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miércoles, 10 de diciembre de 2025

José Pulido: El poeta Alberto Hernández, ha vivido todos los exilios

 




Algo que escribí hace un tiempo para el poeta que siempre leo y cuya amistad nos honra. 


ALBERTO HERNÁNDEZ: 
EL EXILIO DE TODOS 

(Autor: José Pulido)

 
La vida del ser humano es dolor físico y dolor de otras índoles: dolor de lo que no se tiene, dolor de lo que se pierde, sufrir el desamor, impotencias ciudadanas, impotencias de lo efímero en tan duraderos universos. También es alegría propia y ajena; carcajadas y asombro, perplejidad y fiesta; ilusión y placeres; y hasta voluntad para celebrar el vacío. La vida del poeta es todo eso concentrado en cada palabra que escribe y pronuncia. El poeta es un cuerpo que se ha ido llenando de almas. El poeta trata de sacar a flote todas esas almas usando las palabras. 


En ese oficio tan único y apartado el poeta se aísla dentro de sí mismo y luego dentro de su casa. Por eso cuando sufre el exilio que lo aleja del país donde ha nacido y vivido, no lo siente ten definitivo. Sufre como Cristo en el Gólgota pero enfrenta su destierro con mejor talante que otros porque en definitiva sabe que el mundo entero es el barrio de todos. Incertidumbre, errancia y peregrinación se convierten en poesía: he ahí la mejor manera de exorcizar la enorme desgracia de no saber si has perdido un lugar placentario o si es el lugar quien te ha perdido a ti.

Es indiscutible que el país, el suelo nativo, la patria y la familia se cargan para arriba y para abajo como equipaje del cuerpo y la mente. Por dentro uno es un espejo, un río indígena donde se asoman los territorios y los seres queridos. Pero el exilio hace que se añoren los detalles, las minucias, lo que no parecía tener mayor importancia. 

Aunque el exilio ha sido percibido de modo muy diferente y a veces hasta paradójico, nunca dejará de ser un tema que remueve las tristezas en los hipocondrios de las noches y en las agrestes soledades de las ciudades desconocidas. Que solo son desconocidas mientras se perciben como tramas ajenas. Sin historias.

El poeta Alberto Hernández, quien ha vivido todos los exilios, ha escrito este libro cuyo canto hace valorar la existencia, la amistad, los recuerdos, la infancia, los detalles que conforman la aventura cotidiana y sencilla. 




 
LOS EXILIOS DE ALBERTO


Los exilios son muchos, sí, y están regados. El poeta los revela en este libro porque tiene la certeza mágica de que el exilio termina siendo uno solo y será compartido y se transformará en muralla de corazones para proteger el retorno futuro.

El poeta fue un solitario desprotegido cuando estuvo fuera de su país, ni siquiera tenía un abrigo grueso para cubrir su flacura llanera de beduino sin camello, en aquel frío donde todo se confabula para alborotar la desesperanza. Pero en su maleta siempre había un bastimento de amor. Un patio Hernández. Una cocina Hernández. Un abrazo Hernández.

Maleta, de Miguel Elías



Vivió las salas de espera, el temor a ser rechazado, la soledad de que nadie te conoce y no conoces ningún rostro. En este libro, el poeta hizo que la poesía definiera, para la posteridad, lo que se siente al cerrar un instante los ojos en un aeropuerto y escuchar el aleteo de las garzas y el llanto del becerro por encima de tantos motores. Las turbinas que truenan como tormentas de fin de mundo.

El llanero con cara de beduino y olfato sensibilizado por los aires con yerbabuena asoleada del Guárico, olió los pasos de Rocinante en aquellas calles salmantinas y sintió entre sus piernas los músculos agotados del valiente y noble caballo. Todo caballo se encuentra ubicado en el ayer. Cuando era un muchacho supo de espejismos y solípedos manchegos que compartían las ilusiones duras, cansonas, de la pobreza. El poeta escribe en su libro Los exilios:
 
“Bello caballo de toda la fealdad y todos sus silencios. 
¿Quién no es caballo montado en un caballo? 
¿Quién no es Don Quijote 
Subido en un caballo que se muere?” 

Estar solo y oler el llano, estar solo y oler el café que se cuela en la cocina de la casa y preguntar en medio de un sueño “¿colaste café, mamá?” no es lo peor para la soledad del hombre poeta que regresa a su habitación de extranjero: también puede tornarse desamparo escuchar amándose a los que se aman y llorar sin saber por qué se llora.




