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lunes, 10 de noviembre de 2025

Eduardo Liendo: hay que ser medio masoquista para escribir cuentos



Eduardo Liendo. Fotografía: Oriana Lozada


Estimados Liponautas


Hoy tenemos el gusto de compartir una entrevista hecha por el portal Ficción breve al fallecido escritor venezolano Eduardo Liendo.


Esperamos disfruten de la lectura


Atentamente


La Gerencia.


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Eduardo Liendo: Los libros deben defenderse solos



6 de Febrero de 2013

 

 

 


Durante uno de esos primeros meses del 1998, Eduardo Liendo visitó La Victoria, ciudad del estado Aragua donde comenzamos a hacer Ficción Breve, para asistir a la entrega de premios de la bienal Ciudad de La Victoria, en la que él fue jurado. Él, un autor con una obra ya consolidada; nosotros, jóvenes y deslumbrados editores nacientes, que nos atrevimos a solicitarle una entrevista, a la cual accedió gustosamente. Fue la primera que hacíamos y la primera que publicamos en nuestro sitio. Con la intención de recuperar el material que hemos producido y recopilado a lo largo de nuestra historia, publicamos la primera de una serie de entrevistas realizadas desde 1999 hasta 2008, las cuales iremos revisando y publicando en este espacio.



En su novela Los platos del Diablo se presenta un interesante diálogo imaginario entre Oscar Wilde y Jean-Paul Sartre. Si Sartre representase a la literatura de «compromiso social» de los sesenta, y Wilde a la idea del «arte por el arte», más bien de los setenta, ¿Dónde estaría el punto de equilibrio de la función social de la literatura?


Yo, en la medida en que me aproximo más a una interpretación de lo que puede ser la escritura literaria, he llegado al convencimiento de que el primer deber del escritor es hacerlo lo mejor que le sea posible. Todo lo demás está dado por extensión. Hay escritores que le gusta establecer un compromiso social, y de hecho lo hacen, y otros que no; pero, en definitiva, lo importante es la obra. En una oportunidad le oí decir a Alejo Carpentier algo que me parece absolutamente cierto: «Es preferible una novela policial lograda a una epopeya fallida». Todo está en el resultado.


Usted tiene publicado un sólo libro de cuentos, mientras que ha editado cinco novelas ¿Por qué, a pesar de dominar la forma, trabaja tan poco el cuento?


Yo tengo la tentación de la novela, y sobre todo la tentación de la novela breve, aunque en alguna ocasión Augusto Monterroso dijo que el gran sueño de un escritor de textos breves es escribir una novela larga, pero creo que es el género que más me interesa. En cuanto al cuento, te confieso que implica un esfuerzo enorme para lograr unas poquitas páginas; hay que ser medio masoquista para escribir cuentos, porque el trabajo se multiplica y las páginas no rinden.

Antonia Palacios


¿Escribió minicuentos, entonces, para demostrar que puede escribir con rigurosa concisión?


Bueno, yo me precio de ser un escritor intenso en el sentido de que la síntesis se me da como algo normal, casi espontáneo; o sea, yo tengo que luchar contra mi propensión a ser demasiado sintético. Incluso, hay lectores que me exigen que escriba de una manera más abundante. Pero a lo mejor tienes razón, porque en el momento que yo escribí los cuentos de El Cocodrilo Rojo, era bastante más joven que ahora; creo que la mayoría se corresponden a la época en que yo visitaba al Taller Calicanto, en la casa de Antonia Palacios. Uno de los ejercicios literarios que se acostumbran en los talleres son los textos breves y brevísimos, e incorporé algunos de esos textos al libro.



Cuando se sienta a escribir, ¿Cómo y cuándo sabe que el material que tiene entre manos va a ser un cuento o una novela?


Yo siempre me siento con la esperanza de escribir una novela, lo que ocurre es que a veces se desinfla o desaparece del todo, y sólo queda como una ensoñación (que en los últimos meses me ocurre bastante). Por eso, ahora no me aventuro a decir que estoy escribiendo un determinado asunto hasta lograr un borrador, porque ya no confío en las primeras impresiones acerca de una historia. Pero tengo tiempo que no digo «voy a escribir un cuento». Va a llegar un momento en que lo haga, pero en este momento no, porque no estoy escribiendo para revistas, ni para suplementos literarios que es una vía. La otra vía (acumular un libro de cuentos) sería para mí algo maratónico; esperar a tener reunidos diez, doce cuentos, es una cosa de varios años. Creo que con más facilidad podría lograr en ese mismo lapso una novela breve.


