon Valley?


─¿Puede cambiar todo esto? ¿Puede revertirse la dominancia de estas grandes compañías como Microsoft, Amazon y Apple?


─Mi amigo Mitchell Kapor, que fundó Lotus e inventó Lotus 1-2-3 y también fundó la Electronic Frontier Foundation (EFF) dijo alguna vez: “La arquitectura es política”, lo que significa que el diseño de una infraestructura es altamente influyente en el tipo de sociedad que va a vivir “encima” de ella. Todo lo que conocemos se hizo por gente que hoy está viva, así que podemos preguntarles cómo lo hicieron, no tenemos que reinventar nada. Sólo se trata de hacer algo que hicimos hace un par de generaciones, cuando yo era un niño. Así que, sí: por supuesto que podríamos hacerlo de nuevo. De hecho, es nuestro deber revertir esta enshittification.





Picks and Shovels” se publicó en febrero de 2025, por el momento no tiene edición en español. Cory Doctorow lanzará el 7 de octubre un nuevo libro, "Enshittification", y además lanzará un proyecto por los 25 años de Creative Commons y trabaja activamente con distintos países “para pensar nuevas leyes de propiedad intelectual en esta era de Trump.




https://www.clarin.com/tecnologia/cory-doctorow-amazon-microsoft-google-actuan-cartel-poder-onu_0_dQqHzAytS2.html





El caso del autor estadounidense Cory Doctorow








Cory Doctorow - Rescuing the Internet From “Enshittification” | The Daily Show



Enlaces relacionados:






martes, 9 de diciembre de 2025

En Venezuela está Prohibido olvidar los desmanes del Chavismo


 





Estimados Liponautas


Hoy tenenemos el gusto de compartir con ustedes un texto acerca del hecho la imposibilidad de olvidar los desmanes del chavismo escrito  por WALTER MOLINA GALDI Este escrito expresa lo verdaderamente importante que es la memoria como valor historico,  republicano y como herramienta para lograr la justicia y contruir el relato historico apegado a nuestra lacerante realidad vivida o padecida. Un aspecto muy a tomar  en cuenta frente a la posición de muchos venezolanos que ocupaban y ocupan una posición social de cierta relevancia en nuestro país que le otorgaban  al arte un  supuesto sacrosanto valor.


El Presidente Chávez con Dudamel y Abreu el 20 de febrero de 2010. Foto: Prensa Presidencial


Algo que debemos tomar muy en cuenta en esta Venezuela pisoteada, donde es común sobrevalorar cosas como el sistema de orquestas y sus epígonos y a los logros deportivos de algunos a pesar de que tengamos un montón de presos políticos y una población golpeada por innumerables necesidades y donde tenemos un 80% de pobreza en el país. Posturas que nos han generado acusaciones de promotores de odio y cosas parecidas, que generaron un aluvión de quejas y denuncias en Facebook en contra de la página del blog. Después de compartir nuestra postura vimos como mucha gente cambió la manera como recibía nuestras publicaciones. Pero nosotros no cambiaremos nuestra posición. Lo extremadamente curioso es que Facebook, una plataforma creada en un país adalid de la libre expresión se haya prestado para hacer este bulling populista. En cuanto a los venezolanos chavista estamos preparados para creerlos capaces de cualquier cosa...


Imagen creada por Guatafoc


Si hemos resistido a sus ataques físicos, resistiremos a sus ataques digitales.

 Ya viene a ser la hora de que los intelectuales en Venezuela comiencen a ser amigos verdaderos de la gente. Aunque más de uno dirá la expresión típica venezolana: Yo con mi arte tengo...


Olvidemos el lamesuelismo intelectual venezolano...


La vida digna siempre será más valiosa y rica que cualquier obra de arte...

Y el Arte definitivo es aquel que permite la forja de esa vida...


Esperamos que la lectura de la entrada los haga reflexionar...


Atentamente


La Gerencia.




