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martes, 5 de agosto de 2025

Los "Retratos Selectos" de Jaime Ballestas, otro vago más de la diáspora venezolana

 



Estimados Liponautas 

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes el prólogo y un paseo en video por el libro de fotografías de Jaime Ballestas, titulado Retratos Selectos. En el prólogo nos llamó la atención la utilización de la palabra cubeta, una palabra que no se usa en Venezuela, generalmente se usa la palabra tobo, y la palabra obstinado que en Venezuela tiene el significado de hastiado. El video solo muestra una selección de todo el material del libro; suponemos que era la gente que conocía o le interesaba al desaparecido comediante Toco Gómez. En la entrada se incluyó el texto de la entrada de instagram de la cuenta de Toco Gómez.

Disfruten de la entrada.

Atentamente 

La Gerencia.


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Eduardo Liendo (Caracas, 1941 – 2025) retratado por Jaime Ballestas.
Fotografía tomada en los años 80 y que forma parte del libro "Retratos selectos"
publicado en el año 2005.



Retratos selectos.

Hacer fotografía analógica en estos tiempos puede ser una aventura propia de los obstinados. la fotografía digital que avanza continuamente, con nuevos y sorprendentes avances, arrincona cada día con mayor violencia al viejo laboratorio de lleno de cubetas, ácidos y la majestuosa ampliadora, suerte de Merlín creador de representaciones invertidas.


Excalibur - Merlin's Magic Spell

Ya la negrura del cuarto de revelado, con su misterioso ambiente rojo mostrando húmedos fantasmas que surgen de la nada para pegarse en el papel, es una visión que se hace cada día más extraña. Los programas fotográficos digitales, por su poder de dar soluciones instantáneas han venido disolviendo la técnica manual de los grandes maestros de la luz y del enfoque, y en silencio compiten con despiadada ventaja contra los genios de la composición. Parece que la sentencia histórica ha sido dictada. Quien domine la técnica digital esta autorizado para hacer obras maestras.

Son los tiempos del adios a una artesanía que nació hace mucho, cuando Niepce, Daguerre y Thomas Wedgwood, por citar a algunos de los pioneros, crearon las primeras imágenes provenientes de la cámara oscura en complicidad con las sales de plata ionizada.


Este libro es uno más de esa última oleada de fotografías donde el hombre era más importante que la máquina. Son retratos trabajados con las viejas y pesada cámaras y reveladores químicos, en los cuales el control de la luz y las sombras se delegó en la finura de los lentes. Algunas imágenes fueron tomada hace más de una década, y si bien el libro es una muestra de una obra y un estilo, curiosamente su contenido también tiene algo de homenaje; porque al presentar a muchos de esos personajes que hoy están ausentes se hace un silencioso reconocimiento a su labor para crear algo positivo apara Venezuela, esa en el ámbito material o cultural en donde se destacaron en la difícil labor de hacer país.



Los modelos que hoy sobreviven, al ver sus rostros de hace diez o veinte años sonreirán imaginándose como se verían si no hubiese pasado el tiempo, y con esa sonrisa silenciosa se están incorporando al coro de cánticos que cortejan a todo acto de magia, algo que en fotografía tiene un nombre: frenar el despiadado avance de ese tiempo que sin darnos cuenta nos va regresando a la nada, vencer a Cronos, aunque solo sea a título de ilusión, congelar una expresión que servirá para rememoriarnos, sea a nosotros mismos, a nuestros hijos, o a cualquier observador que en el futuro vea esta imágenes en hojas de papel grabadas en tinta.


El material lo conforman cinco grupo diferentes, cuatro de ellas provienen de cuatro exposiciones sobre los personajes que la integran. Primero están los Domadores del verbo, destacadas figuras de las letras venezolanas que forman parte de la colección del mismo nombre y que hoy reposan en el a Biblioteca Nacional de Venezuela (con las recientes inundaciones en los depósitos del Biblioteca Nacional, ¿habrán sobrevivido?. Las cursivas son nuestras).




