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sábado, 7 de septiembre de 2013

LA CARICIA DEL ANTICRISTO REVISITADA.

Una reseña del libro “Nietzsche: la moral como envenenamiento. Metafísica, historia y nihilismo”

Por José Carlos De Nóbrega



Nietzsche segun Edvar Muncho. 1906


LA CARICIA DEL ANTICRISTO REVISITADA

José Carlos De Nóbrega


Todavía hoy estoy persuadido de que la mano que escribió “El Anticristo” rozó por un momento, en un claro atardecer de otoño, al que sería autor de la “Historia de Cristo”. Giovanni Papini, Pasado Remoto (1885-1914).



SUCEDE lo mismo… / Se repite el enigma // a la menor llovizna / la tristeza se enciende / y quema lejos // como la lámpara del Cínico. 

Freddy Ñáñez, Siempre en Invierno.


Ilustración de Isidoro Reta



La certeza sólo se justifica en la precariedad del soporte que nos tropieza, esto es la carne expuesta a los juegos equívocos del lenguaje que aún perturban a la humanidad. Pisamos en falso día a día, no obstante nuestra terca militancia cultural que descansa en Occidente. Friedrich Nietzsche (1884-1900) nos tira salvajemente de las patillas, la barba o las orejas: No hay ningún estado de hecho, todo es fluido, inaccesible, huidizo; lo más duradero, son nuestras opiniones. El Orden se desmonta en el imperio de la irrelevancia, el caos y la apostasía. No importa que el status quo transite del fetichismo religioso a la plusvalía capitalista. La indagación o aproximación en torno a Nietzsche quema aún el velo del paladar, pues su afán filosófico se ha prestado por igual a las más intensas polémicas, injustas especulaciones, ridículas supercherías, e incluso magníficos acercamientos. Por fortuna, “Nietzsche: la moral como envenenamiento. Metafísica, historia y nihilismo” (primera edición bajo el sello de Fundarte, 2010) de Nelson Guzmán, reeditado por el CELARG (2013), nos lo presenta en una prosa transparente y accesible que mueve una (re)lectura atenta y harto interactiva. Este diálogo filosófico, vital y estético a calzón quitao que ambos sostienen, evidencia la desnudez moralista y el despropósito de la burguesía, sus diáconos y pontífices academicistas. La embriaguez que conduce a una pulsión comprometida por la vida, desdice no sólo al mesianismo religioso y político, sino también a un racionalismo extremo que fracasa en cosificar la legión abstrusa de adentro: Los deseos serán planteados como irresponsabilidad, el lenguaje debe saber gobernar al cuerpo, a los instintos. La palabra controla y domestica al hombre por las leyes, el fundamento se pierde en nombre de la formalidad. Por lo pronto, este libro ganará lectores agradecidos en virtud de su cualidad objetual que apunta a la exquisita colmena, no a los archivos o nichos esterilizantes.



Nelson Guzmán nos obsequia uno de sus libros más diáfanos, no en balde su compleja estructuración conceptual. El Decir provocador y radical de Nietzsche que abomina del Canon Occidental, se comenta en un tono conversado que nos recuerda a Alejandro Rossi en su plenitud expresiva (por ejemplo, su semblanza al filósofo español, “transterrado” en México, José Gaos). El discurso argumentativo, pese a su cariz flemático y calmado, se apoya en la polivalencia y el virtuosismo: La voz asume roles que comprenden al presentador, el relator, el comentarista y el benévolo traductor. Resulta sorprendente que el tratamiento que se le da a tan controversial pensador, se lleve a cabo en el ejercicio de la palabra depurada y tocable. Notamos, en especial, el encadenamiento de oraciones cortas y precisas que vindican el cultivo del aforismo: El hombre sigue inmerso en el pantano de la hipocresía. Para Nietzsche el cristianismo se ha opuesto al desenlace fatal que debe traer la sinceridad. De manera que el lector de a pie, independientemente de su condición académica, pueda acceder y participar sin dificultad en esta apasionante conversación de sobremesa.

