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lunes, 7 de diciembre de 2015

Démosle asilo a la libertad y la vida de Ashraf Fayadh





Estimados Amigos

Gracias a nuestro amigo Luis Alejandro Contreras nos enteramos de la horrible situación que vive en estos momentos el poeta palestino Ashraf Fayadh   que ha sido condenado a muerte en Arabia Saudita a causa de las ideas que expresa su poesía. Ya en este blog se ha tocado el caso de las injusticias que han sufrido los libres pensadores que osan expresarse de forma abierta en países totalitarios como por ejemplo:





El último acto de resistencia del director iraní Jafar Panahi



Y compartiendo con ustedes esta nota esperamos de alguna forma contribuir con la movilización internacional a favor de este escritor.



Pulsando sobre el siguiente hiperenlace podrán firmar una petición para la liberación de Ashraf Fayadh  :


FREE ASHRAF, POET FACING EXECUTION IN SAUDI ARABIA




A continuación podrán leer un texto del poeta palestino:



Asilo: estar en una cola. Que te den un trozo de pan. 

Estar de pie: algo que tu abuelo solía hacer sin saber por qué. 

La patria: una tarjeta para poner en tu billetera. 

Dinero: papeles que tienen imágenes de los líderes. 

La Foto: tu sustitución, a la espera de tu regreso. 

Y el regreso: una criatura mitológica… de los cuentos de tu abuela. Final de la primera lección.






Lean con preocupación la noticia a continuación.



Richard Montenegro


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Ashraf Fayadh: Palestinian poet sentenced to death in Saudi Arabia


  Condenado a muerte por su poesía apóstata





El poeta palestino Ashraf Fayadh ha sido condenado a muerte por un tribunal saudí, por renunciar al islam en sus libros. El tribunal anunció la decisión el martes y el escritor tiene ahora 30 días para apelar la sentencia. El libro Instructions Within, publicado en 2008 propaga, según la acusación, el ateísmo y los pensamientos destructivos en la sociedad. “Estoy en shock, pero era la decisión que esperaba, aunque no hice nada que merezca la pena de muerte”, dijo Fayadh al diario británico The Guardian.

Ashraf Fayadh fue detenido por primera vez en agosto de 2013, tras la denuncia de un lector, que afirmaba que su obra promovía el ateísmo. Salió en libertad bajo fianza el día después pero volvería a la cárcel el 28 de enero de 2014. La Mutaween, la policía religiosa saudí, le retiró el DNI y, en una primera sentencia, en mayo del año pasado, fue condenado a cuatro años de prisión y 800 latigazos. Después de recurrir, un nuevo juicio le sentenció a la pena de muerte.

“Durante año y medio siguieron intimidándole, diciendo que había nuevas pruebas”, cuenta la activista por los derechos humanos Mona Kareem, que lideró una petición para la liberación del poeta, firmada por varios nombres de la cultura saudí. “Condenamos los actos de intimidación hacia Ashraf Fayadh como parte de una campaña mayor, incitando al odio contra los escritores y utilizando el Islam para frenar la libertad de expresión”, se puede leer en la petición.

“Ni siquiera tuvo representación legal porque le retiraron su DNI al arrestarle en enero. Para el segundo juicio le cambiaron el juez y el fiscal. El nuevo juez ni habló con él”, denuncia Kareem.



LATIGAZOS

Sus amigos afirman que la verdadera razón de su detención es un vídeo hecho por Fayadh, donde se ve a la policía dando latigazos a un hombre en público. Denuncian también que fue increpado varias veces por fumar y llevar el pelo largo. “Me han acusado de ser ateo y propagar ideas destructivas en la sociedad pero el libro al que se refieren hablaba simplemente de mí experiencia como refugiado Palestino, sobre temas culturales y filosóficos. Pero los extremistas religiosos han considerado que eran ideas destructivas en contra de dios”, dice el poeta.
Para Mona Kareem, la condena también está relacionada con la discriminación que sufren los refugiados – o bidoon, apátridas- en el Golfo, estatuto que sigue teniendo Fayadh, aunque ya ha nacido en Arábia Saudí.