Fabricantes de sonrisas, una serie de divertimentos fotográficos de los humoristas venezolanos, en la que cada uno de ellos se hizo cómplice creativo del autor, y la cual, además de haberse expuesto en el Museo de Bellas Artes y en otras salas y galerías, generó un libro de antología con sus trabajos literarios. Los que llegaron de lejos, muestra a algunos de esa inmensidad cantidad de personas que escogieron al país, como su patria, cuyas fotos han sido parte de varias exposiciones separadas, y constituyen parte de una serie mayor que muestra el rostro de los diferentes grupos étnicos que han coadyuvado a la formación de la actual población venezolana. Sonría por favor, son algunas fotos de una exposición homónima que tuvo lugar en la galería Leo Blasini de Caracas, y en donde los retratados, -personajes muy conocidos en el medio de la radio y la televisión- mostraban dos características particulares: estaban molestos y sus fotos habían sido intervenidas con elementos decorativos propios del personaje, creando un collage que le daba sensación tridimensional a la rabia. Finalmente está el grupo Rostros del camino, el cual como lo dice su título, son imágenes tomadas al azar, de los centenares de personas que en algún momento se tropezaron con la cámara del autor.

Al objeto de evitar malos entendidos es importante señalar, que tanto en los conjuntos de personajes de las letras y el humor, al igual que con los otros modelos, la selección es totalmente ajena al grado de importancia de la obra realizada o del personaje en sí, ella se ha hecho exclusivamente por razones de carácter estético, buscando la unidad gráfica que debe estar presente en todo libro de fotografía. (Una gran mentira, pero la dejaremos pasar, las cursivas son nuestras)

Otrova Gómas

Agosto de 2005

Denzil Romero (Aragua de BarcelonaVenezuela, 24 de julio de 1938-Valencia, 7 de marzo de 1999) retratado por Jaime Ballestas.
Fotografía tomada en los años 80 y que forma parte del libro "Retratos selectos"
publicado en el año 2005.



Retratos selectos.

Texto: Otrova Gomas.

Diseño: Cecilia Aschenazi Martínez.

Editor: Ediciones OOX/Jaime Ballestas.

Impresión: Editorial Arte.

Caracas, 2005.

ISBN: 9806101014.

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Hace 20 años, 2005, Otrova Gomas (Jaime Ballestas) publicó su libro de fotografías titulado "RETRATOS SELECTOS" con imágenes de 133 personas de Venezuela y el mundo. Gracias de nuevo a Jaime (@Otrova_Von_Gomas en IG) por el inmenso honor de usar mi fotografía como imagen para la portada. 

A continuación las personas que salen en este video. 

01) Portada.

02) Arturo Uslar Pietri

03) Pedro León Zapata, 

04) "Pepeto" López

05) Rafael Cadenas 

06) Nelson Bocaranda Sardi,

07) Ariel Fedullo,

08) Amílcar Rivero,

09) Alicia Plaza

10) Graterolacho,

11) "Toco" Gómez,

12) Claudio Nazoa,

13) Gledys Ibarra,

14) Laureano Márquez

15) Ben Amí Fihman

16) Elba Escobar,

17) Napoleón Bravo

18) José Ignacio Cabrujas

19) Coraima Torres

20) "Joselo"

21) "Kiko Mendive" 

22) Carlos  Sicilia




Cuentas. de X.COM:
@CasaUslarPietri
@Zapata_zos



Edición: @Josseliz en IG










Abogado, escritor, humorista y fotógrafo
Mejor conocido por su seudónimo, Otrova Gomas –«otro vago más»–, Jaime Ballestas es un abogado también conocido por su faceta de humorista, que desarrolla durante su bachillerato en el Liceo Aplicación de Caracas. Cuando empieza a estudiar Derecho en la Universidad Central de Venezuela (UCV), a finales de los cincuenta, funda, junto a Luis Britto García, el periódicomural El Torturado y después en la escuela de Filosofía crea el periódico Cero.