 
Nelson Guzmán

El acercamiento de Guzmán a la obra de Nietzsche, excede el ámbito filosófico y académico: Trae consigo el entusiasmo inherente del discurso poético. Redunda en una lectura lúdica y respetuosa que va de un poeta a otro. La captación, la paráfrasis creativa, la falsificación de la voz ajena y la interpretación de los textos, obedecen a un espíritu comunitario y dionisíaco. Disfrutemos, pues, de esta muestra inobjetable: Nietzsche está hablando de las posibilidades de las metáforas, reside fuera de esa técnica de producción de conocimientos que es la razón. Nietzsche prefiere sucumbir al deleite de la palabra, a la posibilidad de creación, de la invención. Por tal motivo, la transparencia e inmediatez del discurso ensayístico es la vía más válida y pertinente para abordar el pensamiento complejo, contradictorio y explosivo del filósofo alemán. La exploración de una estructura reticular no fracasará en el armatoste barroco, por el contrario, nos complacerá en la belleza conmovedora del trazo y el tratamiento primigenio del color en el texto. El confesionario, parafraseando a Gracián, es la instancia que nos permite leer y comprender a los hombres.

Una linda seguidora de Nietzsche

El poeta y filósofo Nelson Guzmán no realiza una apología ni una requisitoria falaz a Friedrich Nietzsche que lo pervierta en una exegesis puritana. Halla su contentamiento en una exposición crítica y sentida a su obra; nos invita gentilmente a pasear por sus libros más imprescindibles, auscultando su carnadura en la musicalidad templada del río. El efecto roza -¡acaricia?- lo transgenérico y lo sinestésico, tal como lo ejemplifica Juan Calzadilla: A ras de la cordura, va de regreso el ángel de la espada infinita / sedienta detrás de las aguas del deslave de ayer. Aspectos puntuales del pensamiento nietzscheano como la voluntad de poder, el superhombre, el eterno retorno y la genealogía de la moral, son tratados con suma claridad en tanto manifestación insurgente, prevaricadora e iconoclasta en contra de la cultura occidental. El propio Nietzsche nos comenta uno de los principios de su ars bélica: yo no ataco jamás a personas, -me sirvo de la persona tan sólo como de una poderosa lente de aumento con la cual se puede hacer visible una situación de peligro general, pero que se escapa, que resulta poco aprehensible. Por supuesto, se trata de destruir el Templo Pío de la religión y la razón cartesiana, con su intoxicación ideológica, metafísica y filosófica. He allí la posibilidad del nuevo orden por venir, más allá del bien y del mal. Si lo sabrá el comentarista conspicuo que es Guzmán, desprendido del necio egotismo catedrático: Los valores ancestrales nada aportan en el desciframiento de la nueva vida, desde esa vertiente no hay otra cosa que la resignación, se ha señalado al asno como un animal afirmativo que no sabe sino decir sí y que lleva en su lomo todo el peso del mundo. Lo cual nos retrotrae el cuento “El Catire” de Rufino Blanco Fombona, indagación que se solaza en la vileza del peón catirrucio que tortura al borrico untándole la manteca del tigre. De lo que se desprende la necesidad de ahogar la cultura decadente y reactiva en su propia sangre. Nietzsche y Guzmán coinciden en la urgencia de la tarea, sólo que difieren en lo correspondiente al instrumental de la guerra: en el uno prevalece el tenor incendiario e infamante proclive al voluntarismo filosófico y afirmativo; en el otro importa la conciencia de clase como constructo colectivo y proletario a la luz del materialismo dialéctico, lo cual reconviene a la nobleza elitista del superhombre. 

Imagen tomada de aquí


Sin embargo, ambos se reencuentran en un afán crítico que liquide la servidumbre humana de manera definitiva: A ese mundo trivial es a lo que Nietzsche propone renunciar. El hombre se ha convertido en un repetidor de virtudes, los hombres copian la manera como sus amos conciben la vida. A esa conducta la llama Nietzsche decadente puesto que no hace sino repetir la tradición cultural “Yo sirvo, tú sirves, nosotros servimos”. La moral occidental, de arraigo judeo-cristiano, instituye la subcultura de la debilidad a como dé lugar (hasta el punto de someter a los aliados, v.g. algunos gobiernos europeos que doblan hoy la cerviz ante el Imperialismo histérico y enfermizo). El hombre rebelde había muerto bajo la domesticación impuesta por los libros sagrados, los discursos autorizados, el deber ser y el soso revisionismo que apuntalan la supremacía moral de los pocos sobre los muchos. Configuración del mundo pobrísima que se registra de esta manera: El hombre que anuncia Platón en la República no ve, vive reducido a las tinieblas. De allí que la prudencia platónica haya expulsado a los poetas de su Paraíso Artificial, sucedáneo poco convincente del Olimpo idealista. El Decir poético se forja su orgía y ágape dionisíacos a contracorriente de lo establecido: Entre tanto la palabra poética aguardó su turno y su tono para salir de sí, para dar a conocer al homoterapéutico que ha hecho reverdecer su césped utilizando su propio abono y condumios. No nos sometemos a coreografías contranatura que nos uniformen y resequen. Celebramos lo caótico y lo contingente en la danza rota que sacude a la aurora. Nos jactamos, acompañados por el poeta Ludovico Silva, de las sombras que reafirman la personalidad propia.

