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jueves, 26 de febrero de 2026

Invitación a la charla sobre el jardín musulmán, dictada por el prof. Guillermo Cerceau este sábado 28/02 a las 4:30 p. m.

 





En el marco de su estudio sobre la relación entre el espacio, la imaginación, el ambiente y el bienestar social, el escritor e investigador Guillermo Cerceau disertará sobre el jardín musulmán: una réplica del paraíso hecha por los hombres para honrar a Dios, cuyos principios de construcción pueden ayudarnos a pensar el cambio climático, la relación con la naturaleza y la convivencia pacífica de la humanidad.


Fecha: Sábado 28 de febrero de 2026

Hora:4:30 p. m.

Lugar: Sede del club de jardinería, calle 130 c/c ave. 110 Urbanización Prebo 2,Valencia.









Características del jardín islámico
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JARDINES árabes e hispano árabes
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Guillermo Cerceau (Argentina, 1957) es investigador independiente, escritor y conferencista. Desde 1973 ha vivido fuera de su país, principalmente en Venezuela, Estados Unidos, Bélgica y Holanda. Ha publicado varios títulos de ensayos, entre ellos Equivalencias, Teoría de las despedidas y Oculta tu rostro. En los últimos años ha producido una serie de intervenciones-conferencias enfocadas en tres áreas:

1) La teoría de la imagen, fija o en movimiento, entre las que se encuentran Mutaciones del cuerpo femenino, Fotografía e inteligencia artificial y La imagen cinematográfica y la creación en Gilles Deleuze.

2) La dimensión social de la tecnología, que ha incluido Pensamiento algorítmico, Inteligencia artificial y control social, Interfaces para la acción colectiva.

3) La ciudad contemporánea: Las ciudades inteligentes: utopías del capital, Las ciudades sumergidas, El color como marca de identidad urbana.


Su más reciente libro es Fotografías imaginadas y otros encuadres (Caobo, 2019), una meditación personal sobre el sentido de la fotografía.

 

Tomada de Caobo


Enlaces relacionados:


































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miércoles, 7 de abril de 2021

Los primeros astrónomos fueron mujeres




El gran novelista y divulgador científico Isaac Asimov decía que "la Luna y sus fases dieron al hombre su primer calendario". La afirmación es totalmente cierta, aunque quizás hoy el maestro hubiese podido especificar un poco más: fueron en realidad las mujeres, según apuntan todos los indicios, las primeras 'sapiens' interesadas en ayudarse de los astros para medir matemáticamente el tiempo e intentar así ordenar -dominar- la vida.

De todos los orbes que giran en el firmamento, no es de extrañar que la Luna fuese la elegida por nuestros ancestros para inspirar sus primeros calendarios: el satélite terrestre es muy fácil de observar a simple vista, cambia de aspecto todos los días y sus ciclos permiten prever –aunque no con total exactitud- la llegada de una nueva estación, algo que los humanos de la Prehistoria debían tener muy en cuenta si no querían poner en riesgo sus vidas.

Aún hoy, cuando no dependemos del movimiento de los astros para dividir el tiempo, la medida del mes -es decir, de una luna- sigue siendo muy útil: la usamos para cobrar nóminas, pagar facturas e hipotecas, planear cuánto nos va a llevar concluir un trabajo o incluso poner límite a nuestras vacaciones. Tal y como rezaba un antiguo texto hebreo, "la Luna fue hecha para que contásemos los días".

Los primeros calendarios que se han encontrado hasta la fecha datan del Paleolítico superior, y fueron fabricados a partir de huesos de animales, mediante incisiones que marcan el paso de las fases lunares. El más antiguo que se conoce es el hueso Lebombo, fabricado hace unos 37.000 años y descubierto a principios de la década de los 70 en Swazilandia, un pequeño país al sur de África donde la esperanza de vida apenas supera los 40 años debido a la lacra del sida.




Se trata de un peroné de babuino con 29 incisiones, no muy distinto de los calendarios de palo que aún usan los bosquimanos de Namibia, una cultura milenaria cuya esperanza de vida rozaba hace poco los 90 años y que en la actualidad está a punto de extinguirse.


Otro objeto similar, con más de 20.000 años de edad, es el hueso de Isturitz, que fue hallado en Dordoña, Francia, y presenta calendarios lunares de cuatro y cinco meses. Fue en esa misma región donde el geólogo francés Louis Larlet encontró los primeros restos del Homo sapiens arcaico u hombre de Cromagnon, en 1868. Allí se encuentra la cueva de Lascaux, donde, junto a sus célebres pinturas rupestres, aún pueden contemplarse una serie de símbolos que parecen ser calendarios lunares.

