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martes, 20 de agosto de 2024

El Teatro Radio City y el Chavismo: Crónica de un robo anunciado

 

Cine Radio City. La fotografía es de Nikolaj Sidorkovs Koslov




Y dígame Usted: ¿Qué se siente ser “expropiado”?


“Para el momento del decreto de su expropiación (2006), ya habían partido mis abuelos, mi madre, y de sus hermanos, si no recuerdo mal, quedaban solo los dos menores. Uno muy enfermo y una muy iracunda”. La autora comparte un relato muy personal, la pérdida de un ícono de Caracas creado por su abuelo materno. Algunos lectores quizá recordarán el lugar por haber visto su imponente fachada desde el Bulevar de Sabana Grande; otros tal vez disfrutaron de una película o un espectáculo en vivo. Lo cierto es que el Teatro Radio City fue también “expropiado” ¿inútilmente para nada?


Cine Radio City. Detalle. Imagen tomada de Pinterest



SONIA CHOCRÓN | 31 MARZO 2022



Caramba, caramba. ¿Será que están devolviendo las propiedades expropiadas (expoliadas, más bien, pues nunca hubo pago) en esta nueva etapa de la “Venezuela que se está arreglando?”, ¿será que después de arruinarlas quieren que sus dolientes verdaderos revivan a esos muertos? De esa cabuya en mi familia tenemos un rollo. Y es tan antiguo que la generación previa, padres y abuelos, ya están bajo tierra.


Taquilla del cine Radio City. Imagen tomada de Pinterest

¿Tendremos sus descendientes la misma suerte que la familia Cohen y su Sambil La Candelaria?, ¿nos devolverán así de impoluto a nuestro querido cadáver? Para el momento del decreto de su expropiación (2006), ya habían partido mis abuelos, mi madre, y de sus hermanos, si no recuerdo mal, quedaban solo los dos menores. Uno muy enfermo y una muy iracunda. El uno, viviendo lejos. Y la otra en sus setentas, y con un nivel de indignación que lo único que nos pedía era que la dejáramos ir a acostarse encadenada a las puertas del teatro. (No nos pareció prudente, claro).

Imagen tomada de FUNDAAYC



Justo en ese momento que cambió nuestras vidas, cuando nos anunciaron de la expropiación, estábamos visitando a un pedazo de nuestra familia radicada en el exterior desde los años ‘80. Habríamos llegado, quizás, tres o cuatro días antes de recibir, una mañana, la llamada de uno de los inquilinos de la propiedad (que tenía dos o tres locales comerciales a los lados del teatro). Que no fue, por cierto, y tampoco, llamada oficial de los expropiadores del gobierno del municipio Libertador. El inquilino vía telefónica nos da un breve parte: “El teatro está todo acordonado por la policía y no nos dejan entrar. Lo que nos dicen es: ‘esto ya no es de ustedes’”.



Pues bien, eso que ya no era nuestro ni de nuestros inquilinos era el emblemático cine/teatro Radio City, y sus locales aledaños; ese teatro que soñó, planeó, buscó a los mejores profesionales, se endeudó y pagó de su bolsillo mi abuelo materno, Don Zacarías Bibas. Un soñador que empeñó hasta su sombra para lograr construir un teatro/cine como pensaba que Caracas lo merecía: Una gema, un trozo del gran mundo, una versión inspirada en el Radio City Music Hallde Nueva York, que mi abuelito tanto admiraba; un trozo de cultura arquitectónica que luego se llenó de festivales de cine japonés, francés, por ejemplo, o en las tablas, de artistas como Lola Flores, para el goce del ciudadano. Nos lo contaba orgullosa mi madre, mi abuela, mis tíos.



. Imagen tomada de FUNDAAYC

Edificio Nivaldo, edificio Continental, edificio Galerías Bolívar y edificio del cine Radio City, Sabana Grande, Caracas




Su diseño, a cargo del arquitecto Natalio Yunis, estilo Art Deco, aspiraba también, a través de algunos elementos decorativos de los años ‘50, a estrenar la modernidad: en la fachada, colocado de forma vertical el nombre Radio City coronado por una plataforma en volado sobre la que se yergue un águila o un halcón, no estoy segura, con las alas abiertas, como para alzarse en vuelo. En el foyer, las imponentes taquillas de aluminio en forma de cornucopia y los pisos de granito marqueteado con las iniciales del teatro: RC.

Piso del Cine Radio City. Imagen tomada de Caracas en concreto.


Era la única sala de teatro en Caracas que tenía -como bienvenida a sus usuarios- un standing room, y un largo pasadizo de ventanales como antesala. Y eso sin mencionar los hermosos frescos/murales con distintas escenas mitológicas, en techo y paredes, pintados por un artista español contratado para ello, de apellido, si no recuerdo mal, Paneia. Una vez adentro, al aforo de 748 butacas, desde el proscenio, dos sirenas les daban la bienvenida a los espectadores.


Recibidor de Cine caraqueño, años 50. No sabemos a que cine pertenece. Imagen tomada de Pinterest


Era (o lo que queda de él aún lo es un poco) una hermosa estructura “como pocas en su diseño integral, construida en una Caracas que buscaba la modernidad en todos los aspectos. Esta sala se estrena en el año 1953, con la mejor tecnología cinematográfica de esa época. Todo, para el entretenimiento de quienes recorrían la Calle Real de Sabana Grande y disfrutaban de una buena película”*.

María Félix en Messalina


La mejor tecnología, por cierto, que mi abuelo introdujo en toda Latinoamérica: el sistema Todd-AO, compatible con el cinemascope, para darnos también a nosotros la grandiosidad, la suprema calidad de imagen y de sonido de las pantallas del primer mundo. El Radio City se inauguró en abril de 1953, con la película Mesalina, relato histórico de la mujer más perversa del mundo antiguo, protagonizada por María Félix.

M. Félix en una foto publicitaria de la película. Foto por Arturo Ghergo.


Por supuesto, me contaba mi madre, había que invitar a la pareja presidencial a la noche del estreno, al dictador Marcos Pérez Jiménez y a su señora esposa, no fuera a ser aquello motivo para una inquina que ya tenía antecedentes: (Decía también mi madre que la ubicación inicial para el Teatro Radio City iba a ser en otra zona más al este de Caracas, pero le fue negado el permiso porque a un pariente del nombrado mandamás le gustó la idea y se construyó allí su propio cine, cuyo nombre no diré).


