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viernes, 17 de abril de 2026

EL GRAN ESCRITOR VENEZOLANO ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ CON BETANCOURT EN EL PALACIO DE MIRAFLORES




Reunión en el Palacio de Miraflores. Rómulo Betancourt y Enrique Bernardo Núñez, circa 1960: Autor desconocido. Foto coloreada ©Archivo Fotografía Urbana




EL GRAN ENRIQUE BERNARDO NÚÑEZ EN EL PALACIO DE MIRAFLORES


Milagros Socorro


Fecha de publicación: octubre 4, 2015




El 30 de septiembre de 1940, Rómulo Betancourt le envió una carta a Enrique Bernardo Núñez, desde Santiago de Chile, donde se había instalado con su familia después de haber sido apresado por la policía política. Allí le dice que quiere reanudar a distancia el diálogo epistolar que habían iniciado cuando Betancourt estaba todavía en la clandestinidad. “Sigo atentamente lo que escribes”, le dice el exiliado al gran escritor a quien va a admirar por décadas. “Y veo que casi siempre coincides con el Partido, ojalá que estés cada día más cerca de él, más al lado nuestro”.


El propósito de la misiva era, pues, conquistar al autor de “Cubagua” para que se uniera al Partido Democrático Nacional (PDN), fundado por Betancourt, que, al funcionar entre 1937 y 1941) es uno de los antecedentes de Acción Democrática.


“El trabajo por equipo alrededor de un programa concreto y de una disciplina colectiva conscientemente aceptada, aumenta la capacidad creadora del escritor  y le da una proyección más seria a su obra. Pareciera ser más cómoda y más ‘libre’ la postura del francotirador. Pero no es así. Las fuerzas que combatimos están coaligadas, vertebradas por lazos que aún en países como el nuestro, sin aparente estructuración política, de los reaccionarios, son muy sólidos. El instinto de defensa de las comodidades y privilegios hace el papel del cemento. Los aglutina. Nosotros no podremos derrotarlos sino oponiendo a su bloque antivenezolano otro de base nacional y seriamente organizado. No otra cosa es el Partido, con todo y sus grandes deficiencias, nacidas de las condiciones mismas en que se ha forjado. Estoy seguro de que cuando llegues a sus filas, en ellas te encontrarás bien y sentirás cómo tu admirable labor de columnista, así como también la otra tan valiosa de escritor y artista, se enriquecerán de matices nuevos. Para mí personalmente, que tanto he llegado a estimarte como intelectual y como ciudadano, será un momento de honda satisfacción aquel en que te sepa ya actuando en la fervorosas filas pedenistas”.


Pero Enrique Bernardo Núñez nunca se integró a esas filas ni a ningunas otras de carácter partidista. Está escarmentado de haber servido al gomecismo y, una vez muerto Gómez, no quiso oír hablar de alineamientos con poderes o con aspirantes a serlo.


En su libro Hombres y villanos, publicado en 1975, Rómulo Betancourt consigna que esa carta “no obtuvo respuesta”. Agrega que ya de regreso a Venezuela, en 1941, habló personalmente con Enrique Bernardo Núñez, quien le dijo que el grupo político le merecía confianza, pero “su individualismo incurable —según expresión textual— lo inhabilitaba para someterse a una disciplina de partido”.


—Y como francotirador murió—, acota Betancourt en 1975, citando la expresión que él mismo había empleado en la carta de 1940, en un día de 1964, pero dejándole al país el ejemplo limpio de una inteligencia y de una pluma que siempre estuvieron al servicio de Venezuela, de la libertad, de la justicia. De la democracia.


Un día en Miraflores

Esta fotografía, propiedad de la Fundación Fotografía Urbana, fue tomada alrededor del año 1960, por autor desconocido. Capta una reunión en el Palacio de Miraflores. El centro de la imagen lo ocupa el abrazo que reúne a Rómulo Betancourt, entonces Presidente de la República (1959-1964) y a Enrique Bernardo Núñez (Caracas, 1895 – 1964), quien se había iniciado en la escritura desde su juventud y no había parado ni un día de su vida, que dedicó a cincelar una prodigiosa pronunciación.