Según identíficó el doctor Michael Rappenglueck durante un estudio de la Universidad de Munich, allí están representados tanto un ciclo lunar de 29 días como un año lunar compuesto por 13 ciclos. Ambos fueron impresos sobre las paredes de la gruta hace unos 15.000 años.


Aquellos cromañones "eran conscientes de los ritmos de la naturaleza porque su vida dependía de ellos", según dedujo el mencionado investigador tras su descubrimiento, publicado en el año 2000. Otro objeto que maravilla a los expertos es el hueso de Ishango, aparecido en los años 60 en el lago Edwards, Zaire, donde alguien representó un calendario lunar de seis meses hace poco menos de 25.000 años. Este primitivo almanaque, que se conserva en el Real Museo de Ciencias Naturales de Bélgica, se construyó a partir del peroné de un babuino, al igual que el hueso Lebombo.

Un calendario menstrual

Estos utensilios y otros similares muestran que el 'Homo sapiens' ya había adquirido en la Edad de Piedra el sentido del paso tiempo y había encontrado un método preciso y cuantitativo para medirlo. Se trata, por tanto, de los primeros objetos matemáticos que se conocen.


De hecho, al principio se pensó que el hueso de Ishango, de unos 10 centímetros de longitud y repleto de marcas a ambos lados, era una especie de calculadora prehistórica con la que el hombre del paleolítico se ayudaba a multiplicar. Un posterior análisis microscópico del hueso reveló que el patrón de incisiones se correspondía también con un calendario lunar de seis meses. Quizás fuera ambas cosas a la vez, e incluso otra más: un calendario del ciclo menstrual de la mujer durante medio año.

Joven Mujer Himba. Imagen tomada de Depositphotos




Del Paleolítico superior también datan las primeras manifestaciones artísticas que se conocen, entre ellas las estatuillas dedicadas a deidades femeninas, como la Venus de Willendorf o la Venus de Laussel. Estas esculturas prehistóricas muestran una auténtica devoción por la fertilidad femenina: atributos como los pechos y las caderas son desproporcionadamente grandes, y en su tiempo estuvieron cubiertas por un tinte rojo cobrizo, que representaba la menstruación.

Ya que el ciclo de la Luna y el de la ovulación duran lo mismo, es lógico pensar que, además de usarse como calendarios, estos instrumentos servían a las mujeres de la Edad de Piedra para llevar la cuenta de su menstruación. Por eso mismo, los primeros instrumentos que creó el 'Homo sapiens' para medir el tiempo debieron ser también objetos de una gran carga simbólica y religiosa, que reflejaban a la perfección la cualidad más idolatrada por las sociedades paleolíticas: la fertilidad.

La Luna y la fertilidad eran inseparables para el hombre primitivo, como muestra el hecho de que la Venus de Laussel, una figura de 44 centímetros tallada en roca caliza hace 25.000 años, sostenga en su mano un cuerno de bisonte con 13 incisiones, que muy posiblemente representan las 13 lunas del año (según el tipo de calendario, el número de lunas oscila entre 12 y 13, al igual que los días de los que se compone un ciclo lunar varían entre 28 y 30).

Los primeros matemáticos fueron mujeres

Todo ello ha llevado a varios expertos a postular que las primeras personas en pensar matemáticamente debieron ser mujeres. En el paleolítico, las sociedades humanas eran cazadoras-recolectoras, lo que significa que el hombre salía a cazar mientras la mujer se encargaba de recoger los alimentos que brotaban naturalmente de la tierra –aún no existía la agricultura. Los calendarios lunares tenían, entonces, dos funciones principales: medir los periodos de ovulación y determinar el momento de maduración de distintos frutos y vegetales.


Ambos cometidos apuntan a que las creadoras de estos primitivos ingenios fueron nuestras abuelas del Paleolítico. Así lo explica la etnomatemática estadounidense Claudia Zaslavsky: "¿Quién, salvo una mujer pendiente de sus ciclos, iba a necesitar un calendario lunar? Cuando le pregunté esto a algún colega con intereses matemáticos similares, me sugerió que los primeros agricultores podrían haber realizado dichos registros. Sin embargo, fue lo bastante rápido como para añadir que, probablemente, los primeros agricultores fueron también mujeres. Que descubrieron los cultivos mientras los hombres cazaban fuera".