Y todo ese riesgo de persistir en hacer el teatro, todo ese afán, toda esa empresa económica. Por una floreciente y prometedora Caracas moderna. Por dejar las venas en el país que lo recibió con los brazos abiertos y le dio una vida digna y una familia caraqueñísima. (Eso sí era ser empresario: emprender, hacer ciudad, con trabajo y sin los dineros mal habidos del Estado). Lo recordamos con enorme nostalgia cuando mi hermana mayor le colgó el teléfono al inquilino de las malas nuevas, y lloramos por nuestros muertos y sus sueños robados, y por nuestros hijos y el legado que les pertenecía, ahora sin porvenir cierto. Y mientras, nos apremiábamos a regresar a casa a enfrentar la noticia, a los funcionarios de ocasión, a la impotencia y el disgusto.


El gobierno municipal de aquel entonces, mórbido, hambriento e inflado como los zepelines que volaron ¿una vez?, ¿dos? sobre la ciudad, nunca pagó a los dueños. Pero esto no es novedad: por fortuna no se nos ocurrió hacer una huelga de hambre como el noble señor Brito, ni dejamos a mi tía encadenarse a lo que fue siempre suyo por derecho. Los usurpadores hablaron de aquellos globos como gendarmes vigilantes desde el cielo, hablaron de una sala situacional de la policía, de la seguridad ciudadana desde aquel recinto lleno de arte. Hasta ofrecieron, creo recordar, una sucursal del “nain güan güan”, que sin embargo fue imposible desde siempre: El Radio City fue construido como teatro, con las especificidades de una sala de espectáculos libre de ruido y casi hermética. Que entrara una llamada de móvil dentro de aquel recinto era como un milagro de Hermes. Imagínenselo como sede para recibir los repiques del 911… Parece un chiste, pero nosotros lo lamentamos como si lloráramos a nuestros muertos otra vez.

Cuando por fin desistieron de una sede policial por inviable, obviamente, montaron una taguara de “vivienda digna”: total, los frescos y murales y en general todas las paredes ya las habían rematado con pintura de caucho blanca; y las sirenas, las taquillas, la ebanistería y toda el alma y la belleza que habitaba aquel lugar habían desaparecido hacía rato. Un día que mi tía la iracunda -bendita sea su memoria- quiso ir a ver lo que quedaba, alcanzamos a atisbar desde lejos -no la dejaron entrar- unos escritorios para funcionarios casi sin funcionarios, cerramientos color rojo ruina, y alguna que otra computadora, ¿qué se siente ser expropiado? Se siente la tristeza por la pérdida. Se siente arbitrario, injusto.

Pero, ¿qué se siente ser expropiado inútilmente, es decir, para nada?, ¿qué se siente cuando te quitan de la mano un bibelot que has esculpido con esmero, sacrificio y entrega para echárselo a los cerdos o para que lo caguen los perros? Sientes que es el cadáver descuartizado de un pariente amado. Pues eso.



*Tomado de Caracas en Retrospectiva, Facebook.


Cine Radio City. Foto de Vicente Quintero.7 de mayo de 2018


Tomado de La Gran Aldea




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Sonia Chocrón (Caracas, 17 de marzo de 1961) es una poeta, narradora y guionista de cine y televisión de origen judío. Está emparentada con el dramaturgo venezolano Isaac Chocrón.​

Nacida en una familia judía española y criolla,​ es Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello. Publicada por editoriales como Alfaguara, Bruguera, Monteávila Editores. En 1982 ingresa al Taller de Poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG). En 1988 llega por concurso al Taller “El argumento de ficción” de Gabriel García Márquez en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba. De allí, viaja a México invitada por el premio Nobel para fundar el “Escritorio Cinematográfico Gabriel García Márquez” donde co-escribe guiones para la televisión y el cine.

Ha publicado -con éxito de crítica y público- poesía: Hermana pequeña (2020), Editorial Eclepsidra. Bruxa (2019), Ediciones Kalathos España. Mary Poppins y otros poemas (2015), Lugar común Editores. Poesía Re-unida (2010), Bid & Co Editores. Fe de errantes. 17 poetas del mundo (2006), Otero Ediciones. La buena hora (2002), Monteávila Editores. Púrpura (1998), La Liebre Libre editores. Toledana (1992), Monteávila Editores.; novela: La dama oscura (2014), Editorial Bruguera. Sábanas negras (2013), Editorial Bruguera. Las mujeres de Houdini (2012), Editorial Bruguera; cuento: La virgen del baño turco y otros cuentos falaces (2008), Ediciones B. Falsas apariencias (2004), Editorial Alfaguara.

Su trabajo -tanto literario como cinematográfico y televisivo- le ha merecido diversos premios y reconocimientos. Aparece en numerosas antologías poéticas y críticas. Publicada/traducida a varios idiomas en revistas académicas -poesía y narrativa- especializadas en literatura.

 Enlaces relacionados:


Adios Franklin Brito:"Por quien doblan las campanas" y Venezuela: Trastorno de ideas delirantes.



UN CIELO DE LIBRERIAS EN SABANA GRANDE





MARGOT BENACERRAF: Trabajar en el cine es algo así como enamorarse: es un estado pasional, pero lo importante es qué vas a contar y cómo lo vas a decir



Sonia Chocrón: Si te digo la verdad, José querido: me siento rehén del espanto

Una entrevista de José Pulido 



Sonia Chocrón: Hermana pequeña es un solo poema, que recorre mi ciudad incluyendo mis sueños y pesadillas



Sonia Chocrón: Melchor, mi padre Rey Mago, quiso a Venezuela como si hubiera sido su casa desde siempre




jueves, 13 de junio de 2024

Margot Benacerraf, las múltiples voces de una niña inmortal que fue, es y será

 



Mis días con Margot

«Miraba con unos ojos exultantes. Sus dientecitos -mínimos-, su pequeña estatura y su sonrisa frecuente terminaban por completar su estampa de niña inmortal»


SONIA CHOCRÓN | 06 JUNIO 2024

No voy a hablar de la película Araya, ese largo poema visual, como la llamaba ella misma. Tampoco de la genialidad de las luces y sombras y contrastes de Reverón y sus muñecas. Ni de cuando fundó la cinemateca, ni de todo lo que hizo, propició, creó, fomentó y mimó para y por el cine venezolano. Para eso hay expertos, biógrafos, historiadores y estudiosos de toda su obra.



Yo voy a contarles de su autito, de sus ganas de vivir y hacer, de su juventud, de su dientecitos, de sus sortijas, y de su inmortalidad.

Margot y su papá


Margot era muy Margot desde siempre. Me contaba mi abuela que su padrino -un reputado médico, investigador y descubridor-, solo encontraba oídos a su sabiduría en la Margot adolescente, aficionada como él a la ópera y muy culta, casi tanto como él. 

Se conocían casi todos los sefarditas de la Caracas provinciana de los años 20 y 30, cuando la comunidad judía de la época era aún incipiente.