Plaza Altamira, campo de batalla de protestas en Caracas

https://m.youtube.com/watch?v=fVYO90Z4Jhg&pp=ygUbcHJvdGVzdGFzIGVuIHZlbmV6dWVsYSAyMDE0


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No podemos olvidar


La memoria es un bien republicano que hoy, más que nunca, debe ser cuidado y cultivado. No se trata de revanchismos sino la petición de nunca olvidar lo vivido, de nunca apartar de nuestra memoria colectiva lo que ha sido y lo que es el chavismo-madurismo y los suyos”.


WALTER MOLINA GALDI | 29 NOVIEMBRE 2022


La memoria, según la RAE, es la facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado. La exposición de hechos, datos o motivos referentes a determinado asunto. Eso se refiere a la memoria individual, sin embargo, en los años ‘40 un psicólogo y sociólogo francés llamado Maurice Halbwachs escribió una serie de ensayos donde desarrolló lo que hasta hoy se conoce como la “memoria colectiva”, que en resumen ‘es el proceso social mediante el cual un determinado grupo, comunidad o sociedad reconstruye el pasado vivido y experimentado’.


En gran parte, de eso están hechas las naciones, de las memorias colectivas. Es lo que somos, y lo que somos incluye lo positivo y lo negativo. En Venezuela, durante las últimas dos décadas quienes han estado en el poder han intentado modificar esa memoria colectiva. Son expertos en ello. Siempre apelaron al pasado para poder cometer los desmanes del presente pero casualmente, hoy, cuando más memoria debe tener el venezolano, la campaña, la propaganda oficial ha cambiado: apelan al olvido.


“No ha sido ‘un mal gobierno’, ha sido una tiranía que condenó a millones de venezolanos al hambre, a la miseria y a crímenes de lesa humanidad que ahora mismo, en La Haya, están siendo investigados”


Al momento de escribir este texto, van casi 24 años desde que el chavismo-madurismo (porque ahora se pelean entre ellos) llegó al poder. Hablamos, pues, de una generación entera, y más. Y lo que ha sucedido, desde luego, no ha sido poco. Y aunque podría confundirse con una pesadilla, lamentablemente ha sido muy real; y eso no puede ser olvidado por más propaganda que “la nueva clase” (Milovan Ðilas dixit) lleve a cabo, y que reúne a los corruptos del chavismo y a lo peor de la élite de los tiempos democráticos.


No podemos olvidar que Venezuela era una democracia antes del chavismo. Sumamente imperfecta, sí, pero democracia, y que Hugo Chávez bajo un autoritarismo populista (de acuerdo con el concepto de la profesora Pippa Norris) acabó con todo eso, abriendo la puerta a lo que hoy vivimos.


No podemos olvidar “el millardito” que el presidente Chávez le pidió al Banco Central de Venezuela (en realidad fue una exigencia) que, como la Justicia y el resto de los Poderes Públicos, terminaría perdiendo su autonomía.

Franklin Brito.


No podemos olvidar lo que le hicieron a la jueza María Lourdes Afiuni. Tampoco lo que le hicieron a Franklin Brito quien murió porque así lo decidió Hugo Chávez. Brito hizo seis huelgas de hambre porque le robaron sus tierras. Él entendió lo que, para su momento, pocos entendieron. Fueron más de cinco millones de hectáreas productivas expropiadas, la gran mayoría están ociosas mientras la pobreza, que cuando llegó el chavismo rondaba el 40%, llegó a tocar el 90%. ¡Revolución!

No podemos olvidar a los jóvenes asesinados en las protestas de 2014, 2016, 2017, y 2019. Y no solo a ellos, las víctimas fatales, sino a los que seguimos aquí, vivos, pero con cada recuerdo bien fresco en la memoria. Y los familiares. Y los amigos. Y los defensores de derechos humanos que, a estas alturas, saben de memoria cada nombre de esos inocentes que perdieron la vida a manos de unos esbirros que hoy siguen libres, porque no ha habido justicia.



