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domingo, 21 de noviembre de 2021

Ramón Oswaldo González Quiñones a Marisol Pradas: A nadie le van a enseñar a hacer poesía en un taller. Esa vena la carga uno encima.





Ramón Oswaldo González Quiñones: A nadie le van a enseñar a hacer poesía en un taller. Esa vena la carga uno encima.
Una entrevista de Marisol Pradas.



Ramón Oswaldo González Quiñones: Es difícil escribir sobre la nostalgia



"Poesía es el teorema de un pañuelo de seda amarillo anudado con acertijo, encerrado en un globo de colores, atado a la cola de una cometa, volando en un viento blanco contra un cielo azul en primavera" es una de las diez definiciones de poesía de Carl Sandburg que aparecen en el libro Antología de la Poesía Norteamericana, reeditado por El Perro y La Rana.


A Ramón Oswaldo González Quiñones le gusta ese concepto aunque lo siente rebuscado.


Nada más con decir "Poesía es el teorema de un pañuelo de seda amarillo anudado con acertijo" ya tenía más que suficiente, dijo.


Especializado tanto en derecho como en relaciones industriales este profesor de metodología jubilado de la Universidad de Carabobo, de pre y postgrado, desde sus años de estudiante, dio a conocer sus inquietudes al integrarse a grupos literarios y publicar sus primeros ejercicios narrativos Voces (1960) y En Esta oscura orilla (1966). Trabajos suyos fueron conocidos en revistas y diarios regionales, hasta que en 1982 obtuvo el premio "María Clemencia Camarán" de la Asociación de Escritores de Venezuela, Carabobo, con el poemario Canto Rodado (editado en el 2005 por El Cayapo). Ese mismo año el Ministerio de la Cultura le edita Solidaria Herrumbre, premio del Certamen Mayor de las Artes y las Letras. Abrevadero vino al año siguiente. También editó su tesis de grado que obtuvo derecho a publicación, Presencia Judía en el Nuevo Mundo.


¿Un poeta tiene el deseo interno de cambiar el mundo?

Yo diría que sí, a su manera. Desde la poesía más contestataria hasta la más lírica siempre hay eso. Cuando uno se detiene a leer a Rubén Darío o Mayakosky, que son contraposición total, uno lo encuentra, sí. Inclusive si uno lee ahora a Palomares encuentra que él también quiere hacer ese cambio. No radical, a la manera del "Chino" Valera Mora, pero también es valedero. Lo decía no hace mucho, alrededor de dos años, Mario Benedetti, uno de los escritores más consagrados de hay en América, que no sé por qué causa no le han otorgado el Premio Nobel...


Quizás si la sabe...

Bueno sí la sé... tienes razón. Lo que dice Mario Benedetti es muy valedero, cada quien hace poesía en función de lo que es su transformación en función de palabras, no de la realidad; sino del hacer. Hay poesía metafísica, filosófica, de la realidad... pero que sea poesía.


¿Cómo nacieron los poemas contenidos en Fervor de Aljibe?

Acostumbro, por mi condición de metodologo, soy un cultor de la metodología, en el sentido de que todo, hasta la simple higiene de la mañana, tiene que cumplir un camino critico, con una metodología. Si no se hace escribiendo... imagina. Esa forma como estructuro los poemas tiene que ver con la metodología. Me planteo, por ejemplo, un tema y necesariamente no puede ser de principio a fin, tiene que ser estructurado, logrado con una acentuación, donde uno quiere dársela, y hago un conjunto de 30 o 40 poemas. Lo más sublime es que todos o un 40 por ciento fuesen buenos. Esa estructuración me permite reforzar el texto, el mensaje y la intención poética.