Esa fue la primera noticia que tuve de ella, una anécdota de mi abuela materna.

Margot a los 15 años


Por supuesto me hice estudiante de comunicación social y entonces ya sabía perfectamente de la importancia de Margot Benacerraf, de sus películas, del Inciba, de la cinemateca, y todo lo demás. Pero no la había visto nunca excepto en periódicos, libros y revistas culturales.


Ya graduada y en los tardíos años ochenta cuando me fui a vivir a México, García Márquez me encargó llevarle a Caracas, a Margot, algunos recaudos. Ella volvía a ser su amiga después de años de silencio y distancia, a raíz de un impase con el guion/cuento de “La Cándida Eréndira” que habían planeado filmar juntos.

Así que puede decirse que fue a través de García que llegué a Margot, o Margot llegó a mi vida.



Llevé el mensaje y los recaudos y nos conocimos en persona a mi vuelta de México.


Congeniamos desde el principio, esta señorita -así prefería ser llamada, señorita Margot, y yo. 


Margot nunca se casó y se sentía muy cómoda con el tratamiento de señorita.


Pero, ¿por qué congeniamos inmediatamente? Ella era ya grande, yo una joven admiradora, pero de alguna forma había sido candado en la reconciliación de ella y Gabo. Y ambas éramos de origen sefardita  y teníamos además antepasados e historias comunes



Margot en el jardín de Picasso


.Así que la amistad fue inmediata, y fue coser y cantar.


Entonces de su mano supe de amigos suyos que luego fueron los míos.


Margarita Márquez, que en paz descanse, exdirectora de la cinemateca nacional, esposa del filósofo y escritor Fernando Rodríguez, ambos amigos de Margot, la llamaba Margarita. Para otros era solo Margot. Como para los Molina Rauseo, Rodolfo Izaguirre, Franca Donda, Romelia Arias, las Ramia, y una larga, larguísima lista de personas y personajes que quisieron a Margot.


Conversábamos por teléfono, o nos reuníamos en su departamento, muy cerquita de la mi casa, en su magnífica biblioteca llena de libros, papeles, carpetas, archivos, grabados, reproductores, música y fotos. O en su cocina. O en mi casa, o en su corolita fiel.


Benacerraf y Vinicius de Moraes



La primera asignatura que me encomendó fue participar como jurado en el recién creado premio de guion cinematográfico Margot Benacerraf en el festival del cine venezolano. Y así lo hice, en la Mérida de finales de los años 80, acompañada por Luis Britto García, en aquel momento sin revolución, y el magnífico y discreto escritor Ednodio Quintero.


Después de aquello ya fuimos consuetudinarias. Hablábamos por teléfono casi a diario.


Íbamos a eventos, presentaciones, inauguraciones, obras de teatro, y al cine sobre todo, juntas. Venía a casa invitada a celebrar algunas fiestas hebreas de guardar. Y en otras ocasiones íbamos a saraos y embajadas acompañadas de otra inseparable suya de aquel tiempo, la cálida Romelia Arias.


Así que usualmente conducía Margot, en su autito Toyota corolla de otros tiempos, y nos aventábamos por la autopista Francisco Fajardo hacia el Ateneo de Caracas, a la sala que llevaba su nombre a ver alguna película, o a visitar a María Teresa Castillo, alguna exposición, a una junta.

Margot Benacerraf y el presidente Rafael Caldera durante la entrega del premio nacional de cine 1995


Margot conducía aquel autito oscuro y antiguo con tal arrojo y tal despiste, que mi divertimento era pensar en los titulares al día siguiente de un accidente imaginado. Dos personalidades septuagenarias de la cultura y una joven escritora anónima perecen en letal accidente de tránsito.


No fue así, por fortuna. Sobrevivimos todas.


Cuando íbamos al cine, Margot y solo Margot sabía desde cuál butaca se veía la proyección de un film al 100% de foco y nitidez. Y entonces, nomás entrar a la sala, -cualquiera de los cines caraqueños-, era ir directo a las dos butacas ideales y sentarnos. Y si estaban ocupadas, rogar que nos las dejaran mostrando su inseparable bastón (creo que consecuencia, por aquellos meses, de una caída que había tenido en Paris).


Margot no veía una película. Se metía adentro. En las actuaciones, en la dirección, en los ángulos de la cámara, en la historia y los motivos de sus personajes.



Y conversar con ella era lo mismo: terminaba uno imbuido de lleno en sus anécdotas, siempre increíbles, vitales, importantes, únicas. Todas como una ficción imposible pero verdadera. 


Puedo decir que de su voz conocí a Picasso, a Reverón, a Buñuel. A Resnais, a Godard…


Tenía unos archivos muy valiosos y en esos años justo había en su casa una persona que venía a diario para organizar y catalogarlo todo.


Ya por los años 90 llegó a Venezuela una investigadora/escritora/curadora norteamericana llamada Karen Shwartzman, hoy en día directora Senior del American Film Institute, para instalarse unos meses cerca de Margot.



Venía a entrevistarla para un trabajo exhaustivo sobre su cinematografía y una retrospectiva del cine latinoamericano en el MOMA (Museo de Arte Moderno de NY) a través de cuatro grandes mujeres, por supuesto una de ellas, Margot.


Así que seguí de cerca la entrevista -que duró meses- y el recuento de los impresionantes archivos de Margot. Detallista y perfeccionista hasta el clímax.


En aquel tránsito suyo ya de nuevo cerca de Gabo, Margot creó una fundación que saludaría desde Venezuela a la Fundación para el Nuevo Cine Latinoamericano de Gabo. La suya se llamó “Fundavisual Latina”. La dirigiría inicialmente la cineasta Solveig Hoogestein, luego otro personajillo oscuro y pisapasito de cuyo nombre prefiero no acordarme. 


Desde allí, Margot creó el primer Encuentro Internacional de Telenovela. Unas jornadas memorables, inmensas, en las que todos los grandes de la televisión hispanoparlante acudieron y completaron un temario que dudo que haya tenido similar lugar y envergadura en algún otro país del mundo.



Desde TV Globo hasta Caracol. Desde Café con Aroma de Mujer hasta el productor de la brasileña Vale todo. Actores, autores, directores, productores. Una fiesta inolvidable. 


Tenía muchos otros talentos, Margot. Yo particularmente admiraba su experticia maquillándose (pido perdón por mi liviandad). Era para ella un arte natural. Impecable. Era coqueta, Margot. Coqueta púdica.


Le gustaba el buen comer, era austera y sencilla, y nunca se quitaba un modesto anillo de marfil , muy antiguo, que había pertenecido a su madre, gran experta en los manjares de la tradición sefardí.


