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jueves, 15 de agosto de 2024

BORGES y Harold Alvarado Tenorio

 



BORGES Y YO


Por Harold Alvarado Tenorio


En otras ocasiones he contado como terminé en Bogotá, solo y concluyendo a trancas el bachillerato, por culpa, sin duda, de los curas de la iglesia católica, que controlaban la enseñanza privada y pública y pervertían la juventud con el mutismo de la dictadura y el consentimiento de los padres del Frente Nacional. Ya nadie sabe de esos suplicios físicos e ideológicos que padecimos hasta la constitución de Pablo Escobar, porque todo era vigilado por los curas católicos. Es axioma que era posible frecuentar los filmes prohibidos o libros condenados o ir de putas o de putos, pero como puede leerse en los testimonios de ese tiempo, retratados en El fuego secreto de Vallejo y Sin remedio de Caballero, todo era una transgresión a los dogmas y dictados de la iglesia de Roma. 

Expulsado de los colegios de mi pueblo, vetado por los obispos, uno de mis tíos apenas pudo llevarme a Bogotá y arrogarme en el primer colegio que encontró en un aviso de El Tiempo, regentado por un exsargento laureanista, que al primer brote de rebeldía decidió enviarme al mundo de afuera. Así fui a dar a una pensión de banderilleros y toreros en la séptima con veintidós, de un andaluz tripa inmensa, que por trescientos pesos me dio cama y sopa hasta que pude licenciarme en el antro de unos pastusos comunistas, que por poco, también iban a expulsarme por haber discutido con otro cura, el ultimo año del bachillerato, sobre dogmas como el Credo de los Apóstoles, la existencia de Dios, la Santísima Trinidad o La perpetua virginidad de María: virgen antes, durante y después del parto. 

Ya para entonces había leído en Plejánov: "no es el espíritu el que determina la historia sino las relaciones económicas y los modos de producción de la sociedad”, y en Marx que "La anatomía del hombre es una clave para entender la anatomía del mono." Doctrinas en las cuales me apuntalaba para contradecir las afirmaciones de las creencias divinas o esotéricas o supersticiosas. 

En aquellos tiempos del segundo gobierno de Lleras Camargo y el de Valencia, cuando Juan Lozano y Lozano y León de Greiff mientras trincaban en El Automático la primera media de aguardiente antes del mediodía, socarrones escuchaban a los guerrilleros del Llano y Hernando Santos Castillo imprimía Voz Proletaria; o Karl Buchholz disimulaba su pasado nazi y sus negocios de contrabando y expolio de obras de arte ofreciendo un oasis de cultura con su librería y la revista Eco, que pagada por la embajada germánica vivía el sueño de los justos en uno de sus sótanos; en los jardines desnudos de la Universidad Nacional los jóvenes mamertos y futuros terroristas, leían la URSS que llegaba de México, oían Radio Habana o Amalia Lu Posso y Jaime Caycedo Turriago, vendían, en las escalinatas de la facultad de sociología, Voz Proletaria, construida, que ironía, con los fondos de las fundaciones Rockefeller, Ford y Fulbright.

Orlando Fals Borda, Camilo Torres Restrepo, Francisco Posada Diaz y otros marxistas e izquierdistas de la época rondaban por los pasillos de la facultad. Mientras terminaba el bachillerato, solía reunirme con un grupo de amigos, casi todos simpatizantes de la revolución cubana y el estalinismo como el futuro filósofo Augusto Diaz Saldaña, el poeta Armando Orozco Tovar, o trotskistas de la cuarta como Freddy Tellez, o el erotómano y siervo de numerosas y contradictorias lealtades como José Luis Diaz-Granados, o el adolescente Juan Julian Caicedo Montes de Oca, empleado de la Buchholz, que había asistido a conciertos de Robert Allen Zimmerman en Greenwich Village, tenía una copia en 78 de  Blowin' in the Wind  y, en una caja para cerillas Machbox, guardaba como reliquia dos escarabajos Hatshepsut de la época de Justiniano, que había escamoteado del Metropolitan Museum de New York, donde decía había pasado toda su infancia. 

El negro Diaz había entablado amistad, con su caminado de tortuga y su perfil de tolteca con Francisco Posada Diaz, que ejercía la decanatura de humanidades y con Camilo Torres, capellán de la Nacional y cuyas oficinas quedaban equidistantes. Posada era un hombre amable y creo también militaba en el comunismo, y a menudo nos acercaba hasta el centro de Bogotá en su Volkswagen azulado, donde de paso debatíamos, más que de los hechos nacionales, de las disputas entre Sartre y Camus, y no pocas veces sobre las tesis de Marx para entender la historia desde el presente. Posada tenía vínculos con los editores de Mito y odiaba, como sus amigos Diego Uribe Vargas y Ricardo Samper, y su lacayo mamerto Carlos Rincón, que terminaron siendo ministro de Turbay,  fundador de la Moir y comisario del PCC en Berlin Oriental respectivamente, a los papistas del Grupo Testimonio, ultraderechistas partidarios del desmonte de las conquistas pedagógicas de la República Liberal, recién creado por un exseminarista lituano de apellido Zaranka, que controlarían casi por medio siglo la Facultad de Ciencias Humanas y abusaría de incontables profesoras que murieron de alcoholismo.

A Pacho Posada debo haber conocido a Rogelio Salmona, Marta Traba, a un Santiago García recién desembarcado de Berlín Oriental, perseguido, desde entonces, por esa erinia vestidas de negro Patricia Ariza, quien con Fanny Buitrago atrapaban sus fuentes de placer mediante una botella que giraba incansable de noche en noche y de bar en bar. También a Dina Moscovici, con quien hice pinitos teatrales en un Peer Gynt del ecuatoriano Felipe Gonzalez, a Miguel Torres, Carlos José Reyes y al maestro Guillermo Angulo, o etc., pero fundamentalmente a Borges, que cambiaría mi vida, el día que nos introdujo en el despacho de Jaime Duarte French, quien tras mostrarnos su espléndida piscina romana y la mesa de comedor estilo imperio, nos dejó ver la Historia Universal de la Infamia y El hacedor, aparte de enseñarnos la foto donde el Grupo Mito había otorgado, por la interpuesta mano de la Universidad de los Andes, un Doctorado Honoris Causa a Borges, siguiendo los pasos de los otros miembros de su generación, que en Mallorca le habían concedido, con la participación de Barral, Caballero Bonald y Gil de Biedma el Formentor, que le hizo conocer en las lenguas europeas.  

En ese entonces se vivían, quizás como ahora, severos momentos de desesperanza. Todo hervía a nuestro alrededor y quienes teníamos diecisiete años y acudíamos de familias de clase media o de sectores combativos en las ciudades, recibíamos todo el ruido del mundo simplificado en la vida de los cafés de la calle séptima, donde rutilaban las efigies en progreso de los nadaístas, con la guapura de  Eduardo Escobar o el desenfado de Amílcar Osorio timando a los viejos homosexuales, o las pláticas con Eduardo Mendoza Varela, León de Greiff, Eduardo Carranza, Jorge Rojas, Pedro Gómez Valderrama, Ramón Perez Mantilla o Andres Holguín, que incluyó por primera vez, en su famosa antología, a no pocos vates de nuestra generación desencantada. 

Pero fuera como adentro la violencia carcomía toda aventura y cada transgresión. Entre la Avenida Jimenez, epicentro de los poderes culturales, y la Avenida de la 26, en los Monte Blancos y en la librería Gran Colombia de la Calle 18, con El Trébol y su Club Suizo, las conversaciones soterradas delataban la aparición de los grupos subversivos financiados por Moscú y China, la becas para la Unión Soviética y Berlín Oriental y los viajes secretos a Cuba para hacerse dirigentes revolucionarios foquistas o armados. Sólo en los tiempos del gobierno de Turbay he vuelto a sentir el terror de entonces y el que se vivió a comienzos de este siglo con las atrocidades de las FARC y las AUC

Haber leído a Borges en la pequeña sala de la Luis Angel Arango hizo que me refugiara en un mundo aristocrático que no había conocido. Su erudición, los ritmos de sus frases, los asuntos de sus cuentos ensayos, la memorable música de sus versos, al menos eso creí entonces, no parecía reflejarse en las conversaciones de algunos de los mayores durante los almuerzos del Club Suizo o El Cisne, donde se oía hablar del mundo europeo o de la historia nacional desde una distancia que estaba ya tiznada del fanatismo de los jóvenes militantes de izquierda. Sin embargo, recuerdo vivamente las discusiones entre los contertulios de los almuerzos que presidian Jaime Jaramillo Uribe o Gerardo Molina, maneras de exponer las ideas que no he vuelto a ver ni oír sino en algunos académicos norteamericanos o españoles. Molina era un lujo de expositor, dejaba exhausto al contradictor y tenia una virtud en su lentitud dialéctica para replicar. O las inacabables voces de los poemas de Zalamea o de Greiff, tan vigorosos y americanos, tan distintos a las pastosas voces de Carranza, Rojas o Camacho Ramirez.