¿A qué se debe que, a pesar de haber tenido un número importante de novelistas reconocidos en el pasado, ahora tengamos tan pocos?


Yo no creo que tengamos poco novelistas, lo que ocurre es que a este país le encantan los muertos; para incluir un nuevo creador a nuestro inventario de personalidades ilustres de la literatura, tenemos que tenerlo difunto. Pero yo creo que tenemos buenos novelistas, que están vivos y tienen una obra magnífica. Para citarte uno que vive en este estado: Orlando Chirinos es un excelente novelista, cuando se muera lo vamos a decir en letras mayúsculas.


Orlando Chirinos (Maracaibo, 11 de septiembre de 1944 - Valencia, 13 de junio de 2021)


¿Cuáles considera que son los más destacados de la Venezuela actual?


Bueno, hay muchos. Aunque yo me había prometido no hacer inventarios, porque es fastidioso. Yo respondo por mi propio trabajo narrativo. Pero no es autosuficiencia, ni mezquindad, lo que pasa es que no soy crítico de oficio. Yo creo que Venezuela tiene ahora una cantidad enorme de novelistas y cuentistas, la mayoría de ellos relativamente jóvenes. Y no hablemos de poetas, porque tenemos excelentes poetas. Venezuela siempre ha producido una enorme cantidad de poetas de alta calidad. Se puede apostar perfectamente a un buen momento de la literatura venezolana.


Hay quien piensa que una de las características del cine venezolano es la ausencia de buenos guiones. Pensando en eso, nuestra literatura puede ser una fuente útil para el cine ¿Cómo juzga el resultado de la cinta de Thaelman Urgelles: Los platos del diablo?



Los platos del diablo (1992)

3392 Visualizaciones desde el 23 abr 2015 hasta l fecha de publicación de esta entrada

https://m.youtube.com/watch?v=yqL2XNcakgM


Mira, ahí si no me gustaría opinar mucho, porque yo tengo una relación de gratitud esencial con Thaelman Urgelles, porque eso de que alguien se aventure a tomar un texto tuyo para realizar una versión cinematográfica, ya de por sí representa una suerte de homenaje o de reconocimiento, que no debería mal pagar con una crítica adversa a su resultado. Entonces, yo prefiero eximirme de ese criterio. A mí me parece que él hizo un interesante trabajo, y además tengo una gran estimación por los actores que participaron allí.


Como espectador, ¿le gustó la película?


Es un juicio que le dejo a los espectadores, porque me he encontrado con opiniones sobre la película de gente que sabe de cine y que tiene un juicio crítico y la ponderan muchísimo, les resulta una buena película. Fui invitado a verla en la Universidad de Colorado, en los Estados Unidos, con una gente que no es venezolana y no tiene prejuicios al respecto. Algunos veían sus limitaciones pero reconocían un trabajo interesante. Y como no eran amigos ni enemigos de Thaelman, era un juicio más o menos ponderado.

Thaelman Urgelles con el brazo extendido. Imagen tomada de aquí.


Ahora, tratando de ser objetivo, ¿Qué tanto se ajusta al espíritu de la novela la actuación de Mimí Lazo y Gustavo Rodríguez?


Mira, uno tiene que acostumbrarse a considerar que un texto literario es un texto literario, y una película es una película. Es una cosa diferente. En todo caso, es una versión, una recreación. Y el caso que tú me preguntas, por ejemplo, el personaje de Mimí, prácticamente no existe como tal en el libro, porque es una incorporación de algunos elementos que hacen Edilio Peña (el guionista) y Thaelman.


¿No siente terror de que su obra sea lectura obligada en el sistema de educación oficial venezolano? ¿No puede eso generar a futuro un rechazo de los lectores a su obra?


