Estimados Amigos
Ayer 17 de noviembre de 2013 falleció la escritora Doris Lessing, premio Nobel de Literatura 2007. Doris Lessing fue una escritora que se formó de manera autodidacta ya que que abandonó el sistema formal de educación a los 13 años y tocó con sinceridad temas y géneros diversos que van del Feminismo a la Ciencia ficción. es una escritora que fácilmente podríamos relacionar con la trinidad de escritores carabobeños: José Rafael Pocaterra, Enrique Bernardo Núñez y Ramón Díaz Sánchez. Personas que se hicieron un nombre en las letras venezolanas aprendiendo por si mismas. Pocaterra llegó al sexto grado, Díaz Sánchez al cuarto grado y Núñez llegó a pisar los adoquines universitarios de manera fugaz. Ninguno de ellos obtuvo un título universitario gracias a la falta de plata, pero eso no impidió que desarrollaran su arte.
A modo de homenaje publicamos aquí la ultima entrevista de Doris Lessing, una escritora que se hizo a si misma.
Desde este blog le deseamos un buen viaje a los Puertos Grises.
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"La pasión no disminuye con la edad". Una entrevista a la escritora Doris Lessing (1919-2013), premio Nobel de literatura del año 2007
Miércoles, 09 de Marzo de 2011
La inquietante escritora británica Doris Lessing (Kermanshah, 22 de octubre de 1919 − Londres, 17 de noviembre de 2013), quien ganó el
premio Nobel en 2007, alcanza ya los 92 años. En los extractos de esta
extensa entrevista, realizada por el Magazine del diario español La
Vanguardia dentro de una serie de 14 premios Nobel, se retrata a la
escritora que no ha dejado de producir desde la ciencia ficción hasta
los intenso dramas psicológicos y sociales. Recientemente publicó su
novela de amor trágico Alfred y Emily que cuenta la historia de amor y dolor de una pareja basada nada menos que en la vida de sus propios padres.
A través del televisor, ruge la marabunta. El festival hípico de
Cheltenham es uno de esos acontecimientos que los aficionados británicos
a las carreras de caballos esperan cada año con impaciencia. Nuestra
anfitriona sigue emocionada las evoluciones de un corcel llamado Kauto
Star, al parecer una especie de Zidane de la raza equina. En un
determinado momento, parece salir de su abducción televisiva y pregunta:
“¿A ustedes no les gustan los caballos?”. Y, decepcionada pero
educadamente, agarra el mando a distancia que se escondía bajo un montón
de periódicos y un abrupto fundido en negro interrumpe el salto del
potro en el televisor.
“Venga, empecemos la entrevista.” Enérgica y con una dicción propia
de una actriz de teatro, la premio Nobel de Literatura, la británica
Doris Lessing, recibe con toda naturalidad, en bata y camisón de dormir,
un día melancólicamente lluvioso, en su casa de tres pisos de Londres.
Tras dejarse hacer unas cuantas fotos, se dirige a un alargado sofá rojo
de skai, aparta un poco de él una sábana y una manta y ordena: “Usted
póngase aquí, ¡a mi lado!”.
–¿Y esa sábana?
–Estamos sentados en mi cama, joven. Ahora duermo aquí por las noches, tengo la cama de verdad en el piso de arriba, pero hay que subir siete tramos de escalera para llegar a ella, y me duele tanto la espalda que me cuesta demasiado…
Empezamos hablando de su novela La grieta, ambientada en la era de las cavernas y en la que narra cómo se encontraron por primera vez los hombres y las mujeres. Lessing explica que “hay científicos que aseguran que el primer ser humano de la Tierra fue una mujer, y que, por tanto, los hombres llegaron después. Sin entrar en si es o no verdad, era algo tan sugerente que, cuanto más pensaba en ello, más posibilidades le encontraba. Así, empecé a especular qué habría sucedido si las mujeres hubieran habitado solas la Tierra durante un largo tiempo, en una isla, con muy buen tiempo y con comida a su alcance, e ideé una comunidad primitiva exclusivamente femenina, donde ellas tenían la facultad de reproducirse sin el concurso de los hombres. Y, un día, de repente, nace el primero de ellos. ¿Se imagina? La contemplación de sus genitales debió de resultar, sin duda, un enorme shock para las mujeres, que debieron de ver con una mueca de repugnancia aquellos apéndices monstruosos, ignorando sus funciones. Así que, en mi libro, los bebés monstruo (así los llaman ellas) son llevados por las águilas a otra parte, y viven y crecen alejados de las mujeres –las grietas– hasta que, un día, un grupo de ellas decide emprender una expedición para llegar hasta ellos, los chorros”.