Tomado de Facebook











domingo, 28 de mayo de 2017

Francisco de Miranda traspapelado


Estimados Liponautas



Hoy tenemos el inmenso gusto de compartir con ustedes otro texto de nuestro amigo Carlos Yusti donde hace una acercamiento al más reciente libro del escritor valenciano Pedro Téllez: Los Diarios de Viajes de Francisco de Miranda





Deseamos disfruten de la entrada.

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Sábado 4 de Marzo de 2017 

En nuestro santoral de héroes patrios Francisco de Miranda ocupa un nicho un tanto movedizo. Es uno de esos héroes incómodos y globalizados (su efigie se encuentra en el arco de triunfo de París, sin mencionar sus hazañas eróticas con Catalina la Grande y su extraño cofrecito en el que coleccionaba vellos púbicos de todos los colores y formas, amén de su impecable defensa ante el tribunal del pueblo durante la revolución francesa que le permitió conservar la cabeza sobre sus hombros). Por supuesto también tenemos ese famoso cuadro de Arturo Michelena que lo mineraliza en una pose de estudio fotográfico (Eduardo Blanco posó como modelo). Miranda se encuentra recostado en un camastro desvencijado por el uso. En una mesita hay poquísimos libros. Miranda observa al espectador. Tiene una mano en la barbilla. Su rostro sereno le proporciona un aire de romántica derrota. Un ágrafo mirando a los ojos de la inmortalidad.



Eduardo Blanco

Un escritor, Denzil Romero, le ha dotado con mucha carne pasionaria de personaje aventurero y novelesco. Los historiadores por su parte lo ficcionalizan y lo devuelven con su acartonamiento respectivo y a la larga resulta un bostezo de página histórica y allí está como un héroe funambulesco, especie de ágrafo que adorna algún billete en nuestro cacareado cono monetario.

No obstante Francisco de Miranda era todo lo contrario. Fue un lector brutal y también escritor. Su diario es una radiografía del mundo que le tocó en suerte, es la escritura de su periplo existencial, de sus andanzas, pero sobre todo de sus ideas y de sus lecturas. El escritor Pedro Téllez bucea, con su libro El Diario de viajes de Francisco de Miranda, en ese hombre que fue un aventurero, un militar y un héroe, pero que al mismo tiempo fue una escritura.




El libro no es una biografía de Miranda ni nada que se le parezca, y en el mejor sentido es un estudio desplazado del Miranda trotamundos que va registrando en sus diarios todo lo que ve y todo aquello que le toca de cerca. Es una pesquisa erudita sobre el archivo de Miranda, sobre ese gran cúmulo de papeles que contienen la memoria de una vida y en la cual la escritura intenta ofrecer orden y coherencia a una existencia caótica en la que las ideas, casi fijas, sobre la emancipación de su patria, se entrelazan en un sentido opuesto al escritor relamido sumido en su estudio, o como escribe José Carlos De Nóbrega en un artículo sobre el libro de Téllez: “Sólo que el Miranda viajero y memorialista se desplaza a contracorriente del cronista de Indias o del intelectual romántico como Goethe: este blanco de orilla (proveniente de la periferia) posa sus ojos mestizos en el centro occidental del poder (Francia, España, Rusia o el imperio en ciernes que era entonces Estados Unidos) para encaminar su pulsión emancipadora. Detrás de las notas escuetas de este “agendario”, contentivas del hastío galante y diligente, se esconde un proyecto de liberación de la América Latina, cuyo aliento visionario y vanguardista calza con el grado cero de la escritura y, mejor aún, con la objetualización del pensamiento complejo de don Francisco”.
Dividido en varias partes (“Miranda por sí mismo”, “El Diario de viajes”, “La circunstancia: la enciclopedia”, “Miranda escritor”, “Los lectores de Miranda”, “Miranda lector”, “El Diario de viajes y la vida diaria”), todas se entrelazan para escrutar al Miranda escritor, a ese Miranda traspapelado en notas, lecturas, anotaciones, citas y bibliotecas. En la introducción, Téllez ofrece datos sobre el periplo de los archivos de Miranda desde su hallazgo hasta nuestros días, o como lo escribe el autor: “Una vez detenido por los españoles, su archivo (que contiene el diario de viajes) pasó de Curazao a Inglaterra, a la mansión de Lord Bathurst, el ministro británico de Guerra y Colonias: ‘Azares del destino; la misma corbeta británica que en 1810 los trajo de Inglaterra a Venezuela, es la que ahora los lleva hacia lo desconocido’ (Pi-Sunyer, 1969). Permanecerían olvidados hasta 1922 cuando son hallados por el investigador William Spence Robertson, escocés que se doctoró en Yale con una tesis sobre Miranda. Se sabía de la existencia del archivo, en el pasado, y se le creía irremediablemente perdido”.


