Mostrando entradas con la etiqueta Kavafis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kavafis. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de junio de 2026

José Pulido, Venezuela, sus ciudades y los escritores

 




José Pulido, las Ciudades venezolanas y los Escritores


LA CIUDAD Y LOS ESCRITORES


Un conocido poema de Kavafis dice:


 


“No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares.


La ciudad te seguirá. Vagarás por las mismas


calles. Y en los mismos barrios te harás viejo;


y entre las mismas paredes irás encaneciendo”.


Constantino Kavafis.


Cada ciudadano crea con su huella una partícula de ciudad. El ciudadano construye la ciudad; inclusive el ciudadano que jamás coloca un ladrillo, o una piedra, un cable o un tubo: todos los habitantes van haciendo la ciudad según sus intereses y sus ignorancias, sus conocimientos y sus sentimientos.


Y al mismo tiempo, la ciudad va procreando los ciudadanos que necesita para descomponerse o embellecerse, para sublimarse o envilecerse.


Hay paisajes en la ciudad que pueden marcar para siempre una vida o muchas vidas. Cada paisaje urbano contiene otro paisaje y dentro de ese otro paisaje anidan los espacios que usa el alma para ejercer la nostalgia o el ensimismamiento. He ahí los paisajes de la memoria, manifestándose en los sueños de los seres que disfrutan y padecen los laberintos de la urbe.


¿Cómo influye la ciudad en el conductor de autobús? Hace que coloque en su vehículo un enorme anuncio de su fe, la imagen de una virgen, un santo o cualquier deidad milagrera, sin que esto le impida detestar a los ancianos porque se mueven lentamente y no pagan pasaje.


 


Todo eso y más, hacen que la ciudad a su vez sea un caos en lo metafísico, en lo amoroso, en lo auditivo, en lo visual. Pero ese caos es lo que genera situaciones de asombro que pueden constituirse en obra de arte y en historia. En literatura, poesía, teatro, cine o danza. Creaciones que sirven en todo caso para enaltecer la espera. Porque como ya lo dijo Jorge Luis Borges hay que ensayar el futuro ¿y cómo se ensaya el futuro? Pues con la esperanza.


 

Vista de Caracas. Imagen tomada de aquí


Escritores que vivieron en Venezuela


Algunos destacados escritores de otros países vivieron mucho o poco tiempo en Caracas y escribieron una o varias obras en este lugar. ¿Cómo influyó en ellos la ciudad? Seguramente eso equivale a hurgar más minuciosamente en sus textos, pero sin duda alguna debe haber algo en sus escritos que refleje el tiempo vivido en estas calles y en estos cuartos amparados por el Ávila.

José Asunción Silva


En el año 1894 se estableció en Caracas el poeta José Asunción Silva como Secretario de la Legación de Colombia en Venezuela. Y aunque su estadía fue de pocos meses, resultaron tan intensos que se dedicó a escribir una novela titulada “Amor”, regresó antes de tiempo a Bogotá y se dio un tiro en el corazón.

Imagen tomada de aquí.


José Asunción Silva decía que El Cojo Ilustrado era “Un periodicazo mensual donde escriben los mejores”. El Cojo Ilustrado, dirigido por Herrera Irigoyen, anunció que publicaría los cuentos negros de José Asunción Silva y una novela que titularía “Amor”. El poeta se encerró a escribir la novela, pero de repente sintió deseos de ir a Bogotá. Entonces su barco naufragó y después de eso, ocurrió el suicidio.


Caracas le había dado muchas alegrías. A Emilio Cuervo Márquez le confesó: “Aquí me han recibido como no merezco; no sé cómo hacer para devolver atenciones y bondades y fiestas. El país va bien, rebosa de oro, tiene el sentimiento del arte y adora la buena literatura. En Bogotá hay muchos que creen lo contrario en lo referente a los dos últimos párrafos; pues bien, están equivocados de medio a medio”.


En Venezuela vivieron y trabajaron Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Manuel Mejía Vallejo, Manuel Puig, Plinio Apuleyo Mendoza, Alfredo Pérez Alencart, José López Rueda, Tomás Eloy Martínez, Isabel Allende entre otros.

Alejo Carpentier.