El libro se lee como una parábola que aborda temas como las diferentes concepciones del ocio, el trabajo y las responsabilidades entre los sexos, situando al hombre en un estadio más infantil, en un sentido no despectivo, pues el macho humano es visto como una criatura “maravillosa e inquieta”. La violencia de algunas escenas contrasta con el tono suave de cuento del conjunto, le decimos, y ella responde: “¿Le puedo contar una cosa sobre eso? Las reseñas dijeron: ‘¡Cuán desagradable resulta la mutilación de los niños pequeños, cuando las mujeres les arrancan el pene!’, e hicieron hincapié en la crueldad femenina, digamos que de algún modo los críticos literarios sintieron la mutilación del pito como propia. Pero lo curioso es que, al principio, cuando los chicos conocen a las chicas, describo una violación colectiva, en la que todo el mundo penetra a la mujer antes de matarla, ¡y nadie ha hecho mención de ello! Me pregunto si eso resulta menos violento que la mutilación genital de un hombre”.
En cualquier caso, Lessing cree que “hombres y mujeres vivimos en
mundos diferentes, no sólo en mi libro, sino en la vida real. Somos
gente muy distinta. Es un gran error negarlo. Somos dos especies que
intentan vivir juntas para no sentirse solas. Así es como lo veo”.
De repente, suena el teléfono. A diferencia de otros premios Nobel que hemos encontrado a lo largo de esta serie, ella no tiene asistentes para las labores de oficina. Siempre descuelga personalmente, como si fuera todavía la misma madre soltera que en 1949 llegó a un Londres gris y destruido por los bombardeos de la guerra mundial. Llevaba entonces a su hijo Peter en los brazos, el mismo que ahora, mientras hablamos, espera en la cocina. Ya no viven en pensiones, compartiendo planta con prostitutas, sino en una casa burguesa, muy británica, donde el toque anárquico lo dan los libros, que se amontonan en los rincones más inverosímiles de la vivienda, formando pilas que desafían la ley de la gravedad o apareciéndose en un tramo de escalera como si se estuvieran escapando de unas cajas de cartón medio llenas. En el salón donde hablamos, el sol ilumina a ratos el polvo volátil de exóticas alfombras y tapices, superpuestos en azarosos encabalgamientos.
Las peripecias familiares de Lessing pueden seguirse en sus libros autobiográficos, como En busca de un inglés (1960) –que se reeditará en mayo con el título Made in England–, Dentro de mí (1994) o Un paseo por la sombra (1997). Sintetizando, tras nacer en Persia de padres británicos y emigrar a los cinco años a Rodesia (hoy Zimbabue), se casó muy joven, tuvo un hijo y una hija, y después se divorció y se casó con Gottfried Lessing, una estrella del Partido Comunista, quien, tras darle otro hijo, Peter (a quien todavía cuida a causa de una minusvalía), la dejó por chicas más jóvenes. Lessing se fue sola a Inglaterra, con poco más de 100 libras en el bolsillo y el manuscrito de su primera novela, Canta la hierba, y abandonó a su anterior familia. Sucesivas experiencias le hicieron desencantarse del amor romántico idealizado, casi a la par que del comunismo. Madre soltera y sin dinero, trabajó de todo: telefonista, niñera, oficinista e incluso hizo de periodista, un trabajo que dejó porque “el director me decía las ideas que tenía que defender en los artículos, y eso es intolerable ¿verdad?”. Su hijo mayor, John, granjero, murió de un infarto en 1992, y su hija Jean vive actualmente en Sudáfrica. Aunque Peter está en la casa mientras hablamos, su madre no quiere que aparezca en el reportaje: “Tengo 88 años y cuido de un hijo enfermo, no es que mi vida sea lo que esperaba, pero, desde luego, no hablo de ello”.