Adhely Rivero. Foto de Yuri Valecillo.Tomada del libro "Rostro y Poesía". 1996


Ese trabajo Abrevadero, tiene esa heredad de la nostalgia, como bien lo dice Adhely Rivero, por el entorno, de la niñez. Así como uno tiene memorias de olores también lo tiene de paisajes. Uno nunca deja de regresar a esa parte mágica que conforma la memoria del ser humano. Sin nostalgia no existiríamos, por supuesto. Dentro de Abrevadero hay tres subtítulos, y uno de ellos es Fervor de Aljibe. En ese patio donde me crié había un aljibe que nunca he podido olvidar, además que esa palabra de por sí es muy mágica. Y es tener ese fervor por ese entorno donde uno vivió, por el contexto.

Enrique Mujica. Fotografía de Yuri Valecillo.Tomada del libro "Rostro y Poesía". 1996





Ese libro gustó a unos poetas, entre ellos, Enrique Mujica, quien me dijo que escribir sobre la nostalgia no es tan fácil. Yo le dije: Lo difícil es escribir sobre la nostalgia.


¿Cuánto tardó en hacer Abrevadero porque se siente muy madurado?

Me costó casi tres años elaborarlo. Me gusta que esté bien acabado el texto. Se trata de cuidar los adjetivos. Dentro de esa concepción metodologica tengo la idea, pongo a invernar la idea, es decir, la guardo en el refrigerador, y vuelvo a retomarla en el momento preciso; sin dejar que se congele.




¿Cómo se da cuenta que esa idea no está lista?

Cuando se relee una y otra vez, siempre hay un ruido, hay algo allí que molesta. Es cuando el poema le dice a uno, " por favor, cámbiame... yo no puedo... si me acomodas en algo que tú estás notando... voy a quedar mejor..." El poema mismo lo pide.


¿Que libro lo ha tenido entusiasmado últimamente?

Transeúnte es un libro que me agrada muchísimo porque es la visión de alguien que está haciendo un comentario sobre el panorama de la calle, el paisaje, los personajes, siempre coloco una especie de trampa, sobre esa manía urbana que tiene el ser humano de querer hacer una especie de atletismo, pero a la vista del todo el mundo: Sale temprano, corre, camina. Todo ello lo contrapongo con una persona que también camina, una tortuga deliciosa y , al final, hago esa fábula en contraposición del conejo y la tortuga. Claro, todo ello haciendo uso de uno de los tantos e innumerables artificios de la literatura.


Ella se fue/yo me quedé/Aquí en la lluvia/No dijo adiós/ni dejó papel/Qué hago/si se me muere/la soledad... es el poema 44 de Solidaria Herrumbre ¿Cómo nació?

Un día viniendo en un autobusete de mi postgrado sobre historia de las Américas me senté al lado de una persona que comenzó a hablar conmigo, se sentía muy solo porque la compañera lo había dejado sin mayor explicación. Con todo lo que hablamos, él, me dijo "Si usted quiere escriba algo por mí... yo no puedo...". El me dijo "Me siento tan solo que si me muero no me estoy muriendo". Le dije que eso era un poema, una cosa muy linda la que él estaba diciendo. Entonces fue cuando me pidió que lo escribiera por él. No quise robarle esa frase...


¿A Venezuela hay que ponerla a invernar para poder disfrutarla más?

A nivel poético sí. Está escribiendo mucha gente pero pienso, sin desestimar a nadie, que hay mucha gente escribiendo apresuradamente. Hay que madurar. Centrarse en lo que uno quiere hacer. Si en realidad lo que uno quiere hacer es poesía, vamos a ver cómo se escribe poesía, por qué escribo, cómo la escribo, cómo me nutro de esa poesía y cómo de una u otra forma puedo con esa poesía ser yo. Si me estoy mereciendo el escrito.


¿Por qué tan buenos escritores venezolanos no son conocidos?