El matemático John Kellermeier añade al argumento la dimensión religiosa que tenían la fertilidad y la menstruación en el Paleolítico. "Los calendarios lunares no habrían sido sólo métodos de medir el tiempo, sino que también reflejaban la resonancia entre las fases de la Luna y los ciclos sagrados de la menstruación. Esta evidencia apunta a la conclusión de que la menstruación de las mujeres dio lugar a las primeras matemáticas. Y también sugiere que las mujeres fueron las primeras matemáticas". Lo que las convierte, de paso, en las primeras astrónomas.


Joven Mujer Himba. Imagen tomada de Pinterest.



Decía Albert Einstein, quizás exagerando un poco, que lo más importante de una teoría científica es que tuviera belleza. La hipótesis de Zaslavsky y Kellermeier, imposible de comprobar empíricamente, sin duda la tiene: las primeras sociedades matemáticas estuvieron compuestas por mujeres del Paleolítico, trasuntos carnales de las fértiles y orondas divinidades veneradas en aquel periodo. Contemplar los astros era para ellas tan sólo un modo de saber en qué día vivían, así que se reunían bajo la luz de la Luna para echar cuentas, anticiparse al germinar de los frutos y planificar la llegada al mundo de nuevos -aunque primitivos- 'sapiens'


Tomado de El Mundo.
 
 

miércoles, 6 de mayo de 2020

PORQUÉ ESTUDIAR INGLÉS Y LA CULTURA ANGLOSAJONA



Imagen tomada de aquí.



A veces uno se encuentra en extrañas encrucijadas y no hablo del confinamiento o reclusión (según el nivel de exquisitez lingüística que usemos, y esta entrada va de lenguas, vaya de idiomas) del Cobi D19 (sí ya sé que no se escribe como la mascota de Barcelona 92 pero me da igual). 



Heme aquí, sin que me llamarán ni mis hermanos, ni mis hermanas me encontré pergeñando el texto que estas breves letras introducen. Como buen samaritano me dispuse a la tarea y como ya me viene ocurriendo disfruté más con la fase de documentación que con la ardua parte de escribir, que para mí siempre es un trance doloroso. De forma voluntaria no habría hollado ese sendero y no habría disfrutado del premio del camino. Me considero afortunado, pues el que da sin esperar siempre bien pagado está.


PORQUÉ ESTUDIAR INGLÉS Y LA CULTURA ANGLOSAJONA






Dice el Antiguo testamento Génesis 11:1-9:


1 En ese entonces se hablaba un solo idioma en toda la tierra.
2 Al emigrar al oriente, la gente encontró una llanura en la región de Sinar, y allí se asentaron.
3 Un día se dijeron unos a otros: «Vamos a hacer ladrillos, y a cocerlos al fuego». Fue así como usaron ladrillos en vez de piedras, y asfalto en vez de mezcla.
4 Luego dijeron: «Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. De ese modo nos haremos famosos y evitaremos ser dispersados por toda la tierra».
5 Pero el Señor bajó para observar la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo,
6 y se dijo: «Todos forman un solo pueblo y hablan un solo idioma; esto es solo el comienzo de sus obras, y todo lo que se propongan lo podrán lograr.
7 Será mejor que bajemos a confundir su idioma, para que ya no se entiendan entre ellos mismos».
8 De esta manera el Señor los dispersó desde allí por toda la tierra, y por lo tanto dejaron de construir la ciudad.
9 Por eso a la ciudad se le llamó Babel,[a] porque fue allí donde el Señor confundió el idioma de toda la gente de la tierra, y de donde los dispersó por todo el mundo.

Ya sea por el temor divino a que la humanidad le hiciera sombra o por otras razones menos relacionadas con el ego divino: La lingua franca, (lengua franca) es un fenómeno que se manifiesta desde la antigüedad, como mínimo desde el siglo IV antes de Jesucristo que es cuando algunos dotan la caída de las torres gemelas, perdón de la Torre de Babel (en que  estaría yo pensando). Actúa como segunda lengua (tras la materna) y permite a personas e instituciones con distinta lengua materna comunicarse, entenderse, comerciar, firmar la paz y a veces, por desgracias, declararse la guerra. Se adopta de forma implícita y es un reflejo del poderío político-económico-militar y cultural de la sociedad que la usa como lengua materna.




En nuestro entorno cultural la lengua franca que nos ha dejado un mayor y visible impacto fue el latín que ejerció su reinado hasta el siglo XIV. Luego la sustituye el español. En otros entornos geográficos son otras lenguas la que ocupan ese honor. Pero en el siglo XIX el inglés sustituye a todas las lenguas francas que coexistían. Su hegemonía sigue indiscutida a día de hoy. En un primer momento fue la vigencia del imperio inglés el que la sostuvo, pero a partir de la segunda guerra mundial son los Estados Unidos de Norteamérica los que respaldan su privilegiada posición.


Países donde más del 50% de la población habla inglés


Mal nos pese si queremos viajar por países anglosajones o al resto del mundo, la lengua que nos abrirá más puertas es el inglés. Si necesitamos profundizar en los últimos avances de cualquier ciencia deberemos leer las últimas revistas científicas escritas, invariablemente, en inglés. Si queremos relajarnos escuchando el último éxito musical, mejor saber inglés para entender la letra.

Los tiempos han cambiado y algunas veces incluso a mejor, afortunadamente ya no hay tantas guerras. Una lengua sin su contexto, sin su historia y sin su literatura es una herramienta imperfecta, como bien saben los japoneses que en su primer intento de rendición a los norteamericanos[i] tras la primera bomba atómica de Hirosima no consiguieron hacerse entender… y aún lloran en Nagasaki.


El ministro de exteriores japonés Mamoru Shigemitsu firma el Acta de Rendición de Japón a bordo del USS Missouri, mientras el general Richard K. Sutherland observa, 2 de septiembre de 1945.


Ciertamente las cosas han cambiado, pero los países hegemónicos siguen imponiéndose al resto. Indudablemente los EE.UU. nos imponen su cultura. Sólo hay que mirar cualquier cartelera o la oferta de series de las plataformas televisivas para verificar que la inmensa mayoría de lo ofrecido tiene su origen en los EE.UU. Nuestra cultura está impregnada hasta la médula de productos culturales anglosajones. Para disfrutarlos, criticarlos, catalogarlos o simplemente convivir con ellos, haremos bien en estudiar su sociedad: su historia, su lengua, su literatura, en suma: su cultura.

Las cosas cambiarán, siempre lo hacen, pero no parece que vaya a ser mañana. Por lo que mejor saber cómo piensa, que siente y que intriga al pueblo que votó como presidente del país más poderoso del mundo, a alguien como Donald Trump cuyo ego rivaliza con el del mismo Dios… la vida nos va en ello. Ya vivimos un Babel por ego divino ahora nos exponemos a otro de origen más... mundano.

Málaga 7 marzo 2020





[i] Aunque no existe consenso al respecto existen algunas voces que exponen que los telegramas tras el ataque de Hirosima (el 6 de agosto 1945) y antes del de Nagasaki (el 9 de agosto) del ministro de exteriores japonés a los aliados donde se anunciaba que Japón se rendía no consiguieron su objetivo: parar la guerra. Algunos achacan que los EE.UU. no entendieron que se rendían, pues tan sutiles eran las formas de la rendición en el idioma japonés, que en la traducción al inglés se perdió, por lo que no se dieron por enterados. Otras voces sin embargo, achacan al deseo norteamericano de una rendición incondicional de Japón, vaya una humillación del emperador y una apertura del régimen. En cualquier caso, el 9 de agosto murieron entre 39 y 80 mil japoneses más. El 15 de agosto Japón se rindió y los Aliados así lo entendieron. El 2 de septiembre se firmó el Acta de Rendición.  

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by PacoMan en extasis


by PacoMan.
En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de cuatro lustros.

Economista y de vocación docente. En la actualidad sobrevive como puede: lo que viene siendo malvivir.



Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando sube posts a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po



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martes, 7 de mayo de 2019

La Isla de Pascua sufre amenazas climáticas.


El Ahu Tongariki, de 200 metros de longitud, es la plataforma funeraria más grande de Rapa Nui o la Isla de Pascua. Tiene 15 estatuas de piedra volcánica o moai, ubicadas en la costa suroriental pascuence, frente al volcán Rano Raraku, y sobre ellas pende la amenaza del impacto del cambio climático en el vulnerable territorio insular chileno. Crédito: Orlando Milesi/IPS

Rapa Nui afronta amenazas climáticas para sus recursos y sus moai

HANGA ROA, Chile, 12 feb 2019 (IPS) - Activistas sociales y autoridades de Rapa Nui o la Isla de Pascua urgen a adoptar medidas para enfrentar el aumento de la temperatura del mar, la disminución de lluvias y una crecida de las marejadas que amenazan sus recursos pesqueros y sus moai, las misteriosas estatuas humanas de piedra volcánica.
En esta isla enclavada en el océano Pacífico, en la región de la Polinesia, a 3.800 kilómetros de las costas de Chile, el país del que es parte, ya son evidentes los efectos provocados por el cambio climático.
Ludovic Burws Tuki, profesor de la Aldea Educativa de Hanga Roa, donde los niños de la isla estudian educación básica y media, cuenta que con “el aumento de las temperaturas del agua algunos corales están empezando a blanquear” en las costas de Rapa Nui (rapa grande, en lengua rapanui).
“Miras la isla y ahora (febrero) debería estar amarilla, pero está verde. Hay un desfase de temporadas. Está lloviendo más en un momento en que no debería. Lluvia más fuerte, más corta y muy intensa que provoca erosión que llega al mar y cubre los corales”, relató a IPS.
“Ha subido la temperatura, pero mezclado con la basura, se ha generado una nueva alga en la profundidad de 80 metros (todavía en estudio), que empieza a crecer y a comerse el coral”, indicó Burws, quien también es asesor técnico de la organización Te Mau  o te Vaikava o Rapa Nui (Mesa del Mar de Rapa Nui).
Esa Mesa es un colectivo de 22 representantes de diversas organizaciones, que actúa desde 2014, con el objetivo de supervisar los problemas vinculados con el entorno marino de la isla de 163,6 kilómetros cuadrados, poblada por 8.000 habitantes permanentes, la mayoría del pueblo originario rapanui.
Otros daños provocados por el aumento de la temperatura es la casi desaparición del auke, una alga endémica “que antes era muy abundante”, explicó Burws.
Un problema que se une, dijo, a otro que también viene del mar y afecta a la población: “toda la basura que recibimos desde afuera se transforma en micro plástico que se comen los peces y luego comemos nosotros”.


El humedal Rano Kau, en el cráter del volcán del mismo nombre, aún no se ha secado como el situado en el cráter del Ranu Raraku. En este lugar se efectuaron ceremonias ancestrales, pero ahora el acceso está restringido pues su nivel de agua también descendió fuertemente. Crédito: Orlando Milesi/IPS
Pedro Edmunds Paoa, alcalde del municipio de Isla de Pascua, del que Hanga Roa es su capital, dijo a IPS que “desde que en 1984 se identificó la corriente de El Niño, la isla ha ido sufriendo mermas en su fauna y flora marina”.
“Hoy día se están pescando atunes chiquitos. Nosotros tenemos nombres para cada especie y cada tamaño. El que se está pescando se llama auhopu, que es un atún de 40 centímetros, un bebé atún. Porque en nuestras aguas el atún ova, nace, se cría y después migra”, contó.
“Yo quiero repoblar mi mar”, subrayó la autoridad municipal. “El mar nuestro sufrió y sufre el calentamiento global, se  calentó en cinco a seis grados sobre lo que normalmente debe tener”, describió con alarma.
Añadió que una medición, efectuada hace un tiempo por un barco científico de la estadounidense Administración Nacional Oceanográfica y Atmosférica (NOAA), “detectó a 800 metros mar afuera de Hanga Roa y a 40 metros de profundidad, temperaturas de 29 grados (centígrados)”. Tradicionalmente, la temperatura superficial en la zona no pasaba de 24 grados y a esa profundidad era muy inferior.
Para repoblar el mar, Edmunds impulsa un acuerdo con la chilena Universidad del Norte que tiene una estación de estudio, desarrollo y reproducción de especies, desde algas hasta peces azules como el atún, la vidriola, el pez espada y otros.

El humedal Rano Kau, en el cráter del volcán del mismo nombre, aún no se ha secado como el situado en el cráter del Ranu Raraku. En este lugar se efectuaron ceremonias ancestrales, pero ahora el acceso está restringido pues su nivel de agua también descendió fuertemente. Crédito: Orlando Milesi/IPS
Al alcalde le preocupa también la merma de corales, que “están acostumbrados a una cierta temperatura”. “Al matar corales se mata especies que nacen de ellos, porque los corales son vida que acoge otras vidas y a partir de ahí se va creando la  cadena de lo menor a lo mayor”, explicó.
Edmunds denuncia que el cambio climático no es el único responsable de la merma de atunes y otras especies marinas propias de la isla. La disminución, dijo, es favorecida también “por la pesca excesiva de naves extranjeras que entran a nuestras aguas, a pesar de que ellos insistan en que no pescan en nuestras aguas”.

