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domingo, 9 de noviembre de 2025

Jorge Luis Borges en Venezuela: Ahora con un poco de suerte, me sirven arroz con manteca con un poquito de queso

 

Jorge Luis Borges en su apartamento de Buenos Aires, en 1981.
 Foto: Eduardo
 Di Baia-Archivo (Eduardo Di Baia)

Estimados Liponautas


Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes una conversación que tuvo Enrique Hernández D’Jesús, poeta, fotógrafo, curandero, periodista, embotellador y enchufado en la cuarta y quinta república, con el escritor argentino Jorge Luis Borges en 1982 cuando visitó Venezuela por primera y única vez. Particularmente recordamos a Enrique Hernández D’Jesús, gracias a dos eventos. El primero fue que un amigo en un concurso regional de fotografía envió sus fotos embotelladas, desconocemos si el nivel de azúcar de esos productos son saludables, como es común que haga Hernández D’Jesús

Enrique Hernández D’Jesús y unos de sus montajes. Como pueden observar la fotografía más resaltante es la de Tarek William Saab.


Esa estratagema dio como resultada que fuese admitido en el salón. Ya que las fotos inicialmente eran enviadas con seudonimo, suponemos que el jurado de selección dijo que no podían dejar afuera a Hernández. Esta fue la primera vez que nuestro amigo fue seleccionado en este salón fotografico, organizado en la Universidad de Carabobo, en el que anteriormente fue tantas veces rechazado. El otro momento inolvidable de Hernández D’Jesús fue cuando Ledo Ivo, en el Festival Internacional de Poesía, despues de soportar uno de los perfomances idiopáticos de autobombo a los cuales nos tiene muy acostumbrados Hernández D’Jesús,  le espetó directamente: señor Hernández d'Jesús, usted tiene el ego muy grande. Un suceso digno de antología pero que la rosca literaria venezolana no reseña y se empeña en olvidar.


Esperamos que disfruten de la entrada


Atentamente


La Gerencia.


*******


Esta conversación con Jorge Luis Borges aparece en el libro de fotografías, publicado por las Ediciones Delta DAS ANDERE ANTLITZ VON BORGES (El otro semblante de Borges) de Enrique Hernández-D’Jesús, en Alemania, colección que dirigen Juana y Tobías Burghardt. Con una presentación de Issa Makhlouf. Y una selección de 54 retratos-fotografías de Jorge Luis Borges.






El paladar de Jorge Luis Borges

Y un comentario de Stefanía Mosca


Enrique Hernández D’Jesús, conversación y algunas fotos


Jorge Luis Borges, ojos e imágenes del genial porteño a través de una larga travesía por el lente inimitable del sueño y de la realidad. Mientras mi pasión recorre una región llena de caballos, pajarracas de blanco delantal, de leña ardiendo y delirio permanente, en otro mundo, sonámbulo en el espejo de Carrol, un hombre llamado Jorge Luis Borges detiene el tiempo para que no cese de maravillarnos esa desnudez atravesada en el alma. Yo soy uno de los espectadores, y de los más tímidos, pero las fotografías, que trabajé para recrear a este señor en el mundo de un cuarto oscuro de revelaciones, son y serán una de mis brújulas del siglo XX. En cualquier sitio que ocupamos en el planeta Tierra, en cualquier latitud, en los puntos cardinales, sobre todo en el norte-sur, donde nunca se detiene el amor, allí estaremos los viejos que nunca se cansan de morir. Ya lo saben, esta máquina o cámara o alma o sensación es como mi propio cuerpo en un “spleen” rotundamente borgiano. Se convierte, a veces, en una prolongación de la cotidiana ocupación de vivir, lo cual, amigos míos, es parte, según Rilke o Einstein, de una memoria irreversible.


Jorge Luis Borges

Conversación con Enrique Hernández-D’Jesús


Antes de comenzar esta conversación, el actor alemán Rolf Gunther, en el pasillo de Macondo*, interpretó fragmentos del Fausto, de Goethe. Se sentía la emoción de Borges. Ahora estábamos sentados alrededor de una mesa, en el jardín de la casa. En el plato de Borges, un pedazo de pollo preparado especialmente para él. 


* Macondo era la casa del escritor Miguel Otero Silva. Esa casa fue demolida.