Enrique Bernardo Núñez se hizo a sí mismo, —dice Betancourt en el perfil de su amigo, incluido en “Hombres y villanos”— en ese duro esfuerzo del autodidacta, nacido y criado en casa pobre. Y qué pobre se era en la Venezuela estancada, aletargada, muerta en vida, pudriéndose en vida, en los días de Cipriano Castro y de Juan Vicente Gómez.

Juan Vicente Gómez y Cipriano Castro


Y, ciertamente, EBN, como, por cierto, solía firmar sus notas periodísticas, había sido pobre, pero no propiamente autodidacta. En Valencia, donde creció, hizo la primaria y el bachillerato, y luego marchó a Caracas en cuya Universidad Central se matriculó para estudiar Medicina y asistir como oyente a las clases de Derecho.


En 1918, Núñez recibe una mención en los Juegos Florales con el título “Bolívar Orador”, y publica su primera novela: Sol interior. Dos años más tarde aparece, Después de Ayacucho. Para entonces ya es periodista, una labor que nunca va a abandonar y que incrusta su portentosa voz en las más importantes publicaciones de Venezuela: El Imparcial, El Universal, El Heraldo, El Nuevo Diario, las revistas Élite y Billiken, Heraldo de Margarita —del que fue fundador y director—, y El Nacional, entre otras.


Como era bastante habitual en la época, cuando los escritores eran miembros asiduos del servicio diplomático, desempeñó cargos en las legaciones Colombia, Cuba (fue en La Habana donde empezó a escribir Cubagua, en 1929), Panamá (donde terminó la novela, en 1930, y empezó a trabajar  en La galera de Tiberio, una crónica sobre el Canal, que finalizó ya de regreso a Venezuela, en 1932. Seis años después, muerto ya Gómez, partió a Baltimore como cónsul de Venezuela.


En 1945, Núñez fue nombrado cronista de Caracas, tarea que ejerció en dos oportunidades, la segunda entre 1953 y 1964. De manera que, en el momento del que somos testigos, el jefe del Estado está zarandeando afectuosamente al cronista de la ciudad. Tienen mucho en común. Ambos han credido en lugar distinto a Caracas; leen y escriben con pasión; dejaron los estudios universitarios antes de llegar a graduarse; se iniciaron en la escritura con cuentos cortos; cultivan una apasionada afición por la Historia; y son perfeccionistas y obsesivos, Núñez hasta el punto de corregir una novela, ya publicada, durante 36 años. Es fama que nada más salida de la imprenta la novela La galera de Tiberio, la arrojó al río Hudson, en Nueva York (por suerte, se salvaron algunos ejemplares que permitieron su posterior reedición en Cuba).


Núñez era un obsesivo”, dice Alejandro Bruzual, quien hizo una edición crítica-genética de Cubagua, que incluye un segundo final. “Era un tipo descontento con lo que hacía. Corregía y corregía. Llegaba hasta la autodestrucción. Todas sus obras sufrieron eso”.


Escritor y jardinero

La bibliografía de Enrique Bernardo Núñez consta de una decena de títulos (entre novelas, ensayos y compilaciones de artículos periodísticos); y fue cuentista, ensayista, novelista, cronista e historiador, faceta ésta por la que ingresó a la Academia Nacional de la Historia, en 1948. En su discurso de incorporación comenzó hablando de notables historiadores para luego precisar: “Yo, en cambio, vengo de las legiones de la prensa. Mis trabajos de historia tienen más bien carácter periodístico, informativos para los de mi generación. Sería, pues, del caso, hablar aquí del papel que ha desempeñado esta maestra de los pueblos. La prensa, si no abandona su misión, si no la mixtifica, es el más eficaz instrumento en la creación de un país.  Por lo mismo, la mejor forjadora de historia. Típicos ejemplos pueden hallarse en el Correo del Orinoco y la Gaceta de Caracas, dirigida por José Domingo Díaz. El primero hace historia, la segunda se propone detenerla o desconocerla. Pero el tema de este discurso es la historia de Venezuela, o mejor dicho, será un reportaje en torno de esa historia”.


He aquí otro punto que comparten los dos que con afecto visible se palmean. Ambos vienen de las legiones de la prensa y encontraron en ella una manera de comunicar sus percepciones de la historia a su generación.