No, todo lo contrario; yo me siento un escritor muy afortunado de que la obra mía sea leída por cantidad de jóvenes en el bachillerato y en la universidad, y no creo que eso implique rechazo de la obra. Las obras deben defenderse solas. Los libros deben defenderse solos. Si mi libro es recomendado para ser utilizado por alumnos de un liceo, y les resulta a ellos una cosa sumamente latosa, es un riesgo del libro y algo que no se cumplió felizmente. Pero yo estoy seguro que si el libro tiene algún encanto, alguna calidad literaria que resulte atractiva, ellos van a ser sumamente receptivos y su respuesta va a ser generosa. Y la prueba es que en esta visita que yo estoy haciendo a La Victoria, muchos alumnos me expresaron con palabras generosas el gusto que habían tenido en leer esos libros, entonces no puedo decir lo contrario.



Plaza José Félix Ribas en La Victoria. Imagen tomada de aquí.



¿Por qué el nombre definitivo de El Cocodrilo Rojo para una obra que se conoció inicialmente como Lágrimas de Cocodrilo?


Mira, porque lo recogí como libro y el título de Lágrimas de cocodrilo para todo un libro no me gusta. Me resulta, además de manido, porque «lágrimas de cocodrilo» es una frase hecha, me resultaba algo como de un humor… que no me gusta; no voy a calificar ese tipo de humor, pero no me gusta. Me gusta que el humor mío permanezca dentro de un ámbito que podemos llamar el humorismo; o sea, algo un poco más sutil que la comicidad abierta completamente, como lo sugiere un título como lágrimas de cocodrilo. Pero lágrimas de cocodrilo tampoco fue el título original de ese cuento, el título original fue Esquizofrenia, y se editó por primera vez en la revista Hojas de Calicanto. Pero entonces el título de esquizofrenia vendía demasiado la anécdota, esa división allí entre cocodrilo y Ramón que se advierte en el conjunto del texto. Por eso modifiqué dos veces el título. Pero es un derecho que tiene un autor. De hecho, Julio Garmendia, Rómulo Gallegos y Borges le cambiaron a sus obras varias veces el título, e hicieron numerosas modificaciones en los mismos, y también lo hizo Ramos Sucre, con los textos que publicaba en la prensa. O sea, que uno no tiene que arrepentirse ni avergonzarse de esas cosas.


¿Cuál personaje lo identifica más: Perucho Contreras, Ricardo Azolar o Prudencio González?


No, yo soy Eduardo Liendo (risas). Los personajes son una derivación de nuestras ensoñaciones, de nuestras frustraciones, de nuestras percepciones; pero no somos exactamente esos personajes. Yo no soy Ricardo Azolar porque no he plagiado a nadie, no he matado a nadie; no soy Perucho Contreras porque no soy un oficinista enajenado, y no soy Prudencio porque no soy la sombra de nada. Soy simplemente un escritor que se llama Eduardo Liendo.


 

Primero se publicó El Cocodrilo Rojo, y luego vino Si yo fuera Pedro Infante. Relatos como «La venganza de Pepe el Toro» y «13» se encuentran presentes en la segunda obra ¿Qué fue primero: Los cuentos o la idea de la novela?


Mira, el cuento 13 es primero, lo que pasa es que (como decía Oswaldo Trejo) yo quería rendir mi novela; entonces tenía que meterle algunas cosas que la hicieran más gorda; y además ya tenía la historia de un burdel perfecta en 13, entonces dije: «¿Qué voy a hacer? No le voy a cambiar el número tampoco, no lo voy a convertir en 17», entonces la metí así como estaba. Ahora lo otro si es más interesante, porque yo había desechado el borrador de Si yo fuera Pedro Infante y dije: ¿Qué se puede salvar de aquí? se puede salvar el episodio de la pelea de Pepe el Toro, que por cierto no es la misma de la película, sino una imaginaria, porque es un recuerdo que tiene el personaje que no terminó de ver esa película, y después que había publicado el cuento, por varias razones que serían largas de enumerar aquí, rescaté otra vez el borrador de la novela que ya había desechado. Entonces dije: «Bueno, lo que ya publiqué como cuento también va en la novela», lo que considero también lícito.