Desde entonces no dejé de leer en Borges, con quien anduve casi cuarenta años bajo el brazo, hasta que le abandoné pues no pude vencerle. Yo quise ser Borges, y también esta noche, mientras esto escribo, sé que a él debo no haber sido otro, un lagarto, un pesetero, un lambón o un tarambana. De allí que, por aquello de que “el que busca encuentra”, me encontré con él unas cuatro veces, dos de ellas por largo rato, asunto que, como se sabe, no son más que anécdotas que ni siquiera a mí, importan. 

Terminados mi licenciatura en la Universidad del Valle, con una tesis sobre El tiempo y la ironía en Borges, que orientó Jean Bucher, uno de los maestros mas ignorados y notables de aquella facultad de letras también financiada por la Ford, Kellogg, Fulbright y Rockefeller, y cuya destrucción fue un invento miserable de Camilo Gonzalez Posso, tomé camino de Alemania con la esperanza de continuar mis estudios de hispanista en la Freie Universität de Berlin, porque solo en la biblioteca del Ibero-Amerikanisches Institut de la Potsdamer Str. 37, la más grande de Europa especializada en América Latina, España, Portugal y el Caribe, existe una copia completa de la revista Sur, donde aspiraba seguir cronológicamente los pasos de la obra borgiana. 

Viajar a Europa en los años setenta era mucho más caro que ahora, pero había arbitrios para reducir los costes, usando compañías que no pagaban tributos a la IATA (International Air Transport Association), como Air Islandic o Air Bahamas. Desde ciudad de Panamá se volaba hasta Luxemburgo, [donde uno tomaba trenes o autobuses a destino], haciendo escala por una noche en Reykiavik, la capital de islandesa.  Reykiavik, que significa “bahía de humo”, era en un pueblito de setenta mil habitantes. Y fue allí, en uno de esos viajes y en uno de esos minúsculos hoteles de la calle Laugavegur, donde vi por primera vez a Borges.

Habíamos aterrizado al atardecer en Islandia y mientras gestionaba el registro en el hostal, vi el nombre del argentino en un periódico y pensando que anunciaban su muerte pregunté al conserje qué decía la noticia y respondió que el escritor iba camino de Israel a recibir un premio. Pregunté si mencionaba dónde se hospedaba y respondió que la rueda de prensa se había realizado en un hotel que estaba a cuadra y media. Fui entonces hasta el hotel y cuál no sería mi sorpresa al encontrar, en el lobby, a Borges, íngrimo. Me acerqué, le dije que era colombiano, que le admiraba y leía desde joven y si me permitía hacer una foto con él. En esas estaba, cuando apareció Norman Thomas di Giovanni, quien hizo la única foto, con mi obsoleta Bilora Boy. Al despedirme se acercó María Kodama, con esas piernas que ni el tiempo logró arruinar.  

A finales de los setenta, con la llegada de la democracia y bajo el gobierno de Suarez, Borges fue invitado por segunda vez en esa década para la filmación de una serie de entrevistas por la RTVE. Ya había publicado mi primer libro de poemas, Pensamientos de un hombre llegado el invierno, con el prólogo fingido, que Borges había refrendado para la revista Panorama de Buenos Aires: <<Los pareceres y el estilo -sostiene- concuerdan con lo que yo hubiera podido escribir. Así mismo, las autoridades que alega. El texto correspondiente a mis preferencias. El “ocular vizconde” me sorprende, pero no es imposible que yo haya perpetrado esa frase, tan ajena a mis hábitos literarios. También es raro que mi memoria haya dejado caer un nombre tan singular como Harold Alvarado Tenorio, pero a los 73 años el olvido es harto accesible. Pienso que el “prólogo” es una afortunada parodia que debo agradecer>>. 

Al saber que se hospeda en el Ritz, llame a la centralita y pedí ponerme con BorgesMaría Kodama lo puso al aparato. “Con quien hablo”, preguntó Borges. “Habla con Harold Alvarado Tenorio”, respondí. Y Borges: “¿el del prólogo?” “Si”. Entonces dijo que fuera al hotel, que quería conversar conmigo. J.M. González Martel, un canario que había conocido en los cursos de doctorado de la Complutense, admirador y entendido en la obra de Borges, que había acompañado a Alonso Zamora Vicente durante la visita que había hecho Borges en 1973 a la Real Academia Española, autoridad por lo demás en las vanguardias americanas, me acercó hasta el lujoso hotel y nos esperó en el vestíbulo. González Martel dijo a Borges que en España poco se le quería entre académicos por causa de sus desplantes a las obras de tantos españoles de su tiempo y la renuncia al Ultraismo, a lo que este respondió con un mohín de desdén, mientras le interrogaba sobre los naturales de su país, y nos acercaba, Martell, en su espléndido BMW, a Plaza Mayor. 

Luego de tomar la sopa de petit pois en una de las tascas del Arco de Cuchilleros, pasamos la tarde conversando y caminando por los alrededores, discutiendo si la estatua que preside la Plaza Mayor es o era la de Carlos II o Felipe III. Borges, que era sumamente amable, nada pedante y hasta humilde, como se portaba también Garcia Marquez, preguntó cómo había hecho el prólogo; le dije que con sus frases, y usando el arquetipo de algunas de sus reseñas a libros de poemas aparecidas en Sur, a las que había accedido gracias al regalo, de la edición completa, que me había hecho doña Amira de la Rosa en Madrid. Dijo entonces que eso era como hacer centones y recitó a Lope:


Las cartas, ya sabéis que son centones,

capítulos de cosas diferentes,

donde apenas se engañan las razones. 


Recuerde, además, dijo, la posdata que puse a El Inmortal en 1950: 

“Entre los comentarios que ha despertado la publicación anterior, el más curioso, ya que no el más urbano, bíblicamente se titula A coat of many colours (Manchester, 1948) y es obra de la tenacísima pluma del doctor Nahum Cordovero. Abarca unas cien páginas. Habla de los centones griegos, de los centones de la baja latinidad, de Ben Johnson, que definió a sus contemporáneos con retazos de Séneca, del Virgilius evangelizans de Alexander Ross, de los artificios de George Moore y de Eliot y, finalmente, de «la narración atribuida al anticuario Joseph Cartaphilus». Denuncia, en el primer capítulo, breves interpolaciones de Plinio (Historia naturalis, V ??, en el segundo, de Thomas de Quincey (Writings, III, 439); en el tercero, de una epístola de Descartes al embajador Pierre Chanut; en el cuarto, de Bernard Shaw (Back to Methuselah, V). Infiere de esas intrusiones, o hurtos, que todo el documento es apócrifo.” 

Y añadió: Usted, Alvarado, debería leer aquel artículo de Juan Valera sobre la originalidad y el plagio que publicó en la Revista Contemporánea en 1876.

Todo, esto, por supuesto, es otra tomadura de pelo borgiana.


Le pregunté si quería caminar, como solía hacer en Buenos Aires. Respondió que sí, que descendiéramos hasta Gran Vía y luego por el Paseo del Prado. Casi cuarenta minutos caminé con Borges, llevándole del brazo, sin que nadie le reconociera. El prólogo apócrifo me había deparado una de las más hermosas y memorables tarde de mi vida. 

Al llegar al hotel alcancé a ver a Manuel Mújica Lainez que conversaba con algunos periodistas. Se lo dije a Borges. Me preguntó la hora. “Son las ocho”, respondí. “Entonces déjeme en la habitación”. Así lo hice. Al entrar indicó que le sentara en la cama que daba hacia la pared, que pusiera su bastón sobre la otra, que me marchara y cerrara la puerta con un golpe seco. Tomé su mano. Y la besé. “Es Usted un pesado, Alvarado, sólo faltaba esto”. Al tomar el ascensor del Rizt me encontré con Maria Kodama, que decía a Ricardo Barnatán, que “el viejo estaba insoportable”. 

