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domingo, 14 de noviembre de 2010

Adios Mister Marshall, fallece Luis García Berlanga

Ayer, 13 de Noviembre falleció el cineasta español Luis García Berlanga. Este blog se une al luto que embarga al cine y reproduce esta nota en homenaje al realizador. De seguro todas las taquillas de los cines celestiales estarán abiertas para el, con pancartas que dirán "Bienvenido Mr Berlanga". Uno de los grandes ha muerto, larga vida al cine.


Tenía 89 años y dirigió obras maestras como Bienvenido Mister Marshall, El verdugo, Plácido, La vaquilla o La escopeta nacional, entre otras.


Luis García Berlanga ha fallecido este sábado a los 89 años, tras una larga enfermedad que lo retuvo en una silla de ruedas los últimos años. Se ha ido el gran director del cine español, maestro de talento descomunal, cómico y pesimista lúcido.

Según un portavoz de la familia, García Berlanga ha fallecido "de mayor" y "tranquilamente", y la capilla ardiente con sus restos mortales se instalará en la próximas horas en la Academia de Cine.

Retrató como nadie una España marcada por las diferencias sociales, la hipocresía, amarga y absurda, y lo hizo con naturalidad asombrosa, ternura, y con un ojo crítico aplastante. Bienvenido Mister Marshall, El verdugo, Plácido, más tarde La vaquilla, La escopeta nacional... cualquiera de sus películas, sobre todo las de la etapa que compartió con el guionista Rafael Azcona en los sesenta y setenta, son cumbres de la historia del cine español. Su obra tiene el peso y la cohesión de un autor que construyó un universo propio: el mundo ‘berlanguiano', que es coral y humanista, satírico y negro. Su cine, que mantuvo el tipo en su baile de despiste con la censura, constituye un ejemplo de subversión al que quizás sólo Buñuel, y de manera muy distinta, es comparable.

Cine popular. Eso hizo Berlanga durante cinco décadas de oficio, que empezaron en 1951 al dirigir junto a Juan Antonio Bardem Esa extraña pareja y que acabó con París Tombuctú en 1999. Entre una y otra median curas, gente humilde, familias ricachonas, pícaros, señoras y señoritas, guardias civiles, maquis, taxistas, algún burgués... toda una tropa de personajes que intentan ser felices, pero que son en esencia muñecos movidos por los hilos siniestros y absurdos del poder. "Me he pasado toda la vida intentando dar a la gente sencilla algo que les ayudara a pasar un rato agradable, a hacerles sentir mejor en su piel, durante unas horas: he hecho películas", dijo.

Nacido en Valencia, el 12 de junio de 1921, en una familia acomodada, su padre fue Gobernador de Valencia durante la República. Para evitar represalias contra él, se alistó en la División Azul. Cursó estudios de Derecho y Filosofía y Letras, aunque los abandonó para ingresar en 1947 en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid, donde más tarde sería profesor. Allí hizo amistad con Juan Antonio Bardem con quien debutó en la dirección y que lo acompañaría, junto a Miguel Mihura, en el guión de Bienvenido Mister Marshall, su primera película en solitario y un filme que ha pasado a formar parte del imaginario colectivo.

Todos conocen su argumento y la metáfora de aquella gran farsa: un pueblo castellano se ponía la peineta y entonaba el andaluz olé para, a golpe de folklore, sacarle los cuartos a los americanos del Plan Marshall, que acababan pasando de largo como si nada. Berlanga presentaba su primer filme en Cannes, aclamado por la crítica pero criticado por EE.UU. Allí ya estaba el antagonista de toda su carrera: el censor, que estuvo haciendo cirugía con sus películas hasta la muerte de Franco.

Su talante de independiente e irreverente lo llevó a mantener una lucha sin cuartel con los ministros de la tijera, pero también con la moral recalcitrante, hipócrita y retrógrada del franquismo. Sucedió en El verdugo (1964), obra cumbre de su cine, y uno de los ejemplos del Berlanga más negro y esperpéntico, que había empezado a colaborar con el guionista Rafael Azcona en 1961 en Plácido, candidata al Oscar a la mejor película extranjera. El alegato feroz contra la pena de muerte de El verdugo fue al Festival de Venecia bajo los alaridos del gobierno de Franco.