Enrique Bernardo Núñez


Recuerdo una frase de Enrique Bernardo Nuñez que decía: «A veces me gustaría tener una segunda versión de la vida como los autores tienen la oportunidad de una segunda versión de sus obras». Eso es lo que hizo Walt Whitman con sus Hojas de Hierba; le dio para arriba y para abajo hasta que quedó un libro definitivo. Rómulo Gallegos escribió algo llamado La Coronela antes de escribir Doña Bárbara, que fue una versión más primitiva. García Márquez escribió una cosa llamada: La Casa Grande antes de escribir Cien Años de Soledad. Entonces, es bueno que él haya superado ese borrador de La Casa Grande y haya escrito Cien Años de Soledad. Es decir, esa es una soberanía que tiene un escritor, porque yo creo que una obra es infinitamente perfectible. Hay argumentos en contra y yo los conozco. Uno de los que opina en contra de esta posición es el doctor Uslar Pietri. Él dice que el escritor maduro no tiene por qué enmendarle la plana al escritor más joven. Esa fue una polémica pública que estableció él con Miguel Otero Silva cuando éste, muchos años más tarde, hizo modificaciones a Fiebre, una novela juvenil.


Para concluir: Una poética urgente del cuento según Liendo.


Yo privilegio algunos elementos, no solamente en el cuento si no en otras formas literarias. La intensidad es importante para mí, y la tensión, con lo cual no estoy descubriendo el agua tibia. Esa es una de las virtudes que consideraba Julio Cortázar que debía tener todo cuento. Otro gusto mío, pero ese es un gusto de lector, es la diafanidad, pero entiendo que eso no es generalizable; yo aprecio mucho la diafanidad, y considero que todo lo que obstaculice el discurso, desde el punto de vista de su capacidad comunicacional, es un estorbo para la literatura, con lo cual tampoco descubro el agua tibia, porque de alguna manera lo dijo Borges, que en una época fue ultraísta, su literatura estaba llena de metáforas, y después llegó a la mayor sencillez.


 




https://ficcionbreve.org/eduardo-liendo-los-libros-deben-defenderse-solos/


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jueves, 10 de julio de 2025

Eduardo Liendo: La ideología es una cárcel muy poderosa

 

Eduardo Liendo en tres tiempos


jueves, 14 de septiembre de 2017


EDUARDO LIENDO: Confesiones


Bienvenidos a “Confesiones”, la sección de entrevistas con los narradores latinoamericanos que he creado con la intención de que podamos conocer un poco más de la vida de nuestros escritores, esos que con sus libros nos han regalado momentos inolvidables y hacen de nuestra existencia un paseo un poquito más amable.


Inauguramos esta serie con una entrevista muy especial, que nos permitirá descubrir más sobre el gran y querido escritor venezolano Eduardo Liendo  (Caracas, 12 de enero de 1941-Caracas, 3 de julio de 2025).


Conocí a Eduardo Liendo dos veces: la primera, sucedió cuando mi esposo y yo nos encontrábamos tomando un café con otro gran y querido amigo escritor, Armando José Sequera, en un pequeño café en la terraza de la Biblioteca Nacional de Venezuela. Conversábamos y, de pronto, Armando nos pidió un momento para saludar a un conocido, y no fue poca nuestra sorpresa cuando regresó y dijo: “¿Quieren que les presente a Eduardo Liendo?”, a lo que respondimos levantándonos de nuestros asientos sin dudar. Esa vez cruzamos un saludo y pocas palabras. Nosotros volvimos a nuestra mesa, emocionados y divertidos con las ocurrencias de nuestro acompañante.


La segunda, la que podríamos decir que cuenta como el punto de partida oficial de nuestra historia con el autor del entrañable Mago de la cara de vidrio, ocurrió uno o dos años más tarde, gracias a una buena amiga que se desempeñaba como agente literaria de Liendo, quien nos invitó a participar de la reunión de un grupo de lectura que compartiría con él impresiones sobre dos de sus libros más recientes. Fuimos y, desde entonces, no sólo tuvimos el placer de compartir un poco más con el hombre que había dado vida a libros tan queridos por nosotros como El round del olvido o el mismo Mago..., sino que se estableció entre nosotros una empatía muy especial, que ha hecho que los encuentros continúen y que podamos sentirlo, no solamente como el escritor al que admiramos, sino como a un gran amigo al que queremos muchísimo.


