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martes, 9 de diciembre de 2025

En Venezuela está Prohibido olvidar los desmanes del Chavismo


 





Estimados Liponautas


Hoy tenenemos el gusto de compartir con ustedes un texto acerca del hecho la imposibilidad de olvidar los desmanes del chavismo escrito  por WALTER MOLINA GALDI Este escrito expresa lo verdaderamente importante que es la memoria como valor historico,  republicano y como herramienta para lograr la justicia y contruir el relato historico apegado a nuestra lacerante realidad vivida o padecida. Un aspecto muy a tomar  en cuenta frente a la posición de muchos venezolanos que ocupaban y ocupan una posición social de cierta relevancia en nuestro país que le otorgaban  al arte un  supuesto sacrosanto valor.


El Presidente Chávez con Dudamel y Abreu el 20 de febrero de 2010. Foto: Prensa Presidencial


Algo que debemos tomar muy en cuenta en esta Venezuela pisoteada, donde es común sobrevalorar cosas como el sistema de orquestas y sus epígonos y a los logros deportivos de algunos a pesar de que tengamos un montón de presos políticos y una población golpeada por innumerables necesidades y donde tenemos un 80% de pobreza en el país. Posturas que nos han generado acusaciones de promotores de odio y cosas parecidas, que generaron un aluvión de quejas y denuncias en Facebook en contra de la página del blog. Después de compartir nuestra postura vimos como mucha gente cambió la manera como recibía nuestras publicaciones. Pero nosotros no cambiaremos nuestra posición. Lo extremadamente curioso es que Facebook, una plataforma creada en un país adalid de la libre expresión se haya prestado para hacer este bulling populista. En cuanto a los venezolanos chavista estamos preparados para creerlos capaces de cualquier cosa...


Imagen creada por Guatafoc


Si hemos resistido a sus ataques físicos, resistiremos a sus ataques digitales.

 Ya viene a ser la hora de que los intelectuales en Venezuela comiencen a ser amigos verdaderos de la gente. Aunque más de uno dirá la expresión típica venezolana: Yo con mi arte tengo...


Olvidemos el lamesuelismo intelectual venezolano...


La vida digna siempre será más valiosa y rica que cualquier obra de arte...

Y el Arte definitivo es aquel que permite la forja de esa vida...


Esperamos que la lectura de la entrada los haga reflexionar...


Atentamente


La Gerencia.




Plaza Altamira, campo de batalla de protestas en Caracas

https://m.youtube.com/watch?v=fVYO90Z4Jhg&pp=ygUbcHJvdGVzdGFzIGVuIHZlbmV6dWVsYSAyMDE0


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No podemos olvidar


La memoria es un bien republicano que hoy, más que nunca, debe ser cuidado y cultivado. No se trata de revanchismos sino la petición de nunca olvidar lo vivido, de nunca apartar de nuestra memoria colectiva lo que ha sido y lo que es el chavismo-madurismo y los suyos”.


WALTER MOLINA GALDI | 29 NOVIEMBRE 2022


La memoria, según la RAE, es la facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado. La exposición de hechos, datos o motivos referentes a determinado asunto. Eso se refiere a la memoria individual, sin embargo, en los años ‘40 un psicólogo y sociólogo francés llamado Maurice Halbwachs escribió una serie de ensayos donde desarrolló lo que hasta hoy se conoce como la “memoria colectiva”, que en resumen ‘es el proceso social mediante el cual un determinado grupo, comunidad o sociedad reconstruye el pasado vivido y experimentado’.


En gran parte, de eso están hechas las naciones, de las memorias colectivas. Es lo que somos, y lo que somos incluye lo positivo y lo negativo. En Venezuela, durante las últimas dos décadas quienes han estado en el poder han intentado modificar esa memoria colectiva. Son expertos en ello. Siempre apelaron al pasado para poder cometer los desmanes del presente pero casualmente, hoy, cuando más memoria debe tener el venezolano, la campaña, la propaganda oficial ha cambiado: apelan al olvido.