A mediados de los ochenta Borges llegó a New York para ofrecer una conferencia en el Center for Interamerican Relations. Emir Rodriguez Monegal y Roberto Piccioto, que sabían yo podía hacerme cargo de Borges antes del evento, mientras ellos iban de cotilleo con Maria Kodama, lo trajeron a mi casa de la ochenta y cuatro a eso de las once de la mañana y, literalmente, me lo endosaron por el resto del día. 

Tomé a Borges del brazo y le dije que camináramos por Madison. Fuimos bajando lentamente, yo lazarillo, Borges anónimo ciego, por esa avenida donde están las más ricas confiterías y los cafés más acogedores de New York. A la altura de la calle ochenta y seis preguntó si era cierto que Yorkville había sido un barrio de alemanes y respondí que sí, que allí habían vivido hasta los años setenta germanos, checos y húngaros y que aún quedaban en los alrededores restaurantes y mercados y típicas delicatessen. Borges comentó que hacía cincuenta años no comía gulasch, y temía hacerlo, pues el estómago solo se sentía a gusto con la sopa de petit pois que doña Leonor había ordenado a Epifanía Uveda. Borges preguntó si comer un gulash entre los dos sería demasiada molestia. Por supuesto que no. Entonces tomamos la ochenta y seis hacia el río y nos metimos en uno de esos bares irlandeses que estaban al lado de Macy´s, que ya tampoco existe. Borges no se enteró que estabamos comiendo caraotas con posta, y el plato le pareció una delicia.

 

Mientras comíamos y Borges comía muy lentamente, pregunté cómo habían sido los últimos días de su madre. Se sintió sobrecogido, pero luego, recobrando su natural, dijo que su madre había sufrido mucho, por causa de las ambiciones de su hermana y la codicia de sus sobrinos, que ojalá no fuera él a sufrir cosa igual. Deseaba morir, tan pronto supiera llegada la hora, lo más pronto posible. Él había pagado ya con su ceguera buena parte del infierno que le tocaría tras la muerte y por eso estaba seguro de que la cosa sería expedita. «Madre me llamó siempre «inútil» o «infeliz». Y mi hermana, y sus hijos, me envidiaban y odiaban. Nunca permitió que llevase más de una vez una chica a casa y menos que ella pasase a mi cuarto por unos momentos.» Daba la impresión de que Borges gozaba recordando los sufrimientos de su madre. 

Cuando terminó de yantar le pregunté qué deseaba hacer y volvió a sorprenderme. Quería que fuésemos a varios de los 104 (ciento cuatro, eso dijo Borges) bares que hay entre la cuarenta y la cincuenta y siete. Le pregunté cuando había estado allí y dijo que nunca, pero que recordaba un filme con Ray Milland —«The Lost Week-End»— donde un alcohólico entra y sale de bares como Clarke´s, Yukon, Jimmy´s, Olde Knick y la taberna Castle. Que cosa más prodigiosa, la memoria de Borges, para recordar nombres de bares en una película en blanco y negro. Le recordé que tenía que llamar a Rodríguez Monegal.

La fila para del teléfono público más cercano tenía por lo menos diez personas. Y ni modos de no hacer esa diligencia. Emir y mis otros amigos tenían que saber de qué iba la tarde con Borges. Estaba en la cola cuando divisé a Gabriel Jiménez Emán sobre la esquina de Lexington, mirando a lado y lado, como buscando orientación. Lo acompañaba María Panero, una divina argentina que estudiaba medicina en New York University luego de haber logrado que el gobierno americano le concediera visa de exiliada política. Le dije a Borges que cruzáramos la calle para saludar a Gabriel y cuando estuvimos cerca de ellos y antes que le presentásemos a María, Borges ya la había intuido, quizás porque la oyó hablar y supo que era argentina. El hecho es que de inmediato le puso la mano sobre el brazo a la muchacha y continuamos bajando hacia el Carl Schurz Park, donde nos sentamos un rato, mientras María describía a Borges el Triborough Bridge, la isla Wards, los barcos cargados de basura y arena y ambos se complacían con el clima benigno del día, ni frío ni ventoso. 


A ver qué Borges se entendía de lo lindo con María Panero, nos apartamos un poco y fuimos sentarnos en otro banco. De pronto vimos cómo María estaba escribiendo en una libreta algo que Borges le dictaba y nos acercamos. María hizo señas para que no interrumpiéramos. Borges declamaba lentamente unos poemas mientras ella los copiaba. En esas estuvieron unos cuarenta minutos. Les dije que se hacía tarde, que debíamos regresar y tomar un taxi para llevar a Borges hasta la casa de Rigas Kappatos, donde nos esperaban Emir y Roberto Piccioto

María y Borges parecían vivir un flirteo momentáneo. En el taxi Borges dijo que se haría con ella en la parte de atrás y Gabriel y yo ocupamos la parte delantera de ese viejo check-car gris con rayas de tigre rojas. Mirándolos por el espejo retrovisor parecían dos novios que recién volvían a encontrarse. Durante el viaje Borges le dictó otro poema. Cuando llegamos a casa de Rigas saludamos a Athinulis, el gato, y de inmediato le pregunté a María qué cosas eran esas que Borges le dictaba. Dijo que Borges había tenido una súbita iluminación y le había pedido servir de amanuense. Que había estado pensando unos sonetos en el avión que lo trajo desde Buenos Aires y no había encontrado a nadie más oportuno, que ella, para hacerlo. Le pedí los papeles, fui a la calle e hice dos copias de los poemas. María se quedó con el original, que debía devolver a Borges, en marzo, cuando ella fuera a Buenos Aires. [Como dato curioso, Borges no dio a María el teléfono de la calle Maipú, sino dos números de dos pisos distintos: uno en la Calle French y otro en Rodríguez Peña y Juncal.] Todo esto, hecho a espaldas de Borges, pues no quería que Emir ni los otros conocieran los poemas, por lo cual no pudimos ni leerlos ni comentarlos en ese momento. 

A las siete salimos de casa de Rigas y tomamos dos taxis para ir hasta el Center, donde Borges daría su conferencia. Entramos, y de inmediato, Emir fue a buscar a la boliviana Rosario Santos, que nos metió en uno de los saloncitos del segundo piso de la fundación de los Rockefeller, donde estaban varios profesores de N.Y.U. y Columbia. Ofrecieron güisqui, pero Borges prefirió tomar «agua del municipio». Yo me ingurgité unos tres de ellos, y al cuarto, me di cuenta de que estaba completamente drogado. 

Subimos al salón de conferencias, totalmente abarrotado. De pronto vi como Borges estaba a miles de kilómetros de mí y me fui hundiendo en un delirio paranoico digno de Poe. Lo cierto es que salí a Park, tomé el tren en Hunter College y fui a casa. Al llegar vi que el perro del portero tenía cara y barbas de hombre y que mi vecino, con su calvicie, parecía un gato desollado, etc., etc. Como a las once de la noche ya estaba en una cama del Lenox Hill Hospital donde pasé la más triste y terrorífica navidad de mi vida. En uno de los bolsillos de mi abrigo de pelo de conejo, que uno de los enfermeros devolvió a mi a casa, estaban los poemas de Borges.

La ultima vez que vi a Borges fue en casa del embajador de Argentina en Bogotá, durante la postrera visita que hizo a Colombia. Cobo Borda, que ya se parecía a German Arciniegas, había ofrecido varios homenajes al genio durante la mañana siendo director de la Biblioteca Nacional, pero sin que me hubiesen invitado, fui hasta ese lugar y me colé durante la rueda de prensa que avanzaba. Borges estaba sentado en una larga banca de madera como esas que hubo en los parques y como quien no quiere la cosa me fui acercando a él y le saludé, buenas tardes, Borges, y para sorpresa de todos, de mas de cincuenta periodistas que allí había, respondió, ¡Alvarado! Entonces el periodista de Caracol que había sido o ministro o parlamentario me pasó el micrófono y me pidió que continuara hablando con Borges, en directo. Esa entrevista se publicó dos domingos después en Lecturas Dominicales de El Tiempo.