Denzil Romero

Téllez acota que el Diario de viajes tiene un alcance de veinte años, “desde enero de 1771, cuando el joven Miranda hace sus primeras anota­ciones a bordo del navío que lo lleva a España, hasta noviembre de 1790, cuando en Londres escribe ‘notas’ para el diario, que no alcanzará ya a desarrollar (Castillo, 1992). (…)Nos ocuparemos fundamentalmente, no de los veinte años del Diario de viajes, sino de los diarios ‘americano’, y del ‘europeo’, que suma cuatro años. Refiriéndose al lapso que va de 1785 a 1789…”.

Dos de los apartes más relevantes de libro sin duda son “Miranda escritor” y “El Diario de viajes y la vida diaria”. En “Miranda escritor”, Téllez señala la poca importancia que han tenido en nuestras letras los valores del sempiterno héroe como escritor, y a este respecto señala: “El Diario de viajes está dentro de la madurez de su autor. Pero una cosa es su vida y otra sus palabras. Miranda es un autor que ha sido novelado, biografiado, poetizado, pero todavía espera por una valoración literaria amplia. Ya dijimos que su nombre no aparece en diccionarios de literatura como el Diccionario enciclopédico de las letras de América Latina, una coedición de Ayacucho con Monte Ávila, ni siquiera aparece en el Diccionario general de la literatura venezolana editado por el prestigioso Instituto de Investigaciones Literarias Gonzalo Picón Febres, de la Universidad de los Andes, tampoco en el Diccionario Oxford de literatura española e hispanoamericana. En el prólogo a la edición de su antología del Diario de viajes, en Monte Ávila, Castillo Didier cita los precedentes de Mario Sánchez Barba y de Henríquez Ureña en la valoración literaria del Diario de viajes (…)”.

Los diarios de viaje hoy día se pueden considerar un género literario en sí mismo y su importancia radica, más allá de los méritos literarios que puedan tener, en esa visión abarcante de los lugares que visita el viajero, de todo aquello que le sucede y de la gente, con sus costumbres, de todo tipo que conoce en su travesía.



Luis Alburquerque, en su texto Los “libros de viaje” como género literario, escribe: “Los ‘libros de viajes’ reflejan, en cierta manera, los intereses, inquietudes y preocupaciones de cada época, cultura y situación implicadas en el itinerario abarcado por el relato. Además, el tipo de información proporcionada por el viajero/escritor es bidireccional, es decir, que ilustra tanto sobre la cultura visitada como sobre el bagaje cultural y los prejuicios del que visita. Este género literario apunta, por tanto, no sólo a la literatura de origen de autor sino también a la literatura de las culturas en él representada”. No por azar le dedica Téllez un apartado al Miranda lector y en la que destaca su lectura de la Enciclopedia de Diderot y d’Alembert como una de las fuentes inspiradoras para sus diarios: “El Diario de viajes será semienciclopédico, semiconfesional. Las tareas de Miranda en su Diario de viajes son las del hacedor de un espejo de su tiempo donde él también se refleja (como lo vio Sánchez-Barba), una enciclopedia ‘personal’ de su tiempo vital y, como tal, imagen de su universo: no se trata de un encadenamiento, sino del ‘circular’ (transitar) de un hombre sobre el conocimiento de su sociedad”. Todo esto va sumando puntos para una valoración más literaria que de hemeroteca de los diarios de viajes; por eso, Téllez insiste: “El análisis del Diario de viajes destacará dos aspectos —en verdad indisolubles— con el fin de aproximarnos a su peculiar estilo. Uno es el ya mencionado discurso ‘de efecto enciclopédico’, el otro es el ‘grado cero’ de su escritura: ‘ruda, llana, sin brillo’, un estilo que parece brillar por la ausencia de ‘esti­lo’, parafraseando a Barthes y a Tácito”.