Su estancia en Venezuela le aportó más conocimientos a Carpentier sobre la lengua castellana enriquecida y divinamente atormentada por el Nuevo Mundo; le destapó más claridad respecto a las maravillas del trópico; le suministró los nombres de las cosas olvidadas, silvestres, diminutas y clandestinas; le hizo comprender al detalle la presencia del barroco en lugares que fueron puertos donde se mercadeaba la modernidad, como Ciudad Bolívar, que alguna vez vio pasar barcos de vapor similares a los que recorrían el Mississippi.

Alexis Márquez Rodríguez. Imagen tomada de aquí


Venezuela le proporcionó a Carpentier un ambiente idóneo para desarrollar varias de sus obras. Según ha escrito el profesor Alexis Márquez Rodríguez:


“Residenciarse en Caracas, contratado para un trabajo publicitario que él dominaba como pocos, bien remunerado y en compañía de un equipo en que figuraban varios intelectuales, entre ellos jóvenes escritores y artistas en ciernes, le proporcionó a Carpentier algo que siempre había buscado afanosamente: tiempo y tranquilidad para emprender la obra literaria que, por vocación y por responsabilidad ciudadana, se sentía obligado a realizar”.



Alejo Carpentier vivió durante catorce años en Venezuela, junto con su esposa Lilia. Fue contratado inicialmente por su amigo Carlos Eduardo Frías para trabajar en la agencia pionera ARS Publicidad. También escribía en El Nacional sobre libros y música. Le gustaba caminar y se iba desde el lugar donde quedaba la agencia publicitaria hasta el periódico. Allí se encontraba con otro de sus amigos: Miguel Otero Silva.


Varias de sus novelas fueron escritas en Caracas. Después regresó a Cuba donde ejerció funciones diplomáticas para el gobierno cubano.


Manuel Mejía Vallejo



Mejía Vallejo


Manuel Mejía Vallejo, el narrador colombiano, trabajó en Maracaibo desde 1950 hasta 1952. Se ganó el concurso de cuentos de El Nacional de Venezuela y el concurso de cuentos de El Nacional de México. Fue el primer latinoamericano que ganó el Premio Nadal y muchos años después de eso obtuvo el Premio Rómulo Gallegos con su novela La casa de las dos palmas. Era periodista. Trabajó como redactor de planta del diario Panorama de Occidente, en Maracaibo. El gobierno de Pérez Jiménez lo expulsó por sus editoriales. En Maracaibo se sintió tan a sus anchas que escribió sus cuentos más reconocidos y premiados.




García Márquez


En 1957 Gabriel García Márquez estaba en París, sin trabajo y sin dinero. Su amigo Plinio Apuleyo Mendoza, era jefe de redacción de la revista Élite de Caracas y le pidió varios trabajos para la publicación caraqueña. Luego Plinio Apuleyo Mendoza le consiguió trabajo en la revista Momento; Trabajó en Venezuela durante los últimos tiempos de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez escribiendo crónicas inolvidables.

Pérez Jiménez


En marzo de 1958 viajó a Barranquilla para contraer matrimonio con Mercedes Barcha. En mayo de ese mismo año apareció «El coronel no tiene quien le escriba», en la revista Mito de Bogotá. El Gabo también trabajó en las revistas Élite y Venezuela Gráfica. Abandonó su colaboración en la revista Momento porque estaba escribiendo «Los funerales de la Mamá Grande».


El Gabo es el más venezolano de los escritores colombianos y aunque tuvo tiempos mejores en otros lugares, nunca dejó de recordar su paso por Caracas. «El otoño del patriarca», su obra maestra incomprendida, revela lo que fue una marca existencial para él. En una reseña biográfica lo señalaron: “Aunque su actividad periodística en Venezuela es muy intensa, García Márquez no abandona el quehacer literario: escribiendo sólo los domingos, redactó casi todos los cuentos de Los funerales de la Mama Grande”.


Según Plinio Apuleyo Mendoza, uno de sus mejores amigos, la caída del dictador venezolano fue el germen de «El otoño del patriarca».


William Faulkner

 



William Faulkner y Juan Rulfo


En una ocasión vino invitado a la hacienda de un amigo, el escritor William Faulkner. Estuvo en Caracas. Se reunió con los escritores agremiados. No sé mucho sobre esa visita, pero Faulkner es uno de mis escritores preferidos. Sí conocí a Isabel Allende, y a Manuel Puig, también a Tomás Eloy Martínez. Y tuve el privilegio de ser amigo de Manuel Mejía Vallejo, quien se quedaba en nuestra casa cuando visitaba CaracasManuel Puig era un ser humano extraordinario. Estuvo poco tiempo en Venezuela porque no le ofrecieron un empleo que le sirviera para escribir con tranquilidad.