“Vamos a tener una gran escasez del recurso hídrico  y también el patrimonio se va a ver muy afectado tanto por el aumento del mar como por el de las marejadas”, pronosticó a IPS la abogada Tiare Aguilera Hey, quien trabaja en la planificación urbana y territorial.
Ese patrimonio al que hace referencia está constituido por los moai, las míticas y gigantescas estatuas volcánicas que son exclusivas de Rapa Nui, y que junto con los ahus o altares ceremoniales, también pétreos, fueron declarados patrimonio de la humanidad en 1995 por la Unesco.
Es un patrimonio que “se concentra principalmente en zonas costeras”, destacó la especialista.
Además, “van a disminuir las precipitaciones y, por lo mismo,  la erosión, la acidificación y una serie de consecuencias que irán en desmedro de la agricultura y de la pesca, principalmente”, indicó.
Aguilera es originaria de la isla, a la que retornó en 2013 después de realizar estudios en España y China. Desde entonces, asesora a la Comisión de Desarrollo de la Isla de Pascua, un órgano de decisión indígena rapanui.
Un parque, un consejo y una zona para defender al mar
A mejorar la situación del entorno marino va a contribuir la entrada en operación del parque marino Motu Motiro Hiva, una iniciativa que quedó definitivamente plasmada en febrero de 2018,  con el decreto que lo instituyó, junto con Consejo del Mar, responsable de su manejo y cuyo plan debe estar listo en agosto.
Con 150.000 kilómetros cuadrados, el parque forma parte del Área Marina Costera Protegida de Usos Múltiples de Isla de Pascua, que se estableció en junio siguiente, que abarca 720.000 kilómetros cuadrados y es la más grande en su tipo de América Latina.
Hay más de 1.000 moai (estatuas humanas) en la Isla de Pascua (Rapa Nui en lengua indígena), construidos con roca volcánica. En el entorno del volcán Rano Raraku hay varios semienterrados que parecen salir de la profundidad de la tierra. Unos 120.000 turistas llegan cada año a la isla chilena de la Polinesia, atraídos por este mítico arte. Crédito: Orlando Milesi/IPS


También el 29 de junio de 2018 se eligió a los 11 integrantes del Consejo del Mar, que preside la gobernadora pascuenceLaura Terita Alarcón Rapu. Seis de sus miembros, como se determinó en su creación, son rapanuis y fueron electos en forma especial por su comunidad.
“Pero para un manejo que no sea de papel  se necesitan unos 8.000 millones de pesos (12,3 millones de dólares) y en el presupuesto 2019 del país no se destinan más allá  de 300 millones”, advirtió Burws, con base en estimaciones de organizaciones no gubernamentales.
El nuevo parque marino se suma al parque Rapa Nui, creado en 1996 y cuya administración el gobierno entregó en 2016 a la Comunidad Indígena Ma’u Henua.

Abarca 40 por ciento del territorio pascuense y en él se ubican las estatuas humanas moai, de uno a 10 metros, talladas en toba,  y los altares ceremoniales ahus, el mayor atractivo para los 120.000 turistas que llegan anualmente a la isla.
Aguilera destacó que la nueva administración indígena  va a contar con un departamento de cambio climático para estudiar los humedales, que disminuyeron considerablemente el nivel de agua dulce, entre otros instrumentos, dejados por el organismo gubernamental que era responsable del parque anteriormente.
“A nivel local se están adoptando muchas iniciativas desde instituciones diversas que han tomado la batuta con respecto al cambio climático”, elogió la especialista.
Aguilera citó también entre las medidas ambientales positivas surgidas en Rapa Nui, algunas promovidas por la Municipalidad (alcaldía), como una gran campaña de reciclaje o la transformación en sostenible de la fiesta anual cultural y deportiva denominada Tapati, así como acciones para reducir el uso de bolsas y bombillas plásticas y la creación de un sistema de transporte público.
Edición: Estrella Gutiérrez

Tomado de IpsNoticias