La Margot que yo recuerdo, a la que tuve que dejar después cuando nació mi hija y no me quedaban horas libres para volver a ser su compinche, tenía el gesto invariable de una niña que descubre: penetrante, llena de brillo y curiosidad. Miraba con unos ojos exultantes. Sus dientecitos -mínimos-, su pequeña estatura y su sonrisa frecuente terminaban por completar su estampa de niña inmortal.

Margot Benacerraf.2012. Foto Ivan Dumont.


Eso pensé siempre, que era una niña inmortal.


Como en efecto lo es y lo será.


Tomada de La Gran Aldea

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Sonia Chocrón (Caracas, 17 de marzo de 1961) es una poeta, narradora y guionista de cine y televisión de origen judío. Está emparentada con el dramaturgo venezolano Isaac Chocrón.​

Nacida en una familia judía española y criolla,​ es Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello. Publicada por editoriales como Alfaguara, Bruguera, Monteávila Editores. En 1982 ingresa al Taller de Poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG). En 1988 llega por concurso al Taller “El argumento de ficción” de Gabriel García Márquez en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba. De allí, viaja a México invitada por el premio Nobel para fundar el “Escritorio Cinematográfico Gabriel García Márquez” donde co-escribe guiones para la televisión y el cine.

Ha publicado -con éxito de crítica y público- poesía: Hermana pequeña (2020), Editorial Eclepsidra. Bruxa (2019), Ediciones Kalathos España. Mary Poppins y otros poemas (2015), Lugar común Editores. Poesía Re-unida (2010), Bid & Co Editores. Fe de errantes. 17 poetas del mundo (2006), Otero Ediciones. La buena hora (2002), Monteávila Editores. Púrpura (1998), La Liebre Libre editores. Toledana (1992), Monteávila Editores.; novela: La dama oscura (2014), Editorial Bruguera. Sábanas negras (2013), Editorial Bruguera. Las mujeres de Houdini (2012), Editorial Bruguera; cuento: La virgen del baño turco y otros cuentos falaces (2008), Ediciones B. Falsas apariencias (2004), Editorial Alfaguara.

Su trabajo -tanto literario como cinematográfico y televisivo- le ha merecido diversos premios y reconocimientos. Aparece en numerosas antologías poéticas y críticas. Publicada/traducida a varios idiomas en revistas académicas -poesía y narrativa- especializadas en literatura.

 Enlaces relacionados:


MARGOT BENACERRAF: Trabajar en el cine es algo así como enamorarse: es un estado pasional, pero lo importante es qué vas a contar y cómo lo vas a decir



Sonia Chocrón: Si te digo la verdad, José querido: me siento rehén del espanto

Una entrevista de José Pulido 



Sonia Chocrón: Hermana pequeña es un solo poema, que recorre mi ciudad incluyendo mis sueños y pesadillas



Sonia Chocrón: Melchor, mi padre Rey Mago, quiso a Venezuela como si hubiera sido su casa desde siempre



martes, 9 de abril de 2024

Sonia Chocrón a Milagros Socorro: Con Las mujeres de Houdini, quería escribir una historia de madres e hijas

 

Imagen tomada de La Parada PoéticaFoto de María Ángeles Octavio




Sonia Chocrón: Con Las mujeres de Houdini, quería escribir una historia de madres e hijas


Sonia Chocrón


“Y yo, que soy un poco irresponsable al teclado…”


Foto de María Ángeles Octavio


Sus primeros tres libros fueron de poesía y recibieron importantes reconocimientos. Por mucho tiempo se dedicó a los guiones de cine y televisión. Hasta que un día llegó a la narrativa, género en el que ya suma varios títulos de relatos y novela.


Milagros Socorro


Foto: María Ángeles Octavio


La escritora caraqueña Sonia Chocrón estuvo este año entre los cinco finalistas del Premio de la Crítica a la Novela, con su obra Las mujeres de Houdini (Alfaguara, 2012), que a la fecha lleva dos ediciones.


–¿Por qué ha establecido usted como referencia de su novela la habilidad del escapismo?


–Comenzaré, no sin un poco de vergüenza, con un relato muy personal. Una de mis fantasías en mi tardía adolescencia era el sueño de escapar. Ser otra por un paréntesis de tiempo. Me ocurría cuando viajaba a diario a la Universidad Católica Andrés Bello, donde estudiaba Comunicación Social. Solía ser un viaje relativamente largo, por la distancia y por el tráfico en la autopista. Tenía tiempo para dejarme llevar por la vía y pensar en la posibilidad de seguir de largo, pasar la UCAB, y continuar hacia un periplo ignoto. Llegar a un lugar donde no conociera a nadie. Y nadie me conociera. Instalarme, vivir una vida ajena y luego regresar. Solo por el deseo de cambiar de acera por un tiempillo, asomarme a un mundo que me cambiara la identidad por un rato.


Nunca lo hice. Y la fantasía me acompañó durante años, en viajes, aviones, traslados, paisajes. Esa manía secreta caducó cuando tuve a mi hija. Y ya nunca más quise ser otra. Ni vivir una vida prestada. Después, con los años, entendí que esa tendencia a la evasión estaba a mi alrededor, en la figura del inmigrante que era mi padre. En la figura del fugitivo, que ha sido la del pueblo judío. Y de la escapista, que siempre he sido para todas las responsabilidades. Tal vez incluso, en nuestra idiosincrasia, tan habituada al chistecito como salvoconducto.


Cuando ya escribía el cuarto o quinto capítulo de la novela, me di cuenta de que era imperativo enlazar a los tres personajes femeninos, no solo por su filiación sanguínea, sino por su rasgo más contundente: la evasión. Y entonces Harry Houdini se me impuso. Lía, Elena y Sara aparecían y desaparecían de sus vidas y de la propia historia a discreción, como si hubieran sido las mujeres de Houdini.


–Uno de sus personajes escora en el ladino, ya al final de su vida cuando los recuerdos se difuminan. Para sorpresa y fascinación del lector, escribe usted los parlamentos en esa vieja lengua. ¿Qué fue a hacer una escritora venezolana en el ladino?


–Esta venezolana que soy fue a dar un paseo por uno de sus escondites predilectos: el español. Fue a regodearse en la lengua, pero en su estado casi original. Mi padre era un judío andaluz, obviamente de origen sefardí. Y aunque no hablaba ladino, sí pergeñaba algunas expresiones en haketía, que es la versión mutante (marroquí) del ladino original, el idioma de los judíos ibéricos al momento de la expulsión en 1492.