Pedro Téllez. Fotografía de Yuri Valecillo

De igual modo, Téllez especula que Miranda debió conocer el breve ensayo de Bacon “De los viajes”, en el que señala algunos aspectos que debe contener todo diario de viajes como observar las cortes de los príncipes, los tribunales de justicia, las iglesias, etc. Téllez escribe: “Miranda debió conocer el texto de Bacon, tal vez le siguió al pie de la letra. Pero también prefigura el posterior diario de Perec, un autor de nuestros días”.

En el aparte “El diario de viajes y la vida diaria”, Téllez desmenuza la mirada a la cotidianidad de los lugares que visita Miranda, su capacidad de observación de los nobles que lo reciben, de las ceremonias de las cortes o las actividades religiosas. Como actor foráneo Miranda resulta para los demás como un bicho extraño que es necesario vigilar. En su travesía se le confunde como traidor, espía y un sinnúmero de facetas de alguien que está como husmeando en todo aquello que le llama atención. Téllez escribe: “El extraño, el viajero, Miranda, observador-observado que debe ofrecer una identidad, y ésta está contenida en su Diario de viajes con cuyos cuadernos se desplaza. Miranda ‘lleva y trae’ información, muchas veces es confundido con un espía y como tal se le espía a él. El Diario de viajes es una memoria portátil que le proporciona una identidad en el viaje mismo”.


Arturo Michelena

Este libro de Pedro Téllez, El Diario de viajes de Francisco de Miranda, intenta ser una aproximación por darle estatura de escritor importante a Miranda, de sacarlo de su nicho de héroe ditirámbico para proporcionarle sus justos méritos como escritor que a fin de cuentas inició un estilo, o como lo escribe Federico Guzmán Rubio: “En los diarios que agrupan varios años es posible extraer las entradas relativas a un viaje, que forman un conjunto con plena autonomía. Aunque los ejemplos no abundan en la literatura latinoamericana, se han publicado algunos volúmenes que siguen este patrón, como Unos días en Brasil: diario de viaje (1991), de Adolfo Bioy Casares. Más numerosos son los casos en los que la totalidad del diario se ajusta a un viaje y, de hecho, resulta posible identificar un subgénero bien delimitado: el diario de viaje. Al igual que en la autobiografía, este subgénero nació en la América Latina republicana de la mano de uno de los héroes de la independencia, el venezolano Francisco de Miranda”.
Este Miranda entre papeles, cartas, mapas y libros, nos dice mucho de una personalidad intelectual que buscó un medio para expresarse desde lo heterogéneo y concibiendo así un artilugio literario, si no nuevo, bastante flexible. Los papeles de Miranda se publicaron no por algún interés literario, sino como una nota exótica a pie de página de la historia oficial; además esto les permitió a los ensopados historiadores conocer la vida privada de un prócer de nuestra independencia. Quizá debido a esto se le haya prestado poca atención a los diarios como materia de estudio literario. Este Miranda, que ha traspapelado Pedro Téllez, configura en sí un escritor fronterizo y que tuvo dominio de un género que hoy, con la explosión de la Internet y los blogs, espera nuevos despertares y nuevas valoraciones críticas.


Tomado de Letralia

Puedes leer en linea o descargar el libro a  continuación:

 


Descarga el libro Los Diarios de Viajes de Francisco de Miranda Pulsando Aquí o aquí.


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Conrad, Sulaco, Valencia, y El corazón en las Tinieblas con Nosotros.



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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia


25/04/2026