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Escritor colombiano (Buga, Valle del Cauca, 1945). Doctor en letras por la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Dirigió el Departamento de Español y las Latin American and Spanish Writers Series del Marymount Manhattan College (Nueva York, EUA), así como el Comité de Redacción de la revista China Hoy (Beijing, China). Es profesor titular de la Cátedra de Literaturas de América Latina y director del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia. Dirige la editorial Arquitrave y la revista de poesía homónima. Ha publicado Summa del cuerpo (2002); Fragmentos y despojos (2002); Literaturas de América Latina (1995); Ensayos (1994); Poemas chinos de amor (1992); La poesía de T. S. Eliot (1988); Espejo de máscaras (1987); Una generación desencantada: los poetas colombianos de los años setentas (1985); Kavafis (1984) y Cinco poetas españoles de la Generación del Cincuenta (1980). Ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y el Internacional de Poesía Arcipreste de Hita. Su obra ha sido publicada en inglés, francés, italiano, griego, chino, alemán y portugués


Tomado de Letralia.



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sábado, 26 de agosto de 2023

LA LÍRICA POLÍTICA DE LOS ESPECTÁCULOS DE POESÍA EN COLOMBIA

(Hablamos del Festival de Poesía de Medellín)

 

Fernando Rendón Merino, al centro, flanqueado por sus mujeres, Angela García y Gloria Chavatal, y sus socios Jairo Guzmán y Gabriel Jaime Franco y el primogénito, Luis Eduardo Rendón



LÍRICA Y POLÍTICA: LOS ESPECTÁCULOS DE POESÍA EN COLOMBIA


 


“Sin darnos casi cuenta, el antiguo país de gente puritana,

severa, hipocritona, pero respetable, ha sido sustituido

por este chisgarabís que se mueve como

una lanzadera por entre las dificultades que

paralizan a la gente, ante la ventanilla, conducto informal

 y estrecho para sus relaciones cada día más extensas con el Estado”.


 


Alberto Lleras Camargo: El avivato,

El Tiempo, Bogotá, 14 de Febrero de 1979.


 

Umberto Cobo / 13 dez 2013 /


Hace más de quince años María Mercedes Carranza Coronado y otros varios poetas[1] que se encontraban marginados de los poderes del Frente Nacional por haber venido militando en la “izquierda”[2] , pero que  deseaban ocupar algún espacio en la vida social y/o cargos de representación popular, como los que habían tenido numerosos intelectuales que ejercían la poesía como lustre, o que a partir del éxito como rapsodas, alcanzaron lugares de preeminencia en la administración pública o la diplomacia, recibieron el apoyo de políticos conservadores como Belisario Betancur o Ernesto Samper Pizano, en el caso de Carranza,  o Juan Gómez Martínez[3], Omar Flórez Vélez[4], Luis Alfredo Ramos[5], Sergio Naranjo[6], Luis Pérez Gutiérrez[7] y Sergio Fajardo[8] para el Festival de Medellín o Fernando Rendón Merino, entre 1988 y 2007.

 

El artículo que produjo las iras de Fernando Rendón contra Alvarado Tenorio


Se cumplía, con estas alianzas entre políticos e intelectuales que se decían poetas, con ese doble fin de conseguir votos para los políticos activos y acumular ganancias para el futuro de los líderes pichones. En esta ocasión el motivo no pudo ser otro que el auge de la violencia narcoterrorista financiada por los carteles de la droga que se sentían traicionados por sus compañeros de viaje como Alfonso López Michelsen y Belisario Betancur, dos de los cinco presidentes que la corrupción y la mafia eligieron en ColombiaMaría Mercedes, como algunos de los otros poetas, eran herederos no sólo del falangismo de sus padres Eduardo Carranza y Juan Roca Lemus, “Rubayata” el racista autor de El camino de Damasco, contra los descendientes de árabes nacidos en Colombia, sino del Nadaísmo, que como dice Mario Arango, en Algo va del camaján al traquetero[9] :


 


    “En Medellín durante las décadas de 1950 y 1960 se conformó un extraño mundo que integró la protesta con la resignación, las más bellas formas artísticas y literarias con la vida ruda y repugnante de los bajos fondos, la espiritualidad con el crudo materialismo, lo esotérico con el mundanal diario… Era un extraño mundo en el que convivían los cultores del poeta Porfirio Barba Jacob y los seguidores del profeta Gonzalo Arango con la cultura lumpesca y de barriada que encontró su expresión en el personaje popular que hacía ostentación del consumo de marihuana, el camaján, que vestía vistosamente: pantalones verdes o morados, bota ceñida y bastante alta (sostenida con cargaderas), camisa con mangas remangadas, cuello levantado y chaqueta bastante larga. Caminaba lentamente, con movimiento rítmico de brazos. Era lo que llamaban un man legal, pero que constituía el terror de los barrios residenciales, pues las señoras le atribuían los peores crímenes y depravaciones, contribuyendo a ello la jerga esotérica de trasposición de sílabas: misaca (camisa), lonpanta (pantalón), pinrieles (zapatos), o los nombres de la marihuana: yerba, mona, maracachafa, grifa, bareta, marimba. Era la época en que la nota musical de esa subcultura se oía en la Sonora Matancera y Daniel Santos, el inquieto anacobero. Para entonces, a comienzos de los años 60, ya se habían hecho realidad las palabras de otro nadaísta: La marihuana es el opio del pueblo, por su bajo precio, naturalmente.”



Y de esa doctrina, practicada y continuada desde mediados del siglo pasado por intelectuales que aspiran a políticos y que Jorge Gaitán Durán describió, lucidamente, en la Revolución invisible de 1959:


    «No podía esperarse otra cosa de un ambiente en donde para hacer carrera hay necesidad de cumplir inexorablemente ciertos requisitos de servilismo, adulación e hipocresía y donde ingenuamente las gentes confunden estos trámites, esta ascensión exacta y previsible, con la política. Sin duda el fenómeno del arribismo se produce en todas partes y no sólo en el ajetreo electoral, sino también en la vida económica y en la vida cultural, pero aquí ha tomado en los últimos tiempos características exacerbadas y mórbidas, cuyo estudio sería interesante y tendría quizás que empezar por la influencia que la aguda crisis de estructura del país y consiguientemente de los partidos políticos ejerce sobre el trato social, sobre la comunicación en la existencia cotidiana. Resulta significativa la frase que un político de las nuevas generaciones usa a menudo: Voy a cometer mi acto diario de abyección, fórmula que exhibe la decisión -en otros casos furtivamente de obtener a todo trance un puesto de ministro, de parlamentario, de orientador de la opinión pública, en fin, de ser alguien, de parecer. Su humor es una coartada; intenta cubrir el desarrollo ético con el confort ambiguo y efímero del lenguaje. Se trata de un sorelismo ciego y satisfecho, cuyos objetivos dependen de algún destino ajeno e imperial. El oportunismo de Julián Sorel es lúcido, torturado, solitario y más eficaz a la larga. En nuestra América el héroe empeñoso de Rojo y Negro hubiera llegado a ser presidente de la república.»


 

En Mayo de 1989, siendo alcalde de Medellín Gómez Martínez, durante el primer año de gobierno del autista Virgilio Barco y a escasos dos meses del asesinato de quien iba a ser Presidente de Colombia y haría primera Ministra de Cultura del Nuevo Ministerio de Cultura que crearía Luis Carlos Galán, para cuya campaña y la suya propia promovía desde Casa Silva un evento titulado La poesía tiene la palabra, que entre otras cosas eligió, por voto popular [sic] ese año,  como Mejor Poeta de Colombia, a Darío Jaramillo Agudelo --el desde ya entonces Gerente Cultural del Banco de la República, cargo en el cual permanece, María Mercedes Carranza, la hija del cantor de Teresa y el “salvo mi corazón todo está bien”, vendió a los ambiciosos y mesiánicos vates metrallenses la idea de que la poesía era el utensilio idóneo para hacerse elegir a cualquier cosa[10]. Por algo ella iba a ser la Primera Ministra de Cultura del Gobierno del Nuevo Liberalismo. Pero Luis Carlos Galán fue asesinado, en uno de los más sofisticados complots de la mafia criolla y saldría electo el impredecible César Gaviria Trujillo, para quien la cultura es harina de otro costal y María Mercedes hubo de acogerse al consejo siempre sabio de Belisario Betancur y aceptar, de manos de los ya para entonces también asesores de Fernando Rendón, Juan Manuel Roca Vidales[11] y José Mario Arbeláez Ramos, alias Jotamario[12], la candidatura del movimiento guerrillero M-19 a  la Constituyente de 1991, donde se abolió la extradición con el único, precisamente, voto negativo de ella, María Mercedes Carranza Coronado, quien tanto había amado, idolatrado y seguido a Luis Carlos Galán, el más puro entre los puros y enemigo acérrimo, no sólo de la mafia del narcotráfico, sino de los corruptos miembros de su Partido Liberal y del Llerismo, donde había militado al lado de la recién elegida --poetisa constituyente-- por el Comandante Papito.