Ya en Toledana (1992), mi primer poemario, comenzaba a sumergirme en los vericuetos de una lengua medieval, llena de arcaísmos y musicalidad. Pero era castellano puro. Luego vinieron lecturas, Ladino, djudeoespanyol, djudezmo. Y las variantes geográficas como el haketía. En otras palabras: el español medieval, con cierto aporte hebreo y árabe, casi intacto. Entrar en contacto con esa revelación, fue por fin, mudarme a otro mundo. Y escuchar mis orígenes.


Descubrí pequeños y maravillosos detalles, como por ejemplo que las zetas no existían sino que eran sustituidas por la X, y pronunciadas como sh; que las jotas se pronunciaban como ye, que las palabras tenían sentido apegadas a su significado; que esa lengua tenía una gracia para nombrar que me hacía falta. Que me completaba. Y en fin, que es una muestra del idioma original, sin tachaduras ni enmiendas, distinto a aquel que ha evolucionado y mutado hasta hoy. Me pareció además, que la ancianidad de Isaac Brandao, quedaba retratada a la perfección en ese idioma añejo, lo único que la desmemoria no podía tocar.


–¿Cómo fue el proceso de escritura de su novela. ¿Qué idea modificó a lo largo de la incubación y qué destello afloró durante la escritura?


–Quería escribir una historia de madres e hijas. Luego vino la pregunta de mi fantasía no cumplida: ¿qué pasaría si uno desapareciera por una semana sin dejar rastro? Por supuesto, esta pregunta abarcaba las dos aceras: cuál es la historia de quien se ausenta. (¿A dónde ha ido, para qué?). Y cuál es la historia de quien permanece. (¿Qué se hace con el vacío? ¿Cómo se interpreta una fuga?).


Ya tenía un comienzo. Dibujé entonces una anécdota básica, pero los detalles me fueron encontrando lentamente a mí. Me explico: sabía que mis personajes femeninos iban a fugarse por breve tiempo y por distintas razones. Pero el motivo de la evasión más importante, la que desencadena toda la trama, me lo dio el profesor de natación de mi hija.


Comienzo por el principio. Cuando yo era niña, mi abuelo materno tenía un local que alquilaba a una señora mayor, de origen español, que iba siempre vestida de negro y a quien todo mundo llamaba “La Mami”. Cuando mi abuela iba de compras al local de La Mami, yo la acompañaba. Así que La Mami y yo hicimos buenas migas hasta el fin. La Mami murió muy mayor luego de una vida desafortunada (viuda desde joven, sus dos hijos fallecieron de forma trágica y prematura, razón de su luto). Pero casi veinticinco años después, esta anécdota volvió a cruzarse en mi camino, justo cuando maceraba la posibilidad de escribir una historia de largo aliento.



Para la religión judía es un deber (establecido en las leyes) enseñar a nadar a los hijos porque es una forma de salvarles la vida. Así que cuando la mía tenía cinco años decidí llevarla a una escuela de natación cerca de casa. Juan, el dueño de la academia es un nadador veterano con quien improvisé tertulias vespertinas durante más de un año mientras mi hija aprendía a flotar y a patalear en el agua. Me relató que durante su infancia, a finales de la segunda guerra mundial, empobrecidos en España hasta el hambre, una señora lo terminó de criar en Francia hasta que logró ponerlo a salvo en Suiza, con otros niños judíos huérfanos. Juan nunca dejó de agradecerle a La Mami, ya instalada en Venezuela como él, y apañada en un local de Sabana Grande.


Fue así como Lía, el personaje de Las mujeres de Houdini, tuvo un objetivo cierto durante la semana de su desaparición: salvar niños judíos en los albores del holocausto nazi. La Mami se transformó en Lía Brandao, desaparecida misteriosamente en París en 1939. Luego investigué. Es decir, leí, vi películas, hice preguntas. Historia, París, nazismo, moda, modos, clima, música… Hasta que sentí que respiraba otro aire y había escapado a otro lugar y otro tiempo. Finalmente. Y con mi mapa esbozado, me lancé al agua. Pero en el camino de cada capítulo, siempre hay ideas, palabras, eventos que surgen como un chaparrón. Y yo, que soy un poco irresponsable al teclado, al chaparrón lo dejo caer en la historia como ha llegado: sin aviso. Hasta que al final ya fue un tejido de verdades, mentiras y películas.


–Usted fue poeta y guionista antes de recalar en la narrativa. ¿Cómo fue ese trayecto?


–Fue un trayecto relativamente fácil y cómodo. Desde Toledana, el instinto de narrar ya asomaba. De hecho, Toledana es un poemario que cuenta una historia de amor contrariado en tres actos. Y el trabajo como guionista me anclaba también en el entrenamiento para desarrollar personajes y estructura dramática. Así que ya escalaba, desde que comencé a escribir, los primeros peldaños de la ficción. Sin embargo, no comenzó siendo mi deseo, sino el de mi madre. “Está bien la poesía, pero escribe historias”, me decía. “Tú siempre estás contando historias, escríbelas”.


Un día me dije por qué no. Nadie iba a salir maltrecho. No habría errores de vida o muerte. No haría una cirugía de páncreas. Solo el experimento de transformar una idea o un tema en anécdota, en cuento, en narración por escrito. El momento del salto llegó al mismo tiempo que mi embarazo. Me negaba a escribir poesía por temor a socavarme las entrañas de tanto hurgar. Pero como no sabía estar sin escribir, comencé a barruntar una historia, La señora Hyde. Y luego otra, Señas particulares. Nació mi hija y luego de un tiempo, Falsas apariencias, mi primer libro de cuentos, ya estaba listo y en las oficinas de Alfaguara. Por suerte, mi mamá pudo ver al menos ese primer libro de relatos, antes de partir.


–Usted trabajó con García Márquez. Por favor, resuma esa experiencia. ¿Tuvo que ver el inmenso narrador con su viraje hacia la narrativa?


–Sí, fui a un taller llamado “El argumento de ficción” en Cuba, en 1987, con García Márquez. Y de allí, me invitó a trabajar con él, en México. Un año entero que aún me parece mentira si no fuera por las fotos que me hice, los papeles que guardé y los inéditos que me regaló. Fundamos –junto con tres mexicanas- el Escritorio Cinematográfico Gabriel García Márquez y comenzamos a escribir argumentos y guiones para el cine y la televisión.


