El papiro más antiguo del Evangelio de Marcos no era tan antiguo
Foto: Sociedad de Exploración Egipcia (Egypt Exploration Society). Imagen tomada de Revista Hechos y Crónicas.
Tras seis años de intriga, la Egypt Exploration Society da a conocer el fragmento manuscrito: es de finales del siglo II o principios del III y no del siglo I como se anunció en 2012
Tras seis años de intriga, por fin se ha dado a conocer el papiro del que se llegó a decir que era el más antiguo del Nuevo Testamento jamás encontrado y que habría sido escrito cuando todavía vivían algunos de los personajes bíblicos. El pequeño fragmento del Evangelio de Marcos acaba de ser publicado en Oxford y sus editores Dirk Obbink y Daniela Colomo lo datan a finales del siglo II o principios del III. El papiro, publicado con el número 5345 en el volumen 83 de la colección de Oxirrinco, propiedad de la Egypt Exploration Society, no es del siglo I como algunos llegaron a sostener hace unos años, pero sí que es posiblemente el más antiguo fragmento de Marcos que se ha encontrado hasta ahora.
«Después de una comparación rigurosa con otros textos fechados objetivamente, la caligrafía de este papiro es atribuida a finales del siglo II o principios del III d.C», informó la prestigiosa sociedad en su sitio web el pasado 24 de mayo.
Los dos lados de este pequeño fragmento de apenas 4,5 x 4 cm «contienen los vestigios de un pasaje» evangélico, según la institución. En cada cara del fragmento se lee la parte central de cinco líneas de texto correspondientes a los versículos 7-9 y 16-18 del capítulo 1 del evangelio de Marcos.
Hasta el momento, el texto más antiguo conservado en papiro de este evangelista era el contenido en un códice de los cuatro evangelios conocido como P45, datado en la primera mitad del siglo III. «El papiro recién publicado podría ser anterior o al menos contemporáneo de éste», destaca Juan Chapa, decano de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y experto en papirología.
La particularidad de este fragmento es que recoge una parte de texto que no estaba atestiguada por el P45, de modo que ofrece el testimonio más antiguo de ese pasaje, según resalta Chapa. El único detalle que el experto destaca de estas líneas es la omisión de la palabra «Jesús» en el versículo 17, «quizá por un error del escriba».
«En todo caso, constituye un testimonio muy importante del uso de este evangelio tan poco atestiguado», añade.
Apenas han llegado a nuestros días papiros con el texto de Marcos porque el contenido de su evangelio fue recogido por Mateo en el suyo. Este último, conocido como el «Evangelio eclesiástico», es el mejor atestiguado de los papiros del Nuevo Testamento, junto con el evangelio de Juan.
El enigma se aclara
La publicación de este pequeño fragmento era esperada con avidez por los estudiosos del Evangelio. Se venía hablando de él desde que en 2012 se anunció que podría ser del siglo I, lo que lo habría convertido en el más antiguo encontrado del Nuevo Testamento.
Unas afirmaciones de Craig Evans a Live Science en 2015, en las que se refirió a este papiro descubierto entre el material empleado posteriormente en la máscara de una momia egipcia, llevaron el asunto hasta los medios de comunicación, suscitando cierto revuelo.
Pese a ser posterior a lo anunciado, el profesor de Orígenes Cristianos en la Universidad Batista de Houston ha subrayado la importancia de este fragmento. «Mucho se habló sobre el antiguo fragmento del Evangelio de Marcos que finalmente se ha publicado como P.Oxy. 5345 por la Egypt Exploration Society, que data de finales del siglo II o inicios del siglo III. Si es así, entonces es el manuscrito más antiguo de Marcos hasta ahora identificado y publicado», ha escrito Evans en su Twitter.
*SEMARVE (Sociedad para el Estudio de las Manifestaciones Rupestres de Venezuela).
Hace la convocatoria a la *Mesa de Trabajo Sobre Valoración del Arte Rupestre del Área Occidental de la Laguna de Tacarigua*, con el fin de articular un equipo multidisciplinario ejecutor, supervisor, generador de las garantías de las líneas de acción establecidas para la Conservación Preventiva del Arte Rupestre y aquellas que se sumen a partir de las distintas propuestas que se expongan para desarrollar un trabajo articulado, con proyección en el tiempo y se promueva el establecimiento de una *"Mesa Técnica de Protección del Patrimonio Histórico-Cultural y Arqueológico"*.
La convocatoria es abierta y en especial a los amantes del Arte Rupestre en forma de Petroglifos (Investigadores, científicos, artistas plásticos y especialistas, así como Comunidades y vecinos, grupos ecológicos, campistas, ciclistas, senderistas, organizaciones culturales y/o comunitarias, grupos de motocross, prestadores de servicios, todos quienes admiran este tipo de manifestaciones aborígenes) a participar de esta iniciativa que persigue la *Conservación Preventiva del Arte Rupestre como Patrimonio Histórico Cultural*, en la misma se abordará lo relativo a:
*1.- Valoración e Importancia del Arte Rupestre Tacarigüense*.