Eduardo Liendo es, sin duda, uno de los escritores venezolanos más importantes del siglo XX –y de lo que va del XXI-, y sus libros son referencia obligada para varias generaciones de venezolanos, que han encontrado en sus páginas ternura, humor, crítica social y el retrato de una Venezuela que ha pasado por mucho y sigue dando la pelea por ser feliz. Conversar con él es divertirse y aprender al mismo tiempo, y leer sus libros es una experiencia que nadie debería perderse. En 2014, pocos meses después de conocernos, Eduardo me prohibió hablarle de usted, por eso esta entrevista fue hecha así, hablándole de tú.


Gracias, querido Maestro, por tus palabras, por formar parte de la celebración del primer año de este blog y, sobre todo, por siempre estar.



Adriana Rodríguez: Cuéntame sobre tu infancia: sabemos que naciste en Caracas y que viviste junto a tus padres y hermanos, ¿cómo describirías esos primeros años de vida?


Eduardo Liendo: La infancia siempre estuvo allí, pero silenciosa y discreta, sin aspirar a ningún protagonismo ni relevancia en mi vida de adulto. Y después de largo tiempo, en algún momento, me fui haciendo consciente de que quizás ha sido la parte más vital de mi existencia. Nunca fui más libre que cuando jugaba en el parque el Calvario, que era entonces todo un bosque lleno de sorpresas para mí; nunca fui más valiente que cuando recorría las calles del barrio El Silencio y Caño Amarillo sin temores, a pesar de que tenía ya conciencia del peligro; nunca fui más feliz que cuando entraba al cine solo en funciones de vermut o matiné; nunca fui más hermoso que ciertos días favorables en que descubría en el espejo a un rostro cautivador; en fin, nunca fui más soñador y enamorado que a los doce años, con el amor recién amanecido. Agradezco a mis padres y a la abuela Dionisia que a pesar de nuestra pobreza me brindaran la posibilidad de ser feliz entonces. Tanto, como nunca más lo fui de modo tan auténtico. Algún incidente amargo lo ha borrado el tiempo.

Barrio El Silencio


AR: ¿Te definirías como un niño lector?


EL: Creo que sería exagerado decir que fui un niño lector en un sentido riguroso y disciplinado, pero caí bajo el embrujo de los suplementos ilustrados, recuerdo mi fanatismo por la serie española El caballero del antifaz que perseguí con obstinación. Algunos pocos libros entre los cuales recuerdo haber disfrutado de Las aventuras de Tom Sawyer. Y ya en el liceo Luis Ezpelosín la afamada Doña Bárbara. Allí me sorprendió la adolescencia.



AR: ¿En qué profesión te veías cuando eras niño? ¿O te interesó más un oficio particular?


EL: He contado con cierto humor cáustico que una profesora de Castellano y Literatura, después de rendir un examen me dijo: “Liendo, tú tienes madera”. Pero sin aclararme madera para qué, quizás ella quiso indicarme madera para carpintero, el digno y muy útil oficio de José, pero yo quise entender que era madera para hacerme escritor y desde entonces ando con esa posible confusión a cuestas. En cuanto a un oficio ideal imaginado desde niño no lo recuerdo, nunca quise ser bombero, ni piloto, ni médico; mi aspiración era mucho más modesta y concreta: deseaba llegar a tener algún día un juego de futbolín o futbolito en casa, y algo más tarde el objeto de mi ambición era ser dueño de una mesa de billar. En cuanto a vocación literaria, se manifestó tempranamente pero luego la pasión política la mantuvo a raya durante años. Pero quizás la mayor de mis frustraciones es no haber sido cantante, para lo que creo haber sido dotado. Pero esa es otra historia y como dice con cierta pesadumbre el poeta Enrique Federico Amiel: “Todo lo que es debe manifestarse y lo que nunca se ha manifestado, no era nada”.

Enrique Federico Amiel


AR: ¿Qué fue primero: la escritura o la lectura?, y ¿Qué te apasiona más hoy en día?


EL: Escritura y lectura son complementarias, para mí no existe una sin la otra, llega un momento en que se escribe con todas las lecturas que se han hecho, incluso inconscientemente.