Este libro ha sido percibido y engendrado por uno de los corazones más nobles que el territorio venezolano ha permitido fructificar en medio de tanta penuria. Alberto Hernández ha observado detenidamente con sus ojos de niño todas las estructuras que la humanidad contiene. Ha visto mundo. Ha penetrado en el dédalo de la modernidad y del futuro y ha salido igual: humilde y sereno.

“Sorbo el agua de una botella y siento el mundo en la lengua. 

La ciudad aparece en mis ojos y el mapa se hace más pequeño. 
Entonces resuelvo quejarme y dormir en la estación del tren. 
Un policía me despierta en alemán”. 
 
Ha sido un amigo generoso en el cariño, cuya voz solidaria ha estado alentando los exilios del otro, las tristezas del otro, las luchas cotidianas que te distancian en el mismo municipio o en las diferentes rutas que asumen las aventuras de los fraternos. Ojalá que pudieran leer estos versos Harry Almela y Emilio Agra, exiliados en la otra vida, en el país abismal desde donde solo pueden comunicarse a través de las antenas deiformes de los recuerdos. 

Harry Almela y Alberto Hernández. Fotografía de Henry Cedeño. Imagen tomada de Aquí

Nueva York también aparece, no es solo Valle de la Pascua o Calabozo, no es nada más el calor con tufo de gasolina de Maracay. Es Nueva York cuando los amigos compartían el placer de escuchar las canciones que recorrían el barrio del mundo fichando a una generación. Llanero con frío, llanero beatle, John Lennon en la sentina donde se descomponen los sentimientos y se funden los sueños en el mismo dolor de todos los exilios.

“La ciudad olía a mierda. Yo olía a mierda. 
John Lennon olía a mierda. 
Emilio Agra olía a tabaco. 
Y el frío sobre nosotros. Dentro de nosotros. 
Entonces sonó el disparo”. 

Cuando no se reconoce el exilio del otro empeora el exilio propio. La soledad se torna más sola. El poeta Alberto Hernández, de los Hernández de Calabozo, sabe que es así y por eso su poesía es tan deslumbrante y conmovedora descubriendo lo que sabemos y no habíamos podido expresar, esbozar, definir. Basta con leer unos versos suyos:

“Un caballo mira 
de lado 
y detiene el cielo”

Quien lo lee con toda el alma puesta en ello, percibe lo mismo que estar en un país lejano y extraño y quedarse observando la maravilla de una catedral o de un paisaje con plazas deslumbrantes. En esa misma soledad capaz de admirar la belleza que te rodea de ausencias. 

Ilustración de Miguel Elías



La casa es el punto de comparación con todo. Se ve la aurora boreal y se piensa en el amanecer entrando en abanico por las ventanas del hogar que a su vez está lleno de colores, de peroles y bisuterías productos del encariñamiento. Se presencia un atardecer cuando casi es medianoche y se rememoran el fogón encendido y los cuentos de los mayores y el alma pregunta “¿estás colando café, mamá?”. 

He vuelto a casa. He vuelto a la memoria. 
Mi hogar queda muy lejos, más allá de todos los pulsos femorales. 
No tengo patria ni recuerdos. 
Sólo una esquina 
Donde ceno patatas picantes que destacan diagnósticos y reumas. 
A esta hora de la noche el olvido es una enfermedad incurable en algún lugar de mi esqueleto”.

Cualquiera estando lejos de la patria y de los amigos se pone a llorar con esta poesía, pero también se llena de fuerzas para ensalmarse con tanta belleza. No puede ser que un llanero urbano enflaquecido amigo de uno, haya escarbado tan profundamente su alma y haya extraído tanto fulgor. Pero Alberto Hernández es así de inagotable en su desangre de verdades y hermosuras palabreadas. 

No es para negar que se te aguan los ojos, hermano querido, y el pecho ronca con disimulo de tos. No es para negar que hace frío o que hay mucho viento frío por estos lados. 

Cromointerferencia de color aditivo, obra de Carlos Cruz-Diez en el Aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía, estado Vargas. 




Y Alberto sigue y sigue y es verdad lo que dice y es poesía lo que augura y es belleza propia eso que nos clava como chinchetas de la niñez en la cartelera del pecho:
 
“Éramos mi madre y mi padre sobre una nube. 
Y las borrascas del mes de julio. 
Éramos la sombra de ese tamarindo que aún nos nombra. 
El anciano árbol enfermo, con su savia descompuesta 
Y sus maravillosos frutos. 
Eran Maritza Vargas y Luis Moreno en la misma casa. 
Éramos la fila en el grupo escolar. 
Éramos los varones sin camisa y descalzos. 
Eran ustedes, las niñas, de cola y peinado, blanca 
y sonriente tú, Eddy, la más bella. 
tu casa era bajita y también tenía patio. 
Y un tambor para el agua y muchas mariposas. 