*2.- Diagnóstico participativo sobre la situación de los sitios de yacimientos arqueológicos con arte rupestre en Carabobo*, caso especial los ubicados en la zona de la cordillera de la costa: Bárbula, La Cumaca, Tronconero y Vigirima.
*3.- Medidas de Conservación Preventiva del Arte Rupestre*, recomendaciones de expertos: científicos e investigadores.
*4.- Anuncio y discusión sobre la redacción del _"Código de buenas prácticas de uso de los espacios con yacimiento de patrimonio arqueológico con arte rupestre_*.
*5.- Discusión sobre la creación de la _"Mesa Técnica para la Protección del Patrimonio Histórico-Cultural y Arqueológico"_ con especial hincapié al Área Occidental del Paisaje con Arte Rupestre Tacarigüense*
Ésta tendrá lugar el próximo *domingo 30 de enero, a las 9:00am en la Escuela "La Josefina" de la comunidad de La Cumaca, municipio San Diego del estado Carabobo*.
Esperando que en la conformación de esta Mesa de Trabajo Multidisciplinaria, quien tenga algún aporte, inquietud, planteamiento o solicitud de aclaración de dudas, pueda hacerlo y expresarlo con el fin de alimentar y promover las buenas conductas y acciones.
Así, invitamos a todos a ser portavoces de la realización de esta actividad técnica a favor del *PATRIMONIO DE TODOS LOS VENEZOLANOS*.
Cuatro de los pilares descubiertos en el yacimiento arqueológico de
Göbekli Tepe (Turquía).
(DAI ORIENT-ABTEILUNG)
MATTHIAS SCHULZ
10 JUN 2006
Los arqueólogos han encontrado indicios de que el relato bíblico
está basado en leyendas con un trasfondo real.
Geólogos y expertos climáticos creen que el paraíso era un lugar
real y que el Antiguo Testamento contiene la guía que nos lleva
hasta él.
En su libro ’Legend’, el investigador británico David Rohl sitúa el
jardín de las delicias de Adán y Eva en el norte de Irán, cerca del
lago Urmía.
En una colina pelada en Urfa se apiñaban varios templos en la cumbre;
se han calificado como ejemplar único con la energía de un
Stonehenge.
Las investigaciones abren nuevas perspectivas sobre la historia
bíblica de la Creación, tantas veces alabada por su claridad,
profundidad y belleza.
Los arqueólogos han descubierto en el este de Turquía vestigios de
una "era dorada" de la Edad de Piedra de 11.000 años de antigüedad.
Cazadores de gacelas erigieron allí inmensos templos dedicados a las
serpientes y vivieron como en el jardín del Edén. Los expertos
sospechan que Adán existió realmente y que en la parábola del pecado
original hay un fondo de verdad.
"Y el Señor plantó un jardín en Edén, mirando al Este, y puso al
hombre dentro".
Así de inocentemente comenzó la historia. Con Adán y
Eva apaciblemente sentados en medio de un parque, rodeados de
árboles "de aspecto seductor". Es el principio de todos los tiempos.
La historia de la Creación ha
tenido una repercusión inmensa; es uno
de los textos esenciales de la cristiandad. Los celtas tuvieron
Avalon, el jardín de los manzanos; los griegos, la isla de los
bienaventurados. Pero sólo en el Edén se llegaron a enredar
pecaminosamente el sexo y el espíritu. El texto de la parábola del
paraíso no ocupa más de 50 líneas en la Biblia. Pero, ¿qué significa
realmente?
Recientemente se ha abierto un sorprendente debate en torno a este
tema. Geólogos y expertos climáticos, que no son proclives a dejarse
impresionar por el carácter revelado del "documento divino", creen
que el paraíso tiene coordenadas, que era un lugar real y que el
Antiguo Testamento contiene la guía que nos lleva hasta él. Sobre
todo, los investigadores del Neolítico (del 12000 al 4000 antes de
Cristo) sospechan que la narración del primer libro de Moisés (Génesis)
tiene un fundamento real.
Más fascinante aún es la hipótesis del investigador británico David Rohl. En su éxito de ventas
Legend [todavía no ha salido la edición
española], sitúa el jardín de las delicias de Adán en el norte de
Irán, cerca del lago Urmía.
Rohl basa su búsqueda en los capítulos segundo y tercero del Génesis,
que hablan del jardín del Edén casi como si fuera un destino
vacacional terrenal. Se mencionan puntos cardinales, así como
regiones colindantes. Cuatro ríos nacen en el paraíso. Dos de ellos
son el Éufrates y el Tigris, así que el curso de ambos delimita el
pasillo geográfico donde Rohl lleva a cabo su búsqueda.
Y parece que está siguiendo una pista de lo más prometedora:
precisamente en el curso superior del Éufrates y el Tigris, allí
donde según la Biblia Adán trilló por primera vez el grano de su
cosecha, es donde se ha estipulado que tuvo origen la agricultura.