“No ha sido ‘un mal gobierno’, ha sido una tiranía que condenó a millones de venezolanos al hambre, a la miseria y a crímenes de lesa humanidad que ahora mismo, en La Haya, están siendo investigados”


Al momento de escribir este texto, van casi 24 años desde que el chavismo-madurismo (porque ahora se pelean entre ellos) llegó al poder. Hablamos, pues, de una generación entera, y más. Y lo que ha sucedido, desde luego, no ha sido poco. Y aunque podría confundirse con una pesadilla, lamentablemente ha sido muy real; y eso no puede ser olvidado por más propaganda que “la nueva clase” (Milovan Ðilas dixit) lleve a cabo, y que reúne a los corruptos del chavismo y a lo peor de la élite de los tiempos democráticos.


No podemos olvidar que Venezuela era una democracia antes del chavismo. Sumamente imperfecta, sí, pero democracia, y que Hugo Chávez bajo un autoritarismo populista (de acuerdo con el concepto de la profesora Pippa Norris) acabó con todo eso, abriendo la puerta a lo que hoy vivimos.


No podemos olvidar “el millardito” que el presidente Chávez le pidió al Banco Central de Venezuela (en realidad fue una exigencia) que, como la Justicia y el resto de los Poderes Públicos, terminaría perdiendo su autonomía.

Franklin Brito.


No podemos olvidar lo que le hicieron a la jueza María Lourdes Afiuni. Tampoco lo que le hicieron a Franklin Brito quien murió porque así lo decidió Hugo Chávez. Brito hizo seis huelgas de hambre porque le robaron sus tierras. Él entendió lo que, para su momento, pocos entendieron. Fueron más de cinco millones de hectáreas productivas expropiadas, la gran mayoría están ociosas mientras la pobreza, que cuando llegó el chavismo rondaba el 40%, llegó a tocar el 90%. ¡Revolución!

No podemos olvidar a los jóvenes asesinados en las protestas de 2014, 2016, 2017, y 2019. Y no solo a ellos, las víctimas fatales, sino a los que seguimos aquí, vivos, pero con cada recuerdo bien fresco en la memoria. Y los familiares. Y los amigos. Y los defensores de derechos humanos que, a estas alturas, saben de memoria cada nombre de esos inocentes que perdieron la vida a manos de unos esbirros que hoy siguen libres, porque no ha habido justicia.



No podemos olvidar lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en El Helicoide y en cada calabozo venezolano. Algunos de ellos clandestinos. ¿Cómo podría alguien olvidar una tortura?, ¿cómo podría alguien olvidar una amenaza de muerte? Ahora mismo son casi 300 los presos políticos, a ellos no podemos olvidarlos.




No podemos olvidar que desde el año 2017 esta tiranía indolente decidió suspender el Programa de Procura de Órganos del Hospital J.M. de los Ríos, causando la muerte de más de 70 niños y jóvenes. Fue una decisión política. ¿Cómo podríamos olvidar eso?, ¿cómo podríamos, simplemente, mirar a otro lado?


No podemos olvidar que quienes hoy están en el poder, diseñaron una Emergencia Humanitaria Compleja que obligó a millones de venezolanos a buscar, literalmente, sobrevivir comiendo mangos y yuca. ¿Se acuerdan cuando entre los años 2015 y 2017 había gente que moría por comer yuca amarga, pues era de los pocos alimentos que los venezolanos podían conseguir? No había sanciones para ese entonces, por cierto, vinieron justo después. Porque estas no son las causantes de ningún mal en Venezuela.


No podemos olvidar, por supuesto, la forma en la que esta tiranía rompió a un país, generando la segunda mayor crisis migratoria en el mundo, solo por detrás de la ucraniana que hoy vive una invasión. De acuerdo con datos de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V), hoy son 7.134.032 de migrantes y refugiados venezolanos en el mundo. Un país fuera de un país. Y a pesar de lo que dice la propaganda oficialista, no solo los venezolanos no están regresando (esto también lo confirma la Encovi 2022), sino que siguen saliendo cientos y cientos cada día. Muchos de ellos atravesando ese infierno llamado la selva del Darién.


Y todo esto pasó mientras al país ingresó más de un billón de dólares. Ni en los 40 años de democracia, es decir, casi en el doble de tiempo ingresaron sumas cercanas a ese monto. Se lo robaron todo, y el resto lo usaron para sus propagandas internacionales y para crear el mayor sistema de control social que haya visto la región.