– ¿Puedes acomodarme el bastón en algún lugar? –me pide Borges de pronto, y, vaya a saber por qué, agrega–: El águila que tiene el bastón de Lousiana es el águila americana…

Jorge Luis Borges. Fotografía de Enrique Hernández-D’Jesús


Y de nuevo se sume en sus laberintos, en la persistente sorpresa el alucinado, en el candor de la palabra con humor, muchas veces llena de ironía.


–Nuestro tema bien podría ser el bastón –le digo– pero mejor es que hablemos sobre el gusto, sobre los sabores, sobre las comidas…


Y le recuerdo que a él lo que le gusta es el arroz con manteca…



arroz con manteca dimension latina

https://m.youtube.com/watch?v=YU4INk0QfxQ


– En cuanto al paladar –confiesa el autor de El Aleph–. Al cabo de tantos años, estoy descubriendo que los sabores pueden ser una felicidad, un placer… Eso no lo sabía antes, lo he descubierto en Venezuela. Estaba esperando los sabores.




–Nosotros, los venezolanos –le advierto–, y desafortunadamente, sólo  conocemos dos sabores, lo salado y lo dulce, pero existen otros: el ácido, el amargo, el agrio, el simple…


–No –me responde–, eso es demasiado abstracto, porque cada sabor es singular, está más allá de la dulzura…


–¿Qué dulzura? ¿La del corazón? ¿La de la vida?


–Claro… Como yo soy un individualista, de sangre inglesa, yo creo en los individuos y no en las relaciones, en los hombres y no en la humanidad… A cada sabor lo veo más allá de lo ácido, de lo dulce, de lo amargo… Cada sabor es único.


Imagen tomada de aquí


–¿Cuál ha sido el plato predilecto de Borges? –le pregunto.


–Yo creo que el arroz con manteca y queso –contesta Borges, como si Borges fuese el Otro–, y el dulce de leche… El dulce de tomate, también.



Arroz con manteca. El favorito de Borges.

https://m.youtube.com/shorts/1mytYXtC4Ig


–¿Sabes cómo se preparan estos platos?


–Yo no sé cómo se preparan, soy muy ignorante. Quizás María sepa. Yo sé que el dulce de leche se hace con leche, con azúcar y con bicarbonato, para que se mantenga más tiempo. Y se hace con leche de vaca; no de cabra, como en México, que es horrible… 


–Y en tu infancia, los platos que preparaba tu madre… ¿Los recuerdas?

– No, ella no sabía cocinar, no preparaba nada –y Borges hace un gesto para ilustrar "la nada"–. Bueno, cuando yo era chico, era muy pobre la comida en Buenos Aires, las pastas italianas no habían llegado todavía. Se comía carne tres veces al día.


-Claro, la Argentina es un país de carnívoros…


– Ahora no, está muy cara la carne. Estamos hartos de carne, a ningún argentino le gusta la carne –Borges se muestra rotundo–. Los de mi generación comíamos carne tres veces al día. Puchero todas las mañanas, al mediodía un bife y por las noches un churrasco y después milanesa. Más tarde, hacia 1910, vinieron las pastas italianas, descubrimos los ravioles, los ñoquis, que son ahora la comida nacional. Antes, los domingos se comía puchero de gallina o empanadas. Ahora están los ravioles, que se han convertido en una nueva tradición, porque son muy ricos…


–Es una influencia de los italianos…

– Sí, que para nosotros ha sido una excelente influencia –Borges pasa a otro tema–. La Argentina ha tenido algunos privilegios, que no ha sabido aprovechar: una fuerte clase media, que es la clase más importante, y una fuerte inmigración extranjera, que ha aumentado mucho últimamente. Hay muchos armenios, libaneses, japoneses, una buena inmigración judía, y en los años anteriores, ingleses, alemanes, franceses, siempre gente culta. En cambio, la inmigración española o italiana no. Muchos de ellos han aprendido el castellano en Buenos Aires. Llegaron hablando, yo no sé, gallego, o lo que fuera, eran dialectos.

Jorge Luis Borges. Fotografía de Enrique Hernández-D’Jesús



– ¿Tanto extranjero no generaba conflictos?

– Problemas raciales no había, porque matamos a los indios y los negros se murieron… La guerra con el indio fue despiadada… Cuando yo era chico, eran muy frecuentes los negros; ahora ya no quedan –y Borges agrega sin ningún desparpajo–: Mi familia era pobre, de modo que sólo teníamos cinco o seis esclavos nada más. La gente rica tenía más. Los esclavos creían que eran autóctonos, no sabían que los habían traído del África. En realidad, el negro es tan criollo como el blanco, o como el gaucho, que es de sangre blanca.


– No deja de ser extraño…

–Hubo un regimiento que comandó mi tío bisabuelo, el general Soler, y se llamaba el Regimiento Nº 6 de Pardos y Morenos. Hubiera debido llamarse "de Mulatos y Negros", pero, para no ofenderlos, les pusieron "Pardos y Morenos"… Estos soldados se distinguieron en la batalla del Cerrito, ahí, en Montevideo. Eran excelentes soldados de infantería, porque no eran gente de campo, sino cocineros, mucamos.



– ¿Ese Borges era el mismo tío abuelo que peleó en la batalla de Junín?

– No, no, no, ése era mi tío bisabuelo, el coronel Suárez, que fue soldado de Bolívar y comandó una carga de batería peruana en la pampa de Junín, en el año, caramba, creo que en 1826 –Borges se pasea por la historia argentina como por su casa–. Porque él había nacido en el 99 y tenía 27 años, y era primo de Rosas, pero con Rosas no se avino, porque era unitario



– Y el personaje de “El hombre de la esquina rosada” –intento volver a la gastronomía– ¿qué comía?

– Yo no lo sé… –Borges hace un gesto como de inocencia– Comería carne, como todos nosotros, y matearía, desde luego. Mucho mate. En cambio, el mate ha desaparecido de Buenos Aires. Por ejemplo, María Kodama no lo ha visto nunca. No es que no lo conoce. Bueno, en casa ha visto el mate de plata que mi bisabuelo Suárez trajo del Perú. Es el único mate que ha visto en su vida. El café, el chocolate, el té, sí los conoce… ¿Y los llaneros qué toman aquí? Café ¿no?


Los llaneros toman café, pero un café aguarapado. Mejor dicho –le explico–, lo toman de dos maneras: en la mañana, un café fuerte, que ellos llaman "serrero". Y después, en el transcurso del día, toman "café aguarapado".


– A lo mejor, ahora, con suerte, me sirven arroz con manteca con un poquito de queso…

Jorge Luis Borges, María Kodama y José Pulido en Macondo, la casa de Miguel Otero Silva y María Teresa Castillo en Caracas


Borges, como un niño, esboza una sonrisa de pícaro, pero María Kodama le recuerda qué no puede ahora comer arroz con manteca. Yo intento distraerlo de su plato preferido pero vetado por los médicos:

Borges… ¿y no te gustan la cebolla y el ajo?

– No, no soy ni norteamericano ni español.


– A propósito, Borges, ¿qué impresión te da Venezuela en las pocas horas que estás aquí?

– Por ahora excelente, pero no sé si tengo derecho a hablar de ello. Van sólo dos o tres horas en Venezuela


Pero, fíjate Borges, tú hablabas que Bioy Casares, en una oportunidad, te había hecho referencias sobre el llanero venezolano comparándolo con el gaucho.

– Bioy no me ha dicho nada de eso –la voz de Borges adquiere un ligero tono contrariado–. Todo lo contrario, voy a sacar un libro contra los gauchos, diciendo que los gauchos son pequeños comerciantes.




Toros coleados en Venezuela


Dicen que te viniste a Venezuela para presenciar una coleada de toros.

– El coleo no es conocido en mi país. Bioy me dijo que ningún jinete podía hacer eso. Hasta algunos jinetes uruguayos me dijeron que era imposible, salvo que sean novillos, y aun así es muy difícil…


Jorge Luis Borges afronta el tema del coleo como una faceta más de ese universo de misterios que lo rodea. Opto, entonces, por recurrir a la autoridad que tengo más a mano y lo sumo a la charla.


Borges, Luis Alberto Crespo conoce mucho el llano, tiene varios caballos en Guardatinajas y ha visto toros coleados…

– Aquí –interviene Crespo–, los toros coleados son un rito. Los sábados y domingos, en todos los pueblos de los llanos de Venezuela, hay toros coleados. Es impresionante la violencia, la belleza que se ve. Creo que Venezuela y México son los únicos países que practican el coleo.

– Yo no lo sabía… – le dice Borges a Crespo– ¿Y Colombia no?

– No, el coleo, eso de tumbar una res corriendo con el caballo, es muy venezolano… Dicen que el primero que lo practicó fue el mismísimo general José Antonio Páez… 

José Antonio PáezRetrato por John J. Peoli, 1890.


– Algo así leí en un libro sobre Páez… – Borges guarda silencio y rastrea en su memoria, donde de golpe irrumpen otras pasiones– Llanero, qué linda palabra. Se aplicaba a los riojanos, a los hombres de Facundo Quiroga, el Tigre de los Llanos… Eran muy buenos jinetes. Yo creo que, en general, el jinete de montaña es superior al de llanura. Un sobrino mío me dijo que, en Tucumán, los jinetes son mucho más diestros que los de la pampa, porque tienen que trepar montañas cubiertas de bosques espinosos. Fíjense qué curioso: los jinetes uruguayos son mejores que los argentinos, porque la llanura oriental está mechada de cuchillas, serranías…

Retrato al óleo del militar argentino Facundo Quiroga, realizado por el fotógrafo y pintor francés Alfonso Fermepin. 1836.



De pronto, como en uno de sus escenarios circulares, Jorge Luis Borges regresa a los temas gastronómicos. Oírlo hablar es como dejarse llevar por la lectura de sus textos.


–Pero no sólo los jinetes son disímiles –dice–. También un toro de la llanura y un toro de la montaña son diferentes… Sus carnes son muy distintas: la de la montaña, es mucho más dura, porque los animales suben y bajan los cerros.


De algún lugar impreciso llega el eco de un tango, como un murmullo… Borges se sorprende y no espera ninguna pregunta para hablar del dos por cuatro… El tango es también parte de su alimentación, la que nutre una mitología tan rica como controvertida:


– Cuando yo era chico –evoca Borges–, en cada esquina había alguien templando una guitarra… El piano, la flauta y el violín, los hacedores del primer tango, no eran instrumentos populares. Seamos sinceros: al tango lo impuso la aristocracia. El pueblo nunca lo aceptó, las mujeres no querían bailarlo. Yo vi parejas de hombres bailando tango en las calles, y las mujeres no querían hacerlo, lo veían como un baile de prostitutas. Las letras era muy obscenas y las figuras muy extrañas, como figuras de coito. En París lo hicieron melancólico, lo volvieron lento. Quien se encargó de transformarlo fue uno que se llamó Carlos Gardel. Claro, él era de Toulouse y no quiso ser nunca ciudadano argentino. Tenía razón: era francés y no quería renunciar a su patria. A é1 personalmente no le gustaba el tango, sino la música de campo, pero le dijeron que podía tener éxito con el tango y se resignó.


– Pero ¿tú eres gardeliano, Borges?

–No –Borges enfatiza su negativa para dejar en claro que es rotunda, inapelable–, no, de ninguna manera, yo no.


– Si no me equivoco, más que tanguero, eres milonguero…

– Bueno, sí, más bien sí. Yo hubiera podido oírlo a Gardel en persona… Recuerdo que con un amigo fuimos a ver un film de gangsters. Después de la película él cantaba, pero nos fuimos antes: a ese maricón de Gardel ni quisimos escucharlo… De modo que yo no lo vi nunca. En disco sí lo escuché.


– ¿Y cuál es el músico tanguero que más te interesa?

– Yo no entiendo nada de eso –la voz de Borges baja de tono, como si fuese a revelar un secreto–. A mí alguien, cuyo nombre no recuerdo, me dijo si quería escribir una milonga y yo recordé a un hombre al que lo habían matado a puñaladas. Así nació la "Milonga de Jacinto Chiclana"… Tengo un libro entero de milongas, “Para las Seis Cuerdas”, que son las cuerdas de la guitarra.


…Siempre el coraje es mejor,

la esperanza nunca es vana;

vaya pues esta milonga

para Jacinto Chiclana…”


Borges por él mismo - Milonga de Jacinto Chiclana

https://m.youtube.com/watch?v=mm3uyA0fVBQ&pp=0gcJCR4Bo7VqN5tD



– ¿Y los payadores, Borges?

Payadores he conocido muchos… Cantaban sin alzar la voz, casi en voz baja. Y la música era muy monótona… Pero, durante cinco o seis horas y a veces más, podían improvisar versos disparatados, hasta que se cansaban… Estaba la payada de contrapunto, que era como un duelo, aunque con muy buenos modos. Eso sí, era todo disparatado. Recuerdo que entré a un almacén de Buenos Aires con un amigo mío y lo saludó un payador que estaba allí con este disparate:


“Siéntese con eminencia

en el sillón soberano:

si se sienta su presencia,

se habrá sentado lo humano.”


No dice nada, absolutamente nada, pero qué importa: a la gente le interesa la forma y no el fondo. Seguro que aquí hacen lo mismo en el llano y también con guitarra…


Jorge Luis Borges. Fotografía de Enrique Hernández-D’Jesús



– Lo hacen con otro instrumento llamado el cuatro

– ¿El cuatro? –se sorprende Borges– ¿Se parece a la guitarra?


Cuatro. Imagen tomada de aquí

– Es un instrumento de cuatro cuerdas –le respondemos casi al unísono Crespo y yo–, es más pequeño que la guitarra…


Jacinto Pérez «El Rey del Cuatro» (1973)

https://m.youtube.com/watch?v=bFImNY3A9cs


– ¿Y la guitarra eléctrica qué es?– nos sorprende Borges.

– La guitarra normal tiene su caja sonora, mientras que la guitarra eléctrica es plana– responde Crespo.


– Y es por la electricidad que las cuerdas producen el sonido, digamos que un sonido más ruidoso, más moderno…– respondo yo.

– En el sentido más melancólico de la palabra "moderno"… – Borges parece entristecerse, y agrega:– ¿Y la forma es igual?

– Su forma es más moderna…– titubeamos Crespo y yo.

¿Qué quiere decir "moderno"? – ahora Borges parece pasar de la tristeza al enfado– ¿Es más grande o más chica?

– No, es por el diseño… Ahora las hacen con otros materiales, son más refinadas, brillantes… Y es más fuerte el sonido. Las fabrican en Japón o en Estados Unidos


– Los japoneses son mejores artesanos que los norteamericanos… –sentencia Borges, pero aclara–: en el sentido estético… Yo estuve cinco semanas en Japón y me decía: caramba, soy un bárbaro y estoy en un país civilizado…


Jorge Luis Borges. Fotografía de Enrique Hernández-D’Jesús



– Insisto, Borges –le digo yo, como decidido a sentarlo de nuevo en la mesa del buen comer–, ¿cómo es que un argentino como tú esté comiendo pollo en vez de carne?

– No creo que a los argentinos les guste tanto la carne. Yo quise ser vegetariano, pero no pude. Es horrible alimentarse de cadáveres… Los argentinos se resignan a comer carne. Nos educaron así. En Buenos Aires, lo más caro que hay es la carne. Más barato es el pollo, el pavo…


– ¿Y el conejo?– saco el conejo de la galera, como para sorprenderlo.

– Es muy raro comer conejo en Buenos Aires… –evidentemente, Borges siempre termina por sorprendernos a todos–. Lo que he comido es nutria, en Santa Fe. La de las nutrias es una carne un poco fuerte, pobrecitas.






– El conejo, en cambio, es muy sabroso, parecido al pollo…

-Entonces –Borges sonríe como un niño que se sale con la suya–, ¿qué tal si sigo comiendo el pollo?


 

Jorge Luis Borges. Fotografía de Enrique Hernández-D’Jesús



Stefania Mosca dice sobre este trabajo:


La propuesta de Hernández-D’Jesús congrega varias experiencias, concentra en el espacio el objeto recobrado, la imagen de la ausencia, el mito, Borges y los brazos de la Beatriz Viterbo que jamás conoció, Borges y los rostros de Borges que aparecen en el frasco en frascos que conforman conjuntos de cajas, que componen historias, fijaciones, que elaboran una plasticidad de lo traslucido, del color. Hierbas, manjares, restos de collares, semillas, loterías, ticketts de trenes olvidados, muñecos, elaboran una plástica sorpresiva y compacta de lo recurrente, de lo seriado. Almacén de imágenes, de celebraciones del poeta, del gran hacedor. La composición de estas cajas esboza una propuesta fotográfica que, instalada, ocupa un espacio en la realidad, un volumen, un sentido complejo, compacto, enfrascado, cerrado en vidrios que convierten a esa realidad –esas imágenes, esos objetos– en el más allá del espejo de Alicia. El Otro Lado, lo perdido.

En el caso de Borges, el fetiche incorporado como motivo al conjunto de la imagen enfrascada no es una asociación arbitraria.  Es la consecuencia de un trabajo que se inició con el tema de los muñecos, se concentró en la imagen erótica y ahora culmina en la búsqueda de asociar el retrato con el fetiche propiamente tapado, creando coloraturas que buscan una estética de la instalación y los retratos del célebre escritor argentino que ya cumplió más de cien años de haber nacido y será, sin duda, una de las voces más genuinas de la literatura del siglo XX. Probablemente, reinará junto con Kafka, Proust y Djuna Barnes y permanecerá entre los lomos silentes de la vasta biblioteca perpetuada en muchos de sus relatos.

Los rostros de Borges que componen estas instalaciones no dejan de estar vinculados al gusto y constituyen una forma de celebrar totalmente la voz propia, cuya Arte Poética se propone:


“Convertir el ultraje de los años

en una música, un rumor y un símbolo…”


Estos versos celebran la palabra incontenible que fluye en la memoria de Borges. Igual que en Homero, la ceguera encarna un estado que permite acceder a las profundas visiones de lo humano. Instintos convertidos en el ultraje de los años, laberintos y posiciones arbitrarias, estremecedoras como toda su “literatura fantástica” ¿Símbolos? Claro que símbolos y “ficciones”:  un germanista que se apropia del tiempo de Buenos Aires, el “Hombre de la esquina rosada” con sus “milagrosos secretos”, “el Otro, el Mismo”, "las ruinas circulares”… No ama a Gardel porque es de Toulouse, pero él, Jorge Luis, es más de Toulouse que Gardel. Quien ya no ve vino a “ver” el coleo, escuchar el ruido de la caída del toro.


 

Stefanía Mosca


 https://www.laotrarevista.com/2022/09/el-paladar-de-jorge-luis-borges-entrevista/


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lunes, 6 de octubre de 2025

Remedios Varo, Pedro Berroeta y las fuentes del Orinoco

 

Exploración de las fuentes del río Orinoco (1959)



Estimados Liponautas


Hoy compartimos con ustedes un episodio del micro Viajando por Venezuela con Maltín Polar, escrito y producido por Pedro Berroeta. El episodio se titula: Las fuentes del Orinoco.

Remedios Varo. Imagen tomada de aquí.


La entrada la abre una pintura de la artista española, que más de uno considera mexicana, Remedios Varo; titulada "Exploración de las fuentes del río Orinóco (1959)". Pintura realizada ocho años después del descubrimiento de las fuentes del río OrinocoTanto la pintura como la pintora son poco conocidas en Venezuela a pesar de que estuvo un tiempo en nuestro país realizando trabajo científico. 



Pedro Berroeta


La pintora española Remedios Varo vivió en Venezuela, junto con su pareja del momento Jean Nicolle, entre 1947 y 1949. 


Jean Nicolle, Remedios Varo, Norah Horna, José Horna. Foto de Kati Horna, ca. 1949.



Varo junto Con Nicolle llega a Venezuela formando parte de una expedición científica francesa. Remedios llegó a visitar las selvas del país y al soberbio Orinóco, donde llegó a buscar oro, siguiendo las ya centenarias costumbre de todo europeo recién llegado a estas tierras, la desaforada búsqueda de la resplandeciente Manoa

Remedios Varo y Jean Nicolle en su exploración en Venezuela, 1949.


En este agreste territorio se dedicará a estudiar gráficamente a los mosquitos y a otros insectos. Todo esto enmarcado dentro de la Campaña contra el paludismo llevada en Venezuela bajo la dirección del ahora legendario médico Arnoldo Gabaldón, director de Malariología.

Arnoldo Gabaldón

Varo también se dedicó a hacer pinturas publicitarias destinadas a los laboratorios Bayer, como la que verán a continuación. 


Paludismo


Resulta curioso que Remedios Varo llegara a trabajar para una empresa filonazi como Bayer, siendo ella una declarad a republicana. Pero recordemos el antiguo dicho popular: la necesidad tiene cara de perro...


Amibiasis (Los Vegetales) (Tifoidea, Paratifoide)Year completed: 1947
Gouache/Cardstock




En Venezuela, específicamentente en Maracay, sede de la División Nacional de Malariología, vivían su hermano Rodrigo, quien trabajaba  en la ya mencionada División, y su madre. 

Insomnio. 1947


Varo se alojó en el antiguo Hotel Jardín Maracay, lo que luego sería hasta hace poco tiempo la sede de la Gobernación del estado Aragua. La edificación, ubicada al sur de la plaza Bolívar en el centro de la ciudad, cómo suele ser en Venezuela, fue diseñado por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva y construida en 1929 . 