Fue en la región suavemente empinada que precede a las cordilleras
de Tauro y Zagros, en la zona fronteriza entre Irán, Irak y Turquía,
donde tuvo lugar esta revolución cultural hace unos 11.000 años. El
Homo sapiens, hasta entonces nómada y cazador, dejó a un lado las
armas de caza.
El primer granero
Los biólogos del Instituto Max Planck para la Investigación de
Cultivos de Colonia (Alemania) han localizado el lugar exacto donde
dio comienzo esta transformación y, por tanto, donde estuvo
emplazado el primer granero de la humanidad. Han comparado la
genética de 68 tipos de escanda moderna y han logrado retrotraerlos
a una planta originaria común.
Este vegetal silvestre crece todavía en las laderas del volcán
apagado de Karacadag (ver el mapa
abajo). Si Adán fue realmente el primero
en comer platos cocinados con harina, tuvo que hacerlo en este lugar.
Pero la historia del pecado original también coincide en los
detalles con los hechos reales. Excavaciones en Siria y en Turquía
muestran los pasos que siguió el proceso de sedentarización:
- En torno al año 10000 antes de Cristo, los pueblos cazadores de la
media luna fértil todavía vivían en medio de una naturaleza
exuberante. Por todas partes crecía abundante hierba y había
inmensos rebaños de animales.
- Alrededor de 7500 antes de Cristo, las reservas de caza se
agotaron. Sólo entonces, obligados por el hambre, los hombres se
agruparon en pueblos y dio comienzo la ímproba tarea del cultivo de
la tierra.
Los comienzos de la cría de animales también fueron difíciles. Si
bien es cierto que resultaba muy fácil capturar ovejas y cabras,
estos animales salvajes sufrían una verdadera conmoción como
consecuencia de la vida en cautividad. Casi todos quedaban estériles.
La comparación de los esqueletos de los cazadores de la Edad de
Piedra con los de los primeros campesinos arroja los siguientes
resultados:
- Los primeros granjeros trabajaban más duro, padecían enfermedades
con más frecuencia y morían antes.
- Los campesinos del pueblo primigenio de
Nevali Çori (en torno a
8500 antes de Cristo) atestiguan las fatigas que trajo consigo esta
nueva forma de vida. Su esmalte dental era muy malo y tenían
flatulencias. Porque comían, sobre todo, guisantes y lentejas.
En comparación, ¡qué bella había sido la antigua vida de cazadores!
Libre, sin ataduras y repleta de aventuras. En aquel entonces las
gacelas y los asnos salvajes recorrían la verde campiña de la alta
Mesopotamia.
"Eran rebaños de 100.000 cabezas o más", explica el paleozoólogo
Joris Peters.
Cuando estas inmensas manadas cruzaban los vados poco profundos del
Éufrates, las hordas de la Edad de Piedra se preparaban para librar
la gran batalla. Los últimos hallazgos demuestran que en el año
12000 antes de Cristo los nómadas ya erigían asentamientos
permanentes (eran depósitos para guardar carne que secaban y salaban
allí).
Una vida paradisíaca
Pero en el montañoso norte de Mesopotamia, la cuna de los cereales,
allí donde está ubicada también la franja de terreno donde busca
Rohl, se han hecho todavía más descubrimientos. Esta zona alberga el
templo más antiguo del mundo. Se trata de maravillosas
construcciones megalíticas y vestigios de una "era dorada" de la
Edad de Piedra, prácticamente desconocida hasta ahora.
El lugar que despierta mayor asombro es una colina pelada cercana a
Urfa. Antaño se apiñaban en su cumbre varios templos. Se han
desenterrado cuatro y se han detectado otros 16. Han salido a la luz
una serie de pilares de piedra decorados con arañas, leones y
ciempiés. Entre los escombros se divisa la estatua de un jabalí y
una cabeza humana de gran tamaño.
El director de las excavaciones del monumental Göbekli Tepe (Monte
Ombligo), Klaus Schmidt, califica este conjunto de "ejemplar único"
con la "energía arquitectónica de un Stonehenge". El pilar más
pesado, de 50 toneladas, está en una cantera cercana.
Schmidt cree que este lugar alcanzará pronto fama mundial. Porque lo
asombroso es su antigüedad: este recinto sagrado fue erigido hace
unos 11.000 años por cazadores y recolectores. Es un lugar
primigenio, como el paraíso.
"Hasta ahora se pensaba que los únicos que habían construido templos
y asentamientos permanentes habían sido los campesinos sedentarios",
explica el experto.
Pero es que además hicieron falta de 300 a 500
canteros para levantar este tétrico Vaticano.
Los trabajadores arrancaron de la roca estelas y postes totémicos.
En este lugar vivían los sacerdotes. En los templos circulares
ardían fogatas. En la época en que aquí se celebraban cultos
sacrificiales, aún no había un solo pueblo campesino en todo el
planeta Tierra.
Schmidt presenta en un libro detalles sobre la misteriosa cultura
del pueblo cazador de Göbekli Tepe. Aquello era el país de Jauja y
sus gentes bien podrían haber sido los padrinos de Adán y Eva.