No es la idea publicar a todo el mundo. Mas bien habría que hacer una selección muy bien ajustada; por supuesto, ahí entra la honestidad de quienes tienen la responsabilidad de ser jurado... yo he decidido no enviar más trabajos a concursos, porque sé cómo se hacen y qué pasa con los jurados. Conozco gente que enviaron excelentes trabajos que ni siquiera se mencionan, sin siquiera hacer una selección como se hace en el "Rómulo Gallegos" y en muchos otros concursos. Con esa labor las editoriales se podrían motivar a publicar. También hay que tener especie de ventana al exterior. Aquí cuesta mucho que a una persona se le otorgue viáticos y sea seleccionado para representar al país. Inclusive a nivel de Estado esto no se hace.


No se trata de publicar por publicar. Hay que elaborar una metodología mejor armada para que esa persona que va publicar entregue varios textos que permita una selección de los trabajos. Hay una cantidad de publicaciones que están perdidas. Cantidad de poemas que yo no los considero poemas.


¿Qué está haciendo en estos momentos?

El segundo tomo de Presencia Judía en el Nuevo Mundo, con relación al contrabando caribeño. Hay una gran cantidad de personas por estas tierras que desconocen que descienden de judíos sefardíes.


¿Se enseña poesía en talleres?

A nadie le van a enseñar a hacer poesía en un taller. Esa vena la carga uno encima. Le pueden enseñar el ABC pero todo está en el querer .



(Notitarde, 12/01/2008, Confabulario).-


Enlaces Relacionados:


Tomado de Azul Fortaleza. 

03/11/24

jueves, 16 de diciembre de 2010

"Oswaldo González Quiñones o las hojas siempre desveledas" por Julio Rafael Silva







Julio Rafael Silva




Fue en los albores de la década del setenta cuando conocimos a Oswaldo González Quiñones. Enton­ces regentaba la cervecería Grand Prix, en la Ave­nida Bolívar de Valencia, sitio de recalado necesario para la bohemia de esos días. Allí fungía de maestro de ceremonias, dedicado anfitrión y guía espiritual de nuestra cofradía de trovadores extraviados, siempre en la búsqueda del camino más estrecho.

Nos sorprendía su capacidad para volverse invisible y transitar sin ruido desde la cocina, por entre las mesas, cer­ca de la barra, detrás del proyector de 16 mm con el cual nos obsequiaba aquellas divinas películas de antaño, que hacían estallar ante nuestros ojos fascinados las más insólitas imá­genes (casi siempre en sepia o en blanco y negro, raras ve­ces a color) de competencias deportivas, quintetos de jazz, bailarines de las estepas, poetas malditos, dictadores chaplinescos, acorazados rusos, rumberas cubanas, acróbatas, malabaristas, domadores de fieras... en fin, toda una pecu­liar filmoteca que sugería el abreboca para lo que vendría después: el plato mayor de aquellos convites era la lectura de textos, actividad en la cual nuestro huésped, impulsado por su proverbial generosidad, sería siempre la voz ulterior.

PALABRA Y CREACIÓN SIMBÓLICA

Y entonces se producía el portento. Bastaba que el poeta tomara la palabra para que la sala enmudeciera y todos dis­frutáramos de esas frases cortas, esta culminación breve (¿fatal?), la pausa inesperada que termina o quiebra el verso, el suspenso rítmico, los gestos aparentemente adustos que forman parte de su vínculo expresivo: En crepitar azul / la llama se recrea //Danza ígnea / voluta enloquecida // Tres topias prevenidas languidecen.

En sus textos el poeta redime y amplifica la palabra mediante la creación simbólica. El símbolo es esencia de su lenguaje, se consustancia con su temática, cruzada de la angustia de la paradoja, con la metáfora y con la imagen, es­pecial mixtura que concurre a crear la intuición imagina­tiva, cuyo símbolo primordial pareciera ser el espejo: La mano al ala / se volvió sombrero / para los buenos días // cuando saludaban / trillando sombra // Serena la palabra / fundida en el espejo / aromada de brandy // hay pausa que arrea // Se vuelve camino / más que temprano / oteando penumbras // que encarga cruz / como encomienda.

