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martes, 3 de marzo de 2026

Emilio Agra, el soldador de sueños

 




Emilio Agra o la gracia de la eternidad



(a mi querida Marisol Agra)


 Alberto Hernández



1


La calle 10 de Diciembre de Maracay no era una calle. Era una pasión. El barrio El Carmen era un símbolo y nosotros una cuerdita de soñadores que hicimos del diario El Imparcial uno de los dolores de cabeza del gocho Guerrero Chacón. No faltaba el acento de Alfredo Henríquez Arias (El Charrito), quien también tuvo su tiempo para saber de nosotros. Por allí andábamos, desatados, mirándole la cara a Dios con desparpajo. Atados a todos los trabajos, a los más urgentes “tigres” gratuitos que la imaginación nos aportaba.


No recuerdo el mes ni el año de nuestro primer encuentro, pero fue un mes y un año que comenzamos a vivir a la sombra de intercambios, de sueños que convertíamos en pesadillas y de pesadillas que lanzábamos por las ventanas del ocio más amable. Fue a finales de los 70.


Venía yo de lejos, de un país cuya costra aún siento en mi piel. De la España de Franco. El mismo país de mi amigo Emilio Agra, con quien hice migas ese año y ese mes que hoy no recuerdo. Emilio regresaba de París donde fue a buscarle las tres patas al gato y se las encontró. Y también de su Galicia, de su finisterrae. Entonces nos creíamos zagaletones, rebeldes, testarudos y discutidores, conspiradores y alzados contra las nubes que tropezábamos en el camino. Y también andaban por allí Isidro Moreno, Héctor Chastre, Antonio Cabezas, Julio Jáuregui, Ramón Lameda, Santiago Otero, Alfredo Fuenmayor, Alejandro Ríos, Róger y Otto Rodríguez, Agustina Ramos. Unos arribaron más tarde, pero llegaron. El Nono Sucre, Rosana Hernández Pasquier, Eduardo Casanova, Emilio Faro. La cronología es un petardo. Un simulacro de la realidad. Estábamos casi todos medio perdidos entre tantos encuentros.


 




Emilio era el más creativo. El más dedicado a recrearse a re-crear el mundo. Su facilidad para soldar los sueños, para trazar el universo y hacerlo una sonrisa. El más zumbado en eso de dejarlo a uno con los crespos hechos. Y pasaron los días mientras la ciudad se hacía más chica, más adolescente en medio de tantas promesas que jamás cumplimos, como no enfrentarnos y decirnos a veces las verdades o mentiras con la misma pasión con que hacíamos nuestras cosas.


Recuerdo en medio del desorden de esta nota la exposición en la librería Umbra, donde Emilio inventó un billete con su rostro asomado a medio mundo, casi de soslayo.


Emilio y su hermana, la bella Marisol. Emilio y sus viejos. Amables como aquellos gallegos que no hemos dejado de imaginar. Y allí estaba el creador, apasionado, sucio de paredes, del mismo barro de su mirada, sin camisa bajo el sol, sin protección al soldar, sin miedo a las formas que creaba. Feliz de ser un impertinente como todos los amigos que lo rodeaban. Porque eso éramos, impertinentes. Bohemios, instantáneos y reposados a la hora de dormir. Siempre despiertos, preparados, advertidos ante el poder de aquellos días y de los que vendrían, más allá de creer o no en lo que venía. Irreverentes, perpetradores de crímenes artísticos, poéticos, teatrales, astronáuticos, coreográficos, cromáticos, plásticos, demenciales. Había de todo en esa botica que nos aprovisionó el maestro Alejandro Ríos, suerte de padre astral en su azotea cósmica del callejón Intersan, desde la que veíamos el universo convertido en una simple semilla. Eso éramos.


 




Ildemaro Torres lo escribió un día: “Son abundantes los detalles que permiten afirmar que hay una ‘manera Agra’ de recoger las vivencias de cada día y de crear humor a partir de ellas, inteligentemente, muchas veces en aguda fusión de la sátira y la gracia. Y cabe invitar a quien desee tener una evidencia definitiva del altísimo vuelo de su imaginación, a recorrer las páginas de sus libros”.


Fueron varios los libros que Emilio hizo, entre ellos Haga el humor no la guerra, La ñapa y Chávez sí-Chávez no. Pero lo que más nos marcó fueron los espacios que invadía y en los que tomábamos parte: El Cojo Iletrado, donde él ponía los dibujos y algunos de nosotros las letras. Pero antes conspirábamos en El Bagre, Matarile y mucho después en El Satiriodiquito (encartado en Contenido, octubre 1988-abril 1990), La ñapa, caricatura diaria que salía en El Periodiquito. Matarile nació por intermedio de Eduardo Casanova, y allí concurrieron Zapata, Eneko Las Heras, Eduardo (por supuesto), Kiko Bautista, León Levy, Claudio Cedeño, Kotepa, Aníbal Nazoa, Abilio Padrón, Isabel Allende y quien esto escribe, entre otros. De modo que la aventura fue larga hasta que muchos de los humoristas tomaron las de Villadiego celestial o aparecieron otros que dibujan el mapa actual del país.


Más allá de todo lo anteriormente escrito, más allá de la creación y las aventuras artísticas, estuvo la amistad. Nos hicimos familia gracias a los hijos. Los míos se criaron, se levantaron en los talleres de los amigos, en las casas de muchos poetas, en las universidades, liceos y pedagógico donde recorríamos alegrías y angustias. Y un nuevo ADN propuso la existencia de bendiciones cuando un raro ateísmo pululaba en la biblia de cierta clandestinidad inoportuna. Y digo esto porque a pesar del acratismo de algunos, los tíos se hicieron por la hermandad angelical y demoníaca de nuestras palabras, dibujos, cantos y deletreos existenciales.



Ahora la soledad se empina en una esquina de la calle 10 de Diciembre, en la fachada donde la puerta de Emilio, en el periódico que ayudamos a fundar hace años. En edificios, museos, galerías, casas de familia, en La Barraca, en Los Cedros o allá arriba en El Castaño donde tantas veces saboreamos rones e inventamos la vecindad con libros y jodederas diarias. O en la desaparecida azotea del viejo Ríos.



Ahora nos queda la soledad sin Emilio. O con Emilio. Son tantos los Emilios que nos saludan en el recuerdo, tantos los proyectos, los olvidos, la suerte de haber sido —en mi caso— parte de su vitalidad. Un Emilio que ríe y se burla de nosotros con la gracia de su eternidad.


17/03/2014



https://letralia.com/297/articulo03.htm



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Emilio Agra
222 Visualizaciones desde el 27 may de2012 hasta el 8 de enero de 2026



www.culturaaragua.com.- Artista Emilio Agra (1)
Exposición de Emilio Agra "El viento de Ícaro", exhibida en el Museo de Arte Contemporáneo de Maracay "Mario Abreu" (Macma) a partir del 2 de mayo del 2013.
252 Visualizaciones desde el 4 mar de 2014 hasta el 8 de enero de 2026



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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 




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viernes, 14 de noviembre de 2025

José Pulido: La ida de Eduardo Liendo es la pérdida de otro pedazo de alma

 

Eduardo Liendo en tres tiempos


Estimados Liponautas

Hoy compartimos el texto que el poeta José Pulido escribió al escritor Eduardo Liendo (Caracas, 12 de enero de 1941-Caracas, 3 de julio de 2025), al enterarse de de su fallecimiento. El texto lo abre un poema que Pulido le escribió al iniciar el siglo XXI y lo cierra otro poema que le dedicó en el año 2023.


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EDUARDO LIENDO

Sencillez magnífica y voz hechicera
su dulzura cae como guillotina
sobre la cabeza ignorante
veo sus zapatos, el pavimento, desde abajo
capto un chaleco adornado  
quizás checoslovaco, rumano, gitano
invocando libertad para los ojos que ruedan por el piso
 
A veces buscaba su rostro en una biblioteca
donde retoñaba y florecía
como una primera edición de Hamlet 
o de Niétochka Nezvánova

pantalones con tirantes elásticos
añorando un tango, una partida de billar
prohibido sonar las elásticas contra tu cuerpo
si estás enfrascado en un silencio donde tu inteligencia
se elevará de nuevo como un cohete en nochebuena

sonrisa interior buscando entre las ruinas de la humanidad
un fulgor razonable
el mago que ha extraído de nuestros corazones
el significado propio del pasado en cada palabra
uno sintiendo que se está ahogando en un párrafo
de aguas ancestrales y te golpean
una ventana desgarrada de estrellas, una mesa 
de noche, un pedazo de altar, un rumor de abejas 
en el humo,
y un cocodrilo acostado bocarriba advirtiendo
que no te como porque estoy desganado
y por tu parte: agradeces el ámbito que su voz de embrujo ha creado
narrando con cada molécula de su identidad
la verdad más bella, la que nos escuece sin nostalgia



Eduardo Liendo. Fotografía de Vasco Szinetar. Serie Frente al espejo.




4 de julio de 2025

He estado esbozando esto porque no puedo dejar que nuestros amigos se vayan sin decir algo que no parezca un adiós. 


Imagen tomada de Somos tu voz. Fotografía hecha por Abraham Tovar.

EDUARDO LIENDO, TAN VERDADERO

No escribo para actuar públicamente. Si en algún aspecto de mi vida quiero ser auténtico es en mi actividad de escritor. No me interesa parecer un escritor. Es relativamente fácil parecerse a un escritor. Hay una cantidad de mecanismos que permiten inventar un escritor. A mí me interesa ser, que mis libros existan de verdad, que tengan lectores de verdad. Eso deseo. No tengo al respecto exageradas pretensiones. Sólo la de escribir alguna vez un libro que soporte dignamente el fuerte oleaje del tiempo sin irse a pique demasiado pronto.

En una de tantas noches soñé que había pensado algo así y el sueño quedó latente, pero hibernando. Presentí ese sentimiento de hallar o no la autenticidad como escritor. Lo viví como abstracción, como la bruma soñada, pero cuando leí ese párrafo lo supe de un modo concreto, se volvió un ritmo iluminador en cada palabra. 

Estaría hoy muy eufórico si hubiese sido obra mía ese pensamiento.
Pero me satisface igual, porque lo ha meditado y lo ha escrito Eduardo Liendo, un autor cuya creatividad es un talento incrustado dentro de una infinidad de talentos que le ayudan a cosechar buenos lectores, porque además, su canto es el de la sinceridad del hombre que ha soñado la vida y ha vivido el sueño con humildad de carne y hueso. Él cabalga la realidad lleno de magia.

Es difícil encontrar en la vida un escritor tan verdadero como Eduardo Liendo, él es la escritura como arte, como pasión, como amor y como identidad.

Hemos sido amigos desde los años setenta y nos encontrábamos tanto que nos hemos detenido a conversar en todas las parroquias de Caracas y frente a todos los paisajes que se volvieron nostalgia en esta época. Después, cuando Eduardo comenzó a trabajar en la Biblioteca Nacional tuvimos encuentros más profundos en la cercanía de los libros raros, de los libros cuya vejez no significaba muerte.

Lo entrevisté varias veces y lamento no tener a mano alguna de esas entrevistas, porque Eduardo Liendo era un maestro sincero y sólido usando la palabra. Uno de nuestros últimos contactos de antigua amistad ocurrió en el 2015 cuando tuvo la generosidad de presentar una breve y leve novela mía, jamás a la altura de las suyas pero que se contagió de literatura porque su voz le dio la bienvenida. Eso ocurrió en la Librería Lugar Común y muchos amigos se citaron allí para ver a Eduardo

Inclusive, yo aproveché esa circunstancia para estar con él otra vez. Admirarlo y quererlo. Había una Venezuela hecha de mujeres y hombres que creaban obras de arte, piezas de arte, páginas de arte conmovedoras, emocionantes, reveladoras que nos hacían sentir orgullosos de ser venezolanos. Una Venezuela hecha de gente especial. Nada mediocre en ellos. Nada fastuoso en ellos. Nada igualable en ellos. Y han muerto tantos. Con Eduardo yéndose es como si a uno le dijeran que al Ávila se le hundió una cumbre, que al Orinoco se le perdió una orilla. Hay que seguir leyendo sus libros. Hay que seguir queriendo su nobleza. 

Sí: a uno le falta otro pedazo de alma. Desaparecemos como rompecabezas de lo sublime con cada pieza maestra que se va. 

Pero todo permanece si se ama la obra que han dejado, la obra que servirá para reconstruir la calidad humana de un país.

Mis condolencias a la familia, a los amigos y a Venezuela.

PENSANDO EN EDUARDO LIENDO

Su sensibilidad es más portentosa 
que la de un colibrí viviendo
envuelto en miles de aleteos por minuto 
suspendido en una fragilidad eterna. 
Él puede amanecer desde el oriente de su alma
y atardecer sucediendo, inclusive, 
páginas de libros igual que en la vida

Nada oscurece su modo de mirar, 
dice la verdad naturalmente
Su reino es perfecto: 
la imaginación lo lleva y lo trae
no ha pasado un día sin que se convierta 
en otros seres y los deje deambulando 
en páginas donde el lector
sentirá que hay un Zeus caraqueño 
haciendo de las suyas

(Señora: pegado a la rocola
un hombre despechado repetía y repetía
canciones en la voz de Pedro Infante
y ese hombre decía que su despecho 
era culpa de usted
y lloraba con lágrimas que nunca habían rodado
en donde llorar y cantar es simultáneo
-¿Y cómo eran esas lágrimas, si me hace el favor?
-Como de cocodrilo, señora, como de cocodrilo)

Tiene una jungla de talento, 
su voluntad halló la tierra prometida
de la bella escritura y su sonrisa 
es una generosa sensación:
nunca extravió su básica dulzura de la infancia.
 
Difícil olvidar cuando usaba tirantes y se movía
en la Biblioteca Nacional como buscando el sitio,
el estante indicado para el enorme libro,
un clásico de la literatura: su corazón

Eduardo Liendo. Fotografía de Roberto Mata.



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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne



José Pulido:

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.


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domingo, 5 de enero de 2025

Yo conocí a Roberto José Lovera De Sola, por José Pulido

 



ROBERTO LOVERA DE SOLA


Conocí a Roberto José Lovera De Sola en los años ochenta: era un columnista muy apreciado que visitaba de vez en cuando la redacción de El Nacional. Su amistad con el escritor y profesor Alexis Márquez Rodríguez generaba conversaciones muy interesantes en las que nosotros actuábamos como espectadores escuchando a dos seres que derrochaban conocimientos. 

Lo entrevisté y escribí varias notas sobre sus libros. Tuvimos una relación de amigos en la que, invariablemente, él me aconsejaba y yo escuchaba con respeto, porque Roberto era un sabio con mucha paciencia y generosidad.

Roberto hablaba con dulzura, con calma, le gustaba profundizar en los temas que más amaba, en especial la literatura y la historia. Con la historia recorría frecuentemente las existencias de Miranda, Bolívar y Bello como intentando saber más sobre esos tres hombres, intuir más respecto a sus personalidades. 

La última vez que nos vimos y hablamos fue en uno de los actos organizados por la Fundación Herrera Luque.  Él me había entregado un precioso regalo: una crítica suya a una novela mía y eso fue muy importante para mí, un gesto de amistad verdadera. Creo que escribió más por amistad que por mi narrativa.

En todo caso, Roberto Lovera De Sola fue un buen ejemplo para nosotros, un valioso representante de nuestra generación. Un intelectual sobrio, estudioso, siempre apegado a la investigación responsable y minuciosa. 

Creo que una de las personas que más extrañé al ausentarme del trabajo en una redacción periodística, fue a Roberto. Era un placer conversar con él cuando llegaba con uno de sus artículos y comenzaba a dilucidar un tema generalmente literario. Siempre terminaba siendo una clase magistral que uno agradecía sinceramente.

Mis condolencias a la familia y los amigos. Al país y a la literatura. Mis condolencias a la Academia Venezolana de la Lengua.


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Roberto J. Lovera de Sola (1946-2025) 

Fue licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela, escritor, periodista, ensayista, crítico literario, investigador histórico, bibliógrafo, antólogo, promotor cultural, analista político y editor especialista en historia y literatura.

FueHa sido columnista de El Nacional (1967-1992), El Universal (desde 1966), El Mundo (2004-2009), entre otros medios. Fue miembro fundador y coordinador literario de la Fundación Francisco Herrera Luque. Entre sus obras se encuentran Bibliografía de la crítica literaria venezolana; Bolívar y la opinión pública; Curazao, escala en el primer destierro del Libertador; La Caracas narrada, entre otros.

Asumió como miembro de la Academia Venezolana de la Lengua en febrero de 2020. Sucedió en el sillón U a su tío, el jurista y académico René de Sola.


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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne



José Pulido:

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.


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martes, 31 de diciembre de 2024

UN AÑO MÁS, UN AÑO MENOS,

por José Pulido

 

Fotografía coloreada.



Disculpen el texto: no estoy muy fluido en estos días. La fotografía es de Carlos Ayesta 


UN AÑO MÁS, UN AÑO MENOS 

Al terminar el año es cuando nos damos perfecta cuenta de que hemos sobrevivido un nuevo período. Siempre pensamos algo así como “menos mal: de la que nos salvamos, ya salimos de eso”.  

Actuamos como si hubiésemos pasado por unas pruebas como las que aparecen en las historias antiguas, donde a un personaje le ordenan “tienes que matar un dragón, comer un dragón crudo y atravesar el Sahara sin agua”.

Es decir: recordamos todo lo negativo o dificultoso que hemos superado, pero no nos detenemos a pensar en los ratos buenos. Un sabor, un orgasmo, una revelación, una risa auténtica, un cariño verdadero.   

Es normal que lo negativo parezca un montón más grande que lo positivo. Tienes que trabajar quince días seguidos para cobrar un sueldo. Tienes que esperar nueve meses para tener un niño. Tienes que trabajar cincuenta años para obtener una jubilación. El sueldo no alcanza, el niño tendrá que ser la esperanza de sí mismo y la jubilación solo alcanzará para obtener un número en la sala de espera de la muerte.

Lo que quiero decir es que no deberíamos vivir el año deseando que se vaya pronto y nos deje en paz, sino tratando de vivir cada día, meterlo dentro de nosotros, que nos sirva para algo útil y verdadero. Exprimirlo con cada sentido, en soledad o en compañía. Si hay alguien que te quiera acompañar exprimiendo el año con sus dulces y sus amargos eso parecerá una victoria. 

Son 365 días. Es mejor vivir un día a la vez. Como si fuera el único. Cuando pase diremos “ya va uno”. Lo más importante es que ese día se viva usando el cuerpo y el alma. Con hambre o con hartura, con dolor o con alegría. Porque de ese modo el siguiente día será menos agresivo con nosotros. 

El tiempo es como una avalancha que se nos viene encima. No está al servicio nuestro. El tiempo camina sobre estos cuerpos que nos ha dado la vida y nos va dejando marcas. Debemos aprovecharlo como quien atraviesa un bosque o una selva: ¿hay una fruta? La comemos. ¿Hay una flor, adornando el espacio como loca, sin que nadie se lo pida? Miremos esa flor. ¿Nos pica un alacrán? Lloramos y buscamos alivio. ¿Hay un río con agua limpia? A bañarse y a beber agua. 

Suena fácil y hasta irresponsable lo que digo. Pero lo hago para animar. Para no decir las cosas duras que alguien debería decir.

Porque cada año será igual de frustrante si seguimos viviendo sin pensar con pensamiento propio. Si seguimos buscando culpables de nuestras fallas y errores. Si seguimos actuando sin ponernos en los zapatos del otro. Si seguimos haciendo al otro lo que no queremos que nos hagan.

El año que viene es un tiempo nuevo que se presenta para que lo usemos y dejemos de ser nuevos. 

Nuestros deseos de utilizar el tiempo casi siempre son los mismos: el año que viene lograremos lo que deseamos: tener casa, comida, ropa, salud, estudios y diversión. Los estudios para tener una profesión y conseguir con ello casa, comida, ropa, salud y diversión. Y por supuesto: reducir al mínimo los problemas. Si no se consigue nada de eso ¿qué hacemos? ¿morimos o seguimos?

Creo que muy pocas personas en el mundo se proponen ser menos ignorantes a medida que avanza el tiempo.

Se persiste en mantener esquemas, en pensar poco, en seguir aceptando lo superficial. A preferir creer que saber.  Parecer en vez de ser. 

Los primeros 25 años del nuevo siglo ya se están yendo y han sido terribles. No solo por las pestes y la violencia, los exilios y las dictaduras, los crímenes y el predominio de fanatismos y de delincuencia en el día a día del planeta.

Han sido terribles porque la ignorancia se eleva como categoría, se acepta como algo muy importante que se debe respaldar. La ignorancia se nutre además por el predominio de la figuración: se cree que es más importante figurar que hacer una obra sólida. 

¿Por qué hay tantas personas que quieren destacarse sin realizar una obra, sin marcar la diferencia en alguna actividad? ¿Por qué no se dedican a trabajar intensamente en algo que amen hasta agotar los mayores esfuerzos?

Cada quién va por su lado y hasta lo elemental se va escapando de las manos. Predomina el pensamiento de que si no te reconocen por alguna circunstancia no llegarás ni a la esquina. Se busca un reconocimiento como sea. 

En los libros está todo el conocimiento, están todos los pensamientos y los corazones luminosos que la humanidad ha creado. Puedes injertar un corazón de esos en tu corazón. Se puede borrar mucha oscuridad acudiendo a los libros. 

Pero los doce meses que transcurren bajo la superficialidad de hacer un espectáculo tonto con cada cosa importante, dificulta el ejercicio pasional de leer. Decir, con orgullo: “El año que pasó no leí ni un libro” es el verdadero apocalipsis, queridas hermanas, queridos hermanos: oscuridad es apocalipsis.

Fotografía original.



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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne



José Pulido:

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.



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UN AÑO MÁS, UN AÑO MENOS,

por José Pulido



NOCHEBUENA en un CAMIONCITO




EL REGALO DEL NIÑO JESÚS A LOS REYES MAGOS,

por José Pulido




RUTA DE LOS REYES MAGOS 2024 EN VALENCIA, LA DE VENEZUELA




Robert Louis Stevenson: La gentileza y la jovialidad superan cualquier tipo de moralidad, pues son deberes perfectos y solo quien se engaña a sí mismo encuentra satisfacción continua




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Del Año Viejo, del Año Nuevo y de como los trámites burocrático romanos influyen en nuestra vida en el siglo XXI




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UN CUENTO DE NAVIDAD: EL REGALO por Ray Bradbury

 


Un cuento y un programa televisivo de Ciencia ficción: LA ESTRELLA, por ARTHUR C. CLARKE










Navidad… 






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