En torno al 9000 antes de Cristo, cuando surgió este santuario, por
fin volvían a soplar vientos templados en Eurasia después de más de
100.000 años de era glacial. Se anunciaba el deshielo. En la alta
Mesopotamia todo germinaba y grandes áreas del paisaje comenzaban a
florecer.
El pueblo de Göbekli cazaba sobre todo gacelas; bien organizados en
grupos de cientos de personas, encauzaban rebaños enteros hacia los
vados del Éufrates o hacia trampas en forma de V de kilómetros de
largo. De este modo se apoderaban de una sola vez de toneladas de
carne y pieles. Al mismo tiempo, estos ingeniosos cazadores
inventaron el primer muesli energético.
Bajo la beneficiosa
influencia del clima suave posterior a la era glacial, crecieron en
esta zona grandes campos de cereales silvestres. Expertos en el
"control extenso del paisaje", en palabras de Schmidt, estos
cazadores se limitaron a cerrar el paso a los prados de grano y a
protegerlos de los "bocados de los animales".
Después sólo tenían que recoger la cosecha. Así que este pueblo de
la Edad de Piedra conseguía sin mucho esfuerzo el cereal.
Esta tierra de la dicha neolítica muestra un parecido asombroso con
la patria de Adán y Eva. Es verdad que los poetas y pintores gustan
de interpretar el Paraíso Terrenal como una selva virgen de
naturaleza salvaje en la que los primeros seres humanos se limitaban
a holgazanear. Pero lo cierto es que en el parque divino también se
trabajaba, aunque eso sí, relajadamente. En el Génesis 2:15 se dice
literalmente que Adán recibió el encargo de "cultivar y conservar"
el Edén. Tenía que cuidar de los árboles y las plantas, como los
pioneros del cultivo del cereal de Göbekli Tepe.
¿Resuena aquí un eco de tiempos pasados? ¿No será la parábola de la
Biblia una noticia difusa procedente de la "era dorada" de la Edad
de Piedra? Lo más desconcertante de todo es una plaquita de
esteatita que se ha hallado entre los guijarros de este santuario
montano. Mide unos cuatro centímetros de alto y tiene pinta de ser
una placa identificativa. Lleva grabados dos símbolos: un árbol y
una serpiente.
Pero hay más paralelismos todavía. En la búsqueda del jardín del
Edén muchas de las pistas apuntan a la alta Mesopotamia:
- En el paraíso de la Biblia burbujean fuentes de agua; en la
cordillera de Tauro nacen más de una docena de ríos.
- Según Ezequiel 28:14, el jardín del Edén estaba emplazado en un
monte sagrado, como el Göbekli Tepe.
- La gruta del nacimiento de Abraham se encuentra en la ciudad de
Urfa, apenas a dos kilómetros de distancia de este monte sacro
prehistórico.
Cada vez se tienen más indicios de que el paisaje en torno a
Urfa
era un centro religioso "con gran peso mitológico" (Schmidt), un
epicentro del desarrollo de la civilización. Ya en la fase
precerámica del Neolítico se veneraba la gruta de Abraham como
fuente sagrada. Allí ha aparecido la estatua de gran tamaño más antigua del mundo. Mide casi dos metros de alto y procede
probablemente del décimo milenio antes de Cristo. (click
imagen abajo)
Un planteamiento como éste, por osado que pueda parecer, abre una
nueva perspectiva sobre el que probablemente sea el fragmento más
influyente del Antiguo Testamento, tantas veces alabado por su
claridad, profundidad y belleza.
"Entonces el Señor Dios modeló al
hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz aliento de vida...",
nos cuenta el narrador.
Este proceso mágico presenta claras
analogías con el modelado de la arcilla. En Nevali Çori, a tan sólo
50 kilómetros de Göbekli Tepe, han aparecido por vez primera un gran
número de figuras de arcilla cuyo origen se remonta en torno a 8500
antes de Cristo.
Hubo que esperar al siglo XIX para pasar página. En aquel entonces
los primeros arqueólogos se adentraron con ímpetu en Mesopotamia y
se toparon con vestigios de una brillante cultura antigua. En las
ruinas de Babilonia, Nínive y Asur, las primeras capitales de
Oriente, se descubrieron las verdaderas raíces de la Biblia.
Los arqueólogos sacaron a la luz minotauros de piedra, los Karibu.
Aparecían representados en placas como guardianes del Árbol de la
Vida, como los querubines de la Biblia. Incluso se encontró un ángel
primigenio. Se trata de un hombrecillo barbudo con cuatro alas que
llama la atención en un sello cilíndrico de 3.500 años de antigüedad.
Estos descubrimientos conmocionaron a muchos cristianos. El Antiguo
Testamento había perdido su carácter de texto revelado. Ya no era la
palabra divina que desciende entre nubes, como expuso el asiriólogo
Friedrich Delitzsch en una conferencia en el año 1902. Moisés había
sido más bien un "diligente copista".