Elisa Lerner sobre Manuel Puig: “Manuel no era dócil. No le gustaba todo el mundo. Era muy observador”.

Juan Rulfo vino una sola vez y no sintió ningún deseo de quedarse en Caracas. Lo atracaron por los lados de Parque Central y lo golpearon con tanta saña que al día siguiente parecía un boxeador que ha perdido la pelea.


Juan Rulfo


Sobre Rulfo sí puedo decir, con toda certeza, que esta urbe intensa y atropelladora lo marcó para siempre. Fue una vergüenza para el gentilicio. Porque en vez de golpear a ese señor han debido leerlo.

Parque Central . Imagen tomada de aquí


https://circulodescritoresvenezuela.org/2023/01/08/jose-pulido-la-ciudad-y-los-escritores/


*******



José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores


Enlaces relacionados:






miércoles, 3 de diciembre de 2025

ENCUENTROS INOLVIDABLES CON ESCRITORES

 


Ilustración de Rafael Gómez Alejos para la portada del libro ‘Voces íntimas. Entrevistas con autores latinoamericanos del siglo XX’, de Reina Roffé (Punto de Vista). /WMagazín.





      La pasión de la lectura me viene desde muy temprano, mi madre me enseñó a leer cuando tenía 5 años y el primer libro que repasaba cada día, por cierto en voz alta, era la Historia Sagrada.
    Deseo compartir en este texto, la devoción que me produjo la lectura de algunas páginas, por quienes las habían escrito.


   La primera vez que degusté los poemas de Constantino Cavafis, sentí la necesidad vital de sentarme con él en una taberna del puerto, para hablarle de mis viajes, de las causas de mi exilio voluntario. 

Pero entre los dos, existía una separación irremediable de tiempo y de distancia, entonces lloré, lloré de impotencia y de tristeza, por la imposibilidad de comunicarme con el ser, que creía, hubiera vislumbrado mi alma a través de las palabras.

En silencio, resonaron sus versos, mientras las lágrimas fluían de los ojos.
 
   Dices; " Iré a otra tierra, hacía otro
mar
y una ciudad mejor con certeza
hallaré.
Pues cada esfuerzo mío està aquí
condenado,
y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos
en esta desolada languidez.
....
No hallarás otra tierra, ni otro mar.
La ciudad irá en tí siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás
pues la ciudad es siempre la misma.
Otra no busques. No hay...

    Afortunadamente, pude conocer y conversar muchas veces con otro de mis poetas amados: Eugenio Montejo. Recordarlo es meditar sobre el habla de los árboles, en el grito de los pájaros al atardecer, en Manoa, ese lugar que buscamos más allá del Orinoco y de los tepuyes.



    Alguna vez, en una madrugada cuando salíamos de un bar de Sabana grande, nos topamos con ese gran narrador venezolano: Eduardo Liendo, quien entre otras cosas, compartió con nosotros, una anécdota de Montejo. Dijo que se lo había encontrado una mañana muy preocupado, con algo que sus dedos sostenían con cuidado, era un pichón que él había recogido en la acera, y juntos fueron a buscar una fuente para que el ave bebiera agua y sanara. 

Eduardo Liendo (Caracas, 1941 – 2025) retratado por Jaime Ballestas.
Fotografía tomada en los años 80 y que forma parte del libro "Retratos selectos"
publicado en el año 2005.

     Esa era la Caracas que perdimos, en los crueles aconteceres de los últimos 25 años

       Montejo fue mi inolvidable profesor de las cátedras: Poesía I - II cuando cursé la maestría de literatura en el postgrado de la Universidad Central de Venezuela. Sus clases eran un acontecimiento intelectual y emocional, al finalizar, compartíamos un café, su lenguaje era siempre terso y profundo, yo lo llevaba después en mi carro, hasta su casa.
     
    Estos son sus versos:
    "La poesía cruza la tierra sola.
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide.

                _Ni siquiera palabras.
          Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;
tiene la llave de la puerta. 
Al entrar siempre se detiene a mirarnos. 
Después abre su mano y nos entrega
una flor o un guijarro, algo secreto,
pero intenso que el corazón palpita
demasiado veloz. Y despertamos."


Eugenio Montejo. Fotografía de Vasco Szinetar.