Se echa de ver que su intercambio es muy jovial. Parecen compartir vivencias gratas al recuerdo y, quién quita, ciertos destellos de picardía. Luis Cubillán Fonseca ha contado que, cuando Betancourt era presidente, vio pasar por la Plaza Bolívar de Caracas a Enrique Bernardo Núñez, quien estaba vigilando que sembraran unas matas de rosa. “Rómulo le mandó un policía para que impidiera la siembra. Cuando Enrique Bernardo estaba más caliente, discutiendo con el policía, se bajó Rómulo del carro y se acercó:  “¡Rómulo! ¿qué te parece?, este policía no me deja sembrar las matas, y dice que fue orden tuya. Y Rómulo le soltó la carcajada”.


“Combatir tercamente el derrotismo…”

Se habían conocido en 1936, “inicio del nuevo tiempo venezolano”, apunta Betancourt, quien sería, sin embargo, expulsado del país en 1937. Pero, igual que otros 36 dirigentes de partidos fundados tras la muerte de Gómez, decidió quedarse clandestinamente en el país porque consideró que aquel era el tiempo “de echar las bases de una organización democrática popular”. Tres años estaría haciendo “vida de topo”. En esos 36 meses mantuvo un activo contacto por escrito con Enrique Bernardo Núñez, intercambio que Betancourt alude en la carta que le envió desde Santiago de Chile, en 1941, donde expresa su voluntad de “reanudar, a distancia, el diálogo epistolar” iniciado cuando el de Guatire estaba enconchado.


Aquella extensa comunicación se pierde por galerías de reflexión política, pero vuelve constantemente al ánimo que la inspiró. Betancourt quiere una fotografía con Enrique Bernardo Núñez que demuestre el apoyo de éste a sus afanes partidistas.


Tienta —le dice Betancourt a EBN en la carta de Chile— la empresa de forjar una gran nación donde sólo existe ahora un vasto y rico espacio geográfico, poblado por escasos cuatro millones de habitantes a los que necesitamos despertarle el apetito de hacer historia. Nuestro pueblo guarda en el subconsciente, como una formidable fuerza latente, el recuerdo de aquellos días en que fuimos vanguardia de América y lo que se requiere es la acción de encendida de fe de un equipo de hombres entregados a la gran cruzada, para que el venezolano de hoy vuelva a ser el mismo de los mejores días. Creo que una manera de ir logrando ese renacer de la confianza nacional en las posibilidades creadoras de Venezuela consiste en combatir tercamente el derrotismo, la falta de entusiasmo la abulia, el “pata-de-palismo”. Tú en tu sección puedes y debes hacer mucho en ese sentido. Lo que escribes se lee y se medita. Tienes ya ámbito para tu palabra en todo el país.


Espero estar muy pronto de regreso. Entonces podremos hablar largamente sobre estas y sobre tantas otras cuestiones. mientras tanto te va desde aquí un abrazo afectuoso y una palabra de fraternal estímulo.


Firma: Roca.


La espina del pasado gomero

Como ya quedó dicho, ni siquiera esta inflamada prosa alcanzó a entusiasmar a EBN para apuntarse a los proyectos de Betancourt, quien poco después de franqueado el sobre desde la capital chilena, fundaría Acción Democrática, el 13 de septiembre de 1941. Es así como en el acto inaugural del partido, en la Plaza Nuevo Circo de Caracas, estaban Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco, Luis Augusto Dubuc, Tomas Pino, Juan Oropeza Riera, Gonzalo Barrios, Leonardo Ruiz Pineda, Jesús Ángel Paz Galarraga, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Carlos “Chicho” Herrera, entre otros, pero no estaba el autor de La galera de Tiberio.


Betancourt no se molestaba. Sabía cuál era la razón profunda de esta terca inhibición. “Ese paso suyo por el elenco gomero, en cargos subalternos y de ínfimas pagas le dejó una huella imborrable de desagrado con él mismo.” Consignó Betancourt en el libro citado. “Alguna vez, conversando en la plaza de La Misericordia, entonces umbroso rincón caraqueño, me volcó la confidencia ingenua. ‘Toda mi vida purgaré, en desdén de mí mismo, no haber compartido con ustedes, los del 28, un par de grillos, en el castillo de Puerto Cabello’. Le dije, con sinceridad al afirmarlo, que la nuestra había sido una acción de grupo, un proceder de muchos, actuando bajo el acicate de condiciones nuevas creadas en el país. Estoy seguro de no haberlo convencido. Siempre lo acompañó, compañera incómoda, la espina clavada de haberle cobrado estipendios, aún cuando fuera de escasos centenares de bolívares mensuales, a un despotismo cuya acción destructiva y corruptora del país apreciaba con toda lucidez”.