Los pioneros del Génesis
Incluso los modelos de Adán y Eva parecen emerger de las ruinas de
Oriente. Un sello de rollo de 4.000 años de antigüedad (que se
encuentra en el Museo Británico de Londres) muestra dos personas
sentadas junto al Árbol de la Vida de siete ramas. Detrás de la
mujer se enrosca una serpiente. Según Delitzsch, estamos ante los
dos pioneros del Génesis.
Aunque hoy en día sabemos que el "sello de Adán y Eva" representa a
una pareja de héroes, existen, no obstante, claros indicios que
apuntan a que la leyenda de la primera pareja de seres humanos
también procede de Oriente.
Hoy en día los científicos saben que en torno a 4000 antes de Cristo
surgieron las primeras ciudades en el curso inferior del Éufrates.
Hubo más de 20 grandes asentamientos, habitados por reyes,
sacerdotes y astrónomos que hacían el catastro del cielo desde lo
alto de enorme torres escalonadas. Aquí se inventó la cerveza, la
escritura, la rueda y el primer laxante.
Y de nuevo aparece en primer plano el peculiar Göbekli Tepe, esa
inmensa y polvorienta colina de los dioses, sede de una religión aún
no descifrada. Sólo se ha excavado el 5% de este santuario. Schmidt
comenzará la próxima campaña en septiembre. Antes es imposible, hace
demasiado calor. Cuando se visitan hoy las cumbres peladas de las
montañas del sureste de Turquía resulta difícil creer que allí
hubiera alguna vez bosques ribereños y pistachos. Pero así es.
Los
cazadores de Göbekli Tepe habitaron hace 11.000 años un suave
paisaje cubierto de pastizales, semejante a un jardín. La tala de
árboles y la sobrecarga del suelo que trajo consigo la agricultura
transformó este terreno en un infierno polvoriento y desolador.
Uruk, la ciudad más grande del planeta en 3000 antes de
Cristo
Los judíos mantuvieron relaciones con estas bullentes metrópolis
primigenias. Aquí vivió Abraham antes de marchar a la tierra
prometida. La tribu israelita de Benjamín estuvo asentada largo
tiempo en el curso superior del Éufrates.
En aquel entonces, las coplas callejeras y las leyendas resonaban en
las estrechas callejuelas de las ciudades de adobe mesopotámicas.
Muchos de sus relatos eran informes sobre acontecimientos reales.Gilgamés existió en realidad, al igual que Enmerkar, otro héroe.
Pero los sumerios también cantaban una y otra vez a su antigua
patria. No está del todo claro cuál es el origen de este pueblo
fundador. Pero de lo que no cabe duda es de que estas gentes habían
llegado desde el montañoso Norte. Procedían de la antigua cuna de la
agricultura.
Y también mantenían contactos comerciales con aquel mundo montañoso.
Se sabe que hacia el 3000 antes de Cristo, los primeros señores de
la que fuera la mayor ciudad del planeta, Uruk, enviaban caravanas
de burros cargados de alimentos en dirección a Zagros. A cambio
recibían metales y piedras preciosas.
Todo el que se adentraba detrás de las siete montañas, tal y como
refieren los textos de escritura cuneiforme, llegaba a un país de
verdes valles que se iba encaramando hacia cumbres cada vez más
puntiagudas. El nevado monteArarat ya era considerado trono de los
dioses en la Edad de Piedra.
También es muy probable que la leyenda del diluvio esté basada en
una catástrofe natural real que se desencadenó donde el Éufrates
serpentea a través de estrechas gargantas de roca y cañones.
Los neandertales cantaban ópera, sostiene el arqueólogo inglés Steven Mithen, creador de la teoría de la musicalidad como forma de comunicación prelingüística entre aquellos antiguos pobladores. Aunque es autor del libro “The singing neanderthals”, el autor prefiere pensar que “la musicalidad de los neandertales se podría identificar más con la ópera que con el ‘rap’, pues además de música, aquellos homínidos también utilizan la danza y el lenguaje corporal como forma de comunicación”.
En una entrevista concedida a Efe, Mithen señaló que “el ‘rap’ está asociado a un tipo particular de música basado en las palabras y en las frases, algo de lo que carecían los neandertales”.Mithen, que abrió hoy en el centro de exposiciones CosmoCaixa un ciclo de conferencias sobre “La música y su impacto en el cuerpo y la mente”, organizado conjuntamente con el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), precisó que “los neandertales no adoptaban una posición hierática en su canto”. Además, concedió que la mímica era también importante, e incluso “gran parte de los sonidos guturales que emitían trataban de imitar sonidos naturales de animales, el viento, los ríos”.La esencia de su teoría es que, “antes de la aparición del lenguaje compositivo, formado por palabras y reglas gramaticales, ya existían en los neandertales una forma de comunicación prelingüística basada en las variaciones del tono, el ritmo, el lenguaje corporal y el timbre de sus voces”. Desarrollaron esa forma primigenia de comunicación a partir de sus ancestros, “una musicalidad que se puede seguir en la evolución humana que nos remite a los primeros seres humanos, hace dos millones de años, de los que también evolucionamos nosotros, los ‘homo sapiens’, con nuestras propias capacidades musicales”.Este tronco común explicaría, a su juicio, nuestras respuestas emocionales actuales a la música. Los seres humanos, recordó Mithen, evolucionamos hace 100.000 años en África hasta que creamos una nueva forma de comunicación, el lenguaje hablado, pero aquellos individuos modernos se dispersaron hace 50.000 años hacia Oriente Medio, Asia y Europa, donde se encontraron con los neandertales, que todavía se comunicaban con esta antigua forma musical.
“Los seres humanos modernos utilizaban el lenguaje, que era una forma más eficaz de comunicación, y también podían inventar una mejor tecnología, mientras que los neandertales fueron gradualmente empujados hacia su propia extinción”, apuntó el investigador de la Universidad de Reading. Aunque los neandertales están extintos, “todavía encontramos trazas de su antigua musicalidad en nosotros mismos” e incluso “en muchos países tradicionales se observa un vínculo más claro entre la música y el lenguaje hablado de lo que hay en Occidente”. Opinó Mithen que “parte del canto de los neandertales podría ser comparado con los lenguajes tonales actuales, en los que el cambio de altura de la nota implica un cambio en el sentido de la palabra”. Admitió el investigador que hablar de música para un arqueólogo es un gran desafío, pues “el registro arqueológico es totalmente silencioso”, pero sí se puede analizar su anatomía: “Si el neandertal no tenía lenguaje hablado, debía utilizar su gran volumen cerebral para hacer alguna cosa y debían tener algún tipo de comunicación”. La importancia de la música ha llegado hasta nuestros días y “muchas veces sin saber por qué”, subrayó Mithen, quien añadió: “La música sirve para crear un sentido de identidad y pertenencia al grupo, sea a través de un himno nacional, el himno de un club o los grupos religiosos que cantan en corales en la iglesia”.”Somos los herederos privilegiados de una época de la edad de piedra en que la música era vital”, resumió el científico británico.A pesar de que los arqueólogos no han encontrado instrumentos musicales fabricados por los neandertales, Mithen piensa que tenían capacidad intelectual para crearlos a partir de objetos naturales como conchas, palitos o incluso piedras, pero “los instrumentos musicales más importantes que tenían eran sus robustos cuerpos”.
La musicalidad que los “homo sapiens” desarrollaron en las cuevas con pinturas rupestres estaba tan desarrollada que, como admitió Mithen, “si los neandertales hacían música de cámara, los humanos modernos ya habían evolucionado hacia la música sinfónica creando auténticos acontecimientos multimediáticos”
Décimoséptima entrega de la serie “Artistas olvidados”, por Beatriz Sogbe: “no solo olfateaba las excavaciones, con una intuición que es leyenda, sino que fue un demiurgo de imágenes”
Por BEATRIZ SOGBE
04 DE AGOSTO DE 2018
De las historias que enloquecen a las mayorías se encuentran las de los expedicionarios. Subyugan esos relatos, mezcla de empecinamiento y olfato, que llevan a esos hombres a encontrar hallazgos impensados por el lego. La mayoría de las personas piensa que los grandes arqueólogos y exploradores están ligados a Heinrich Schliemann (Ciudad de Troya, Turquía), Howard Carter (Valle de los Reyes, Egipto), John Lloyd Stephens (Cultura maya, Guatemala/México) o Hiram Bingham (Machu Picchu, Perú). A muchos de ellos se les reprocha que no fueron muy ortodoxos en sus prácticas o en sus vidas privadas. Pero nadie discute su sagacidad en encontrar esos tesoros perdidos. Ciertamente son los más famosos y conocidos pero, en Venezuela, hay muchas historias interesantes que nos ligan a los más grandes en esas ciencias que unen la antropología, la arqueología, las ciencias naturales y el arte. Por eso son tan apasionantes. Solo me ocuparé de los fallecidos, porque de los vivos las historias aún están por relatarse.
Johann Friedrich Blumenbach (Alemania, 1752-1840) fue el primer antropólogo científico. Fue el primero en identificar cinco razas: caucásica o blanca, mongólica o amarilla, etiópica o negra, americana o cobriza y malaya o aceitunada. Tuvo además la hidalguía, después de medir miles de cráneos de las diferentes razas, en concluir que hay unidad en la especie humana y que no es posible hacer discriminaciones. Su vida está ligada a la ética científica. Blumenbach fue maestro del barón Alexander von Humboldt, del príncipe Alexander de Wied y de Karl Ernst von Hoff. El hecho de que haya sido el mentor de Humboldt fue medular para América.
Cruxent con indígena tawayunña Alto Ventuari, Amazonia Venezuela. 1959.
Hay tres exploradores que han tenido gran importancia en nuestro medio: el barón Humboldt (Alemania, 1769-1859) –de quien nos ocupamos en la crónica anterior–, Robert Hermann Schomburgk (Alemania, 1804-1865) y Josep María Cruxent (España, 1911 - Venezuela, 2005). Schomburgk –con la venia inglesa– fue enviado a una expedición a la Guayana Británica (hoy Guyana) donde fijó las fronteras entre Guyana y Venezuela, en la muy polémica “línea Schomburgk”, que fue inmediatamente protestada por Venezuela por anexar a Guayana Británica, 80.000 Km2 de nuestro territorio. Posteriormente –como después se encontró oro en la zona– se amplió “la línea” a 85.000 Km2. Tras su vuelta a Inglaterra fue nombrado caballero por la reina Victoria y, posteriormente, fue embajador de Inglaterra, en varios países. Ese expolio de nuestras fronteras parece nunca terminar. Encontró, por casualidad, un nenúfar gigante –y no dudó en denominarlo Victoria reginae– y tituló muchas de nuestras orquídeas con su nombre, en unas especies llamadas Schomb –para abreviar. Finalmente, J.M Cruxent es el padre de la arqueología científica en Venezuela. La fascinante obra plástica, sus aportes científicos y la vida de Cruxent es el objeto de esta crónica.
Josep Maria Cruxent Roura (España, 1911 - Venezuela, 2005) nació en Sarriá, en un barrio de Barcelona. Siendo hijo único pastoreaba las tierras y viñedos de su padre. Paralelamente, le encantaba el arte y la exploración. A los cuatro años sus padres le hacieron un regalo sui generis. Le “obsequiaron” una pared de su dormitorio para que ahí hiciera lo que quisiera. Cruxent la agujereó, la pateó, la dibujó, la rayó. Entre 1930-36 asistió a los cursos de arqueología del doctor Pedro Bosch Gimpera en la Universidad de Barcelona. Estudió, paralelamente, en la Academia de Bellas Artes. Interrumpió sus estudios por el alzamiento de Francisco Franco. Cruxent se alistó en el ejército republicano en Teruel y emigró a París, donde vivió ocho meses. Ligado desde Barcelona al surrealismo asistió a conferencias de André Breton. Hizo gestiones para salir de Europa y logró irse a Bélgica, donde obtuvo una visa para expatriarse a Venezuela. Lo hizo en un barco maderero sueco, como enfermero. Juró, en ese acto, que aportaría logros al país que lo acogiera. En 1939 llegó a Venezuela.
Espíritu Aborigen. 1963. Óleo sobre cartón. 22,5 x 16,8 cm.
Al llegar a Caracas, sin bienes y con una hija enferma, vendió frutas y sobrevivió como operador de cine entre Caracas y La Guaira. Comenzó a dar clases de dibujo y se relacionó con el mundo científico. Empezó a recorrer Venezuela y a conseguir hallazgos arqueológicos que de inmediato dio a conocer. Una anécdota de Abdem Lancini dice que, sorpresivamente, empezaron a llegar al Museo de Ciencias de Caracas hermosas piezas arqueológicas en paquetes, remitidos por un tal J.M. Cruxent. Sorprendidos ante semejantes obsequios lo localizaron excavando en el Lago de Valencia. Para 1944 fue nombrado Director de Arqueología del Museo de Ciencias en Caracas y sus descubrimientos le hicieron merecedor de reconocimientos internacionales. En 1945 asume la nacionalidad venezolana. Para 1950 realizó una expedición a África con el príncipe Leopoldo de Bélgica y le organizó una colección de arte africano.
En 1951 participó en la legendaria expedición franco-venezolana, que ya había sido frustrada en el siglo XIX, para conocer las fuentes del río Orinoco, dirigida por el Teniente Coronel Franz Rízquez Iribarren –siendo Cruxent del grupo élite de avanzada. Logró determinar con exactitud los límites de Venezuela con Brasil y las fuentes originarias del Orinoco. Con esta expedición se realizaron aportes a la geografía, cartografía, grupos étnicos, especies vegetales y animales y la incorporación de 4.000 km2 a Venezuela. La llegada al naciente la celebraron con tres sorbos de brandy y una botella de ponche crema, que Cruxent había guardado celosamente en toda la trayectoria, para tal evento. En 1953 fundó las cátedras de Antropología y Arqueología de la Universidad Central de Venezuela. Posteriormente, en 1957, llegó a las fuentes del río Guasare (Edo. Zulia). En 1958, publicó los descubrimientos arqueológicos de El Palito, Edo. Carabobo, los de Manicuare (Edo. Sucre), los de Nueva Cádiz (Isla de Cubagua). Finalmente, en 1960, fundó el Departamento de Antropología en el Instituto de Investigaciones Científicas (IVIC), por iniciativa del Dr. Marcel Roche. Solo cito algunos de los logros de Cruxent para resaltar sus indudables contribuciones a la ciencia y la arqueología venezolana.
Moustro que me quitó a Solita. 1965. Acrílico, fibra vegetal, papel, resina y barniz sobre tela. 200 x 150,5 cm.
Su éxito como científico opacó la labor como artista. Y si bien se han realizado muchas exposiciones sobre este artista no se le reconoce en el sitial que merece. En 1959, en la Sala “Espacios vivientes” de Maracaibo se realizó la primera exposición informalista de Venezuela. En uno de sus numerosos viajes, varios críticos –a sus espaldas– aprovecharon para exhibir su obra nunca antes expuesta. De inmediato sorprendió a los asistentes. Fue invitado a formar parte de El Techo de la Ballena –propulsor del informalismo en Venezuela.
En nuestro humilde juicio, hay cinco artistas pilares en el movimiento informalista venezolano: Renzo Vestrini–el pionero; Fernando Irazábal cuya exposición Bestias y occisos, realizada en 1962, fue una revelación para el público; Carlos Contramaestre cuya exposición, posterior a la de Irazábal, titulada Homenaje a la necrofilia (1962) fue asumida como un terremoto político –aunque, posteriormente, divagó con obra figurativa; Elsa Gramcko, reconocida pero no en su real dimensión e importancia y J.M. Cruxent.
La obra de Cruxent puede remover las fibras más insensibles. María Luz Cárdenas, en una exposición realizada en el Museo de Coro, lo define así: Arqueólogo, pintor, mundano, expedicionario, escritor, autodidacta, profesor, mujeriego, leyenda viviente, oteador, antropólogo, artista. Yo añadiría creador. Porque no solo olfateaba las excavaciones, con una intuición que es leyenda, sino que fue un demiurgo de imágenes.
Como buen informalista la obra es escasa de color, pero intensa en sabiduría. Cito palabras textuales de Cruxent tomadas del análisis crítico de María Luz Cárdenas: “Tuve la oportunidad, durante mis andanzas por la selva amazónica, de contemplar el agua negra que deforma con su reflejo mágico las figuras. Los movimientos ondulantes con los espejismos. La luz verde del rayo vegetal. Me emocionan los rayos filtrados iluminando fantasmagóricamente la anarquía de miles de plantas. El todo es agitado por la brisa invisible e insensible, las sombras deformantes nacidas del sol, de la luna, del fuego. Todo un ambiente estático, pero en movimiento”.
Ningún mortal ha sido capaz jamás de descubrir aquello que está bajo mi velo. 1961. Pintura industrial y resina sobre tela. 140 x 159 cm.
Pintura visceral que realizaba, frenético y excitado, en una sola jornada. Recuerdan los trapos de Manolo Millares, pero mientras estos eran fuerza en los nudos, los agujeros y las tensiones, las piezas de Cruxent están sacadas de la esencia de la selva: fibra de moriche, petróleo, resinas vegetales, arenas, tintes naturales y acrílicos. Es una pintura que sale de las entrañas, como sus hallazgos arqueológicos. Hay materia, mucha materia. Hay sentimiento, pasión y alquimia. Eso le permitía metamorfosear materiales pobres y despreciados en arte. Algunos de los encabezados de sus piezas revelan ese deseo de desentrañar misterios como “Arúspice” –que alude a los adivinos etruscos que predecían el futuro por medio de la observación del aspecto de los menudos de los animales sacrificados. Muchas obras las tituló en francés. Como “Torpeur euphorique” (letargo eufórico) –que revela el estado de agitación en que lo hizo. Cruxent no era de ataduras. Era un ser desesperadamente libre que olfateaba los tesoros escondidos, pero también el arte. Esa furia se revela en otras palabras del artista: “Para enfrentarme a la desafiante tela, solo puedo hacerlo cuando siento un impulso mágico tan fuerte como un delirio erótico. Hay muchos puntos convergentes entre la posesión sexual y el aceptar la palestra con la tela y el objeto. El volcarse sobre ella no puede ser en frío. No concibo pintar de acuerdo al reloj”.
J. M. Cruxent antropologo a su regreso de la expedición al naciente del Orinoco
Un accidente, en 1963, le privó de hacer más expediciones y viajó a París donde se deleitó con las corrientes cinéticas del arte. Realizó entonces unos experimentos –no precisamente cinéticos–, sino de un movimiento en un “efecto moire” que le permitió mover ondas. El crítico Frank Popper las llamó “paracinéticas”. Recuerdan esas aguas oscuras y suaves de los ríos en movimiento, con esa sutil luz que permea de los árboles. Fue una experiencia con pocas piezas, ya que sería la obra informalista la que pesaría en su trabajo plástico. Hasta 1973 realizó arte y se dedicó, exclusivamente, a sus investigaciones. Esas piezas las pudimos admirar, en el año 2005, en una muestra antológica organizada por la Fundación Cruxent y la curadora Ruth Auerbach. Cruxent falleció en Coro a los 94 años, rodeado de cosas simples y sencillas. Nunca tomó una pieza arqueológica para sí. Nunca fue un negociante con su arte. Solo se regodeó con sus hallazgos y su arte. Murió, pobre pero feliz, en el Edo. Falcón, en la tierra que lo adoptó y a la que él supo devolverle sus glorias pasadas, como lo prometió.