Después el país nos hizo parte de un mapa repartido. 
Y no nos encontrábamos. 
Los dibujó el exilio en el mismo país. 
Y ahora tú, dormida para siempre 
mientras el polvo de la calle se levanta con 
tus pasos. 
Me quedan un solar y tus ojos. 
me queda el tiempo que una vez 
atajamos con las manos. 
qué largo es este exilio 
llevado como un saco atado a las espaldas."

¿No te digo? Alberto escribe cosas así, que te duelen y te entristecen, que te alegran y te dan ánimo. Que te llevan para otras instancias y te van colocando, con todo y gentilicio, en ciertas alturas que agradeces porque puedes amar intensamente lo que ves.






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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 



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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.




Enlaces relacionados:




































































jueves, 21 de noviembre de 2024

Aquel bosque de mujeres solas que construyeron la Colonia Tovar

 



Estimados Liponautas

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes: "Aquel bosque que fuimos", un texto de nuestra amiga Marisol Marrero, dedicada a rescatar la memoria de todas esas mujeres solas alemanas que cruzaron el Atlántico para construír la Colonia Tovar, un asentamiento ubicado en el estado Aragua, Venezuela, fundado en 1843 por iniciativa del gobierno venezolano que buscaba recuperar poblacionalmente al país después del declive causado por la Guerra de Independencia ademas de, algo que pocas veces se dice, "blanquear"  a la población venezolana a través de la inmigración de colonos europeos.

Disfruten de la entrada

Atentamente

La Gerencia

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Verdaderas historias    Zutreffende geschichten


Aquel bosque que fuimos


Un homenaje a las mujeres que vinieron solas a fundar la Colonia Tovar

Por Marisol Marrero

Oigo voces que me llaman desde antes, son voces de las mujeres pioneras que habitaron este pueblo, mujeres que venían solas o con sus hijos, a presenciar el milagro de construir una nueva vida, haciendo de inmediato un inventario de aquel bosque que las rodeaba, nacientes de aguas escondidas (waldguellen) ojos de tigre que fosforecen en la oscuridad, rugidos que estremecen el corazón ante lo desconocido, son las cosas que aquí habitan, así como hierbas, grutas, troncos, raíces, juncos, bejucos, todas cosas que le servirán para construir la morada.

Lo que hoy es evidente ante sus ojos, una vez fue imaginario ¡Venir a fundar! Aquí comprendieron que todas las deidades germánicas residían en su temerario corazón y descubrieron lo infinito que hay en cada cosa, la poesía de una piedra, la magia de una concha de arbol, el ensueño del atardecer, en fin la vida nueva que no deja de asombrarlas.

A esas mujeres, a su esfuerzo, a su fortaleza, quiero hacer un homenaje. Espero que sus nombres vuelvan a repetirse en las nuevas generaciones.

Bárbara Ramnstein, de 29 años, venía con su hijo Hilhelm, de 8, Katharina Mutscheler, de 33 años, con su hija Josepha de 7 años, Marianne Gross y su hija Ricarda que murió durante el viaje, a su dolor dedico especialmente estas páginas.

María Anna Jäger, viuda de Mai, con sus hijas gemelas de 9 años, además de un hijo varón, Sophie Frasser, Khatarina Baldinger de 29 años, Barbara Futterer, de 33 años, Magdalena y Barbara Herr, Justine Lisele, Therese de 50 y Gertrud Frey, Therese Schutz, Katherine Müller de 30, Elisa Lowenstein, Euphrosina Mossbacher, Apolinea Grisbaun, Magdalene Göerig, María Anna Müssle, de 26, Emerenzia Fisher, de 24, y la costurera francesa Felice Greverig.

Después del impacto inicial de encontrarse en medio de la selva, luego de subirla intrincada montaña, llegaron a unos galpones aun sin terminar, cansadas y ateridas por el frío húmedo al cual no estaban acostumbradas. Si esta situación era engorrosa para una familia establecida, con el apoyo que llenen entre sí, cuál sería el impacto para las mujeres que venían solas, viudas, y algunas con sus hijos pequeños, a los cuales tenían que alimentar de inmediato, y la desolación de Marianne Gross a la cual se le había muerto su hija en el viaje. Solo de pensar en ella se me encoge el corazón, imaginando donde se agazaparla, en que rincón pensaría en su hija, la cual quedó como una rosa sobre el mar de fuego en el atardecer. Venía adonde no estaba él y de repente se encontró en un laberinto sin salida.