Ya queremos una franela así

En resumidas cuentas, valga una auténtica y gustosa invitación para nadar y bucear en las aguas cálidas de este precioso libro. Su autor, al igual que Tiradentes –precursor despedazado de la independencia brasileña del siglo XVII- y Doc Holliday –dentista tísico, apostador y pistolero temible del siglo XIX norteamericano-, les sacará las muelas y experimentarán al punto un arrebatamiento cuasi alucinógeno pero reconfortante. Les garantizamos que no se quedarán varados y embalsamados en el viaje.


     En Caracas, dama de compañía y trémula carne apetitosa, miércoles 31 de julio de 2013.



 Tomado de Salmos Compulsivos


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José Carlos De NóbregaEnsayista y narrador venezolano (Caracas, 1964 - Valencia, 2023). Licenciado en educación, mención lengua y literatura, de la Universidad de Carabobo (UC). Forma parte de la redacción de la revista Poesía, auspiciada por la misma casa de estudios. En 2007 su blog Salmos compulsivos obtuvo el Premio Nacional del Libro a la mejor página web.

En 2015, fue profesor invitado por la Universidad de Salamanca para dictar un curso sobre literatura venezolana, auspiciado por la Cátedra Ramos Sucre de la USAL y el CENAL.


Ha publicado dos volúmenes de ensayo: Sucre, una lectura posible (Universidad de Carabobo) y Textos de la Prisa (Gobernación del estado Carabobo) en 1996. Los libros de ensayos Derivando a Valencia a la Deriva (2007) y Salmos Compulsivos por la Ciudad (2008, versión digital en www.letralia.com) han sido publicados por las editoriales “El Perro y la Rana” y “Letralia” respectivamente. En mayo de 2008, la Editorial Letralia publicó Para machucar mi corazón: Una antología poética de Brasil (serie Transletralia, versión digital en www.letralia.com), de la cual es el compilador y el traductor. En 2011 apareció el libro de ensayos Salmos Compulsivos, bajo el sello editorial Protagoni, c.a..


El Fondo Editorial Fundarte publicó el libro de cuentos El Dragón Lusitano y otros relatos, en 2013. En 2014,


Fundarte hizo públicas dos traducciones a saber: los libros de poesía Las imaginaciones / El soldado raso. de Ledo Ivo y la novela La Pasión según G.H., de Clarice Lispector. También tradujo Dispersión / Indicios de Oro, del poeta portugués Mário de Sá Carneiro.


Ha colaborado en diversas publicaciones periódicas: Poesía, La Tuna de Oro, Tiempo Universitario, Letra Inversa del diario Notitarde, Laberinto de Papel, Revista Nacional de Cultura, Imagen, suplemento Letras del diario Ciudad Ccs, el diario Vea y Fauna Urbana.



domingo, 18 de agosto de 2013

CRÓNICAS INVERTIDAS SOBRE PARAÍSOS ARTIFICIALES.

UNA RESEÑA DEL LIBRO "FANTASMAS" DE LUIS LAYA.

Por José Carlos De Nóbrega




"FANTASMAS" DE LUIS LAYA: CRÓNICAS INVERTIDAS SOBRE PARAÍSOS ARTIFICIALES. 

 

José Carlos De Nóbrega 

 

 


“FANTASMAS” DE LUIS LAYA: CRÓNICAS INVERTIDAS SOBRE PARAÍSOS ARTIFICIALES

José Carlos De Nóbrega







La idea del desdoblamiento del mundo en dos, llevada a cabo en Platón y continuada con el cristianismo, no constituye sino un debilitamiento del hombre.  


Nelson Guzmán, La Moral como Envenenamiento.