AR: Menciona cinco autores irrenunciables o, al menos, si no irrenunciables, sí elementales o importantes en tu vida personal o como escritor.


EL: Lecturas de gran intensidad realizadas en el destiempo de la prisión: Juan Cristóbal (Romain Rolland). El lobo estepario (Herman Hesse). Rojo y negro (Stendhal). Ana Karenina (León Tolstoi). Canto a mi mismo (Walt Whitman).


AR: ¿Hay algún género que, a la hora de leer, prefieras sobre los otros?


EL: En términos específicamente literarios y en un sentido general me alineo con la novela, por su capacidad de transformación formal y su plasticidad y avidez para nutrirse de los elementos característicos de los otros géneros. Pero, de mi parte, no corresponde a una postura dogmática, de hecho el género ensayístico me ha proporcionado muchas gratificaciones como lector, por ejemplo: El laberinto de la soledad. Octavio Paz. Confieso que he vivido. Pablo Neruda. El segundo sexo. Simone de Beauvoir. La verdad de las mentiras. Mario Vargas Llosa. El tiempo hendido: acercamiento a la vida y obra de Antonia Palacios. Roberto Martínez Bachrich.


AR: Además de narrativa, ¿hay algún otro género que te guste (o que te gustaría) escribir?


EL: Todos los géneros literarios me resultan tentadores, de hecho, he incursionado brevemente en el periodismo de opinión (Papel literario. Tal cual). Mantengo un libreto teatral inédito: Las máscaras de Prudencio. Publiqué un libro de reflexión En torno al oficio de escritor (Lugar Común 2014 -Bruguera 2016) y cometí un atrevimiento poético que data de los años 70 (El visitante que nunca llegó) -permanece inédito, pero aun no he tenido el ánimo suficiente para destruirlo.

Deyna Castellanos


AR: Muchos escritores son apasionados de otras cosas además de la literatura: algunos son fanáticos del béisbol (como Paul Auster), a otros les gusta el submarinismo, a Hemingway la caza. ¿Qué otras cosas te apasionan aparte de la literatura?


EL: Me gusta el beisbol, pero me he convertido en un espectador (televidente) oportunista que solo ve las series finales, todavía sigo en la prensa deportiva las hazañas de nuestros brillantes peloteros, a lo que se agregan triunfos extraordinarios de la Vinotinto Sub- 20 y el de nuestras muchachas futbolistas en la Sub-17 con su estrella goleadora Deyna Castellanos y más recientemente aun el de nuestra campeona mundial de salto triple Yulimar Rojas y el magnífico salto, casi vuelo con pértiga, de Robeilys Peinado para ganar una de bronce que es un diamante para el gentilicio. Ese gentilicio venezolano tan aboyado en nuestros días.


AR: ¿Hubo alguna persona o hecho que resultasen decisivos para tu vocación de escritor?


EL: Creo que mi vocación se fue gestando muy lentamente, desde el gusto y regusto por ciertas palabras nuevas en la niñez, hasta hoy cuando puedo decir con cierto desenfado que escribo porque no me queda más remedio.


AR: Cuéntame sobre tus influencias literarias, si las hay.


EL: Siempre he pensado e incluso escrito, que la originalidad no es otra cosa que una mezcla de múltiples influencias, algunas de ellas indirectas e inconscientes.


AR: ¿Cuál es el libro que más has disfrutado escribir, o que te ha proporcionado más elementos y experiencia para entender y dominar el oficio como escritor?


EL: Pienso, y he experimentado, que escribir un libro supone adentrarse en muy diferentes momentos emocionales donde el disfrute es quizás solo uno de ellos. También el autor puede sufrir desánimos, frustraciones, arrecheras, complacencias y otros sentimientos intensos en el transcurso de una narración. Sobre todo, si es una novela larga. Creo que el “disfrute “se manifestaría sobre todo al final si la obra parece lograda. En este sentido la novela que más disfruté fue cuando El mago de la cara de vidrio fue aceptada y publicada. Quería decir que podía hacerlo, que con esfuerzo sería escritor. Es el pequeño libro que me dio identidad de escritor, como una partida de nacimiento.