Fernando Rendón Merino uno de los grandes empresarios culturales de Medellín en la revista Credencial del Banco de Occidente

Mientras María Mercedes Carranza Coronado hacía de la poesía, en Bogotá, el instrumento para llegar al Ministerio de Cultura, poniendo la poesía al servicio de la derecha, primero de la mano de Belisario Betancur y luego de Ernesto Samper Pizano [discípulo aplicado de Betancur y López Michelsen], quien crearía el Ministerio pero nombraría a un empleado de Fanny Mickey viuda de Martínez, la mujer de candilejas más rica del mundo, Fernando Rendón Merino levantaría, con pulso de hierro y traicionando a casi todos sus colaboradores, una estructura típicamente pandillera para gerenciar la poesía colombiana. 



Nada hay más Oficial en Colombia que estas dos instituciones: La Casa de Poesía Silva y el Festival de Poesía de Medellín, beneficiadas con enormes sumas de dinero provenientes de los Ministerios de Cultura, Educación, de las Secretarías de Cultura de los Departamentos donde actúan y de las Embajadas extranjeras que los apoyan, cuando no de un grueso numero de ONG y Fundaciones.  En ambos casos son cientos de millones de pesos los que han recibido en sus lustros de existencia.


Fernando Rendón Merino y Carlos Lozano,  director de Voz Proletaria el periódico del Partido Comunista


Según un informe del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá, dirigido a quien esto suscribe, la llamada Casa de Silva, ahora de Gómez Valderrama, ha recibido, entre los años 1998 y 2005 la bicoca de $ 3.870.096.355.oo., tres mil ochocientos setenta mil millones noventa y seis mil trescientos cincuenta y cinco pesos. Noticias de los últimos doce años, cuando “menos” dinero ha recibido la tal casa de poesía de parte del distrito capital. No hay datos, según informan, de los años que van desde 1986 hasta 1998, otros doce años. Y faltan los del Ministerio de Cultura y los que nunca sabremos, de la empresa privada, que en últimas es también dinero público.



Igual cosa sucede con el Festival de Poesía de Medellín, cuyas enormes sumas de dinero recibidas desde tantos orígenes siguen siendo secretas para el grueso del público porque nadie se atreve a obligar a Fernando Rendón a divulgarlas, a pesar de los sucesivos cuestionamientos que en la prensa y la radio se le hacen, porque Rendón acude a la intimidación, el chantaje y la amenaza, como bien han demostrado en un artículo titulado No hay paraíso sin serpiente, Ángela Rendón, Sergio Hurtado y  otros para La Urbe, de Medellín, del 11 de Junio de 2001, donde sostienen que:


    “Es necesario que la opinión pública conozca que Fernando Rendón, quien hoy se erige a sí mismo como vocero y defensor del pueblo, es el mismo que dedicó todos sus esfuerzos a buscar citas con las directivas de la universidad ante las cuales denunció y acusó de calumnia a uno de sus contradictores, apelando a un lenguaje de guerra y en contra de algunos de sus miembros más débiles, en un acto de ruindad sin medida. Él es la misma persona cuyas estrategias de gestión y promoción prenden una vela a Dios y otra al Diablo y nos vende la idea de que la poesía es el nuevo Mesías que nos salvará de la catástrofe y que él y sus poetas invitados son sus mensajeros.”


Testimonios que repiten quienes han sido sus empleados o sus cercanos colaboradores o simplemente poetas de su desagrado como, José Manuel Arango, alma bendita, a quien por no acompañarle en sus propósitos politiqueros, estigmatizó diciendo que había sido condecorado por el gobernador de Antioquia y hoy presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, convertido para su imaginario farciano en bestia apocalíptica, con calificativos como que José Manuel Arango era el “consueta oficial del régimen” y el “poeta del silencio”, a lo que el gran escritor, hoy fallecido, respondió:


    “En cuanto a la "condición de  intelectual oficial" que me atribuye: parece que según el señor Rendón un escritor que recibe un premio se convierte en "intelectual oficial", mientras que él, que acepta cada año dineros de organismos públicos y de empresas privadas y apoyos de embajadas y gobiernos, que dirige una institución, que nombra a dedo (de entre los de su camarilla, desde luego) a los que irán a representar la poesía de nuestro país en los festivales que se celebran por el mundo, él sin embargo puede mantenerse milagrosamente al margen y por fuera de la "oficialidad cultural y académica" y de los "círculos del poder". No sé cuál es la singular idea de poder que maneja el señor Rendón. En todo caso parece que no le basta con el que ya tiene y lo quiere absoluto, puesto que no tolera criticas, y acude a tergiversaciones, acusaciones y hasta amenazas contra los que se atreven a ver deficiencias o vicios en su festival”.


El empresario Fernando Rendón Merino en la Suite del Hotel George V de Paris

O el trato vejatorio a que sometió al poeta Gabriel Jaime Caro, por defender las causas y derechos de los homosexuales, o el otro caso, cuando a raíz del holocausto de los Diputados del Valle del Cauca, y la expedición de una carta, firmada por él mismo más de ochocientas veces,  que propalaba la siniestra tesis de las Fuerzas Armadas de la Revolución Colombiana [FARC] de la “combinación de todas las formas de lucha” contra el estado legítimamente  constituido de nuestra república, alguien se negara a suscribirla, decidió por propia iniciativa ultrajarle diciendo que  “pensaba con el culo” y era un “Sapo Uribista”, etc., etc.


Sin contar los atropellos autocráticos que él y sus allegados han prodigado durante años a sus empleados, obligándoles a militar en el partido de las jefaturas y ante el rechazo y la no obediencia de estos, los despidos injustificados y la no cancelación de indemnizaciones  causadas.


Porque Fernando Rendón Merino, el poeta mas traducido de la historia, [su faena puede leerse en un centenar y medio de lenguas], hijo de un periodista y agente de viajes Rutasa aficionado al anisado, que prácticamente hizo sus estudios vendiendo Voz Proletaria en Jardín Clarita, un billar del Barrio Buenos Aires de Medellín, mientras iba y venía como un perdido entre el Bar Astral y la Puerta Inglesa, es la viva imagen, pero asustadiza y ladina, de esa infame índole de Montagues &  Capulets que creó el Frente Nacional cuyos más fatuos representantes son Pablo Escobar Gaviria y Gonzalo Rodríguez Gacha, a la diestra, y Gilberto y Miguel Rodríguez, a la siniestra, con sus Golem Macaco, Jorge 40, Gordo Lindo,  Jonás, Chepe y/o Alfonso Cano, Iván Márquez, Mono Jojoy, Fabián RamírezTimochenko, tutelados desde los abismos del mal por la Terna de los Caínes Castaño (Carlos CastañoVicente Castaño y Fidel Castaño).


Una de las tesis que Fernando Rendón Merino defiende con obstinación, a fin de someter los presupuestos públicos a sus intereses, es que él ofrece al respetable un espectáculo que alivia la nación de los efectos de la violencia y debe conducirla por los caminos de la paz y la reconciliación entre la delincuencia política armada y la sociedad civil, la gran víctima de los facinerosos. Tesis falaz y macabra, porque es precisamente la existencia del conflicto lo único que garantiza la perpetuidad de una “famiempresa” como la que él gerencia.


Según sus propios balances, publicados en su página digital, desde su creación en 1991, Prometeo Inc., ha presentado a través del Festival de Poesía de Medellín unos “747 poetas de 131 países, para un total de 906 lecturas de poemas en más de 60 idiomas y dialectos”. Según el gerente de Prometeo Inc., mientras en el primero declamaron “13 bardos para 800 personas, en el último lo hicieron 74” para algo más de un centenar de miles de espectadores.