 



El Diablo puede apostar de nuevo su cabeza sin titubeo alguno: La literatura venezolana de hoy incorpora propuestas interesantes, políticamente incorrectas y alentadoras. Sin importar el género, nos topamos con las grandes voces cómplices de Sol Linares, Ximena Benítez, Luis Enrique Belmonte, Nelson Guzmán, Luis Ernesto Gómez, Freddy Ñáñez y Luis Laya, por ejemplo. No compartimos la visión apocalíptica y afectada de Antonio López Ortega, cuando se refiere a las nuevas promociones de cuentistas venezolanos. Resulta absurdo confundir el escepticismo a secas con una concepción crítica y descarnada del país que nos tocó vivir intensamente. La militancia estética y política se apuntala y afila en el ardor propio del pensamiento crítico. La obra ensayística y filosófica de Ludovico Silva es un coscorrón en la mollera de críticos mezquinos y reaccionarios que se cocinan en su propia hiel. “Fantasmas” de Luis Laya, no obstante su índole de transición respecto al resto de su obra narrativa, es una estupenda colección de cuentos que supone una consideración atenta de sus antecesores (Mariño Palacio, Meneses, Massiani, Julio y Salvador Garmendia –no hay ni Garmendia viejo ni Garmendia nuevo, como lo sostiene inútilmente López Ortega-, Liendo o Britto García), sin que por ello se atenúe la brillantez de su propuesta personal y artística en torno al oficio narrativo. Los profetas del deslave literario nacional, si así pueden invocarse, no logran comprender que los cuentistas de hoy mantienen un diálogo dinámico, contingente y vivaz con las voces que los antecedieron. En este caso, los más jóvenes procuran sus espacios propios sin pretender ser abuelos de sus mismísimos padres.


Sol Linares

Nos habíamos topado con dos libros anteriores de Luis Laya: Set (2005 y 2006) y La pérdida (2008). El primero de ellos recoge la novela que le da su título, además de siete cuentos. El segundo volumen está integrado por dieciséis cuentos. Ambas propuestas narrativas constituyen una aproximación lúdica y cruel al mundo urbano. La imaginería visual y musical se regodea en el hiperrealismo, la parodia y la deconstrucción crítica de nuestras ciudades. Por ejemplo, el uso personal del símil apunta a la recreación salvaje de la gran ciudad, no en balde la precariedad y el desgaste del discurso literario: Estoy en una corriente de aire por donde fluyen los mesoneros como gérmenes en un ducto. Las peripecias de los personajes, preñadas de escisión psicológica, alienación y desilusión vital, son aliñadas en una propuesta colindante al Realismo Sucio de la Novela Negra estadounidense, valga la yunta Dashiell Hammett-John Huston, o al morbo caníbal de Salvador Garmendia en “Los Pequeños Seres”: Enmarcada entre tus gríngolas, se ve un mundo de queso rancio, de sudor vestido de talco, de vergüenza y juanetes, que comienza a engullirte por la cabeza. Sin embargo, textos magistrales como “La Oportunidad” recuperan nuestra fe en la humanidad por la trocha hacia una reconsideración conmovedora del Amor que le debemos al Prójimo, esto es una revisita contundente a la categoría vitalísima Conciencia de Clase, más allá de las contradicciones e inconsistencias del discurso ideológico y propagandístico propio de los aparatos ideológicos del Estado. Qué decir del andar lascivo de la guaricha protagonista de “Máquina de conseguir novio” (Su hermosura era cruel, parecía una venganza contra la nada), o la disección entomológica y entrañable de un grupo de amigos en “Sabotaje”. “La cajera más linda del supermercado” es una mordaz puesta en escena de la educación sentimental del protagonista, la cual devendrá en la desazón amorosa y el reencuentro con una Sultana postpunk: Regresaba a Caracas, la que me conocía y entendía, sin compasión. La estética de la fealdad y el desconcierto, desarrollada por Laya en estos relatos, consiste en una serie de atentados terroristas que hagan trizas a la remilgada, pudorosa e histérica cultura pequeñoburguesa que afea y escarnece a nuestras ciudades, amén de vindicar placenteras y vivificantes vías que nos permitan el acceso a la real belleza de las cosas, tal como lo experimentó Charles Baudelaire.