En su libro Rómulo Betancourt y el Partido del Pueblo (1937-1941), Arturo Sosa Abascal se refiere a esta amistad y las divergencias políticas que la puntuaron. “Con Enrique Bernardo Núñez, mayor que Betancourt y de una posición más centrista desde el punto de vista política, estableció un tono de conversación en el que se notaba al mismo tiempo, confianza y respeto. Tras demostrar el interés por lo que hacía, le reconocía su labor como escritor y la importancia de su posición para combatir al derrotismo y “pata-de-palismo” extendido entre los venezolanos de todos los sectores”.


Pérez, antes del regaño del médico

En la esquina izquierda de la fotografía vemos, de perfil, al músico José Antonio Calcaño, quien igual que Enrique Bernardo Núñez alterna su trabajo creativo con el de diplomático y  por esos días es su compañero en las páginas de El Nacional, donde ambos son colaboradores. Calcaño, entonces de 60 años y con una destacada carrera como compositor, arreglista e intérprete, es crítico musical de El Nacional en la época que capta la imagen.


Entre Calcaño y Betancourt, hacia el fondo, está Carlos Andrés Pérez, entonces ministro de Interior y Justicia. Pérez había regresado a Venezuela en 1958, tras su exilio en Costa Rica, país al que marchó luego de salir de la cárcel Modelo, —donde lo había tenido el régimen de Pérez Jiménez por más de un año. Nada más llegar fue nombrado Secretario General de Acción Democrática en el Táchira. Y a los pocos meses de iniciado el gobierno de Betancourt fue designado Ministro del Interior para enfrentar las insurrecciones militares de Carúpano y Puerto Cabello, y las constantes acciones subversivas de inspiración castrista, que no dieron tregua a la naciente democracia venezolana consagrada en las urnas de votación.

Pérez Jiménez


Para este momento, alrededor de 1960, Pérez luce más grueso de lo que estaría en décadas posteriores, cuando fue candidato a la Presidencia y mandatario nacional. Y está fumando, cosa que también dejaría de hacer. “Dejó el cigarrillo cuando era ministro”, dice su hija Sonia Pérez, “y no por un asunto de cálculo para mejorar su imagen de cara a la campaña. Mi papá fumó desde muy joven y muchísimo… hasta que un día, cuando juzgó que el malestar que venía experimentando se había prolongado demasiado, fue al médico. Tenía el principio de un enfisema pulmonar. El médico le advirtió que si no cambiaba de hábitos inmediatamente, su condición se agravaría. Ese mismo día dejó de fumar, comenzó un programa de ejercicios para recuperar la capacidad pulmonar y cambió su forma de alimentarse”.


Sonia Pérez recuerda que en la habitación de sus padres se instaló una polea del techo. En la soga que pendía del artilugio debía colgarse el entonces Ministro del Interior para ejercitar los músculos del pecho y aliviar los maltratados pulmones. “Hasta ese día llegó la costumbre de poner, en la mesa de noche de mi  papá, un platico con dulce de leche. Como solía llegar a las diez de la noche, le guardaban ese postre, su favorito, para que lo comiera antes de dormir. Nunca más volvió a probarlo”.

Carlos Andrés PérezImagen tomada de aqui


Antonio Ledezma, quien contesta la consulta periodística desde el presidio político que cumple en su casa, dice que nunca vio a Carlos Andrés Pérez fumando. “Era un hombre de un gran autocontrol. De hecho, también se dispuso a dejar el café, que le encantaba. Y no lo dejó del todo porque decía que no podía hacer un desprecio a la gente humilde en cuya casa le ofrecían una tacita, pero se limitaba a saborearlo. En el despacho tomaba manzanilla, naturalmente sin azúcar. Sólo se reservó un hábito que no guardaba relación con la sobria alimentación que observaba: el whisky, que gustaba tomar con una sola piedra de hielo y mucho agua”.