     Eugenio Montejo fue un poeta universal, con un discurso que cae sobre las aristas del corazón, y lo estremece, porque nos recuerda la humanidad que nos sostiene, en un planeta azul que gira y gira.


   Hernán Vargas Carreño, un poeta colombiano que soñaba con reunir toda la poesía de Montejo, en una antología bilingüe español portugués, me dijo, que éste era un poeta con una obra digna de un premio Nóbel. 




    Sigamos hablando de los escritores amados, conocí a Antonio Skarmeta, el autor de Ardiente paciencia, la novela que fue llevada al cine, sobre il postino, que le llevaba las cartas a Neruda durante su exilio en Italia. Andaba con mi amiga entrañable, Marisol Marrero, quien no sé si por accidente o decisión propia, trastabilló y cayó en brazos del novelista, mientras él reía de una manera jocosa.
      Debo confesar que nunca he conocido a alguien con una personalidad tan cálida y tan arrolladora como la del novelista, dramaturgo, guionista de cine y televisión chileno, fallecido el año pasado.

Pablo Neruda, Juan Rulfo y Antonio Skarmeta.1969. Fotografía de Sara Facio



   Nos contó de su cercana amistad con Neruda, lo que le permitía la confianza, de llevar a las chicas que él deseaba seducir, a visitar al bardo ya retirado, en su casa de Isla Negra.

Fernando VallejoImagen tomada de aquí.



   En 1993 cuando Fernando Vallejo ganó el premio Rómulo Gallegos con su libro: El desbarrancadero, fui a almorzar con la ya mencionada amiga Marisol Marrero, a un restaurante de Los Palos Grandes. El portero que nos conocía, nos dijo si queríamos acompañar al novelista laureado, quien estaba muy solo en una mesa. Debo confesar que no había leído los libros de este autor colombiano residente en méxico, pero su físico muy delicado y su tímida personalidad no concordaban con las desafiantes propuestas de su narrativa.

Isabel Allende, Arlington, VA, 1981. Fotografía de Marcelo 
Montecino.Tomada de Flickr.

   Otra experiencia amable fue mi encuentro con Isabel Allende.

La lectura de su primer libro: La casa de los espíritus fue impactante, por eso asistí en 1984 a la firma de su segunda novela escrita en Caracas, donde ella vivía en esa época: De amor y de sombras.  



      Llegué a la librería Lectura del Centro Comercial Chacaíto muy puntual, ella era joven y atractiva, llevaba un chaleco rosado que no he olvidado. Había muy poca gente, lo que me dio la oportunidad de sentarme y conversar animadamente sobre su primera novela. Desde entonces, se convirtió en una de mis escritoras favoritas.


   
      Debo confesar que la conmoción que la lectura de algunas páginas me produce, a veces, se transforma en fascinación, casi en un culto sagrado, lo que me impide aprovechar la cercanía con los escritores admirados, como hace la mayoría de las personas.


    Creo que eso me pasó con Gabriel García Márquez, cuyo hermano Gustavo, mi vecino y el mejor amigo de mi marido, nos invitaba casi todos los diciembres a la casa de su madre en Cartagena de IndiasAllí conocí a casi todos los García Márquez, quienes llamaban: "rincón guapo" a la cocina inmensa, donde se reunían para desayunar. Sus conversaciones eran tan delirantes, como los cuentos del Nobel.  Entre ellos, hice una amistad especial con el menor: Eligio Gabriel, quien también era escritor y falleció tempranamente. 

    Al Gabo lo conocí en Caracas. Compartimos en más de tres ocasiones. Cuando Gustavo se lo presentó a mi marido le dijo: Este es Ballestas, mi hermano, entonces él respondió:_ Si es tu hermano, me toca aceptarlo también como mío, lo abrazó con una sonora carcajada. Desde entonces tomó la costumbre de enviar sus cuentos inéditos, vía fax. Al llegar en la mañana a la oficina, el rollo de papel extendido por el suelo, nos indicaba un nuevo mensaje del patriarca del realismo mágico.

   La segunda vez vino a Venezuela, con Jaime, el hermano que dirigía el Instituto del nuevo periodismo en la ciudad heróica, a quien invitamos a almorzar. Creímos que el Nóbel, por tener una agenda repleta, le era imposible asistir. Nos sorprendió que cuando Jaime le comunicó que los Ballestas lo habían invitado a un restaurante italiano, éste le dijo que era una oportunidad para llevar a la amiga que había traído: Susana Cato, una cineasta mexicana. La única condición que pidió fue que no asistiera ningún periodista.