Ximena Benítez
 
Este concierto narrativo disonante y portátil que es “Fantasmas”, se dispone a la manera de un tríptico que se abre al lector y luego se recoge en sí mismo: “Ánimas”, “Demonios” y “Encantos”. Comprende una exploración personal, curiosa y sentida de la Prosa Poética, el Bestiario y la Crónica rural y urbana, sin apelar al galimatías presuntuoso y retórico de ciertas modas literarias y academicistas que temen interactuar con los lectores, so pena de ser descubierta su falacia formal, conceptual y de alma. Tales alcabalas sólo justifican su existencia a través de la intermediación sesgada. Precisamente, “Alma a la mar” es un inicio o prólogo del conjunto que va al encuentro de los ojos inquisitivos sin reparar en los riesgos, tan sólo importa granjear aliados, cómplices y amigos de la literatura que nos vincula de manera visceral y compulsiva a la vida. Los siete textos de “Ánimas” toman por asalto el género de la Prosa Poética como afirmación e indagación del cuento mismo: El experimento transita con fe y entusiasmo el colorido poético y plástico de la estampa hecha a palabra inmediata, el Bestiario como aproximación sociológica de la manada humana, la Crónica Roja, la atmósfera terrorista enclavada en la infancia, el ars poética que alude a Horacio Quiroga o el relato transparente y entrometido que apareja los cuentos de camino y el lirismo de las ensoñaciones atado al surrealismo auténtico. 


Luis Laya

lunes, 6 de mayo de 2013

Crónicas patibularias o el mundo de José Carlos de Nóbrega






Pescadores de Pampatar. Napoleón Cabeza. Óleo sobre tela, 2012





Por Nelson Guzmán







El texto de José Carlos de Nóbrega aroma la fenomenología de una época. El autor narra la fibra esencial de la lucha libre, un deporte que reunía la ficción y la violencia. El malo y el bueno se dan cita en las noches de espectáculos, de fiebres, de bajos instintos subyugando las pasiones. Los hombres son igual en la vida como en la muerte, terminan mostrando su precariedad como pasó con el Dragón Lusitano. No se pueden torcer los rumbos, los destinos son trazados. Los valores imponen raudos su forma de ser. El yo narrativo comulga con el tío que se lanzó por las veredas del mundo, hasta terminar en las esferas de los bajos fondos por una muerte que no era acorde a su dignidad de hombre inverosímil y de linaje surrealista.
 
De Nóbrega, como escritor, centra su interés en la subjetividad de hombres que vivieron un tiempo de riquezas inusitadas, para aquéllos que no  podrán olvidar las borrascas de la imaginación. El héroe y el antihéroe están allí, acercándonos a la diáspora de la vida vivida. EL mundo se deshace en una acción, la última aparición de su tío, el Dragón Lusitano, es el adiós. La vida está para ser comprendida de diferentes maneras, desde ángulos diferentes y allí radica su eternidad.

De Nóbrega está al corriente de cuánto pesan los símbolos. El peso y las cadenas de éstos se oponen a la impostura. Al lado de la orfebrería del amo aparece en espumas lo renegado, lo intercambiable, lo que aspira una eternidad diferente. Las diademas de la ideología oficial se han perpetuado mezclando lo sagrado y lo profano. La sotana impone su voz invocando el vino como la sangre de Dios, solo que los pícaros no absuelven a nadie. La Iglesia y el Poder Ejecutivo local han impuesto apellidos, instituciones públicas reputadas y poder cardenalicio que escupe en los que padecen pústulas. Esa ha sido la Valencia goda vestida de la palabra cruel y del engaño.

De Nóbrega se muestra como un cronista de la memoria, derrumba los antifaces, los contubernios del lenguaje. Este autor parte desde la transgresión, desde el holocausto de un mundo inundado de falsas predicaciones. El lenguaje es duro, emerge desde la entraña de unas crónicas de tiempos inhumanos. El autor de El Dragón Lusitano y otros relatos conoció a Abelardo Cuadra Vega. Este hombre atravesó por montañas insondables con obstáculos y peligros. Al principio, Cuadra Vega, como militar, acompañó a Tacho Somoza, luego se le opuso. La vida de Cuadra Vega es de una épica extraordinaria. Nos revela la coartada de Anastasio Somoza para asesinar a un adalid de la libertad como Sandino. Nunca se ha podido ser tan sincero como lo ha sido Cuadra Vega con respecto a su vida. Nos narra que Sandino nunca fue abatido en el terreno por la Guardia Nacional somocista. El engaño se impuso. El Presidente, días antes de fusilar a Sandino, le manifiesta su interés de diálogo. Los cuadros de la muerte y sus antesalas venían forjándose en la oscuridad de su alma, 16 hombres participaron en la ejecución, este proceso lo autorizó Abelardo Cuadra Vega; retrospectivamente, años después, apuntala los bríos y el heroísmo del general nicaragüense.