Las dos opiniones de Juan Manuel Roca antes y después de la gloria


Lo cual nada significa y nada garantiza y no deja de ser mera estadística. Porque lo cierto es que ni en Medellín ni en Colombia ha crecido la tasa de lectura de poesía ni han surgido poetas en abundancia con la calidad y frecuencia con que nacieron en los años anteriores al Frente Nacional, cuando la historia y la literatura fueron abolidas de los programas educativos de las escuelas y colegios públicos. Porque como ha dicho en varias ocasiones el Poeta Oficial[13] Juan Manuel Roca Vidales, el Festival de Poesía de Medellín no puede cambiar la pobreza de la poesía colombiana porque sus actos son episódicos, para un público que atienden por hambre o desolación los espectáculos que le ofrece un variopinto desfile de hombres y mujeres venidas de otro mundo que gritan o cantan o murmuran de lenguas incomprensibles. Jorge Barón, ha dicho Juan Manuel Roca Vidales, reúne más gente que el Festival de Poesía y en vez de dar poesía da agüita a su gente y sin embargo eso nada significa para la cultura”. O quizás digo yo, signifique mucho más que el Festival, porque los cantantes que presenta Barón si son expresión de los sentimientos de angustia o amor o venganza de los desplazados o la clase obrera y el campesinado que padece la violencia guerrillera y paramilitar. Y agrega Roca Vidales[14] :


    “Me resulta repugnante la idea de que la poesía deba ser la salvadora del mundo. La poesía no tiene que salvar nada porque no es la Cruz Roja del espíritu. Fastidia el mesianismo, lo mismo que el carácter macro que le imprimen: se cuentan los poetas, los países, las lenguas y hasta el público como si fueran unidades de penicilina. Los organizadores tendrían que cambiar el discurso cuando señalan el festival como una panacea para todos los males. Sus declaraciones son las mismas año tras año. La arrogancia es mala consejera, las críticas son las que mejoran cualquier evento”.


Y otra vez José Manuel Arango:

    "El Festival de Poesía tiene más aspectos negativos que positivos. Y el proble­ma no está en si la poesía debe leerse públicamente o no. Hay poe­mas y poetas que se prestan a la lectura pública, otros no. El problema no es ese. Se trata de otros aspectos del festival. Por ejemplo, se preocu­pan más por la cantidad que por la calidad, importa mucho más el número de poetas participantes, de países, mientras más lejos queden, mejor, traídos sin ningún criterio. Sería mejor que en vez de 70 poetas trajeran 10 buenos, y eso les serviría más a los  jóvenes que van a oírlos.

    Por otra parte, y esto ha sido muy negativo para la poesía colombiana, como se invita poetas de todo el mundo, se reciben invitaciones de todo el mundo. Pero a los orga­nizadores no se les ocurre enviar en representación de Colombia a poetas como Fernando Charry Lara, o Jaime Jaramillo Escobar o Giovanni Quessep o Elkin Restrepo, o Ignacio Escobar, no,  van ellos, los 5 ó 6 que controlan el Festival.  Y no van como organizadores de festivales sino como poetas. Si el Festival estuviera en manos de una institución, una uni­versidad por ejemplo, se podría distin­guir mejor entre poetas y emisarios culturales”.


Otro de los pecadillos monumentales de Fernando Rendón Merino es su oportunismo político al servicio de ideas que sólo hacen daño a Colombia y al partido al cual dice pertenecer. A fin de mantener entre los poetas que invita, la imagen de una Colombia oprimida y violentada desde la misma Casa de Nariño y sin decirles que ha sido él, precisamente, uno de los mejor favorecidos desde la creación del Ministerio de Cultura, les ofrece, como única salida y cura de la guerra que vivimos, la esperanza de que las FARC-EP triunfen ese remoto día de San Blando que no tendrá cuando, mediante todas las formas de lucha contra el estado y la población civil, incluidas las variantes del secuestro político, el secuestro extorsivo, el ataque con pipas de gas a las estaciones de policía y las escuelas y pueblos inermes, y la prisión perpetua en las selvas de más de tres mil inocentes, entre mujeres, niños y ancianos.


Porque Fernando Rendón Merino ha promovido diversos conclaves para fomentar el apoyo a esas tesis, como bien puede comprobarse leyendo en la historia de su festival en su propia página electrónica. Numerosos son los testimonios de poetas y gentes del común que saben que durante los días de los festivales los emisarios de las FARC-EP visitan las habitaciones de los poetas para explicar sus programas y justificar sus actos, y no es difícil saber que los mascarones de proa que hace figurar como poetas en los documentos que emite no son otra cosa que agentes de la misma organización terrorista.


“¿A quién ha servido el Festival de Poesía? ¿A Medellín?” Se preguntaba hace unos años el poeta Rubén Vélez. Y respondía:

    “Durante los últimos años todos los males de la ciudad se han agravado. Pese a que cientos de poetas de aquí, allá y acullá nos han obsequiado con su poesía, no hemos cobrado ni un centímetro de altura. Ni siquiera ha progresado nuestra musa: durante los últimos años Medellín ha visto nacer un sinnúmero de versos, pero ninguno de ellos es de antología”


“La sociedad de consumo, --escribí en el Diario de Caracas[15] hace trece años, y lo repito ahora--, libró, a cierta poesía, de las contaminaciones de la historia y las ideologías y la convirtió en objeto de mercadeo y sondeos publicitarios. Y ha mutado, de paso, a los poetastros y poetisas -que ascienden de la bulimia a la burocracia estatal- en unos crápulas que asaltan el fisco y las malas conciencias de los gerentes de hoteles y compañías de aviación.

La poesía nunca fue mayoritaria ni necesita serlo. No tuvo agentes bancarios, ni redactores de discursos oficiales, ni cumple setenta años, ni tiene casas donde se den cita los aspirantes a cargos diplomáticos.


Y menos un sindicato de mendigos. Que fue y será minoritaria lo comprueban esos mítines de adoradores de tótems y totemas, que, como ellos, no saben leer ni escribir. Lo que les gusta es recitar cualquier cosa, a lo Bertha Singerman, a media noche, con los ojos retumbando de azabache, ante unos famélicos que deliran por vivir en un Pent House, tener carro con chofer y comer, por fin, a la carta”.


Harold Alvarado Tenorio

Bogotá, DC, a 4 de Agosto de 2007.



[1] [Digamos Ángela García, Carlos Bedoya, Carlos Enrique Ortiz,  Carlos Vázquez, Fabio García, Fernando Cuartas, Fernando Rendón, Gabriel Jaime Caro, J. Arturo Sánchez, Jaime León Castaño, Jairo Guzmán, Javier Naranjo, Jesús Rubén Pasos, John Sosa, Jorge Iván Grisales, Jotamario Arbeláez, Juan Diego Tamayo, Juan Manuel Roca, Juvenal Herrera, Luz Eugenia Sierra, Omar Castillo, Omar Ortiz, Orlando Gallo, Rafael del Castillo Matamoros, Rafael Patiño, Raúl Henao, Sara Beatriz Posada o Wilson Frank].


[2] [Léase amigos del poeta  Ignacio Escobar en Sin remedio, suscriptores de El Manifiesto o Alternativa, Voz Proletaria, y habituales de El Goce Pagano, Quiebracanto, Café Libro, si en Bogotá; o  El Suave, La Bahía, Oro de Múnich con sus revistas de poesía El Otro, Grano de Arena, Zócalo, Auriga, Las cigarras, Babel e Interregno, reunidos en Poetas en Abril, si en Medellín].


[3] [Del Partido Conservador, dos veces alcalde de Medellín, Gobernador de Antioquia, Constituyente de 1991, Ministro de Transporte, Embajador y Senador].


[4]  [Del Partido Liberal, Alcalde de Medellín y Senador].


[5]  [Del Partido Conservador, Representante a la Cámara, Senador, Ministro de Comercio Exterior y Embajador].


[6]  [Del Partido Conservador, Concejal, Presidente del equipo de futbol El Nacional  y Alcalde de Medellín].


[7]  [Del Partido Liberal, Alcalde de Medellín, Secretario de Educación  y Rector de la Universidad de Antioquia].