En el primer juicio, dos agentes de la policía declararon que Fayadh había blasfemado en público, promoviendo el ateísmo entre la gente joven y le acusaron de mantener relaciones con mujeres, enseñando algunas fotos de su móvil, como prueba. Fayahd negó la acusación diciendo, según los documentos del tribunal, que era “un musulmán fiel”.
Ashraf Fayadh, de 35 años, es uno de los lideres de la nueva escena artística saudí. Además de poeta ha sido curador de exposiciones en la Bienal de Venecia y en Jeddah y es también miembro de organización artística británico-saudí, Edge of Arabia.


Este caso se suma al de otros, como el bloguero Raif Badawi que está condenado a 10 años de prisión y 1.000 latigazos por insultar el Islam.




Tomado de El Español











Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Pohttp://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas tangibles y electrónicas hispanas Fantastic-Films NeutrónAlfa Eridiani, Valinor, miNaturaTiempos OscurosGibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en la revista cubana digital Korad y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.




07/02/2026

lunes, 16 de febrero de 2015

Destellos de Al-Ándalus

Españoles conversos al misticismo Sufí



La caligrafía es arte islámico por excelencia. En la imagen, Alí escribe con el cálamo bajo la mirada atenta de su hijo.
Fernando Sánchez Alon





¡VEN, VEN.!  

¡Ven, ven, quienquiera que seas, ven!
   
Infiel, religioso o pagano, poco importa;  

Nuestra caravana no es la de la desilusión!

Nuestra caravana es la de la esperanza!

¡Ven, aunque hayas roto mil veces tus promesas!

¡Ven, a pesar de todo, ven!













Corren malos tiempos para los musulmanes en occidente (como ya vimos en Conan el Bárbaro, la II República Española y el Estado Islámico) y aún peores para sus nuevos conversos. Al Qaeda, Estado Islámico, yihadismosalafismo son términos de rabiosa actualidad que unen violencia e islam. Irremediablemente, la parte contagia al todo y más en estos tiempos de inmediatez global, de vorágine informativa: donde sabemos lo que ocurre en el momento que ocurre, pero no su porqué. En esta sociedad de océanos de información caemos en la falacia de creernos informados con la más estrecha de las capas epidérmicas de los acontecimientos. Somos ignorantes residentes en la biblioteca de Alejandría… a la distancia de un click tenemos toda la información posible, pero la desidia y la pereza nos mantiene alejados de las capas más profundas de los acontecimientos. El conocimiento dista mucho de ser un repositorio de información, sin embargo nos mostramos satisfechos ante el espejismo del nuevo rico: disponer de la mejor biblioteca del mundo nos convierte en el más sabio del mundo mundial.

Malcolm X


Si hablamos de conversos famosos es posible que nos asalte el nombre de deportistas como el recién converso Franck Henry Ribéry (Mohamed Yassim Ribéry) futbolista francés, más alejados en el tiempo la del jugador de los Lakers Kareem Abdul-Jabbar (previamente a su conversión, Ferdinand Lewis Alcindor), la del boxeador Cassius Clay (Muhammad Ali) ó la del cantante inglés Cat Stevens (Yusuf Islam). Con más calado ideológico y trascendencia política se produjo la conversión al islam del  activista por los derechos civiles de los afroamericanos Malcolm X (1925-1965, El-Hajj Malik El-Shabazz).  Mucho menos conocida es la conversión del padre de la Patria Andaluza: Blas Infante Pérez de Vargas: nacido en 1885 y fusilado por falangistas (sin juicio previo) el 11 de Agosto de 1936 recién iniciada la Guerra Civil Española. El 15 de Septiembre de 1924 se convirtió al islam como Ahmed Infante.




De entre los 800.000 a 1.130.000 de musulmanes que viven en España (según las fuentes), unos 30.000 son conversos. En el artículo de Fernando Sánchez Alonso, que sigue a esta entradilla, se nos muestra a la comunidad de conversos sufí más importante de España, precisamente en Granada, el último reducto del Al-Ándalus, que cayó en 1492 en manos de los Reyes Católicos.