Los relatos de José Carlos nos muestran seres perdidos que han extraviado algo importante como la firma y su identidad, estos seres flotan entre humo de cigarrillos, ruidos y delirios alcohólicos. Las convicciones del narrador son interrumpidas por lo inesperado, aparecen espejos que no refractan el rostro, vuelven visiones viejas de lo que proyectamos ser. Las imágenes interrumpen al hombre que se desorienta en sus lenguajes, que capta la vida como un sueño impuesto en los contubernios de las mentiras, del show inesperado, de mensajes que nos fraguan en un mundo que no existe.

José Carlos de Nóbrega. Fotografía de Andrés Cerceau

Las convicciones del autor van descorriendo un mundo artificial que se ha montado en la fragua, para envolvernos en pesadillas donde la sordidez nos impone realidades no deseadas. Los hombres de estos relatos avecinan situaciones espeluznantes, el fin se impone. El juicio final no está lejos para Juan Tanquilla, sin embargo, no deja de ahogar sus angustias, el diezmo de los fieles hace posible su ebriedad y el ardor de su locura. La absolución y el perdón residen en cualquier gesto sostenido por azar.

Las historias que nos ofrece el autor de El Dragón Lusitano y otros relatos se amarran entre sí. El verbo evoca la vida de esos hombres ejemplares de Valencia. La ciudad, pueblo magullado por el desarrollismo, nos estampa en la memoria las veredas de sueños que escapan de la voz patibularia y pendenciera. Blasina se enfrenta al peligro con arredro, desafía el peligro. El postigo de la luz y del recuerdo se abre asimismo para Enrique Marín —hundido en las cercanías de lo que pudiera ser el fin—, desafía el instante, su vocación y las inseguridades se evanecen por la aparición del deseo postrer. La posteridad lo baña de luz, lo
inusitado acontece en su vida para perpetuarlo.

Los juegos de estos relatos o crónicas de un tiempo que no han de desaparecer, ladean ante la vista del viejo cazador, pieles y fragores a los cuales no eximirá el olvido. Hemos comprendido desde las voces de De Nóbrega que la vida es una forja que alumbra el camino.

La prosa de este libro corre locuaz y dislocada, persigue eternizar lo aparentemente anodino. Seres extraños emergen de los fosos para reivindicarse, para señalar que viven a pesar de la displicencia de las creencias. José Carlos es poseedor de una narrativa que no se deslinda de la crónica. La vida cotidiana apostrofa sus palabras en las voces de hombres excluidos, hundidos y amalgamados en los vientos del lenguaje, esos seres se abrazan en el amor pasional. En los entretelones orgiásticos aparecen vulvas amoratadas que consuman el roce, la flagelación, el olvido, la droga, el sueño y la intensidad del frenesí.

Hay un profundo deseo de hacer crónica de lo indecible. Lo turbulento aparece sin esfuerzo y sin falacia. Las prosapias del cielo nos vuelven seres invisibles, emigrados, dislocados de nosotros mismos. La vida es decir —como señala el poeta Luis Alberto Angulo. Lo abrupto es una constante en los relatos de El Dragón Lusitano y otros relatos. Estamos ante una literatura fantasmal, extraña que lidia con lo inusitado, con lo procaz, con las desazones del alma. En ocasiones, nos topamos con sujetos omniscientes que batallan y producen su propia muerte en una especie de ritual macabro. La experiencia literaria se ha apoderado de voces que han dejado de ser conscientes para guerrear con extraños fantasmas del dolor provocado.

En los relatos de José Carlos la imaginación fulgura inaudita. El crimen se prepara con complacencia. Los perros de presa aniquilan a sus víctimas ante la mirada expectante de quienes preparan la obra y los símbolos de una época. El autor recrea lo turbulento, lo insólito. Los hombres asisten a su propia muerte.