Reunión en el Palacio de Miraflores. Rómulo Betancourt y Enrique Bernardo Núñez, circa 1960: Autor desconocido ©Archivo Fotografía Urbana



Angustia por lo venezolano

Enrique Bernardo Núñez va a morir de cáncer el 1 de octubre de 1964. Ese hombre que sonríe con gesto de conejo y mira a los ojos al amigo que lo abraza, al tiempo que lo sujeta con fuerza por las espalda, no tiene más de cuatro años de vida por delante. Los suficientes, no obstante, para escribir tres grandes libros Codazzi o la pasión geográfica (1961), Figura y estampas de la antigua Caracas (1962) y La estatua de El Venezolano: Guzmán o el destino frustrado (1963).


—Tenía premonición de su próxima muerte –escribe Betancourt en una columna periodística de noviembre de 1964—. Me lo encontré una noche en la Plaza Bolívar. Iba yo de Miraflores a mi casa y sentí deseos de estirar las piernas y de ver las estrellas en un lugar tan vinculado a mis recuerdos de caraqueño asimilado. Hablamos con la misma mutua estimación de siempre. Le propuse que se fuera Washington, con un contrato de trabajo del gobierno, a seguir escudriñando en los documentos accesible a la Cancillería de EE.UU. La respuesta me la envió con Marcos Falcón Briceño. “Dígale al Presidente que no puedo aceptar su ofrecimiento. Ya yo me voy. Estoy recogiendo mis papeles”.


En 1975, Betancourt volvería a recordarlo: “Fueron siempre cordiales y amistosas mis relaciones con Enrique Bernardo Núñez. Era hombre introvertido, poco o nada expansivo y persona de escasos amigos. Trabajaba con tenacidad de hormiga. Entre papeles y sueños discurrió su vida. Hay una constante en su obra: la angustia por lo venezolano”.


Betancourt terminó su periodo de gobierno el 13 de marzo de 1964. Murió en Nueva York casi dos décadas después, el 28 de septiembre de 1981.



https://elarchivo.org/el-gran-enrique-bernardo-nunez-en-el-palacio-de-miraflores/




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Fotografía coloreada de Vasco Szinetar






Periodista y escritora venezolana nacida en Maracaibo en 1960. Trabaja como periodista independiente en diversos medios impresos, como la revista Exceso, el diario El Nacional y la revista Bigott. Ha publicado Una atmósfera de viaje (cuentos, 1989), Catia, tres voces (testimonio, 1994), Alfonso "Chico" Carrasquel. Con la V en el pecho (testimonio, 1994) y Actos de salvajismo (cuentos, 1999) con el que obtuvo el premio de narrativa de la Bienal José Antonio Ramos Sucre (Cumaná), en 1997. Sus textos se pueden leer en La BitBlioteca.
Ganadora del premio Nacional de Periodismo en el año 1999 y del premio La Haya el Premio Oxfam Novib/PEN por su interminable labor a favor de la libertad de expresión.

Fotografía original de Vasco Szinetar
 Tomada de Prodavinci

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viernes, 10 de abril de 2026

LA BENDICIÓN DEL MAR EN PUERTO CABELLO A TRAVÉS DEL TIEMPO

 









LA BENDICIÓN DEL MAR EN PUERTO CABELLO

Milagros Socorro

Fecha de publicación: diciembre 11, 2016




“La bendición del Mar. Puerto Cabello”, Estado Carabobo, Venezuela, Ca. 1915 / Foto Luis González y Ca. ©ArchivoFotografíaUrbana


Esta imagen es una postal de tipo iluminada. José Alfredo Sabatino Pizzolante, autor del libro La palabra hecha paisaje–Puerto Cabello, 200 años en las tarjetas postales (Caracas, 2012), explica que fue editada por Meclin Jesurum, uno de los editores más importantes de la ciudad porteña, probablemente en 1920.

José Sabatino (Puerto Cabello, 1965)


Meclin Jesurum, propietario del Museo y Botillería “El Globo”,—escribe Sabatino Pizzolante en su libro—edita su serie Recuerdo de Venezuela, que no vacila en identificar como sellos de sellos de colección; de esta conocemos al menos 31 vistas diferentes produciendo más de 40 postales mayormente en blanco y negro, unas pocas iluminadas. El establecimiento de Jesurum incluso desplegaba un aviso externo en el que destacaban las palabras “Postales” y “Estampillas”, fácil de observar por cualquier visitante que recién desembarcaba, habida cuenta la proximidad de este comercio a los muelles. Ettedgui Hermanos saca al mercado su serie Saludo de Venezuela de la que se registra al menos diez vistas diferentes, mientras “La Favorita” editó una serie de ocho viñetas sobre edificios, los muelles y monumentos.