[8]  [De una cosa llamada Alianza Social Indígena].


[9]  [En Impacto del narcotráfico en Antioquia, Medellín, 1988, págs. 23-24].


[10]  [Véase: La poesía en la hora de los asesinos, Centro de Exposiciones de Medellín, Mayo 24 de 1989. Publicado en Revista Casa Silva, Bogotá, nº 3, 1989. En Cali, por ejemplo, una fría y mojada noche de Noviembre de 1993, en el Estadio Evangelista Mora, Ma.Me.Ca entregó al gobernador Carlos Holguín Sardi, frente a 7.000 asistentes,  una proclama firmada por 35.000 personas que exigía la creación de una Casa de Poesía. Esa noche el coordinador editorial del MD de El Espectador, JMRV hizo estremecer al público con sus poemas al Comandante Papito mientras Orieta Lozano emocionaba al respetable con sus poemas eróticos, uno de ellos titulado La amante, elegido por 6.352 votos para el primer puesto. De tercero quedó el poema de Jotamario Arbeláez, a pesar del fraude y la compra de votos que su campaña y sus amigos Rodríguez Orejuela habían adelantado. Miguel Rash Isla resultó el poeta erótico muerto más celebrado. Pero no todo fue fiesta, porque un señor llamado Carlos Arturo Hoyos, que decía ser poeta, demandó el resultado de la votación, demanda que no ha surtido aún efecto. María Mercedes Carranza dijo “Lo erótico es sensacional”. Y declaró la poesía erótica artículo de primera necesidad al lado de los preservativos y la viagra. El poema de la señorita Lozano dice así: “Soy la que estrenas, la que se abre bien para dar paso su espeso y  grueso mar…” Véase Lo erótico fue sensacional de Claudia Patricia Rojas, en El Espectador, Bogotá, Noviembre 6 de 1993.]


[11]  [Quien llegaría con su nadadito de avivato a controlar por una década (al servicio directo de Carranza y Rendón) el suplemento literario de El Espectador, cuyo propietario sería también asesinado por la mafia para militarista].



[12]  [El verdadero Nadaísta de los nadaístas, (junto a Juan Manuel Roca, Alfredo Sánchez, Diego León Giraldo, Armando Romero, Alberto Escobar, Humberto Navarro, Darío Lemos, Jaime Espinel y Guillermo Trujillo], es decir un camelo, cuyas “huellas digitales no conducen a parte alguna”, Premio Oveja Negra y Golpe de Dados, biógrafo de Rojas Pinilla, dueño de la Casa del Nadaísmo financiada con dineros públicos asignados por el Congreso de Colombia, ministro de cultura del Gobernador de Cundinamarca David Aljure Ramírez, (condenado por la Corte Suprema de Justicia  a una siete años de cárcel y una multa de más de mil millones de pesos y la interdicción de sus derechos y funciones públicas por uso indebido de los dineros estatales, entre ellos la contratación de una carretera entre Guaduas y Guaduero, región donde reinó por años un paramilitar, aficionado a la poesía y  conocido como El Águila, quien vendió hace poco sus derechos territoriales a otro conocido como El Pájaro), y Goebbels de las rancias campañas políticas de Belisario Betancur, Álvaro Gómez y Andrés Pastrana].


[13] [Doctor Imaginario de la Universidad del Valle, Premio de Periodismo Davivienda, Premio a Dedo Limpio del Ministerio de Cultura, Premio Permanente del Banco de la República, Premio Nacional de Novela Palacio de Justicia, Terremoto de Popayán y Avalancha de Armero, Representante Indeclinable del Ministerio de Cultura en las Ferias Mundiales de Libro, Premio Universidad de Antioquia, Premio Ramón Cote Baraibar para Antologías y Enciclopedias, Tallerista Vitalicio de Casa Silva, Carranza & Valderrama].



[14]  [Un balance con bemoles, El Colombiano, Medellín, 26 de Junio de 1999].


[15]  [Véase: Hamelnitas, poetisas y otras flautas,  Domingo, Febrero 27 de 1994].



Tomado de Diatribas de Umberto Cobo



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miércoles, 30 de marzo de 2022

Cuando Ernesto Cardenal recibió el Reina Sofía



Imagen tomada de El Nuevo Diario


Ernesto Cardenal recibe el Reina Sofía

Por Harold Alvarado Tenorio

Ernesto Cardenal (Granada, 1925) fue uno de los líderes de la llamada Generación de 1940 que recoge las experiencias del grupo de Vanguardia, y a la que pertenecen otros grandes poetas como Carlos Martínez Rivas, y Ernesto Mejía Sánchez, a quienes tanto calcaría Álvaro Mutis. Su poesía, la de Cardenal, representó, desde sus inicios, una reacción contra las tradiciones literarias nicaragüenses. Aun cuando escribiera poemas amorosos o luchara contra la dictadura de Somoza, quería siempre una poesía lúcida y objetiva, que pudiera  y que debía caracterizarse por su interés en la  realidad de la vida cotidiana de Centro América.


Ernesto Cardenal - Premio Reina Sofía de Poesía 2012


Cardenal hizo la primaria en un colegio de los Hermanos Cristianos de León y luego ingresó al Colegio Centroamericano de Granada. Estudió humanidades en la Universidad de México (1944-1948), donde recibió título de Maestro con la tesis Ansias y lengua de la nueva poesía nicaragüense. En 1947 fue a New York donde estudió poesía inglesa y norteamericana en Columbia University (1948-1949), con Lionel Trilling y Karl Van Doren. Luego vivió por dos años en Europa. Regresó a Nicaragua en 1952 participando, desde entonces, en política. Muchos de sus amigos murieron durante la Conspiración de Abril de 1954, un fallido intento para derrocar a Anastasio Somoza. El dictador sería asesinado en 1956. Durante estos años Cardenal atravesó por una profunda crisis emocional y espiritual que le llevó a ingresar, en 1957, al monasterio Trapense de Nuestra Señora de Gethsemaní en Kentucky, donde se hizo novicio bajo la dirección de Thomas Merton. Luego de dos años allí, los rigores del régimen monacal debilitaron su salud, continuando sus estudios en el monasterio benedictino de Santa María de la Resurrección en Cuernavaca y luego (1961-1965) en el Seminario de Cristo Sacerdote de La Ceja en Colombia. En 1965 se recibió de sacerdote en Nicaragua. Al año siguiente fundó en una remota isla del archipiélago de Solentiname una pequeña comunidad religiosa que luego sería destruida por las fuerzas del último de los Somozas. La comunidad pretendía seguir los lineamientos paulinos de una vida cristiana primitiva. No había reglas específicas que seguir, pero estaba organizada a la manera de una comuna o colonia donde religiosos, artistas, artesanos e intelectuales trabajaban unos al lado de otros. Cardenal fue nombrado ministro de educación con el triunfo de los Sandinistas, cargo que desempeñó por varios años. Hoy en un acérrimo enemigo de los hermanos Ortega.

Durante su permanencia en la Universidad de Columbia entró en contacto con la poesía y las teorías de Ezra Pound, un descubrimiento decisivo para el desarrollo de su obra. Cardenal comparte con Pound y algunos otros poetas norteamericanos [Eliot, William Carlos Williams] la convicción que hay poesía en cada aspecto de la experiencia humana, desde la economía y la política hasta la historia y la filosofía, y que las estructuras del poema pueden asimilarse, como lenguaje coloquial, a formulaciones estadísticas, artículos de periódico, fragmentos de cartas, crónicas históricas, sátiras, parodias, anécdotas, y cualesquiera clase de otros elementos tradicionalmente considerados extraños al poema. El mismo ha incorporado a su poesía el método ideográfico de Pound, derivado de la creencia de que los conceptos generales pueden ser mejor expresados a través de la agrupación de conjuntos de individuos. Como en los ideogramas chinos, donde para significar rojo se combinan caracteres que signifiquen rosa, cereza, o flamenco, Cardenal usa dos o más imágenes específicas (sacerdote-Mercedes Benz) para sugerir la corrupción de la clerecía. Un lenguaje poético ausente de hermetismos, con predominio de la función referencial.
Estas consignas poundianas son evidentes en Epigramas (1961), una colección redactada en los primeros años cincuenta, que circularon clandestinamente entonces. El libro se compone de treinta y cuatro traducciones de Catulo y treinta y nueve de Marcial, junto a cuarenta y nueve textos originales, desde poemas amorosos hasta ardientes sátiras políticas.