La penetración psicológica de este libro, ante una literatura terrorífica, muestra las tinieblas de ciertos hombres que han vivido extrañados de sí mismos, perciben la vida como tempestad, como dolor, como infierno y mueren en su gallardía. En el tenor de la orfandad se muestran desde sus propias tinieblas. Los infiernos de los desolados, de los no desarrollados en las reglas sociales son recogidas en estas narraciones que muestran sus vidas escabrosas.

Él da testimonio de seres insólitos que deambulan por un mundo que los desprecia, allí, en el sopor de los sueños etílicos desenfrenadamente retan lo inusitado, son destinatarios del acto desgarrado, son ecos guardados, arrullados por la brisa y por una locura intersticial que debe prescindirlos en sus propios patíbulos.



Publicado el  domingo 24 de marzo de 2013,  en el suplemento Letras de Ciudad Caracas

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José Carlos De NóbregaEnsayista y narrador venezolano (Caracas, 1964 - Valencia, 2023). Licenciado en educación, mención lengua y literatura, de la Universidad de Carabobo (UC). Forma parte de la redacción de la revista Poesía, auspiciada por la misma casa de estudios. En 2007 su blog Salmos compulsivos obtuvo el Premio Nacional del Libro a la mejor página web.

En 2015, fue profesor invitado por la Universidad de Salamanca para dictar un curso sobre literatura venezolana, auspiciado por la Cátedra Ramos Sucre de la USAL y el CENAL.


Ha publicado dos volúmenes de ensayo: Sucre, una lectura posible (Universidad de Carabobo) y Textos de la Prisa (Gobernación del estado Carabobo) en 1996. Los libros de ensayos Derivando a Valencia a la Deriva (2007) y Salmos Compulsivos por la Ciudad (2008, versión digital en www.letralia.com) han sido publicados por las editoriales “El Perro y la Rana” y “Letralia” respectivamente. En mayo de 2008, la Editorial Letralia publicó Para machucar mi corazón: Una antología poética de Brasil (serie Transletralia, versión digital en www.letralia.com), de la cual es el compilador y el traductor. En 2011 apareció el libro de ensayos Salmos Compulsivos, bajo el sello editorial Protagoni, c.a..


El Fondo Editorial Fundarte publicó el libro de cuentos El Dragón Lusitano y otros relatos, en 2013. En 2014,


Fundarte hizo públicas dos traducciones a saber: los libros de poesía Las imaginaciones / El soldado raso. de Ledo Ivo y la novela La Pasión según G.H., de Clarice Lispector. También tradujo Dispersión / Indicios de Oro, del poeta portugués Mário de Sá Carneiro.


Ha colaborado en diversas publicaciones periódicas: Poesía, La Tuna de Oro, Tiempo Universitario, Letra Inversa del diario Notitarde, Laberinto de Papel, Revista Nacional de Cultura, Imagen, suplemento Letras del diario Ciudad Ccs, el diario Vea y Fauna Urbana.


miércoles, 18 de julio de 2012

Invitación al recital de EN/CLAVE POËTICA






Pulsa sobre la imagen para verla con más detalle



Estimados Amigos:


El Grupo Li Po y el Grupo Literario Enriqueta Arvelo Larriva  les invita a otra sesión de EN / CLAVE POÉTICA, organizada por el escritor Nelson Guzmán, esta vez con el recital de los poetas Enrique Mujica, Luis Alberto Angulo, Gonzalo Ramírez, Juan Calzadilla, la cantautora Gladys Urbina y el ensayista José Carlos De Nóbrega. La cita es este miércoles 18 de julio de 2012 a las 6 pm en la Biblioteca Isaac Pardo del CELARG (Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos). 

Enlaces relacionados:


ENRIQUE MUJICA: El lenguaje y la memoria



DAS SEELENFEL - CAMPO DEL ALMA. Un poemario bilingue Aleman-Español de Adhely Rivero




Disfruten el video del "Recital de Poesía" con los poetas Enrique Mujica, Carlos Ochoa y Adhely Rivero



"Recital de Poesía" con los poetas Enrique Mujica, Carlos Ochoa y Adhely Rivero el 7 de diciembre




Enrique Mujica, poeta: Un poema debe ser claro y convincente, como un golpe de hacha...

Una entrevista de Marisol Pradas




Invitación al recital de EN/CLAVE POËTICA




ACENTO DE CABALGADURA O LA TILDE QUE PREFIGURA EL DECIR

por JOSÉ CARLOS DE NÓBREGA


7/10/24
27/06/2024