“Junto a los editores de tarjetas impresas, generalmente establecimientos comerciales, habría que contar a los particulares cómo Henrique Avril y A.M. Gómez editaron las suyas en las formas de postales de foto real”.


Imagen tomada de aquí.


Abogado experto en derecho marítimo e historiador especializado en la peripecia de Puerto Cabello, José Alfredo Sabatino no precisa de cuándo data la tradición de bendecir el mar entre los porteños. Dice que nadie podría afirmarlo con exactitud,“aunque no sería descabellado atribuirla al establecimiento de la Compañía Guipuzcoana a comienzos del siglo XVIII. Quizás los primeros españoles a quienes correspondió dar forma urbana al puerto de Cabello, la trajeron remembrando las festividades de San Telmo de Zumaia, que desde antaño se celebran en la provincia de Guipúzcoa, donde el lunes siguiente de Pascua se lleva la imagen de aquel santo en procesión hasta la ermita situada al borde del acantilado que domina la playa de Itzurun, y desde allí se bendice el mar”.

Imagen tomada de aquí.


—¿Cabe suponer que el origen del ritual podría estar relacionado con algún evento natural, eventualmente catastrófico?


—Efectivamente. Su origen podría estar asociado a un maremoto que azotara a nuestras costas; tal como ocurre con la bendición del mar que tiene lugar en La Carraca, Cádiz, luego de la tradicional misa de acción de gracias en recuerdo del maremoto de 1755, que milagrosamente no causó mayores estragos entre sus habitantes. Asimismo, en la población francesa de Etretat se conmemora la Bédédiction de la Mer, cuyo origen se remonta a tiempos medievales, cuando según la leyenda unos pescadores fueron atrapados en terrible tormenta que cesó cuando un monje se arrodilló y rezó para que se detuviera.


No deja de ser curioso, sin embargo, que el obispo Mariano Martí, cuya aguda pluma escrutara distintos poblados, incluido el nuestro, en las visitas pastorales de los años finiseculares del siglo XVIII, nada refiera sobre esta tradición en el puerto, lo que nos lleva a concluir que quizás sus inicios se remontan a la primera mitad del siguiente siglo. Se trata, en todo caso, de una festividad eminentemente religiosa, a veces inspirada en la bendición de las aguas que, de acuerdo al calendario católico, se celebra en la Epifanía.


—¿Desde cuándo, calcula usted, se viene realizando esta festividad?


Disponemos de crónicas periodísticas que permiten afirmar que esta tradición tiene poco más de siglo y medio entre nosotros. En El Vigilante (1863), leemos: “… para coronar las fiestas de la Semana Santa, nadie debe excusarse de concurrir a la procesión de mañana domingo en la madrugada, una de las fiestas más hermosas que pueden presenciarse, y a la cual da singular realce la hora, la carrera de la procesión, la bendición del puerto y fortaleza…”. Una década más tarde, El Eco Porteño señala: “Llegó por fin el Domingo de Resurrección, día en que según la costumbre la procesión recorrió el muelle, bendijo las aguas, los buques y el castillo…”. Y encontramos mayores detalles en una crónica de 1887, aparecida en El Diario Comercial: “La fiesta de ayer domingo, una de las más lucidas de los días Santos, debido en gran parte a la posición topográfica de este puerto que le presta mayor mérito, estuvo también concurridísima, no obstante que solo en la tarde del sábado vino a obtenerse el permiso para salir la procesión. La salva del Castillo Libertador que ostentaba sobre sus almenas formada toda la guarnición de la fortaleza, los buques empavesados, la bendición del puerto, Castillo, &., todo esto presta particular realce a esta fiesta”.







—¿Se bendice el puerto o el mar?