Nuestras oficinas quedaban en los famosos Estudios Churubusco Azteca y hasta llegamos a ser alguna vez fachada de la casa de aquel film “Querida, encogí a los niños”. Los retoños del patriarca -así nos llamábamos a nosotras mismas- escribíamos durante la mañana, y hacia el mediodía llegaba él a conversar los textos. Sin duda, fueron lecciones. Sobre todo, de vida (“cuando era pobre no podía comer de todo porque no tenía con qué, ahora que sí tengo, tampoco puedo por indicación médica”); de amor (“El amor es un talento”); de recuerdos (“En esta computadora que te voy a dar, escribí Crónica de una muerte anunciada”); de vuelo y humor (“Tengo el título de mi próxima historia: Las mujeres felices se suicidan a las seis. Aún no se de qué se trata”). Y a las 3 de la tarde nos íbamos felices, las tres mexicanas y yo, junto con Gabo, a almorzar.


Mi viraje a la narrativa también trae un poco el sello de García Márquez. Tardíamente, pero lo trae. La historia que yo había llevado a Cuba, al taller del argumento de ficción, le había gustado mucho. Se llamaba Miss Monja y aludía a los certámenes de belleza. Un día me dijo algo más o menos como: “no hagas un guión, haz un relato. Y así te evitas que le metan mano directores y productores”. Le hice caso y es mi siguiente novela, Sábanas negras. Tomé su consejo, 25 años después, justo en el momento en el que no sabía siquiera si habría una siguiente historia después de Las mujeres de Houdini.


 


Publicado en Papel Literario, El Nacional, el 13 de octubre de 2013


Tomado de Milagros Socorro




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Sonia Chocrón (Caracas, 17 de marzo de 1961) es una poeta, narradora y guionista de cine y televisión de origen judío. Está emparentada con el dramaturgo venezolano Isaac Chocrón.​

Nacida en una familia judía española y criolla,​ es Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello. Publicada por editoriales como Alfaguara, Bruguera, Monteávila Editores. En 1982 ingresa al Taller de Poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG). En 1988 llega por concurso al Taller “El argumento de ficción” de Gabriel García Márquez en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba. De allí, viaja a México invitada por el premio Nobel para fundar el “Escritorio Cinematográfico Gabriel García Márquez” donde co-escribe guiones para la televisión y el cine.

Ha publicado -con éxito de crítica y público- poesía: Hermana pequeña (2020), Editorial Eclepsidra. Bruxa (2019), Ediciones Kalathos España. Mary Poppins y otros poemas (2015), Lugar común Editores. Poesía Re-unida (2010), Bid & Co Editores. Fe de errantes. 17 poetas del mundo (2006), Otero Ediciones. La buena hora (2002), Monteávila Editores. Púrpura (1998), La Liebre Libre editores. Toledana (1992), Monteávila Editores.; novela: La dama oscura (2014), Editorial Bruguera. Sábanas negras (2013), Editorial Bruguera. Las mujeres de Houdini (2012), Editorial Bruguera; cuento: La virgen del baño turco y otros cuentos falaces (2008), Ediciones B. Falsas apariencias (2004), Editorial Alfaguara.

Su trabajo -tanto literario como cinematográfico y televisivo- le ha merecido diversos premios y reconocimientos. Aparece en numerosas antologías poéticas y críticas. Publicada/traducida a varios idiomas en revistas académicas -poesía y narrativa- especializadas en literatura.


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Fotografía coloreada de Vasco Szinetar






Periodista y escritora venezolana nacida en Maracaibo en 1960. Trabaja como periodista independiente en diversos medios impresos, como la revista Exceso, el diario El Nacional y la revista Bigott. Ha publicado Una atmósfera de viaje (cuentos, 1989), Catia, tres voces (testimonio, 1994), Alfonso "Chico" Carrasquel. Con la V en el pecho (testimonio, 1994) y Actos de salvajismo (cuentos, 1999) con el que obtuvo el premio de narrativa de la Bienal José Antonio Ramos Sucre (Cumaná), en 1997. Sus textos se pueden leer en La BitBlioteca.
Ganadora del premio Nacional de Periodismo en el año 1999 y del premio La Haya el Premio Oxfam Novib/PEN por su interminable labor a favor de la libertad de expresión.

Fotografía original de Vasco Szinetar
 Tomada de Prodavinci


sábado, 30 de marzo de 2024

Sonia Chocrón: Si te digo la verdad, querido José Pulido: me siento rehén del espanto

 


Sonia Chocrón: Si te digo la verdad, José querido: me siento rehén del espanto

Una entrevista de José Pulido




Sonia Chocrón

“Cuando me desanimo me quedo como una palmera esperando a que pase el huracán”


José Pulido domingo 23 de agosto de 2020


Cuando digo “antes” no me refiero a los días en que la televisión mostraba la vida en blanco y negro. Ni cuando era posible deleitarse con la metamorfosis de las galletas María al ser tocadas por el café con leche. Tampoco aludo a los años en que el Centro Comercial Chacaíto era un paseo dominical en cualquier día de la semana y no quiero traer a colación la sabrosura juvenil de las películas Fiebre del sábado por la noche y Grease durante el tiempo en que fueron lo máximo.


Exactamente. El “antes” que pienso es el de los noventa para acá. Antes de que los teléfonos celulares se tornaran estilo de vida y Facebook, Twitter, Instagram y demás redes se volvieran un mapa mental y hasta espiritual. En ese breve tiempo pasado, el nombre de Sonia Chocrón era como escuchar un perfume, como oler una canción. Después se fueron incorporando fragmentos estéticos: unos ojos oscuros de negrura poética sefardí, una boca de bailadora de flamenco, unas manos de hechicera adivinando cartas.


(Tengo la certeza de que su voz es cristalina, pero quiebra silencios. Sé que Sonia ha heredado la tesitura porque su madre era soprano, de las sopranos mejores, aquellas que dejaron de cantar para convertirse en madres. La más alta jerarquía de comprensión, aparte de lavar, planchar y cocinar).


Antes Sonia era una sensación, una intuición. Y cuando llegó el tiempo de macerar su existencia en escritura, no hubo más antes ni después: todo se convirtió en ahora. Sonia Chocrón es el ahora que su voz ensalma y no hay manera de dejarlo para otro día ni de convertirlo en recuerdo: hay que sentirlo a cada rato. Ahora mismo. Como cuando necesitas el agua y tienes que abrir el chorro.


Currículo breve encontrado por ahí

Sonia Chocrón nació en Caracas en 1961. Es licenciada en Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello. En Venezuela ha recibido varios premios por su poesía. Ha sido guionista de cine y televisión. Viajó a México invitada por Gabriel García Márquez para fundar y formar parte del Escritorio Cinematográfico Gabriel García Márquez, donde escribió para varias series y argumentos para la televisión y el cine. Desde 1987 ha colaborado en diversas publicaciones culturales y literarias de periódicos de circulación nacional y en revistas culturales de circulación continental en las áreas de poesía, crítica y narrativa. Sus poemarios son Toledana (1992), Púrpura (1998), La buena hora (2002), Falsas apariencias (2004), La virgen del baño turco (2008), Mary Poppins y otros poemas al cine (2015). Su novela se titula Las mujeres de Houdini (2012).