Blas Infante Pérez de Vargas


El islam se divide en varias ramas, muchas veces enfrentadas entre ellas. Al igual que Europa sufrió las guerras entre las distintas ramas del cristianismo, el islam está inmerso en un enfrentamiento similar entre sunies y chiíes. El sufismo es la tercera vía principal del islam: el ihsan o perfección espiritual.  Abusando de licencia poética, los sufíes son los hippies del islam. Como vía alternativa a las lecturas dogmáticamente literales e interesadas del Corán (ninguno de los 6.235 versículos (aleyas) del Corán prohíbe representar a Mahoma), los sufíes son perseguidos a lo largo y ancho del mundo musulmán dominado por los integristas.




El aspecto sufí más conocido en Occidente son los derviches turcos y su vistoso baile hipnótico. Un magnífico acercamiento al sufismo lo encontramos en la película El señor Ibrahim y las flores del Corán (Monsieur Ibrahim et les fleurs du Coram, 2003, dirigida por François Dupeyron) con un inconmensurable Omar Sharif en el papel protagonista, basada en la novela homónima del 2001 del filósofo y dramaturgo belga Éric-Emmanuel Schimitt, un canto a la convivencia entre religiones.  



Cat Stevens - Father And Son (Subtitulada)

by PacoMan


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Mariam Sakina Scott tiene 22 años. Hija de padre norteamericano y madre catalana, es de las primeras personas en Órgiva que nacieron ya en el seno de una familia musulmana conversa. “Hay gente que me pregunta si pertenezco a una secta”, asegura. Fernando Sánchez Alonso

 

 

Conversos sufíes, los místicos del islam

  • En España viven unos 1.200 sufíes naqshbandíes, una rama espiritual de la religión musulmana. Hay un colectivo en la Alpujarra granadina y otro cerca de Cáceres.


  • “Nos miran como bichos raros. El islam es paz. Eso es lo que no toleran los integristas”, explica el gijonés Muhammad Iskander.


22 ENE 2015 


Fernando Sánchez Alonso


Órgiva es la pequeña Manhattan de Andalucía. Capital de la Alpujarra granadina, lugar de retiro del último rey nazarí Boabdil, tierra de moriscos y cuna de heterodoxos, prolonga en el presente una parte del esplendor multicultural del pasado, pues esta localidad de apenas 6.000 habitantes alberga en su callejero 68 nacionalidades distintas.

68 nacionalidades conviven en Órgiva, la localidad de la Alpujarra granadina en la que está localizada la comunidad sufí naqshbandi más amplia de España.



Quizá la mejor encarnación de este variopinto mestizaje sea el café Baraka, regentado por Qasim, un bilbaíno de 41 años y musulmán converso. En este local, símbolo de la tranquila Babel de Órgiva, conviven el lugareño feliz y jubilado de todo, el filósofo errante, el profeta laico con su desierto a cuestas, el hippy que descubre en un té moruno una nostalgia perdida en Woodstock. “Aquí a nadie se le niega la entrada”, resume Qasim (Pedro Barrio antes de su conversión). Pero el café Baraka –donde no se sirve alcohol– es, sobre todo, el sancta sanctórum de la comunidad musulmana. Se trata de conversos españoles que no solo decidieron abrazar el islam, sino que ahondaron en su rama espiritual y mística, el sufismo. Una vida de contemplación y de paz.

Qasim Barrio, bilbaíno de 41 años, leyendo el Corán en el café Baraka de Órgiva.




“Cuando le dije a mi familia que me iba a hacer musulmán, mi madre lo aceptó”, recuerda Qasim. “Pero mi padre se disgustó mucho. En el islam, el cerdo y el alcohol están prohibidos. Daba la casualidad de que en Bilbao yo era catador de vinos y teníamos además un restaurante familiar, al que todo el mundo conocía por el bar de los jamones. ¿Cómo iba a hacerme musulmán y estar a la vez bebiendo vino y cortando jamón? Así que me desvinculé del negocio familiar y monté el mío propio. Hace 11 años que soy sufí. Y es una de las mejores cosas que me han sucedido en la vida”.