No se puede olvidar nada de eso porque lo estamos viviendo ahora mismo. No pasó. No “fue”. No es “lo que ocurrió”. Es el ahora. Y no va a dejar de ser así hasta que haya democracia, y exigirlo es el deber de todos los venezolanos que anhelamos la libertad. Lograrlo, además, debe incluir un proceso de reparación dentro de la justicia transicional que debe existir.


Argentina, 1985 | Tráiler oficial

https://m.youtube.com/watch?v=EDK2FtU5oxg


Hubo ocasiones en la historia donde se intentó apelar al olvido para evitar condenas. Cuando Raúl Alfonsín decidió juzgar a los militares en Argentina, parte del peronismo abogaba por no hacerlo, por “amnistiar”. Por fortuna y mucha valentía, no ocurrió así. Pero en aquel momento la democracia ya había vuelto; ahora en Venezuela quieren que se olvide no solo lo que ha ocurrido sino lo que sigue sucediendo. Quieren que el grito del torturado no se oiga; que el hambre de los ancianos no importe; que la salud de los niños sin medicina no duela. A eso es lo que algunos, como Maite Delgado, y otros en redes sociales llaman seguir adelante sin politizar”.




Tal vez esta tribuna sea una gota en el océano, pero la memoria es un bien republicano que hoy, más que nunca, debe ser cuidado y cultivado. No se trata de revanchismos sino la petición de nunca olvidar lo vivido, de nunca apartar de nuestra memoria colectiva lo que ha sido y lo que es el chavismo-madurismo y los suyos. Porque no, no ha sido “un mal gobierno”, ha sido una tiranía que condenó a millones de venezolanos al hambre, a la miseria y a crímenes de lesa humanidad que ahora mismo, en La Haya, están siendo  investigados.


No podemos olvidar, ni ahora ni nunca.



*Politólogo de la Universidad Central de Venezuela.

@WalterVMG


Memoria: voces de las víctimas de violaciones de derechos humanos en Venezuela
322 Visualizaciones desde el 4 oct de 2022 hasta la fecha de publicación de la entrada.


https://laldea.site/2022/11/29/no-podemos-olvidar/



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miércoles, 6 de abril de 2022

Vasco Szinetar, fotógrafo venezolano, a José Pulido: EL RETRATO ES UNA EXPLORACIÓN DEL SILENCIO.


 


Vasco SzinetarFotografia de Astrid Hernández.

  Imagen tomada de EPix



Vasco Szinetar, fotógrafo venezolano: EL RETRATO ES UNA EXPLORACIÓN DEL SILENCIO.

Una entrevista de José Pulido.




EL RETRATO ES UNA EXPLORACIÓN DEL SILENCIO


Una entrevista de José Pulido.



Vasco Szinetar retratado por Diana López.


Estoy esperando la señal, el ruido celeste, la imagen parpadeante, para comunicarme con Vasco Szinetar. Desde la ventana se extiende una antiquísima calle con enormes y pesadas casas de sólidas puertas. Es una cuesta de silencios, de ladrillos y piedras, que inopinadamente pierde su paz: un niño desciende a toda carrera.


Una anciana camina en sentido contrario mirándose los pies y todo indica que el niño la va a atropellar porque su carrera es desbocada. De repente, el niño se detiene con un frenazo ante la anciana y ella sonríe cuando él le entrega una rosa y la abraza. Se adivina que son abuela y nieto. La escena me hace pensar, precisamente, en Vasco. Él siempre se comporta como un niño a punto de hacer una travesura y la travesura que revela es de esa índole, como entregar una flor, un regalo cariñoso, una belleza.


Con Emil Cioran.



La computadora comienza un alboroto. La voz de Vasco atraviesa el espacio y forma una rochela en la habitación. Su gracia, su sentido del humor, son ingredientes básicos de su arte fotográfico y de su poesía. Vasco ha retratado la gloria, la sabiduría, el intelecto, la filosofía. Alguien comentó una vez “todavía no ha retratado a Dios” y una segunda persona intervino para indicar certeramente: “pero le hizo un retrato a Borges”.

 

Con Vargas Llosa.