El poeta siempre ha pregonado que sólo por la palabra en comunión el hombre alcanza su realización plena: acce­de al ser, pasa del no ser al existir. De allí la función esencial de su poesía (lo que Octavio Paz denominara "la revelación de nuestra condición original"). Y para lograrla, el poeta proclama la necesidad de la empatia, la alteridad, aprehen­sión y conciencia del yo en unión con el otro: La fauna / no se extingue // Otro animal / abruptamente me despierta // Horada conmigo / las entrañas del aire // Caigo // vuelvo a ser / otra piedra del camino. 

LA MUERTE INSISTE Y SE HACE ESPADA

En estas páginas, muerte y vida emergen entrelazadas, estrujándose en simbiosis de angustia existencial. Así, la vi­da es un vivir muriendo, un amanecer que comienza con la muerte, una vida que se afirma con la muerte. Es el acceso final a la unidad fundamental del ser, la espera desesperan­zada de un vivir con avidez de eternidad en un mundo cru­zado por el tiempo: ...Página de antaño  / de maleza escasa / porque presentía // ocultar cerrojo / que nadie encontrara // Síncope silencio / vaga en la corriente / muriendo de a poco // lágrimas abajo / entre los despojos.

En sus versos vida, muerte y poesía están penetradas de la experiencia de la soledad, experiencia que surge como imposibilidad de trascendencia, situación de tránsito trans­mutada en existencia que conlleva el conflicto de la fijación en un paso que no es una meta. La soledad como ausencia de encuentro consigo y con el otro. Soledad que se rebela (y se revela) en rechazo y hastío total y cósmico: Quedo solo / apagando / mi oración de luz / sin que me vean // hasta saciarme / con ropa al revés // De otro martes /para muertos nuevos / que traen sombra / deletreando un vidrio // color del sueño / que lo apacigua // De luna sin prisa / en esta noche torpe / lúcida de insomnio // que arrepentida / por llegar tarde // sin carbón tirita.

LA FULGURACIÓN DEL SER

El poeta ha comprendido desde siempre que "el artista se hace ante el papel", como alguna vez afirmaría Stéphane Mallarmé, es decir, que el poema tiene su propio sentido del espacio para no hundirse en el vacío. Tal vez por eso nos atrapa este límpido ritmo que crea atmósferas emocionales de ocultas resonancias con significaciones complejas y pro­fundas, en donde la infancia ocupa un lugar preponderante:  Hoy recobré / la golondrina / de mi infancia // prófuga del nido / oliendo a guayaba // pues nació sonora / su abierta campana / voz de sementera // más allá de donde / pernoctan sus ojos // tras de un aleteo / que empaña la pátina / donde nos miramos // en ropaje oscuro // Su ayer no encontró entibiar el río / su quebranto de alas // vino a despedirse.

El poeta, en una labor siempre en ascenso, sensible a su íntima dimensión, accede a expresiones que revelan ardores de pureza y de absoluto y corporizan sus vivencias:

Volvió la rama / desde hace tiempo / a ser pared // sin desci­frarla / trepa hasta mí // siempre de blanco // En su maraña / hay otro nido / que me conmueve // Sin confundirme busca su huella // para ocultarnos. 


REFERENCIAS

González Q., O. (2006). Abrevadero. Valencia; Ediciones EL CAYAPO.
                          (2005). Canto rodado. Valencia; Ediciones EL CAYAPO.
                          (2005). Solidaria herrumbre. Caracas: El perro y la rana.
                          (2007). Tierra de difuntos. Valencia: Manuscrito original no editado. 
                     
Mallarmé, S.      (1965). Divagaciones. Buenos Aires: Lumen.
Paz, O.               (1987). El arco y la lira. México: Siglo XXI.



Este texto fue publicado originalmente en el periódico Tiempo Universitario en Muestra sin Retoques, espacio regentado por  Rafael Simón Hurtado, el 15 de noviembre de 2010


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Actualizada el 29/10/2023