 


Toledana

Aquel poemario Toledana, del año 1992, la mostró madura siendo una muchacha. Los lectores se interesaron a la vez por la judía de Toledo y por la de Caracas.


Leyendo su poemario Toledana, me detuve de pronto en este poema:


El rey camina entre púrpura y oro

como está de los reyes hacer

Lleva el ímpetu puesto en la mirada

como manada de bestias

que huye del redil

y su estampa semeja la natura

que madura en buena hora las cosechas

Mas su hermosura se oculta en lo aparente

su hermosura está en lo que él presiente:

Soy yo quien ha capullos reventando

y sobre mi pecho una pasión nueva

queriendo volar


Frené en seco, señoras y señores, porque ese poema es un sublime documento del amor. Un documento argumentado, sentido y redactado por la mujer, o sea por la propietaria de los sentimientos más finamente destilados.


Ese poema es un documento que podría transformarse en plaza, en parque, en catedral, en estatua. Hubo quienes negaron que haya ocurrido esa historia entre el rey Alfonso VIII y Raquel o Rahel, la judía de Toledo.


En aquel ámbito el rey era el mejor hombre, el más preparado: intelectual, sensible, y sano. Ella era la mejor mujer, bella y sabia, la que esgrimía el verdadero libre albedrío que es totalmente femenino. Se amaron como se ha estilado el amor en todos los tiempos: con sabor de tragedia. Todavía pueden leerse textos de esa época que acusan al rey de haber estado pecando siete años con quien no debía. Pobre rey. Acusado de felicidad.


A riesgo de parecer completamente retrasado y extraviado, entrevisté a Sonia Chocrón a partir de su primer poemario. Aquella Raquel, la fermosa, había renacido en los poemas de una poeta caraqueña y el pobre rey también.


No sé si es un abuso hablar del primer poemario de alguien. O una falta de tacto como aludir al primer amor. Sonia escribió después varias preciosidades que he sumado a mis lecturas de cada día. Pero no podía evitar iniciar este diálogo a partir de Toledana, porque ahí se gestó la poeta de hoy.


Confieso que he estado coleccionando poemas de Sonia Chocrón como si fueran barajitas de beisbol. Hay una belleza gestada con irreverencias y verdades muy propias en cada una de las cosas que ella escribe. Por ejemplo, tengo predilección por estos dos poemas de La buena hora. Creo que le ocurre a muchos porque los seleccionan cada vez que hablan de ese libro:


Monaca di moza

Aquellos que todavía no me aman

no han escuchado las retraídas notas

de las voces de la tarde

ni los gritos de la flama herida

que arde que arde

No conocen el fragor de la carne

de las niñas desobedientes


 


A Dios en su morada

Dios

si tú me codiciaras

como yo a ti


Si me preguntan por qué me fascinan tanto, respondo con la simpleza de quien no sabe mucho de estas cosas: me gustan porque encierran la dulce amenaza de una promesa y porque estallan en belleza.


La belleza es una diferencia que otros reconocen; a veces la belleza sólo está ahí para sanar la enfermedad que ha de venir. Si el alma muriera y se hicieran autopsias de alma, sería algo extremadamente difícil separar sus restos y los de la belleza.




La entrevista

Jamás dudaré que Raquel existió y mucho menos que amó. Porque tu poesía le dio vida. ¿Has sido Raquel para escribirla?


Lo fui inmediatamente después de escribirla: por eso siempre pensé que Toledana había convocado a Eros, a Psique y a Amor. (¡Rahel existió, lo supe luego!)


 


¿Cómo te has imaginado a esa Fermosa?


Me la había imaginado con dos eses, sexual y semita. Sin embargo, por estos días, un amigo escritor y periodista español me ha enviado una publicidad invitando a visitar Toledo y conocer la historia de las diez grandes mujeres de la ciudad y una es Raquel, la fermosa. Y en el folleto con ilustraciones que semejan la realidad de esos personajes históricos, Raquel es rubia y de ojos claros.


(Los judíos originales suponemos ser de piel oscura: venimos de África. Los rubios son el resultado del proselitismo de varios siglos. Sin embargo, yo misma vengo de un sefardí de ojos azules como el cielo. Y de toda esa familia Chocrón, sólo mi hermana mayor y yo tenemos ojos oscuros).


Así que ahora sólo sé que Raquel era amante, amadora, amorosa, cuerpo, éxtasis y belleza. Aunque ya no sepa de qué color.


 


Lo que vivió ¿sigue instalado como síndrome en la existencia de la mujer? ¿Es una injusticia que se repite para siempre?


No sabría decirte. Raquel fue víctima del intríngulis político, supongo. Logró subyugar a un rey, al punto de pasarse siete años seguidos encerrado con ella en el Palacio de Galiana. Sus parientes, además, pasaron a formar parte de la corte real del gobierno de Alfonso VIII. Así que una pasión de ese tamaño debe haber sido muy molesta para los nobles caballeros del reino, para la Iglesia, y para la propia esposa del rey.


¿Cómo has hecho para entrar en la época con tanta propiedad?


Pues no he hecho más que leer afuera y adentro. Sobre la lengua de entonces y sobre la lengua que heredé. Porque la historia de Raquel y el rey sólo apareció cuando ya llevaba la mitad del libro escrito. Y la usé entonces para darle unidad. El idioma es mi génesis. De allí vengo, allí nazco yo.


 



Tienes nostalgia del futuro… Y no es Jerusalén todavía… ¿significa que ya Caracas no tiene nada de lo que tenía?


Cuando escribí Toledana (que fue casi ya en una vida pasada), Caracas era aún mi lugar en el mundo. (Tanto así que dejé todo para volver desde México a mi Caracas). Sigo amando mi ciudad. Su verdor, el Ávila como un guardián que llega al cielo, mi casa, sus calles y su locura. Pero ahora la muerte que la ronda es una sombra mucho más densa que entonces. No sé cuánto tiempo más pueda convivir con ella.


 


Tú y la poesía ¿cómo es la relación entre las dos? ¿Quién guía, quién se somete?


Nos llevamos bien, ella y yo. No porque yo lo quiera, sino porque no tengo más remedio y la acepto, aunque a veces su yugo me quite el aire. Suelo hacerme la desentendida, huirle, negarla como Pedro a Jesús. (Me la paso diciendo que no soy poeta). A veces le gano, pero sólo momentáneamente. Montale lo explicó mejor que nadie:


“L’esser poeti non è un vanto.