Es completamente cierto que Vasco Szinetar, el fotógrafo poeta, se ha ganado un espacio propio en el mundo del arte con su proyecto de vida. Desde hace cuarenta años retrata a los personajes más trascendentes de la cultura, lo hace frente a los espejos de los baños. El espectador se convierte en testigo de cómo el tiempo transforma a los seres humanos y Vasco se somete a esa transformación sin perder su alegría.  Aquí entre nos, siempre hay algo más: uno piensa en el niño travieso que lo ha poseído hasta el sol de hoy y no deja de repetirse: “Vasco ha visto la reacción de la gloria y la inteligencia en la ausencia de solemnidad que es un baño”.

Ahí en la pantalla cobra forma su rostro de agradable sonreír. Su rostro de cabello despeinado y de barba que se ha ido diluyendo en blancuras.


-Tus estudios de cine ¿qué le aportaron a tu ojo fotográfico y a tu ojo poético?


-La relación más intensa con la imagen inicial fue de alguna manera con el cine. Yo tenía la ilusión de ser cineasta. El cine estaba como en auge. Yo quería estudiar cine. Afortunadamente, después tuve una pequeña experiencia en el campo cinematográfico y descubrí que lo que mi alma quería era ser fotógrafo. El cine me dio la capacidad de lectura de la imagen y determinados autores para mi fueron realmente importantes, como Antonioni, quien me conectó con una visión de la imagen muy estricta desde el punto de vista compositivo, de su resolución estética. Yo me vinculé con la fotografía a través del cine, en mi viaje iniciático.


Con Allen Ginsberg.


-Has fotografiado y percibido también como poeta diferentes ciudades del mundo ¿qué es Caracas en esa comparación íntima?


-Es el territorio madre desde donde he salido a ver el mundo. Nosotros los venezolanos siempre hemos construido el viaje con el boleto de regreso… hasta ahora, porque estamos viendo que nuestros conciudadanos viajan con un espacio de incertidumbre en relación al regreso. Caracas es mi memoria, es el ámbito, es la infancia, los primeros amores. La única posibilidad que uno tiene de ver lo otro, es a partir de tener en el corazón la ciudad inicial. La ciudad desde donde yo comencé a ver el mundo es Caracas


Con Borges.

-Los personajes más famosos y trascendentes del mundo contemporáneo se han retratado contigo y han sido retratados por ti, los has metido en el infinito y has visto cómo cambian en el tiempo junto contigo ¿qué le ha aportado esa experiencia a tu poesía?


-El ejercicio del retrato me ha vinculado de una manera muy profunda con el otro, con el ser humano. En el retrato, el personaje retratado le entrega su alma al fotógrafo. No es fácil vincularse tan íntimamente con los demás, es un ejercicio que puede ser también doloroso, porque el intercambio es silencioso y sumamente profundo. Yo no hubiese llegado a esta edad equilibradamente, sin ese ejercicio de relación que me ha permitido el retrato. Además, el retrato, como yo lo veo, también es una exploración del silencio; es lograr que el otro esté consigo mismo en silencio, que esté detenido en el espacio. Al final de cuentas también es un retrato mío, yo me estoy retratando en la imagen del otro, en la mirada del otro.


Vasco se detiene un instante. Sus ojos parecen avanzar por una superficie relacionada con su interioridad. Escudriñan como unos artefactos buscando algo en la luna. Entonces dice, con voz completamente ecuánime:


-Yo lo veo como un encuentro con Dios, porque el silencio del otro, que es lo que yo finalmente busco en el retrato, también es el territorio de Dios.


Caracas. Imagen tomada de El Nacional.



-Hay unos retratados que han muerto, que han desaparecido, ¿te han dolido?


-Sí, cuando reviso por ejemplo, el libro de Monte Ávila Editores, o reviso otros libros donde he participado y veo tantos amigos que se han ido… pero siento cierta felicidad porque ellos, sus miradas, han permanecido en el tiempo, a través del retrato.

 

Con José Saramago.


-Cuál personaje te hizo sentir más cómodo, más fraterno y cuál sentiste molesto, fuera de lugar.


-En términos generales, cuando los personajes aceptan retratarse conmigo, entran en un espacio lúdico, de juego. Se reencuentran con el niño que llevan dentro, porque yo les construyo una cueva ontológica en donde ellos pueden ser los niños que fueron. Y mi experiencia ha sido sumamente importante, grata, generosa, de parte de los retratados.