El islam, aseguran los conversos españoles, les ha aportado “esperanza y seguridad”. Pero no ha sido fácil. Salvo contadas excepciones, todos ellos se enfrentaron a la incomprensión de sus allegados. Tuvieron que explicarles que el islam nada tiene que ver con los salafistas y yihadistas, apegados a la violencia y a la interpretación literal de los textos sagrados. De hecho, hasta hace unos años los sufíes conversos han estado sometidos a la vigilancia de los servicios secretos del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). “Nos citaron en un lugar cuyo nombre no puedo decir y nos preguntaron quiénes éramos, qué hacíamos, qué relación teníamos con grupos islamistas”, relata Omar Ibrahim (antes Rafael Martín), un madrileño de 59 años. “Después de un tiempo, al comprender que solo cantábamos y rezábamos, nos dejaron en paz. Pero algunos seguimos teniendo pinchados los teléfonos”.

El emir se llama Umar Margarit y es el dirigente de la comunidad sufí naqshbandi en España.




Un gran número de sufíes españoles pertenecen a la orden naqshbandi, que se remonta a los tiempos de Abu Bakr as-Siddiq, el compañero predilecto de Mahoma y su sucesor en el califato. El emir en España es Umar (antes Felipe Margarit). Lo nombró a mediados de los años setenta el maestro general, el jeque Nazim, quien falleció en Chipre la pasada primavera. La orden, explica Umar, barcelonés de 63 años, es un cruce entre un centro espiritual y un hospital. “Nazim acogía a todos los heridos por la sociedad actual. Él mismo se consideraba un cero. Decía que solo tenía algún valor si Dios, el Uno, lo colocaba a su derecha. Su hijo y ­sucesor en la jefatura naqshbandi insiste en lo mismo”.






En toda España hay unos 1.200 sufíes ­naqshbandíes. La comunidad más amplia, 35 familias, está en Órgiva. Esto se debe a que precisamente ahí vivía Umar antes de convertirse al islam. Una vez que fue proclamado emir por el sheij Nazim, todos los musulmanes españoles sufíes que pudieron se agruparon en torno al líder catalán en dicha localidad granadina. La segunda comunidad sufí en importancia vive en Villanueva de la Vera, en Cáceres. El campo es más propicio para el desarrollo espiritual y la contemplación de Alá.

Sufíes de Órgiva (Granada) recogiendo la aceituna. La agricultura es uno de los oficios prestigiados por la tradición sufí naqshbandí.




Bajo la luz inverniza, un grupo de sufíes varea los olivos en las montañas orgiveñas. Estos íntimos de Alá prefieren desempeñar alguno de los cuatro oficios prestigiados por su tradición: la agricultura, la ganadería, el comercio y la artesanía. Lo que no significa que constituyan una comunidad hermética al margen de la sociedad, como los amish, por ejemplo. No desprecian Internet, ni la televisión, ni los periódicos. Sus hijos asisten a los colegios de la localidad. Pero todos ellos coinciden en una vida espartana y justifican con su actitud la etimología del término sufismo, que deriva de la palabra árabe suf (lana) y que en sus orígenes se aplicó a ciertos ascetas musulmanes que, imitando a los eremitas cristianos, se vestían con esta ropa humilde en señal de renuncia a las vanidades mundanas.



Derviches giróvagos en El señor Ibrahim y las flores del Corán




Porque el sufí vive en el mundo sin ser del todo de este mundo. “Todos los días le pido a Alá que me ayude a convertir mi ego en mi alfombra de rezo”, confiesa Mansur (José Carlos Sánchez), un malagueño de 41 años licenciado en Psicología que denuncia que, “a pesar de que la cultura de Al Ándalus está de moda, existe un innegable rechazo al musulmán”. Su mujer, Bahía (María José Villa), una sevillana de 35 años licenciada en Derecho, asiente: “A los conversos nos miran como a bichos raros. El islam no es lo que la gente cree. El islam es paz. Es pedir amor a Dios no para quedarte tú con él, sino para devolverlo a los demás. Si tu intención en la vida no es derretirte en el amor puro, que es Dios, tu islam no tiene ningún sentido”. “Y eso es lo que no toleran ciertos círculos próximos al integrismo islámico, que pretenden derogar la aleya de la misericordia del Corán por la de la espada”, dirá Muhammad Iskander (Alejandro), un gijonés de 54 años que prefiere ocultar su apellido y que ha trabajado de patrullero del servicio de vigilancia aduanera, de tatuador y de marino mercante, “aunque el único oficio constante que he tenido en mi vida ha sido buscar a Dios”.

Momento de oración en la 'dergha' de Villanueva de la Vera (Cáceres), donde la comunidad sufí se reúne los jueves para celebrar el 'dikhr' o recitación de los nombres de Alá.




La dergha –la casa de reunión y oración sufí– está separada de Órgiva por unos tres kilómetros de caminos tortuosos que jadean en medio de olivos y naranjos, de huertas feraces y del agua conventual de las acequias. En la dergha, la comunidad sufí celebra el jueves, a la caída de la tarde, el dhikr o recitación de los nombres de Alá, una práctica común a otros musulmanes, y el hadra, un ejercicio de meditación exclusivamente sufí consistente en entonar una serie de cánticos en alabanza a Dios acompañados de balanceos rítmicos de brazos y cuerpo, y todo ello escoltado por el sonido de instrumentos de percusión en la penumbra de las velas. “Esta práctica recuerda el momento en que Dios insufla con su aliento vida a Adán”, cuenta Amin (Andrés Fernández). “El viernes, día sagrado en el islam, celebramos también la oración del yuma y después una comida comunitaria. Todas las oraciones las hacemos en árabe. Y ahí se reduce el conocimiento que tenemos, salvo excepciones, de la lengua sagrada. Nuestra formación islámica proviene de muchas lecturas, de conversaciones con otros hermanos más sabios y del sermón del sheij. Los naqshbandi somos tal vez los menos intelectuales de los sufíes. Nos interesa más el corazón”.





Los sufíes son víctimas de los movimientos más radicales del islam, desde los salafistas en Egipto hasta los talibanes en Pakistán.

Amin es un leonés de 45 años, casado, que llegó a profesar las órdenes menores en el seminario. “Pero murió mi padre, tuve una crisis espiritual muy fuerte y me hice comunista. No quería saber nada de Dios”. Amin se queda pensativo unos instantes; luego concluye: “Cuando me convertí al islam, sentí que por fin regresaba a casa”. “Mi maestro me enseñó el arte del fracaso. Es decir, aprender a fluir con la vida y a pensar con el corazón”, explica Amin. “El que obra así no llegará nunca a nada en la sociedad actual. Pero se habrá ganado a sí mismo, porque para él tendrán el mismo valor el oro y el barro. Eso es ser sufí”.


Una vida con sentido. Eso es lo que afirma haber encontrado en el sufismo Amín Fernández, exseminarista y excomunista.



Marhaban (bienvenido) es la palabra inscrita en un cartel de madera sujeto a un poste, entre campos de tabaco, huertas y las pocas casas que conforman la Aldea Tudal, una pedanía de Villanueva de la Vera (Cáceres) donde está la segunda comunidad sufí naqshbandí más importante de España, liderada por el sheij y escultor de renombre nacional Abdul Wahid (Cristóbal Martín).



Yo quiero verte danzar-Franco Battiato



El coche se hunde en la dirección que señala la flecha del cartel. Al cabo de cinco minutos, el camino muere a los pies de la casa de Omar Ibrahim, un madrileño que vivió 35 en Alemania, donde mantuvo durante 10 una cadena de restaurantes. “Luego vendí todo y me vine aquí”.


Es jueves. Omar Ibrahim está esperando a que llegue el resto de hermanos a su casa, que también hace las veces de dergha, para celebrar el dhikr. “Me hice musulmán hace casi 30 años. Y entonces comencé a sentirme verdaderamente cristiano. No hay contradicción, porque Jesucristo es un profeta muy querido en el islam. Creemos en los santos; veneramos sus tumbas y sus reliquias. Esto es algo que nos distingue del resto de los musulmanes”.

Muhammad Bahauddin (derecha) y su hermano Abdul Salam consultan el libro de cantos antes de la celebración religiosa del 'hadra', en Villanueva de la Vera (Cáceres).


A continuación explica el porqué de los patronímicos en el sufismo. “El nombre árabe te lo elige el maestro. Ese nuevo nombre expresa la esencia de lo que realmente eres y sirve para que el discípulo aspire a lograr aquello que significa. Omar, por ejemplo, significa fuerza o sustento”.


Como en Órgiva, los sufíes de Villanueva de la Vera son españoles. “De hecho, ahora solo hay un hermano marroquí”, explica Yamaluddin (Juan Andrés Molina), un madrileño de 44 años. Todo él es una viva estampa de la más pura estética naqshbandi: el anillo en recuerdo del que llevaba Mahoma, la barba solemne, el chaleco y los pantalones amplios de origen otomano que facilitan los movimientos en la oración, el bastón y el ­turbante verde, que es la corona mística y la mortaja que cubrirá el cuerpo desnudo del sufí.

Hawa Soto es zaragozana, de 41 años. Tiene nueve hijos.



Las mujeres usan también ropas holgadas y el hiyab o velo para cubrirse la cabeza, algo que a Hawa (Ana Rosa Soto), una zaragozana de 41 años y madre de nueve hijos, le agrada. “La mujer debe vestir con recato. Pero también nos tapamos para proteger dos lugares muy energéticos de nuestro cuerpo: la cabeza y la garganta. Yo, con el islam, he recuperado mi feminidad”, sostiene. “Y nunca se ha metido nadie conmigo por vestir así”. A Mariam Sakina Scott, nacida musulmana en Órgiva hace 22 años e hija de un norteamericano y una catalana convertidos al islam, el velo sí le ha atraído problemas en su centro de estudios. “Allí todos saben que soy musulmana, pero no hago ostentación de ello”, admite. “En nuestra sociedad prevalece la idea de que el islam es una religión de fanáticos. Pero todavía se entiende peor el sufismo. Hay gente que me ha preguntado si pertenezco a una secta. ¿Cómo decirles que el sufismo es respeto y amor por todas las criaturas?”


Derviches Giradores. Turquía | Cultura - Planet Doc


El sufismo, que en Europa se conoce, sobre todo, gracias a la danza de los derviches giróvagos de Turquía, “remite a la pregunta de quién es uno en realidad”, dice el sheij Umar Margarit. “Y eso solo se puede responder buscando a Alá en el corazón. Para ello, el sufí cumple con todos los preceptos islámicos, pero no se queda en ellos; los trasciende”.


Los sufíes son víctimas de los movimientos más radicales del islam, desde los salafistas en Egipto o Libia hasta los talibanes en Pakistán, que los consideran heterodoxos. Pero el sufismo es muy antiguo. Hay estudiosos que arguyen que hubo un sufismo preislámico, y lo sitúan en el Gran Jorasán, en el noreste de Irán. Lo cierto es que todavía hoy perduran las controversias eruditas sobre sus orígenes. Una de las teorías más divulgadas sostiene que el sufismo recibe influjos del monacato cristiano, de la filosofía neoplatónica, del chamanismo de Asia Central, del hinduismo y del budismo. De hecho, el sufí confiesa que su doctrina espiritual, aun insertándose dentro del islam, es la misma que las de las demás religiones: la unión con Dios. Y el único ve­hículo para ello es el amor incondicional a todo y a todos. Ibn al Arabi, el gran místico sufí nacido en Murcia en el siglo XII, lo expresa así:


Ibn al Arabi


“Mi corazón puede adoptar todas las formas. 

Es pasto para las gacelas. 

Y monasterio para monjes cristianos, 

y templo para ídolos, 

y la Kaaba del peregrino,

y las tablas de la Torah, 

 y el libro del Corán. 

 Porque yo sigo la religión del amor”.



Tomado de El País


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by PacoMan


En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.



Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico.



Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.


Y colabora con el blog de Grupo Li Po


20/7/2025

martes, 19 de noviembre de 2013

Doris Lessing (1919-2013), premio Nobel de literatura del año 2007: "La pasión no disminuye con la edad".






Estimados Amigos

Ayer 17 de noviembre de 2013 falleció la escritora Doris Lessing, premio Nobel de Literatura 2007. Doris Lessing fue una escritora que se formó de manera autodidacta ya que que abandonó el sistema formal de educación a los 13 años y tocó con sinceridad temas y géneros diversos que van del Feminismo a la Ciencia ficción. es una escritora que fácilmente podríamos relacionar con la trinidad de escritores carabobeños: José Rafael Pocaterra, Enrique Bernardo Núñez y Ramón Díaz Sánchez. Personas que se hicieron un nombre en las letras venezolanas aprendiendo por si mismas. Pocaterra llegó al sexto grado, Díaz Sánchez al cuarto grado y Núñez llegó a pisar los adoquines universitarios de manera fugaz. Ninguno de ellos obtuvo un título universitario gracias a la falta de plata, pero eso no impidió que desarrollaran su arte.

A modo de homenaje publicamos aquí la ultima entrevista de Doris Lessing, una  escritora que se hizo a si misma.

Desde este blog le deseamos un buen viaje a los Puertos Grises.

Esperamos que disfruten de la entrada.



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 "La pasión no disminuye con la edad". Una entrevista a la escritora Doris Lessing  (1919-2013), premio Nobel de literatura del año 2007 


Miércoles, 09 de Marzo de 2011 
 
Escrito por Xavi Ayén





La inquietante escritora británica Doris Lessing (Kermanshah, 22 de octubre de 1919 − Londres, 17 de noviembre de 2013), quien ganó el premio Nobel en 2007, alcanza ya los 92 años. En los extractos de esta extensa entrevista, realizada por el Magazine del diario español La Vanguardia dentro de una serie de 14 premios Nobel, se retrata a la escritora que no ha dejado de producir desde la ciencia ficción hasta los intenso dramas psicológicos y sociales. Recientemente publicó su novela de amor trágico Alfred y Emily que cuenta la historia de amor y dolor de una pareja basada nada menos que en la vida de sus propios padres.



A través del televisor, ruge la marabunta. El festival hípico de Cheltenham es uno de esos acontecimientos que los aficionados británicos a las carreras de caballos esperan cada año con impaciencia. Nuestra anfitriona sigue emocionada las evoluciones de un corcel llamado Kauto Star, al parecer una especie de Zidane de la raza equina. En un determinado momento, parece salir de su abducción televisiva y pregunta: “¿A ustedes no les gustan los caballos?”. Y, decepcionada pero educadamente, agarra el mando a distancia que se escondía bajo un montón de periódicos y un abrupto fundido en negro interrumpe el salto del potro en el televisor.




 “Venga, empecemos la entrevista.” Enérgica y con una dicción propia de una actriz de teatro, la premio Nobel de Literatura, la británica Doris Lessing, recibe con toda naturalidad, en bata y camisón de dormir, un día melancólicamente lluvioso, en su casa de tres pisos de Londres. Tras dejarse hacer unas cuantas fotos, se dirige a un alargado sofá rojo de skai, aparta un poco de él una sábana y una manta y ordena: “Usted póngase aquí, ¡a mi lado!”.

–¿Y esa sábana?

–Estamos sentados en mi cama, joven. Ahora duermo aquí por las noches, tengo la cama de verdad en el piso de arriba, pero hay que subir siete tramos de escalera para llegar a ella, y me duele tanto la espalda que me cuesta demasiado…


Empezamos hablando de su novela La grieta, ambientada en la era de las cavernas y en la que narra cómo se encontraron por primera vez los hombres y las mujeres. Lessing explica que “hay científicos que aseguran que el primer ser humano de la Tierra fue una mujer, y que, por tanto, los hombres llegaron después. Sin entrar en si es o no verdad, era algo tan sugerente que, cuanto más pensaba en ello, más posibilidades le encontraba. Así, empecé a especular qué habría sucedido si las mujeres hubieran habitado solas la Tierra durante un largo tiempo, en una isla, con muy buen tiempo y con comida a su alcance, e ideé una comunidad primitiva exclusivamente femenina, donde ellas tenían la facultad de reproducirse sin el concurso de los hombres. Y, un día, de repente, nace el primero de ellos. ¿Se imagina? La contemplación de sus genitales debió de resultar, sin duda, un enorme shock para las mujeres, que debieron de ver con una mueca de repugnancia aquellos apéndices monstruosos, ignorando sus funciones. Así que, en mi libro, los bebés monstruo (así los llaman ellas) son llevados por las águilas a otra parte, y viven y crecen alejados de las mujeres –las grietas– hasta que, un día, un grupo de ellas decide emprender una expedición para llegar hasta ellos, los chorros”.

 



El libro se lee como una parábola que aborda temas como las diferentes concepciones del ocio, el trabajo y las responsabilidades entre los sexos, situando al hombre en un estadio más infantil, en un sentido no despectivo, pues el macho humano es visto como una criatura “maravillosa e inquieta”. La violencia de algunas escenas contrasta con el tono suave de cuento del conjunto, le decimos, y ella responde: “¿Le puedo contar una cosa sobre eso? Las reseñas dijeron: ‘¡Cuán desagradable resulta la mutilación de los niños pequeños, cuando las mujeres les arrancan el pene!’, e hicieron hincapié en la crueldad femenina, digamos que de algún modo los críticos literarios sintieron la mutilación del pito como propia. Pero lo curioso es que, al principio, cuando los chicos conocen a las chicas, describo una violación colectiva, en la que todo el mundo penetra a la mujer antes de matarla, ¡y nadie ha hecho mención de ello! Me pregunto si eso resulta menos violento que la mutilación genital de un hombre”.


En cualquier caso, Lessing cree que “hombres y mujeres vivimos en mundos diferentes, no sólo en mi libro, sino en la vida real. Somos gente muy distinta. Es un gran error negarlo. Somos dos especies que intentan vivir juntas para no sentirse solas. Así es como lo veo”. 


De repente, suena el teléfono. A diferencia de otros premios Nobel que hemos encontrado a lo largo de esta serie, ella no tiene asistentes para las labores de oficina. Siempre descuelga personalmente, como si fuera todavía la misma madre soltera que en 1949 llegó a un Londres gris y destruido por los bombardeos de la guerra mundial. Llevaba entonces a su hijo Peter en los brazos, el mismo que ahora, mientras hablamos, espera en la cocina. Ya no viven en pensiones, compartiendo planta con prostitutas, sino en una casa burguesa, muy británica, donde el toque anárquico lo dan los libros, que se amontonan en los rincones más inverosímiles de la vivienda, formando pilas que desafían la ley de la gravedad o apareciéndose en un tramo de escalera como si se estuvieran escapando de unas cajas de cartón medio llenas. En el salón donde hablamos, el sol ilumina a ratos el polvo volátil de exóticas alfombras y tapices, superpuestos en azarosos encabalgamientos.


 

Las peripecias familiares de Lessing pueden seguirse en sus libros autobiográficos, como En busca de un inglés (1960) –que se reeditará en mayo con el título Made in England–, Dentro de mí (1994) o Un paseo por la sombra (1997). Sintetizando, tras nacer en Persia de padres británicos y emigrar a los cinco años a Rodesia (hoy Zimbabue), se casó muy joven, tuvo un hijo y una hija, y después se divorció y se casó con Gottfried Lessing, una estrella del Partido Comunista, quien, tras darle otro hijo, Peter (a quien todavía cuida a causa de una minusvalía), la dejó por chicas más jóvenes. Lessing se fue sola a Inglaterra, con poco más de 100 libras en el bolsillo y el manuscrito de su primera novela, Canta la hierba, y abandonó a su anterior familia. Sucesivas experiencias le hicieron desencantarse del amor romántico idealizado, casi a la par que del comunismo. Madre soltera y sin dinero, trabajó de todo: telefonista, niñera, oficinista e incluso hizo de periodista, un trabajo que dejó porque “el director me decía las ideas que tenía que defender en los artículos, y eso es intolerable ¿verdad?”. Su hijo mayor, John, granjero, murió de un infarto en 1992, y su hija Jean vive actualmente en Sudáfrica. Aunque Peter está en la casa mientras hablamos, su madre no quiere que aparezca en el reportaje: “Tengo 88 años y cuido de un hijo enfermo, no es que mi vida sea lo que esperaba, pero, desde luego, no hablo de ello”.