Hora O (1960), considerado uno de sus mejores poemas revolucionarios, fue concluido antes de su conversión religiosa. Trata de los padecimientos de Nicaragua como república bananera y sus inacabables dictaduras, escrito bajo los dictados de las consignas poundianas, haciendo cortes frecuentes entre pasajes y con un uso deliberado de prosaísmos para contrastar tanto las líricas evocaciones de la naturaleza, como el tratamiento épico de eventos históricos. Vívidos recuerdos de la propia participación del poeta en la revolución surgen en el texto.

Como novicio trapense en Gethsemani, a Cardenal le fue prohibido escribir sobre las cosas de este mundo, un acto de auto-renunciación que aceptó con agrado, como su maestro Merton había hecho antes. Llevó, sin embargo, un diario espiritual que luego llamaría Vida en el amor, que concluiría en Cuernavaca, pero no sería publicado hasta 1970, con un prólogo de Menton. El libro, que tuvo una enorme importancia e influencia entre los católicos progresistas del continente, es, en su doctrina, una reminiscencia del neoplatonismo agustiniano, pero está espiritualmente ligado a las visiones franciscanas del mundo, al sostener que es por el amor que el mundo existe.

Las rápidas anotaciones que hizo en Gethsemani, fueron ampliadas para dar cuerpo a los poemas de Gethsemani Ky (1960). Luego de su conversión, los temas de su poesía variaran poco. Cardenal seguirá repudiando un mundo regido por la violencia institucionalizada y por el concepto de propiedad privada, a los cuales apenas agregaría el místico amor de Dios. Su visión del mundo se hará más y más apocalíptica. Los poemas religiosos de este libro recuerdan sus primeros trabajos en la simplicidad de su imaginería y el énfasis en los detalles externos, en contraste con las abstracciones y las íntimas percepciones de muchos de sus versos religiosos. Los poemas de Salmos (1969), especie de Sermones de la Montaña, denuncian el despotismo y los sistemas opresivos creados por el capitalismo a través de sus instituciones y organizaciones secretas, sistemas de tortura y medios de exterminio. En uno de ellos dice:

Líbrame Señor
de la SS de la NKDV de la FBI de GN
Líbrame de sus consejos de guerra
de la rabia de sus jueces y sus guardias

La misma crítica directa a la avaricia y degradación de los valores se encuentra en Oración por Marilyn Monroe y otros poemas (1965), una elegía de sobrecogedor pathos y compasión. El suicidio de la actriz es visto como símbolo del vacío espiritual y de la culpa colectiva del hombre moderno. El estrecho dudoso (1966), es un largo poema épico que describe la evolución social y política de Centro América, desde la conquista española hasta los inicios del siglo XVII, con comentarios amargos sobre el presente. Homenaje a los indios americanos (1969), ofrece poemas que celebran la simplicidad y el sentido comunitario que hay en el pasado indígena, criticando el capitalismo contemporáneo. El volumen incluye poemas con intrincada estructura sobre temas mayas, incas y de los indios norteamericanos.

Entre las obras más notables de Cardenal figura Coplas a la muerte de Merton (1969), una elegía al poeta norteamericano, y Oráculo sobre Managua (1973), que pretende reconciliar la imagen benevolente de Dios con el horror de la devastación que dejó el terremoto de Managua, ese año, en plena navidad. En Cuba (1972), es un recuento en prosa de los tres meses que vivió en la isla en 1970. Su punto de vista sobre el gobierno de Castro es de simpatía, una visión ingenua del desarrollo de la revolución.
Cardenal ha dicho que su misión como hombre y como poeta es la de un revolucionario de Dios, que interpreta las enseñanzas de Cristo como esencialmente políticas y sociales. Cristo y Gandhi son los modelos en su lucha no-violenta contra el mal y las injusticias. Cardenal cree, todavía, que la Iglesia Católica de Roma tiene un importante papel que jugar contra la inequidad social y las injusticias políticas en América Latina.

Cardenal – ha dicho Eduardo Escobarmerece un lugar entre los grandes poetas en castellano. Es injusto pedirles a los grandes poetas obras maestras todos los días. Los poemas débiles forman parte del tránsito a los hallazgos. Y son muestras de la fidelidad a la vocación en todo caso. El estrecho dudoso y los salmos y las armazones minimalistas de La Trapa, donde los tractores tienen tanto derecho como los grillos a figurar en el poema, hacen a Cardenal digno de respeto, admiración y atención.”

Managua 6:30 P.M.


En la tarde son dulces lo neones
a las luces de mercurio, pálidas y bellas …
Y la estrella roja de una torre de radio
en el cielo crepuscular de Managua
es tan bonita como Venus
y un anuncio ESSO es como la luna

las lucecitas rojas de los automóviles son místicas

(El alma es como una muchacha besuqueada detrás de un auto)
¡TACA BUNGE KLM SINGER
MENNEN HTM GOMEZ NORGE
RPM SAF OPTICA SIELECTA
proclaman la gloria de Dios!
(Bésame bajo los anuncios luminosos oh Dios)
en muchos colores
deletrean tu Nombre.
la noticia …»
Otro significado
no lo conozco
Las crueldades de esas luces no las defiendo
Y si he de dar un testimonio sobre mi época
es éste: Fue bárbara y primitiva
pero poética






Oración por Marilyn Monroe


Señor
Recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de Marilyn Monroe
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche especial.
Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Time )
ante una multitud postrada, con la cabeza en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también son algo más que eso …
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.
El templo -de mármol y oro- es el templo de su cuerpo
en el que está el Hijo del Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de 20th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.

Señor
en este mundo contaminado de pecado y radioactividad
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda
Que como toda empleadita de tienda soñó ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos
-el de nuestras propias vidas- y era un script absurdo.
Perdónala Señor y perdónanos a nosotros.
Por nuestra 20th Century
por esa Colosal Superior-Producción en la que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes,
para la tristeza de no ser santos se le recomendó el psicoanálisis.
Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje -insistiendo en maquillarse en cada escena-
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.

Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fué irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.

Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y apagan los reflectores!
y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el director se aleja con su libreto porque la escena ya fue tomada.
Y como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del duque y la duquesa de Windsor vistos en la salita del apartamento miserable.

La película termino sin el beso final
la hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan sólo la voz de un disco que le dice: WRON NUMBER
O como alguien querido por los gánster
alarga la mano a un teléfono desconectado.

Señor
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamo (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Angeles)
¡contesta Tú el teléfono!



Véase Arellano, Eduardo: Panorama de la literatura nicaragüense, Managua, 1982. Borenson, Paul: The Poetry of Ernesto Cardenal, Chapell Hill, 1977. García, Fernando: Ernesto Cardenal poeta de la liberación latinoamericana, Buenos Aires, 1975. Gonzalez, J.L.: Ernesto Cardenal, poeta, revolucionario, monje, Salamanca, 1978. Oviedo, José Miguel: Ernesto Cardenal, un místico comprometido, en Imagen, nº 35, Caracas, 1968.

Harold Alvarado Tenorio



XXI PREMIO REINA SOFÍA DE POESÍA IBEROAMERICANA.



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Escritor colombiano (Buga, Valle del Cauca, 1945). Doctor en letras por la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Dirigió el Departamento de Español y las Latin American and Spanish Writers Series del Marymount Manhattan College (Nueva York, EUA), así como el Comité de Redacción de la revista China Hoy (Beijing, China). Es profesor titular de la Cátedra de Literaturas de América Latina y director del Departamento de Literatura de la Universidad Nacional de Colombia. Dirige la editorial Arquitrave y la revista de poesía homónima. Ha publicado Summa del cuerpo (2002); Fragmentos y despojos (2002); Literaturas de América Latina (1995); Ensayos (1994); Poemas chinos de amor (1992); La poesía de T. S. Eliot (1988); Espejo de máscaras (1987); Una generación desencantada: los poetas colombianos de los años setentas (1985); Kavafis (1984) y Cinco poetas españoles de la Generación del Cincuenta (1980). Ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y el Internacional de Poesía Arcipreste de Hita. Su obra ha sido publicada en inglés, francés, italiano, griego, chino, alemán y portugués


Tomado de Letralia.


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 Actualizada el 20/08/2023