Años después supimos que había tenido una hija con ella, llamada Indira Cato, brillante periodista mexicana.


   Esa tarde inolvidable, Gabito no habló de literatura. Casi con voz profética, describió en un futuro que él no vería, la destrucción de la cultura occidental por los nuevos bárbaros, los seguidores del Islam.

   Pidió como plato principal, pennes a los cuatro quesos, y nos dió, entre whiskys y vinos, una clase de como comerlos, tal como lo hacen los nobles romanos.
    
    El siguiente encuentro ocurrió cuando el Gabo sufrió un aparatoso accidente, cuando iba de salida del país, al aéreopuerto de Maiquetía.

     Gustavo vivía entonces, en la urbanización: Los Corales, cerca del mar. Esta vez, fui con un médico amigo que quería conocerlo. Napoleón Ascanio tocaba la guitarra magistralmente, y cantaba baladas italianas y rusas. Fue una velada inolvidable. 

Me permití, esta vez, preguntarle sobre algunos personajes de Los cuentos peregrinos, en forma empática, GGM compartió eventos vividos, los cuales habían inspirado algunos, de esos relatos.

     Doy gracias, porque por largos años pude intercambiar cartas con escritores famosos, pero, la oportunidad que agradezco infinitamente, es haber compartido largas conversaciones, fiestas inolvidables, con amigos escritores como: Luis Beltrán Mago, José Tomás Angola, Edgard Vidaurre, Carmen Cristina Wolf, Nora Carbonell, Magaly Salazar, Belkis Arredondo, Marisol Marrero, Anabelle Aguilar, y tantos otros que saben que están en mi corazón y cuya lista sería interminable.

   Hago mía la canción de Violeta Parra: Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Lidia Salas
Noviembre del 2025
Mes del escritor







Violeta Parra "Gracias a la vida"




*******



Lidia Salas. Poeta y ensayista. Nació en la ciudad de Barranquilla, Colombia. Ha vivido en Venezuela por más de 40 años. Posee doble nacionalidad, colombo-venezolana.

Licenciada en  Filología e Idiomas de la Universidad del Atlántico. (Colombia)  Obtuvo su maestría en Literatura venezolana en la  Universidad Central de Venezuela.

Autora de los siguientes poemarios: Arañando el silencio. Finalista del 1º Concurso de Poesía Libre de la Universidad de Córdoba. (Colombia) Ediciones Puesto de Combate. Bogotá. Colombia. 1984 Mambo  Café Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela. Caracas.1994. Mención de honor del Concurso de Poesía del Ateneo “Casa de Aguas” (Venezuela) Venturosa. Premio Único del VII Concurso Nacional de IPASME. Caracas, Venezuela. 1995.  Luna de Tarot Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela. Caracas. 2000. Este poemario fue llevado al teatro en la Semana del Poesía en Escena en Caracas.. Coautora con Elena Vera de la antología Quaterni Deni 1988. Katharsis. Editorial Lector Cómplice. Caracas. 2013. Ciudad de Azul y Vientos,  libro digital    (Amazon) Edición impresa: Editorial Lector Cómplice. Caracas, 2016. Autora de las siguientes plaquettes: Sedas de otoño (2006)  e  Itinerario Fugaz. (2007) Edición de la Universidad Nacional  Abierta. .Su poema “Hechizo de isla” fue finalista  en el III premio Internacional de Poesía Amorosa en Palma de Mallorca. España. Publicado en la Antología del Círculo de Bellas Artes de la misma ciudad. 2005.

Muestra de su obra ha aparecido en las siguientes  antologías: Poetas en Abril. (1985.)  Quienes   escriben   en  Venezuela. Diccionario    abreviado  de  escritores venezolanos (2004).  El hilo de la voz (2004). Antología poética (Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela.  Caracas. 2005). Antología del Octavo Encuentro Internacional de Escritoras (2008)  La mirada Femenina  (Universidad Metropolitana. Publicaciones Arbitradas. Caracas.2008.) Sus ensayos han sido publicados por revistas nacionales e internacionales como  A la Mar de la Universidad de California. USA. Ateneo y Caracola. Y en periódicos tales como El  Nacional, Ultimas Noticias. (Caracas) El Impulso (Barquisimeto) y Frontera (Mérida).


Enlaces relacionados: