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| Nelson Mandela por Eli Weinberg.1961 |
Estimados Amigos
Hace unos días Nelson Rolihlahla Mandela (Mvezo, Unión de Sudáfrica, 18 de julio de 1918-Johannesburgo, Gauteng, Sudáfrica, 5 de diciembre de 2013) partió a los Puertos Grises. Así que publicamos este discurso como un modesto homenaje a un gran hombre.
Buen viaje a los Puertos Grises Nelson.
Deseamos disfruten de la entrada.
Atentamente
La Gerencia
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"Siempre me he considerado, en primer lugar, un patriota africano."
Discurso de Nelson Mandela ante el tribunal que lo condenó a prisión de por vida en 1964
“Es un ideal por el que espero vivir, pero por el que estoy dispuesto a morir”
El líder ‘antiapartheid’ compareció el 20 de abril de 1964 ante el Tribunal Supremo de Pretoria y explicó por qué recurrió a la violencia para combatir el racismo. Fue condenado a cadena perpetua. El discurso marcó para siempre su biografía. Estas fueron sus palabras
- De entrada, quiero decir que la insinuación de que la lucha en Sudáfrica esté influida por extranjeros o comunistas es absolutamente falsa.
- un Gobierno que emplea la fuerza para imponer su dominio enseña a los oprimidos a usar la fuerza para oponerse a él.
- Todos aceptamos la necesidad de que exista una cierta forma de socialismo para permitir que nuestro pueblo alcance a los países avanzados de este mundo y supere su legado de extrema pobreza. Pero esto no significa que seamos marxistas.
- El Partido Comunista hace hincapié en la diferencia de clases, mientras que el ANC pretende que convivan en armonía. Esta es una distinción esencial.
- Los africanos solo quieren una parte equitativa de toda Sudáfrica; quieren seguridad y participar en la sociedad.
- He anhelado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que espero lograr. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir.
Soy el primer acusado. Soy licenciado en arte y he ejercido como
abogado en Johannesburgo durante algunos años en colaboración con Oliver
Tambo. Soy un prisionero condenado a cinco años por salir del país sin
permiso y por incitar a la gente a hacer huelga a finales de mayo de
1961.
De entrada, quiero decir que la insinuación de que la lucha en
Sudáfrica esté influida por extranjeros o comunistas es absolutamente
falsa. Sea lo que sea lo que he hecho, lo he hecho por mis experiencias
en Sudáfrica y mis raíces africanas, de las que me siento orgulloso, y
no por lo que cualquier extranjero pueda haber dicho. Durante mi
juventud en Transkei, escuché a los ancianos de la tribu contar
historias sobre los viejos tiempos. Entre las historias que me narraron
se encuentran las de las batallas libradas por nuestros antepasados en
defensa de la patria. Los nombres de Dingane y Bambata, Hintsa y Makana,
Squngthi y Dalasile, Moshoeshoe y Sekhukhuni, eran elogiados y
considerados el orgullo de toda la nación africana. Por entonces yo
esperaba que la vida pudiese ofrecerme la oportunidad de servir a mi
pueblo y hacer mi humilde contribución a su lucha por la libertad.
Algunas de las cosas que se le han dicho al tribunal hasta ahora son
ciertas, y otras falsas. No niego, sin embargo, que planeé un sabotaje.
No lo hice movido por la imprudencia ni porque sienta ningún amor por la
violencia. Lo planeé como consecuencia de una evaluación tranquila y
racional de la situación política a la que se había llegado tras muchos
años de tiranía, explotación y opresión de mi pueblo por parte de los
blancos.
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| Nelson Mandela (3d), líder del Congreso Nacional Africano, junto a otros militantes |
Admito de inmediato que yo fui una de las personas que ayudó a crear
Umkhonto we Sizwe [brazo armado del Congreso Nacional Africano]. Niego
que Umkhonto fuese responsable de una serie de actos que claramente
están al margen de las políticas de la organización y de los que se nos
ha acusado. Yo y las demás personas que fundaron la organización pensamos
que sin violencia no se abriría ninguna vía para que el pueblo africano
venza en su lucha contra el principio de la supremacía blanca. Todas
las formas legales de expresar la oposición a este principio habían sido
proscritas por ley y nos veíamos en una situación en la que teníamos
que elegir entre aceptar un estado permanente de inferioridad o desafiar
al Gobierno. Optamos por desafiar la ley.
Primero infringimos la ley de un modo que eludía todo recurso a la
violencia; cuando se legisló contra esta vía, y a continuación el
Gobierno recurrió a una demostración de fuerza para aplastar la
oposición a sus políticas, solo entonces decidimos responder a la
violencia con violencia.
El Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) se
constituyó en 1912 para defender los derechos del pueblo africano, que
se habían visto gravemente coartados. Durante 37 años – es decir, hasta
1949 — llevó a cabo una lucha estrictamente constitucional. Pero los
Gobiernos blancos se mantuvieron inamovibles y los derechos de los
africanos se redujeron en vez de ampliarse. Incluso después de 1949,
el ANC seguía decidido a evitar la violencia. En esa época, sin embargo,
se tomó la decisión de protestar contra el apartheid mediante
manifestaciones pacíficas, aunque ilegales. Más de 8.500 personas fueron
a la cárcel. Pero no hubo ni un solo caso de violencia. Yo y 19
compañeros fuimos condenados por organizar la campaña, pero nuestras
condenas se suspendieron, principalmente porque el juez consideró que en
todo momento se había hecho hincapié en la no violencia y la
disciplina.
Durante la campaña de desafío, se aprobaron las leyes de Seguridad
Pública y de Enmienda del Código Penal. Estas contemplaban unos castigos
más duros por las protestas contra [las] leyes. A pesar de ello, las
protestas continuaron y el ANC se mantuvo firme en su política de no
violencia. En 1956, 156 miembros destacados de la Alianza del Congreso,
entre los que me encontraba, fuimos detenidos. La política no violenta
del ANC fue puesta en tela de juicio por el Estado, pero cuando el
tribunal emitió su veredicto unos cinco años después, halló que el ANC
no tenía una política de violencia.
En 1960 se produjo el tiroteo de Sharpeville, que tuvo como
consecuencia la ilegalización del ANC. Mis compañeros y yo, tras
meditarlo detenidamente, decidimos que no íbamos a acatar ese decreto.
El pueblo africano no formaba parte del Gobierno y no hacía las leyes
por las que debía regirse. Creíamos en las palabras de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, que dice que “la voluntad del pueblo
será la base de la autoridad del Gobierno” y, para nosotros, aceptar la
prohibición equivalía a aceptar que se silenciase a los africanos para
siempre. El ANC se negó a disolverse, y, en vez de eso, pasó a la
clandestinidad.
En 1960, el Gobierno celebró un referéndum que condujo a la
instauración de la república. Los africanos, que representaban
aproximadamente el 70% de la población, no tenían derecho a votar y ni
siquiera se les consultó. Asumí la responsabilidad de organizar la
campaña nacional para que la gente se quedara en casa coincidiendo con
la declaración de la república. Puesto que todas las huelgas de los
africanos son ilegales, la persona que organice dichas huelgas debe
evitar ser detenida. Tuve que dejar mi casa y mi familia y mi trabajo
para esconderme y evitar que me detuvieran. El quedarse en casa debía
ser una manifestación pacífica. Se dieron instrucciones precisas para
evitar cualquier brote de violencia.
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| Un joven Mandela practicando boxeo |
La respuesta del Gobierno fue aprobar leyes nuevas y más estrictas,
movilizar a las fuerzas armadas y enviar mercenarios, vehículos armados y
soldados a los municipios segregados en lo que constituyó un alarde de
fuerza masivo para intimidar a la gente. El Gobierno había decidido
gobernar exclusivamente por la fuerza y esta decisión marcó un punto de
inflexión en el camino hacia Umkhonto. ¿Qué debíamos hacer nosotros, los
líderes de nuestro pueblo? No teníamos la menor duda de que teníamos
que proseguir la lucha. Cualquier otra decisión habría sido una vil
rendición. Nuestra duda no era si debíamos luchar, sino la manera de
continuar la lucha.
Los miembros del ANC siempre hemos defendido una democracia no
racista y nos alejábamos de cualquier acción que pudiese distanciar aún
más las razas. Pero la dura realidad era que lo único que había
conseguido el pueblo africano tras 50 años de no violencia era una
legislación cada vez más represiva y unos derechos cada vez más
mermados. Por entonces, la violencia ya se había convertido, de hecho,
en un elemento característico de la escena política sudafricana.
Hubo violencia en 1957 cuando a las mujeres de Zccrust se les ordenó
que llevasen un pase encima; hubo violencia en 1958 con el sacrificio
selectivo del ganado en Sekhukhuneland; hubo violencia en 1959 cuando la
gente de Cato Manor protestó por los controles de los pases; hubo
violencia en 1960 cuando el Gobierno intentó imponer autoridades bantúes
en Pondoland. Cada altercado apuntaba a la inevitable intensificación
entre los africanos de la creencia de que la violencia era la única
salida; mostraba que un Gobierno que emplea la fuerza para imponer su
dominio enseña a los oprimidos a usar la fuerza para oponerse a él.
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| Nelson Mandela y su sonrisa característica |
L legué a la conclusión de que, puesto que la violencia en este país
era inevitable, sería poco realista seguir predicando la paz y la no
violencia. No me fue fácil llegar a esta conclusión. Solo cuando todo lo
demás había fracasado, cuando todas las vías de protesta pacífica se
nos habían cerrado, tomamos la decisión de recurrir a formas violentas
de lucha política. Lo único que puedo decir es que me sentía moralmente
obligado a hacer lo que hice.
Eran posibles cuatro formas de violencia. Está el sabotaje, está la
guerra de guerrillas, está el terrorismo y está la revolución abierta.
Optamos por adoptar la primera. El sabotaje no conllevaba la pérdida de
vidas y era lo que ofrecía más esperanzas para las relaciones
interraciales en el futuro. El resentimiento sería el mínimo posible y,
si la estrategia daba sus frutos, el Gobierno democrático podría llegar a
ser una realidad. El plan inicial se basaba en un análisis
pormenorizado de la situación política y económica de nuestro país.
Creíamos que Sudáfrica dependía en gran medida del capital extranjero.
Pensábamos que la destrucción planificada de centrales eléctricas, y la
interrupción de las comunicaciones telefónicas y ferroviarias,
ahuyentarían la inversión en el país, lo que empujaría a los votantes a
replantearse su postura. Umkhonto llevó a cabo su primera operación el
16 de diciembre de 1961, cuando fueron atacados varios edificios del
Gobierno en Johannesburgo, Port Elizabeth y Durban. La selección de los
blancos es una prueba de la política a la que me he referido. Si
hubiésemos pretendido atentar contra las personas, habríamos
seleccionado objetivos en los que se congrega la gente y no edificios
vacíos y centrales eléctricas.
Los blancos no fueron capaces de responder proponiendo cambios; respondieron a nuestro llamamiento proponiendo los laager,
una especie de fortines improvisados. Por el contrario, la respuesta de
los africanos fue de ánimo. De repente, volvía a haber esperanza. La
gente empezaba a hacer conjeturas sobre cuándo llegaría la libertad.
Pero en Umkhonto sopesábamos la respuesta de los blancos con
desasosiego. Se estaban trazando líneas. Los blancos y los negros se
estaban pasando a bandos diferentes y la posibilidad de evitar una
guerra civil se reducía. Los periódicos blancos publicaban artículos
diciendo que el sabotaje se castigaría con la muerte. Si eso era cierto,
¿cómo podíamos seguir manteniendo a los africanos alejados del
terrorismo?
Nos sentíamos en el deber de prepararnos para usar la fuerza a fin de
defendernos frente a ella. Decidimos por tanto tomar medidas para la
posibilidad de una guerra de guerrillas. Todos los blancos pasan por un
servicio militar obligatorio, pero a los africanos no se les proporciona
ese entrenamiento. Desde nuestro punto de vista, era esencial crear un
núcleo de hombres entrenados que fuesen capaces de proporcionar el
liderazgo que se necesitaría si estallaba una guerra de guerrillas.
Llegados a ese punto, se decidió que yo debía asistir a la
Conferencia del Movimiento Panafricano por la Libertad que iba a
celebrarse a principios de 1962 en Adís Abeba y que, tras la
conferencia, iniciaría un recorrido por los Estados africanos con el fin
de encontrar centros de adiestramiento para los soldados. Mi viaje fue
un éxito. Dondequiera que iba, encontraba solidaridad con nuestra causa y
promesas de ayuda. Toda África estaba unida contra la actitud de la
Sudáfrica blanca y hasta en Londres me recibieron con gran cordialidad
dirigentes políticos como Gaitskell y Grimond.
Empecé a estudiar el arte de la guerra y la revolución y, mientras
estaba en el extranjero, realicé un curso de entrenamiento militar. Si
iba a haber una guerra de guerrillas, quería ser capaz de apoyar a mi
pueblo y combatir junto a el, y de compartir los peligros de la guerra
con ellos.
A mi regreso descubrí que pocas cosas habían cambiado en el panorama
político, salvo que la amenaza de la pena de muerte para el delito de
sabotaje se había convertido en un hecho.
Otra de las alegaciones que presenta el Estado es que los objetivos y
fines del ANC y los del Partido Comunista son los mismos. El credo
del ANC es, y siempre ha sido, el credo del nacionalismo africano. No es
el concepto del nacionalismo africano expresado por el grito de
“Empujad al hombre blanco mar adentro”. El nacionalismo africano que
defiende el ANC es el concepto de libertad y plenitud para el pueblo
africano en su propia tierra. El documento político más importante que
ha adoptado el ANC en toda su historia es la “carta de la libertad”. No
es en ningún modo un plan para un Estado socialista. Exige la
redistribución, pero no la nacionalización, de la tierra; contempla la
nacionalización de las minas, los bancos y los sectores monopolistas,
porque los grandes monopolios están en manos de una de las razas
solamente y, sin esa nacionalización, la dominación racial se
perpetuaría aunque se repartiese el poder político.
Conforme a la carta
de la libertad, la nacionalización se llevaría a cabo en el contexto de
una economía basada en la empresa privada.
Por lo que respecta al Partido Comunista, y si entiendo correctamente
su política, defiende la creación de un Estado basado en los principios
del marxismo. El Partido Comunista hace hincapié en la diferencia de
clases, mientras que el ANC pretende que convivan en armonía. Esta es
una distinción esencial.

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