AR: ¿Cuál es el libro que más has disfrutado leer?


EL: Para mí ese libro fue Juan Cristóbal de Romain Rolland, que leí en medio de una larga huelga de hambre de presos políticos en la isla de Tacarigua, es una obra de más de mil páginas y logramos salvarla del vandalismo de los guardias , yo debía tener entonces 21 o 22 años. Lo leí bajo la fascinación de la maravillosa historia que me hizo olvidar los padecimientos del hambre durante muchos días. Cuando años después mi vida retornó a la normalidad, solicité la obra en una biblioteca pública. Leí unas cuantas páginas y comprendí que la magia no se repetiría de un modo tan intenso. Me quedé entonces con el recuerdo de aquella lectura tan insólita como un hermoso sueño. Y mi agradecimiento al magnífico autor de la misma.


AR: ¿Hay algún tema o tópico literario que te obsesione? ¿Por qué?


EL: Considerando mi trabajo literario retrospectivamente, puedo apreciar una recurrencia en el tema de la otredad y más específicamente en la presencia del doble. Ser uno y múltiple. Ser el otro.


AR: ¿En qué otra época de la historia de la humanidad te habría gustado vivir?


EL: Me hubiese gustado vivir en una sociedad más libre y más dispuesta a ser feliz. Pero ante el maravilloso hecho de vivir solo queda el estado de gratitud, por haber nacido y aun continuar existiendo, de modo que acepto “las cartas que me han sido dadas” y trataré de jugar con ellas la mejor partida posible. Ser de otro lugar y tiempo solo es factible en términos de imaginación. Es lo que hago en algunas de mis ficciones.


AR: Una palabra que te desagrade.


EL: Ciertas palabras soeces que prefiero no repetir y menos escribir.



AR: Una palabra que te guste mucho.


EL: Hay muchas, pero escribo con cierta frecuencia la palabra ensoñación. Sin duda, me gusta ensoñar.


AR: ¿Hay alguna frase que puedas recordar,, que consideres tu máxima o lema?


EL: Por lo que me iluminan en determinadas circunstancias:


1- “La casualidad cuenta mucho en nuestras vidas, porque vivimos por casualidad”. Séneca.


2- “En mi vida he padecido muchas catástrofes que nunca se produjeron”. Marck Twain.


3- Una, modestamente, de mi propia cosecha: “La ideología es una cárcel muy poderosa”. E. L.


AR: Cuéntame si tienes un ritual de escritura, o cómo es la rutina cuando estás en el proceso de creación de un libro.


EL: He dedicado unas cuantas horas a investigar el tema del oficio del escritor, y sin considerarme un experto en el asunto he sistematizado lo fundamental de mi experiencia al respecto en un breve libro titulado En torno al oficio de escritor (Editorial Lugar Común 2014- Ediciones B Bruguera 2016).


AR: ¿Hay algún sueño literario que todavía no se haya cumplido?


EL: Escribir una gran novela. ¿Podré lograrlo? La ilusión es quizás lo último que se pierde.

Enrique Bernardo Núñez


AR: ¿Cómo te gustaría ser recordado por tus lectores?


EL: Decía el magnífico escritor venezolano Enrique Bernardo Núñez que” la mejor biografía es la propia obra y el mayor homenaje que podemos rendir a un escritor es leerlo”. Humildemente, y sin ninguna pretensión, me acojo a este veredicto del tiempo.


AR: ¿A qué le teme Eduardo Liendo?


EL: Tengo algunos temores, varios independientes de mi voluntad, pero hago lo posible por no dejarme dominar por ellos. Creo que ese es el fundamento de todo valor.


AR: Si tuvieras que vivir el destino de algún personaje literario (tuyo o de otro autor), ¿cuál escogerías? ¿Por qué?


EL: Quizás el escape fantástico de Temístocles Peralta, el hombre mosca, al final de mi novela Las kuitas del hombre mosca. Una prueba de que la imaginación no puede ser encarcelada.




https://leamoscuentosycronicas.blogspot.com/2017/09/eduardo-liendo-confesiones.html






Eduardo Liendo (Versión Original) por César Cortez Rivas
559 visualizaciones  25 dic 2019