He tenido algunos eventos, como por ejemplo, con Lobo Antunes, el escritor portugués. Traté de retratarlo en Bogotá, no se pudo porque estaba conflictuado y posteriormente gracias a un amigo en Guadalajara, México, lo llevaron al baño y Lobo se retrató como un corderito.

Me pasó también en Colombia con Cees Nooteboom, el escritor holandés, se negó a retratarse y Héctor Abad le decía, “pero oye: él es buena persona”, sin embargo no quiso retratarse. En esos casos digo “mientras estemos vivos hay territorios para el encuentro”. Ya tendremos una cita donde nuestras almas se entreguen al acto mágico de la fotografía.


Con Salman Rushdie.


-Creo que tu obra es única y que tu creación es como un impulso que viene de dos mundos. Quizá me equivoco en eso, pero ¿cómo se siente tener sueños rumanos y sueños de Gabaldón?


-Nosotros, los Szinetar Gabaldón, hemos incorporado de alguna manera esas dos grandes experiencias, de ser hijos de un judío transilvano que migra en el año 38 del siglo pasado a Venezuela y una niña bien, del campo, de izquierda, que se casa con un judío de izquierda, es una experiencia de ganancias porque nos ha permitido ver el mundo desde una perspectiva mucho más amplia. No es lo mismo tener un entorno cerrado desde el punto de vista de sus orígenes, que tener una familia que viene de continentes diferentes, de experiencias sicológicas diferentes. Realmente ha sido una gran riqueza para nosotros.


Con Martin Amis


-Sé que comenzaste con Borges, aunque la idea estaba allí. Creo que las ideas de Borges sobre el infinito se notan en tu obra, como un homenaje. Lo digo para alborotar tu lengua sobre ese recuerdo de Borges contigo.


-Yo había leído a Borges cuando estaba estudiando cine en Polonia y en Inglaterra. Para uno, para la gente que vive en el ámbito de la escritura, Borges es el Dios de la palabra. Borges no es un escritor, Borges es una presencia que sobrepasa cualquier espacio. Cuando llegó Borges a Caracas pensaba “cómo acercarse a Borges, seducirlo y hacer el autorretrato”. Los fotógrafos somos personajes que estamos acostumbrados de alguna manera a la guerra. Los fotoperiodistas tenemos que resolver situaciones en momentos de tiempo muy pequeños, en circunstancias muy extrañas. En aquel momento Tomás Eloy Martínez estaba entrevistando a Borges, -tú estabas allí también- y María Kodama andaba sola por ahí. Yo me dediqué a María Kodama y la seduje, la retraté y finalmente la convencí para que me llevara a Borges al baño. Debido a eso, la serie tiene varias imágenes donde aparece María Kodama con nosotros, imágenes donde estamos los tres. Hasta que en un momento determinado yo me quedo solo con Borges. Esa foto ha sido fundamental para mí, porque pude haber retratado a cualquier gran artista, pero retratar a Borges que ha sido un navegante obsesivo del espejo, es realmente único.


Con Blanca Varela.

-Has retratado a otros genios como Ashbery y Cioran, ¿cómo lograste retratar a John Ashbery?


-Un día fui a visitar a Ben Ami Fihman, mi hermano entrañable, mi querido amigo, quien estaba convaleciente de un cáncer. Él se preocupó de que yo hiciera mi trabajo y a través de un amigo, Manrique, el colombiano, me consiguió una cita con John Ashbery y le hice unos retratos. Me hubiera gustado retratarlo más, pero no sé… debe ser que estuve un poco tímido. Posteriormente, en ese mismo viaje, Manrique me consiguió una cita con Allen Ginsberg. Le hice una serie a Allen Ginsberg y lo de Allen Ginsberg fue verdaderamente una historia bellísima porque cuando fui a retratarlo mi cámara fotográfica se echó a perder. Se me trancó, pero ya estaba allí. Entonces Allen tuvo la generosidad de prestarme una cámara. Yo retraté a Ginsberg con esa cámara que ya tenía un rollo iniciado: habían tomado seis fotos. Hice la sesión de fotografía y me traje el rollo para Caracas. Lo revelé y descubrí que una tercera persona le había hecho unos retratos a Robert Frank retratando a Allen Ginsberg. Estaban ahí. Robert Frank es uno de los grandes  fotógrafos que han marcado la fotografía contemporánea. Yo tengo seis fotos en donde él aparece retratando a Allen Ginsberg. Son esos sucesos, esas pequeñas historias que acompañan el ejercicio fotográfico.