Este lugar está vivo, pensó María Anna Jäger, con su alegre carácter, aquí vivirán mis hijos, haré de esta tierra algo hermoso para ellos. Ella imprimía a las cosas que la rodeaban, los mismos caracteres que reconocía en si misma, con optimismo. La naturaleza como un ser viviente era su consuelo en esos momentos, hasta que le consiguió un compañero a su alegria.

A Emerenzia Fisher, la arrebatadora intensidad de su experiencia juvenil, caracterizada por la desmesura, ejercía en ella una atracción casi hipnótica, esta no la dejaba entristecerse. Era tan estrafalaria que contagiaba su alegría a las demás.

Creía en la suerte, es decir en si misma, por eso fue de las primeras que quiso reconocer el terreno que le había sido asignado, para de inmediato pensar donde debía poner su casa, sobre todo quería tener el horizonte frente a si, por eso estaba esperanzada en que su ubicación estuviera en lugar más alto, y también que tuviera un manantial, para verse la cara en el espejo de sus aguas ¡Era muy bella!

 



Viajando por Venezuela con Maltín Polar: La Colonia Tovar


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Marisol Marrero Higuera

Nació en Tenerife, España, desde niña vive en Venezuela. Es socióloga y psicologa social, egresada de la Universidad Central de Venezuela. Tiene una maestría en Psicología social.Se ha desempeñado como profesora universitaria. Tiene varios libros publicados en poesía,novela y ensayos.En narrativa destacan: Las brujas modernas vuelan en la red (Editorial universitaria Tropykos,2001). Llote von Indien. La coloniera de Tovar (Caracas, Fundación Ludovico Silva, 2001); Segunda edición, 2003. Alonso e Isabel (2006). Niebla de pasiones Editorial Planeta, Autores Españoles e Iberoamericanos (2007). Rosas y duraznos (2011). Buitres en la sabana (2015). Chichiriviche ¿Primer pueblo fundado en Tierra firme? (Mérida, Editorial La Escarcha azul,2000).Tributo  de sangre. Saga Familiar (Ayuntamiento de Candelaria. Culturalias. Santa Cruz de Tenerife, España, 2022.)

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Enlaces relacionados:















miércoles, 18 de diciembre de 2013

TODO CONOCIMIENTO ES INÚTIL CUANDO NO HAY TRABAJO

El trabajo es amor hecho visible

por Khalil Gibran




En Venezuela a los libaneses y sirios se les llama turcos. La razón de que se le denomine así es porque los primeros libaneses que llegaron a nuestro país en 1899 a Puerto Cabello, Estado Carabobo llevaban pasaporte turco. En esa época Líbano era parte del Imperio Turco y 114 años despues se les sigue llamando así a ellos y cualquier persona de habla árabe en esta tierra de gracia.


Aquí los inmigrantes usualmente comienzan a llenar nichos económicos específicos, así que es usual que la gente asocie a los portugueses con las panaderías, a los italianos con el negocio de construcción, a los chinos con los supermercados y libaneses y sirios con el comercio y la zapatería.

Rafael Urdaneta


La comunidad siriolibanesa fue muy activa culturalmente en Valencia, tanto así que durante muchos años llegaron a editar una revista cultural llamada Oriente, donde se podía apreciar los mejores trabajos de escritores venezolanos y extranjeros. Hace mucho tiempo que esa revista desapareció del panorama cultural local. En 1911 con motivo del centenario de la independencia de Venezuela la colonia siriolibanesa donó a la ciudad de Valencia una estatua del prócer Rafael Urdaneta ubicada por mucho tiempo en una plazoleta en frente de la Cámara de comercio de Valencia. Este monumento fue retirado de allí debido a los milenarios trabajos del metro que se vienen realizando.

Omar Shariff


Si se le preguntara a la gente por un escritor libanés conocido por ellos, lo más probable es que se rascaran el mentón un momento, miraran hacia el cielo y en le mejor de los casos dijeran con mucha seguridad Omar Shariff. Sucedería algo similar si llegásemos a preguntar por Yibrán Jalil Yibrán y probablemente dirían que no conocen a ese escritor. Pero si le preguntásemos si conocen algunos de estos estos libros: El Profeta, El jardín del Profeta, El Maestro, La voz del Maestro, El Loco, Jesús, el Hijo del Hombre, Alas Rotas muchos reconocerían por lo menos un título y dirían que lo habían leído. Y más de uno remataría que el autor es KHALIL GIBRAN , transliteración inglesa del árabe,  pronunciada tal como se lee en castellano. Puede parecer increíble pero muchisima gente leyó y lee al escritor libanés Yibrán Jalil Yibrán sin saber que su nombre se pronunciaba así o que era libanés. Y el tiempo pasa pero sus libros siguen siendo buscados y recomendados. Lo podemos asegurar porque un par de días atrás se nos acercaron algunas personas preguntándonos donde podría comprar los libros de KHALIL GIBRAN y nosotros aprovechamos la ocasión para hacer nuestra buena acción diaria y favorecer el contacto entre las librerías y las personas que muchas veces sienten temor al entrar en ellas.