No podemos olvidar lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en El Helicoide y en cada calabozo venezolano. Algunos de ellos clandestinos. ¿Cómo podría alguien olvidar una tortura?, ¿cómo podría alguien olvidar una amenaza de muerte? Ahora mismo son casi 300 los presos políticos, a ellos no podemos olvidarlos.




No podemos olvidar que desde el año 2017 esta tiranía indolente decidió suspender el Programa de Procura de Órganos del Hospital J.M. de los Ríos, causando la muerte de más de 70 niños y jóvenes. Fue una decisión política. ¿Cómo podríamos olvidar eso?, ¿cómo podríamos, simplemente, mirar a otro lado?


No podemos olvidar que quienes hoy están en el poder, diseñaron una Emergencia Humanitaria Compleja que obligó a millones de venezolanos a buscar, literalmente, sobrevivir comiendo mangos y yuca. ¿Se acuerdan cuando entre los años 2015 y 2017 había gente que moría por comer yuca amarga, pues era de los pocos alimentos que los venezolanos podían conseguir? No había sanciones para ese entonces, por cierto, vinieron justo después. Porque estas no son las causantes de ningún mal en Venezuela.


No podemos olvidar, por supuesto, la forma en la que esta tiranía rompió a un país, generando la segunda mayor crisis migratoria en el mundo, solo por detrás de la ucraniana que hoy vive una invasión. De acuerdo con datos de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V), hoy son 7.134.032 de migrantes y refugiados venezolanos en el mundo. Un país fuera de un país. Y a pesar de lo que dice la propaganda oficialista, no solo los venezolanos no están regresando (esto también lo confirma la Encovi 2022), sino que siguen saliendo cientos y cientos cada día. Muchos de ellos atravesando ese infierno llamado la selva del Darién.


Y todo esto pasó mientras al país ingresó más de un billón de dólares. Ni en los 40 años de democracia, es decir, casi en el doble de tiempo ingresaron sumas cercanas a ese monto. Se lo robaron todo, y el resto lo usaron para sus propagandas internacionales y para crear el mayor sistema de control social que haya visto la región.


No se puede olvidar nada de eso porque lo estamos viviendo ahora mismo. No pasó. No “fue”. No es “lo que ocurrió”. Es el ahora. Y no va a dejar de ser así hasta que haya democracia, y exigirlo es el deber de todos los venezolanos que anhelamos la libertad. Lograrlo, además, debe incluir un proceso de reparación dentro de la justicia transicional que debe existir.


Argentina, 1985 | Tráiler oficial

https://m.youtube.com/watch?v=EDK2FtU5oxg


Hubo ocasiones en la historia donde se intentó apelar al olvido para evitar condenas. Cuando Raúl Alfonsín decidió juzgar a los militares en Argentina, parte del peronismo abogaba por no hacerlo, por “amnistiar”. Por fortuna y mucha valentía, no ocurrió así. Pero en aquel momento la democracia ya había vuelto; ahora en Venezuela quieren que se olvide no solo lo que ha ocurrido sino lo que sigue sucediendo. Quieren que el grito del torturado no se oiga; que el hambre de los ancianos no importe; que la salud de los niños sin medicina no duela. A eso es lo que algunos, como Maite Delgado, y otros en redes sociales llaman seguir adelante sin politizar”.




Tal vez esta tribuna sea una gota en el océano, pero la memoria es un bien republicano que hoy, más que nunca, debe ser cuidado y cultivado. No se trata de revanchismos sino la petición de nunca olvidar lo vivido, de nunca apartar de nuestra memoria colectiva lo que ha sido y lo que es el chavismo-madurismo y los suyos. Porque no, no ha sido “un mal gobierno”, ha sido una tiranía que condenó a millones de venezolanos al hambre, a la miseria y a crímenes de lesa humanidad que ahora mismo, en La Haya, están siendo  investigados.


No podemos olvidar, ni ahora ni nunca.



*Politólogo de la Universidad Central de Venezuela.

@WalterVMG


Memoria: voces de las víctimas de violaciones de derechos humanos en Venezuela
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https://laldea.site/2022/11/29/no-podemos-olvidar/



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