Robert Frank, su estudio en una vieja casa de ladrillos rojos en la destartalada Bleecker Street, cerca de Bowery, le pedí que tomara un retrato formal para la primera sobrecubierta de Collected Poems 1947-1980. Aunque había dejado la mayoría de los trabajos con cámaras fijas décadas antes, reflexionó: "Bueno, supongo que continúa un proyecto que comenzamos hace mucho tiempo". Sostuve mis seis libros anteriores de City Lights Pocket Poets atados con una cuerda elástica, Peter estaba detrás de mí. La Polaroid 195 de Robert da un gran negativo. Anteriormente, Peter Orlovsky había deambulado en silencio por la parte de atrás del piso con mi Olympus XA, esto es lo que vio, Manhattan, enero de 1984 (leyenda: Allen Ginsberg) (Foto: Peter Orlovksy) – Cortesía de Allen Ginsberg Estate / Universidad de Stanford. Imagen tomada de Allen Ginsber.org


Aquí hemos debido detener la entrevista. Para celebrar eso. Tener unas fotografías donde aparecen juntos Allen Ginsberg y Robert Frank, justo al lado de las de Vasco, es como un buen broche de oro para una gesta. Pero continuamos.


Con Eugenio Montejo.


-Lo que haces con el Archivo Fotografía Urbana y con la Fundación de la Cultura Urbana apunta hacia una Venezuela futura donde la memoria juegue el papel primordial de reconstruir lo olvidado ¿Es así? ¿Cómo te sientes trabajando tan arduamente en una situación de régimen totalitario?


-Para mí es un privilegio y una gran felicidad poder trabajar en una institución como el Archivo Fotografía Urbana. Yo he vivido toda mi vida en el ámbito del archivo, en el espacio de la memoria y que me agarre esta edad en un archivo de esta naturaleza es un ejercicio también político. La responsabilidad que tengo de dar testimonio y de conservar la memoria del país es inmensa.


Es un ejercicio de resistencia, todo lo que hacemos es un ejercicio de resistencia democrática. Nosotros pensamos en el Archivo. Esa memoria tiene que ser una memoria viva no un expediente de nostalgia, sino una forma de vincular a las nuevas generaciones con su propia historia.


Este es un archivo consciente de su papel en la Venezuela actual. La responsabilidad es muy grande, nosotros no estamos haciendo un proyecto de miscelánea, nosotros utilizamos ese arsenal de imágenes para ir articulando una referencia que permita a las nuevas generaciones saber de dónde vienen.


Con Gabriel Garcia Marquez.

-¿Te has sentido amenazado, perseguido? ¿Te has imaginado en una cárcel como preso político sin cámara?


-Todos los venezolanos en general somos objeto de sospecha. En un régimen totalitario no hay un ciudadano que no sea sospechoso de un crimen de Estado. Entonces, obviamente, uno vive con el temor de que la arbitrariedad y la violencia del Estado puedan, en algún momento, tocarlo a uno. Eso es así.

La imagen, el ejercicio de la imagen, el ejercicio de la escritura lo lleva uno en la psiquis y en el corazón, donde quiera que esté. No requiere cámara, no requiere lápiz, trasciende el instrumento ese de cámara, lápiz, computadora, porque al final el gran instrumento es la memoria. Si uno está preso uno tiene ojos. Inclusive, si uno queda ciego, tiene la posibilidad de reconstruir el mundo a su alrededor.

Yo cuando estuve exilado en Bogotá hice un trabajo que se llama cuerpo de exilio, que está soportado fundamentalmente, en la exploración del cuarto donde yo vivía. O sea, con eso de alguna manera quiero decir que el territorio de exploración estética, visual, puede ser el cuarto. El espacio más pequeño es infinito. Lo pequeño, como decían en los sesenta, es infinito.


Con Álvaro Mutis


-La fotografía ¿le roba imágenes a la poesía o la poesía le roba las imágenes al fotógrafo?