Hoy compartimos con ustedes un trozo de El Profeta, de Yibrán Jalil Yibrán el escritor libanés mas conocido en Venezuela, que versa sobre el trabajo.

Esperamos disfruten de la entrada.


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Un joven KHALIL GIBRAN



Un labrador pidió: “Háblanos del Trabajo”.

Y el Maestro respondió, diciendo:

Trabajad para que podáis conservar la paz con la tierra y con su alma. Porque el permanecer ocioso es volverse un extraño para las estaciones, y dejar la procesión de la vida, que anda con majestad y orgullosa sumisión hacia el infinito.

Cuando trabajáis os convertís en una flauta a través de cuyo corazón se transforma en melodía el murmullo de las horas. ¿Quién de vosotros desearía ser una caña, muda y silenciosa, mientras todo lo demás canta cual un coro al unísono?

Siempre se os ha dicho que el trabajo es una maldición y la labor una desgracia. Pero yo os digo que cuando trabajáis cumplís con una parte del sueño más remoto de la tierra, el cual os fue asignado cuando ese sueño nació.

Y trabajando estáis, en verdad, amando la vida. Y el amor a la vida por medio del trabajo, es intimar con su secreto más hondo.

Pero si en vuestra aflicción llamáis dolor al nacimiento y al sostén de la carne una maldición impresa sobre vuestra frente, entonces yo os advierto que nada que no sea el sudor de vuestra frente podrá borrar lo que en ella ha sido impreso.

También se os ha sido dicho que la vida es oscuridad, y en vuestro cansancio os hacéis eco del jadear del fatigado. Y yo os advierto que la vida es, efectivamente, oscuridad cuando no hay un impulso. Y todo impulso es ciego cuando no hay conocimiento. Y todo conocimiento es inútil cuando no hay trabajo. Y todo trabajo es vacío cuando no hay amor.

Porque cuando trabajáis con amor estáis en armonía con vosotros mismos, y con los otros, y con Dios.

¿Y qué es trabajar con amor? Es tejer la tela con hilos sacados de vuestro corazón, es como si vuestro ser más amado tuviera que vestirse con esa tela.

Es construir una casa con cariño, como si vuestro ser más amado hubiese de morar en ella.

Es sembrar con ternura y cosechar con gozo, como si vuestro ser más amado hubiera de comer su fruto.

Es impregnar todas las cosas que efectuáis con el aliento de vuestro propio espíritu. Y saber que todos los muertos benditos se alzan frente a vosotros y os miran.

Con frecuencia os he oído decir, como si hablaseis en sueños: “El que trabaja el mármol, y talla la forma de su alma en la piedra, es más noble que aquel que ara la tierra. Y el que se adjudica el arco iris para plasmarlo en un lienzo y convertirlo semejante al hombre, es más valioso que aquel que hace las sandalias para nuestros pies”.

Pero yo os aseguro, no en sueños, sino en la vigilia del mediodía, que el aire no habla con más dulzura a los robles gigantescos que a la minúscula brizna de hierba. Y sólo es grande aquel que convierte la voz del aire en un cántico que su amor hace más dulce.

El trabajo es amor hecho visible. Y si no podéis trabajar con amor, sino tan sólo con desagrado, será preferible que dejéis de trabajar y toméis asiento a la entrada del templo y recibáis limosna de los que trabajan con alegría.

Porque si cocináis el pan con indiferencia estáis cociendo un pan amargo que alimenta sólo a medias el hambre del hombre. Y si pisáis las uvas con disgusto, vuestro murmurar destila veneno en el vino. Y si cantáis, aunque fuera como los ángeles, pero no amáis el canto, estáis entorpeciendo los oídos de los hombres para las voces del día y las de la noche.

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KHALIL GIBRAN


KHALIL GIBRAN, El profeta. Obras completas, Ediciones Bosmar, 1980. FD, 29/06/2007.

Tomado de Filosofía Digital 


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Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Po: http://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas electrónicas hispanas Alfa Eridiani, Valinor y Gibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.