—Interesante observar que, durante el siglo XIX, la celebración no recibe el nombre de la bendición del mar, sino “del puerto” o “de las aguas”. No será sino a principios del siglo pasado cuando se comience a denominar “bendición del mar”, como lo testimonian algunas viejas postales que registran este evento. Lo anterior nos permite ensayar una explicación: Puerto Cabello nunca ha vivido de su mar, contrario a lo que ocurre con los pueblos de oriente que esperan a los peñeros y el pescado para su sustento. Por el contrario, los porteños siempre han vivido del puerto, a través de cuyos muelles llegan los buques y mercancías generadoras de su actividad económica. Eso explicaría por qué en sus inicios se bendecía el puerto y no el mar.


https://elarchivo.org/la-bendicion-del-mar-en-puerto-cabello-2/






BENDICION DEL MAR 1995
345 Visualizaciones desde el abr 5 de 2015 hasta el 6 abr de 2026
















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Fotografía coloreada de Vasco Szinetar






Periodista y escritora venezolana nacida en Maracaibo en 1960. Trabaja como periodista independiente en diversos medios impresos, como la revista Exceso, el diario El Nacional y la revista Bigott. Ha publicado Una atmósfera de viaje (cuentos, 1989), Catia, tres voces (testimonio, 1994), Alfonso "Chico" Carrasquel. Con la V en el pecho (testimonio, 1994) y Actos de salvajismo (cuentos, 1999) con el que obtuvo el premio de narrativa de la Bienal José Antonio Ramos Sucre (Cumaná), en 1997. Sus textos se pueden leer en La BitBlioteca.
Ganadora del premio Nacional de Periodismo en el año 1999 y del premio La Haya el Premio Oxfam Novib/PEN por su interminable labor a favor de la libertad de expresión.

Fotografía original de Vasco Szinetar
 Tomada de Prodavinci

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José Alfredo (Pepe) Sabatino Pizzolante
 
(Puerto Cabello, 1965)

Abogado egresado de la Universidad de Carabobo, con postgrados en Administración de Puertos y Derecho Marítimo (Universidad de Gales, Reino Unido). Docente universitario, también pertenece a la Academia de Historia del Estado Carabobo como Individuo de Número, ocupando el sillón “B”. Miembro Correspondiente por el Estado Carabobo de la Academia Venezolana de la Lengua.

Ha publicado las obras Carlos Brandt, esbozo biográfico y literario (1996);  Historia y Presencia de una Cámara Centenaria (1997); Puerto Cabello: la música en el tiempo (2004); Las Aventuras y Sufrimientos de Moses Smith (traducción y estudio preliminar (2006); Visiones del Puerto Viejo (2010);  La Palabra hecha Paisaje, Puerto Cabello 200 años en las tarjetas postales (2011); Puerto Cabello, voces para un bicentenario 1811-2011 (Coordinador) (2012) y Juan Antonio Segrestaa, un impresor del siglo XIX (2018), además de numerosos artículos en diversas revistas y periódicos, nacionales e internacionales.





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martes, 24 de septiembre de 2024

Ibsen Martínez, escritor, a Milagros Socorro: No soporté La vida es bella de Begnini

 


EL CINE SEGÚN

El cine según… Ibsen Martínez


Milagros Socorro 


Con tres ediciones agotadas en menos de dos meses, la novela de Ibsen Martínez “El mono aullador de los manglares”, editada por Grijalbo-Mondadori, lo ha convertido en el autor de moda en Venezuela. Aquí su filmografía privada.

Imagen tomada de Deportescineyotros


-¿Qué estrella de cine persiste en su admiración desde su infancia?


-Jack Lemmon. Por su empática e inerme bonhomía de hombre común en El apartamento, su apostura no demasiado glamorosa en Irma la Dulce, su inefable sentido de la farsa en Una Eva y dos Adanes, su fragilidad varonil en Días de vino y rosas, por la integridad llevada al plano de la neurosis en El prisionero de la Segunda Avenida, por su dilatado matrimonio tragicómico con Walter Mathau y la paródica misoginia de Extraña Pareja (y de todas las secuelas de esa maravilla de Neil Simon que dirigió Billy Wilder). Por la dimensión trágica de su creación actoral en Atrapen al tigre.

The Apartment (1960) | Official Trailer | MGM Studios



-¿Qué final de película le gustaría reescribir y qué cambios le introduciría?


-El final de Lo que el viento se llevó. Tal como termina parece prometer una secuela. En mi opinión, Scarlet O’Hara debe conservar Tara, su plantación, y también a su cuñado aburrido que tanto procuró birlarle a su hermana por puro espíritu de contradicción: sería el mejor castigo a la majadería de ponérsele difícil a Rhet Butler, su hombre, genuino sapo de la misma charca de Scarlet.