-Para mí, el ejercicio de la poesía es un ejercicio diario que se expresa en múltiples espacios, en la escritura, en la fotografía, en mi relación con la mujer. Yo no hago separaciones, yo pinto, hago muchas cosas. La forma de vivir que tengo, es expresarme cotidianamente en todos los escenarios que he explorado. No hago diferenciación. Cuando estoy haciendo un poema, estoy disfrutando también en imágenes y pensando en la construcción de un espacio particular. Como cuando hago una fotografía. Vivo así, cotidianamente, no hago separación. Yo digo que son obsesiones paralelas. Yo me muevo en el ámbito de las obsesiones. No hay autor que no se soporte sobre las obsesiones, todo el universo mío de obsesiones se expresa a través de la fotografía, a través de la poesía y a través del verbo, del dialogo con el otro, que es un ejercicio también de creación, de intercambio. El hablar, el oír, sobre todo escuchar, es también un ejercicio fundamental de conocimiento y de creación. Cuando uno habla y cuando uno oye es también un acto único.


Con Roberto Bolaño.


-Esa última exposición tuya: Caracas, postcards, ¿Cuánto tiempo tardaste para reunir todas esas fotografías?


Kataliñ Alava.


-Uno va haciendo las cosas, se van construyendo en el tiempo. Yo hice unas fotos iniciales en Colombia… personajes en las calles desde un autobús. En el 2017 empecé a hacer desde el carro esos personajes que me impresionaban muchísimo, que recorrían la ciudad como sonámbulos, destruidos, mirando al piso y entonces se me iluminó el concepto y empecé a desarrollar sistemáticamente esa mirada sobre un país en ruinas, que se expresa en unos personajes que caminan sin rumbo.



Salía con mi esposa, Kataliñ Alava, en la camioneta, yo en la parte de atrás y ella manejando. Tomaba esas fotos… era un ejercicio de observación cotidiana.


Franklin Brito.

 

Yo me muevo en el ámbito de la fotografía y del arte, de la construcción consciente de espacios visuales. Para mí, los dos momentos cumbres de la definición del régimen totalitario en Venezuela están representados en Oscar Pérez y Franklin Brito, donde el régimen trasciende los límites de una sociedad democrática. El caso de Oscar Pérez es una ejecución pública, notoria. Entonces, en el tríptico, le incorporo dos imágenes, una de Raúl Castro poniéndole el antifaz a una persona que él fusila y el fusilamiento es una metáfora de cuál es nuestra situación de país: una colonia monitoreada por un gobierno extranjero, en este caso Cuba.





 

Con Mark Strand.


Y por otra parte, Franklin Brito es un caso que conmovió a toda la sociedad porque entendimos la verdadera naturaleza del régimen, que es capaz de asesinar a un ser humano públicamente sin ninguna piedad. Ya eso nos dio una información sobre un régimen totalitario como el de Venezuela. En esa parte de la exposición incorporo los iconos del totalitarismo: Stalin, Lenin, el Che Guevara, Fidel Castro y les borro el rostro, que es una metáfora sobre la cultura comunista de borrar la historia, desde Lenin hasta Chávez y Fidel Castro. Cuando uno revisa la historia iconográfica de todos esos países se da cuenta que ellos borraron la historia. Entonces yo, en el territorio de los buenos, los borro a ellos.


Las últimas horas de Óscar Pérez

En este momento final iba a leerle a Vasco lo que Jorge Luis Borges comentó un día del año 1982: “No me gustan nada o me gustan demasiado. Ahora claro, que me he librado de ellos. Porque la ceguera es un modo drástico de borrar los espejos”. Pero ya Vasco había esgrimido su cámara y desde el fondo de la computadora ordenaba, divirtiéndose, “mira para acá, mira hacia mí que te voy a retratar desde Caracas”. Después de eso ¿qué más íbamos a decir?


Con Adriano González León.



Con Nicanor Parra.




Con Miller, Kureishi, Pantín y Villoro.


 

Con Severo Sarduy.


Con Manuel Vázquez Montalbán.



Con Eco, Soyinka, Abad y Savater.




Vasco Szinetar retratado por Diana López.



Vasco Szinetar: la diferencia entre el selfie y el autorretrato.1,665 vistas hasta el 6 de abril de 2022.


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Vasco Szinetar: La fotografía nos ayuda a recuperar la memoria. 220 vistas hasta el 6 de abril de 2022.


Tomada de Crear en Salamanca.



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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne


José Pulido:

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

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El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.


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30/07/2025