Carlos Raúl Villanueva

El edificio posee una fachada principal de 220 m de largo por 130 m de ancho. Carlos Raúl Villanueva sería quien diseñaría la Ciudad Universitaria, sede la Universidad Central de Venezuela, actual patrimonio cultural de la Humanidad según la UNESCO. Curiosamente las obras mas representativas de este arquitecto fueron hechas durante dictaduras.




Desde este lugar envió un gran numero de cartas a sus amigos en México. A continuación le compartimos unos fragmentos:

“… casi todos los extranjeros viven en hoteles y pensiones (…) Lo que sí creo es que aquí se hace dinero, todo el mundo parece tener muy buenas situaciones y ojalá yo encuentre también algún trabajo que me convenga pues el que me han ofrecido en Caracas no me gusta por ser un trabajo fijo en una gran casa de propaganda y tener que ir diariamente como a una oficina, de todos modos lo haré para empezar. Me siento muy sola y siempre estoy pensando en México y en vosotros todos, la vida sin amigos no vale la pena (…) si veo que es verdad que aquí se gana tanto dinero os lo diré a ver si os animáis a venir, de todos modos nunca hace frío y todo es muy tropical”.




En otra carta fechada en septiembre de 1948, escribe:


“… es un sitio muy caluroso con sol tremendo pero hay bosquecillos pequeños como oasis grandes de mangos y todo alrededor llanuras inmensas de hierba, hay muchos pájaros y bandadas de periquitos y loros de todos colores, no hay jaguares ni lo que aquí llaman tigres, ni ningún animal grande peligroso, estos están ya algo más lejos (…) yo no sé lo que pasará, si el clima será posible o si el calor será demasiado, lo que yo quiero es ver si puedo vivir de manera económicamente salvaje en un lugar donde no tengo que gastar dinero en vestido ni zapatos ni renta de la casa ni electricidad ni nada y dedicarme a pintar únicamente para ver si hago unos cuantos cuadros y envío a Estados Unidos para hacer una exposición y vivir de un modo menos estúpido que ahora (…) busco una casita con un poco de tierra para plantar unas cosas y que los gatos puedan escarbar un agujero (…) para tener eso aquí yo me tendré que marchar a una región salvaje (…) es importante tener agua, no hace falta nada más, no hay que abrigarse siempre hace calor, puedes hacer la comida con un fuego de leña (…) como es al aire libre no importa el humo ni esas cosas, se duerme en hamaca y por la mañana la descuelgas y no hay que hacer la cama ni se precisan sábanas ni nada de eso, se puede comprar comida y tabaco y petróleo para una lámpara en sitios cercanos, mi amigo Jean Nicolle ya hace tiempo que vive y trabaja por allí y le gusta mucho, no necesitaré mueble de gran lujo, una mesa para poder dibujar y trabajar en mis cosas, creo que vivir de esta manera puede ser agradable y sería ideal si hubiera algunos amigos de verdad, lo único que me da un poco de miedo es que el clima sea demasiado caliente, pero dice Jean que por la noche hace un viento fresco y se puede dormir muy bien (…) Escríbeme cuando te envíe mi nueva dirección que no sé cómo va a ser, quizás algo así como ‘Bosque tercera a la derecha, árbol número 7’”.

Remedios Varo regresó a a México en 1949 para no volver más a Venezuela. Ella moriría en 1963.


Ahora podrán disfrutar el cortometraje sobre las fuentes del Orinóco y luego podrán ver un corto video sobre la expedición que logró llegar al nacimiento del soberbio río. Y cerraremos la entrada con dos temas musicales: El primero es Orinoco de Rincón Morales, un tema musical del género gaita venezolana y el segundo tema es Orinoco Flow de Enya, cantante exmiembro del grupo Clannad, un sencillo de su LP de 1988, titulado Watermarck. Estos temas nos fueron recordados por nuestro amigo, el fotógrafo Yuri Valecillo.


Disfruten de la entrada.


Las fuentes del Orinoco







https://www.facebook.com/share/r/1A87fPhK8z/






Rincon Morales-Orinoco (gaita Venezolana) LETRA

https://m.youtube.com/watch?v=FjJdKqSSAq8




Enya - Orinoco Flow (Official 4K Music Video)

https://www.youtube.com/watch?v=LTrk4X9ACtw



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