-¿Cuál es la película con la que más ha llorado?


-Cuando era niño, con el final de El puente sobre el río Kway; ya grandecito, lloré mucho con Fanny y Alexander. Hace poco lloré un río con Estación Central.


-¿Qué película tiene ganada una reputación injusta?


Casablanca, de Michael Curtiz. Las razones pueden hallarse en [el volumen de recopilación de críticas cinematográficas ] Un oficio del siglo XX, de Guillermo Cabrera Infante. Las suscribo por completo. Y admito sólo lo que él también menciona como excepcional en Casablanca: es un prodigio de casting.




-¿Qué papel le gustaría interpretar usted y vivirlo en la realidad?


-El de Harvey Keitel en Smoke (film basado en un guión del novelista norteamericano Paul Auster, donde Keitel encarna al propietario de una tienda de tabaco donde recalan todos los personajes y sus conflictos. El personaje de Keitel es, además, fotógrafo y ha llevado por años el registro gráfico de la esquina donde se ubica la tabaquería).

Smoke (1995) Official Trailer 1 - Harvey Keitel Movie



-¿Cuáles son los malos actores cuyas interpretaciones usted, sin embargo, disfruta?


-Arturo de Córdova, Charles Bronson.




-¿Cuál fue la última película cuya proyección abandonó antes de finalizar?


La vida es bella. Y me perdonan.



-Si pudiera elegirlos personalmente, ¿qué actores –de cualquier cinematografía del mundo- le gustaría tener en la adaptación al cine de su novela?


-La Vicky está entre Maribel Verdú y Fabiola Colmenares; Raúl Juliá sería Aurelio Sotolongo; Robert Downey Jr. sería Guillermo Cabañas; Antonieta podría ser Emma Thompson o Assunta Serna; Rafael Villaurrutia sería Pepe Sacristán; José Gregorio Hernández sería Flavio Caballero y Dimas El Caminante sería Oswaldo Guillén.


-¿Qué es lo que en verdad no soporta en una película?


-Que rehuya el final feliz sólo por dar gusto a los snobs que desdeñan los finales felices.


-Cuando se lleve el cine su vida, ¿qué genero preferiría? ¿quién le gustaría que la dirigiera? ¿qué actor le gustaría que hiciera su papel? ¿qué actores y actrices quisiera que estuvieran en los otros roles? ¿cómo empezaría la película y cuál sería la escena cumbre?

Román Chalbaud

-Una comedia costumbrista, eso sería mi vida. Dirigida por Román Chalbaud y protagonizada por un Joe Pesci hispanohablante. La secuencia de títulos de la película comenzaría en un aula de clases, durante un examen de reparación. La cámara me descubre al final del salón, escuchando con audífonos un radio transistor que trasmite la serie mundial Baltimore-Dodgers,a mediados de los años 60. Willy Davies comete su legendario tercer error al campo y yo lo transmito con júbilo al resto de la clase y me expulsan en la creencia de que estoy “soplando”: repito el cuarto año de bachillerato. En la secuencia final, genuina escena cumbre, despierto de mi locura, recupero el juicio, perdono a todos mis enemigos y muero para congoja infinita de mi fiel Sancho Panza y mi sobrina.


 Tomada de Milagros Socorro




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Fotografía coloreada de Vasco Szinetar






Periodista y escritora venezolana nacida en Maracaibo en 1960. Trabaja como periodista independiente en diversos medios impresos, como la revista Exceso, el diario El Nacional y la revista Bigott. Ha publicado Una atmósfera de viaje (cuentos, 1989), Catia, tres voces (testimonio, 1994), Alfonso "Chico" Carrasquel. Con la V en el pecho (testimonio, 1994) y Actos de salvajismo (cuentos, 1999) con el que obtuvo el premio de narrativa de la Bienal José Antonio Ramos Sucre (Cumaná), en 1997. Sus textos se pueden leer en La BitBlioteca.
Ganadora del premio Nacional de Periodismo en el año 1999 y del premio La Haya el Premio Oxfam Novib/PEN por su interminable labor a favor de la libertad de expresión.

Fotografía original de Vasco Szinetar
 Tomada de Prodavinci



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9/4/2026