E’ solo un vizio di natura.

Un peso che s’ingroppa con paura”


“Ser poeta no es ninguna virtud

Es sólo una tara innata

Un peso que se lleva con angustia”


(Este es un fragmento del poema “E’ solo un vizio di natura”, me lo regaló un amigo de Twitter, lo tradujimos a cuatro manos).


 


En definitiva ¿qué marca tu búsqueda en la poesía? ¿En qué etapa encuentras la máxima satisfacción?


Primero y siempre mi lengua. Y del lenguaje, que no falte nada, pero por Dios, que tampoco sobre (que no se llene el poema de palabras inútiles, oquedades, meros etcéteras). Y tercero, que toque (abismos, ideas, sentimientos, misterios, descubrimientos, dolor, plenitud, asombros, ojos, corazones, algo).


Cuando existe el otro, la mirada del otro, un lector: he ahí la máxima satisfacción. No antes.


 


¿Qué significa en ti, poeta, ser del país que hoy parece agonizar?


Es dolor y miedo. Si te digo la verdad, José querido: me siento rehén del espanto. Y me es muy difícil extenderme en esta respuesta porque equivale clavarme a mí misma los puñales que más me duelen. Peor aún, los puñales dejan tantos vacíos en el lugar donde alguna vez fueron herida. Aquí sigo, en el lugar donde están enterrados mis muertos.


No sé hasta cuándo. No sé si aquí o lejos. No sé debajo de cuál barro terminaré yo. (De esto hablo en mi próximo libro de poesía, Hermana pequeña, ya en imprenta.)


 


¿Qué es lo que más amas en la vida?


Lo que más amo en la vida es a los míos, mi familia. A mi hija. Reír (me fascina reír porque soy niña cada vez que lo hago. Y lo hago mucho). Viajar.


 


Tu poesía es un arte elevado, esencia del lenguaje, ¿hay ojos viendo eso?, ¿hay lectores sintiendo eso?


Ojalá. Ojalá todo: que sea un arte mi poesía. Y que alguien así lo perciba cuando la lea.


¿Qué haces cuando te desanimas?


¿Qué hago cuando me desanimo?: me desanimo. Y allí me quedo como una palmera, esperando en mi sitio a que pase el huracán. Resisto, no niego los vientos, ni los truenos. No los mimo, pero no reniego de ellos. Y pasan. Por fortuna siempre pasan. Pierdo algunas hojas, quedo despeinada, pero en mi lugar. Y ojo, sé bien que nada es definitivo: siempre puede volver un ciclón.


 


¿Has avanzado con lentitud o con prisa?, ¿con dolor o alegremente?


Todo, con prisa, lentamente, con dolor y alegrías. Avanzo con todo. Retrocedo a veces con todo. Y sigo. Vivo todo. Porque no sé hacerlo de otra forma. Es un problema sentir mucho, pero padezco de esa mala maña. Así que a veces puedo ser muy muy feliz. Y otras muy infeliz.


Pero si me preguntas por la escritura: soy pausada. Me tomo años en cada libro. Corrijo mucho, reescribo mucho. Nunca estoy segura. Pero no hay prisa, el tiempo suele ser muy buen consejero.


                                                                               


¿En dónde vives?, ¿cómo desarrollas tu poesía allí?


Vivo en Caracas, contra viento y marea. A pesar de que tengo doble nacionalidad y podría vivir en otras ciudades al otro lado del charco, en Europa. He batallado mucho para vivir aquí cuando por trabajo debía ausentarme y mudarme a otros países. Siempre regresaba a mi lugar (ese debe ser otro defecto de fábrica: no sé irme, sólo sé volver).


 


¿Qué es lo que nombras con más insistencia en tu poesía?


Amor y muerte. Eros y Tánatos.


 


Este tiempo ¿lo has visto bien?, ¿lo has podido atrapar con tus palabras?


Sí, eso creo, eso espero. Es precisamente el poemario que comentaba en una pregunta anterior. Hermana pequeña, ya en proceso de edición.


Creo que en él he condensado una hecatombe, varias huidas (hacia afuera y hacia adentro), pesadillas verdaderas, y el pasado que está en mis recuerdos y que no me dejo arrebatar. (Mi infancia, el hogar de mi niñez, el amor).


En medio de todo lo perdido, mi sensualidad sobrevive.


(Aquí se quedó en silencio Sonia Chocrón, y entonces, para afinar con su voz de soprano lo que estaba diciendo, dejó caer un poema de ese poemario que ha titulado Hermana pequeña)


No es la muerte de lo que hablo

a fin de cuentas

porque los muertos están acostados

Y quietos

Son las miles de bocas sin luz

Conmociones

Mudanzas

Destrozos


Ven conmigo, te digo

Déjate llevar

A otro abismo

Corramos al volcán

que yace debajo

de mi cama



Tomada de Letralia


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Sonia Chocrón (Caracas, 17 de marzo de 1961) es una poeta, narradora y guionista de cine y televisión de origen judío. Está emparentada con el dramaturgo venezolano Isaac Chocrón.​

Nacida en una familia judía española y criolla,​ es Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello. Publicada por editoriales como Alfaguara, Bruguera, Monteávila Editores. En 1982 ingresa al Taller de Poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG). En 1988 llega por concurso al Taller “El argumento de ficción” de Gabriel García Márquez en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba. De allí, viaja a México invitada por el premio Nobel para fundar el “Escritorio Cinematográfico Gabriel García Márquez” donde co-escribe guiones para la televisión y el cine.

Ha publicado -con éxito de crítica y público- poesía: Hermana pequeña (2020), Editorial Eclepsidra. Bruxa (2019), Ediciones Kalathos España. Mary Poppins y otros poemas (2015), Lugar común Editores. Poesía Re-unida (2010), Bid & Co Editores. Fe de errantes. 17 poetas del mundo (2006), Otero Ediciones. La buena hora (2002), Monteávila Editores. Púrpura (1998), La Liebre Libre editores. Toledana (1992), Monteávila Editores.; novela: La dama oscura (2014), Editorial Bruguera. Sábanas negras (2013), Editorial Bruguera. Las mujeres de Houdini (2012), Editorial Bruguera; cuento: La virgen del baño turco y otros cuentos falaces (2008), Ediciones B. Falsas apariencias (2004), Editorial Alfaguara.

Su trabajo -tanto literario como cinematográfico y televisivo- le ha merecido diversos premios y reconocimientos. Aparece en numerosas antologías poéticas y críticas. Publicada/traducida a varios idiomas en revistas académicas -poesía y narrativa- especializadas en literatura.


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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.


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16/06/2024